Vida del general Ezequiel Zamora · Capítulo real 4 de 6
CAPITULO X
Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 73 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.
CAPITULO X
I. En la noche del 20 de febrero de 1859 es- 8o *• <ébw* talló la revolución federal en Coro, con ocasión de estar el Gobernador Fermín García en Cumarebo. Desempeñaba la Comandancia de Armas, el Comandante Francisco Carabaño, y la Jefatura de la guarnición, el Comandante José María Sanda : militares que habían servido al partido liberal hasta la caída del Goneral Monagas.
Díjose entonces que algún tiempo antes del 2(1 de febrero habían empezado á correr rumores de trastornos políticos, de que no se hizo ningún caso, preocupado como estaba el ánimo de los hombres def Gobierno con las elecciones provinciales y nacionales, á punto de verificarse en aquellos mismos días.
Era candidato de un círculo para la Gobernación., el mencionado señor García. Tal circunstancia fue hábilmente aprovechada por los conspiradores, valiéndose de ella para distraer la atención de tinos y entibiar el celo de otros, quedándoles así campo abierto para activar la correspondencia con sus compañeros de fuera.. y urdir tramas con los del interior.
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El General Falcón había ido de Curazao á Saint Thomas en solicitud de elementos de guerra ; y aunque todos los revolucionarios de la República se habían comprometido á esperar sus órdenes para levantarse, sucedió que exasperados los de Coro por algunos malos tratamientos que les daban los gobiernistas, escribieron por órgano de su comité, al General Zamora, á la sa- 2Ón en Curazao, proponiéndole la toma del parque, si él creía que con aquellos elementos podía abrirse la campaña.
Zamora aprobó el plan sin anuencia del General Falcón, y designó al Comandante Tirso Salaverría para encabezar el movimientD.
Fue entonces cuando un grupo de jóvenes, de más de cuarenta, comprometidos en la conspiración, y recelosos del Gobierno, porque se decía que el plan estaba descubierto, determinaron alzarse en la ciudad y correr los peligros de la guerra, antes que dejarse prender. Al efecto, pensando que en las noches de rctre'a se formaba una concurrencia de curiosos en la calle del cuartel, ocultáronse al anochecer del domingo 20, en casas cercanas de éste; hicieron parar con maña casi en frente de su puerta, como quince ó veinte burros cargados de pasto, y á hora convenida, precipitáronse sobre los centinelas. Iba adelante Félix Iraola ; dispersaron á pedradas la escolta de la retreta, invadieron el local, sorprendieron la desprevenida guarnición, y tomaron posesión del parque, venciendo una débil resistencia de la tropa. Pues ésta, aturdida de la sorpresa, tal vez se imaginó ver detrás de aquellos mozos el pueblo armado ; y temiendo ser inmolados, parle corrieron á escaparse, y otros se apresuraron á rendir las armas, tan pronto
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como lo mandó el oficial de guardia, José Tomás Santana, tínico que estaba allí.
Los asaltantes fueron Félix Iraola, José Torres, Rodulfo Pereira, Juan Navarrete Romero, Clodomiro Isais, Manuel Rodríguez, Nicolás Quero, Manuel Hansen, Leovigildo Hernández, Apolonio Moreno, Tomás Díaz, Vicente Miquelena, Rafael Miquelena, Juan Larriia, José Rivero, Catal.no Aceituno, José María Freites, Sandullo Rosillo, Anselmo González, José Tomás Pereira, Manuel Valles, Simón Primera, Juan García, José de las Mercedes Miquelena, Emilio Navarro Miquelena, Lucas Villalobos, Manuel Acosta, Juan Acosta, Enrique Medina, Filindo Castro, BasiJio Acosta, Fernando Rojas, Gregorio Ruijano, Manuel Martínez, José de los Reyes Pachano, Juan José Colina, Pedro García, Carlos García, José de Jesús Osoro, Nicolás Arévalo, Luis Matié, Simón Yarí, Juan de la Cruz Quero, Hilario Quero, Periandro Crispín, Benito Molina, Tirso Salaverría y Jesús María Hernández. Los cinco primeros eran imberbes.
Había en el parque dos grandes cañones de bronce montados, que llamaban El Tití y El Alegre, y otros de menor calibre; novecientos fusiles y mucha pólvora elaborada, y bastante á granel; fornituras, cornetas, tambores y banderas.
Al grito de Federación alborotóse la ciudad, y todos los liberales, al saber la ocurrencia, volaron á las armas: y unos á pie y otros á caballo, llenaron las «alies y plazas principales dando vivas á la revolución.
Las autoridades militares y civiles fueron arrestadas: y la Junta» revolucionaria, compuesta de Juan Navarrete, Pedro Torres, José Toledo y Nicolás Sal-
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darriaga, procedió luego á luego á dictar las medidas conducentes á la organización de tan incruenta victoría. Se nombró esa misma noche á Salaverría, Jefe provisional de la plaza y de las tropas federalistas de la Provincia, según la indicación del General Zamora; y al amanecer el 21, expidió dicho Jefela siguiente proclama, que fue publicada por i ando solemne y esparcida á los cuatro vientos, en que apellidaba guerra contra el Gobierno del Presidente Castro :
TIRSO SALAVERRÍA,
JEFE PROVISIONAL DE F.VTA PLAZA Y DE LAS TROPAS FEDERALISTAS
DE LA PROVINCIA
Córtanos ! ! Compatriotas ! !
La revolución de marzo lia sido inicuamente falseada. Atraídos por los encantos de su programa fascinador, concurrieron á consumarla todos los venezolanos ; y su triunfo no ha producido otros gajes que el entronizamiento de una minoría siempre retrógrada, siempre impotente en su caída, siempre ávida de satisfacer innobles venganzas. Aceptáronla de buena (ó los mismos que, fieles á sus compromisos, sostuvieron el poder recientemente derrumbado ; y con rrimim.l violación de las protestas de echar al olvido Jo pa.-ado, se les persigue sin causa, y sin causa y sin fórmula do juicio se les condena á una proscripción indefinida ; sin que haya bastado á dar treguas á este abuso la voz de la Nación, que <Je todos los ángulos se alzara reclamando la amnistía. Proclaman la Libertad en las elecciones; y nunca las elecciones se han verificado más á expensas de la libertad del pueblo. Invócase como el garante más seguro de la soberanía popular, el voto universal en las mismas elecciones; y lo que hemos visto ha sido el escarnio del voto universal, otorgando ese derecho ala fuerza armada sometida á la voluntad de Jefe? establecidos ad-A<w, para llenar los designios proditorios de un club dominador.
Bajo esa tutela depresiva tuvieron lugar las elecciones para la Convención Nacional. jY cuál había de ser el resultado ? Otra vez la centralización del poder contra el querer délos pueblos paladinamente manifestador otra vez el dejar sometida la suerte del país á la voluntad de un hombre y su partido : otra vez el abrir anchuroso campo para perpetuarse en el poder público, uno>
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«m algunos, con ultraje de los principios preconizados en esta misma Carta central.
Por fin los abasos consecuentes á tan funesto orden de cosas; por fin las escandalosas infidencias del Jefe provisional del Estado, tantas veces falaz y perjuro cuantas bajo la religión del juramento ha protestado desprendimiento, abnegación y patriotismo; por fin las injusticias y arbitrariedades de sus agentes en las provi ncias, siempre garantizados con la impunidad, han rebosado la copa de nuestra indignación y roto los diques del sufrimiento, para realizar un pensamiento, ídolo de nnestro corazón, y Que la prudencia nos había obligado hasta ahora á mantener en el terreno de la opinión. Este pensamiento mágico, regenerador, ese símbolo de fe política de todos los venezolanos, ese refugio salvador, único que el Cielo nos depara eu la desecha tormenta ■que las pasiones azuzadas por los desmanes de un poder arbitrario han descargado sobre nosotros, es la reorganización de Venezuela en República eminentemente federal.
Compatriota* :
Mi corazón abunda en sentimientos de jubilo que ini débil voz puede apenas explicar. Sin derramarse ni una sola gota de sangre, sin vejámenes ni tropelías de ningún género, sin que nadie pueda lamentar una injuria que de pilabra ó de hecho le irrogaseis; sin más armas que vuestro valor y denuedo, y sin más esfuerzos que los de vuestras voces, me acompañasteis anoche en la grave empresa de desarmar la fuerza y apoderarnos de las armas couque un esbirro, remedo de Gobernador del General Castro, nos oprimiera, y con que se prometía realizar el dtesi guio de su amo, de perpetuarse en el dominio del país, á despecho de la voluntad general. Hazaña memorable la vuestra, compatriotas! Arranque singular •de patriotisAio y valentía ! Rasgo espléndido de moderación, de orden y moralidad en medio del tumulto de una ciudad conmovida y en los momentos en que se hallaban á vuestra discreción la vida y la libertad de vuestros propios opresores ! ! !
Compatriota* !
Por el concurso unánime de vuestras voluntades me •elegisteis Jefe provisional para la empresa de la santa causa de la Federación en esta Provincia ; y heme aquí á la cabeza de este honroso movimiento, resuelto con toda la abnegación del patriotismo, con toda la energía y ardor de un alma libre, con todo el noble orgullo de un militar, ciudadano idólatra de su Patria, dispuesto á arrostrar, alegre y sereno, á vuestro lado, los aza-
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res de la campaña que hoy se abre á nuestros esfuerzos. ¡ Feliz yo, cantaradas, si, como lo espero de la Divina Providencia, triunfáremos de nuestros dominadores l Feliz yo, siquiera exhale á vuestro lado mi último sus piro, en nombre de la Libertad y la Federación de nú Patria.
Córtanos !
No temáis. La Federación es el Gobierno de todos. La Federación es el Gobierno de los libres. Venezuela será libre, y Venezuela obtendrá el lauro de la Federación. No hay un solo venezolano, con excepción del reducido club que hasta hoy nos lia dominado, cuyo corazón no lata de entusiasmo al impulso de esa voz mágica y arrobadora. La República entera está conmovida. Las localidades más importantes han dado simultáneamente el golpe que nosotros, y las demás se aprestan aceleradamente á secundarnos. La opinión nos favorece, la gente de armas nos sobra, y cuantos elementos iludiéramos necesitar están á nuestra disposición.
Córlanos todos !
No desconfiéis de nuestras protestas: no son las de aquel que infiel al Gobierno que servía, ha sido más y más infiel á la Nación que en mala hora, le confiara sus destinos. Nuestro programa exclusivo es la Federación de Venezuela : el medio de realizarlo es la Unión de todos los venezolanos: y en consecuencia, las distintas y odiosas denominaciones de bandos políticos serán para relegadas al olvido.
Viva el movimiento federal ¡uta de Coro!!!
Vira la Federación de todas hs Provincias de la República ! ! !
Vira el Oral Juan G. Falcó n^ primer Jefe del movimiento federalista nacional!!!
Dado en el Cuartel general de Coro, á 21 de febrero de 1 85í>.
Tirso Salavkkría. (1)
(1) Esta proclama fue imoresa en Coro, Maraca ibo y otros 1 airares, pero posremos además el borrador de ella con la firma autógrafa del General Sala venia; encontrado por el General Cordero en la casa de, Gobierno de ('oro y enviado por él al Ministerio de Guerra y Marina. — Oficio fechado en el Cuartel General en Coro, á 7 de abril fie 1839. — Y tenemos otra manuscrita también que se conserva en el expediente de la causa de conspiración contra el General Salaverna, formada en elJuzgado de Ia Instancia del circuito de occidente, de Coro.
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En la madrugada del 21, secundaron el movimiento en La Vela, Serapio Rincón y Carlos Galán, á quienes se avisó oportunamente el feliz resultado de la intentona en Coro. Sin perder momento se apoderaron del Resguardo y de dos buqut s surtos en el puerto : las goletas Ouaireiia y El Coriano. Esta fue tomada por la fuerza; y la otra, entregada de buen grado por su capitán, fue de allí á poco despachada á Curazao á llevar á Zamora y demás desterrados, la noticia de lo recien acabado de acontecer, y participar al primero que había sido nombrado por el pueblo y el Gobierno provisional, Jefe de Operaciones del Ejército Federal de Occidente ; y se ie invitaba á él y al Coronel José Rosario González, á ponerse á la cabeza de las fuerzas del Estado. Uno y otro aceptaron la invitación y zarparon inmediatamente para La Vela. El 22 desembarcaron sin novedad en este puerto, en medio de las aclamaciones populares, acompañados de los ciudadanos General José Desiderio Trías, Napoleón S. Arteaga, J. F. de la Guerra, José Gabriel Ochoa, y Juan Francisco Manrique. El 23 publicó Zamora su primera Orden General, que dice así :
II. ORDEN GENERAL Orden s«era
de Z amor a.
para hoy 23 de febrero de 1S:V) •
Militares!
Nombrado Jefe de. Operaciones de Occidente en la campana abierta por los pueblos, rescatando sus derechos y proclamando el» sistema federal de las provincias, cumple á mi deber saludaros por haberme cabido esta honra al lado de los valientes corianos, con quienes más de una vez he sido partícipe de las glorias y de los reveses de las campañas.
La moral, el orden, el respeto á la propiedad y el amor ardiente por la libertad de su patria, es el distin-
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tivo del carácter coriaiio, como civil : el denodado valor contra el enemigo armado, la generosidad y clemencia con <»1 vencido, y la subordinación, es su divisa como militar.
Con tan bellas dotes y la santidad de la cansa que sostenemos, que no es otra que la verdadera causa de los pueblos, la República genuina, la Federación, vuestro lieroísmo debe ser premiado con el triunfo de los principios y el derrocamiento consiguiente de la tiranía.
Viva la Federación !
Viva la verdadera República!
Viva, y para siempre, la memoria de los Patriarcas de nuestra Independencia, de los hombres del 5 de julio <le 1811, los que, en el acta gloriosa, dijeron á los pueblos, federación !
Que se cumpla pues, después de tantos años.
Ezeqtjiej, Zamora.
dai°U£!í?oide III. Nombróse Gobernador de la Provincia al se-
^to^oPMarao". ñor Nicolás Saldarriaga, y para su Secretario, al señor Víctor Hanscn ; pero el 25 del mismo mes, constituida la Provincia en Estado Federal, según los principios de la revolución, nombraron los vecinos de la capital, reunidos en la plaza pública, un Gobierno provisional compuesto de los señores, José Toledo, Nicolás Saldarriaga y Pedro Torres, como principales; y Francisco Santana, José María Sánchez Granadillo y José T. Pereira, padre, como suplentes; quienes e «trado que hubieron en ejercicio de sus funciones, designaron para Presidente del Gobierno A Saldarriaga; Secretario de la Gobernación del Establo á Toledo ; y Secretario de Hacienda y Administración general á Torres; y expidiéronlos estatutos y el programa de Gobierno y Administración que reproducimos en seguida :
Constituida la Provincia de Coro en Estado independiente y asumiendo, como una de las actuales unidades políticas de Venezuela el ejercicio de su soberanía, protesta solemnemente:
Io Defender con todos sus recursos y con su sangre ¿ui independencia administrativa ; y
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2? Respetar y conservar la integridad y la unidad de la Nación en la forma federal.
Al efecto, y mientra» que las elecciones constituyan los poderes públicos conforme á las reglas genuinas del Bistema republicano, el Gobierno provisional del Estado de Coro, asume el ejercicio de todas las atribuciones del Poder Ejecutivo en cuanto concierna á los intereses del Estado, con sólo la excepción de las atribuciones del Gobierno General de la República, que provisionalmente se fijan de la manera siguiente :
1? Las Relaciones Exteriores de la Federación Venesolana.
2? El Ejército y la Armada de la República, que una vez constituida no podrán emplearse sino en la guerra exterior.
3? El Crédito público, exterior é interior.
4o Las Aduanas, mientras existan, y cualesquiera otras contribuciones que conservare ó decretare.
ti? El peso y ley de la amonedación.
0" El pabellón y el escudo de armas de la República.
7? El servicio de Correos, cuyo* empleados nombrará en el territorio del Estado su propio Gobierno ; y
8? Lo concerniente al patronato eclesiástico, mientras exista, en lo que exceda de los límites de un Estado.
Constituidos que sean los Gobiernos de los veinte Estados que forman las actuales veinte provincias de la República, se procederá á la elección de una Asamblea general que di^te la Constitución federal de ella ; y á cada Estado toca decretar posteriormente la suya en armonía con el pacto nacional.
El Gobierno General de la Federación Venezolana estará á cargo de cinco ciudadanos elegidos por los Gobiernos provisionales de los Estados ; y mientras esto se Aerifica, no pudiendo la República quedar sin representación exterior, el Gobierno del Estado asume por ahora el ejercicio de las atribuciones mencionadas del Gobierno General j y declara que los principios que profesa y que le rigen, son los que constan del siguiente programa:
Abolición de la pena de muerte.
Libertad absoluta de la prensa.
Libertad de tránsito, de asociación, de represe otación y de industria.
Prohibición perpetua de la esclavitud.
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Inviolabilidad del domicilio, exceptuando los casos de delitos comunes judicialmente comprobados.
Inviolabilidad de la correspondencia y de los escritos privados.
Libertad de cultos conservando la soberana tuición que sea indispensable para garantir esa misma libertad.
Inmunidad de la discusión oral de toda especie.
Inviolabilidad de la propiedad.
Derecho de residencia á voluntad del ciudadano.
Independencia absoluta del Poder Electoral, que ni antes de su ejercicio, ni durante su ejercicio, ni después de él, dependa de ninguno de los funcionarios de los demás ramos de la Administración.
Elección universal, directa y secreta, de Presidente de la República, de Vire-presidente, de todos los Legisladores, de todos los Magistrados del orden político y civil y de todos los Jueces.
Creación de la milicia nacional armada.
Administración de Justicia gratuita, en lo secular.
Abolición de la prisión por deuda, como apremio.
Derecho de los venezolanos á la asistencia pública en los casos <le invalidez ó escasez general.
Libertad civil y política individual, consistente: Io, en la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley; y 2°, en la facultad de hacer sin obstáculo, licencia ó venia, todo lo que la ley no haya expresamente cal i tiendo de falta ó delito.
Seguridad individual: prohibición del arresto ó prisión del hombre sino por causa criminal, precedida la evidencia de la comisión de un delito, y los indicios vehementes de la culpabilidad.
La aplicación, en fin, á nuestra patria, de todas las demás instituciones felizmente descubiertas por la huma nidad, y que la infancia del Estado social, ó la ignorancia de nuestros conductores, ó la depravación, ó el criminal abandono, han hecho imposibles hasta ahora.
Con techa 2t¡ de. febrero eligió el Gobierno provisional los cinco ciudadanos que debían componer el Gobierno General de la Federación Venezolana, de acuerdo con los estatutos arriba citados, y excitó á los Gobiernos provisionales de
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las nuevas Secciones que se fueran organizando, & uniformar la elección en favor de sus candidatos propuestos, que eran los ciudadanos General Juan C. Falcón, Antonio Leocadio Guzmán, Doctor José Manuel García, José Gabriel Ochoa y Napoleón Sebastián Arteaga ; á la vez que ofrecía reconocer como Gobierno General, el que compusieran los cinco ciudadanos que reunieran la mayoría relativa de votos de los Gobiernos Seccionales.
Por otro decreto quedaron abolidos en el Estado de Coro los tratamientos dados á los empleados, disponiéndose que sólo se antepusiera el dictado de ciudadano al título del empleo ó grado que indicara el carácter público; y el tratamiento sería el de usted indistintamente.
Siempre honrará á aquellos patricios haber declarado oficialmente, que el Estado no reconocía por enemigos suyos, sino á los que atentaran de hecho contra su independencia, y prometido no inquietar á nadie por sus opiniones políticas ni por sus actos anteriores; pues adictos ó contrarios á la revolución, todos los venezolanos estaban llamados á gozar de igual inmunidad, mientras no conspiraran contra el sistema federativo; en virtud de lo cual decretaron que ningún ciudadano podía ser preso, porque fuera ó hubiera sido contrario á la revolución del 20 de febrero.
Esto era , en verdad, elevar la tolerancia política y el respeto á la conciencia humana, á la categoría de dogma en el Gobierno, como nunca jamás lo idearon nuestros antepasados. Hoy mismo trabajan con ahinco los hombres de Estado en abolir la prisión por motivos políticos, como una de las más bellas aspiraciones de la civilización moderna.
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El Pabellón nacional que debía usar el ejército y la armada, sería el antiguo tricolor de Venezuela, con la adición de siete estrellas azules en la faja amarilla, para simbolizar las siete Provincias -que constituyeron la Federación venezolana el año de once.
Honores á 2»- IV. En 25 de febrero se declaró á Zamora acreedor á la gratitud nacicnial y á la confianza del pueblo v del Gobierno ; se le acordó el ascenso á General de División, y se le nombró primer Jefe del Ejército del Estado de Coro y del de Occidente. Y habiendo declarado el Gobierno que estoba satisfecho de su conducta, aprobó todos los actos que había ejecutado desde su llegada al territorio; y le autorizó plenamente para dictar todas las medidas que fueran conducentes á la defensa de los principios proclamados ; entre otras, la de conceder ascensos militares hasta el grado de primer Comandante inclusive.
En la misma fecha se concedieron honores y ascenso á General de Brigada y facultades iguales, al Coronel González.
ortamzacion V. Organizáronse en un fondo común las llama-
de Rentas. °
das rentas internas y las rentas del Municipio;)7 se procedió á reinstalar los Concejos Municipales. Con fecha 4 de marzo, el Gobierno provisional en ejercicio de las atribuciones del Gobierno general de la Federación venezolana, re bajó en un veinticinco por ciento los derechos de importación en todas las aduauas de la República, dejando los de exportación como estaban, basta que las atenciones del Tesoro público permitieran disminuirlos ó extinguirlos, como se prometía hacerlo la Federación en beneficio de Jos productores nacionales.
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VI. Por decreto de 5 de marzo, se formó la i»«wwu
i mi fcdtnd.
escuadrilla con cuatro buques que se armaroa con pequeños cañones encontrados en La Vela ; de estas naves, dos debían zarpar hacia barlovento, y las otras á sotavento con sus respectivas dotaciones de marina y tropa, y todas las municiones de boca y guerra necesarias; y se nombró Jefe militar de ella, al Coronel Rodulfb Calderón. La Guaireña sollamaría en lo adelante Federación) y El Coriano, 20 de Febrero.
Por orden de Zamora se embarcó Calderón en la primera, armada con dos carroñadas por banda.
El Coriano era una goleta nacional de 90 toneladas, y La Guaireña de mayor porte.
El castillo tenía dos piezas de regular tamaño.
VIL El señor Maximiliano Iturbe, sugeto enten- semdore» púdido y honrado, fue nombrado Administrador de la lcai* Aduana de La Vela.
Fuera de los asaltantes del cuartel, sobresalieron en la ciudad de Coro por sus servicios á la Revolución, los ciudadanos:
Juan José Navarrete, Rafael Petit, Benito Urdaneta, Emilio Navarro, Víctor Hansen, Vicente Miquelena, Simón Ramones.
Del Cantón San Luis, volaron á la capital á apoyar el movimiento: Martín Reyes, Nepomuceno Guerrero, Julián Castellano, José del Rosario Petit, Manuel Sánchez, Catalino Chirino, Manuel Oviol, Pedro Oviol, César Castellano.
En Paraguaná se pusieron en armas : José del Rosario González, Escolástico Naranjo, Faustino Pulgar, Manuel González, Domingo Moreno, Alejandro Pulgar, León Colina, que bien puede lia-
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marse el León de las batallas, José Tomás Valles, Casimiro Garcés.
Los Odubers ofrecieron sus bienes y prestaron buenos servicios.
José González era un veterano oficial de Colombia, que tomó servicio en calidad de soldado en 1323, á los 23 afns d» edal. D^spuJs de ruda campaña en territorio de Coro, fue ascendido á Teniente, y en 1827 recibió del Libertador el grado de Capitán. En el promedio de 1830 á 1848, ejerció varias veces en su Provincia con beneplácito publico, los empleos de Jefe militar, Juez de parroquia y Concejal. En 48, llamado ni servicio con el grado de primer Comandante, concurrió á la campaña del Zulia junto con Zamora, y sirvió los destinos de Comandante de Armas de Maracaibo v de Gobernador del Castillo de San Carlos. Entonces fue elevado á Coronel.
Dos veces fue Representante de la Provincia de Coro en el Congreso Nacional. En 1858 se asiló en Curazao buyendo de las persecuciones de los reaccionarios de su localidad. Abora, al empezar la guerra con Zamora, le condecoró el Gobierno provisional con el grado de General de Brigada.
En Cumartbo encabezaron el levantamiento, Juan Agustín Lugo, Pedro Alejandro Pina, (dominicano) Bernardo Márquez, Cirilo Guillermo, Henrique Colina, Rodulfo Calderón, Dionicio A. Goitía, José de Jesús Medina, Francisco Bracbo, Julián Rivero, Julián Hernández, Joaquín Pérez, Nicolás Cu riel, Ramón C. Curiel, Miguel Goitía, Aureliano González, Francisco Cumare, León Barbera, Santos Seco,
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José Gregorio Domínguez, José María González, Antonio López, Francisco Chirino, padre, Fabián Rodríguez, José de la Cruz, Barbera, Francisco de la Rosa Chirino, Paulino Jiménez, Guadalupe Jiménez, Silvestre Chirino, Merced Barbera, Reyes Fernández, Juan Cesáreo Lugo, Nicanor Dumón, José Carvallo, Manuel Iglesia, Crisóstomo Jurao, Rudecindo Vargas, Francisco González, Carlos Galán.
Pablo Pifia, Juan Vicente Pifia, y Andrés ligarte sorprenden la guarnición de Capada re, le quitan ochenta fusiles y doscientas lanzas, y organizan una columna de 200 hombres que marchó 1 aégo á Jacura.
Francisco Acosta, asistido de otros amigos, movió á Costarriba.
El Comandante Benito Urdaneta, antiguo oficial de la guerra de la Independencia, fue nombrado Jefe de Estado Mayor. Arteaga se ocupó en armar los buques; Manrique en ayudar á preparar el parque, y de noche trabajaba en la imprenta de A. W. Neuman, en la composición y tirado de los boletines. Óchoa empleó su talento é instrucción en servir al Gobierno provisional para redactar los documentos oficiales, entre los cuales sobresalen el programa de la Revolución, y la estructura del nuevo sistema que iban á implantar.
Trías marchó con fuerzas á Capadare: González á Paraguaná á organizar sus milicias, y Martín Reyes á Churuguara, en observación sobre la línea de BarquÍ8Ímeto.
En poco menos de quince días se formó un ejército de mil hombres : á la escuadrilla se le dio
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una tripulación de doscientos, y otros tantos á la guarnición de la plaza.
c^Sm?0" da VIII. La invasión de Zamora con su marcha ai
centro sobresaltó las Provincias, y produjo una crisis ministerial. El General Soublette fue llamado al Ministerio de Relaciones Exteriores, el señor Rafael Arvelo al de lo Interior y el señor Pedro de las Casas al de Hacienda.
Caracas se excitó con violencia. Liberales y oligarcas recorrieron las calles dando vivas á sus partidos y ostentando sus insignias y colores respectivos; de lo que podemos formarnos alguna idea, •leyendo el siguiente telegrama del Presidente de la República :
Telégrafo Eléctrico. — Caracas: 1? de marzo de 1859. — A las (> ]>. m.
¿Señor General Jefe de Operaciones de Caraabobo.
Hubo hoy una gran alarma aquí, porque varios grupos se organizaban para turbar el orden público; pero la ciudad en masa, el comercio todo, notable y valeroso, rodeó al Gobierno ocurriendo voluntariamente á armarse á defender la causa de todos. Nadie se quedó en su casa; y lie tenido la complacencia de ver ostentarse la opinión de un modo lujoso, é imponente. Esta actitud y las medidas que se tomaron lian restituido la calma y contento á la capital. Los revoltosos se disolvieron á esconder su vergüenza. Trasmita U.S. esta noticia a Puerto Cabello, que creo conveniente.
J. Castro.
partidas fe- IX. El primer pensamiento de Zamora, fue niover- >" á líar.piisimeto por Sabaneta, y de allí á los Llanos de Cojedes, Portuguesa, Barinas y Apure; escogidos por él desde Curazao para teatro de su campana, por estar abundantes entonces de ganados }' caballos, por tener excelentes territorios para la guerra, y centros poderosos de opinión armada en favor de la causa federal.
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Efectivamente: desde julio del ano anterior se habían mantenido alzadas muchas partidas, victoreando la Federación. Fueron las primeras las de Regino Sulbarán y Carlos Padilla, de setenta hombres, en La Boca de la Montaña, entre Guanatito y Sabana Seca; y la de José Antonio Linares, colombiano de nación, en El Carrao, como de ciento cincuenta ; las cuales reunidas en número de más de doscientos hombres, y comandadas por este último, cfferrotaron en Trapichito las fuerzas del Gobierno, regidas por el Comandante Rafael Romero; aunque días después tuvieron que replegarse á Samán Blanco, donde fueron batidas y dispersadas por el Comandante Silverio Escalona. Allí cayó prisionero Sulbarán, herido en una pierna; y como consecuencia de tal fracaso, apaciguáronse es(8s comarcas hasta noviembre, en que asomaron nuevas partidas por Valle Hondo, Arenosa y otros sitios de la jurisdicción de Guanarito ; figurando con mayor renombre Martín Espinoza, natural del Pao.de San Juan Bautista, Carmen Pina y Miguel Santaella, quienes atacaron y vencieron, á fines de diciembre, las tropas del Comandante Segura, y dieron muerte á éste en el sitio de La Calceta.
En pico menos de tres días atacaron á Guanarito, y lo quemaron; y de allí, unidos á Linares, á Juan Lara, Guadalupe Rivero y otros, siguieron devastando á Sabana Seca, Las Animas, El Regalo, El Jobo, Potrero Lucenero y todas las poblaciones ribereñas del Guanare, como Guerilandia, San Miguel, San Andrés, Flores, Morrones, Río Viejo y La Unión.
Para febrero estaban va en armas Antolino Al-
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varez, Pedro Manuel Rojas, que llegó á ser con justicia el más afamado General de la Federación en Occidente; caudillo humano, y á la par honradísimo y valiente ; Natividad Petit y muchos otros de menor graduación. Para la fecha habían tiroteado más de una vez las guarniciones de Nutrias, Dolores, Libertad y Guanarito, y obligado al Gobierno á resguardar todas las plazas con tropa armada, y á mantener cuerpos francos por las selvas y caminos principales de aquellas dos Provincias.
Como es común en las guerras, cometiéronse muchos delitos contra las personas y las propiedades: á saber, asesinatos, incendios de pueblos y hatos, profanación de iglesias, robos y violencias en hombres y mujeres.
Martín Espinoza entró á saco la población de Sabana Seca, quemó las casas y mató muchos individuos. En Las Animas fusiló á Carlos Ramón Moreno y A Encarnación Jiménez, que se preparaban á favorecer á unas familias escapadas del incendio del poblado.
El mismo procedimiento de crueldad usó Lara en Morrones, en cuya plaza pasó por las armas á Juan Pedro Linares, á Luis Rodríguez v á un señor García. Linares quemó El Regalo, y Rivero asoló E\ Jobo, á cuyo Juez de paz hizo alancear, dejándole tendido en el camino con diez y seis estocadas.
El Teniente Enrique Ortega, de esta misma facción, prendió al anciano Juan Bautista Ángulo, le llevó consigo dos días, haciéndole sufrir los más duros ultrajes y dolores, y por último lo mató en Potrero Lucenero, y crucificó el cadáver co:i sendas estacas en pií's y minos.
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A Ciríaco Jiménez le dieron muerte, y clavaron su cadáver en una tapia, después de sacarle las entrañas.
Marcelino Cruces, criminal prófugo de la cárcel ■de Nutrias, era el abanderado de una de estas partidas.
Ramón Calles, Jefe político de Guanarito, es asesinado en el sitio de Pot rerito, y á su familia la hacen marchará pie á uno de los campamentos.
Tales fueron, entre otras, las primeras horrendas represalias de las infinitas atrocidades cometidas pollos centralistas, al restaurarse en el poder de aquellas comarcas, con motivo del triunfo de la Revolución «de Marzo, y de que vamos á dar idea ajustándonos A documentos públicos que tenemos á la vista.
X. Verdaderamente, las tropas del Gobierno Desmane» de saquearon varias casas en Libertad, entre otras la tnaSST Ma del venerable Cura párroco; se llevaron las alhajas de los santos y la plata labrada de la iglesia, y ofendieron el pudor de familias honestas. Quemaron los caseríos cercanos á Dolores, y se robaban por los caminos las mujeres y )as hijas de los labradores, convirtiendo aquellos hombres, sencillos y laboriosos, en vengadores terribles de su honra, de sus propiedades y de sus caros afectos.
En Río Viejo, pueblecito de la margen izquierda del Guanare, aprisionaron una india, esposa de un bonguero, y la ultrajaron. Era el marido un indio conocido en la comarca como hombre honrado y trabajador; al llegar á sus oídos la noticia del crimen, juró matar á todos los colorados (así llamaban á las tropas del Gobierno), y se lanzó á la guerra con tal furor que se hizo celebérrimo por sus
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malos hechos. Desde entonces empezó á beber para hacerse más feroz. Cuando cogía un colorado ledecía : engrille, es decir, que bajara la cabeza ; y ledescargaba un machetazo. Mataba hombres, mujeresv muchachos. En Santa Lucía cometió los crímenes
más inauditos. Por donde pasaba no dejaba sino rastros de sangre y desolación. Malo era y á la vez valiente como Bóves ; y prestigioso entre los indios de aquellas tierras, porque los dejaba robar cuanto querían. Este hombre se llamó el Coronel Martín Espinoza, á quien hemos ya nombrado, y de quien tendremos mucho que decir en el curso de esta relación.
En Ba riñas entraron á saco los gobiernistas la casa de la respetable familia Arvelo ; y pegaron fuego á la del oficial Rafael María Soto, quien fue después General de la Federación y Presidente de! Estado Barina8.
En un informe que de los sucesos de aquella Provincia hizo el señor Juan T. Sosa al General Zamora, dice: las fuerzas centralistas han cometido crímenes semejantes á los que nuestra historia refiere de Antoñanzas y Zoazola
Las circunstancias no son para seguir en este relato, y sólo hago hincapié en que los crímenes de los centralistas provocaron las represalias, y ellos son responsables ante la sociedad y su señor. (1).
Espinoza solo llegó á tener hasta cuatro mi) hombres voluntarios, debajo de su mano, aunque no todos armados. Menores eran en numero, pero bien
(1) Boletín Oficial del Ejército Federal de Occidente, número íHarina*, 21 de mayo de l$-59.
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ordenadas, disciplinadas y obedientes ias columnas Je Antolino Alvarez y Pedro Manuel Rojas, virtuosos hacendados de Santa Rosa y Dolores ; nunca manchabas con los feos delitos de que acabamos de hacer mención. Sus tropas fueron, como las de Petit, .gruesos y aguerridos núcleos que sirvieron para formar el ejército que mandó después Zamora en Barinas, San Lorenzo y Santa Inés.
Mientras Zamora se organiza en Coro, y cubre acertadamente las líneas de Barquisiineto y Maraca ib o, y madura su plan de operaciones para dar golpes decisivos á los centralistas, veamos de cuál manera se preparaban éstos para combatirlo, y cómo ¡pensaban exterminarlo.
XI. No bien hubo cundido en el país la noticia KXpedici<m <ui del sorprendente desembarco de Zamora, apresuróse ?o.nn^ Corde* •el Gobierno á levantar tropas, para enviarlas á recuperar la Provincia perdida. Al efecto se despachó •de La Guaira á Puerto Cabello, al Coronel José •del R. Armas con una División, en los trasportes goleta Emilia y bergantín Isabel, para seguir á Coro •como cuerpo de vanguardia del Ejército expedicionario, que iba á marchar al mando del General León «le F. Cordero, nombrado el 2 de marzo Jefe de Operaciones de Coro.
Este ilustrado y experto General estaba sirviendo la Jefatura de Operaciones de Carabobo y Yaracuy, con autorización para hacer á la de Cojedes, Barquisiineto y Portuguesa las indicaciones conducentes al mejor servicio militar, en el propósito de dar unidad á las operaciones de aquellas Provincias ; y aun para tomar el mando del Ejército que se estaba formando, si las circunstancias así lo exigieran.
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En esta virtud, hizo dicho General marchar una columna de Orituco, de 250 hombres, acantonada en Valencia, á conducir á Barqnisimeto 600 fusiles, 25.000 cartuchos, 2.000 piedras de chispa y 300 cananas. En esta plaza de Valencia llamó al servicio á los Comandantes Mal pica, Zuloaga, Olondro y otros, con las milicias de sus parroquias respectivas: despachó á San Carlos la primera columna que se organizó, al mando del Comandante José Ramón Arvelo: hizo poner en manos todo el armamento depositado en el parque del Yaracuy ; y advirtió al Gobernador de esta Provincia, que enviara á Barquisimeto la fuerza de milicia que le pidieran, para la formación de la División de reserva, y do& compañías más á Puerto Cabello, que irían á armarse á Valencia. Pidió una columna á Aragua; y dispuso finalmente poner en Carabobo sobre las armas, 600 hombres, distribuidos así: 200 para reforzarla guarnición de la plaza; 200 para la de Puerto Cabellor y otros tantos que se situarían en San Carlos. El Gobferno le dio por Jefe de Estado Mayor, al entendido Comandante de Ingenieros Olegario Metieses.
En el desarrollo general de su plan de campaña, ofició también al Gobernador de Maracaibo, José Aniceto Serrano, encargándole que sin pérdida de tiempo pusiera en marcha una columna, A ocupar lo* Cantones limítrofes de Casicurey Matícora.
Para abrir la campaña dispuso que la expedición marítima, á las órdenes del Coronel Armas, zarpara sin dilación de Puerto Cabello, con instrucción de obrar sobre el litoral de la Provincia de Coro : y en cumplimiento de esta disposición se hizo á la vela dicho Jefe el 2 de marzo, por la noche, con un cuerpo de 500 hombres. El 3 desembarca
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en Chichiriviche, que es un fondeadero de la ensenada de Tucacas, de cuyo extremo más septentrional dista tres millas. Esta punta demora desde la l*>ca de Puerto Cabello al Norte 28 grados Oeste, y dista de ella 25 millas. Tal fue la primen jomada de la expedición.^
El 4 ocupó Armas El Tocuyo, donde permaneció dos días, en solicitud de noticias de Zamora, y con el empeño de poner en manos 100 fusiles más, que llevaba en parque. Allí supo que el pueblo de Capadare se había pronunciado por la Federación el día 2, por lo cual se vio obligado á no adelantar un paso más, hasta recibir de Puerto Cabello los refuerzos ofrecidos; pues la instrucción que se le impuso en oficie) del 4, era proceder en todo con tal cautela, que los revolucionarios no pudieran obtener lamas pequeña ventaja sobre él ; procurando entre tanto, no comprometer ninguna función de armas, sino en el caso de tener de su parte de las cien probabilidades lan noventa y nueve.
Sabido que Zamora estaba en Coro al frente de un ejercito, se puso en marcha el mismo General Cordero, en apoyo de su vanguardia. El 10 de marzo dio su escuadrilla la vela con dirección á Los Cayos de San Juan, llevando en el vapor Unión dos compañías del batallón 5 de marzo, á saber: la 3? y la de Granaderos, el Estado Mayor y la Banda de música: en el bergantín Paquete de Puerto Rico, el resto del 5 de marzo y parte de la columna Carabobo, que mandaba el Comandante Silverio Escaloua: en la goleta Eloísa el resto de esta columna: en la Carolina, 50 hombres más, una batería de artillería con dos piezas de campaña y el parque de la División; todo al cuidado del Capitán
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de artillería Dolores Navas y del Subteniente J. Romero.
El Estado Mayor estaba constituido de esta manera : Jete de Estado Mayor, Olegario Meneses ; 2? Ayudante, Comandante Teodoro Chataing; Capitán Adjunto, A.Jorge Pardo; Comisario de Guerra, Capitán Pedro Celis Plaza, con 6.000 pesos en caja; escribiente, Teniente Pedro Nolasco Silva;. Proveedor, Teniente de la Armada, Eduardo Volcán ; Practicante, Pedro Ravelo.
Total de la División del General Cordero:
Artillería: 1 Capitán, 1 Subteniente y 16 artilleros.
Batallón 5 de marzo : 1 Comandante, 28 oficiales y 325 de tropa. .
Columna Carabobo : 1 Comandante, 13 oficiales y 190 de tropa.
Quedaron 250 infantes de guarnición en el Castillo, de que era Jefe el Coronel J. J. Illas.
El Comandante Cubillán servía el Apostadero, y el Comandante José María Hernández la Comandancia de la brigada de Artillería.
El vapor Unión era una nave mercante, de 222 toneladas, que el Gobierno compró, armó en guerra con 2 cañones de á 8, y una tripulación de 42 hombres, y puso bajo el mando del Primer Teniente de marina Manuel J. Armas.
Esta expedición iba custodiada por las dos goletas de guerra 5 de Marzo y Liza.
La primera estaba gobernada por el Primer Teniente Zenón Montero, como Primer Comandante; y por el Primer Teniente Simón Sardi,como segundo.
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La Liza, también buque mercante, que servía de paquete entre La Guaira y Puerto Cabello, fue armadla en guerra, bajo el mando del segundo Teniente Manuel Grande.
La escuadrilla amaneció el 11 á la vista de Los Cayos de San Juan, en cuyo fondeadero S. O. estaban anclados los trasportes que habían llevado £ Chichirivichela expedición de Armas ; y á las diez y media de la mañana tomó puerto, entrando al Occidente del Cayo N. N. O., á 18 millas de Chichi riviche. Detrás del Cayo alcanzáronse á ver dos goletas : urfa á la vela, y otra que parecía fondeada, pero que en realidad estaba varada. A poco se «upo que eran dos barcos de la escuadrilla federal : la que navegaba forzó la vela y se puso en popa; era la 20 de Febrero; la otra era la Federación, que había encallado en los bajos que rodean á San Juan, y había sido abandonada precipitadamente con algunos elementos de guerra de los que llevaba á su bordo.
Lo que sucedió á estas goletas fue que al llegar Armas á San Juan, el 10 á las tres p. ni., oído el informe del retén situado en la punta de Curamichate, de que se aproximaban á la costa de Maracara dos buques enemigos, armados en guerra, ordenó él á los Comandantes de las goletas de guerra 5 de Marzo y Liza que salieran á batirlos. Avistáronse, en efecto, las naves á tiro de cañón, á las seis p. m.; pero entrada la noche se apartaron sin haberse hecho daño.
En la madrugada, empero, al acercarse La Guireña al N. O. del Cayo de barlovento de San Juan se varó en un banco de arena, habiendo podido á favor de la oscuridad, Calderón y sus tripulantes trasbordarse á la 20 de Febrero.
Campafia de
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Después se ha sabido que los buques de la re* votación andaban por la costa, con intención de dar caza á los trasportes de Armas.
En la goleta perdida se encontró un cañoncito de á 3, con ochenta cartuchos, y además un juego de banderas de señales, un anteojo, una campana, y dos escandalosas. También quedó en poder del General Cordero la falúa de La Vela, que Calderón llevaba para alijo, y junto con ella dos marineros que se habían quedado en tierra.
Allí fletaron el falucho nacional Esperanza, de Bartolo Marques; y lo incorporaron á la escuadrilla: y en seguida se dispuso que la columna Armas se reembarcase en sus trasportes, para continuar en
convoy con los demás navegando por la costa.
Zarpó el 12 á las diez de la noche toda la expedición, y á las nueve de la mañana del 13 se puso á la capa frente á Barranquita, por donde desembarcó la dicha columna de vanguardia, con orden de seguir por tierra á Cumarebo, mientras las otras marchaban por mar al mismo punto.
A las diez dio fondo la expedición, una legua á Barlovento del puerto de Cumarebo, entre Barranquita y Boca de Kicoa. De aquí largó las velas Cordero al puerto de Cumarebo, donde se paró dos dfaa, y recogidas las noticias que por allí circulaban, llegó á saber que Zamora había salido de Píritu en dirección hacia arriba, con ui cuerpo de mil hombres, en tres Divisiones, parte de fusil, y parte de lanzas y machetes.
XII. Llegada es la hora de que volvamos á Coro
Costa.
*°T u para referir cómo ordenó Zamora esta singular campaña. Puesta apunto su expedición, y cuando se prepara-
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ba á emprender marcha hacia Barquisimeto, para hacer la guerra en el Sur de Occidente, como hemos dicho, tuvo noticia de la operación del Coronel Armas; y entonces cambiando rápidamente de plan, salió á buscarle por la costa con el intento de batirlo y vencerlo. El 7 de marzo circuló su proclama de guerra al Ejército y á, la Armada, en su calidad de primer Jefe del Ejército de Occidente, para calentar los corazones y correr á la victoria ó á la muerte.
Dice así esla su primera marcial alocución :
ALOCUCIÓN
DEL
CIUDADANO GENERAL 1er. JEFE DEL EJERCITO DE OCCIDENTE
Al Ejército y á la Armada Federal.
I Compatriotas ! El 20 de febrero de 1859 forma época en nuestra historia; él ha abierto una página de ladrón, una campaña de heroísmo, una cruzada de libertad.
El 20 de febrero es un grande acontecimiento; él determina una situación, despeja un porvenir : él trae las palmas de la victoria! No más sombras siniestras en el horizonte de la patria ; enarbolemos el estandarte de nuestros padres, de los patriotas de 1811.
Corianos! Vuestra patria, la tierra del heroísmo, el oasis de la libertad, se alza á la faz de sus tiranos y dice Federación ; y á tan noble, á tan sublime, á tan grandiosa idea, se une la palabra de paz, de perdón, de olvido del pasado, no como lo dijeron los enemigos de la patria, sino con pruebas, con la lógica elocuente de los hechos. El espionaje, las cárceles y las prisiones se olvidan, se desechan, se condenan como contrarias al programa, á la comunión de los hijos de la libertad ; vemos, sí, que los victimarios, los verdugos, los esbirros del tirano, aquellos hombres que persiguieron, que vejaron, que lanzaron cieno sobre todas las reputaciones y abrieron el sepulcro para muchos, quedan en el seno de sus familias al lado de sus esposas, gozando los cariños de objetos caros para el corazón. No se oye un grito, una voz que los recuerde y que diga : Venganza !
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Corianos! semejante proceder os hace acreedores á los mejores títulos, y justificará mañana una nuevicon ducta si os halláis en el caso de cambiar
Sí, Corianos; mientras que os presentáis con nobleza, en tanto que usáis de un derecho sagrado, vuestras enemigos os contestan con denuestos y desfigurin la historia de vuestros hechos. Suponen temores infundados: se ocultan; huyen como si hubiese perseguidores y escriben con audacia que sois una compañía de asesinos y ladrones, un puñado de bandidos.
Y bien, compatriotas ; en este estado de cosa-s, ya que habéis sido magnánimos una vez más, y cuando tenéis por recompensa la calumnia y la amenaza ; cuando, en fin, quieren arrebataros el más precioso de vuestros derechos conquistados el 20 de febrero, necesario es repeler la fuerza con la fuerza y que nos paguen caro la sangre, una sola gota de sangre de los hijos del pueblo
Corianos; os sigue la victoria-: en sólo quince días que contamos de existencia política, tenemos un ejército respetable, una armada fuerte, y el Gobierno del Estado, que hace frente al más odioso de los tiranuelos de América.
Compatriotas! Que nuestras falanjes victoriosas tremolen el estandarte de la libertad por toda la República: que lleguen hasta el centro de ella; y que allí quede fijado para siempre.
Compatriotas. Evitemos en lo posible la efusión de sangre; pero que se derrame y se tormén hecatombes, si así lo quieren los victimarios, los enemigos jurados de la libertad.
Cuartel general en Coro, 7 de marzo de 1859 — Año 1? de la Federación.
El 8 en la noche despachó el batallón Federación á cargo del Coronel Julián Castellano, Jefe de Brigada, á incorporarse en Capadare á las tropas del General Trías.
El día siguiente, también en la noche, salió por la misma vía el batallón Tiradores ó Flanqueadores al mando de los Comandantes Juan Bautista López y Juan Agustín Lugo.
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Nombró de Comisario de guerra á Don Juan Navarrete ; y como no hubiera dinero en las rentas públicas, ni quisiera él poner empréstitos á los ciudadanos, pidió á su suegra tres mil pesos, que esta señora tenía guardados, pertenecientes á los tres niños Diez, menores de edad, de la herencia de su padre. El Gobierno de la Federación pagó esta cantidad luego que se instaló en Caracas. Tales fueron los fondos con que se abrió la primera campaña de la Federación.
Y el 10 á las 5 de la tarde levantó bajo su mando inmediato el resto del ejercito, que consistía en los batallones Vanguardia y 20 de Febrero, gobernados respectivamente por los Coroneles Juan Nepomuceno Guerrero y Manuel Oviol, y de los Comandantes Martín Reyes y Tomás Pereira. En Carorita se le incorporó el General Gouzál-z con la caballería de Paraguaná, en que figuraban el Capitán León Colina, como Ayudante Mayor, Faustino Pulgar, Manuel González y otros que también alcanzaron fama en la guerra de los cinco años.
El Comandante Salaverría quedó de Comandante de la plaza de Coro y del castillo de La Vela.
La Jefatura política del Cantón capital fué servida primero por Aquilino Morón, que pasó después al destino de Administrador de Rentas Municipales; en seguida por Andrés Depool, y líltimamente hasta el 14 de marzo por Eugenio Guillermo.
José R. Márquez fué nombrado Juez de Cantón.
Zamora pasó por Cumarebo y Píritu sin tener noticia de los enemigos.
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En Güequito fue donde supo por oficio del Comandante militar del puerto de Cumarebo, Bernardo Márquez, que parte de ellos habían desembarcado por aquel lugar; y en previsión de que pudieran ir detrás de él, ordenó á Márquez que los observara desde el pueblo de aquel nombre, y que en caso de que hicieran tal movimiento los tiroteara y se replegara sobre él, cubriéndole la retaguardia, hacia Sau Juan. A este sitio volaba él, contando hallar allí el grueso de las fuerzas oligarcas que so prometía sorprender y destrozar.
El itinerario de Zamora fue el siguiente : Cumarebo, ♦ Píritu, Maracara, Carorita, Río de Queque, Jacura, Capadare, San Juan.
El 15 salió de Píritu; el 16 de Jacura; acampó en Capadare el 17, y se sostuvo allí hasta el 19; el 20 lo pasó en San Juan, el 21 adelantó 4 leguas al Tocuyo; y el 22 en la tarde llegó á orillas del caudaloso Yaracuy ; pero como no encontrara á nadie en Los Cayos, siguió á Morón, donde el Coronel José Félix Mora le ofrecía un contingente de tropa de nó escasa consideración.
PMofciRio XIII. En este río quiso estorbarle la marcha el
Yantouy. '
Comandante Francisco Antonio Rivero, con una columna dejada allí por el General Cordero : y como en este paso no se puede atravesar el río sino en canoas, pensó Rivero que con quitar éstas de allí como de antemano lo había hecho, bastaría para impedir que Zamora prosiguiese su camino, con lo cual daría tiempo á que Betancourt y Oberto, que iban sobre sus huellas, lo alcanzaran y obligaran á pelear, sin retirada posible. Pero Zamora obvió aquella dificultad mandando que la caballería se tirase á nado, dividida en dos trozos, mientras
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unos piquetes de á pie hacían fuego por la orilla del monte. Detrás de los caballos pasaron á nado algunos infantes, y reunidos todos del otro lado, cargaron á Rivera, lo dispersaron por el bosque, y le quitaron la gente, los fusiles y las bestias.
Tal fue el primer combate de aquella atrevida campaña, por medio de un campo de guerra que ocupaba un enemigo bien armado.
XIV. Dice el Diario del Estado Mayor del Gene- pi** da corral Cordero, que penetrado este de la marcha de ZA-morat moka hacia arriba, determinó cerrarle el paso, mandando á priesa el batallón Victoria, del Comandante Pinto, por Chichiriviche; mientras él con el resto del ejército y las columnas de Betancourt y Oberto que venían, la primera de Barquisimeto por Churuguara, y la segunda de Capatárida, armada y equipada con recursos de Maracaibo, le hostilizaría por la costa, hasta acabarlo á hierro y fuego donde quiera que lo alcanzase. Dio en efecto la orden de que Pinto se revolviese; pero examinando la aguada de los trasportes, se encontró que ninguno estaba provisto de ella, á pesar de haberla mandado hacer para doce días en Puerto Cabello. En vista de tal contratiempo tuvo el Jefe centralista que cambiar de plan.
Encargó en consecuencia á Antonio Bravo que interceptara las comunicaciones de Zamora, pen> éste las tenía bien expeditas por medio de numerosas guerrillas que iba dejando tras sí, formadas de los vecinos de aquellas comarcas, todos liberales y prácticos del terreno: y lejos de dejarse incomunicar, aisló á su enemigo, cogiéndole todas las vías de la costa; y cubrió su retaguardia con dos compañías que tenía Bernardo Márquez en Cumarebo, una al mando
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del Capitán Dionisio A. Goüfa, del mismo lugar, y otra al del Capitán Jesús M? Hernández, coriano» Esta compañía era del batallón 20 de febrero; la dé Goitía se incorporó después al Tiradores, dé Cumarebo, mandado por el Comandante Juan Cesáreo Lugo.
En la noche de ese día Cordero hizo desembarcar el o de marzo para que marchara por tierra á La Vela, con la División de Armas, á quien se dio instrucción de hacer alteen el sitio de Carrizal á esperar órdenes.
cordero ocupa XV. Cordero continuó el 14 en el vapor por la
á0cro costa, y á las dos de la tarde tondeó en Muacó, 4
dos millas de La Vela. El Jefe de Estado Mayor mandó unas guerrillas á dominar las alturas, para apoyar el desembarco del resto del ejército. Hecho ésto, siguieron todos juntos á La Vela, yendo el Victoria en vanguardia, y llevando personalmente ei General Cordero, en retaguardia, el 5 de marzo.
La goleta de este mismo nombre, que desde Carrizal se mandó á voltejear sobre el puerto, se trabó á cañonazos con las baterías del fortín, mandado por el Comandante César Castellano, en .el cual había una guarnición de sesenta hombres. Allí estaban también el ciudadano Toledo, miembro del Gobierno provisional, y Napoleón ¡Sebastián Arteaga*
El cañoneo duró toda la tarde hasta el anochecer. A esta hora capituló la guarnición, entregando la Fortaleza á las 7 p. m. al Comandante Meneses, que la ocupó con una compañía del batallón Victoria. En este lance perdieron los revolucionarios cuantiosos elementos de guerra y la bandera, que era tricolor, con siete estrellas azules en la faja amarilla, según el decreto del Gobierno.
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Cayeron prisioneros: Napplcón S. Arteaga, José Toledo, Comandante de la fortaleza, César Castellano ; Capitanes Carlos Galán, Alejandro Key, Elias López, Juan Larrúa ; Tenientes Pedro José Castro, Miguel Gil, Kamón Pachano, Tomás Guiñan, Pedro Añes, Manuel Devira, Antonio Echeverría; Subtenientes Evaristo Marines, José de la Cruz Reyes,. José Hilario Mencia, Juan Bautista López, Manuel Molina y cincuenta y tres de tropa.
Encargóse de la Comandancia de Armas de la' Provincia el Coronel Armas, y marchó el 15 en la mañana á ocupar la capital, evacuada la tarde anterior por Salaverrfa, los demás del Gobierno y la guarnición, compuesta de sesenta infantes y cuarenta jinetes, todos los cuales tomaron juntos el camino de la Sierra.
A las nueve de la mañana de aquel día, 15 de marzo, dio fondo en el puerto una goleta inglesa, que levó anclas á poco, y se hizo á la vela sin esperar visita. Se la mandó alcanzar con la Lizay y á las once de la noche la trajeron presa. Su nombre era Ocean Brig y su Capitán Joseph Crouse. Encontráronse á bordo los ciudadanos Antonio
Guzmán Blanco, Antonio Ferrer, Nicolás Pereira, Jesús María Aristeiguieta. venezolanos; y los españoles Antonio Ruiz, Carmelo Valiente Villamartín y José Mió. Los . papeles estaban en regla, y el Capitán informó que había salido el 12 de St. Tilomas, despachado para cualquiera de los puer. os de Venezuela, habiendo arribado el 14áBonaire. Aunque el General Cordero sospechaba que este buque había sacado de St. Thomas al General Falcón, y traíaá bordo 4.000 fusiles, no se le pudo probar nada..
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ni era lícito proceder contra el, ni contra los pasajeros, amparados coniD lo estaban del pabellón inglés.
¡ Atrevimientos de la suerte! Si el joven Guzraán Blanco hubiera sido reducido á prisión aquel día, probablemente no habría tenido ocasión de ser «no de ios más calificados Capitanes de los tiempos modernos de Venezuela. La fortuna quiso exponerle á un gran peligro, como una advertencia á la posleridad, para enseñar cómo pueden cambiar los destinos de los hombres y de los pueblos por el suceso más casual y al parecer más insignificante. Cordero, sin embargo de su talento, no pudo pensar que en aquel joven, pálido y endeble, apenas enamorado de las bellas letras, había muchos Marios, como juzgó Sila á, César, €n su mocedad.
La goleta zarpó ese mismo día, llevando á su -bordo al hombre que, hecho más tarde General, estaba predestinado á terminar la guerra por un tratado de paz entre los dos partidos, después de cinco años de desgracias sin cuento; tocando á él mismo remediarlas en pare en largos períodos de g bierno y administración.
ei Gobwn». XVI. El Gobernador había sido reducido á pri-
dor García. i i
sión en el puerto de Cumarebo, la noche del 20, por el Comandante Ii. Calderón, y conducido á Coro por este mismo en la del 21. El 26 lo pusieron en libertad ; y el 27 se escapó á pie y disfrazado. Así anduvo tres leguas, hasta el sitio en que ciertos vecinos amigos le facilitaron una bestia para seguir al cantón Casicure. En este lugar reasumió sus funciones de Gobernador, y expidió un decreto, con fecha 5 de marzo, por el que abrió un empréstito de dos mil pesos, y ordenó la recolección de hombres, armas, caballos y monturas para organizar la columna que
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^1 Gobernador de Maracaiho había puesto al mando <lel Comandante Manuel Oberto, como Jefe de Operaciones de la frontera de las dos Provincias. De este punto se trasladó á Urumaco, y en seguida á las parroquias de San Luis hasta Piedra Grande y Churuguara, para ponerse en comunicación con los funcionarios de Barquisimeto, y activarla marcha de Betancourt, que estaba en Siquisique. .
En aquellas poblaciones se, mantuvo trabajando por recuperar la Provincia, hasta que llegó el Genera] Cordero. Pero, habiéndose enfermado, no quiso reer. caigarse de la Gobernación.
XVII. Mientras tenían lugar estos acontecimien-¿t6e"¿°JSJ^ tos en las ciudades principales de la Provincia insurrecta, alzábanse los vecinos de los campos por los principios de la Revolución ; sucediendo ahora como en 4C, que los oligarcas señoreaban los poblados con sus tropas regulares, y los liberales se esparcían por las selvas, dominaban las serranías y los llanos, y sublevaban las masas populares.
Los libertos llevaban clavada en la mente la idea de que los oligarcas los iban á volver á la esclavitud, y los de Coro creían que debían exclusivamente su libertad al General Falcón.
Indios de acá y de allá andaban alucinados con los resguardos de tierras de indígenas, que les ofrecían leguleyos de las aldeas.
Los pobres, en suma, tenían horror á los centralistas, porque entre otras cosas propalaban que los querían venderá los ingleses, para con sus carnes hacer jabón, y con sus huesos cachas de cuchillos, bastones y sombrillas. (1)
(1) Informe pasado al Gobierno [por el General llamón Ek- 4*obar.
2Í)2 DOCTOR L. VILLANUEVA
De suerte que por donde quiera que pasaba Zamora encontraba amigos y prosélitos. Se le co~ municabau noticias del enemigo, se le proporcionaban bastimentos, y corrían voluntarios los campesinosarmados de flechas á alistarse en sus banderas. Le faltaban armas para la gente que le seguía.
El 15, cuando entraba Cordero en Coro, salía él de Píritu, llevando cinco días de anticipación á las fuerzas que pudieran perseguirle.
operación mi- XVIII. Pero, Cordero en vez de caminar desde-
Cumarebo la vuelta de Puerto Cabello, teniendo, comoera cierto, un ejército igual al de Zamora, pero mejor armado, le dio las espaldas y se reembarcó para la capital, contra las esperanzas de su Gobierno y de su partido. A los cargos que se lo hicieron, contestó en un oficio al Gobernador de Maracaibo, con fecha 21 de marzo, que la operación principalmente indicada no era perseguirá Zamora, sino ocupar La Vela, para impedir el desembarco fác 1 del General Falcón con su parque; pues por una comunicación interceptada el 12 en Cumarebo, supo que el Jefe de la Revolución llegaría al día siguiente con material de guerra, Y algunos de los expulsos : y aun en caso de que ésto no sucediera, podían siempre introducir por aquel puerto fusiles y víveres de Curazao. Era la segunda razón, la conveniencia de restablecer el régimen de su partido en la Provincia, desbaratar el Gobierno federal del Estado, y quitar á Zamora su base de operaciones.
Esta fue la primera parte de su plan de campaña, creyéndose bastante fuerte para cercar y destruir en seguida á Zamora, á quien suponía en una de estas tres direcciones: ó á Puerto Cabello por el camino de la Costa, ó a San Felipe por el de Aroar
VIDA DEL GENERAL ZAMORA 293
<5 á Barquisimeto por Moroturo. Consecuente con «estas suposiciones hizo parar mil hombres en Barquisimeto, quinientos en San Felipe, y destinó número igual con Betancourt, y otros tantos con Oberto á .•seguirlo por Píritu, á tiempo que ordenaba que Pinto, con su batallón Victoria, volase á Puerto Cabello á reforzar la plaza antes que Zamora llegase /i ella. Además, una goleta de guerra se mantendría -cruzando desde San Juan hasta La Vela.
XIX. Zamora contrapuso á aquellas maniobras, operación nú-
1 ■ litar de Zamora
-otrasmás hábiles: lompió á sablazos los cercos, destruyó á Pinto, inutilizó á Betancourt y Oberto, se posesionó del Yaraeuy, conmovió á Carabobo, amenazó á Puerto Cabello y Valencia, obligando á Páez á encerrarse en esta plaza y á Justo Briceno en la primera : y por una sucesión de movimientos estratégicos, acertados y sorprendentes, entra y sale por los lados del triángulo de fuego que de Barquisimeto á San Felipe, y de San Felipe á Nirgua, formaban con más de dos mil hombres Rebolledo, Domingo Hernández y Saga rzazu.
Poruña coincidencia singular, el mismo día 10, -cuando salía Zamora de Coro hacia arriba, salía -Cordero en la escuadra de Puerto Cabello hacia abajo. Zamora partió con sus batallones á las cinco <le la tarde, y Cordero á las diez y media de la noche.
XX. A los trece años, estr> e*, de 40 á 59, vol- 'Zamora-cor-
. , r-i i rr i /. ti oero-Páez.
Alan a encontrarse Cordero y Zamora, defendiendo cada uno su bandera, firmes en sus filas respectivas, -ofreciendo á sus causas las aptitudes, la reputación militar y la propia sangre. DeÜ escabroso teatro de valles y cumbres de Mauuare y Tacasuruma, han pagado los dos á disputar el predominio de sus partidos ■en un escenario de guerra tendido entre Coro, Barqui-
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si meto y Puerto Cabello, y cerrado por una costa marítima, en forma de media luna; de ciento diez y nueve millas de largo.
En esta otra campaña también le desbaratará Zaaíora sus planes- mejor combinados.
En Tacasuruma lo engaña con unas guerrillas; se le desaparece como un fantasma, y salta por encima de Villa de Cura á dar el combate de Lo.* Bagres.
En Coro lo deja entretenido con la ocupación de ciudades enemigas, y vuela á sublevar el litoral : á combatir y triunfar en El Palito, y á asaltar el parque de la capital del Yaracuy.
Ahora, al poner el pie en Carabobo, va á topar con el General Páez : quien no obstante hallarse enfermo en Valencia, ofreció sus servicios al Gobierno, no bien hubo sabido que Zamora se acercaba á la costa de Puerto Cabello. Castro le nombro Jefe de Operaciones de la Provincia, y le dio por Jefe de Estado Mayor al General Austria. l
£¿eeanet¿e XXI. Edecanes de Zamora en esta campaña fue-
ron los oficiales Rafael Petit, Francisco Pulido, Buenaventura Núñez, Escolástico González, Torres, y Castro.
El Teniente Manuel Iturbe era Ayudante del Estado Mayor.
El Comandante Bernardo Márquez pasó del Estado Mayor á mandar el Tiradores, junto con Lugo.
Acción de ei XXII. El 23 á las dos de la tarde entró en Mo-
rón, donde halló al Coronel Mora con cuatrocientos hombres. Allí dio descanso á la tropa, y preparó su
Paht.^
VIDA DEL GENERAL ZAMORA 2ÍK>
plan para destruir á los Comandantes Pinto, Cubilláu y Arvelo, apostados en El Palito, á la cabeza de un destacamento de seis á setecientos hombres, los cuales tenían encargo de emprender retirada á Valencia, disputando el terreno á los revolucionarios.
Todavía en Morón, se le presentó desertado \m corneta de Pinto, oriundo de Sanchón, y le dio razón detallada de la posición del enemigo.
En la tarde movió Zamora sus reales, y al anochecer dividió el ejército en dos grupos. Uno, compuesto del latallóu Federación con los Coroneles Uviol, Guerrero y Castellanos, tomó á la derecha para ir »i salir al río de El Palito; el otro, formado de los demás cuerpos, siguió con el, y los Generales Tría» y González por el camino de la coíta, para ir á caer por encima del campamento enemigo. El Federación llegó al río de la una á las dos de la madrugada, y rompió de improviso los fuegos, sobre las avanzadas. Los enemigos estaban despiertos, y no enteramente desprevenidos, pues desde esa tarde habían recibido avisos ciertos de que Zamora había llegado á Morón. Al sentir Cubillán los fuegos quiso concentrar todas las fuerzas, para retirarse en orden, según las instrucciones que tenía. Pero, atacado su campamento por todas partes, tuvo que hacer frente á la acometida con todas las tropas, produciéndose la más desastrosa confusión con el fragor de la fusilería, los gritos, y el desconcierto y terror prop os de un combate en la oscuridad. Más de una hora duró esta brega horrorosa, en que murieron considerable número de unos y otros. Allí rindieron la vida el intrépido Comandante del Federación, Coronel Guerero, y el valiente Urbina. Cinco heridas graves
296 DOCTOR L. VILLANUEVA
recibió el denodado Comandante Oviol, y otra el Capitán Jesús María Hernández, igual en lo adelante & los más renombrados del ejército liberal.
En aquel torbellino de fuego en que los bravos corianos empapaba» el suelo con su sangre, se oyó de súbito, como á la hora y media de pelea, la (orneta del General Zamora, que tocaba fuego á pié firme. Esta era la señal convenida para dar una carga á la bayoneta cor. todo el grueso del Ejército.
Tal fue el instaure decisivo de la acción, en <jue cada oficial de Zamora se impuso el deber de ■mantener su puesto á muerte ó á vida, sin dar un paso atiás.
Pinto dio muestra aquella noche de lo que habría «deser en la larga campana que se empezaba. Resiste con ánimo esforzado el terrible choque, hasta que diezmada su gente, hiende, sable en mano, por medio de las enfurecidas masas corianas, logrando al fin salirse, sano y salvo, de aquel campo de mueV? te, por el camino del Cambur.
Allí murió el joven Teniente Rodulfo Pereira, gallardo mancebo (pie había abrazado la causa federal con entusiasmo, y con él, los bravos Capitán Fernando Castellanos, v Teniente José de Jesús Chiriai 08. El Capitán Canales salió herido.
Cuando los del Gobierno, oprimidos por todos lados quisieron emprender la fuga, se encontraron cortados hacia Puerto Cabello por la columna del General Tr*as. Arvelo intentó pararse en el camino para rehacerse, pero la tropa botó los fusiles, y él mismo rcíibió una herida.
Zamora, apercibido de la derrota, les tiró encima 3a caballería. Arrojáronse unos al río, y otros
VIDA DEL GENERAL ZAMORA 297
al monte, habiendo quedado prisioneros casi todos los que siguieron por la carretera.
El parque, las caballerías, el ganado y los equipajes, todo fue á poder de los liberales.
Los partes oficiales de la acción acusan como cien muertos de ambas fuerzas. Casi todos los oficiales del Gobierno salieron heridos. El Capitán Zapata fué encontrado en el campo, muerto de un lanzazo. El Teniente Rodríguez, herido, á quien iban á sacrificar unos soldados, salvó la vida por mediación del General Trías.
El Ministro de Guerra califica el hecho de armas con estas frases: "El suceso fué desgraciado para nuestras armas, y de los partes se infiere que no hubo regularidad en el servicio de aquella fuerza al frente del enemigo''
El General D Hernández puso en conocimiento del Ministro de Guerra, que la fuerza de Cubillán s^ encQntró ocupando el sitio de El Patito, por contrariar órdenes expresas del Estado Mayor, comunicadas al amanecer del 23 Sin embargo Cubillán declaró que estaba allí por disposición del Jefe de Puerto Cabello, General Justo Briceíio.
Esta comunicación del Estado Mayor del General Páez, escrita á las 3 de la madrugada del 23, decía que habiendo sabido el Jete de Operaciones la llegada de los facciosos desde el día anterior 22, á las cinco de la tarde, á la boca de Yaracuy, y siendo posible que tomaran el camino de Valencia, se le ordenaba no comprometiese combate, sino se retirara, guardando la distancia conveniente del enemigo para evitar un encuentro ; debiendo vigilar sus movimientos y dar parte de ellos al Estado
298 DOCTOR L. VILLANÜEVA
Mayor; y se le ofrecía auxiliarle con uua columna que encontraría en el punto llamado La Entrada. Para que se pusiera á cubierto de cualquier sorpresa, lo cual era muy de temer, se le prevenía que se situase del otro lado del río, en el punto que á su juicio estuviera mejor resguardado de todo peligro, conservando expeditas sus comunicaciones con el Capitán Chirinos y el Coman Jante Rivas que cubrían el camino de Canoabo.
Juzgando esta campana de Zamora, dijo el General Cordero al Ministro de la Guena: " Zamora ocultó su movimiento por la costa con toda sagacidad y reserva." (1)
A lo cual contestó El Heraldo con estas agresivas expresiones:
"Falta un plan bien concebido de operaciones militares: escándalo y vergüenza eterna será para nosotros la inmensa circunferencia descrita por los cobardes Zamora y Trías, sin encontrar un pronto y completo escarmiento: esa campana del General Cordero no le granjeará honor y füina en nuestra militar historia."
Es lo cierto que la acción de El Palito conmovió el centro de la República, y llevó el alarma á las regiones del Poder Supremo. En Borburata, Quisandal, Patanemo, Tu Hamo y Ocuma e, corrieron los liberales á las armas bajo la dirección del General Gabriel Guevara, victoreando la Federación v á Zamora.
Puerto c»beiio. XXIII. El General Justo Briceno, dice al Mi-
nistro de la Guerra: "estos hombres llegaron hasta el frenesí en su bárbaro entusiasmo^ p adiendo decirse, al ver su fanático ardor, que todos eran cabecillas, j>m$ ninguno quedaba en zaga á los demás. Las mujeres,
(1) O tirio fechado cu Coro á 25 de marzo.
VIDA DEL OENERÁL ZAMORA 29£
de guayuco y con machetes ó cuchillos en manor animaban con su. ejemplo y exhortaciones ú los hombres.1*
El General Gabriel Guevara era Procer de la Independencia, y estuvo muchas veces á las inmediatas órdenes del Libertador. Hizo la campaña del Sur y alcanzó por su valor é instrucción militar el grado de Teniente Coronel.
En la ciudad misma de Puerto Cabello se formaron tumultos y se dieron vivas á la revolución.
Un grupo aunado, como de cincuenta, al mando de Cleto Marcano, se levantó en Puente Fuera v salió con bandera amarilla al lu¿mr nombrado Til Trincherón. De la milicia acuartelada para defender la ciudad se sublevó una compañía.
FA estado de esta plaza, dice el General Bricen*», no me inspira confianza, y como no tengo fuerza* aquí con qué poder hacer una esforzada defensa, llevaré ésta, en caso necesario, hasta donde la prudencia me lo aconseje. El castillo es aquí nuestra esperanza.
En tal apuro mandó Briceño al señor Miguel Herrera a Coro en la Trimmer á informar á Cordero de lo acaecido, y traer fuerzas para salvar la plaza; teniendo, sin embargo, la suerte deque ese mismo día diera fondo la goleta Isabel con el resto de las fuerzas embarcadas en La Vela, y detenidas en el mar cinco días por mal tiempo, cuando Cordero contó que no gastarían sino tres, como es^ lo ordinario. Habiendo salido el 19 no arribaron sino el 24. Con ellas, y las que pudo armar en la ciudad, se dispuso Briceño, anciano veterano de la Inde-
300 DOCTOR L. V1LLANUEVA
pendencia, á reprimir las agresiones de los revolucionarios urbanos y rechazar cualquier asalto que intentase Guevara con sus montoneras.
Con esta gente llegaron presos á la plaza Napoleón S. Arteaga y Tirso Salaverría.
Si estas tropas se hubieran detenido un día •más en la navegación, y llegaran el 25 en vez del 24, probablemente habría cambiado el curso <le la campafia ; porque Guevara hubiera esa noche •ocupado la plaza, y el día siguiente entrando Zamora en ella, habría roto la línea centralista, tornado la base de operaciones de Cordero, surtido ■el ejército federal de todo género de recursos, abierto los puertos del país al General Falcón, y trastornado por completo todos los planes del Gobierno.
En tal emergencia, no pudierulo Zamora posesionarse de Puerto Cabello, ya reforzado ; ni de Valencia, fbrm dablemente preparada A la resistencia, pensó ocupar la Provincia de Yaracuy, cuyos liberales le llamaban con instancia.
■wutS'Jrííu» XXIV. Páez, sin conocer aún los verdaderos pla-
nes de Zamora, se pone á la cabeza de las tropas valencianas, sale á las afueras con la caballería, avanza piquetes a Bárbula, y se apresta á la pelea contando con que nuestro atrevido Zjmora se viniera por la carretera sobre la capital de la Provincia. Llamó al servicio al General J. de la C. Paredes, á los Comandantes M. A Mcnt'ndez, Velis Suárez, Clemente Fonseca, Mirtiüano Romero, y á muchos Capitanes y Tenientes
Su fuerza disponible era de novecientos quince 4iombres, entre los Batallones número 1? de Caraboho, Brigada de Artillería, y 1*, 2? y 3? Columbas de A ragua.
VIDA DEL GENERAL ZAMORA 301
La caballería constaba hasta de c'ento noventa regida por el General José de la Cruz Paredes.
Esta fuerza estaba bien armada, y municionada á tres paquetes, con excepción de la Artillen» que lo estaba sólo á dos.
XXV. Zamora recoge en El Palito los dispersos, ?h?c¡itl!"w* armas y municiones, y dejando á sus enemigos en expectativa, marcha la vuelta de Urama. Con este parque se armó el batallón de alistados por el benemérito Comandante Mora, en los pueblos netamente liberales de Sanchón, Morón y Alpargaten, donde gozaba este Jefe de general prestigio. El 2(> por la mañana, día sábado, entró el cuerpo expedicionario en Urama, donde los liberales Casimiro Herrada, Esteban Herrada y Joaquín Molinas habían encabezado la sublevación del vecindario.
Zamora recomendaba, donde quiera que llegaba,. que no se ocuparan ganados y bestias sino á los enemigos. Al amanecer del 27 tomó el camino deGuabinas, sitio donde acampó á las seis de la tarde de ese día.
El Comandante Juan José Mora era militar de la Independencia; sugeto muy honrado en susnegocios particulares; de pericia y va or; y en las* luchas políticas siempre fiel al Partido Liberal.
Entre el cúmulo de opiniones sobre los planes de Zamora, la del General José Escolástica Andrade fue la más correcta, porque anunció con verdadero talento militar, á gran' distancia y cot* anticipación de días, la marcha y la intención de aquel Jefe.
Estaba en San Carlos como Jefe de Operaciones de Cojedes, Portuguesa y Barinas : y al saber
302 DOCTOR L. VILLANUEVA
por un parte del Coronel Illas, de.Puerto Cabello, <jue Zamora se encontraba el 17 en el río Tocuyo, «escribió el 20 su juicio sobre aquella campaña en «estos breves términos: Dos objetos pueden proponerse ios enemigos: ó atacar á Car abobo viniendo por El Falito, ó internarse hacia las provincias de Cojedes fi Portuguesa. (1) Y consecuente con este orden de ideas, mandó concentrar el mayor número de tropas <le infantería y caballería en San Carlos y Araure, <|iie eran, en su atinado concepto, las dos vías por donde Zamora iba á entrar en el Lian >. Este plan no fue ejecutado, y los sucesos posteriores confirmaron sus luminosas previsiones.
z Jfff**1* de XXVI. Veamos ahora el desarrollo del plan de
Con su estrategia desconcertó la combinación del General Cordero.
El Coronel Sagarzazu, con mil hombres, en Barquisimetó, y el Coronel Roque Rebolledo con quinientos, en San Felipe, apoyábanse mutuamente para cerrarle el camino al interior. Un cuerpo avanzado en El Palito se proponía estorbarle el paso al corazón de la provincia de Carabobo ; y las columnas de Betancourt y Oberto, cubriendo por retaguardia el camino de Co o, se prometían hacerle prisionero, al ser batido y rechazado en cualquiera de sus embestidas.
Cuando parecía así encerrado entre Divisiones enemigas, cae de súbito, bajo las sombras de la noche, sobre la de El Palito ; la destruye, y le quita todo su material de guerra; fuerza á Betancourt y Oberto h desistir de perseguirle, y á embarcarse por Tuca-
1 Oficio tí Ioh Gobernadores y Jefes militaren de Occidente: £an Carlos, 20 de marzo de 1859]
VIDA DKL GENERAL, ZAMORA 303
cas en cumplimiento de órdenes superiores, para acudir á Puerto Cahello. Puso en confusión á Sagarzazu y Rebolledo, á tal punto que uno y otro, considerándose en peligro de perder las tropas y la vida, cambiaron prontamente de posiciones.
El camino de la costa quedó, en consecuencia, libre; Carabobo descubierto; y en jaque dos columnas de notable importancia, como claramente lo verá el lector, si quisiere fijar la vista en el teatro de la campana, y meditar sobre la situación y movimientos de los diversos cuerpos.
Desconociendo el Estado Mnyor de la Jefatura de Operaciones de Carabobo los planes de Zamora, ocurrióseleque podía éste avanzarse por Canoabo á Nirgua, para salir por los cerros de Las Palomeras á la Provincia de Cojedes: y en esta virtud dispuso, que Rebolledo dejara una guarnición en San Felipe, y cubriese á Nirgua con el grueso de su columna ; y ordenó á Sagarzazu hiciese lo mismo respecto de Barquisimeto, situándose en Urachiche ; á tiempo que Domingo Hernández y J. de la C. Paredes salían de Puerto Cabello con 1.200 hombres, á picarle la retaguardia por la costa, y seguir tras é\ por Canoaboy Montalbán.
XXVII. Cercado así Zamora por todas partes, Tomad6San decía un General del Gobierno, por fuerzas imponentes, T*lip*' y apoyado el Gobierno por la opinión nacianal, pronto será restablecida la paz.
Este General tenía poca penetración. Pues Zamora en vista de las erradas operaciones de sus enemigos, partió derecho á San Felipe; hizo en un día dos jornadas; sublevó los vecindarios de Canoabito, Las Guasduas, Taría, Los Cañizos y Agua Negra:
304 DOCTOR L. VILLANUEVA
y sin detenerse, entró el 28 al pasitrote por la» calles de aquella capital, y venció á plomo la resistencia de media ho^a que le hizo la guarnición de • la plaza.
Constaba ésta de ciento sesenta hombres, al mando del Comandante Pedro Araujo, quien logró escapar con cuatro soldados; y era Jefe de la plaza el Comandante Nicolás Torrellas, hecho prisionero á una milla de la ciudad. Hubo varios heridos y cinco muertos.
Zamora recogió todos los elementos de guerra, incorporó los soldados á su ejército, dio pasaporte á los jefiís, y garantías á todos los ciudadanos en sus personas y en sus propiedades.
Allí sentaron plaza en el Ejército federal José * María González, que todos conocemos con el nombre de Zamorita, porque se parece á Zamora en la fisonomía, y lo imita perfectamente en el modo de hablar apretado é incisivo; y además Blas Ignacio Miranda, que como práctico de las entradas y salidas de la ciudad, hizo aquel día prodigios de actividad y valor, dignos de recuerdo. También tomaron servi rio Pío Rebollo y José Colina.
Las autoridades civiles se escondieron; y Zamora organizó la Provincia en Estado federal, con el nombre de Estado del Yaracuy. Constituyó el Gobierno Provisional con los señores Agustín Rivero, Antonio Salom .y Maximino Castillo, . quienes nombraron de Secretario General al señor Juan Sanoja, y de Jefe de Operaciones al Coronel Edavigis Rivero.
Firmóse en la casa de Rivero el acta de pronunciamiento por la Federación, y el mismo día se publicó por batido.
VTDA DEL GENERAL ZAMORA 30.J
Contábanse entre los más decididos revolucionarios, fuera de los dichos, los jóvenes Alvarez de Lugo, Demetrio y Federico Pérez, Doctor Crescendo Montero, q1 Comandante Sinforoso Aguirre, y otros cuyos nombres no hemos podido recoger.
El señor Manuel Ferreida dio á Zamora algunos barriles depólvjra, y ¿j an número de escopetas vizcaínas de calibre de bala de onza: elementos que sirvieron para el combate de Araure.
Suministráronle á la Comisaría del Ejercito, que la desempeñaba, como hemos dicho anteriormente, Don Juan Navarrete, 1.500 pesos, que era cuanto había en la Tesorería de la Provincia ; y habiéndosele dicho á Zamora que existía un depósito de 8.000 pesos para la construcción de la iglesia, manifestó que él no tomaba dinero de las iglesias; que si podían conseguirle 1.500 más de las rentas públicas, los tomaría-, y que si no, en último caso, pusieran una contribución de guerra á los centralistas. (1)
No hubo, sin embargo, necesidad de molestar á nadie, y el día siguiente, al romper el alba, decampó el ejército para seguir á la sabana de Cocorote, donde descansó esa noche. El 30 abandonó Zamora aceleradamente aquellos lugares en dirección á Buchivacoa, con el intento de interceptar las comunicaciones de Rebolledo, ó impedirle que se reu. niera con Sagarzazu. Era su plan caerle encima y destrozarlo, haciendo una conversión rápida sobre su izquierda; y, sin pérdida de tiempo, embestir por la derecha á Sagarzazu; ya se quedara aislado en Barquisimeto, ya sa iera á defender á Rebolledo.
(1) Carta autógrafa del señor Agustín Rivero en que relata este suceso.
306 DOCTOS L. VIL LAN ÜE VA
Llevaba cerca de dos rail hombres, con municiones suficientes para trabar combate con los dos, juntos ó separados. Moralidad de XXVIII. En confirmación de los principios de
orden y respeto que Zamora imponía á su ejército, vamos á copiar unos párrafos de la relación cpie sobre la conducta de Z amo ka pasó el Gobernador del Yaracuy, Mariano Izava Alcalá, al Ministro del Interior y Justicia, con lecha 6 de abril:
u Ya sabrá S. E. el Encargado del Poder Ejecutivo, que algunas casas de esta ciudad fueron saqueadas por las tropas de los facciosos, esencialmente de los negros de Agua Negra y de la Costa, que «e habían incorporado no con otro fin que con el -de robar y matar ; los cuales, prevaliéndose del fuego •que se Sostenía, empezaron á derribar puertas y á • cometer atrocidades; y si no se hizo extensivo *el saqueo á toda la población, fue, sin duda, debido á un milagro de la Providencia, porque es así como puede explicarse que Trías y Zamoka, Zamora y Trías fueran los que contuviesen el desorden." (1)
A tiro de ballesta se conoce el lenguaje de un enemigo de aquellos tiempos. Pues 'no pudiendo desconocer el hecho de haber Zamora protegido las propiedades de San Felipe, en el acto mismo de tomar la plaza, lo atribuye, no á las condiciones morales de aquel honrado caldillo, sino á móviles independientes de éste ; nada menos que á la misteriosa intervención de la Providencia: muy diferentemente de la imparcialidad y rectitud con que nosotros, alados al deber, juzgamos á unos y á otros, honrando el mérito donde quiera que lo encontramos.
1 Oficio del Gobierno Superior Político de U Provincia del Yaracuy al Secretario de Estada en los Despachos de lo Interior v Justicia. — San Felipe, abril G de 1859.
VIDA DEL GENERAL ZAMORA 307
XXIX. En esta ciudad expidió Zamora la si- Proclama *e
1 Zamora ea fta&
guíente proclama : Felipt'
<;eneral de división y primer jefe de operaciones del
ejército federal de occidente
Occidentales :
Yo obedezco al llamamiento con que me honráis; hijo <lel pueblo é idólatra de la Libertad, yo me hago un deber con otros; yo os ofrezco el sacrificio de mi existencia, si fuere necesario, para restablecer la República, para plantear la Libertad, para hundir á los tiranos.
Compañeros y amigos:
Yo me siento con suficientes fuerzas para afrontar á los tiranos, me las habéis dado, me las comunicáis con honrarme Von vuestra confianza, escogitándome como á otros para la gran empresa de la Libertad.
Compañeros y amigos:
Vosotros me abrumáis de gratitud, y me empeñaré en hacerme acreedor á los poderes que me otorgáis. Yo no veré obstáculo en la marcha gloriosa de vuestras «armas, proscribiendo la palabra imposible cuando se trata <le la federación, de libertad. Por donde quiera, yo os aseguro, vosotros encontraréis los soldados de la gioria, eclipsando las grandes acciones de los Griegos y los Romanos, cuando se sacrificaban por la Patria y pollos Dioses.
¿Soldados de la Federación !
La suerte de las armas nos acompaña, ó mejor dicho, la razón de nuestra causa nos prepara el camino <le la gloria y nos ofrece un nombre en la posteridad.
Acabáis de batir y poner en fuga vergonzosamente á los que osaron contestar con el grito de guerra á la voz dulce y consoladora de federación; dígalo si no La hoca del Yaracuy, las playas del Palito y la ciudad <le San Felipe, del 22 al 27; en sólo cuatro días, tres acciones y tres victorias.
El 22 de los corrientes encontramos al enemigo enseñoreándose en La Boca del Yaracuy, fiado en lo exquisito de una posición militar, pero á los primeros tiros de nuestros valientes, y al ver cómo pasan el río sin auxilio de canoas y con el denuedo de hombres libres, abandonaron sus posiciones, dejando algunos muertos y elementos de guerra.
308 DOCTOR L. VILLANUEVA
En El Palito se detienen más los enemigos, luchan? atrincherándose en las casas; pero cuando viene el día y vuelven nuestras tropas á la carga, huyen despavoridos, según tienen de costumbre.
Ellos dejan en completo desorden los tristes restosde los seiscientos soldados, sus armas, sus caballos; botan los equipajes, no pueden con las insignias, abandonan sobre las riberas del mar la rica bandera que flameaba entre sus lilas: esto sucede en la noche del 23 v 24.
El 28, ayer, á las cuatro de la tarde, entramos en esta ciudad, y los habéis visto cómo dejan el campo á los primeros fuegos, entregándonos sus municiones, sus armas, sus caballos y sus soldados.
Pueblox del Occidente!
Ha llegado el momento de vuestros pronunciamientos: proclamad el Evangelio práctico de los principios políticos. La igualdad entre los venezolanos, el imperio de la mayoría, la verdadera República, la Federación.
El Ejército Federal será la vanguardia en esta cruzada de glorias. Triunfará la bandera de la Federación ó me veréis sucumbir bajo las bayonetas del centralitmo, de la tiranía.
San Felipe: 29 de marzo de 1859.
Ezequiel Zamora. (1)
Anarquía de XXX. Es de oportunidad saberse que aquella
del tIÍmu"!" Provincia estaba, como la de Coro el 20 de febrero, en una situación de anarquía entre los hombres del Gobierno, bastante á propósito para que los fedérale» se posesionasen fácilmente de ella; pues las elecciones habían fraccionado tan hondamente el partido dominante, que el Gobernador Izava, como aspirara a ser reelegido, al ver que en Yaritagua habían sido nombrados para constituir la junta electoral in-
1 De este documento tenemos tros ediciones : una, de San Felipe, que nos facilitó el señor Manuel Landaeta Rosales, otra de Trinidad, que nos ha dad » el Geue-al t\ Giuseppi Monadas, v la tercer» manuscrita y certificada por el General Austria, como Jefe de Estado Mayor de háez. Se dice que. esta proclama fué redactada por el señor Coronel Fcl pe de la Guerra, hombre de letras, y Siib-jefede E. Mavor de Zamora.
VIDA DEL GENERAL ZAMORA 309
<lividuos enemigos suyos, sustituyó de súbito, en -venganza, todas las autoridades de aquel cantón, con federales muy notables.
De lo dicho puede inferirse que la gente del Gobierno no tenía cohesión en lo político, como tampoco la tenía en lo militar; circunstancias de que supo sacar partido el General Zamora, enterado como estaba, por sus copartidarios, de la confusión que reinaba en el campo de los enemigos. Como consecuencia de la medida del Gobernador, alzáronse en su contra el Jefe político, el Concejo Municipal, el Comandante militar y muchos particulares, con la determinación -de desconocer el Gobierno de la Provincia v de •unirse accidentalmente al de Barquisimeto.
Desde marzo ó abril de 1858 habían sido nombrados Agustín Rivero y Antonio Salom, por Falcón y Zamora, en Caracas, directores del comité revolucionario del Yaracuy ; y con esta autorización urdieron la trama de la conspiración en toda la Provincia, y aprovecharon en favor propio cuantos incidentes originados de las disensiones políticas menoscababan el poder de sus enemigos, y los desautorizaban en el ánimo del pueblo.
XXXI. El Gobierno Xacional desaprobó la ope- Movimiento»
1 * de las Divitio-
■racióu de Rebolledo ordenada por el General Páez; y "!• df1,^1'-"
i > j no y del ejercí «
le sobró razón, pues acabamos de decir cuál fue su z*moT* •resultado. (1)
Por segunda vez humilla Zamora á sus contrarios y consigue sobre ellos una nueva victoria moral
1 Señor General en Jefe José Antonio TYiez, etc., ete., ete. — •Carnean : marzo 27 de 1859.— Se ha impuesto S. K. el Presidente •del paite de V. E. de las 7 a. ni., y me encarga decir á V. E. que le pareció desacertado el movimiento del Coronel Rebolledo sobre Nirgua, en el concepto de que San Felipe no hubiese quedado bien cubierto, ete — I/híh I). Correa
310 DOCTOR L. VILLANUEVA
y política, superior con mucho á la material; pues si bien por ésta dispersó las columnas que pretendían hostilizarle, y cogió parques; por aquella diorumbo en el centro á las corrientes de la revolución; alentó al pueblo á la universal empresa de los alzamientos ; y le inspiró te en el triunfo de sus armas, ensenándole fugitivos, vencidos ó prisioneros á cuantos intentaban detener la ola irresistible de la causa democrática.
Rebolledo al tener noticia de la pérdida de San Felipe, partió precipitadamente de Nirgua, ájuntarse con Sagarzazu, porque se consideró en peligro de ser roto y cogido prisionero; forzó la marcha, y alcanzó la misma noche del 30 el sitio de La Piedra. De aquí salió el otro día, y no paró hasta Urachiche, donde fueron á encontrarle las fuerzas de Barquisimeto; retirándose así delante de Zamora sin comprometer un lance.
La División de Carabobo se apartó de la costa: y de Canoabo se enriscó á priesa por la secranía buscando á Nirgua, donde hizo alto con el propósito de cubrir la entrada en la Provincia.
Cada golpe de Zamora trastornaba por completo los planes de los enemigos: aquí se burlaba de unos; allá sorprendía y derrotaba á otros; ahora rendía una ciudad y se apoderaba de todo su material de guerra; y á cada paso desconcertaba á sus perseguidores, sin darles tiempo á rectificar sus errores ni á reparar sus infortunios.
Es del caso decir, para que se vea el cuidada con que las previsoras Divisiones enemigas atendían a sus propios peligros, que en el primer momento de la consternación determinaron las fuerzas de Barqui-
VIDA DEL GENERAL ZAMORA 311
simeto desocupar la plaza y retirarse á Coro, suponiendo á Rebolledo derrotado y acaso prisionero. Mas- >en la mafiana del 31 supieron la aproximación de ¿ste ¡>or La Piedra, y salieron á encontrarle en Urachiche..
El señor Comandante Jete de Estado Mayor Divisionario de Barquisimeto, dice á este Estado Mayor General,, con fecha 31 de marzo, á las tren de la mañana,, lo quesigue :
u Aunque en oficio de ayer se le participó á usted nuestra marcha sobre San Felipe, para en unión del Coronel Rebolledo y sus fuerzas batir al enemigo, como por las noticias últimamente recibidas no podrá verificarse esta reunión, á causa de que el enemigo le ha interceptado el paso y se pone en marcha directa sobre esta ciudad; 8. E. no teniendo esperanzas de tener un pronto auxilio para resolverse á sostener un sitio, cree indispensable su retirada á Coro, á menos que el Coronel Rebolledo,, con todas sus fuer/as, se incorporara á esta plaza, lo que le parece ya muy difícil. — Sírvase usted poner esto en conocimiento de S. E. el General Jefe de esas provincias, y trasmitirlo á Valencia y al Supremo Gobierno, á quien se le había participado nuestra marcha sobre el Yaracuy.^
Pero en la misma fecha d lux once de la mañana, me dice un empleado del Gobierno, de<de Barquisimeto, en carta particular, con el carácter de. oficial y urgente, temiendo que no se tuviese el acuerdo de comunicárseme por el Estado Mayor, entre otras cosas, la que en copia verá V. S.en la nota adjunta.
Al trasoí' tir esto mismo á S E. el General Jefe de Operaciones de Carabobo, esta Jefatura le ha hecho las indicaciones siguientes :
V. E. observará por las horas en que han sido escritas la comunicación inserta y la que incluyo en copia, que la última resolución del señor Coronel Sagarzazu fue la de salir al encuentro del Coronel Rebolledo, y batir juntos al enemigo : su retirada á Coro hubiera podido ser fatal. Nada se sabe del señor General Hernández. Ayer salió de Montalbán, y vino á ésta una persona que no dejó en aquel punto ni noticia de él. S. E. teme que no se haya verificado su reunión á las fuerzas de los Coroneles Rebolledo y Sagarzazu.
" Barq uisimeto : marzo 31 de 183Í). — Señor General Jone & Andrade. — En estos momentos, que serán las once del» día, sale el Coronel Sagarzazu con todas sus fuerzas á reunirse con el Coronel Roque Rebolledo, que con las de
312 DOCTOR L. VILLANTJEVA
su mando, durmió anoche en La Piedra, a una legua de Yaritagua. Reunidas estas dos fuerzas, podrá librarse una batalla con buen éxito, bien que tengo la opinión de que el enemigo la esquivará, y procurará ver si sale á Xirgua ó Araurejáeste último punto puede salir por Buría." — (Oficio del Estado Mayor de las f ver zas del Sur de Occidente al Ministro de Guerra y Marina J.
República de Venezuela. — Estado Mayor General de las operaciones del tíur del Occidente. — Cuartel General en San Carlos, á 2 de abril de 1819. — A las cuatro de la tarde.
jSV'Tor Coronel Jefe d* Operaciones de Barquhimeto, Coronel Miguel Sagarzazu.
S. K. se impuso de la comunicación del Estado Mayor de usted, fecha M próximo p.isado á las 3 de la mañana, en que participó su resolución de evacuar á Barquisimeto, y retirarse á Coro en virtud de serle imposible su reunión con 1<is fuerzas al mando del señor Coronel Roque Rebolledo, y á no haber sido una carta posterior qué como oficio y urgente recibí al mismo tiempo, escrita el mismo día en esa ciudad á las once de la mañana, anunciando la marcha de usted á incorporarse al Coronel Kebolledo que durmió el 30 en La Piedra, 8. E. habria quedado oprimido por la más profunda pena, que le c i usara su primer pensamiento, por justificable que fuera el motivo de su retirad i; pero confía que la reunión de usted con aquél J^fc, habrá cambiado la sitiriciórr de esa provincia y Ris operaciones. Recuerda, sin embargo, tí. E., que al señor General D. Hernández, según oficio de S. E. el Jefe de Operaciones de Carabobo, fecha 31, que por diferentes direcciones envié á usted, se le mandó m irehar volando á reunirse en Nirgua al Coronel Rebolledo, y que pudiendo no haberle alcanzado all , le habrá seguido sus huellas del modo que le haya sido posible; movimiento que usted habrá de tener presente con lo demás de las instrucciones á que me refiero, para protejer en todo caso aquella División si sucediera que el enemigo por un movimiento rápido se desentendiera de usted para atacarla. Mas s be usted que semejantes movimientos sólo puedeu percibirse oportuuam ;nte, cerca ó á la vista del enemigo y con el espiona ge que sea posible sobre sucampo.
Lo que dejo indicado, lo es por orden expresa de S. E. que desea vivamente un éxito expléndido de las operaciones de usted.
J. E. Andrade. (1)
1 Archivo del Estado Mayor de la División Barquisiineto.
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Si Rebolledo no hubiera volado, como lo hizo, de Nirgua á Barquisimeto, Sagarzazu se habría replegado a Coro, y Zamora habría tomado posesión de Barquisimeto. Las medidas de defensa fueion rápidas y acertadas, como que cada Jefe procuró salvarse de un enemigo que atacaba por sorpresa y de manera terrible y decisiva.
El escenario de estas maniobras tiene la forma geométrica de un triángulo: de San Felipe á Nirgua; de Nirgua á Barquisimeto.
Sagarzazu desocupa la línea de N¡7gua á Barquisimeto; Rebolledo pasa á escape de Sati Felipe á Nirgua, y de Nirgua á Urachiche; al tiempo que la División de Carabobo en vez de perseguir á Zamora se acoge á las cumbres de Nirgua. El triángulo queda libre, y Zamoka dueño de su territorio lo cruza velozmente, primero con el intento de coger á deseo la columna de Rebolledo y destrozarla; y cuando este se le escapa, señorea la línea de Occidente, refuerza sus cuerpos, y avanza sobre las fuerzas reunidas de éste y Sagarzazu, que van á refugiarse en la plaza de Barquisimeto.
Aunque escapado Rebolledo de ser destruido en los cerros de Nirgua, como lo fue Ouhillán en El Palito, arrugóse la situación para todos los cuerpos del Gobierno; porque Zamora, maniobrando diestramente, incomunicó á Barquisimeto con Nirgua, por un lado; con Aran re y Sarare por otro, y con San Carlos por el camino de El Altar.
Desbaratada la línea de operaciones del Gobierno, cada columna se juzgó amenazada de ser envuelta y destruida.
En este conflicto mantúvose encerrada la
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División de Carabobo en Nirgua, aunque se le dieron órdenes repetidas, desde Valencia, de reunirse á marchas forzadas con Rebolledo, para batir entre torios á Zamora, antes que llegase á Barquisimetu. Pero el Jefe de la División, al llegar á Nirgua el 2 al mediodía, supo que Rebolledo y Sagarzazu se habían juntado el 31, y que Zamora se encontraba desde aquel día en Obivacoa, y había tendido una red de guerrillas hasta Gamarra, con las cuales interceptaba por aquella vía las comunicaciones con Barquisimeto.
Preocupado Hernández con el falso juicio que se había formado, de atribuir á Zamora el pensamiento de estar en Chivaron, no más que preparándose para introducirse en Carabobo por El Picacho, vía de Montalbán ; ó en Cojedes, por Las Palomeras, vía de Santa María ; resolvió hacer alto en aquella cumbre, para acudir á cualquiera de estos supuestos movimientos.
Así explicó su detención al Estado Mayor, añadiendo que, á pesar de las órdenes recibidas, permanecería allí hasta estar bien seguro de que Zamora no tenía expedita ninguna salida por la vía de Nirgua, Esto fue de tan grave trascendencia para el Gobierno, cuanto que el General Páez había dicho á Sagarzazu no comprometiese acción, sino cuando se le incorporase dicha División, reforzada con la columna del Comandante José León Rodríguez.
Libre Zamora de enemigos que pudicrau tomar la ofensiva, dominó en absoluto el teatro de las operaciones; y se propuso desde luego aprovechar tan propicias circunstancias para levantar los cantones limítrofes de aquellas tres Provincias.
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AI llegar á La Piedra se le incorporó Anunciación Peraza con trescientos hombres mal armados; y en Uraehiche, pronunciadas todos los vecinos por la revolución, bajo la autoridad del Jefe político, Nicolás Duran, formaron una columna de dos 'compañías de cuarenta hombres cada una; mandada la primera por el Capitán Luis Petit, y la segunda por el Capitán Fernando López, de la que era sargento el hijo de éste, Manuel Antonio López. En este liberal pueblo se agregaron al ejército, Prudencio Vásquez, Ramón Pereira, Rogé rio F rey tes, Antonio Mendoza, Hermenegildo Zavarse, F. López, L. Petit, Narciso Farrera, M. Mordí, de Yaritagua y otros más.
Entró el ejército federal en Yaritagua entre
vítores y otras manifestaciones de entusiasmo público,
por la vía que llaman de El Sallo. De allí, al cabo de
los pocos diasque gastó en orgar izarse mejor, siguió
marcha á Barquisimeto por Cabudare habiendo incorporado todas las guerrillas de los vecindarios,
v recogido cuantos elementos de guerra hubo á las
manos.
En Cabudare se reunieron á la invicta expedición Nicolás Patino y Justo Méndez, con un piquete de caballería en que militaban Buenaventura Freytes, Domingo Al varado y muchos que después fueron excelentes Oficiales: siendo de los más notables José Blanfort, norte -americano de nación, que había servido con Zamora en Quesiro el año 1849, y en La Sierra de Carabobo el de 1846.
Preciso es ahora conocer las medidas que por su parte había tomado el Gobierno para contener los progresos militares de la revolución.
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^^ XXXII. El 14 de marzo fue nombrado el General Andrade Jefe de las fuerzas de las Provinci.is <le Cojedets, Portuguesa y Barinas, y encargado de dirigir en ellas las operaciones militares : y en obedecimiento al Gobierno partió de Caracas á San Carlos el 16 al amanecer.
Situado en San Carlos llamó los escuadrones <le Tiznados y Calabozo.
Pero fn 22 del mi-ino, acordó el Gobierno 4ina nueva organización militar, y nombró al General Jos¿ Laurencio Silva, Jefe de Operaciones -del Sur de Occidente, con mando sobre todas las tropas de Cojedes, Portuguesa, B¿irinas y Apure, y se le dio al General Andrade por Jefe de Estado Mayor.
Ambos habían militado juntos á las órdenes •<le Sucre en el Perú; Silva como Coronel, mandando los Húsares de Colombia en Junfn y Ayacucho; y Andrade como Oficial del Voltígeros, batiéndose en Junín, Corpahuaico y Ayacucho (1).
Uno y otro pertenecían á la edad poética de Colombia, cuyos anales se confunden en la historia
1 Este i ven Oficial, m»iy querido del Mariscal de Ayacu-
•cho, y notable después en la edad civil de Venezuela, empezó su carrera militar de Aspirante en 1820: sirvió en el Estado Mayor de S. E. el Libertador, y en los Batallón»» Granadero*
.de la Guardia, Vencedor en fioyacd y Voltígeros; kc batió en Carabobo en 1821 y en Bi mboná : hizo la campaña del Sur del Peni en 1823 á las órdenes de Sucre ; y en 1824 peleó en Junín. en Corpahuaico y Ayacucho. El General Sucre lo ascendió u Capitán efectivo de la primera Compañía de Voltigerosy en su Cuartel General de HuamauKa el día siguiente al de la batalla. En 1827 fue elevado por el mismo General Sucre á Comandante, v el Liberador le dio el grado de Coronel efectivo en
•«ñero de 1830. Y al recomendarlo el Mariscal S'icre al General Urdaneta, le dice: "Este Oficial, en su calidad de subalterno se distinguió en la campaña por sus capacidades : luego como Mayor «le Vo tíge os ha mostrado suficiencia, y en las circunstancias difíciles que nos han rodeado, ha concurrido poderosamente á la
•sconse vaci n de su cuerpo, á su disciplina y mol al.— (Biografía <del Maris al tucre, por el autor de este libro).
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con las leyendas de seres casi fabulosos, como Sucre, símbolo de la inocencia; como Ricaurte, el ángelmártir de San Mateo; como Páez, que se transforma en monstruo marino, para vencer una escuadrilla con sus caballos, en las corrientes ensangrentadas del caudaloso Apure.
XXXIII. Los de Barquisimeto, al acercarse ZA-m?¿f mora ala ciudad, conservaron su posición á la defensiva, en obedecimiento á instrucciones del Jefe de Operaciones de Carabobo, aunque tenían en la plaza más de mil infantes, una regular caballería y dos piezas de campaña.
Zamora se acampó en Ticrritas Blancas, y Íesintimó que se rindieran, para lo cual mandó deparlamentario, con una comunicación, al Comandante José Antonio Sequera y Mendoza, militar que sobresalió más tarde en la campaña por su.
entendimiento v valentía.
Los de la plaza contestaron verbaluif nte por medio de uno llamado Pancbo Juárez. Encontróse éste con Trías que estaba en vanguardia, y conducido que fue por el Oficial José María González á presencia de Zamora, dijo :
"Mandan á decir Sus Señorías los Coroneles, que esperan á V. R. rendido á discreción, y que le garantizan) la vida suya y la de sus compañeros."
Zamora lo vio de arriba á abajo, y sacudiendoun chaparro, le contestó :
"Dígales á esos Coroneles que saldan para batirlos, que yo nunca me lie rendido á militares como ellos z. vaya, vaya amigo, siga su viaje."
Y dicho ésto, le pegó unos chaparrazos al caballo del comisionado, que salió á escape en direccióa á la ciudad.
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Todo el día 3 se mantuvo Zamora formado en batalla en La Cruz, sin pensar atacar la ciudad, por que no se consideraba Fuerte para rendirla: y preveía además que el enemigo bien pudiera hacer aparecer por retaguardia alguna columna que le obligara á suspender aquella operación.
Intentar tomar la plaza por la fuerza habría sido por tanto una mal pensada operación militar; y en el mismo sentido discurrieron en la ocasión aquellos de sus contrarios de superior inteligencia: como el General A ndrade, que en oficio de 5 de abril dice al Ministro de Guerra: No se resuelve el General Silva á creer que Zamora se aventure á atacar á Barquisimeto. La fuerza al mando de los Coroneles Sagarzazu y Rebolledo excederá de mil hombres, y la del enemigo no puede ser mayor, ni sus medios de ataque pueden prometerle probabilidades favorables para emprender el sitio de una ciudad respetable y de recursos como Barquisimeto, que cuenta según informes hasta con dos piezas de artillería de campaña en buen estado.
Mientras esto pasaba, interceptó Zamora una correspondencia del General Silva, que le dio á entender que este General iba á cerrarle por Araure el camino á la Provincia de Portuguesa: y dueño ya de este secreto, y con la ventaja de llevarle dos días anticipados de marcha, determinó volar á aquella villa, para entrar en los Llanos antes que Silva pusiese en práctica su pensamiento. Correspóndenos ahora decir todo lo que sucedió en la ejecución de este plan.
En verdad; abundando Silva en las mismas opiniones de Andrade en cuanto al teatro de operaciones que iba á escoger Zamora, apresuró la organización de su ejército para acudir sin pérdida de instantes á
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Araure, llave de aquellos Llanos, y levantar allí una formidable barrera militar que detuviese la marcha de la División federalista.
Zamora por su parte, teniendo que habérselas «o sólo con los de Barquisimeto, sino con el Genetal Silva, que iba sobre él desde San Carlos, maniobrando con su justamente célebre pericia, levantó sus reales en la noche de aquel mismo día ; á cuyo efecto mandó prender muchas fogatas en su campamento; dejó dos cornetas y dos tambores á caballo, con instrucción de que conservasen vivas las candeladas toda la noche, tocaran diana á las cuatro de la madrugada, y corriesen en seguida á alcanzarle, como así lo hicieron.
Marchó de priesa y silenciosamente á Araure; pernoctó en Zanjón Coloiado; y el otro día alcanzó Iiasta Cujicito.
De Zamora puede decirse como'de Viriato, que era un guerrero de pies ágiles; pues el mismo Gobernador de Barquisimeto informa al Ministro de lo [nteiior y Justicia con fecha 8 de abril, pasado ya el apuro en que lo puso Zamora, que éste contramarchó por la Sabana de Cabudare sin dejar sentir sus movimientos, no habiéndose podido advertir su fuga hasta el día siguiente por la mañana, por caga razón no pudo el Jefe de Operaciones seguirle inmediatamente g picarle la retaguardia, pero lo verificó al día ¿siguiente haciendo su marcha hasta el sitio de Cujicito, y saliendo de allí á su alcance sin haberlo podido lograr por la precipitación con que el enemigo hacía la suya hasta llegar á la villa de Araure.
En la noche de éste, se descubrió que un hombre, llamado Anselmo Méndez, introducido maliciosamente en el ejército, era un malvado pa-
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gado por enemigos pa»a asesinar al General Zamora. Sorprendido al ir á ejecutar su plan, mató un soldado, é hirió á otros; pero en el acto le cayeron á tiros y le quitaron la vida. Averiguóse después que era de opinión contraria; y algunos dijeron que era loco.
combate de XXXIV. A las tres de la tarde del día siguiente,
Aranre. m ^
pasadas las Montañuelas, dio parte la mosca de Patino que había tropas enemigas apostadas en la i^alera, en actitud de combatir, á lo que parecía. Y no bien hubo Zamora acabado de oiría nueva, cuando mandó hacer parada en la Sabana de Tapa de Piedra, para disponer su plan de pelea.
En el ala derecha, situó al Coronel Mora, con la columna "Flanqueadores"; en la izquierda, el Federación," con los Coroneles Rafael Petit y Escolástico González; en el centro la brigada "20 de Febrero," con Reyes y Oviol y la columna de Urachiche, todavía bisoña, y las adiestradas fuerzas de Bernardo Márquez ; y en la reserva, las de Jesús M? Hernández.
El Jefe enemigo era Manuel Herrera, natural de San Carlos, quien ocupó un puesto en la galera, á propósito para rechazar el ataque y replegarse en caso necesario, v desde donde dominaba los dos caminos que desde Barquisimeto conducen a La Villa de Araure. Pero Zamora que tenía siempre á la mano los prácticos de las localidades quienes, copio hombres del pueblo, eran federales, consiguió allí uno, de nombre Trinidad A I varado, vecino del Cantón, que le guió por el monte que está en medio de aquellos dos caminos ; con lo cual quedó oculto á las avanzadas y á los espías del enemigo. El lugar que ocupaba
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Herrera, dista de la boca del monte como setecientos metros; y Zamora, que se complacía en este género de maniobras secretas, no se contentó con internarse en el bosque, sino que se escondió todavía más, entrándose por un zanjón que había allí. De suerte que, invisible enfrente de los oligarcas, los divisaba, contaba y señalaba á los tiros de sus soldados.
Allí reorganizó su ordenación de combate, y áe súbito salió formado sobre Herrera, á pasitrote; pero* apenas éste le hubo visto por aquella dirección en que no le esperaba, cuando rectificó sus posiciones, dando frente con dos columnas á las tropas del centro y de la derecha de Zamora, que subían ya á ocupar la galera, y amenazaban rodearlo por todas partes.
Los enemigos eran cuatrocientos de infantería, al mando del mismo Manuel Herrera, y como doscientos de caballería, á cargo del Comandante Juan Manuel García.
Empezó el tiroteo con gran calor, y á poco quedó trabada la acción en el centro y en las alas. Herrera resistió la embestida con denuedo ; pero cargado por los aguerridos infantes corianos v los caballos de José González v León Colina, se replegó detrás de la galera hasta que, á las dos horas y media de refriega, se declaró en derrote, por el camino de Ospino: á tiempo que su caballería, perseguida y lanceada, se fué medio oculta por entre los matorrales de la Sabana. Zamora le lino perseguir por todos lados para quitarle I03 soldados, las bestias y las armas que le quedaran. De los federales murió el Capitán José María Sánchez, natural de Pecaya, del bata-
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llón Federación, quedando encargado de su compañía, desde esa hora, el Teniente Manuel Iturbe. Los derrotados pasaron por las calles de Araure al anochecer, y medio se organizaron en La Mesa de Acarigua; pero á los tiros de las guerrillas de Zamora volvieron á desbandarse, á pesar de los esfuerzos que hizo Herrera por mantenerlos en orden, hasta que, al llegar á la encrucijada en que se abren los dos caminos, el de Guanare y el de Barquisimeto, cogieron unos por aquella vía y otros por ¿sta.
Telégrafo Eléctrico. — Valencia : 8 de abril de 1859. — A las 3 lis. a. in.
Señor Ministro de Guerra.
A las dos de la madrugada recibió S. E. una comunicación del señor General Andrade, participándole que el Comandante Manuel Herrera había presentado acción á Zamora, infringiendo las órdenes que tenía para evacuar Araure y venirse á San Carlos, y que fue derrotado sin saberse su paradero. Ayer salió para San Carlos una columna de cerca de doscientos hombres, y saldrá pronto la del Comandante Oberto y los demás piquetes que se están armando y equipando. Se necesita urgentemente dinero y plomo.
Soy de usted.
José de A u siria.
El G descansó el ejército en Araure, y recogió los despojos de Herrera; el 7 se puso en camino hacia Ospino, y pernoctó en la quebrada de Los Hierros. Juan Antonio XXXV. K n ios montes de Araure se en
Michelena.
contraba alzado el Comandante Juan Antonio Micheiena, hombre esforzado que desde entonces hasta la conclusión de aquella guerra señoreó aquel extenso cantón, y prestó servicios recomendables á su parrido. En los días do mayor conflicto para los liberales obtuvo, por su buena suerte, que uno de sus oficiales, Juan María González, oriundo de
VIDA DEL GENERAL ZAMORA 323
San Carlos, aficionado á estudios de Química, lograse hacer pólvora con salitre de Turen ; mala por •cierto, porque no había elementos adecuados para fabricarla de buena calidad, pero servía para eniretener los fuegos de las guerrillas. (1)
El 8 se paró Zamora en Ospino ; el 9 siguió por el camino real á San Rafael de Las Guasduas, donde pasó la noche; el 10 en la tarde llegó á vista de Guanare, cuya plaza estaba en poder del Coronel Muguerza, con seiscientos hombres.
XXXVI Este Jete no quiso exponer la ciudad i'^i^SZ aun asalto, y se fué con su División y parque á la Mesa de Caracas, con el propósito ulterior de retirarse á la Provincia de Trujillo. No teniendo objeto la entrada en la ciudad, alejóse de ella Zamora, y se dirigió al pueblo de Guerilandia, donde tenía su cuartel general el Coronel Natividad Petit, con ochocientos hombres de pelea, reunidos en Guanarito, Morrones, San Miguel y La Florida.
XXX VIL En este tiempo fue nombrado el J? ?»n«'al Sou-
1 blette Director
General Soublette Director de la Guerra en Oc- de lft GttCrr*' cidente, quedando bajo su mando el General Páez, Jete de Operaciones de Carabobo; el General Silva, de las Provincias de Cojedes, Portuguesa, Bacinas v Apure; y el General Cordero, de las de Yaracuy, Barquisimeto, Coro y Maracaibo. Igualmente obrarían, según sus instrucciones, los Jefes de Operaciones de Mérida, Trujillo y Táchira. Servíale de Auditor de Guerra el Doctor Modesto Urbaneja.
1 Después de la Hierra explicó González al autor de este libro su procedimiento, y le resfaló muestras de alumbre, de nitratos v otros minerales de A mure.
CAPITULO XI
I. El 7 de abril supo Silva, en San Carlos, la M2ro5Üi2Jir* rota de Herrera, y el paso de Zamora á las selvas de Portuguesa ; y en vista de estos sucesos ordenó á los de Barquisimeto que no aventurasen ningún combate, si creían dudoso el resultado; pues é\ •marcharía inmediatamente á reunírseles, luego que llegasen mil hombres de infantería que habían salido dos días antes de Valencia, entre los cuales iban las columnas de Betancourt y Oberto. Díjoles también que mantuviesen expedita é instantánea comunicación con el Cuartel General, para saber hora por hora los movimientos y posiciones de ellos y de los enemigos, procurando en todo caso que la •reunión de los cuerpos se hiciera con seguridad y sin inconvenientes; á cuyo efecto debían á todo trance impedir que ninguna tropa contraria se interpusiese entre unos y otros ; y, por último, que si ocupaban á Araure, debían esperarle allí; á menos que la persecución al enemigo les prometiera ventajas ciertas.
A Hernández, que hasta el 3 estaba en Nirgua, se le repitieron órdenes para que apresurase su marcha al Cuartel General, si consideraba no ser fácil su paso para Barquisimeto.
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Adelantó Silva un cuerpo de caballería entre Los Desapartaderos y San Rafael ; y obligado al firt por las circunstancias, que exigían imperiosamente su marcha, partió á priesa el 9, con las cortas fuerzas que le habían llegado de Valencia y lasque pudo reunir en San Carlos, de infantería y caballería, aún sin fondos suficientes en Comisaría, y escaso además de pertrechos y vestuarios. Dejóinstrucciones para que la División Oberto, ofrecida tiempo había por el Comandante de Armas de Carabobo, marchara á juntársele sin pérdida de instantes.
En obediencia á estas disposiciones, rápidasy precisas, como de un General acostumbrado al mando, pusiéronse prontamente en comunicación los cuatro cuerpos de Hernández, Sagarzazu, Rebolledo y Muguerza ; marcharon con precipitación^pera en orden, sobre la Provincia de Portuguesa, y se adelantaron hasta Guanaro, donde se pararon á esperar al General en Jefe.
Telégrafo Eléctrico. — Valencia: 10 de abril delS59. — A las 4 lis. p. ni.
Señor Minifitro de Guerra.
El General Hernández acampó el 7 del corriente por la noche, en el sitio del Gamelota.1, y se reunirá en Agua Blanca, á 3 leguas de Araure, con la División del Coronel Sagarzazu, que allí hizo alto ; impuestos ya ambos Jefes, de la dispersión ó derrota que había sufrido en las llanuras de Araure el Comandante Herrera, por el faccioso Zamora. La División del General Hernández consta, de la primera columna Aragnadel Comandante Ortega, 107; segunda columna de A ragú a, del Comandante Fernández, 182; tercera couinna de Aragua al mando del Comandante Michelena, 168 ; cuarta columna de Aragua del Comandante J. J. Revenga, 165; cuatro compañías de Carabolx) del Comandante Lugo, 246 ; tercer escuadrón San Joaquín, 80 ; escuadrón Carabobo, 52; columna del Coronel Rodríguez, con dos compañía» de Carabobo, 120; al mando del Comandante Villapol, 70; compañía Aragua, 40; un piquete de caballería, 33;.
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dotación de un cañón, 10; 1.333. Me encarga 8. E. el General en Jefe decir á V. E. que con esta tuerza pensó ]>oner8e en marcha, hasta encontrarse con el enemigo, pero que desgraciadamente experimentó en su herida del pie, una fuerte inflamación que aún lo tiene en cama. Por lo dicho se convencerá el Gobierno de que las fuerzas que obran de San Carlos hacia Araure, en distintas direcciones, constan de tres mil hombres por lo menos; sin contar en este número con las que se encuentran desde Guanare hasta Barinas.
Soy etc.
J. de Austria.
Silva, acompañado sólo de su Estado Mayor, se reunió con ellos el 14 en la tarde. Estas Divisiones, con un escuadrón de caballería de cuarenta y siete hombres, pasaron revista á dos mil setecientos de tropa, á lo cual hay que agregar setecientos dejados atrás, y que se esperaban para emprender movimientos coutra el inquieto y prestigioso Zamora, que encendía en entusiasmo las muchedumbres liberales y las arrastraba tras sí, por donde quiera que pasaba.
Herrera fue nombrado Comandante de la plaza de Guanare.
II. Zamora, sin dar largo descanso á los suyos, zw»or»«um>h» recorría una curva para caer sobre Barinas.
Incorporó á Petit al ejército, y siguió el 14, por San Nicolás á Sabaneta, donde rindió la jornada aquel día.
El 15 almorzó su ejército, en la hacienda del Marqués de Pumar, y pernoctó en Barrancas; y de allí salieron á las dos de la madrugada, para ir á atacar á Barinas, donde estaba depositado, bajo la custodia del General Ramón Escobar, el gran parque de Occidente, de más de doscientas cargas de pertrecho, de dos á trescientos fusiles, algunas
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piezas de artillería, mucho correaje y otros elementos de guerra.
AI amanecer del 16 rompió los fuegos sobre esta ciudad, defendida no más que por una guarnición de ciento setenta y cinco hombres, repartidos en tres cuarteles en el recinto de la plaza : uno al Este, que era la cárcel ; otro al Oeste, Casa de la Diputación ; y el tercero al Norte, casa de alto del señor Datla Costa. En el atrio de la iglesia habían construido á la tijera una barricada.
Y cuando, en la noche del 15, temió Escobar ser atacado, lo primero que se vino á su mente fue tomar medidas para salvar el parque, á efecto de lo cual, mandó comisiones armadas por todas las entradas de la ciudad, á recoger cuantos burros y muías se encontraran, y llevarlos á la plaza, para mudarlo á Barinitas, y de allí á Mérida, caso de no poder sostenerse en Barinas.
Funcionaba como Jefe de Estado Mavor de Escobar, el Teniente Coronel Vicente Cangas; de Ayudante de Campo, el Teniente Manuel Salvador Briceño; de Jefe de la Artillería, Doctor Tesalio Cadenas Delgado ; y con calidad de Jefes de Cuerpos, los Comandantes Ángel Romero, Wintila Navarro, Cipriano Heredia, Pío León, Ángel Cardozo, Rudecindo Dorantes, Eugenio Sandoval, Luis Romero, Jacinto Lópe¿ Mercado, Francisco Antonio Padilla, Ramón Carballo, Antonio María Fernández, José del Rosario Delgado.
El ataque duró veinticuatro horas á fuego vivo, en que hicieron unos y otros las más brillantes acciones de diligencia y arrojo.
Zamora puesto á caballo, se precipitó impru-
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dentemente, más de una vez, sobre las fortificaciones, habiendo pasado por el dolor de ver caer muerto á su lado, en una de las acometidas, al intrépido Coronel Manuel Oviol, que le acompañaba desde Coro, y en otra, á su Edecán Aureliano González.
También murió allí el Capitón Joaquín Molina, de Urama, y el Ayudante Francisco Mesa: y salieron heridos Escolástico González, Diego Garrido, y el Teniente Juan Xavarrete Romero.
Medio día era pasado cuando Zamora dispuso quemar la ciudad; á lo cual contestaron los sitiados peleando con mayor encarnizamiento. Cadenas Delgado salió de la plaza dos veces con una pieza de artillería, y cuando mayor era su ardimiento, cayó mortalmente herido. El cañón fue tomado por los federales.
El Comandante Luis Romero, que se atrevió á contrarrestar cuerpo á cuerpj la embestida de una brava columna coriana, quedó igualmente fuera de combate.
Las tropas liberales sufrieron grandes pérdidas, por los certeros fuegos de las fortificaciones, especialmente los de una garita que teníi seis troneras, y que fue al cabo bizarramente asaltada por el Capitán Hermenegildo Zavarse, con la columna de Urachiche. Allí se distinguió por su valor, entre otros, el oficial M. A. López. Pero pronto tuvieron que abandonarla y volver á sus posiciones, por no poder resistir el fuego nutridísimo que les hacían de los balcones del cuartel principal.
Desesperado Zamora por rendir á los sitiados, ordenó un asalto general; y entonces í\\e cuando
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González, Trias, Naranjo, Castellano, Vásquez, Bernardo Márquez, Petit y otros no menos esforzados, tomaron á la bayoneta las casas que servían de cuarteles pequeños, y avivaron el luego en todas las calles que desembocan en la plaza.
La ciudad, ya casi oscurecida por el humo del incendio y el de la pólvora, semejaba un cráter de rugidos espantosos. El General defensor déla plaza, acostumbrado á aquellas carnicerías en la guerra de la Independencia, aunque enfermo y cargado de anos, se mantuvo sereno en todos los momentos: al fin cayó herido; pero no por eso perdió el ánimo,, sino que ordenó resistir hasta que todos perecieran» Su guarnición estaba ya reducida á la tercera parte»
En medio de tan pavoroso cuadro, el ínclita caudillo liberal, digno de la victoria, por su extraordinario valor y osadía, se abre camino por medio de las tilas, en su arrogante caballo de batalla; reorganiza la pelea, anima su gente con su acerada voz. de mando militar, y acomete al frente de un batallón con denuedo terrible, contra los porfiados enemigos. Cruzábanse las balas sobre su cabeza, siu hacerle daño, como si estuviera resguardado por alguna deidad amiga ; rompe por entre las llamas y\ rodeado de peligros, asiste á todas partes, con la celeridad y maestría de un guerrero sin jwr, por su valentía, su tenacidad y resolución desesperada.
Era su intento apoderarse del gran parque para convidará batalla al General Silva, en alguna de aquellas estratégicas posiciones del inmenso territorio de Barinas, que se dilata entre las faldas de la serranía con sus escabrosas quiebras, y las sabanas sin término de Cojedes y Apure.
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Cerraba ya la noche. Unos y otros extenuados de fatiga, sed y hambre, echábanse al suelo á tomar aliento.
Zamora aflojó el ataque, limitándose á sostener los fuegos desde las casas que sus soldados estaban ocupando. De tiempo en tiempo se oía fuego graneado; después todo quedaba en silencio, y volvían las descargas como para mantener en zozobra al enemigo.
Los revolucionarios de Guanare y los del tránsito pudieron despachar postas á avisar al ejército federal, donde quiera que se hallara, la salida de la primera división del Gobierno el día 16.
De suerte que por la noche del mismo recibió Zamora, en las desoladas calles de la arruinada Barí ñas, la noticia de la aproximación del enemigo ; siendo de notar la circunstancia de que éste supo también, en Tucupido, á la una de la madrugada del siguiente, 18, el suceso de aquella plaza, y á esa hora levantó el campo y voló á socorrerla.
III. Advertido Zamora del peligro de ser acome-2*"^"'^* tidopor la espalda, suspendió el ataque en la madrugada del 17, y dejando dos compañías para mantener los fuegos y engañar á los sitiados, empezó á retirarse al Real, llevándose sus heridos, el cañón y el material de guerra que había ganado.
Estas compañías, apostadas en los ángulos de la plaza, esraban mandadas por el Capitán Chirinos y el Subteniente M. A. López, á quienes se dijo que al sentir un cañonazo al Sur, fueran á reconcentrarse al cuartel general en el pueblecito de Caroní, cerca de Ba riñas, sobre la margen derecha del río Santo Domingo; como así lo hicieron en el medio día del 1 7.
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El 18 se mudó el ejército á Toruno, sobre la misma ribera; el 19 pasó el río para salir al Jíen!; y el 20 se acampó en San Lorenzo, que era el lugar designado de antemano para la reunión de las facciones, que llamaron el ejército federal de Bar! ñas, de Iriarte, Alvarez, Rojas, Espinoza, Petit y Linares, con el otro que nombraban del General Zamora. El Real y San Lorenzo, eran poblaciones del lado izquierdo del Santo Domingo; la primera en su orilla, y la segunda una milla tierra adentro. De una y otra no se hallan actualmente sino vestigios.
Hay pueblo y sabana de San Lorenzo, á diez leguas de Barinas.
Mientras los federales se acampan y organizan sus Divisiones en este sitio, vamos á dar cuenta de los movimientos y suerte de sus contrarios, y del estado en que quedó la pjblación de Barinas.
De ¿¡¡¡¡S* á IV. Silva, rejuvenecido con los aires de aquellas
selvas, donde segó tantos laureles en la guerra santa de la emancipación, lanzó su cuerpo de vanguardia el 16, al alba, en dirección de Barinas, casi á la misma hora que Zamora empezaba la función de armas contra aquella plaza.
Su ejército forzó las marchas y no parándose sino para comer, salvó en poco menos de día y medio las catorce leguas que median entre Tucupido y Barinas, teniendo que atravesar ríos como el Boconó, que corre por tierras anegadizas, que llaman tembladares, en que se hunde el que yerra el paso: y Masparro, La Yuca y otros, cuyas fuentes están en la cordillera, de remolinos tan impetuo*os, que tumban las bestias, y no pueden esguazarse sino con prácticos; con la circunstancia de que crecen de repente, y sorprendiendo á
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los viajeros en el momento que los atraviesen, los arrastran y los ahogan.
V. Preciso es decir, porque es la verdad, que la de Barü^u guerra sostenida con vigor desde el principio del año, había hundido la Provincia en la más desastrosa miseria, y postrado los habitantes de las ciudades en un profundo decaimiento moral y político; de modo que la población podía clasificarse en tres grupos : los federales, que eran la inmensa mayoría, alzados en los montes; los amigos del Gobierno, armados en las plazas; y el resto, asustado é infeliz, indiferente á unos y otros. Y á esto hay que agregar que las tropas centralistas habían sido desatendidas por el Gobierno, en tanta manera, que los soldados andaban desnudos, y algunos oficiales sin camisa: y muchas veces sucedió llegar la noche sin darles la ración de carne, única cosa de que se podía disponer como bastimento, a causa de lo largo de las marchas, y de la necesidad en que estaban de aguardar que la caballería recogiera ganados ; lo cual no era hacedero todos los días, porque á veces no había tiempo sino para pelear con las partidas emboscadas en los matorrales.
Los pueblos y caseríos estaban desiertos. Y respecto á Bariuas, antes populosa y rica, y centro elegante de cultura social, bastará decir que al entrar el General Silva en ella la halló en un estado indescriptible de aflicción y espanto. Familias poco há acomodadas y dichosas, habían quedado en la indigencia; otras que abandonaron con anticipación la ciudad, corrieron la triste suerte de ser atropelladas en los montes.
De las autoridades nadie sabía, porque todas se ocultaron, con excepción del Gobernador señor Hi-
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pólito de la Cueva, que afrontó los peligros del sitio, y uno que otro de los empleados subalternos que se decidieron á acompañarle.
Concluida la pelea, la guarnición se redujo á los cuarteles; y las familias llorosas y transidas de hambre se amontonaban en el interior de casas convertidas en escombros. Acá y allá veíanse en los solares y en las calles cadáveres podridos, de gente y bestias; y heridos abandonados, moribundos ó sedientos.
Todavía humeaban los despojos de la infeliz metrópoli del Sur de Occidente, aún mojaba su suelo la sangre de más de quinientas víctimas, inmoladas en aquel combate reñidísimo, cuando el lí) en la tarde entró por sus calles el ejército del Gobierno, hondamente condolido de tan crueles infortunios. Los Jefes y oficiales se entregaron á ia generosa obra desalentar á los sitiados, de crear hospitales de sangre, y tranquilizar las familias medio enloquecidas de terror; y á la otra piadosísima de mandar quemar los muertos; lo cual hicieron eu una misma pira: con lo cual quedaron todos, amigos y enemigos, reducidos á un solo montón de cenizas, como la triste ofrenda que dos partidos políticos, igualmente exaltados, llevaban al ara ensangrentada del altar de las Kuméuides.
Ni para las últimas horas del 20 había podido obtener el General Silva noticia alguna de Zamora, tal cual la deseaba, no obstante las diversas comisiones destinadas al efecto: lo que prueba una vez más la destreza con que Zamora ejecutaba sus movimientos, aun manejando ya fuerzas de consideración, (1) y la falta de opinión de la causa del Gobierno entre la gente del pueblo.
1 Carta del General Silva al Presiden te de la República, pu- 1)1 irada en El Heraldo de 3 de mayo, y fechada el 20 de abril <m Harina*.
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VI. Habíase celebrado la reunión de todas las tro- §ÍS!mS!& pas, que constituían los dos ejércitos federales de juan/iu"!. *° Ba riñas, en la sabana de Juana Marín, para ofrecer batalla al General Silva á orillas del río Santo Domingo, en la llanura vastísima que lleva el nombre -de San Lorenzo.
El 25 se incorporó Antolino Alvarez á Zamora con su División, entre cuyos Jefes principales figuraba Pedro Manuel Rojas, por entonces Comandante, quien nos enseñó cuando militábamos con él en 186K, en servicio del Gobierno del Mariscal Falcón, toda la extensa sabana, las posiciones de los dos ejércitos, y la mata donde fue situado Jesús María Hernández con los corianos. Una noche, vivaqueando á orillas de aquel caudaloso río, nos relató parte de los sucesos que ahora vamos á contar, sin que en aquellas horas «umbrías pensáramos que en alguna ocasión habíamos <le escribir esta historia.
El 27 llegó Martín Espinoza con su ejército, <jue era nada menos que una muchedumbre devastadora, armada de fusiles y flechas, tocando cuernos por cornetas, sin tambores ni banderas.
Antes de pasar de este punh> de nuestra relación debemos dar á conocer un personaje liberal <]ue guerreaba á la sazón en Los Llanos, digno <ie mención por sus hechos militares, su instrucción y carácter indómito y audaz ; y que va á prestar desde esta fecha notables servicios á Zamora, al ejército y á la causa federal.
VIL Queremos hablar del Licenciado Francisco eidf. iriaru Iriarte.
Confinado á Valencia por el Gobierno de Mar-
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zo, pudo escaparse y volver á Los Llanos, donde vivía hacía tiempo ; y entonces prendió la guerra civil en Barinas y Portuguesa, con la novedad de la Federación.
Se alzó en Guerilandia, y con cien escopetas y los pertrechos quitados á un destacamento de los centrales, fué á tomar la plaza de Guanare; y se habría posesionado de ella, á no haber sido socorrida por Manuel Herrera, con tropas de Ospino. Después libró la acción de Medero, donde derrotó una columna de trescientos hombres: atacó á Nutrias y forzó á los centrales á desocuparla. Hizo General ¿í Antolino Alvarez. Y tan pronto como recibió comunicaciones de Zamora, fechadas en Sardinero, en que le avisaba la desocupación de Guanare y su marcha al corazón de la provincia, le alzó pt>r su Jefe, y puso á sus órdenes lodas sus fuerzas, que constaban de la columna de setecientos soldados que mandaba personalmente en Nutrias; de las de Alvarez; y de las numerosas y desordenadas turbas de Espinoza; cabecilla éste rebelde a toda disciplina, y ensimismado por el luctuoso prestigio que le daba su monomanía de deseo- (¡otar, tal era su expresión favorita, á todos los enemigos de la Federación.
Venía, pues, Iriaite á aliarse á Zamora como soldado y tribuno; con un ejército medio pertrechado; con fama merecida de inteligente, y la auréola fascinadora con que le realzaban ante la imaginación popular, sus ideas revolucionarias esparcidas por toda la Provincia.
xartin Espinosa VIII. Tócanos ahora decir algunas palabras sobre Espinoza, para que el lector acabe de conocerle, y se penetre bien, por otra parte, de la sagacidad
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con que el General Zamora supo utilizarle á él y á sus turbas.
Llevaba consigo este Espinoza, de quien ya nuestro lector tiene algunas noticias, un hombre que se decía adivino ; y á quien sus tropas respetaban , como tal. Era éste un indio, natural de Caracas, muy ladino, y superior por su inteligencia y locuacidad á aquella gente ignorante, metida en los bosques, como si fueran salvajes.. Hacíales creer que se comunicaba con Dios y los Santos, y que sabía lo que pudiera suceder. Decíalescómo y cuándo debían pelear, y cuándo y cómo debía evitarse el combate; y Espinoza aseguraba que cada vez que seguía sus instrucciones le iba bien, y que no había sufrido derrotas, sino cuando había procedido contra siis consejos.
Es el caso que preveía tantos peligros, y salían ciertos tantos augurios, que poco á poco fue inspirando fe, aun á los más incrédulos: y las mismas fuerzas corianas, que al principio se burlaban de él, empezaron á preocuparse de sus vaticinios.
Zamora, al verle, lo penetró hasta el fondo de su alma, y comprendió todo el partido que podía sacarse de tal tunante. Tratóle con cariño,. y se propuso guardarle todo género de miramientos y consideraciones ; y á poco empezó á consultarle en público, y fingía obedecerle, haciendo creer á sus soldados que él también se comunicaba con el cielo por medio de aquel embaucador ; así como en la antigua España el astuto Sertorio^ Teniente de Mario, engañaba los bárbaros con quienes guerreaba contra Mételo y Pompeyo, diciendo
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deles que se entendía con los dioses por medio de una corza blanca.
En el pueblo de El Real mandó Zamora un día que el cura abriese la iglesia; y tendida la tropa, subió el adivino al pulpito, revestido con el manto de una de las imágenes, y dijo, entre varias cosas, que era necesario seguir al General Zamora, porque lo que este caudillo deseaba era llevar á Martín á Caracas para matar á todos los que supieran leer y escribir. Todo esto fue, como debe suponerse, de acuerdo con Zamora.
El día de la acción en San Lorenzo, estuvo por la tarde rezando en la iglesia, y después, montado en un caballo rucio, se paseó con su manto sobre Jos hombros por delante de la tropa ; y cuando se -encontró con Zamora, le dijo: "esté usted seguro ■que el General Silva no peleará;" y lo mismo dijo á la tropa; y como así sucediera, ganó desde ese día en adelante mayor crédito entre los jefes y los soldados.
Cargaba en un cajón una pequeña imagen de la Santísima Trinidad : en todos los campamentos le formaba un altar; por las noches rezaba el rosario de mullas, con toda la tropa, y concluido el rezo, iban todos á besarle la mano, inclusive Espinoza.
Este hombre se llamaba Tiburcio; había pertenecido á la servidumbre de un señor Ustáriz, de Caracas ; y contaba que había aprendido muchas cosas llevando los niños de su señor á la escuela.
Conocía las virtudes medicinales de algunas ver-
O te
bas, respecto de lo cual se refiere, que en cierta ocasión, desagradado Zamora con un Coronel de apellido Rojas, del Estado Mayor de Espinoza, díjolc
YIDA DEL GENERAL ZAMORA 339
^1 adivino para calmarlo: no tenga mted cuidado. General, que yo enfermaré á ese hombre de la boca, y quedará inutilizado. Y en efecto, á los dos ó tres días cayó aquel hombre enfermo, con la lengua hinchada y sin poder hablar. Se supone que le propinaría alguna yerba cuyas propiedades le eran conocidas. Consignamos estos episodios, de que tan comunmente se habla todavía en Barinas, porque este hombre tuvo realmente influencia en el desarrollo de la revolución por aquellas tierras; y logró con 5i astucia refrenar los ímpetus feroces de Espinoza.
Los lectores pensadores comprenderán sin explicaciones, que el intento de Zamora era valerse de aquellas montoneras para sostener la guerra, mientras la suerte le proporcionaba modos de formar un ejército reglado, con que maniobrar y destruir los del Gobierno en acciones campales y decisivas.
IX. El 25 salió el General Silva de Harinas en „A^*.81ÍT* de persecución de los federales hacia abajo, pero sin saber de cierto donde estaban ; pues unos lo» situaban en San Lorenzo, y otros en La Luz, pueblecito más al Sur todavía. No conseguía prácticos ni espías, porque los que podían prestar este servicio eran enemigos. Su ejército montaba á tres mil y pico de hombres Siguió por la margen derecha del río hasta Toruno, pero iba tan despac o, que hasta el 27 no pasó al otro lado, cuando de Barinas á Toruno no hay sino cuatro leguas.
El ejército no atravesó el río por este paso, porque se supo que Zamora tenía trincheras ocultas del otro lado, según lo informó un espía de éste, cogido prisionero, y á quien se amenazó fusilar si no decía la verdad.
Barinu.
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Esta fue la primera emboscada que evadió Silva.
Una mujer le sirvió de guía para señalarle el vado del Bostero, y por allí esguazó el río.
En el monte ribereño no se halló más caminopara salir al banco de San Lorenzo sino una pica, que fue menester ensanchar para el desfile del ejército. Esla tarea se confió á los macheteros de á pie de la columna de vanguardia, gobernada por el Comandante Jesús María Lugo.
Posiciones d« X. A poco rato asomó el ejército á la sabana,
loe dos ejéroitoe * °
«n san loremo frenje ¿ ]as posiciones que ocupaba el General Zamora. i»
Era la hora de los vientos abrasadores, en que
el sol de aquellas cálidas regiones centellea en la hierba, inflama la tierra y pone la atmósfera en un estado árido y sofocante ; todo lo cual hace caer á veces al suelo hombres y animales, sin conocimiento.
A lo primero que atendió el General Silva, fue á buscar agua, en atención á que el río estaba bajo las armas federales ; y recordando que á la izquierda «obre el fondo de la sabana había un caño, mandó un escuadrón á reconocerlo, custodiarlo y defenderlo.
Situó al Comandante Lugo con su División y una pieza de artillería en el ala derecha ; y al Comandante Menéndez en la izquierda.
El resto del ejército fue colocado en el centro.
El Comandante José María Peña mandaba un cuerpo de caballería, y otro el Comandante "Hermógenes López.
Zamora rebosando de alegría, porque nada lo entusiasmaba tanto .como los preparativos de una batalla, dispuso sus fuerzas en una especie de orden
VIDA DEL GENERAL ZAMORA .'Ul
abierto ó disperso, como aplicación de la táctica ¿superior, según su talento, á la topógrafo del terreno, en que las posiciones suplían la disciplina Ae tropas veteranas y la calidad del armamento.
Situó á Jesús María Hernández con los córlanos distribuidos en guerrillas en una muta delantera, como para llamar sobre este punto la atención del enemigo. Emboscó las fuertes Divisiones de Espinoza y Alvarez á manera de sostenes en el monte del río, cuya ribera dominaba; y su reserva detrás, con la caballería oculta; mientras él quedó en la retaguardia desde donde se prometía señorear el campo, y dirigir los movimientos. Entre la mata y el pueblo hay otro banco de sabana.
En tan estratégica posición retó al General Silva, quien comprendió al momento todo el ardid de su entendido y sagaz contendor.
Si Zamora se hubiera presentado en orden normal de batalla en la sabana, es probable que hubiera sido destrozado, porque Silva con tropas de línea y excelente, material de guerra, habría tenido más medios de alcanzar una victoria, al igual de aquellas que tanto crédito le dieron en la Independencia, y aun en nuestras guanas intestinas, en lid con generales de justa fama.
XI. Los fusileros de Menéudez empezaron á ti- ^¿¡^JJ^i rotearse con la vanguardia de los federales, v sostuvieron las escaramuzas por mucho tiempo, en el banco intermedio, sin que los ejércitos trabasen pelea. Pues ni los de Silva avanzaban contra la mata, aii los federales salían á lo limpio.
Entonces el caudillo federal resolvió atraerlos
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hacia el río, y mandó salir afuera guerrillas del cuerpo de Espinoza á provocar un choque formaL Pero cerrada la noche se replegaron arabos á susrespectivns posiciones. Las tropas de Alvarez y Espinoza se voceaban con sus contrarios, alegraban el campamento tocando sus gaitas y tamboriles, y con pequeñas guerrillas hacían tiros sobre el enemigo para tenerlo en alarma; y con otras de indios armados de flechas ó carnuzas lo molestaban duramente, hiriéndole ó matándole gente, porque los disparos eran seguros a pesar de la oscuridad de la noche. A esto hay que añadir los repetidos toques de corneta con que Zamora los desconcertaba.
Toda la noche fue escaramuzas y fuegos.
-Al rayar el alba encontráronse los dos ejércitos en sus mismos puestos.
Esto es lo que se ha llamado el cañoneo de San Lorenzo, oído en Obispos, en los campos del Totumal, en los de Toruno y en Barinas mismo. No pocos muertos y heridos quedaron en el campa de uní y otra parte.
La táctica de Zamora consistió en ponerse á la defensiva, para tomar la ofensiva con sus reservas en momento oportuno.
áS^de^íüYÍ XII. Pero Silva no podía empeñar sus batallo-
ges contra las montañas; y en esta emergencia resolvió ejecutar una operación de táctica, por ver si sacaba á Zamora de sus posiciones. En consecuencia, emprendió una retirada defensiva y ofensiva, haciendo ui> difícil movimiento de flanco enfrente del enemigo,, por un terreno enteramente descubierto. La evolución era digna de un guerrero veterano, y fué llevada á cabo por su Jefe de Estado Mayor, General
Vida del general z amor a 343
Andrade, con destreza propia de un militar instruido y valeroso.
Con efecto, retiróse para La Luz en posición defensiva; pero con la intención de cambiarla rápidamente en ofensiva, y hacer un contra-ataque, si Zamora salía á embestirlos por los flancos ó por retaguardia. La operación fue atrevida, pero correctamente científica é imponente. Zamora se quedó á verla con admiración, pero sin abandonar su orden de batalla, limitándose á inquietar los enemigos por retaguardia con sus caballos; á lo cual respondieron los de Silva con un tiroteo vivo y continuado que también se oyó en Barinas, como si fuera un combate, y de que da cuenta en oficio del 2 de mayo el Gobernador La Cueva al General Soublette, Director de la guerra.
El secreto de los movimientos del General Silva en San Lorenzo consiste en Ja necesidad que tuvo de retirarse enfrente del enemigo, por no querer éste venir á batallar en campo raso.
Ahora bien; él no podía retirarse sino de dos modos; ó retrogradando ó por un flanco; y escogió este último, aunque sus evoluciones tenían que ser menos fáciles.
Bien pesada la situación en la balanza del criterio militar, discurrió Silva desde el pueblo de La . Luz, que lo acertado era dar la vuelta á Barinas, frustrada como estaba la esperanza de batirse con Zamora en campo abierto; y porque además le era forzoso organizar un gran cuerpo de caballería para proteger sus infantes, cubrir sus retiradas, y apoderarse de los puntos estratégicos, antes que Zamora; y con qué perseguirle y romperle sus columnas separa-
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das, salvando rápidamente grandes distancias, sorprendiéndoley cortándole por todas partes. Necesitaba en fin, muchos caballos para franquear el paso de los ríos, abastecer de ganados su ejército quitándolos al enemigo, y tener siempre delante de sus infantes una masa poderosa con qué abrir y resguardar sus marchas. En esta virtud, suficientemente meditada su operación, que de seguro tenía que ser censurada por el atolondrado partido á quien servía, guió á Obispos y el 4 entró en Barinas.
Por desgracia para él, no le era dable hacer otra cosa. Pero entonces Zamora, radiante de osadía, tomó la ofensiva, y guiado de su ingenio, despachó á prisa á Alvarez y á Lspinoza á ocupar á Boconó, para cortar al General Silva su línea de comunicaciones y correspondencias, con orden de dejar allí un destacamento, y de seguir á tomar á Guanare á viva fuerza. Así lo hicieron ; y pronto vino á encontrarse aquel grande ejército asediado en Barinas, incomunicado con todoel#mundo, sin víveres ni dinero, y obligado, días después á evacuar el territorio en una retirada defensiva hacia Guanare, para no perecer por deserción, por desaliento y hambre.
yZtm.ra. XIII. Era una brega entre dos Generales ilustres;
el uno, llanero sagaz, reflexivo y previsor, aleccionado bajo el mando do Bolívar y Sucre; el otro, hecho militar por sí mismo en la guerra de montañas del 4(¡, y dotado por el cielo de raro ingenio para la •estrategia, y de rapidez de vista y de acción para improvisaciones felices enfrente del enemigo.
Silva estaba viejo y enfermo: ya su lanza no producía heridas incurables, como en los mitológicos combates de su juventud: al paso que Zamora, sar»o
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y ile templadas fuerzas, ostentábase en el vigor de la edad. La fortuna es mujer, decía Luis XIV á Villeroy, pnra consolarle de su derrota en Italia; ella no ama sino á los jóvenes. El favorito de la guerra en Junín fue desairado en su última campaña del 59, allf mismo, donde siendo joven, había igualado á Hércules en trabajos de fuerza, de inteligencia y de valor.
XIV. Ve'ase como pinta el General Soublette»fiSf *l*S
i i ««npafift de Oo-
aquel desastre: eidaat».
República de Venezuela. — Dirección de la Guerra de Occidente.— Cuartel General en San Carlos, á 11 de mayo de 1859.
Señor Secretario de Estado en ¡oh Despachos de Guerra y Marina.
Incluyo á usted en copia dos oficios del Jefe Militar de la Portuguesa, del 8 y 9, números 138 y 1~>0, para que usted los eleve al conocimiento de S. E. el Presidente de la República.
De esto* oficios se deduce que el General Silva lia vuelto á Harinas, y nada más, porque como no se lian recibido sus informes, no se puede estimar la importancia ventajosa 6 desventajosa de este movimiento, aunque á primera vista parezca que el General Silva haya abandonado la actitud ofensiva. También se comprende, que el enemigo lia ocupado á Boconó para privar al General Silva de sus comunicaciones con el resto de la República, y el Jefe Militar de la Portuguesa no tiene fuerzas, ni yo j Miedo dárselas para poner expedita la comunicación con Harinas. Sí creo que las tenga el General Silva, y si no las tuviera, pronto estaría como asediado en la ciudad de Harinas, ó forzado á abrirse paso, abandonando ;'t Harinas.
Todavía entiendo otra cosa más, y es que si en efecto Antolino Alvarez, que se sabía haberse reunido con Ezk- <¿uiel. Zamora, ha venido con fuerzas considerables sobre Guanare, traiga la orden de ocupar A Guanare, y sucesivamente á Ospino y Aranre, para cortar toda relación con Harinas; y si esto sucediera, la insurrección prendería en Barquisimeto, se descargaría en Yaritagua, y no »é qué suerte correría Cojedes.
Las fuerzas que con el Comandante Benito Figueredo
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obran por El Baúl, reforzadas por un Escuadrón de Caballería del Guárico, que condujo el Comandante Facundo Camero el 7, perseguirán vigorosamente las partidas de facciosos que amenazan El Baúl, y si tuvieren buen suceso, como lo espero, vendrán á apoyar á Araure y aun A Guanare, según lo fueren exigiendo y permitiendo los sucesos, pero entre tauto yo nada bago ni puedo hacer, porque no tengo un solo hombre de qué disponer.
Cuando supe la heroica defensa que un puñado de patriotas hizo en Barinas en los días 10 y 17 del pasado, creí que la invasión del faccioso Zamora había perdido toda su importancia; pero fue porque yo conté con que el ejército hubiese podido perseguirlo de cerca después de aquel rechazo, lo que no sucedió; pues nuestras fuers&as quedaron en Barinas desde el 19 hasta el 25, día en que marcharon contra las fuerzas facciosas, y nada más he sabido hasta hoy, que me dicen que han vuelto á Barinas, no se dice cuándo.
Ya he comunicado á usted antes mi temor de que tenga el Gobierno que defender y salvar la República en los campos de Carabobo, y yo no veo otro modo de evitarlo que haciendo marchar inmediatamente un fuerte ejército á Occidente, provisto de todo lo necesario y bajo el mando del Jefe que más merezca la conftanza del Gobierno, y que tenga la fortaleza y la agilidad necesaria para hacer una campana rápida que'desembarace el ejércitodel General Silva, y ponga un término solemne á esta insurrección.
Sin medidas muy vigorosas, sin sacrificios genérale», la sociedad está en peligro de que la insurrección invada todo el territorio.
Observe usted lo que dice el Jefe Militar de Guanare, que en la Portuguesa y en Barinas, el Gobierno no tiene otro apoyo que el que dan las armas que tiene á su servicio. Sólo se posee el terreno que se pisa con fuerzas considerables. Ambas provincias están levantadas en masa.
Car Ion Soublette.
cómo jugóu XV. A tiempo que el Gobierno y ei Director de
prensa e«ntr*lit- . .
taásuva. ja Querra ei) Occidente pronunciaban estos juicios sobre las operaciones del General Silva, la prensa del partido dominante declamaba contra ¿lias, en tono tan violento, que no pocas veces llegó hasta la
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injuria y la calumnia. Una vez dijo El Heraldo, su órgano principal :
"La existencia del ejército de Ezequiel Zamora,. es un misterio para nosotros. Desde Coro hasta las puertas de Puerto Cabello, y hasta la capital del Yaracuy, . y hasta las cercanías de Barquisimeto, allegándose partidarios por entre la Portuguesa y Barinas; rechazado con pérdida sin destruirse ; derrotado muchas veces sin desbandarse; perdiendo lo mejor de su gente y hasta el Jefe fie su Estado Mayor, sin detener su carrera; perseguido de una armada poderosa, sin alcanzarle ; dueño de escoger el punto de ataque, sin colocarle entre 1» muerte ó la victoria ; nosotros no podemos comprender bien los varios incidentes y filosofía de esa guerra.'7
Y tiempo después añadió : el nombre (leí General Silva figurará en nuestra historia como el de aquel eunuco del Bajo Imperio que abrió el África á Genserico y á sus vándalos. La razón de tal invectiva consistía en que dicho periódico atribuía al General Silva tratos con los liberales, que, seguía diciendo,. debilitaban la fe del ejército, y operaciones pérfidas, falsas alarmas y contramarchas para debilitarlo, fatigarlo y amedrentarlo. . •
¿Cuál habría s ido, escribe otro día, la suerte de Ezequiel Zamora, si Rubín, Garrido ú otros de nuestros excelentes jefes le hubieran perseguido al través de la Portuguesa y Barinas, en Barquisimeto ó Guanare ?
Como se ve, parecía muy fácil perseguir y destrozar á Zamora desde la tribuna de un periódico ; cuando era muy difícil hacerlo en la Sabana de San Lorenzo, donde la pericia de Silva y Andrade apenas alcanzaron k salvar su propio honor y su ejército : y como igualmente lo fue en Santa Inés, en donde á poco andar fue vencido ose mismo valentísimo Rubín, de que hablaba El HerakU. Los gobiernista* de las ciudades pretendían que sus Generales ba-
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tiesen á Zamora y se lo entregasen prisionero ; sin haber querido nunca comprender que para tal empresa había dos imposibilidades: una militar, porque Zamora era un gran General que no se dejaba envolver, ni destruir ; y otra política, porque su causa no era personal, sino la de un pueblo que tenía que triunfar, aun padeciendo reveses, contra todos los ejércitos y todos los Capitanes de la oligarquía, por aventajados que fueran ; desde Páez hasta sus últimos Tenientes: y tan es así, que vanamente ensayaron sus mejores militares en Coro, en Carabobo, .y en el Sur: y de la misma manera agotaron sus esfuerzos y sacrificios por vencer y atar los liberales al carro de la victoria.
camptfivdeoo XVI. Contra las citadas impías invecti vas, produ-
oidente. # . *
cidas por las incandescentes pasiones de aquella prensa, opone la musa de la Historia en estos tiempos, que son casi la posteridad de aquella época, el discernimiento de la verdad, la referencia de los hechos con exactitud, el esclarecimiento de los secretos de la guerra, y la distribución equitativa de la justicia, según el papel de los actores. Pues aquellos Generales eran hombres honrados y discretos, que servían sus causas respectivas con igual dignidad en la política que en la milicia. De lo cual resulta, que para nosotros, liberales ortodoxos, puritanos por la fe en el pueblo y en la libertad, para nosotros, decimos, son tan venerables en el augusto tribunal de la Historia, Silva y Andrade defendiendo el Gobierno de Marzo con ejércitos regulares, como Zamora combatiéndolo encarnizadamente á la cabeza de las legiones populares. Y así como en otros capítulos* hemos desentrañado el origen y desenvolvimiento de la política liberal, para honrar
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nuestro partido; y asistido con entusiasmo al nacimiento de la edad civil de Venezuela, y justificado el alzamiento de Zamora en 46 y en 59, como efecto de revoluciones encarnadas en el corazón del pueblo, y juzgado los hombres y sus hechos honradamente con nuestro criterio de escritor liberal, también decimos que no es permitido en la historia apreciar hechos militares, si no se ajusta el crítico á las enseñanzas del arte de la guerra, y no se mantiene insensible á las simpatías ó antipatías que puedan inspirarle las banderas políticas de los contendores.
Así que, una jornada militar se juzga en laüistoria únicamente por los movimientos de los ejércitos, por el valor y disciplina de éstos y la pericia de sus Generales: cosas todas muy diferentes de las influencias que de ellas mismas se derivan en la suerte del personaje historiado ó en la desús opositores.
La santa justicia es la Pitonisa del historiador, y sus respuestas son los fallos que deben grabarse íntegramente en Ls páginas que se ofrecen á los que solicitan el conocimiento de la verdad. En. confirmación délo cual, dice Thiers:
Los acontecimientos no deben desfigurarse por debilidad; ni alterarse por nuestras pasiones ; ni omitirse por negligencia.
Cierto que el ejército de Silva era una masa heterogénea, compuesta de liberales y oligarcas, como resultado forzoso de una situación derivada de la fusión de Marzo: cierto también que Silva sentía cariño por Zamora, su subalterno en la campaña del 49: como era también verdad que los Jefes y oficiales estaban sobrecogidos con la popularidad de la federación
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en Barinas, y Portuguesa, provincias alzadas en masa, como dijo el General Soublette; pero Silva y cuantos liberales militaban á sus órdenes cumplieron en aquellas filas las imposiciones del deber militar, á satisfacción de las más rígidas leyes del honor.
Llegado que hubo el ejército á Guanare, Silva y Andrade se apresuraron á renunciar sus destinos; y el Gobierno, vista la notoria enfermedad del General Silva, le relevó del cargo, y le nombró Ministro de Guerra : y á la vez recabó de Andrade que aceptase el nombramiento de Comandante en Jefe de las Operaciones del Sur de Occidente: y le dio por Jefe de Estado Mayor al Coronel Antonio Jelambi.
Desbaratada la fusión militar de que Silva era
centro, retiráronse con él de aquel ejército muchos
Jefes y oficiales liberales, y otros se separaron por completo del servicio.
CAPITULO XII
I. Anudemos ahora nuestra relación. o8mir'.Mlf,i
El General Silva rompió el cerco. Dejó en Ba riñas una guarnición de cerca de 400 hombres; y con el resto de sus desnudas tropas regresó á Guanare, atacado á la sazón por todo el ejército enemigo.
Al llegar el 12 en la tarde, al paso real del r(o Guanare, á una legua de la ciudad, disparó el Comandante Lugo que iba en vanguardia, tres cañonazos, para anunciar á los sitiados que el día siguiente serían auxiliados, como en ef'eclo lo fueron en la mañana del 13.
La ciudad, llamada un día Atenas de Occidente, por su celebérrimo colegio de San Luis, había quedado reducida á escombros: desmantelados sus mejores edificios, destruidos sus barrios, y cubiertas de cadáveres sus calles y plazas.
Digamos cómo habían pasado las cosas.
II. En cumplimiento de órdenes de Zamora, ex- At*<me » o*»- pedidas en San Lorenzo, acercáronse á la ciudad Alvarez y Espinoza el 8 en la tarde; y á las 7 a. m. del 9 rompieron arrogantemente los fuegos sobre la guarnición de la plaza, mandada por Ma-
nare.
. i
352 DOCTOR L. VILLANUEVA
nuel Herrera, quien, por no tener caballería y ser muy escasos sus infantes, se redujo á la plaza, y á las casas inmediatas á ésta.
Como los federales pretendieran ocupar las manzanas que rodeaban los cuarteles, para tomarlos, comenzó un fuego vivísimo de una y otra parte, que duró todo ei día y parte de la mañana del 10, en que Herrera sacó guerrillas, y las trabó cuerpo á cuerpo con las de los asaltantes. Mas de dos horas duró este nuevo combate en las calles y en las casas, alternativamente ocupadas y desocupadas por los combatientes.
Los federales se retiraron pasado el medio día, por falta de municiones, situándose á inmediaciones del poblado, en espera del General Zamora que les había avisado su aproximación ; y el 12, reunidas todas las fuerzas, embistieron de nuevo la ciudad, á las diez de la mañana.
La intensidad de los fuegos, el encarnizamiento de la lucha, y las llamas del incendio de una parte de la ciudad, todo bien indicaba que el ataque obedecía á la presta voluntad del tremendo caudillo (jue demolía y echaba por tierra cuanto se oponía al triunfo de sus armas.
Horadaron los federales las casas para acercarse con menos pérdida de gente á los cuarteles; y al llegar á éstos, estalló el fuego, con tal furor, que los sitiados no tupieron tiempo ni át comer en todo el día, hasta las doce de la noche, que Zamora lo mandó cesar, como por una hora.
Los enálteles del Este, Sur y Oeste cayeron en poder de los liberales ; replegándose sus diezmadas guarniciones á los otros tres que mandaba
VIDA DEL GENERAL ZAMORA 353
vu persona el Comandante Herrera, y que estaban al Norte. Contra estos convergieron todos ios fuegos basta la tarde, en que se mandaron suspender por la aproximación del ejército de Silva, cuya marcha conoce ya el lector.
III. El Caudillo liberal se replegó á Guerírandía, !■■«»■§ *#<
1 D ' tira á GnerÜAB-
sin descansar, marchó al pasitrote por El Cambur y j¿Jlm*rcha * Obispos á Barinas, que había quedado desguarnecida; y de la cual tomó posesión sin disparar un tiro, el 18 á las 6 y media de la tarde.
En El Totumal, á nueve leguas, habfa dejado cuando partió á Guanare, un cuerpo de 400 caballos, amenazando á Barinas, v ahora lo llamó al Cuartel General.
El destacamento de trescientos hombres situado allí por el General Silva, al mando de Cangas v del Gobernador La Cueva, nombrado Jefe de Operaciones, se había reducido por la deserción á la mitad; y el 12 evacuó la ciudad, y se fué á Barinitas con el parque y algunas familias que quisieron emigrar á Mérida. Tras los fugitivos despachó Zamora á Petit y Vásquez, con quinientos hombres, quienes al punto que avistaron la pequeña plaza, la tirotearon y obligaron á la columna que la defendía á rendirse, y á entregar todoel material de guerra que llevaban consigo; y que consistía en cuatrocientos fusiles, once cajas de pertrechos, cinco mil balas sueltas y otros varios; elementos. El Comandante Sandoval, que estaba de avanzada en Las Piedras, no quiso rendirse, y se fué con su piquete, de más de setenta hombres^ á Boconó de Trujillo ; y el Gobernador La Cueva
con su familia, el padre Ureña y otros, á Mérida. :¿3
-▼íncia da Barí ama en Uederal.
354 DOCTOR L. VILLANUEVA
De allí A poco la guarnición de Pedraza se entregó al Coronel C. J. Fuentes.
*it¡J¡¡MK »í!". IV. En el mismo mes de mayo cambió Zamora
ÜÍTiii Elido la Provincia de B.irinas en Estado de Barinas, y le dio un Gobierno Civil, con Concejos Municipales autorizados para proveer todos los destinos públicos: como el único poder, en su sentir, del cual debían emanar en la Federación los empleados del orden judicial, político y económico de cada Cantón (1).
Expidió un decreto sobre timbre de papel sellado para los diferentes negocios de la Administración pública: adjudicó á cada Cantón como renta propia, sus antiguas rentas internas, y lo que produjera en sus respectivas localidades la venta *de papel sellado. (Decreto de 20 de mayo). Estableció un nuevo sistema judicial, dotado de Jueces de Cantón y de \\\\ Juez Superior con facultad extensiva {\ todo el Estado, para conocer de los negocios que por los Códigos de Procedimiento Judicial y Orgánico de Tribunales, correspondían al antiguo Juez de Circuito, y de los que á la Corte Superior de Justicia competían en primera instancia, ó por vía de íipelación, en sala de revista, asociado de dos ciudadanos sacados por la suerte entre a lista formada por el Concejo Municipal de cada Cantón. Adjudicó sueldos á los Jueces, sus Secretarios y porteros: organizó las rentas de la Provincia: creó fondos para sus tropas y hospitales: nombró un Inspector General de las rentas del Estado: y convocó una Legislatura provisional del nuevo Estado, para que los Delegados
1 Oficio de la Secretaría General á varios Jefes militare 8.
VIDA DEL GENERAL ZAMORA 355
•del pueblo supieran en (\ué y cómo se disponía •de sus intereses. Esta Asamblea debía instalarse en setiembre.
Hicieron el pronunciamiento por la Federación los vecinos de Villa de Obispos el 29 de mayo bajo la inspiración y presidencia de su Concejo Municipal, compuesto de los liberales Justo Pérez, Presidente del Concejo; y de los vocales Isidro Contreras, Terecio M. Cárdenas, Antonio Quintero, Francisco María de la Guerra, Luis M. Sánchez, José A. Cubian, Pablo M. Caballero, Procurador. Era Jefe Civil del Cantón, Pablo Rojas; y Juez, Ramón Naranjo.
Los de Sabaneta se pronunciaron el 30 en la plaza pública bajo la dirección del ciudadano Mateo Cortés, Juez de paz; del Comandante Diego Riera, del Capitán Andrés Vanegas y del Teniente Diego A. Alvarez. Y á continuación se levantaron todas las poblaciones de la Provincia, reconocien- . do á Zamora como Jefe de Operaciones de Occidente.
V. El Concejo Municipal de Barinas, presidido m concejo mu-
J i » r nioipal d« B&n-
por Rafael A. Rincones y cuyo Secretario era Dainel^o0^;^ Ángulo, acordó á Zamora, con fecha 14 de junio, el uoLdiiiLT' título de Valiente Ciudadano, en los términos siguientes :
EL CONCEJO MUNICIPAL
DEL CANTÓN BARINAS
Considerando :
Que el ciudadano General Ezeqüiel Zamora, con acierto y arrojo asombroso ha atravesado la República, -venciendo en todas partes á los enemigos de la Fede-
33G DOCTOR L. VILLANUEVA
ración, para venir en apoyo de la liberal provincia deHarinas, hasta darle en toda su plenitud el bien precioso de la libertad, y elevándola al rango de Estado independiente del gobierno central, por lo qne se ha hecho digno de la gratitud del pueblo, y siendo el Concejo Municipal su órgano inmediato,
decreta :
Art. 1? El Concejo Municipal distingue al ciudadano General Ezequiel Zamora con el nombre de Valiente Ciudadano, cuyo título le dará en todos sus actos al tratarse del mencionado ciudadano.
Art. 2? Este decreto le será presentado por una comisión de dos miembros que nombrará el Concejo.
Dado en Barinas á 14 de junio de 1859. — El Presidente, Rafael A. Rincones. — El Secretario, Daniel Ángulo.
Las tropas montaban en julio á 1.721 soldados, distribuidos así: 1 485 de infantería, y 236 de caballería, con 23 jefes y 177 oficiales.
Señoreado por completo Zamora de la Provincia, hizo converger todos sus elementos activos á sitiar y acabar por ríiedio de intrigas el Ejército de Guanare; y al efecto empezó á urdir una trama con los federales de aquella plaza, valiéndose de cartas y de emisarios para fomentar la deserción de la tropa, esparcir noticias desfavorables al Gobierno, maquinar sediciones, y convidar á algunos jefes á alistarse en las banderas de la Federación.
AMdiofeOaa. VI. Desde principios de julio aproximó fuerzas
sobre el enemigo en todas direcciones para incomunicarle con Trujillo, Barquisimeto y San Carlos; y estorbarle la recolección de ganados en las cercanías mismas de la capital. Ordenó al Comandante Pablo Alvarado que cortara el camino real de Cojedes, situándose en La Aparición con 500 hombres, lo que motivó choques repetidos con la guarnición de üspino que comandaba un hermano de Herrera, de nombre José de Jesús. El 21 deju-
VIDA DEL GENERAL ZAMORA ÍW7
lio se destrozaron estos destacamentos mutuamente -en El Tigre, jurisdicción de aquella parroquia.
Espinoza atacó á Acarigua, y obligó al Comandante Lameda que la defendía, á retimrse á Sarare. En el flanco de las mesas y serranías por donde se abren caminos á Trujiüo y Barquisimeto, colocó la División de los Comandantes Rafael Miría Daboín y Pedro Silva, que lograron derrotar en Hu mocaro Alto una columna que iba del Tocuyo á auxiliar á los de Guanare.
Y no se limitó á estas líneas de asedio, sino desparramó cuerpos y guerrillas por todas las vías de Cojedes á Guanare. A Navarro, con su Brigada, de que hacía parte el escuadrón del Coronel Magdaleno Barreto, le ordenó situarse entre el pueblecito •de Cojedes, y los sitios de Camoruco, O noto y Los Apartaderos: al Comandante Francisco Ramos, con las partidas de los Comandantes Encarnación Aro- <rha y Ramón Orozco y las de los Capitanes Custodio Gutiérrez y Basilio Matute, les mandó -cubrir la línea desde Caño de Agua, por Lagunitas, hasta el paso de La Madrina, por el flanco derecho: á Nicomedes Ramírez, el camino de Santa Cruz y el Paují. Fueron acantonados Manuel Chaves, Ramón Nadal y Gabriel Díaz, en el Riecito. Juan de la Cruz Urbano, se tendió por Pimpinela, Changuango, Caño de Agua, y Los Arrecifes. Marcial Sánchez se situó on Turen. El Coronel Juan Antonio Michelena vigilaba el camino de Araure, Agua Blanca y San Rafael; Francisco Lópe¿, Ferrer, Araujo, Camejo y muchos más cujos nombres no recordamos, el de Papelón, que va por Sabaneta, Píritu y Boca de Acarigua al Baúl, y defendían además las infinitas veredas de aque-
358 DOCTOB L. VILLANUEVA
lias montanuelas y sabanas. Las riberas del Cujéeles y el Portuguesa, en que florecían muchas poblaciones, servían de campamento á Carmen Pérez, Félix Puerta Linares, Juan de Jesús Núfiez. y J. Orozco, Jefe de la columna Vencedora, para impedir el paso á Turen y los Llanos de Barinas.
Baldomcro Farfán, Pío Pacheco y otros, empeñaron combate más de una vea con U guarnición de El Baúl, con resolución de vencerla y de dominar aquella línea hasta El Pao y Guadarrama; aunque siempre fueron rechazados, como sucedió en los asaltos de 20 y 28 de aposto.
Rodeado de enemigos, no puede en verdad decirse que el General Andrade fuera asediado de cerca; pero sí quedó encerrado en un circuito de defensa, de donde sus guerrillas tenían que salir á pelear de continuo para recoger por las sabanas adyacentes ganados con (pié racionar ías tropas, y expuestas al peligro de que le quitaran de los pastoreos las madrinas de caballos, como algunas veces se lo hicieron. En ocasiones los federales llegaban sin ser percibidos hasta las afueras de la ciudad, por entre el bosque del camino de Guerilandia, que desemboca en sus cercanías.
La Testera, Los Naranjos y otros sitios de la vecindad, fueron teatro de encuentros sangrientos en que se inutilizaban á diario soldados y oficiales de ambas partes; combates que era menester librar para mantener á los sitiadores siempre apartados de los lindes de la ciudad.
A estas fatigas hay que añadir los cuidado» con que tenía que precaverse de las maquinaciones de los federales urbanos, que no dejaban de incitar
VIDA PEL GENERAL ZAMORA 339*
la tropa á la traición, bien que ésta, justo es decirlo, probó en su mayor parte lealtad, subordinación y disciplina, aun en medio de los más crueles trabajos que padeció en el tiempo de este encierro-
Sucedió una vez que una comisión de caballería, que tenía encargo de vigilar el camino que de Gunnare conduce al pueblecito de Tucupido, donde había fuerzas contrarias, sorprendió una correspondencia para Zamora de particulares de la ciudad y jefes del ejército; en la cual le daban noticias del campamento, especialmente del cuerpo de caballería, bastante reducido ya por las deserciones y por el mal estarlo de los caballos, invalidados por la inclemencia del invierno. Y además, asegura el Coronel Jelambi en su oficio al Ministro de la Guerra, cuando refirió desde San Carlos todos los incidentes de aquel sitio memorable, que un Comandante nombrado Jefe de día, se fué esa noche á conferenciar con Zamora en Tucupido, y que á poco desertó de las filas del Gobierno. Tal conducta será siempre digna de la más severa reprobación, aun cuando pudiera ser favorable á las operaciones militares del héroe cuya vida estamos escribiendo; pues por encima de los intereses de los partidos deben estar siempre las imposiciones de las leyes morales, á que los hombres de honor deben sujetarse hasta el último trance de la vida.
Este hecho revelaba á todas luces una conspiración capaz de poner el ejército en peligro de un grande escándalo que debía evitarse sin pérdida de tiempo; y en tan delicado lance probó una vez. más el General Andrade sus cualidades de Jeier su firmeza de carácter y valor heroico ; pues enfermo de fiebre voló á los cuarteles en medio de
360 DOCTOR L. VILLANUEVA
un violentísimo aguacero que se descargaba esa no- •che sobre la ciudad, y mandó prender con su misma tropa los jefes sospechosos. Uno se escapó á favor <le la tormenta, y apareció después en las filas federales, y se dice que era hombre de gran coraje y osadía. Otros fueron aprendidos. El Ejército se salvó, dijo Jelambi en el oficio citado, por la virtuosa mayoría que lo formaba.
A esta anarquía militar hay que añadir la falta casi absoluta de bastimentos y dinero, que obligaba á racionar á los oficiales con medio real en plata y •dos libras y media de carne, y á los soldados con míenos aún ; para lo cual se valían de escasos préstamos, suministrados generosamente por comerciantes extranjeros, que tenían confianza en la Jionradez y cabal idad del General Andrade, quien, -en su aislamiento les daba leí ras contra la Aduana de Puerto Cabello, para cuando se abrieran las comunicaciones, todo lo cual montó á $14.1í)l. Suma era ésta bien miserable pa»a un cuerpo de ejército de dos mil hombres, en más de dos meses de sitio, á contar •desde el 9 de julio has a el 7 de setiemb e, y.por •cuyo pago instó el mismo General Andrade desde San Carlos al Gobierno en oficios reiterados.
En hospital había rmís de trescientos enfermos, **in camas, ropas, ni alimentación apropiada, siendo más bien aquello un pestífero hacinamiento de heridlos y calenturientos medio desnudos, que un establecimiento donde se les pudiera curar, ó aliviarles i|)or lo menos sus dolencias.
Los postas que se mandaban hacia San Carlos V> Barquisimeto no volvían ; ora porque fuesen eneítnigos, ora porque fuesen cogidos por las guerri-
VIDA DEL GENERAL ZAMORA 361
Has federales : de suerte que allí no se sabía de nadie, y cada día el incansable Zamora los incomunicaba más y más por cuantos caminos y veredas pudieran conducir á Guanare.
VII. Es ésta una ciudad situada entre el declive *■»•»•«•
plasa militar.
de una serranía y las vegas del río de su nombre, que corre por el Sur, á distancia de una legua; carece de fortificaciones, como todas las poblaciones del interior de Venezuela, y pobrísima de agua, (1) para podérsela utilizar como plaza militar; pues surtíase apenas, en aquel tiempo, de una quebrada de poco caudal llamada Las Piedras, seca en verano ; de unos jagüeyes nombrados La Vivita, El Pionío y otros, y de la quebrada que dicen Curumbare, en la sierra, una legua distante de la ciudad.
VIII. En vano aguardó allí el General Andrade Retiría» <ui
° ... General Andra-
por más de sesenta días, la División del centro, al de a 8m CarIoi mando del Comandante Renito Figueredo, organizada en El Baúl, y que tenía por encargo obrar hasta Guanarito por las extremidades del Sur de los Cantones Araure, Ospino y Guanare; y la de la izquierda que debía llevar el General Brito, por Nutrias, en un plan combinado con éste y con las fuerzas de infantería y caballería de Apure, y las sutiles enviadas de Guayana y San Fernando; conforme al plan de campana trazado por el Ministro de la Guerra, y. comunicado al Estado Mayor del Sur de Occidente, en la última quincena del mes de junio.
El 6 de setiembre reunió el General Andrade en junta de guerra á los señores Coronel Antonio
1 Hoy tiene un acueducto que abastece el río Guanare.
.362 DOCTOR L. VILLANÜEVA
Jelambi, Jefe de Estado May< ir General ; y Comandantes Manuel Herrera, Jefe Militar de la Provincia; Antonio Torrens, Jefe de las caballerías; Manuel Ortega, José Miguel Aparcero, Norberto Jiménez y Fr-ancisco Javier González, de las cuatro Brigadas de infantería; y les informó de la correspondencia de Barquisimeto recibida á última hora Y en seguida expuso, que si bien era cierto que el Gobierno se hdlaba fuerte y triunfante en toda la República, debía, con todo, pensarse que su ejército podía encontrarse en la incapacidad de moverse hacia donde conviniera, si continuaba ocupando por más tiempo la plaza de Gaanare; consideración habida de la marcha emprendida por el General Falcón Inicia la Provincia de Barquisimeto, y muy probablemente hacia Araure, con el objeto de reunirse con el ejército del General Zamora. Si el General Falcón evitaba la lucha en Barquisimeto y se dirigía á Araure, ocupada por sus partidarios, podía caer repentinamente sobre Ospino, destruir su guarnición y apoderarse de los elementos de guerra allí existentes, y embestir á Guanare, cuyas tropas estaban ya bien disminuidas y escasas de caballería. En caso de que Barquisimeto fuese atacada y vencida, sucedería que toda la Provinoia y sus convencinas serían invadidas, y aun ocupadas por los enemigos, á causa de faltar oportunamente auxilios del Gobierno y del ejército ; pues éste vendría á encontrarse situado á muy larga distancia del teatro de los sucesos. Además, el ejército estaba incomunicado con toda la República dos meses había, sin recibir correspondencia, recursos, ni instrucción alguna del Gobierno; habiendo tenido durante ese lapso que pelear muchas veces con todas las facciones de Portuguesa y
VIDA DEL GENERAL ZAMORA 363
Barí rías, y contrarrestar enérgicamente la obra de seducción, á que habían apelado los enemigos, para anarquizar, desmoralizar y destruir sus Divisiones; y con lo cual habían al fin conseguido algunas infidencias, deserciones v aun conatos de sedición.
Fuera de estas consideraciones, militaban otras que el General Andrade quiso someter al conocimiento y estudio de la Junta ; entre las cuales figuraba como principal, la de que la detención del ejército en Guanare provenía de órdenes terminantes del Gobierno, para aguardar allí la División del General tírito que debía entrar, parte por Nutrias y parte por Guanarito, para obrar en combinación con ella sobre el General Zamora. Pero hacía dos meses que aquel Jefe había llegado á San Fernando y nada se sabía de su paradero, ni por oficios suyos ni ]>or informes de. ninguna persona. De lo cual era forzoso inferir una de dos cosas: ó que dicho General no contaba para sus operaciones con el ejército del Sur de Occidente, ó que había encontrado obstáculos y dificultades que se oponían á la proyectada combinación ; y en la cual no debía, pensarse por el momento, teniendo en cuenta que la situación militar en setiembre no era la misma que en julio; porque ahora existía en Occidente una facción que podía ser más considerable que la del mismo Zamora, en atención á que amenazaba é invadía algunas Provincias de las más importantes de la República. Sin embargo, debía reflexionarse que bien podía presentarse el General Brito de un momento á otro, y hallarse sin el apoyo de ellos en Guanare: así como era no menos digno de tomarse en cuenta el desamparo en que iban á quedar las Pro-
3G4 DOCTOR L. VILLANUEVA
vincias de Marida y Tr jjillo por la desocupación de Portuguesa.
Tales fueron las proposiciones torales sometidas por el General en Jete del Ejército al examei y discusión de la Junta de Guerra, para resolver si se evacuaba ó nó la plaza de Guanare; y en el primer caso, trazar la dirección de la retirada.
Discurrióse largamente sobre la situación de la República y de los ejércitos beligerantes, y acerca del partido que convendría adoptar en tan delicadas circunstancias. Hecho ésto, opinaron lodos que la posición del ejército en Guanare era insostenible por más tiempo, y que siendo de temer la marcha del General Falcón hacia Araure y Ospino, hubiera ó nó tomado á Barquisimeto, era lo acertado, militarmente hablando, dirigirse sin pérdida de tiempo á Ospino, recoger el parque y la guarnición de esta plaza, y continuar las operaciones como los sucesos lo demandaran. Asistió á esta sesión el señor Gobernador de la Provincia, v estuvo de acuerdo en todo con los militares, menos en la ruta que debía tomar el ejército.
Tal era en resumen la calamitosa situación de la plaza, cuando Andrade, oído el dictamen de sus Jefes principales, determinó emprender la retirada, primero á Ospino, y después á San Carlos, por un territorio enemigo, obstruido á cada paso por grandes barrizales, y hondas cañadas, en que S3 atascaban la tropa y los animales, y que era forzoso atravesar con el agua al pecho; y bañado de ríos como el Portuguesa, el María, el peligroso Morador, entre San Rafael y Ospino, y el Guache, el Acarigua, el Agua Blanca, el Cojedes, el San Carlos, salidos todos de madre,
VIDA PEL GENERAL ZAMORA 3t>5
en aquella estación; sin tener para pasarlos, puentes, balsas, ni canoas.
Convenida la retirada, ordenóla Andrade sin dilación ; y acompañado de sus edecanes ManuH Ezcurra, Tomás Soriano y otros, hizo al día siguiente desfilar el ejército que ascendía aproximadamente á dos mil hombres, para tomarla derrota de Ospino con cuantos vecinos quisieron seguirle, en calidad de emigrados ; con su armamento, pertrechos, artillería y demás material de guerra, en mas de trescientas cargas : todos los equipajes, ganados, madrinas de cnbállos, y cuatrocientos enfermos : no habiendo dejado de estos en la plaza sino los que estaban en incapacidad absoluta de marchar á pie ó á caballo.
No hubo bien sabido Zamora la marcha de las tropas centralistas, cuando tiró tras ellas para hostigarlas y destruirlas, al juicioso y hábil Trías con la brava División llamada Vanguardia del Ejército Federal. Ocupó éste á Guanare el í) de setiembre á las 12 del día, y sin más descanso que el indispensable para repartir el rancho, continuó sobre Andrade con ánimo de darle alcance.
Al llegar, empero, al río que nombran de María, á media legua del Portuguesa, equidistante entre Guanare y San Rafael dos leguas y media, tuvo que pararse por haberlo encontrado crecido, y no tener medios de salvarlo.
El Capitán Blas Herrera, que mandaba la descubierta, recogió algunos rezagados, con los que regresó al campamento, á las doce de la noche.
El General Andrade, caminando en buen orden, se adelantó esa tarde hasta San Rafael de las Guascluas, á cinco leguas de Guanare.
306 DOCTOR L. VILLANUEVA
En Ospino tuvo noticias de la toma de Barquisimeto por el General Falcón, y considerando su ejército demasiado pesado para una operación fructuosa sobre aquella plaza, y temeroso de ser cogido entre diversos fuegos, resolvió guiar á San Carlos, plaza fuerte, abastecida de víveres, y donde tomaría informes ciertos del Gobierno y de la República.
Recogió á prisa la guarnición y parque de Ospino, y cuidadosamente atento á su retaguardia, amenazada por Trías, á su flanco izquierdo por el General Falcón, y al derecho por los cuerpos francos de Portuguesa y Cojedes, guió á Araure, conduciendo su ejército, como un experimentado General, digno de clarísimo renombre.
Cuando sus avanzadas llegaron el 12 á La Sabana de Choro, 7 leguas de Ospino y 3 de Araure, desocupó el Coronel Michelena esta villa, y se replegó á Sarare, ordenando al Capitán Juan Segundo Araujo, del Algodonal, que hiciera ocultar en los montes del camino las guerrillas de Agua Blanca y Onoto, para que sin ser vistas atisbaran los movimientos del enemigo, y tuviesen al corriente de ellos á los Jefes superiores.
Para el 15 se hallaba Andrade en Araure: v Trías detenido en el torrentoso río de Acarigua, y obligado á esguazarlo por Camburito, á una legua del paso real, agua arriba, que es el vado por donde los indios lo atraviesan en invierno. El 17 alas 3 p. m. entró Andrade en San Rafael, y se acampó por la tarde y la noche en Los Apartaderos, encrucijada de los caminos de Occidente. El otro día alcanzó Trías, al trote, estas mismas posiciones. En-
VIDA DEL GENEBAL ZAMORA 367
tonces fue cuando salió á La Sabana de Cojedes la Brigada de caballería del General Navarro, con intento de venirse á las manos con el ejército central ; pero al mirarlo, marchando £n cuadm con su parque en el centro y sus caballos á, los lados, como en disposición de rechazar cualquier ataque, se mantuvo eu observación á cierta distancia ; porque sus infantes no eran más de 25, armados unos de fusiles v otros de tercerolas. Hicieron unos tiros, como era de ordenanza; á los que el ejército contestó con una granizada de balas que los hizo apartar del camino real. (1) Andrade pernoctó el 18 en los contornos de Pozuelos ; pintoresco sitio, no lejos de San Carlos; v el día siguiente al medio día, avistó
por San José las avanzadas de esta plaza, por cuyas calles entró en la tarde, entre las aclamaciones de
gus compañeros.
Treinta y seis leguas había recorrido en menos de doce días sin perder una compañía, un fusil ni un cartucho : marchando formado en cuadro cuando tenía que atravesar las sabanas, donde podían írsele encima las caballerías del enemigo ; y con sus pertrechos y cañones entre columnas bien reforzadas, al tener que pasar los bosques don-
(\) Federación Venezolana. — Estado Mayor de la División Cojede» — Cojedes, setiembre 18 de 1859. — Año IV de la Federación. —Señor Jefe de Enfado Mayor de S. E. el General en Jefe de Ion Ejército* Federales, Jíuíh V Falcan. — Con esta fecha digo á S. S. el Jefe de Estado Mayor de la División Vanguardia del Ejército del Sur de Occidente, situado en San Ilnfael de Onoto, lo siguiente : 'Ponías 11 de la noche, cuando he acabado de recibir parte de. 8. S. el Coronel Jefe de la División, desde el campo de batalla, en que me dice: que por la forma defensiva nue llevaba el enemigo
en cuadro, no pudieron obrar nuestras caballerías
Lo^ pertrechos y fusiles los llevan dentro del cuadro unas veces, j otras en medio de una columna formada con su gruesa infantería apoyada por 200 de caballería ; y lo trascribo á U. S. pa a su conocimiento y el de S. E., el General pn Jefe del Ejército.— Soy de S. E. arto, servidor.— El Jefe de Estado Mayor.— Felipe Sm González.
368 DOCTOR L. VILLANUEVA
fie sospechaba que podía haber emboscadas: con la precaución de acamparse siempre muy temprano en parajes, escojidos con solicitud y atención, para hacer en ellos campamentos seguros, que quedaran bien resguardados por sus accidentes naturales, y bien defendidos por la colocación de las tropas; pasando la noche puesto á cubierto de toda sorpresa: cualidad que distingue entre otras á los militares instruidos y prácticos.
El Ministro de la Guerra, General Domingo Hernández, aprobó desde Valencia la retirada, á nombre del Gobierno, con fecha 30 del mismo mes; siendo de cumplido deber consignar aquí la circunstancia de que en San Carlos encontró el General Andrade una comunicación, en la cual el General Pedro E. Ramos encargaba á las autoridades del tránsito, con fecha 11 del mismo, que por cuantos medios fuesen posibles se le hiciese saber que era necesario, y de alta conveniencia, que á la mayor brevedad se moviera hacia dicha plaza con todas las fuerzas de su mando.
De suerte que vinieron á coincidir en este punto el pensamiento del Gobierno y el del General en jete de aquel ejército, con el cual se contaba para que sirviera de núcleo á otro mayor, con que ideaban los centrales recobrar lo perdido en las Provincias de Occidente.
Proo Urnas 'd* ¡amo i riñas.
CAPITULO xnr
I. Cuando Zamora ocupó á Barinas expidió zamoíT en b» la siguiente alocución para dar cuenta á los liberales de su campaña de tres meses de Coro á Los Llanos, y que hem s dejado para este Capítulo, para no interrumpir la relación que veníamos haciendo de los sucesos militares ocurridos en las Provincias ganadas por sus armas.
KZEQUIEL ZAMORA,
GENERAL DE DIVISIÓN Y .TEFE DE OPERACIONES
DEL EJÉRCITO FEDERAL DE LOS ESTADOS
DE CORO Y DEL OCCIDENTE
A HU8 Conciudadanos!
Conciudadanos: La magna revolución del 5 de Marzo en que Venezuela derrocó el poder central para constituir el Gobierno Federal, fue convertida por la traición de la Oligarquía en la dictadura atroz de Julián Castro, con su sisema de mazmorras, grillos, cadenas, ostracismo y toda especie de persecusiones crueles y violencias inauditas. El pueblo de Coro, consecuente con los principios proclamados en aquella memorable época, levántase con sublime heroísmo el veinte de febrero á vindicar su libertad, á conquistar su soberanía arrebatada por la infame traición y la bárbara dictadura; y se constituye en Estado Federal, honrándome con el nombramiento de General de División y Jefe de operaciones del Estado y de los demás del Occidente, para defender y sostener la Federación, mediante su aquiescencia.
Honrado con, tan noble misión, fiel á los principio»
370 DOCTOR L. VILLANÜEVA
republicanos, y dispuesto siempre al sacrificio de mi» bienes y de mi vida por la santa causa del pueblo, no vacilé un momento en obelceer su patriótico mandato: y puesto á la cabeza de libres y valerosos ciudadanos, los acaudillo, me lanzo al combate como en épocas anteriores me había lanzado á combatir contra el despotismo, y conducido por el Dios de la Victoria, venzo las fuerzas centralistas, según lo acredita el siguiente «iocumento.
Federación Venezolana. — Operaciones de Occidente. — Estado Mayor General.— Barinas mayo 10 de 1830. — Ano 1° de la Federación.
Al Ciudadano General Jefe de Operaciones de lo* Estado» de Occidente.
Ciudadano General.
En virtud de lo dispuesto por usted, en que me ordena una ligera reseña de las funciones de armas que el Ejército Federal de su mando ha tenido con las fuerzas centrales, tengo el honor, ciudadano General, de consignaros en este pliego la indicada reseíla.
El día 22 de marzo último á las 4 de la tarde, avistó nuestro ejército al enemigo & las márgenes del Yaraeuy, que orgulloso nos esperaba creyendo que nuestros soldados no pudiesen salvar el inconveniente de la profundidad de las aguas. Pero nuestras tropas, superando «1 inconveniente de U misma naturaleza, pasaron el río, bastando la carga de nuestra caballería, auxiliada por una guerrilla de infantería, para ponerlo en vergonzosa fuga, dejando en nuestro poder varias armas y algunos otros elementos de guerra, con pérdida de hombres, entre los cuales se asegura que murió el hijo del Jefe que los mandaba, y éste, para hacerse desconocido en la fuga, botó el uniforme, no sufriendo ninguna novedad los dos piquetes que atacaron
El Ejército Federal después de haber tenido algunas horas de descanso siguió marcha triunfante el 23 hacia El Palito, lugar de Puerto Cabello, donde se sabía que estaban otras fuerzas enemigas numerosas, en buenas posiciones y estudiado atrincheramiento, al mando de Avelino Pinto, y no obstante su gran número, ventajosos puntos de defensa, de encontrarse allí uno de los batallones del famoso Dictador, y principiar la acción al acto que llegamos, que sería como á las once de la noche,
VIDA DEL GENERAL ZAMORA 371
y en medio de bosques plagados de guerrillas, fueron «desalojados de sus atrincheramientos, muertos los que los •defendían y derrotado el resto de su ejército completamente, haciéndoseles prisioneros doscientos cincuenta soldadados, tomándoles mucho armamento, cajas de gnerra, banderas, heridos, y quedando cubierto el campo de muertos, entre los cuales había jetes y oficiales. Concluida la función de armas, revisado el campo, apoderado de los prisioneros y heridos y de los elementos de gnerra, siguió nuestro ejército vencedor el 24 á la ciudad de San Felipe, donde llegó el día 28, y encontrando en la misma ciudad otras fuerzas centralistas entró á atacarlas; ápo- 43is horas de combate fueron derrotadas en sus fortificaciones, y el Jefe, con el resto de fuerza que le que daba, siguió en huida ala sabana, donde se le hizopri lionero con parte de la oficialidad.
Al amanecer del siguiente día, siguió el vencedor Ejército Federal en marcha para la ciudad de Barqnisimeto, y al entrar á aquella plaza, súpose qne en el camino venían otras fuerzas centrales de Occidente y se salió eo busca de ellas, no habiendo sido posible que viniesen al encuentro hasta que eu la ciudad de Araure se presentó el enemigo con fuerza respetable de infantería y caballería, y á las dos horas y media de combate ftie derrotado, huyendo su Jefe Herrera hacia los cerros para salvarse y la caballería salió oculta á meiced ■de los matorrales de la sabana. Victorioso nuestro Ejército Federal, fué á batir á los dos días las fuerzas centrales que ocupaban la ciudad de Guanare, al mando del Coronel Muguerza, y excusado el combate por su Jefe, que la abandonó y siguió la vía de Trujillo, continuó la m a relia hacia la ciudad de Barinas, y cuando, con #ran pérdida de oficiales y soldados, estaban al rendirse en sus fortifica ciones, fue necesario para la pronta reunión del Ejército Federal de Barinas, ir á incorporarlo prontamente en la sabana de Juana María. Reunidos ya los dos ejércitos federales en esa llanura, se avistó el •ejército central al mando del General José Laurencio Silva, -en el llano de San Lorenzo, y como á las cuatro y media de la tarde principió la función de armas que duró hasta la mañana, en que se retiró el enemigo con pérdida de su fuerza, dejando heridos y elementos de guerra y muchas bestias en el cainpo. En la persecución que se le hizo hasta el pueblo de La Luz se le cogieron algunos prisioneros, entre ellos dos oficiales y muchas bestias y -equipo. Seguidamente continuó el vencedor Ejército Federal unido á la ciudad de Guanare, y las fuerzas centrales que la ocupaban, habiendo tenido n nichos muertos jr heridos, fueron desalojadas de cuatro cuarteles y se 4*>ntramarchó hacia esta ciudad de Barinas, donde hemos
372 DOCTOR L. VILLA NUEVA
encontrado la población sin fuerzas; y apenas supo la guarnición central de Barinitas, que un piquete de caballería nuestra le había hecho al que había dejado dedestacamento varios muertos y heridos, cuando envía parlamentarios para su rendición.
Benito Urdaneta.
Conciudadanos : Ansioso de dar cuenta de mis operaciones y del valor de mis compañeros de armas, me cabe la satisfación de haber llenado con honor mis deberes, combatiendo la dictadura que ostentaba su traición á la revolución del 5 de Marzo; y me complazco de que, vencida en las gloriosas jornadas que quedan referidas, se acerca el deseado momento de fundar el Gobierno Federal que da al pueblo la dirección y manejo de sus propios intereses, sin sujeción á ningún otro poder, y asegura un porvenir de gloria y bienandanza á todos los venezolanos. Un esfuerzo más y nuestras esperanzas quedarán satisfechas.
Compañeros de armas : Habéis probado con vuestra abnegación y sublime heroísmo que solo el pueblo quiere su bien y es dueño de su suerte, y que de hoy más "Venezuela no seiá patrimonio de ninguna familia ni persona" Riendo la irayor lecompensa de las victorias alcanzadas contra el Centralismo, el establecimiento del Gobierno Federal que da todos los bienes que emanan de su magnífica institución, aunque la patria siempre llena de munificencia premia á sus buenos y leales servidores. Así, hagamos el postrer esfuerzo que pueda necesitar de nosotros para dejar cumplida la gran misión que nos ha confiado, y veréis abierta la nueva era de la Federación Colombiana ; que fueron los últimos votos de nuestro Libertador, el Gran Bolívar.
Viva la Federación!
Dada en el Cuartel General en Barinas á 19 de mayo de 1850 y 1? de la Federación.
E. Zamora.
VIDA DEL GENERAL ZAMOR \ ítT.'J
Dos días pasados, dirigió á los harinosos y apúrenos la proclama que á continuación copiamos :
GENERAL DE DIVISIÓN Y JEFE DE OPERACIONES
DEL EJÉRCITO FEDERAL DE LOS ESTADOS
DE CORO Y DEL OCCIDENTE.
A los Bar Ineses y Apúrenos !
Barineses: En la memorable acta» de Independe mi a -<lel año de mil ochocientos once, vuestra provincia tuvo la gloria de ser una de las siete unidas de Venezuela, -que por medio de sus representantes juró ser independiente y constituirse en Estado Federal. Cruentos y estériles sacrificios habéis hecho para plantearlo, pero ya estáis en la época de la Federación; y sobre las ruinas de la dictadura que el cinco de Marzo del año próximo pasado, os impuso Julián Castro con la envejecida oligarquía, levantaréis el Gobierno Federal que asegura para siempre 1» Libertad, la Igualdad y la Fraternidad, dogma de la República germina, que proclamaron los patriarcas de vuestra Independencia.
Barineses: Habéis visto el ejército que mindó el Dictador para ensangrentar vuestro suelo, destruir vuestras propiedades y vestir de luto vuestras familias, huir en el campo de San Lorenzo; y así como en la guerra de la Independencia, el Estado de Barinas comprendido entre los límites que demarca el Cojedes y el A rauca, fue el sepulcro de un poder de más cite tres siglos, así será su territorio federal la honda fosa de los esbirros de la Dictadura, «i pronto no repasan el Cojedes.
Apúrenos: Vosotros y los barineses, hijos de unos mismos padres y mártires de una misma causa, tenéis en vuestras ricas y extensas llanuras que limita el horizonte, la Mata de la Miel y el Campo de Camben), en que mordieron el polvo el godo Morillo y el autócrata Páez ; el polvo morderán también los esbirros de la Dictadura al llevarlos su insensatez á combatir vuestra Federación.
Apúrenos: Si un puñado de vosotros en la memorable jornada de Los Araguatos, venció al autócrata Páez, de hoy más podéis decir con haberos armados todos, en defensa de la Federación, que no vivís bajo el impro visado poder del Dictador y que estáis federados.
Barineses y Apúrenos: La Patriaos tributa el más sentido reconocimiento por el denuedo, actividad y abnegación patriótica con que habéis volado al combate para
374 DOCTOR L. VILLANUEVA
rescatarla de la dictadura y elevarla al rango y dignidad de Nación de primer orden, que por la estabilidad prosperidad y adelantada civilización, le prepara la Federación Colombiana, consecuencia natural y resultado precioso de nuestros esfuerzos y sacrificios.
Dada en el Cuartel General, & 21 de mayo de 1859 y 1? de la Federación.
Ezequiei* Zaxora. opinan d*i Ge- H. En los mismos días que el General Zamora
Béral Soublette *
^ardiazámo^iI oc u Pa 'ia ^ fibrinas y publicaba estas alocuciones, escribía el General Soublette un dictamen luminoso al Gobierno, sobre el modo de combatir al caudillo liberal que había conmovido el Occidente en menos de dos meses de campaña, y que amenazaba conquistar, no solo las Provincias de Barinasf Apure y Portuguesa, como si pensara crearse oi> vasto teatro de operaciones en los Llanos del Sur, sino también las de Barquisimeto, Yaracuy y Cojedes.
El General Soublette, además de apreciar cor* exactitud, como era propio de su clara inteligencia, los hechos militaras de la campana de Zamora, previo hasta dónde podía llevar este caudillo sus armas victoriosas, si la fortuna le respondía satisfactoriamente á sus invocaciones, repetidas y audaces.
Cuando el Gobierno creía, ó fiogía creer, queel General Zamora corría fugitivo A las selvas de Turen, ó al fondo de las estepas de Occidente, este boliviano guerrero tenía por cierto todo lo contrario; pues ove sus toques de clarín sobre Barihas- y Guanare; siente sus> pisadas en Ospino, Arawe y El Baúl: es decir; sobre una línea de operacionesque podía llevarlo hasta el Guárico, y 1» temible* Sierra de Carabobo; y más que todo, lo *e venir triunfador sobre Barquisimeto y San Carlos*
VIDA DEL GENERAL ZAMORA. 37¿
Y nos decidimos á reproducir en estas páginas tal dictamen, contenido en su oficio de 14. de mayo,, en los mismos días en que Zamora atacaba á Guanaro y sentaba sus reales en Barinas, porque sus previsiones se vieron á poco cumplidas, como resultado lógico de las operaciones que veía ejecutar á los ejércitos, y de las aptitudes militares que atribuía, con razón, á Zamora, cuando reconoce que tiene en jaque al General Silva en Harinas, y que le corta las comunicaciones; y cuando lo ve que sorprende y embiste las poblaciones de Portuguesa, dejando lejos su enemigo y obligándolo á operaciones desastrosas.
El General Soublette fue uno de los pocos militares que comprendieron á Zamora de un golpe de vista; y advirtieron de cuánto podía ser capaz en el desarrollo de aquella guerra ; pues antevio que el éxito favorable de ¡a campana no dependía, para el Gobierno, de reforzar más ó menos una plaza, ni para Zamora, de tomarla ó no; sino de accidentes felices ó desgraciados en la ejecución de los movimientos y las operaciones. Y así mismo sucedió ; pues al cabo pudo verse que los ataques de Zamora á las ciudades produjeron, no la toma de ellas, pero sí la destrucción del ejército enemigo : su desconcierto por las sorpresas de golpes escandalosos á distancia; su aniquilamiento por marchas y contramarchas estériles; su anarquía por la sutil inoculación en sus filas del espíritu revolucionario; y su retirada, en suma, primero de Barinas y después de Guanare, dejando á Zamora en posesión absoluta de las dos Provincias disputadas, sin que los dos ejércitos se hubieran nunca empeñado en combates decisivos. Tal era la suerte de la cam-
376 DOCTOR L. VILL AHUEVA
paña de que el General Soublette hablaba, sin ser oído por su Gobierno, en el documento cuya lectura recomendamos á los que quieran apuñar bien la razón filosófica de los hechos, y la inspiración feliz de los movimientos estratégicos de nuestro insigne Capitán.
República de Venezuela. — Dirección de la Guerra de Occidente.— Cuartel General en San Carlos, á 14 de mayo de 1859.
Señor Secretaria de Estado en ¡os Despachos de Gmrra ¡/ Marina.
He recibido el ofteio de usted de 6 de los corrientes, en que me anuncia la remesa de mil vestuarios completos, y que se me hará otra más adelante, cuando las circunstancias lo permitan.
Hoy prevengo al Comandante de Armas de Carabobo, que los detenga en Valencia, porque no puedo remitirlos á Harinas, ni creo prudente traerlos aquí.
Es necesario que el Gobierno prepare un depósito de vestuarios para vestir la tuerza del ejército del General Silva.
Hasta ahora nuestras medidas han tenido un carácter de provisorias que les daba la persuaden de que la guerra era momentánea, y que retirándose los cuerpos, no había necesidad de vestirlos y pagarlos, ni acuartelarlos, etc., etc. Pero las operaciones de Barinas nos han revelado una profunda y terrible verdad : que la guerra es duradera, y que el Gobierno e>tá en la necesidad de proveer á sus operaciones y movimientos, con todos los elementos necesarios para que triunfen las armas del Gobierno. Yo creo que el modo con que se ha obrado anteriormente, entrando á la Portuguesa diferentes Jefes, con tropas de distintas Provincias, sin unión ni concierto en las operaciones, cada Jefe haciendo lo que podía, algunos obrando mal y perniciosamente, según oigo, y todos contentándose con disipar la facción y dando por concluido todo, por el interés de volver cada uno á su Provincia, y las facciones quedaron en pie como si no las hubiesen tocado, y las Provincias de la Portuguesa y Barinas en masa, hacen hoy causa común con Zamora y su facción, que dueño de todo el territorio, tiene en jaque al General Silva en Barinas, le corta sus comunicaciones, y nos invade y ataca en Guanare, en Ospino, en A mure, en El Baúl, y á la menor ventaja que adquiera, lo tendremos sobre Barquisimcto y San Carlos.
VIDA DEL GENERAL ZAMORA 377
Nunca ha estado el Gobierno más débil en Occidente que lo está hoy no obstante el Ejército del General Silva, que encerrado en Barinas, nada ha podido hacer. Yo no puedo menos que reiterar al Gobierno esta reflexión en todas mis notas para ver si llego á trasmitirle mi convicción de que si no viene inmediatamente á Occidente un cuerpo de 2.000 hombres de infantería y caballería, nada se podrá hacer y se expone además la suerte del ejército que manda el General Silva, á un desastre ó á su disolución. La única ventaja que podemos sacar hoy de la permanencia del General Silva en Barinas es la de que ocupe la atención de Zamora, y nos dé lugar para acumular fuerzas en estas provincias, para marchar á Barinas, librar al General Silva del conflicto en que esté y con una fuerza formidable destruir la facción de Zamora, y destruir y castigar todas las facciones de Barinas y la Portuguesa.
Juzgo de las cosas de este modo, por los hechos, pues hoy se cumplen veinte días de incomunicación con el Ejército.
Guanare pide refuerzo; quiero dárselo, y si viniera la columna de Coro que está detenida en Valencia de orden de U. S. y si el Pao y Barqnisimeto cumplieren mis órdenes, reforzaré á Guanare, pero nada más, y quedaremos siempre aguardando un accidente feliz ó desgraciado, sin poder influir ni por nuestra dirección ni por nuestras providencias.
Entretanto yo, viejo, arruinado, débil y destituido hasta de una bestia para montar, quedo lanzado en este abismo, entregado como fiel cristiano á la volunntad de Dios.
Soy de usted atento s. s.
Cario* Soubtette.
III. La Asamblea Federal del Estado se reunió fn° £^5*"' l en setiembre, como lo había dispuesto Zamoka, y dictó la Constitución del Estado, y muchas leyes en consonancia con el sistema que se venía proclamando en los campos de batalla. Fue una de las más notables, la del impuesto de un tanto por ciento sobre la riqueza, como contribución única para subvenir á los gastos de la Administración pública. Se organizó el Poder Ejecutivo según un decreto de la Asamblea,
378 DOCTOR L. VILLANUEVA
para que funcionara mientras la Constitución recibía la sanción popular. Por un decreto especial se declararon vigentes todas las garantías de los venezolanos estatuidas en la Constitución de 1857, y por otro se mandó organizar las milicias, y se las llamó al servicio.
Para noviembre se había encargado del Poder Ejecutivo el General Carlos J. C. Fuentes, quien nombró de Secretario General al ciudadano Bernardo Ferrer, funcionando de Jefe Civil del Cantón Barinas, Antonio J. Fontainés, y de Secretario suyo, Casimiro Vielma.
Una ley de orden público concedió al Poder Ejecutivo, por tres meses, las facultades siguientes:
Ia Llamar al servicio de las armas á todos los ciudadanos que pudieran llevarlas.
2" Imponer un empréstito forzoso á los ciudadanos del Estado, aunque estuvieran ausentes, hasta por la suma de quince mil pesos, confiando á su prudencia la justa equidad que debía guardarse.
3* Mandar en persona la fuerza armada cuando lo creyera conveniente.
4H Hacer la guerra á los enemigos armados contra la Federación, por cuantos medios creyera oportunos combatiéndolos hasta fuera del territorio del Estado, si fuere posible.
o'! Auxiliar á los Estados vecinos, si lo permitían las circunstancias, con fuerzas de éste.
0H Organizar la milicia de ambas armas, nombrando al efecto los Jefes y oficiales de los cuerpos.
7* Prohibir á los ciudadanos la enajenación á extranjeros de los bienes de cualquiera clase que poseyeran.
8a Tomar de quienes los tuvieran, toda clase de elementos de guerra, presuponiendo siempre la indemnización.
9a Prohibir la libertad de transitar con pasaporte ó sin él.
VIDA DEL GENERAL ZAMORA 379
10a Permitir, por causas de interés público, la extradición de los individuos que se asilaran en el Estado.
11a Dictar, en fin, todas aquellas medidas de seguridad que demandaran las circunstancias.
IV. Formó Zamora de la Provincia de Portugue- EtudodePoi*. sa otro Estado Federal bajo las mismas bases que el
de Barinas; y como en cierta ocasión nombrara el General Aranguren, Jefe Militar del Norte, algunos empleados civiles, le ordenó que revocase los nombramientos, porque tal atribución no correspondía sino á los Concejos Municipales.
Alzada la Provincia de Apure, excepto San Fernando, con los Segovias y otros Jefes, la organizó también en Estado y la dotó de reglas gubernativas para su Administración.
Y como un aspirante á la Presidencia del nuevo Estado de Portuguesa solicitara su favor para conseguir este puesto, contestó Zamora que él no estaba haciendo guerras para imponer gobernantes á los pueblos, sino al revés, para que los pueblos se gobernaran por sí, pues era de este modo como él entendía el liberalismo y la Federación. Convocado en seguida elpueblo para hacer el nombramiento, resultó electo el Coronel Antonio María Palacios, el cual se encargó inmediatamente de la Presidencia, y entró a prestar servicios de importancia.
V. Durante su mando en estas Secciones, que carictw <u z»~
7 A mora.
duró más de seis meses, organizó tropas, las disciplinó, vistió y equipó. Se proveyó de caballos y municiones de . guerra ; de lanzas que hacía fabricar allí mismo, y de cuanto era menester para ponerse en pie de pelea.
Era un fanático, y como tal, probo y desin-
380 DOCTOR L. VILLANUEVA
teresado. Propúsose consustanciarse con el pueblo en sus costumbres, maneras y modo de hablar: por eso decía, los goo, los coloraos, y soltaba á cada paso expresiones vulgares que la tropa oía con gusto. Comía con los soldados y los quería, los amaba y era amado de ellos.
En los combates planeaba á algún oficial flojo, pero jamás á un soldado. Supo infundir á todos la convicción de su pericia, de su competencia y de su privilegio de invencible.
Su educación era toda militar. Nada le distraía de su deber de Jefe del Ejército. Su ideal era la gloria de los combates: y su ocupación perenne mandar soldados, equiparlos, cuidarlos, combatir y vencer.
Había leído algo de historia antigua, y también de la moderna, en especial, lo referente á las guerras.
Un día se presentó una mujer llorando, porque un soldado le había robado unas prendas.
Las prendas no valían mayor cosa. Zamora llamó al soldado ; y delante de él le hizo pagar á la mujer lo que ella decía que valían, que no pasaba de 2 á 3 pesos.
Despidió á la mujer, y después que esta se hubo ido, le dice al soldado, delante de sus edecanes, del Secretario, Licenciado Iriarte, y otras personas :
" ¡ Cómo se ha atrevido usted á robar á esta infeliz t ¿ Qué va usted á remediarse con esas miserables prendas 1 ¿ No sabe usted que la gente del pueblo es sagrada? Le haré dar á usted unos palos para castigarlo.
VIDA DEL GENERAL ZAHORA 381
— Lo que debe cogerse son los ganados, bestias, y tiendas de los godos ; porque con esas propiedades es con lo que ellos se imponen, y oprimen al pueblo.
— A los godos se debe dejar en camisa, pero la gente del pueblo igual, á usted, se respeta y se protege"
Y siguió discurriendo sobre estas ideas enteramente revolucionarias, todo con el propósito de infundirá la tropa amor al pueblo y odio á los ricos, aunque fueran liberales ; pues decía que las mismas haciendas de los Pulidos, aunque estos eran liberales, debían destruirse, porque si no los godos las tomarían para hacer daño á los liberales.
luso sí, decía, no se debe cojer sino lo indispensable para la tropa, para comer, vestirse y pelear.
En política no le dominaba sino el pensamiento de atraer á todos los liberales, tanto á los vencidos como á los vencedores de la revolución de Mario: dominado por la idea grandiosa y magnánima de reconstituir el Partido Liberal, á ejemplo de lo que hizo el General Monagas en 1847.
Para Zamora el Partido Liberal era una familia : cada liberal un hermano suyo: y donde quiera que alcanzaba á ver alguno de ellos, aun en el centro de las filaa enemigas, lo llamaba, le recordaba su ¡inage político, y le brindaba pu&to en la revolución.
Al General Silva lo hizo victorear por sus soldados en San Lorenzo ; y á Brito lo colmaba de elogios.
Se la pasaba siempre hablando al pueblo y á }a tropa; y decía, entre otras cosas dignas de mención, que los militares no debían morir en camas, sino en el campo de batalla ; ni molestar á sus fa-
382 DOCTOR L. VILLANUEVA
milias con sus padecimientos. Contaba que el Coronel Guerrero, muerto en la acción del Palito, había caído al suelo ensangrentado y sonreído.
Su séquito eran veinte ó veinticinco personas entre edecanes, ayudantes de Estado Mayor y escribientes. Su orden de marcha era siempre esta: ensillen: y era forzoso dejarlo todo de la mano, ropa, hamaca y comida, \ porque el que se quedaba atrás se hacía merecedor de su cólera.
CAPITULO XIV
I. Aunque los preceptos del arte para el desem- ,íorimt"y'«S
— I i'rr *ii • a •! Centro.
peno de una biografía, no permiten al escritor apartarse muy lejos del hilo de su narración sobre la vida y sucesos del personaje que está historiando, nos es menester en la presente ocasión hacer alto por breves instantes, para dar algunas noticias del Gobierno ; del General Falcón, que preparaba en Curazao su invasión por la costa del centro ; y de los principales n.ovimieiitos políticos y militares del resto de las Provincias, en lo que esté íntimamente enlazado con la campana que hacía nuestro héroe, en los nuevos Estados Federales de Harinas y Portuguesa.
Tenemos por tanto forzosamente que decir algo, aunque muy á la Hjera, de los acontecimientos que ocasionaron la incomunicación del Gobierno con la ' Provincia de la Portuguesa, y por qué se dejó en desamparo el ejército de Andrade desde el principio de julio. Nunca pasaron en el país otros tan extraordinarios, ni que influyeran tan hondamente en la común suerte de los venezolanos.
A los levantamientos de Occidente contestaron los liberales^de Oriente, poniéndose en armas en
384 DOCTOR L. VILLANUEVA
las Provincias de Barcelona y Cumana, á las órdenes del Ilustre Procer General .Juan Antonio Sotillo. Alzóse el prestigioso General Leiceaga en la Sierra de Carabobo ; y tomaron mayor incremento las antiguas facciones de Medrano, Agachado, Rodríguez, y otros en la Provincia del Guárico.
Los movimientos de Zamora, brillantes y felices, sus victorias y aun sus reveses, sus proclamas de guerra, que volaban por las poblaciones como olas de llamas, producían la explosión revolucionaria por los nuevos principios políticos en las Provincias del Centro v del Oriente.
Desde junio la crisis política era violentísima en toda la Repúb.ica.
El Presidente Castro, aunque valeroso y resuelto, no era por cierto un político capaz para manejar con tino las riendas del Estado. Disgustóse con el partido conservador que lo había traído al poder, á tiempo que combatía la revolución federal; viniendo á quedar en la precaria situación de no tener por apoyo, sino un estrecho círculo impotente para conquistar la paz y devolver su aplomo á la Nación.
De aquí surgió como era natural, una revolución de cuartel que dio en tierra con el Presidente y su Ministerio de Junio, formado por el Geueral Silva, Aranda, Reudón y Echeandía ; todos liberales prominentes, pero sin autoridad ni poder para traer la revolución k la casa de Gobierno, ni para veucerla por la fuerza.
A este tiempo desembarca el General Falcón en las playas de Morón con un gran parque; y á los acentos de su alocución fechada á 24 de julio
VIDA DEL GENERAL ZAMORA 385
en Palma Sola, se alza el General Pedro Vicente .Aguado en Maiquetía y La Guaira, y viene á pelear á Caracas el 2 de agosto, contra las tropas de línea que se hahian pronunciado por el partido conservador.
En El Tuy crmrbola la bandera de la Federación el General Pedro Tomás Lander, acomjMfiado de Pedro Conde, Luis R. Cáspers, Tomás P^ Castillo, Pinero, Bello y muchos más, en un movimiento concertado con los Generales Manuel Lander;, Miguel Acevedo, Juan Bautista Arismendi, José Rafael Pacheco, Silverio Galarraga y otros que sublevan á Petare, Guarenas, Guatire, Caucagua y demás; pueblos orienta' es de la Provincia de Caracas.
Los Valles de Aragua se constituyen en Estado Federal con un Gobierno Provisional, compuesto délos ciudadanos Felipe de Bigott, R. Aguirrey Aureliano Altbnzo ; el cual monta un ejército al mando del General Antonio Valero y de los Coroneles Francisco Linares Alcántara, Jimeno, José María García Fuentes, Ramón de la Plaza y muchos otros que después fueron notables Jefes de la Federación.
Caracas estaba rodeado de facciones.
Las avanzadas de Aguado venían hasta Sancliorquf, y allí se tiroteaban con las del Designado* Doctor Pedro Gual.
Los liberales del Tuy llegan hasta Piedra Azul, en número de cerca de cuatro mil; pero en su mayor parte desarmados.
Manuel Lander se bate en El Rodeo y La Esperanza. Y en Charallave, en las montan uelas del
. i
386 DOCTOR L. V1LLANUEVA
Picacho de día, y en Santa Lucía se pelea brazo á brazo entre liberales y conservndores ; lo mismo <]uó en Guarenas, Guatire, Caucagua, Higuerote; y en Los Teques, en San Pedro, en Piedra Azul, en Carayaca y en el camino de Caracas á La Victoria.
Kn setiembre se dan las batallas sangrientísimas de Maiquetía, La Guaira, La Victoria y Maracay, en que figuraron defendiendo la Federación, los Coroneles Lucio de Alba y Delfín Armas; el General Manuel Felipe Fuen mayor, el Comandante Simón Aguado y Grana, Secretario del General en Jefe del Ejército, de La Guaira ; los Generales .José Granado, los Oficiales José Miguel Torres v :los que constan en el cuadro de Jefes v Ofi-
1 ar
xciales del General Aguado, que publicamos en e\ Apéndice
De Valencia á La Guaira no se veía un palmo de tierra sin mancha de sangre.
Más de dos mil muertos quedaron tendidos en tan vasto teatro de guerra; y de tres á cuatro mil federales fueron á poblar las cárceles, pontones y castillos. A otros se condenó á la expatriación, y algunos, como el Oficial Fueiimayor, pagaron sus opiniones políticas en el cadalso.
Leieeaga, á quien servía de Jefe de Estado Mayor el General Maxi miaño Pérez, Vocal del Comité Revolucionario de Valencia, levanta la Sierra de (V rabobo; y llega con sus huestes basta las calles de Valencia, y obliga' á las autoridades á circunvalar la ciudad de barricadas, y á considerarla, por orden general de <S de agosto, como plaza fuerte, no sólo en su recinto, sino basta una legua en conturno,
VIDA DEL GENERAL ZAMORA 387
rigiendo por consecuencia en ella, las ordenanzas militares Un pequeño vapor que navegaba en el lago, fue armado en guerra para facilitar las operaciones militares entre Valencia, Maracay, Villa -de dirá, Magdaleno y Güigüe.
El General Lorenzo Benítez se puso á la cabeza «del levantamiento de Oc timare de la Costa.
Con todos estos sucesos llegó á ser tan conflictiva la situación de aquella Provincia, que su partido centralista se determinó A convocar los ciudadanos para que la Sección reasumiera su soberanía : medida que hubiera sido de gran trascendencia para la paz, si el General Cordero no la hubiera desaprobado c!esde Puerto Cabello, en una carta al General liamos, en la cual excitaba al partido, á mantenerse firme contra la revolución. Empero, ésta había alcanzado en Carabobo el recio temple que «us virtuosos ciudadanos han sabido dar siempre á la? grandes causas públicas.
Los liberales de Cojedes, con una División de más de ochocientos hombres, , al mando del Doctor y General Eloy Guillermo Montenegro, abogado y propietario de San Carlos, conmueve la Provincia, y aunque derrotado en Orupe el 12 de agosto, va a engrosar con sus restos la Brigada del General Navarro, y á prestar muy buenos servicios en Occidente á las órdenes del General Zamora.
II. Volvamos ahora la mirada a Harinas, para dar zamorafu.ua a
. , . Espinosa.
cuenta de un suceso que debe conocerse, porque importa á la moralidad y disciplina que ya Zamora venía imponiendo al ejército.^
En Tucupido supo Zamora que Espinoza había intentado asesinar al Cura Anzola de Santa Inés;
¿88 DOCTOR L. VILLANUEVA
porque no quería casarlo con una moza del lugar;
pues, según fama, una de las locuras de este hombre era casarse en cada pueblo con la mujer que mas le-
gustaba: y que igualmente había querido dar muerte
al Jefe Civil de aquel lugar, porque no se prestaba á
ejecutar las atrocidades que le ordenara.
Irritado al fin Zamora, con los excesos de este hombre empecinado, insensible á sus consejosy amonestaciones ; y resuelto por otra parte á no consentir que el ejército se contaminara de inclinaciones al mal, determinó fusilarlo; para que todos; . vieran que no toleraba en sus subordinados la perpetración de cr'menes comunes, ni menos el militar de la desobediencia, deserción é insubordinación, va tres veces cometido por Espinoza. De estos era el último haberse resistido á incorporársele con sustropas para las operaciones sobre Guarniré; alegando, desde Santa Inés, que no iba porque estaba herido -en un pie. Cierto era lo de la herida, que se infirió cogiendo una res; pero también lo era que se valía de ella, como pretexto para no concurrir al llamamiento; con la circunstancia agravante de haber contestado á Amadeo Salcedo, Comandante que le llevó* la orden citada, que Zamora mandaría en Harinas y Guanare, pero que en aquellos montes mandaba él. Bien era sabido que, después de muerto el adivino,, único freno que le sujetaba, empezó á aconsejar á la fuerza de su mando que se desertara, como de allí á poco se vio suceder; pues no se allanaba á prescindir del sistema de desmanes con que caracterizó su carrera militar, antes de subordinarse á Zamora.
A este fin partió Zamora de Tucupido con sus 23 acompañantes ordinarios, su guardia de 150 ¡n-
VIDA DEL GENERAL ZAMORA .'Wí)
fantes, al mando de Mencía, y un escuadrón de -caballería.
Llegó á Santa Inés y entró de repente en la casa en que estaba alojado Espinoz», que había sido antes de pulpería.
Espinoza le recibió sentado, por su herida: y Zamora se le acercó para decirle cuánto sentía que sus indios no fueran á gozar del botín que se iba á cojer en Guarniré, pues él había dispuesto •que todas las tiendas y pulperías, al tomar la plaza, se repartieran entre la tropa : y poco á poco fue avivando en Espinoza su ingénita pasión por -el robo, ha^ta que al fin vino éste á consentir que su fuerza de infantería, no menor de trescientos hombres, se pusiera en marcha hacia Barí ñas, quedando él fiólo con su guardia de caballería.
Incontinenti puso Zamora esta tropa bajo la mano de si s edecanes NííTíez y González, con orden severísima de no pararse hasta Barinas, y de allí proseguir á Tucupido á incorporarse á la División del General Trías.
Y como Espinoza, siempre receloso, le preguntara á Zamora cómo podría defenderse, si lo .atacaban los enemigos, contestóle éste diciendo que, en tal caso, pidiera auxilios A Pedro Manuel Rojas, que andaba por Nutrias, ó á Linares, que se hallaba en Guanarito. Y sin perder tiempo, hizo rodear la casa con su gente de confianza, como guardia de honor /le Espinoza : mandó parte de su Escuadrón con el Jefe Civil, á buscar todas las bestias que Espinoza se había robado en los hatos, escondidas con .anticipación en la montaña, y que pasaban de añil ; y en seguida puso bajo el mando de su Ede-
390 DOCTOR L. VILLANUEVA
can Víctor Pulido, la guardia de caballería de Espinoza, con instrucción de que la hiciera entrar en el cuartel de Mencía ; como así lo hizo.
Esta guardia de caballería de Espinoza se componía de trece jinetes, que llamaban Las Trecfr Fieras, porque tenían nombres de animales feroces,. á saber: Tigre, Caimán, Mapanare, Perro, Gavilán, Toro, Lobo, Caribe, etc. El que llamaban Perro fue el único que se escapó, y se le presentó á Zamora con cuarenta hombres la víspera de la Batalla de Santa Inés.
Zamora reunió algunos de sus oficiales en consejo de guerra: ordenó á Iriarte que instruyera un sumario á Espinoza; y con u^as declaraciones que se tomaron sobre sus últimos homicidios, robos v desobediencias, se le condenó á muerte, y sin má? dilación, se le fusiló en la plaza.
Los Coroneles Juan Bautista García v Francisco Pulido sirvieron de Secretarios del Consejo: y un Oficial de la guardia de Zamora mandó la escolta.
Así terminó la vida de Espinoza.
Zamora demostró en este trance un arrojo incomparable, para lo cual debía contar, como en •efecto contó, con un corazón muy bien templado; pues de otra manera le habría sido imposible llevar á cabo un hecho como éste, reclamado é impuesto por la necesidad de conservar en aquellos desiertos, so pena de perecer, la unidad de mando, el orden de la disciplina y la dictadura militar que le era rigurosamente indispensable para responder á su partido y á su Jefe, del buen éxito de la campana.
VIDA DEL GENERAL ZAMORA 391
III. Hecho ¿s'o, el General Zamora, empleó su *$m* *• tiempo y aptitudes en preparar una expedición para invadir la Cordillera, y luego de concluido su equipo, marchó en junio con ella á La Bellaca, formidable posición que ocupaban los enemigos en el caminoque c induce á Mérida, y que consiste en una a'- tura á que no se puede subir sino por un camino esculpido en la roca casi en espiral, y circundada por la quebrada de su mismo nombre, que corre á su pie por entre riscos, á manera de un infranqueable foso natural.
Vamos h ceder con gusto la palabra en este punió, al entendido General Leopoldo Terrero, para que diga al lector lo que oyó referir al mismo General Zamora, sobre esta hazaña militar: (1)
En los primaros «lías ele agosto (le 1S5Í), y después de un penoso y dilatado viaje al través de la selva de Turen, nos incorporamos al General Kzkquikl Zamora, los señores Juan Bautista García (Juancho), José Xicomedes Ramírez y Leopoldo Terrero, que esto escribe. El Cuartel General estaba acampado en la ciudad de Harinas; y rendido el asunto de nuestra comisión por García, en la Orden General de la misma fecha que se proclamó al Ejército, se hizo reconocer á García y á Ramírez como Comandantes adjun'os al Estado Mayor General, y ¿i Terrero como Capitán y Edecán del General en Jefe.
Nunca olvidaré la impresión que hizo en mi ánimo, prevenido ya por las proezas de aquel caudillo, su «parición á mis ojos. Nos hallábamos en una gran «ala de dos ventanas, que servía de despacho á la Secretaría General : en un extremo, á la testera, había una gran mesa en donde siempre estaba escribiendo el Licenciado Francisco José Iriarte, Secretario General, á quien encontró semejanza con los clérigos-soldados, cuyo fanatismo caracterizó las primeras guerras del c.irlismo en España. Al rededor de dicha mesa estaba escribiendo el Ayudante Pulido, coriano, que á veces oficiaba de médico, y sentados mis dos compañeros, los Comandantes García y Kamírez. El General Zamora entró acompañado de varios y
1 Memoria inédita del General Leopoldo Terrero.
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«distinguidos oficiales : Jesús María Hernández, León Colina, el viejo Petit, H. Zavarse, Francisco Medina y otros, á quienes nos presentó como los comisionados que habíamos llevado las últimas, halagüeñas ó importantes noticias de Caracas. Se paró en medio de la sala, y todos los demás se situaron á respetuosa distancia.
— Estos señores, dijo al hacer nuestra presentación, han venido desde Caracas, corriendo grandes riesgos y sufriendo trabajos, para traerme importantes despachos del Doctor García, Don Napoleón Arteaga y otros distinguidlos liberales ; y además, el Comandante García conoce los trabajos del Comité de Saint Tilomas, en donde ha poco estuvo, y sabe los últimos movimientos que efectúa el General Falcón. Vienen, también, á compartir nuestras fatigas, y á convertirse en soldados de verdad.
Y luego, como para explicar estas últimas palabras, .presentándonos á los Coroneles Zavarse, Hernández y «Colina, anadió :
— Tomen ustedes por modelo á estos oficiales, que lo son para todo el ejército; y si en el primer combate •que tengamos, pelearen ustedes al lado de ellos, no dejen de repetirlo siempre con orgullo ; esto es, si por casualidad -salieren con vida del lance.
A las risas que acogieron sus últimas palabras, encarándose nuevamente á nosotros, y con gestos y movimientos que seguían las gradaciones de su narrativa, habló de esta manera :
Tomo yo, que escribo, la palabra para repetir lo que Zamora d'jo, desconfiando poder trasmitir fielmente su lenguaje pintoresco, sus frases demasiado llanas y el corte de su perorata, ya para- mí, después de tantas años, de difícil rememoración.
Desde la llegada del ejército á Barinitas, el espionaje aportaba noticias seguras de que el Ejército de la Cordillera, al mando del Coronel La Cueva, se había detenido en su marcha, avisad" ya tal vez, del movimiento de avance de las tropas federales. En Harinas la Vieja se -«upo que había salido de Las Piedras ; y en consecuencia debía creerse que buscaba posiciones de combate, pues <A trayecto era insostenible, inadecuado para acampar. Puesta en movimiento nuevamente la fuerza federal, la marcha se hizo con gran lentitud, pues los cangilones y riscos, qne han hecho de tan tétrica reputación los Callejones de Mérida, se prestaban á la aniquilación de las trolías, sin gran trabajo, con cualquiera estratagema.
Al fin llegóse al punto crítico: El Bachaquero. Es
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este sitio una casa, construida á la izquierda del camino, qne ordinariamente servía de posada á los viajeros, para aguardar en ella la bajada de las aguas, cuando la quebrada de La Bellaca se hacía invadeable, por las lluvias. A derecha é izquierda, en la extensión que la vista alcanza, se levantan ya los grandes estribos de la Cordillera andiiui, rematados por desnudos ventisqueros ó páramos inaccesibles, con sus flancos perpendiculares cortados á pico, y á veces como conos invertidos, rotos á trechos ]>or torrenticos que se lanzan en busca de lecho que apenas enenentran. En dicha casa estableció Zamora, bu Cuartel General, y tuvo en 611a noticias de que el enemigo estaba acampado del otro lado del río, en El Hoyo; y que el cerro de La Bellaca estaba atrincherado.
A la mañana siguiente, en persona y acom panado de algunos Ayudantes, Zamora exploró el terreno. A tiro de fusil estaba La Bellaca, v las dianas de ambos campamentos, mezclaron sus toques de alarma y desafío. El único camino por entre matorrales y sartenejas, llevaba á la quebrada que se halla (romo á trescientos metros distante de El Bachaquero. Llegado á su orilla, algún pensamiento desagradable debió nublar el rostro del Caudillo. Bajaba el torrente sus oscuras aguas cortando el camino, y era tal su rapidez que, difícilmente, y no sin grandes cuidados, podía una bestia fuerte atravesar sn angosto lecho; para un hombre á pie era imposible. Del otro lado el camino, subía en espiral, pendiente, y todo él cubierto de una gruesa capa de cantos rodados, que al pisarlos se deslizaban con el peso del cuerpo, y hacían el subir la cuesta fatigosa tarea, aun para los que por allí traficaban de contino, en tiempo de paz.
Todo lo estudió en rápida ojeada aquel gran táctico, y tomó meditabundo á su Cuartel General. Media hora después el bravo Colina, con cincuenta corianos escogidos, bien municionados v armados de fusil v eon níachotes y cordeles, salía como cuerpo de zapadores á flanquear La Bellaca, para buscar un punto de ataque que no fuese el camino real.
Zamora buscó dar pasto á su impaciencia ; revistó minuciosamente las tropas: y á la una, después de tomado el rancho, (lió órdenes de mantenerse en disposición de marcha. A las dos mandó una descubierta por el lado que había tomado Colina á trasmontar una altura y atender si se oía algún ruido (pie diera á conocer la situación del destacamento. La descubierta regresó sin ninguna noticia. La exasperación del Caudillo llegó á su colmo, y dando por perdido al valiente Colina, determinó regresar, y dio orden de marcha. En ese mo-
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mentó, cerca de las tres de la tarde, se oyeron distintamente tiros á retaguardia, del ejército enemigo. Al instante comprendió Zamora que Colina, voluntaria ó invo 1 unta ría mente había caído en medio de las tropas contrarias; y sin atender á más, púsose á la cabeza de su érente, gritándole: "Muchacli«s! el bravo Colina ataca la retaguardia, y está perdido si no dominamos La Be-Vaca. ¡ Vamos á tomarla !"
Hé aquí lo que había sucedido :
Separado Colina del Ba cuáquero, y dirigiéndose por el lado derecho de la serranía para descabezar el torrente, se vio obligado á dar un largo rodeo, pues los espaldones de la montaña eran inaccesibles. Al tin logró abrirse una senda, pero la marcha era tan lenta, que á cada paso era necesario izar un soldado por una roca escarpada, y que éste por medio de cordeles recibiese arriba el armamento y el pertrecho ; otras veces, divididos los cincuenta hombres en grupos de á diez en traban á explorar la sierra, y se avisaban por gritos, hasta volverse á encontrar á mayor altura. A las ocho horas de esta titánica tarea, llegaron al camino real, quedando el enemigo á sus espaldas, interpuesto entre Colina y Zamora. Regresar por el trayecto que habían traído era punto menos (pie imposible, por lo (pie Colina intentó buscar otro modo de ti uiquear al enemigo y emprendió su retorno por el camino real, para abandonarlo oportunamente; pero á una vuelta de la vía se encontró en la esplanada del Hoyo y enfrente de la única casa que allí había. Algunos hombres de la retaguardia de La Cueva, que en aquel lugar rondaban descuidados, pasado el primer asombro, soltaron unos tiros y corrieron á dar el alarma. Colina no halló por el momento otro recurso que atrincherarse dentro de la casa, (pie pocos momentos después empezó á recibir los fuegos cruzados de la mitad del ejército oligarca.
Entretanto volvamos á Zamora.
Iba, el insigne Capitán, á la cabeza de su ejército que marchaba al pasitrote por el camino cubierto que conducía á la quebrada ; y á su lado seguíale el Sargento Palacios, veterano, que era su corneta de órdenes.
— Dígame, Palacitos, prorrumpió el Jete, usted habrá oído (pie nadie sabe para qué nació. Pues usted nació pi»ra volatín. ¡ Xo se lo dijo su madre ?
— Qué cosas tiene mi General ! dijo el corneta sin comprender.
Pocos momentos después estaban á la orilla de La Bellaca, que precipitaba sus frías y espumosas aguas con siniestro
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ruido. Su anchura sería de cerca de tres metros, y al otro lado el pendiente sendero se ocultaba, siguiendo la espiral de la vía, con su piso resbaladizo de cantos rodados. Zamora hizo colocar una bestia caballar al través de la corriente, sujeta de un lado por el dogal y del otro de la cola, para que sirviese de apoyo ó pasamanos á los infantes, y pudiesen mantenerse, al perder pie con la fuerza de la corriente. Explicado por él cómo debía hacerse el paso, desenvainó el sable, y dando un formidable planazo al corneta Palacitos, le gritó :
— Al otro lado, volatín !
Y volviéndose á Zavarse :
— Coronel, exclamó ; tome la trinchera de la vuelta, que detrás de usted va el ejército á coronar la altura.
Lo que pasó fué obra de minutos que valían siglos.
Zavarse con la espada en la boca, se apoyó con la mano izquierda en el lomo de la bestia, y con la derecha ayudado de un soldado, pasó al otro lado. Y así siguió toda la tropa de dos en dos, tambaleando sobre el movedizo suelo, y entrando inmediatamente bajo la bóveda de fuego que vomitaba la trinchera. Media hora después se dominaba aquel bastión natural, se coronaba la altura al son angustioso de la corneta que tocaba fagina y fuego y adelante ; el enemigo huía, y estaba ganada la brillante acción de La Bellaca !
ftetiróse el Coronel Hipólito de La Cueva en completa derrota y no paró hasta la ciudad de M crida, dejando en poder del General Zamoiía parte de su parque, prisioneros y su crédito militar. Al descender al Hoyo, los vencedores tuvieron que hacerse reconocer para que Colina cesara su resistencia. La casa aparecía agujereada como una criba, y de ella, desconocidos, negros de pólvora y manchados de sangre, salieron Colina y diez soldados por todo el resto muertos ó heridos estaban
tendidos dentro de la habitación.
Aquí terminó Zamora su dramática narración, mostrándonos con un gesto digno á Zavarse y Colina, que se inclinaron modestos y fieros cual dos paladines de la antigüedad. >>
IV. Después de esta acción organizó Zamora dos eXp2Sín«a,daí columnas, para mandar una con el Comandante Pa- la Cordxllera* blo Chirinos, hacia Trujillo: y otra con el General Petit y el Coronel José Ignacio Pulido, hacia Mérida, por Los Callejones.
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Esta ocupó las Piedras sin estorbo el 20 de junio; y las fuerzas del Gobierno, al mando del Jefe de Operaciones de la Provincia, Doctor Eloy Paréeles, se retiraron á la capital á buscar auxilios, con <jue resistir el choque de los federales; y rehechos en el tránsito y puestos á las órdenes del Comandante Martín Bravo, concertaron el plan de dejar •entrar á Petit á Mucuchíes, y atacarlo vigorosamente dentro del poblado.
Dividieron al efecto sus tropas en dos grupos: «uno regido por Bravo, y otro pur Espinoza, y simultáneamente rompieron los fuegos sobre la plaza. La pelea fue recia, porque los serranos querían vengarse de Ja derrota de La .Be laca, y los expedicionarios que eran 235, tenían por ley militar no presentarse sino vencedores delante de Zamora.
En cumplimiento de esta determinación *>e dispusieron á resistir en sus cuarteles, con la firme resolución de morir antes que abandonar sus posiciones. Todos se batieron con heroicidad. Petit murió; v Pulido, atrincherado en una casa, se mantuvo tcdo el día con la gallarda valentía de quien llevaba ■en las venas sangre ilustre de la gloriosa estirpe Colombiana.
Quemáronle al fin la casa, y puesta fuera de combate toda su columna, vióse obligado, al cabo de una brega á muerte, á quedar prisionero con todos sus heridos.
La columna de Chirinos coronó á Calderas, y ios del Gobierno, al divisarlos desde Niquitao y Las Mesitas, se retiraron por un páramo donde algunos perecieron de frío, y otros se desertaron. El Gobernador al saber este desastre se puso en
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armas, rehízo sus tropas en San Lázaro y El Burrero, nombró á Pedro Bracho por Jefe militar y marchó sobre Boconó, donde estaban ya lat tropasinvasoras. El 29 de junio á las once de la mañana salió de Trujillo por Burusay, una columna al mando del Comandante Nicolás González; á las. tres del mismo día otra de 300 con Bracho, por El Páramo, y el Comandante B^ptista se dirigió por Las Mcsitas con otros: todos en combinación sobre el campamento de los federales.
El último de junio durmió Bracho en Los Naranjos : y el primero, á la hora que amaneció, diosus órdenes de ataque contra Chirinos que los esperaba en el puente. Apenas se pusieron á tiro de fusil, se trabó la refriega con furor. El Comandante Tomás Antonio Pulgar mandaba la mosca ; el Jefe de Operaciones, Comandante Perfecto Jiménez, la vanguardia; el Comandante José María Perozo llevaba la segunda columna Escuque ; y el Comandante José N. González la tercera. La acción duró tres horas á contar desde las seis de la mañana.
Chirinos perdió posición y vida: y de su valiente tropa pocos se salvaron. De modo que las. dos cortas expediciones salieron mal libradas, por haber contado Zamora con que sus aguerridas huestes, calificadas de invencibles, derrotarían fácilmente las montoneras de la Serranía.