Vida del general Ezequiel Zamora · Capítulo real 1 de 6

Vida del general Ezequiel Zamora

Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 86 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.

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GENERAL IGNACIO ANDRADE

Presidente Constitucional del Estado Miranda

CONSIDERANDO :

Ninguna oportunidad más propicia para enaltecer la memoria de nuestros Eminentes Ciudadanos que la presente, en que el entusiasmo por la Idea Liberal se renueva al calor de la Unificación del Partido, obra que constituye la mayor gloria del Benemérito General Joaquín Crespo, que la inició y la ha llevado k efecto para devolver á la causa todas las grandes energías con que ha consumado en épicas luchas sus hermosas conquistad.

considerando:

Que el Valiente Ciudadano General Ezequiel Zamora preparó con su admirable estrategia el triunr\ fo de la aspiración de los pueblos; haciendo efec-

tiva la Federación, que Falcón luego iluminó con los esplendores de la magnanimidad.

CONSIDERANDO :

Que el Estado Miranda cuenta entre sus hijos al invicto héroe de Santa Inés, á cuya gloria se

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consagran hoy los homenajes del patriotismo y de la gratitud.

decreto :

1? Por cuenta del Estado se escribirá y editará una obra que reseñe la vida, los servicios y las glorias del Gran Capitán Ciudadano General

2? Esta obra será dedicada al Partido Liberal de Venezuela en la persona de su Jefe Benemérito General Joaquín Crespo, á quien se le ofrecerá el 20 de febrero de 1898; trigésimo séptimo aniversario de la Federación, por una comisión que se designará oportunamente y que la presentará como testimonio solemne de la adhesión de los pueblos de Miranda al Jefe de la causa.

3? Por resolución separada se dispondrá la persona que ha de escribir esta obra, y todo lo concerniente para su impresión.

Dado en el Palacio de Gobierno del Estado, en Villa de Cura á 10 de diciembre de 1896. — Año 86? de la Independencia y 38? de la Federación.

IGNACIO ANDRADE.

Refrendado.

El Secretario General.

Vicente A- Betancourt.

Es copia exacta de su original.

V. A. Betancourt.

VIDA DEL GENERAL ZAMORA T

Poder Ejecutivo del Estado Miranda. — Villa de Cura: 16 de enero de 1897.— 87? y 39?

Resuelto :

Para escribir la obra que reseñe la vida, los servicios y las glorias del Valiente Ciudadano General Ezequiel Zamora, dispuesta en el Decreto expedido en 10 de diciembre del año próximo pasado, se designa al ciudadano Doctor Laureano Villanueva.

Comuniqúese y publíquese.

ANDRADE. El Secretario General.

Vicente A. Betancourt.

Es copia exacta de su original.

V. A. Betancourt.

El 10 de diciembre del año anterior, glorioso aniversario de la gran batalla de Santa Inés, el General Presidente del Estado expidió un Decreto por e! cual se dispone que por cuenta del Estado se escriba y edite una obra que reseñe la vida y los servicios del Valiente Ciudadano General Ezequiel Zamora, y por Resolución separada se confió tan importante trabajo á la brillante pluma del ilustrado Doctor Laureano Villanueva. Dicha obra está dedicada al Partido Liberal de Venezuela, en la persona de su Jefe Benemérito General Joaquín

VI DOCTOR L. VILLANUEVA

Crespo, /i quien se ofrecerá el 20 de febrero próximo, trigésimo séptimo aniversario de la Federación, jior una comisión que se designara al efecto.

(Memoria del Secretario General del Estado Miranda *euor Doctor Vicente A. Betaneourt— 1897).

l\>der Ejecutivo del Estado Miranda. — Villa de Cura: 29 de diciembre de 1897.— 87? y 39?.

Resuelto :

De conformidad con el artículo 2? del Decreto «de 10 de diciembre del año anterior, se nombra |>ura componer la comisión que hade presentar en ■nombre del Estado, el 20 de febrero entrante, al Benemérito General Joaquín Crespo, la obra que reseña la vida del ciudadano General Ezequiel Zamora, á los ciudadanos Generales Víctor Rodríguez, Francisco Varguillas y José María González.

Comuniqúese y publíquese.

IGNACIO ANDRADE.

El Secretario General,

Vicente A. Betjxcourt. Es copia exacta de su original.

V. A. Bktancourt.

VIDA

DEL

VALIENTE CIUDADANO

GENERAL EZEQUIEL ZAMORA

CAPITULO I

I. Al Oeste de nuestro Parque de Abril erigía el Gobierno de la República en 1881 la estatua de un General, que por su expresión, y el movimiento de la espada, debe suponerse que se le quiso representar en ademán de desafiar á sus contrarios.

Es la estatua del General Ezequiel Zamora ; militar de nuestras guerras civiles, que ha merecido de la gratitud del Partido Liberal de Venezuela el renombre de Valiente Ciudadano : cuya vida, no muy larga en días, pero llena de acciones heroicas, se mantiene aun, siendo ya casi pasados cincuenta años, entre nieblas que, puesta ningún escritor su pluma al servicio de la justicia, ha intentado hasta ahora disipar : tal vez por no haber sido posible recoger materiales á propósito para coordinarlos en un libro con exactitud, orden y claridad ; labor que requiere tiempo, dinero, perseverancia y serenidad de ánimo ; cosas de que no siempre se puede disponer en nuestra común azarosa vida de movimien-

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tos convulsivos, poco adecuada por cierto á este genero de estudios. Pues para una obra como ésta há menester el historiador, en primer término, gran material de la vida privada del héroe, de su carácter moral, condición, costumbres y convicciones políticas; y de su ingenio para trazar campañas, y rectificarlas en su ejecución ; librar combates, y salvar á veces <íii fren te del enemigo la suerte de su ejército y de su Causa. Y después, debe tener tino para comparar las noticias que le suministren los documentos oficiales con las de la tradición, por lo regular no acordes entre sí, ora p r los cambios que imprimen á unas y otras los intereses de partido, ora por la ordinaria deficiencia de las relaciones verbales ó -escritas ; todo lo cual tiene que obligarle á averiguar -escrupulosamente los hechos olvidados, ó no bien •conocidos, ó diversamente interpretados; á descubrirlos con pruebas; y rectificarlos por los medios á su alcance : consideración habida de que la historia no se escribe, ó no debe escribirse, para lisonjear ni calumniar á los hombres ni á los partidcs, sino para eternizar la verdad, respecto de los unos y de los otros: sólo que creemos permitido enorgullecernos, cuando sus fallos, por su equidad y justicia, castos y severos, honran la causa pública á que pertenecemos, ilustran nuestros mártires, y glorifican nuestros caudillos, señalándolos á la posteridad, entre los Grandes Hombres de la Patria dotados de genio para crear nuevas eras de gloria, de libertad y perfeccionamiento.

Ni hay que igualar el historiador, como en el presente caso, al diarista de combate ; porque éste se ve obligado á defender su programa con su razón, sus pasiones y con cuantas armas sirvan para

VIDA DEL OENEIiAL ZAMORA 3

heiir, vencer y aventar á sus opositores, donde quiera que se presenten, ó donde quiera que se oculten y le resistan. Porque lejos de ser la prensa periódica pontificado de pacífica evangelización, ó tribunal de impasibles jueces, es por el contrario, campo abierto de controversias ardorosas, en que no todos luchan por la eterna justicia, sino por la justicia de los partidos ; ni por la eterna verdad, sino por la verdad convencional ; esforzándose unos por el imperio de la libertad y la virtud, no menos que otros por la dominación de los tiranos.

Al paso que la historia es la impecable vestal, sin odios ni amor, que alumbra las sombras de lo pasado con la sacra antorcha de la ciencia y del arte, para que la humanidad, por escarmiento propio, rectifique sus métodos de mejora en la vía, por lo común dificultosa, de su progreso y civilización.

En cuanto á lo primero, es decir, al origen de nuestras noticia*, es de saberse, para dar á nuestra palabra autoridad histórica, que las fuentes que han servido de venero para llevar á cabo este libro, y que es propio calificar de primitivas, son antes de todo Memorias manuscritas é inéditas, códices, cartas, apuntes y relaciones verbales de personas honradas y conscientes, que fueron actores en los acontecimientos que vamos á contar; una voluminosa colección de expedientes de causas por asonada y conspiración de 184G y 1847, guardados en los archivos del Registro Público de esta ciudad; oficios de los Jefes militares y de sus Estados Mayores, de los Miüistros de Guerra y del Interior, de los Gobernadores y Comandantes de Armas de las provincias ; cartas de los Presidentes Soublette, Monagas y Castro, de los Generales Falcón, Solillo, Páez,

DOCTOR L. VILLANUEVÁ

Silva, Andrade, Cordero, Ramos, Casas, y muchos particulares ; y en resolución, la correspondencia misma del General Zamora, escrita en sus diversos campamentos ; sus proclamas, planes de guerra, y parte* oficiales de las marchas y peleas : testimonios todos ellos, merecidamente considerados, como preciosos é irrefutables, porque satisfacen al escritor cuando la crítica, no contenta con tener á la' mano noticias extraídas de fuentes derivadas, le pide y aun le exige que las beba en las originales, únicas de donde puede surgir en toda su pureza la verdad de la historia, como brilla la luz, antes de pasar por ningún medio, intacta y sin desviaciones, en el foco mismo que la produce. (*)

En segundo lugar, hemos mantenido á la vista boletines; periódicos y folletos de uno y otro bando, en que corren impresos documentos oficiales, datos de campañas y acciones de guerra, rasgos biográficos de hombres notables, y artículos sobre política, autorizados con firmas auténticas; instrumentos públicos que el arte de juzgar acepta desde luego, como manantiales de noticias ciertas, y que son pruebas además, de las aseveraciones del historiador, si éste con lógica severa, escrupulosa y hábil las depura do las pasiones de sus autores, y las explica según el criterio y costumbres de la época, y las pone al peso en la balanza de la razón, fríamente, sin pesimismo ni piedad.

Pues las publicaciones impresas han venido a sustituir en el presente tiempo, á efecto de fundamento y origen de la historia, á los libros de los magistrados de Roma, á los arta diurna, á los

* Parte de esto ^ documentos s^n. tados en el '-uerpo de *;% obra y otros se publicarán íntegros.

VIDA DEL GENERAL ZAMORA 5

Anales de sus Pontífices, y á las tablas y columnas metálicas de monumentos anteriores al siglo de Augusto, en que se grababan las leyes, los Tratados públicos, los plebiscitos y senado-consultos que Plinio el Antiguo y Tácito tuvieron que descifrar y entender para escribir sus obras.

Fatigosa ha sido, como puede suponerse, nuestra tarea de investigaciones y estudios, por ver de encontrar en tul masa, informe y confusa, materiales útiles con que escribir esta biografía, y distinguirlos, escogerlos y encadenarlos, para reproducir las cosas como fueron, discernir lo verdadero de lo falso, y llegar á comprender las causas políticas, económicas y sociales, que ocasionaron el advenimiento de nuestro Partido Liberal, á contar desde 1840; el significado moral de la Administración de los Monagas ; y ia razón histórica de la disputada guerra de la Federación, y del ardor revolucionario que fue á encender, lejos de sus lares, el ánimo excelso de nuestro intrépido caudillo, que ha sido y es objeto de admiración para el pueblo y de respeto para los hombres pensadores: y cuya fisonomía y proporciones históricas han desfigurado cruelmente sus contrarios; quienes, no sólo han alterado la verdad, en cuarto á la naturaleza y fines de su causa política, que fue siempre la del pueblo, más también en lo que atañe á sus cualidades personales y á los servicios que prestó á la Patria con su ingenio militar y su valor heroico.

De modo que es lícito asegurar que nuestra

juventud, aunque siente el prestigio mágico del nombre

de Zamora, y oye con exaltación de ánimo la reía-

4*,ión de sus hazañas, no ha tenido ocasión ni medios

para llegar á esclarecer su causa política, y sus guerras

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del 46 y del 59 ; y estudiar su tiempo, conocer su retrato histórico en su noble realidad, y aprec ar con profundidad, orden y justicia su carácter é ideas sobre laa cosas publicas; ni el singular talento que le distinguiera entre nuestros más expertos capitanes: viniendo á tocar á nosotros, por designación honrosísima del señor General Ignacio Andrade, Presidente del Estado Miranda y Presidente electo de Venezuela, el encargo de descorrer las nubes que han hecho invisible desde 184(5, al Zamora verdadero, para ofrecerlo á la generación presente y á los historiadores de lo porvenir ; no como lo han pintado sus enemigos, sino tal como lo formó la Providencia ; esto es, como un carácter animado de alta fuerza moral, para llevar á cabo su deseo vehemente de garantizar al pueblo, por los máximos esfuerzos de su espada, el derecho supremo de gobernarse sin ser sujetado de ninguna potestad; conservando su bien templado corazón, en todas las ocasiones, inocente de ambiciones personales; y hjs manos, como las de un fanático por la libertad, siempre puras de las manchas del vil peculado, v de las no menos execradas de la sangre del crimen; pudiendo bieü considerarse esta vida, que presentamos respetuosamente al público, como la resurrección histórica del drama verdadero de sus vicisitudes, con sus coloridos y natura1 es formas ; en que el pueblo le verá primero infatigable, pero sin ventura, en la guerra de montañas, por los años de 1846 ; atado al pie del patíbulo en 1847; y luego, ascendido por el Gobierno, para honrarle, en 4S y 40, á altas jerarquías en el Ejército; y por último, en la campaña de la Federación, del 20 de febrero de 185!) al 10 de enero de 18(50, la más ilustre de nuestras

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guerras civiles. Pero todas veces demócrata sincero, y á la par inteligente y probo, con desprecio de las riquezas, con su amor al pueblo y su deseo de gloria.

II. Nació Ezequiel Zamora en Cúa, por los «■»««■ ■*■■

* 7 * de Zamora.

anos de 1817, de Don Alejandro Zamora y Doña Paula Correa.

Doña G regona Correa fue madrina de su bautismo. No tuvo padrino.

Su abuelo, Don Juan de Zamora, era hombre de cuenta; y avecindado en Calabozo, celebró allí su casamiento con una señora de apellido Pereira.

Su madre enviudó en 1821.

Don Antonio José, su hermano mayor, que vive aún, tuvo siete hijos; Manuel Felipe, Gabriel, Eze- (juiel, Luis, Alejandro, Ester y Carlota. Y Gabriel, su menor hermano, ya finado, dejó cinco: Gabriel, Jesús María, Genoveva, Aurora y Sofía, esposa de Jerónimo Ótame nd i.

Sus hermanas formaron las ramas siguientes :

Carlota casó con el señor Juan Cáspers, de nació i alsaciano.

Los hijos habidos de este matrimonio son Melicia, esposa del steñor Tancredo Agoslini ; y el General Luis Rafael Cáspers, que estudió derecho en nuestra Universidad, y ha desempeñado con honor y brillo destinos públicos de alta representación, como los de Comandante de Armas de Caracas,4 Ministro de Guerra, y Designado á la Presidencia de la República.

De Genoveva, esposa del señor Doctor José Manuel García, su primo hermano, nacieron cuatro hijos: el Doctor Manuel Felipe García, y las señoras-

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Manuela, casada con Alejandro Tosta ; Rosa, con el General Joaquín Rodríguez Guerrero, Procer de la Federación y antiguo Edecán de Zamora ; y Juana con el Doctor Jaime R. Sanderson, abogado notable.

Raquel contrajo matrimonio con el General José Gregorio Quintana, cuyos hijos son Francisco, Gregorio, Mercedes y Raquel.

Don Alejandro, padre de Zamora, tuvo dos hermanos, Don Juan y Don Mateo. Este se alistó en las banderas de los realistas v subió á oficial de ejército: los otros dos abrazaron la causa de la Patria. Juan murió á poco; y Alejandro sirvió desde 1K14 á las órdenes inmediatas del Libertador.

Don Mateo, casado con Manuela Gome/- tuvo siete hijos; A saber: Mateo, Fidel, Agustín, Epitanio, que vive en Villa de Cura; Juan y Wintila, oficiales federales; y Manuela, esposa del señor Faustino Trujillo.

El señor (Yispers crió á Zamora, y cuidó de su educación.

La madre de Zamora, Doña Paula Correa, «era oriunda de Villa de Cura, hija del señor X. Correa y de Doña Bárbara Rodríguez, prima hermana de Doña Josefa Rodríguez de Pardo, madre <lel insigne poeta Francisco G. Pardo, de grata memoria entre los hombres de letras. También era prima de Doña Manuela Rodríguez de Montero.

Rastreando la parentela de Zamora encontramos «Mitre sus deudos á Don Santos Aranguren : y á Don José Aranguren, (\ue casó con Doña Angela Meléndez Pereira, y emigró con ella y sus hijos, el año de 14, de Villa de Cura á Maturín, perdiendo en el camino tres de ellos, de hambre y enfermedades. La cuarta, llamada María Salomé Arangu-

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ren, contrajo matrimonio con Don Joaquín Paúl : y son estos los padres de Francisco Antonio Paúl y de los Generales Juan Nepomuceno y Juan de Jesús Paúl.

La quinta hija, Antonia Aranguren, casó con el Ilustre Procer Capitán Venancio Rachadel, General de la Federación. Manuel Antero Rachadel era hermano de éste.

Josefa Aranguren de Guerrero, esposa del Ilustre Procer Coronel Francisco Guerrero, fue abuela de los Generales Rafael y Juan Carabafio.

Manuel Aranguren, empleado de Colombia en el ramo de finanzas fué el padre de Antonio Aranguren, Senador del Congreso de 1892.

Son también parientes de Zamora por los Pereira, el Comandante Don José María Meléndez y Pe reirá, cunado del Doctor Juan Germán Roscio ; y Don Hermenegildo Meléndez Roscio; el Ilustre Procer Coronel Manuel Pereira, Ayudante de Campo del General Manuel Cedeíío : ei Pbro. Doctor Francisco Antonio Pereira, notable orador sagrado, Canónigo de la Catedral de Caracas, muy adicto á Zamora y compañero suyo en las elecciones del 4íí : el General José délos Santos Pereira, padre del señor Ismael Pereira Alvarez ; y Jacinta Trujillo, esposa del Ilustre Procer Coronel José Eugenio Rojas, y madre del General Rufo Rojas.

La instrucción que recibió Zamora tuvo que ser por extremo rudimentaria, como se acostumbraba en las escuelas de los primeros días de la República. Leer, escribir, nociones elementales de gramática y aritmética, y* doctrina cristiana: tal era en

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resumen lo que muy imperfectamente se ensenaba entonces.

Su preceptor fue Don Vicente Méndez, que vivía en la antigua casa municipal, sita en la esquina de las Mercedes: y de sus condiscípulos se recuerda al Doctor Pedro Medina, Doctor José Arnal, Doctor M. M. Echeandía, Licenciado José Miguel López y Carlos Ávila.

Inclinóse desde niño á ejercicios corporales; especialmente á la luchü, la natación, la carrera y la equitación : caminaba leguas á pie, y trepaba las montanas sin fatigarse : con lo cual desenvolvía y perfeccionaba su fuerza natural, y adquiría agilidad y destreza en sus movimientos y acciones.

Era alto y delgado de cuerpo ; de ojos azules y mirada viva y penetrante» : sus facciones se marcaban y distinguían por líneas bien definidas que daban á su rostro por sus pómulos agudos, su nariz recta, su barba firme y saliente, su frente descubierta y bien modelada, una vigorosa expresión de inteligencia, altivez y energía.

A los diez y ocho años ya se notaba la prominencia de hiparte superior de la cabeza, signo frenológica del carácter indomable y de la virtud de la perseverancia. (1)

Entonces empezó á viajar al Guárico, acompañando al Doctor José Manuel García, su pariente, que iba á menudo en ejercicio de su profesión de abogado, á los tribunales del l amado cuarto circuito judicial de la provincia de Caracas: y ea la misma época hizo sus primeros negocios de ganado con recursos del filántropo señor Cáspers. De

1 Gall and Spur/heini.- Organ fiffi mi *€?**.— XVII I.

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allí á poco tiempo se fijó en Villa de Cura con una casa de víveres, en que mostró amor al trabajo, honradez, actividad y decisión por el comercio.

Ningún suceso ocirrió en su juventud digno de mención, pues su vida fue toda de ocupaciones mercantiles en Cura, San Juan, San Francisco, El Pao, San Josd, Calabozo y Apure.

Jamás le dominó ninguna intemperancia.

Amaba entrañablemente á su madre, á cuyas necesidades acudfa diariamente con el fruto de sus negocios. Era muy aficionado al baile y á la caza ; y apenas empezó á ejercitar su razón se le vio solicitar libros, especialmente de historia, que leía con avidez. Pero su maestro fue realmente el Doctor García, varón doctísimo y amable, que popularizaba dentro y fuera de la Universidad de Caracas, los fundamentales principios del Derecho romano, de la fisolofía moderna, y de la política de la igualdad ; cuyos consejos y lecciones, floreciendo en el entendimiento del joven Zamora, de natural fácil y claro, explican su educación moral, y la precisión y firmeza con que sostuvo siempre los derechos del pueblo.

En los Llanos le conceptuaban valeroso, audaz, servicial, de perfecta integridad, y sentimientos de compasión y liberalidad hacia las familias del pueblo. Siempre tenía dinero para socorrer a los pobres : y después, cuando entró en la política, abría la bolsa sin regateos, para gastos de su causa y necesidades personales de sus amigos y coparr idarios.

Menos de treinta anos contaba cuando empezaron las agitaciones públicas con motivo de las luchas de los partidos que se disputaban el poder; y afiliado

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en el liberal, se asoció al Licenciado Juan Martínez,- para iniciar la propaganda por su partido en los pueblos y caseríos de San Francisco y San José.

Prestó servicios en la milicia, para devolver la tranquilidad á Villa de Cura, cuando las facciones asoladoras de 44 y 45 ; y distinguióse ante las autoridades y la sociedad por su respeto á las leyes y sug esfuerzos en pro del orden y de las garantías del honor, de la vida y las propiedades.

Era un ciudadano útil ; hombre de bien, de todos estimado.

Desde su edad juvenil fraternizó con el partido de los oprimidos, como futuro campeón de los liberales que llevaba en el corazón y en el cerebro el sentimiento y el alma del pueblo; y en el curso de las revoluciones, velemos que lo personificará genuinamente en sus anhelos, 'en sus ideales de redención, en sus santas iras, en su alteza de ánimo, y en su generoso holocausto.

Antes de ser un gran General fue un hombre de trabajos rudos, al igual del pueblo, que suda por la existencia ; así como pasó Páez, para gloria suya, por la ley sociológica de la democracia ascendente, de pastor bárbaro á Ciudadano Esclarecido ; y de las majadas de un hato á la celeste Constelación, en que viven inmortales los venerados Dioses de la Patria.

Tal es, en breves razones, el carácter físico y moral del joven predestinado á representar el papel de personaje trascendental, en la vida política y militar de Venezuela, durante el largo período de 184G á 18ÍÍ0.

Empero, antes de relatar esta vida, es menester

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dar idea de los hombres de nuestros partidos, de sus principios, defectos y méritos ; de sus talentos, intereses y pasiones; para preparar el escenario en que nuestro héroe va á ostentar las. más bellas virtudes públicas, su heroísmo eminente, su fanatismo político, y sus mejores y más sobresalientes talentos militares.

Pues no puede juzgarse á Zamora, sin conocer bien su tiempo. Por lo cual nos permitimos convidar al lector para hacer una excursión por el campo de aquella historia llena de magnos hechos, que nos enseñarán cómo se batían los partidos, cada uno con su bandera y su programa ; de qué modo se comportaban los hombres, en lucha hasta morir, sin cometer ninguno el pecado de la deserción ó la infidencia ; cómo renunciaban los Ministros sus carteras, cuando sus ideas no triunfaban en el Gabinete, de lo que nos dejaron ejemplo A randa y Q úntero, Jacinto Gutiérrez, Miguel Herrera, el Doctor Urrutia y el Doctor Sanavria ; cómo en fin se inmolaban aquellos políticos en el servicio público y volvían á sus hogares sin buena suerte, á veces, pero con honra y dignidad.

111. El Partido político que nacía en 1840 con programa dei el nombre de Gran Partido Liberal sustentaba como programa político, civil, económico y social, los siguientes principios, dogmas y tendencias:

— Cumplimiento rígido de la Constitución y las leyes ; por lo cual se apellidó Partido de oposición constitucional.

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— Efectividad del principio de alternabilidad en el desempeño de los empleos públicos.

— Uso ó empleo del poder electoral, en virtud del cual, el Partido, conocida á fondo la situación moral v material de la sociedad, debía convertir sus convicciones en propósitos políticos, y trabajar por constituirse en mayoría para ganar la victoria.

— Creación de dos grandes partidos nacionales que, sometidos de buena te á las leyes fundamentales del país, pudieran garantizar las libertades públicas.

— Difusión de las republicanas prácticas de examinar libremente, por medio de la prensa ó en asociaciones públicas, todo lo (pie pudiera afectar los intereses de la comunidad.

— Reprobación de los crímenes individuales, y del otro, mayor aún, de apelar á la fuerza para resolver las cuestiones políticas.

— Aplicación de todas las influencias legales de los partidos para llevar á cibo el proceso de las elecciones: verdaderas pero santas revoluciones, prescritas y autorizadas por las leyes.

— Nombramiento para las Cámaras Legislativas de hombres ilustrados, patriotas, independientes, pro-

VIDA DEL GENERAL ZAMORA 15

fcos y dignos de la confianza del pueblo, como legisladores ortodoxos en el dogma liberal ; pues no se empeñaba tanto el Partido en la elección del Presidente de la República, como en la del Congreso; porque siendo de la incumbencia de este Cuerpo la aplicación de los remedios para los males del país, resultaba que, asegurada la elección de buenos legisladores, era infalible el triunfo de la oposición constitucional : tanta confianza así había entonces en fe eficacia de las instituciones, las cuales imponían efectivamente al Ejecutivo obediencia á las decisiones del Poder Legislativo :- pudiendo decirse, en verdad, que si el Gobierno logró alcanzar alguna vez, en las Cámaras, por influencias más ó menos lícitas, el triunfo de sus ideas, en ciertas altas cuestiones de Estado, no se le permitió nunca llevar á cabo, por lo menos sin oposición formal y pertinaz, la aspiración que pudiera tener en el fondo de su mente á dominar los Congresos y oprimir el país.

— Disminución de las contribuciones públicas.

— Independencia de la Iglesia, del Foder Judicial, de la Universidad y los Colegios.

— Responsabilidad de los empleados.

— Auxilio á las industrias.

— Abolición de la lev del 10 de abril de 1834.

El Venezolano.

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— Guerra al Banco por sus monopolios y privilegios.

— Leyes de retiro pana los Proceres, y de montepío para sus viudas é hijas.

— Ley para organizar la milicia nacional.

IV. A este efecto, reunidos en junta pública varios individuos de inteligencia y patriotismo, determinaron establecer un periódico hebdomadario, con el nombre de El Venezolano, cuya mira debía ser:

Combatir con el lenguaje de la razón los principios de la oligarquía política que afligía á Venezuela ; los errores de la administración, y los extravíos de las legislaturas pasadas ; sostener y consolidar la opinión de los que formaban el partido de los verdaderos principios constitucionales; y favorecer la marcha franca y liberal de la República.

Estas bases fueron aceptadas unánimemente por los señores Antonio Leocadio Guzmán, nombrado Redactor del periódico ; Mariano Mora, tesorero, y Tomás Lander, José Gabriel Lugo, Rafael María Lugo, José Austria, Jacinto Gutiérrez, José Julián Punce, José Bernardo Arévalo, y Tomás J. Sanavria, en Caracas, á 20 de agosto de 1840.

Pegón se ve, junto con los reclamos de la opinión pública sobre asuntos políticos, se levantaban los referentes á materias económicas, con el propósito de buscar remedio pronto y eficaz al malestar " los propietarios territoriales, de los agri-

VIDA BEL GENERAL ZAMORA 17

cultores, comerciantes, artesanos, jornaleros y de cuantos vivían de su trabajo personal. (1)

V. Para inteligencia de los sucesos que vamos á L*01i*ar<iu£^ referir, es de saberse que para 1840 se había constituido una oligarquía con influencias en el Gobierno; compuesta principalmente de un grupo, adueñado hacía tiempo de los puestos públicos sin querer soltarlos; de los prestamistas, á quienes itn-

1 Los contribuyentes pira los gastos d<* este pmiódico fueron, los que A continuación se expresan, *-egún documento* que se encuentran en la Secretaría de la Academia Nacional de la Historia :

1 Toma* Lander $ 25

2 José Ignacio Paz Castillo 15

3 Florencio Orea 10

4 Félix Ostro 10

5 Remigio Armas 15

6 Francisco R. del Toro 25

7 J. J.M 5

8 J.S.M 25

1) Juan Bautis a Mijares 25

10 Mariano A se^nio 10

11 J. BaasdeRoger 10

12 Jos- Gabriel Lugo 10

13 Rafae' MaíaLugo 25

14 José Julián Fonce 10

15 José Manuel Morales 10

1<> Diego Haut'sta Urbaneja 25

17 Bar olomé Manrique 10

18 José Austria 10

10 Anacleto Clemente 25

20 Rutino Blanco 5

21 Manuel Echeandía 10

22 Ignacio J.Chaquert 10-

23 José B. Aiévalo 10

24 Tomás J. Sanavria 25

25 Medardo Medina 20

26 MaTtín Echegarreta 10

27 Francisco de la Madriz 10

28 José Toribio Iri barren 10

29 Casiano Santana 25

30 Ramón Lozano y Ca 25

31 Vicente lbarra 25

32 José Pérez 10

33 UnamigoG. F 10

JÍ4 Otro id. R. 1 10

35 Vicenta Mexias 10

3tf Fermín Beit a 15

37 Guillermo Espino 15

í<8 J. M. Jesurum 10

30 Lufa Correa 5

$ 570

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portaba sostener la ley de diez de abril de 1834, que autorizaba cualquier premio en los prestamos; y entregaba atado el deudor al acreedor, como una víctima, sin defensa, condenada ala extorsión; de los empresarios del Banco, que absorbía parte del tesoro público y gozaba de privilegios inconstitucionales; y en resolución, de todos los que tenían miedo á las innovaciones y á los conflictos públicos.

En el ara de este partido inmolábanse a menudo los derechos de los ciudadanos, las preciosas conquistas de la libertad civil, la justicia de los tribunales y la soberanía del pueblo.

El sistema representativo q e reconoce por base la igualdad democrática, la competencia de los talentos v del mérito, era una farsa.

Páez era el jefe de esta oligarquía; caudillo de resplandeciente gloria militar en la guerra de emancipación ; amado del pueblo, en sus primeros anos; incapaz de apropiarse un centavo del erario ; ambicioso basta su muerte de poder y mando, bien que sin cualidades de administrador y menos de hombre de Estado ; habíase hecho y confirmado autócrata después de la renuncia de Vargas, y como tal concentraba en sus manos todos los poderes, y distribuía al propio arbitrio, los nombramientos de todos los empleados civiles, consulares y diplomáticos, y los del ejército y la Iglesia.

Aunque inclinado al bien, endureció su carácter en el gobierno; y en el promedio de su carrera prefirió apartarse del pueblo, de donde había salido, para descender á jefe de un partido de hombres de negocios y de pasiones irascibles; y amancilló en su ancianidad el brillo de su fama con la nota de cruel,

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cuando antes, aún en la guerra á muerte, había sobresalido entre los Libertadores, por su generosidad v su clemencia.

Contábanse en este partido individuos de saber y patriotismo, pero imbuidos en ciertos principios de orden económico y político que les nublaban la mente, para no permitirles apreciar los justos reclamos de la actualidad ni penetrar el porvenir; como aquellos honrados patricios de Roma que se apostaron vanamente con su ídolo Poní peyó y su grande orador, entre el glorioso pasado de la colosal República y el advenimiento de la humanitaria revolución social que les prometía el partido popular. De este número era Vargas, sabio y piadoso padre de nuestra medicina; el diplomático Fortique, agraciado por la naturaleza con el primoroso don de gentes; Alegría, sacerdote virtuoso; Toro, Espinal y Pedro José Rojas, oradores de inspiración; Juan Vicente González y José María de Rojas, periodistas de pelea: Cajigal, Ríos, Tovar, Quintero, Michelena y otros igualmente dignos de veneración y respeto.

Veamos cómo pinta el señor Guzmán á Vargas v á Espinal en JE l Venezolano, de 11 de mayo de 1«S44, con motivo de haberse opuesto uno y otro *m la Cámara del Senado, al inconstitucional privilegio de la exención de la patente d?l Banco Nacional :

'• Siempre hemos sostenido, y permítasenos recordarlos con orgullo, que Vargas es un ciudadano de capacidad superior, de principios fijos y de conciencia propia: que puede caer en el error,, que puede excederse alguna vez en miramientos y en consideraciones, que engañado puede encontrarse fuera de la órbita de la opinión pública, pero que en las grandes cuestiones, en los puntos cardinales, en aquellas oportunidades solemnes en que á veces se juega el depósito de los derechos comunes y la suerte de una y aun de más generaciones, se encontrará siem-

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pre firme, invulnerable, ejemplo de próbida independeneia. Ni aun las preocupaciones de nuestro propio partido, que también hemos tenido por disculpable, nos han fascinado nunca, ni podido arrancarnos el convencimientoque después de muchos anos nos hemos formado de la intachable rectitud de este buen venezolano. Véasele hoy el primero, sin esperar á saber lo que piensan los demás, sin consultar á ningún poder, sin detenerse en cuáles fueron los resultados, escudando con su pecho la inviolabilidad déla Constitución, el depósito de nuestros derechos. Una cualidad por lo menos deben tener nuestros escritos, la de ser consecuentes. Escribiendo con una sola conciencia, siempre con ella, y nada más que con ella, al través de los sucesos, pasando por sobre todas las circunstancias se nos ha de encontrar los mismos. ¿Por qué á veces tan distantes del señor E>pina1, atacados por su pluma y por su firma, nunca nos hemos avanzado á denunciarle como un oligarca cual concurrían á pintarlo diversas y aun poderosas circunstancias ! Por una sola cualidad, que respetamos profundamente donde quiera que la conocemos ; la rectitud. Cierto es, que en tiempos comunes, en el andar de la sociedad, el señor Espi nal más de una vez ha contemporizado con el poder, de tal manera que se ha enagenado las simpatías del partido liberal, y que nosotros mi>mos nos hemos creído en el deber de reprobar sus deferencias ; pero nunca hemos podido olvidar que en situaciones solemnes de inminente riesgo de la justicia ó de la libertad, hemos visto al señor Espinal desprenderse de todo linaje de consideraciones, y defender aunque solo, un a causa grande y justa. Entre otros ejemplos descuella el del indulto á los rendidos en Puerto Cabello. Cuando la Legislatura, arrastrada por el vértigo de aquellos tiempos, después de otorgada una gracia la rescindió vergonzosamente, cuando acordado un perdón y cerrado un con- "trato violó el contrato y quiso mauchar el perdón con sangre, el señor Espinal descollando en aquel infierno de pasiones, sostuvo hasta el último puntóla bandera de la justicia y de la humanidad. Es de aquellos pocos hombres que pueden quedarse solos con una sola convicción. Hoy lo está demostrando. Permítase, á El Ven^zolapo que en bien de la causa que defiende, ostente la justicia de sus conceptos y la unidad de sus creencias.''

ia opo«cion. VI. Con la aj ari< ion de El Vinezolano empezó á

organizarse la opinión pública en los dos partidos políticos que han venido hasta la fecha, combatiendo por dirigir el Gobierno en Venezuela : el Liberal, llamado apóstol de h» "Vrtad ; y el Conserrador, que se ha

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titulado representante del principio del orden : los cuales entablaron allí mismo una lucha activísima sobre el modo de aplicar la Constitución ; llamándose cada uno el verdadero partido constitucional ; pues la noción de la ley los empeñaba á colocarse en sus respectivas posiciones al amparo del derecho (1).

Como era de esperarse, la oposición emprendida por los liberales fue calificada, primero por los periodistas de la oligarquía, y después por el Gobierno, -de conjuración para inmolar la República, al abrigo v compañía del alto clamor levantado por las dificultades pecuniarias de los empresarios agrícolas (2). Al libre examen de las cosas públicas se llamaba licencia; á la discusión oral, osadía, y delito a la independencia de la prensa : á lo cual respondían los liberales apellidando á sus contrarios, usurpadores ■oligarcas, estafadores y logreros.

Pero en realidad el estado de la nación había llegado á ser tristísimo, no exclusivamente en lo político, sino bajo todos respectos.

Los proceres, con algunas excepciones, vivían infelices, olvidados ó proscritos.

La sociedad parecía en ruinas; escasa de civismo, <Je luces y dinero: entumecida por una larga inmovilidad ; sin periódicos para discutir lo que interesaba á sus gremios productores, y para moverlos ánimos á la vida batalladora, culta y alegre de la República

1 El Venezolano, no* ha dicho Don Jesús María Mo-ales Marca.no, pluma esclarecida del partid) conservad rf empezó á dar v:d* 'on soplo vigoroso al pensamiento de ri^aniz^r el partido poMtico Que, propagando los principas liberales y t»m Inflólos por ba^d ra, transformaba en verdadero sstnna DTosreBÍ8la de civilización demo -j ática los elementos de sny> fecundas, que la lutina d* los Gobiernos y la faUa de iniciativa d4* loa pueblo* mantenían estañes y en un estado puramente emb:ionv lio. (Biografís úel (¿enera l ¡)¡>g Ykarr )

2 Men*nje pi esidenc'al dtj 1N 17.

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democrática; sin partidos políticos ni tribuna de oposición. El Gobierno y el pueblo parecían dormidos en un silencio profundo, y cuando despertaban, por cortos intervalos, apenas si permitían entender que estuvieran meditando dar algunos pasos adelante, lentos y tímidos, sobre política 6 ciencia administrativa^ ó materias internacionales.

El Venezolano condensó una vez las instituciones

de aquel partido en los términos siguientes : .

*' Harto recientes son, decía, asaz escandalosos, harto sensibles al pueb'o venezolano, los excesos del poder, y más que crueles los padecimientos de la nación. Leyes que destruyen la propiedad; leyes que hacen espantosa la suerte del traba jador ; leyes que entronizaron la usura, que aconsejaron la avaricia, que autorizaron las más bárbaras persecuciones; leyes que destruyeron el ejército, que mandaron demoler nuestras fortalezas, que comprometieron grandes porciones del territorio: leyes que convirtieron al clero en máquina de dominación, y que buscaban la perpetuidad de los mandatarios haciendo instrumentos políticos el incensario, el tribunal de la penitencia y la Cátedra del Espíritu Santo; leyes que degradaron á los antiguos servidores de la Patria; leyes que esclavizan los establecimientos científicos; leyes que gravan con tuertes pechos los estudios, para dificultarlos y hacerlos imposibles al talento yá la aplicación del pobre; leyes que han delegado, traspasado y confundido los altos y distintos poderes que separó la Constitución; leyes que han encarecido la justicia, y otras que la han embrollado, y otras que han hecho perpetuos los pleitos, y otras que han privado de toda garantía á los contratos, y engendrado y preparado así nuevos é innumerables litigios, cual mina de inmoralidad y depredación : leyes vengativas que se han llamado perdones; y perdones que se h ui llamado castigos: leyes que han empleado la augusta soberanía del pueblo en desahogar rencores personales, en establecer patrimonios individuales, en crear y suprimir tribunales y magistraturas, y comisiones y empleos, para premiar y castigar al amigo y al enemigo : leyes destructoras de la igualdad en la milicia, y en las letras y en el ejercicio de los derechos civiles : leyes, en tiu, que llevándonos á inmensa distancia del código fundamental, han destruidola Patria y conducídola á los umbrales de la desesperación."

cuwüon econo- VIL La cuestión económica se imponía cada vez.

con mayores proporciones, hasta el extremo de que el

mío*.

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Gobierno creyó que era ella la base fundamental de la formación del partido liberal: y si en verdad no fue esta su única causa generadora, debe considerársela como una de las principales : pues en casos de tal linaje, sucede que las cuestiones económicas se resuelven por su propia naturaleza en violentísimas cuestiones de política. Y en el presente, como necesitara Venezuela salir de la miseria en que se hundía, esforzáronse los liberales, y aun algunos que no lo eran, en trabajar con asiduidad y acopio de ciencia, por vivificar su agricultura y demás industrias. Empero, cuando vino á la conciencia de la mayoría, empobrecida y desesperada, el convencimiento de que los poderes públicos no acertaban á remediar sus urgentes, imperiosas é impretermitibles necesidades materiales, púsose á un lado la cuestión económica; y empezaron á emplearse los mejores esfuerzos de patriotismo, en cambiar por las elecciones, y de manera radical, la estructura política de la nación ; con la esperanza de llegar por otro camino, pero siempre en la paz, con otros programas y otros hombres á mejorar su vida económica.

Por estos motivos, antes de hablar de las elecciones, en las cuales hemos de encontrar por los años del 4(i á Ezequiel Zamora, empezando su carrera pública como cabeza y superior de los liberales en el cantón de Villa de Cura, perteneciente ájla sazón á la provincia de Caracas, sdanos permitido, para contornear la historia de la primera ¿poca de nuestro Partido, referir lo que hicieron los liberales por ver de reparar los males de una situación miserabilísima, ocasionada por la usura, por el malísimo estado de las vías de comunicación, que el señor Pedro José Rojas llamó en la Cámara de Representantes, estado

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rigurosamente bruto; por la falta de brazos para la agricultura, el subido precio de los fletes, que no bajaba de cuatro pesos por carga, la escasez y carestía de los jornales, la falta de capitales y su alto premio, insoportable á las industrias.

Escasísimo el comercio interior, y el mayor de las capitales y puertos restringido en sus importaciones, llegóse el afio de 45 á un millón de pesos de diferencia en su contra, entre ellas y los gastos : los prestamistas escondían su metálico : y los hacendados empezaban á verse privados de recursos para atender á sus siembras y cosechas, y al mantenimiento de sus familias.

Para formarnos idea cabal de la ruina de la sociedad en aquellos años de penuria general, veamos cómo la pintaban, no los liberales que eran los hombres de la oposición, sino individuos, fervorosos partidarios del Gobierno, en folletos, en discursos parlamentarios y en sus periódicos más acreditados.

El Liberal del señor José María de Rojas, correspondiente al 4 de enero de 1845, 1uc5^í> de acabada su lamentación, por la falta de estadística que le suministrara conocimientos exactos de la exportación del café, bastante disminuida en aquel año, asienta que los inconvenientes con que tropezaba la agricultura en aquel entonces, eran insuperables por el Gobierno; pues ni caminos podían abrirse porque no había conque: y añade: " El año de 44 ha sido bajo todos respectos aflictivo y calamitoso : él dejará tristes y permanentes recuerdos de sus aciagos efectos. Esperar debemos por tanto que el de 1845 en que estamos, sea si no feliz, á lo menos lievadero.''

VIDA DEL ttENERAI, ZAMORA 25

El señor Doctor Ancízar escribe otros días, y en este mismo periódico, lo siguiente:

"Nuestros pecados, y acaso los de nuestros padres también, juntamente con el ángel malo de Sud América, nos trastornaron los cascos en 1841, nos los volcaron en 42, y nos evaporaron todo el juicio en 44. Gritamos tanto y tan recio, que no podíamos oir la voz de la razón, y llenamos de espanto á los capitalistas prestadores de dinero y géneros comerciables, quienes comenzaron á retirar del giro y guardar sus valores hasta ver en (pié paraba la bulla, escaseando sus préstamos y exigiendo de prisa los pagos, con lo que crecieron los apuros y los clamores. Estos últimos subieron en hora menguada hasta las leyes de crédito, y suscitamos graves recelos en el comercio mayor, cuyas operaciones fueron restringiéndose con merma de importaciones, de rentas públicas, de capitales circulantes, de todo, menos de nuestro vértigo, (pie forzosamente se ha convertido en verdadera miseria."

il Nuestra agricultura, hermosamente desarrollada pero todavía en fomento, y necesitando de anticipaciones, se ha visto de súbito privada de recursos en algunos lugares importantes de la Uepública, amenazada de grandes quebrantos, y á punto de arrastrar en su caída el bienestar de muchas familias industriosas."

El Doctor H. Nadal, Diputado al Congreso por Barinas, publicó un artículo del cual tomamos estos párrafos :

"Confieso que poco después de haber llegado á la capital, que es en todas partes el fuco de donde nacen el bien ó el mal de un país, quedé convencido de que la crisis actual no estaba solo limitada á la parte material. En mi estudio sobre nuestra situación, yo he encontrado el mayor mal en la relajación de todos los resortes morales y sociales. Escarnecida la autoridad, desvirtuada la ley, menospreciada la religión, y desarrollado un germen de ambición incalculable, naturalmente ha debido debilitarse el amor al trabajo, fuente de toda riqueza. Me convencí, pues, de que la crisis se extendía á la política, á la moral, á la religión, y por consecuencia al bienestar material de todos los a¿ ociados; y deduje de mis principios, que el remedio para tan grande mal no podía ser instantáneo, inmediato, sino lento, variado, de modo que alcanzase á curar todas las dolencias/*

El señor Pedro Jos¿ Rojas, al salvar su voto en

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la sesión en que se aprobó, en tercera discusión, el artículo 1? del proyecto del Instituto Aranda, estampó estas palabras :

"Pongamos a un lado las causas del malestar que aflije á la República ; malestar que nunca he desconocido, ni mirado con desdén, porque soy venezolano. Hácenle consistir en la usura los defensores del proyecto, únicamente en la usura. Detesto de corazón la usura ; pero no convengo en que sólo á su ruinoso prestigio se deban loa conflictos económicos que deploramos. ¿ Se olvidan acaso los proyectistas del malísimo estado, del estado rigurosamente bruto de nuestras vías de comunicación ! ¡ Se olvidan de que no hay brazos en la República bastante» para la conservación y fomento de las empresas agrícolas? ¿ Ignoran que la carestía de los trasportes y la escasez y carestía de los jornales, son influencias sobradamente dañosas sobre el progreso industrial de todo país ? No saben que el industrial que consume un valor de ocho, para producir uno de seis, en vez de producir destruye ? No hay capitales, se replica: el interés del dinero ha subido por consiguiente á una rata que la industria no puede soportar. Enhorabuena : agregúese á los anteriores este elementó de ruina y no habrá ya mucha discordancia, por lo que mira á las causas de nuestras crisis, entre los proyectistas y yo.'?

El señor General Austria, sustentador de la candidatura del General Páez para la Presidencia de la República, circuló en Valencia un folleto en que dijo :

"Hemos indicado ya que para proceder con acierte en las elecciones no debemos perder de vista las cuestiones (pie hoy llaman la atención nacional por el grande interés que envuelven y porque afectan el progreso material y efi porvenir de nuestra patria. La cuestión económica, á la cual consideramos íntimamente ligada la cuestión política; debe recibir una solución pronta y favorable del cuerpo legislativo, porque tiene en su apoyo el clamor unísono y bien expresado de la mayoría de los venezolanos, y su imperiosa necesidad y conveniencia ahogan los intereses fraccionarios y la avidez de parciales lucros. Estol cuestión económica ha sido ya formulada en los proyectos de Instituto de crédito territorial, de empréstito, y de caminos, que se han sometido á la deliberación de las Cámaras legislativas; y aunque desgraciadamente no tienen estos proyectos el apoyo que debieran tener del Poder Ejecutivo, no obsta porque las convicciones y la voluntad nacional

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han sufocado el voto infundado y terco de una administración desorientada, cuyo negativo sistema consiste en no tener ninguno, en dejar hacer, con tal de no hacer ella nada.

"Es sin duda la cuestión económica la que debe llamar con toda preferencia la atención de los venezolanos, porque sólo con su triunfo puede asegurarse del equilibrio social y quedar bien garantida la libertad. Sin independencia personal son ilusorias las ventajas de nuestra organización política, y quiméricos todos los derechos y garantías. El malestar y aun la indigencia, devoran ya d los ciudadanos; y en semejante situación los sufragios pueden no ser el eco de la conciencia y del patriotismo, y sí de la necesidad y del egoísmo. No busquemos un pueblo de héroes, porque sólo encontraremos un pueblo de hombres, sugetos á la suprema ley de su conservación y con todas las debilidades de la especie. Esta sola consideración persuade, que todos nuestros esfuerzos deben dirigirse principalmente á conquistar la independencia personal de los ciudadanos ; á sacar á la Nación del mal estar que la agobia; porque, digámoslo de una vez: en una .República de indigentes no puede haber libertad."

El señor Toro en. su opúsculo contra la Ley de 10 de abril discurre así:

u Venezuela espera una ley justa y equitativa que dé garantías á los acreedores sin sacrificarles los deudores, que tienen igual derecho al amparo y protección de los poderes públicos.

"2? Quitada á la usura la traba y la sujeción de la leyr el negocio de préstamo fue el más lucrativo de todos, su práctica se extendió en todas las clases de la sociedad, los contratos más monstruosos se celebraron sin sonrojo, y los tribunales de la República fueron llamados á ejecutarlos, con escándalo de la justicia y con oprobio de las leyes.

u Es un hecho palpable que en Venezuela el espíritu de agio, la sed de lucros por vergonzosos que sean, la práctica de la usura en su más destructora voracidad, han invadido rápidamente todas las clases del pueblo, con muy poco adelantamiento de los intereses materiales, comparado con la inmensa pérdida que se ha hecho en sentímientop morales, y en aquellos rasgos de noble largueza y de generoso desprendimiento tan frecuentes en nuestros padres y tan geniales en la raza castellana.

" En materia de Gobierno y de legislación los hechos generales no deben despreciarse por mantener una ttoría. El clamor contra la ley de 10 de abril que se ha levan-

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tado en Venezuela, se ha visto acompañado con hechos muy expresivos. El odio á los tribunales ; la división en la sociedad ; las calificaciones de logreros, usureros, estafadores por una parte, y por la otra de alzados, tramposos y arteros ; esta división y pugna produciendo conflictos públicos, desmanes y amenazas que alarman la población y perturban los hábitos de paz y armonía; las voces de Monte Sacro y de Palenque difundidas en la capital de la República y valles circunvecinos, aplicada* unas veces como injurias á los agricultores, otras como remedios violentos á lo que se ha llamado crisis; todo esto sirviendo á unos de bandera para clamar contra el Gobierno y contra la pretendida oligarquía de empleados y de logreros; á otros de motivos para formar planes económicos más ó menos atrevidos con que se conmueven ios ánimos y se predisponen á las más graves innovaciones, con la mira de sacar el país de su postración actual ; á otros, en fin, de ocasión para excitar las pasiones populares, corromper las masas con los más torpes halagos y desencadenar lu más vil de la sociedad, contra t°da notabilidad, cualquiera que sea su título, la riqueza, la gloria militar, ó las virtudes civiles. No diré que sea causa única de este estado de cosas la ley de 10 de abril; son varias las que obran simultáneamente ; pero sí, que contribuye muy poderosamente á la perturbación y á la inmoralidad ; y que por una reacción natural obra contra la libertad, la seguridad y la introducción de capitales, objetos que principalmente se tuvieron en mira al sancionarla.

" 3V Desde que los jueces en nombre de la ley han podido dar un fallo, haciendo cumplir contratos marcados con injusticia original y notoria, los jueces y la ley han sufrido la reacción que los efectos de esta injusticia producen en el ánimo del público. Las nociones de lo justo y de lo injusto existen en la conciencia de todos los hombres, y es un movimiento espontáneo en ellos rebelarse contra toda injusticia y toda iniquidad, ya sean la obra de un particular, ya la de la fuerza pública. La ley no es para los hombres santa sino cuando es la expresión de la justicia, y los jueces no les inspiran reverencia, sino cuando pueden citar sus decisiones como inapelables en el tribunal de la razón. El de Comercio encargado por su institución de una frecuente aplicación de la ley de 10 de abril, lleva hoy sobre sí la execración de toda Venezuela ; pues se ha visto que hasta los partidos políticos más opuestos y enconados se han reunido con voz unánime para pedir su supresión. Jamás se había visto en los tribunales de Venezuela la autoridad de la ley dando fuerza y apoyo á las extorsiones más monstruosas, no ya paliadas y encubiertas, sino manifiestas y públicas, haciendo ostentación de derecho y legitimidad. Cuando estos países eran gobernados

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por el sistema colonial jamás se atribuían á la fuente del poder los vicios de la administración de justicia; aquella se creía pura ; los que podían elevar su voz hasta el trono lo hacían con la esperanza de encontrar un juez recto y paternal, y cuando esto no era dado y la iniquidad se consumaba, se decía con fe sincera: el Monarca lo ignora. Cuando el velo cayó y se descubrieron los vicios en la esencia misma del poder, los pueblos sacudieron su yugo y reconocieron la necesidad de poner bajo la salvaguardia de un gobierno patrio y de instituciones liberales, los derechos más sagrados del individuo y de la sociedad. ¿ Que sucede si hoy se vicia la ley y se desautorizan los tribunales con sentencias injustas y desastrosas, que cualquiera que sea en ellos el nombre que se invoque repugnarán siempre á la conciencia y á la opinión pública ? Sucede lo que hoy; que se ve el descrédito de la ley y el odio á los tribunales. Universal es el clamor que se levanta contra el tribunal mercantil, y no hay calificativo odioso é infamante que no se le haya prodigado por todos los partidos.

"Nuestra vanidad nacional se mortifica al contemplar el cuadro que ofrece aquella gran República Americana,

y la mano rehusa trazar el de es preeiso decirlo

el de nuestras miserias. Una exclamación, sin embargo, se escapa de lo más hondo del pegho, al considerar que se mantiene en Venezuela la ley que permite rematar las propiedades territoriales, por lo que se ofrezca por ellas en el remate, cuando no hay capitales en su provincia más rica y más poblada, para abrir siquiera un mal camino de carros, de quince ó veinte leguas de extensión, para salvar de la postración en que ha caído uno de los más fértiles y bellos territorios. (1)

El Presidente de la Nación da noticia á las Cámaras Legislativas de la situación económica del país, en los términos siguienles:

"Durante el curso de los tres años últimos, se ha visto la Administración rodeada de circunstancias difíciles en que, en obsequio de mi deber, he hecho cuanto ha estado en mis facultades para asegurar el bien futuro de

1 Puede demostrarse de una manera rigorosa que los Valles del Tur muhipluaiíao sus productos y su riqueza en el espacio de tres á cuatro años, si tuviesen nn camino caire t*-ro que los ligante 4 la capital. Hitos val es son el quinero de la rápita', sus terreros son de una portentosa fertilidad, sns vearas y sus alturas producen todos lo» frutos tropicales de la mejor calidad, y no distan mas de quince ó vein'e legua* del mar; y sin embargo de+me^rar, y ts posible qu? ss arrisen mucho si no seles abren m*s fáciles comunicaciones.

30 DOCTOR L. VILLATíirEYA

la Nación, y lie aceptado todos los sinsabores que me lia traído esta situación como un nuevo servicio que he podido ofrecer á mi patria. La oposición que, guiado por mis convicciones, he hecho constantemente á la idea de un auxilio directo que algunos habían concebido como Temed io para la crisis económica que sentía lu República désele antes que me encargase de su Gobierno, lia desagradado á muchos de mis conciudadanos que habían acogido sin temor el empleo de aquel peligroso arbitrio. La desazón que produce el malestar individual, se ha agravado por el carácter hostil que ha desplegado la prensa de . algún tiempo acá, inclinando á la desobediencia y al desprecio de la autoridad y de las leyes, y provocando la desunión de los ciudadanos en una gran parte de la República." (1)

Tal era la situación política, económica y social que los beneméritos creadores del Partido Liberal se proponían modificar en la paz, por las elecciones, los Congresos y la prensa, con ventajas inmediatas para el bienestar y la libertad de la masa general de la República ; y con facilidades, cada vez mayores, para el desarrollo progresivo de los gérmenes de una nueva civilización.

instituto de VIII. Obedeciendo á este orden de generosas

ftnu Aranda. ^ O

ideas, redactó el señor Dr. Aranda, señalado entre los hombres de Estado del Partido Liberal, un proyecto de ley para las Cámaras de 1845, con el nombre de Instituto de movilización del Crédito Territorial, que vamos á reproducir, para honrar los humanitarios esfuerzos de aquel político pensador y patriota, que conoció desde temprano, con su extraordinario talento, la raíz de nuestros males públicos, y propuso con acierto el medio para encaminar la Patria por una senda de progreso verdadero ; al modo que en crisis semejantes se les ocurriera y lo llevaran á cabo, más tarde, con resultados sorprendentes, go-

1 Meo saje presidencial de 1846.

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tiernos de otros países, como el de la República Argentina ; y el de Francia, bajo Napoleón III.

Adoptaron el proyecto y lp presentaron en la Cámara de Representantes los señores Miguel Palacio, Eloy Paredes, Rafael Agostini, Miguel Mujica, Laureano Reverón, Miguel G. Maya, con modificaciones, Tomás Veracoecbea, Ramón Alcántara, Mariano J. Raldiris, con modificaciones, Felipe Sojo, Juan García, 1). Cerero, I. Lovera, Francisco J. Madriz, José Antonio Sánchez, Raimundo Freites, J. Racamonde, Manuel Ayesta, A. Blanco, Manuel F. de Tovar, Fernando Olavarría.

Sostuviéronlo en la prensa, entre otros, El Af/rieultor y El Progreso, y lo combatió principalmente El Liberal. En las Cámaras se distinguieron como opositores los Senadores Doctor Vargas y Villasmil y los Representantes Nadal y Pedro J. Rojas. Aprobado el proyecto en ambas Cámaras, tras largas y ruidosas discusiones, fue al cabo objetado por el Poder Ejecutivo ; y al volver á la Cámara de su erigen quedó archivado en ella, porque algunos dé los que lo aprobaron en las discusiones, se adhirieron á última hora á la voluntad del Gobierno. Hé aquí cómo da cuenta El Liberal de las sesiones de la Cámara de Representantes de 20 y 21 de «ayo, en que fueron consideradas las objeciones del Poder Ejecutivo.

No habiendo habido las dos terceras partes de los ■siembros presentes como lo requiere el artículo 05 de la Constitución, la Presidencia declaró archivado A proyecto y así se escribió en el acta de la sesión. Ni podía ser de otra suerte á vista de lo terminante de la letra del artículo constitucional citado, que dice así:

6íArt. 1>2. La Cámara examinará de nuevo el proyecto con las observaciones ú objeciones propuestas por

32 DOCTOR L. VILLANUEVA

el Ejecutivo y si las hallare fundadas mindaiá archivar el proyecto."

Sin embargo de este claro precepto del código fundamental, un momento después h izóse por el honorable señor Balbuena la proposición ' de que se alzase la sanción á lo acordado, para resucitar el ya muerto proyecto de Instituto. La Presidencia admitió inmediatamente la proposición, á pesar de la oposición de varios señores Representantes, y empezó una disensión acalorada que quedó diferida para el 21. En este dia creció el escándalo, porque se insultó atrozmente á dos ó tres señores Representantes que habiendo auti*s votado por el proyecto, en uso de su plena libertad y en conformidad á su conciencia, no tuvieron por conveniente insistir ; acto que los señores institutistas han calificado de traición, en tanto que sus oponentes nada han dicho contra los señores que habiendo sido sus compañeros en opinión y en sufragio contra el Instituto, han creído conveniente pasar á fortificar las filas contra las objeciones para elevar á ley lo que desde un principio hasta el fin estuvieron contradiciendo.

La sesión del 21 fué tormentosa y la proposicióu que en ella se ha sostenido no es como quiera escandalosa sino revolucionaria, porque desde que la mayoría absoluta de una Cámara cree que su querer puede ser superior á la letra y mandato de la Constitución, ella se desnuda de sus títulos, rompe el pacto y espone la Nación á funestos trastornos. Esperamos para dicha de Venezuela que el acto no se consumará y que calmadas las pasiones, la razón, la ley, el orden y los principios se harán oir de los mismos señores á quienes la pérdida de esta cuestión ha exaltado más allá de lo que compete á los Representantes del pueblo.

Vamos á dar un extracto del proyecto:

Establecíase el Instituto de Crédito Territorial bajo la garantía de la Nación, y autoriza básele para abrir créditos, mediante hipotecas, por la mitad del valor libre de éstas, sobre propiedades en estado de producción, y cuyo valor se determinaba sobre la base de seis por ciento de su producto anual líquido; y éste se fijaba en el término medio del que hubiera tenido en el quinquenio inmediato ; y además, so1 re el valor de las propiedades urbanas y sobre el de las tierras donde hubiera hatos ; á razón de cinco por ciento anual, pagaderos por trimestres anticipados y con veinte anos de plazo.

VIDA DEL GENERAL, ZAMORA 33

Ningún crédito podía pasar de veinte mil pesos:

El Instituto expediría títulos de capital y renta á los que tuvieran créditos abiertos en sus libros á razón del tres por ciento anual; debiendo amortizarlos anualmente por la suerte : y se le permitía además contratar empréstitos dentro ó fuera del país, bajo la responsabilidad de la Nación, y con intervención del Gobierno; y prestar dinero, ó hacer descuentos de corto plazo á agricultores, criadores y artesanos, bajo fianza personal, ó mediante el depósito de documentos de crédito público ó privado.

El Congreso fijaba anualmente la cantidad que podía emitirse en títulos de capital de renta.

La primera emisión sería de cinco millones de pesos.

Todas las reglas de administración, contabilidad y gobierno del Instituto tenían que ser aprobadas por el Poder Ejecutivo.

Autorizábase al Gobierno para que le auxiliase con la suma de cinco millones de pesos en efectivo, ■ que tomaría en empréstito, dentro ó fuera de la República, bajo la responsabilidad de la Nación. (1)

Cuarenta y cinco anos más tarde, el señor Doctor Eduardo Gárate, que ha hecho estudios especiales de estas materias, para contribuir á que Venezuela llegue á la civilización científica y productiva de los pueblos modernos, revivió, por un acto de patriotismo benemérito, la idea fundamental del Instituto Aranda, en su proyecto de Crédito Territorial,

1 Al fin de este capítulo va impreso el proyecto, tal como lo aprobaron las Cámara?, y el Mensaje del Presidente con su» objeciones.

lU DOCTOR L. VILLANUEVA

que presentó á la Sociedad Nacional Agrícola y Pecuaria en 1800: y antes, en 18(J8, había escrito el ilustrado señor J. A. Mosquera, en su folleto titulado Cuestión Agrícola un párrafo que dice así:

"En 184o como ahora, hombres pensadores amantas del país, honrados y jus icieros, fijáronse en la creación de un Instituto como la medida salvadora ; pero entonces como hoy, no faltaron personas equivocadas ó inexpertas, que á nombre de una mal entendida justicia, y un mal entendido celo por el Tesoro Público, combatieron de trente, y Cv>n todos sus esfuerzos la medida; y no faltaron tampoco entonces como ahora, otras, que, por miras interesadas ó egoístas, ó una lamentable ceguedad, pretendiesen burlar la opinión y propósitos públicos, falsificando el remedio con algo que bien podía convenir á ellos, pero <jue en manera alguna satisfacía las necesidades ni Jas aspiraciones dominantes/1

Gárate y Mosquera, juntamente con los señores Domingo Eraso, Carlos Engelke y Carlos Alberto Urbaneja, presentaron, en noviembre de 18H8, un luminoso informe sobre este mismo asunto á a antedicha Sociedad ; con lo que, ai cabo de medio siglo ha venido á coronarse de gloria, por un nuevo voto de aprobación consciente y público, la primitiva idea que debe Venezuela á su Partido Liberal, de redimir nuestras industrias por los Bancos de Crédito Territorial.

Proyecto de Ley sobre movilización de Crédito Territorial.

EL SENADO Y CÁMARA DE REPRESENTANTES DE LA REPÚBLICA DE VENEZITELA, REUNIDOS EN CONGRESO,

Decretan : Art. Io Bajo la garantía de la Nación y eu los tér-

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minos que expresa esta ley, se establece un Instituto de Crédito Territorial, cuya dirección, administracióa y operaciones se determinan en los artículos siguientes :

Art. 2? La dirección y administración de este Instituto, será desempeñada por tres directores que tengan las cualidades de Senador, nombrados del modo siguiente : El Poder Ejecutivo, previo el voto consultivo «leí Consejo de Gobierno, propondrá nueve individuos á la Cámara de Representantes, y ésta, reduciendo el número á .seis, lo presentará al Senado para que nombre los tres Directores.

§ 1? El Poder Ejecutivo por esta primera vez, hará •dentro de 24 horas después de sancionada esta ley, la propuesta de los nueve individuos de que habla este -artículo.

§ 2? La duración de los tres Directores será por seis años, reemplazándose de uno en uno cada dos anos, para lo cual los tres de la primera elección cesarán del modo siguiente: el último nombrado, á los dos años : el segundo á los cuatro y el primero á los seis.

§ 3o Las vacantes accidentales que ocurran, se llenarán por el Poder Ejecutivo hasta la inmediata reunión del Congreso.

§ 4o Los Directores que fueren nombrados Senadores -ó Representantes, Consejeros ó Sec otarios de Es'ado, por el mismo hecho cesan en su des>gjo de Director ; v del mismo modo los agentes nombrad**. --Senadores, Representantes ó Diputados provinciales, cesarán en su destino de agentes. Tampoco pueden ser Directores ni agentes, los Senadores, Representantes y Diputados provinciales, los Consejeros y Secretarios de Estado.

Art. 3? La Dirección está autorizada :

1° Para abrir crédito en los libros del Instituto al

<\ue lo solicite mediante la hipoteca correspondiente, y

dentro del término que previene esta ley.

2? Para calificar y aceptar la hipoteca de dichos créditos, y también para admitir las ya calificadas y aceptadas por la Junta de que habla el artículo f>° de esta ley.

3o Para expedir títulos de capital y renta á los que tengan crédito abierto en el Instituto.

4? Para recaudar las sumas que se deban al Instituto, y satisfacer las que éste deba por créditos y amortización de los títulos, ó por cualquier otro respecto.

;1° Para descontar al medio por ciento por año los

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títulos emitidos, en las épocas designadas en el articula 14 ; y también para vender dichos títulos, y hacer amortizaciones extraordinarias cuando lo crea conveniente el crédito del Instituto.

0? Para nombrar el agente que debe haber en cada provincia, peritos en la de su residencia y cualesquiera otros comisionados que exijan los negocios de su cargo. También podrá suspenderlos. Los peritos tendrán por remuneración los derechos del arancel judicial : los agentes el sueldo que la Dirección les asigna de 1.200 á 2.000 pesos: y los demás comisionados, la cantidad que la misma Dirección estime conveniente, según su trabajo.

7o Para emitir títulos hasta igualar la cantidad metálica que se consiga en empréstito por el Poder Ejecutivo, á quien se autoriza para contratarlo dentro ó fuera de la República, por la suma de 5.000.000 de pesos, bajo la responsabilidad de la Nación.

8o Para descontar con plazos hasta de un año, bajo dos tirinas de responsabilidad ó mediante el depósito cíe documentos de crédito publico ó privado, que valgan el duplo de la cantidad que se solicita, con el interés que la Dirección fijará precisamente, con aprobación del Poder Ejecutivo, al empezar sus operaciones. Siempre que hayan de hacerse descuentos, la Dirección y las agencias lo anunciarán al publico con la anticipación de veinte días, por carteles y por los periódicos, en donde los hubiere, expresando la suma que tenga á bien destinar á este objeto. La cantidad que se dé en descuento á cada peticionario no podrá exceder de 5.000 pesos; y cuando las solicitudes excedan de la suma destinada al descuento, se distribuirá entre los mismos peticionarios á prorrata.

9o Para establecer todas las reglas de administración contabilidad y gobierno con aprobación del Poder Ejecutivo.

10. Para proveer á las agencias de los fondos que les correspondan, conforme al artícnlo 4o y sus parágrafos.

Art. 4o Dentro de cuatro meses después de establecido el Instituto, se planteará una agencia de él en cada una de las provincias de la República. A estas agencias serán comunes las atribuciones 441, el primer inciso de la 5% en lo relativo á descuentos, y la 8n del artículo ;5V de esta ley, y además cumplirán todas las órdenes de la Dirección. El Instituto no podrá abrir su giro, sino cuando estén establecidas todas las agencias.

§ 1? Los fondos que deben remitirse á estas agencias

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conforme al numero 10 del artículo que precede, tendrán por base la población, con arreglo al último censo aprobado.

§ 2o En las provincias en que los pedidos calificados excedan de la cantidad que les corresponda, tomada la base de su poblacióu, se repartirá aquella entre todos los peticionarios de la respectiva provincia, rebajando á prorrata.

§ 3o Si alguna ó algunas provincias no hicieren pedidos sobre la base de hipotecas calificadas, ó aquellos no cubrieren lo que les haya r-abido con arreglo á la base de población, y conforme á los parágrafos anteriores, se les remitirá siempre por la Dirección la cantidad que faite, hasta cubrir su cuota sobre la misma base de población, para que la destine á descuentos, según el número 8? ílel artículo 3o, hasta que haya quienes la soliciten con hipoteca, con arreglo al artículo 13, reduciendo los términos á la mitad, á saber: dos meses para recibir las peticiones, avaluar, calificar y aceptar las hipotecas, y dos meses para que la Dirección emita los títulos conforme á esta ley.

Art. T>° En la capital de cada provincia, excepto en la de la Kcpública, habrá una junta auxiliar de la Dirección, compuesta del Gobernador, del agente de la Dirección y del Administrador principal de rentas municipales. A esta junta corresponde: Io el nombramiento de peritos para el avalúo de las fincas situadas en la provincia y que hayan de hipotecarse; 2o la calificación y aceptación de tales fincas; 3? las inspección sobre las hipotecas; y 4° del desempeño de todos los demás encargos que le haga la Dirección en su respectiva provincia.

Art. <>? Se abrirá crédito en los libros del Instituto hasta por la mitad del valor libre de las hipoteca luego que esta haya sido aceptada por la Dirección, ó juntas auxiliares; pero ningún crédito podrá exceder de 20.000 pesos.

Art. 7? El valor de los bienes que se ofrezcan en hipoteca se determinará sobre la base de (> por ciento de su producto anual líquido; y este producto se fijará en el término medio del qne hayan tenido en el quinquenio inmediato. En las nueve fundaciones agrí olas el valor se estimará proporcionalmente por el de otros establecimientos de la misma clase y del mismo lugar, que se hallen en estado de producir. Ninguna otra propiedad que no se halle en estado de producir, podrá ser aceptada para la hipoteca.

§ Io El valor de las propiedades urbanas se esti-

SÍ DOCTOR L.VILLANUEVA

mará también por el producto liquido de (5 por ciento »nual, bien sean aquellas ocupadas por sus propios dueños, bien por otras personas.

§ 2° A los dueños de hatos, se les abrirá crédito hasta el valor total de las tierras donde estén fundados sus hatos, cuyo valor se determinará por los peritos de Ja Dirección ó de la juntas auxiliares en sus casos, arreglándose á la estimación común.

Art. *° En períodos que no pasarán de tres años, se hará constar el estado de las hipotecas ante la Dirección ójunta auxiliar respectiva, quienes exigirán nuevas garantías hipotecarias por las que hayan desmerecido, ó el reintegro inmediato de la suma de crédito que corresponda ni demérito, ó de todo el «rédito, si el demérito fuese considerable.

§ único. Esto no obsta á que cuando la Dirección ó la junta auxiliar estimen conveniente sab^r el estado de la hipoteca de alguno de ios deudores al Instituto, la hagan reconocer para los fines expresados.

Art. 9° El crédito abierto en los libros del Instituto obliga al (pie lo haya obtenido, al pago semestral anticipado de o por ciento durante veinte años, á menos que antes de este término el deudor satisfaga la cantidad que reste por los títulos que recibió, devolviendo los que correspondan á la parte no satisfecha.

Art. 10. El Instituto pagará á los tenedores de lo* títulos el «S por ciento de interés dentro de los veinte días siguientes á cada semestre vencidos después de la fecha del título.

§ único. La Dirección designará el lugar y tiempo en que deban pagnrse los intereses de los títulos, así en ella corno en las agencias y en el extranjero; y también para la amortización de estos títulos.

Art. 11. Anualmente se aplicará á la amortización de los títulos una cantidad igual al 3 por ciento de aquella á que asciendan todos los títulos emitidos, y que hayan estado en circulación un año por lo menos. La suerte designará los que deban ser redimidos, y esta operación se hará con la mayor publicidad posible. Las amortizaciones extraordinarias se harán del mismo modo, y con la cantidad que determine la Dirección, cuando lo crea conveniente.

§ único. Los intereses de los títulos amortizados se aplicarán necesariamente al descuento de los títulos que estén en circulación, ó á amortizaciones extraordinarias.

VIDA DEL GENERAL ZAMORA 30

Art. 12. Los títulos se extenderán en la forma de billetes pagaderos al portador, según las disposiciones, de la presente ley, y por las cantidades de 100 pesosde capital y de (> pesos de renta anual.

Art. 13. Para la emisión de los títulos la Dirección invitará á los aspirantes, concediendo para su presentación el término de cuatro mese, y el día en que se venza este término abrirá un registro en que se inscriba á todos los aspirantes que se hayan presentado hasta aquel día, ó se presentaren en los cuatro meses siguientes. En cada agencia se conservará una copia del re gistro de los títulos pedidos y de las hipotecas que losafiancen en las respectivas provincias.

§ único. Los dos plazos de que habla este artículo,, principiarán á correr en las provincias desde el día en que establecidas las agencias hagan la invitación por orden de la Dirección.

Art. 14. Será deber de la Dirección y de las agencias hacer el descuento de todos los títulos que se les pres°nten de los que hayan cabido á sus respectivas provincias y además los que la Dirección mande descontar en dichas agencias en las épocas que la misma dirección designe; y estas épocas no podrán ser menos, de tres en el ano, previos los anuncios correspondientes, con anticipación de 30 d'as.

Art. 15. Cada aspirante inscrito designará inmediatamente la hipoteca, presentando el título con que la> posee y los documentos que acrediten que se halla libre de gravámenes ó que deducido el duplo de los gravámenes por censos, queda una parte libre que pueda responder al Instituto, ó que los acreedores anterioresceden su derecho de prioridad y cualquier otro derechoque les perjudique.

Art. 16. El justiprecio de los bienes parala hipoteca se hará por el perito ó peritos nombrados con arreglo» á esta ley.

§ único. La parte interesada podrá recusar sin causa hasta dos de los peritos que nombre la Dirección ó la Junta auxiliar resi>e¿tiva, con tai que no hayan principiado á ejercer su encargo.

Art. 17. No se concederá prórroga de plazo ó moratoria para el entero de las cantidades que se deban al Instituto. La Dirección y agencias demandarán ejecutivamente á los deudores morosos ante el tribunal que conozca de los negocios de la Hacienda Nacional. En estos juicios el Instituto, la Dirección y agentes que-

40 DOCTOR L. YILLAKUEVA

<ian asimilados á l:t Hacienda Nacional, y á sus empleados.

§ único. El empleado que no proceda á demandar ¡al deudor dentro del tercero día después de vencido el plazo, será responsable de las consecuencias de su demora.

Art. 18. La venta judicial de las lincas hipotecadas podrá hacerse por las dos terceras partes de su valor ■calculado por los peritos respectivo», y si esto no se consiguiere en tres almonedas sucesivas con intervalo de 15 <lías de una á otra, se podrá hacer la venta en la ter- ■cera por la cantidad adeudada y costas, y si no hubiere quien ofrezca la deuda y costas, la Dirección deliberará lo conveniente.

Art. 10. La certificación de los directores ó agentes «obre la legitimidad del crédito tendrán tuerza ejecutiva.

Art. 20. El Poder Ejecutivo dispondrá que la DiTeeción pague oportunamente los intereses del empréstito que, según esta tey, garantiza la Nación, y que destine también las cantidades necesarias para amortizar el «capital, todo conforme á las condiciones que se estipulen ■en el contrato de empréstito.

Art. 21. El Secretario de Hacienda inspeccionará mensual mente los trabajos de la Dirección y hará el tanteo de caja: cuidará del cumplimiento de la presente ley y de los reglamentos del Instituto, corregirá las taitas ó abusos que note, é informará de todo al Presidente de la República, quien podrá suspender á cualquier empleado culpable hasta la Resolución del Congreso.

§ único. En las agencias tendrá la misma inspección y hará el tanteo de caja el Gobernador de la Provincia acompañado de su Secretario, y de las faltas que note informará inmediatamente á la Dirección y al Secretario «de Hacienda.

Art. 22. El Instituto queda exento del pago de todo impuesto ó contribución nacional ó municipal.

Art. 23. En las escrituras que se registren para ^asegurar las hipotecas que se constituyan á favor del Instituto del Crédito Territorial, no se cobrará el cuarto por ciento que la ley de registro ha impuesto sobre las escrituras que se refieren á cantidades que han de pagarse ó recibirse por los otorgantes, ni tampoco en las -escrituras de cancelación de aquéllas.

Art. 24. El sueldo de cada Director será de tres mil pesos anuales.

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Art. 25. La Dirección se instalará dos meses después de publicada esta ley ; y se ocupará inmediatamente en formar el reglamento general y los particulares de las agencias, mientras corre el término al artículo 13 para la inscripción de los aspirantes á los títulos del Instituto, nombrará los agentes en las provincias, les señalará sueldo, y dictará las demás medidas que estime conrenientes á su objeto. Los directores y los agentes disfrutarán solo de la mitad de su sueldo ínterin no principie la emisión de títulos.

Art. 26. Los directores y agentes prestarán fianza antes de entrar en el desempeño de sus destinos, por el duplo de los sueldos que disfruten.

Art. 27. El Instituto no podrá hacer otras operaciones (pie las detalladas en la presente ley.

Art. 28. La Dirección pasará cada tres meses al Secretario de Hacienda un estado de todos los negocios del Instituto. El Secretario formará un resumen de dichas noticias y lo pasará al Congreso en sus reuniones anuales con ios demás informes que juzgue convenientes, y hará publicar en la Gaceta dichos estados.

Art. 29. La Dirección refundirá en su cuenta anual que llevará por años económicos de julio á junio las de las «agencias (pie le serán remitidas en la época que ella fije en sus reglamentos; y la pasará en 1? de octubre de cada año al Tribunal mayor de cuentas para su examen y aprobación. Dicho Tribunal encontrándolas conformes, espedirá el competente finiquito, y no estándolo, pasará á los directores la planilla de reparos para su solvencia en el preciso término de 30 días. En uno y otro caso el Tribunal mayor informará al Congreso por conducto de la Secretaría de Hacienda, con los documentos correspondientes á las mismas cuentas, en los primeros 15 días de cada reunión ordinaria.

Art. 30. La falsificación de los títulos del Instituto, la instrucción de títulos falsificados, la posesión de títulos falsificados á sabiendas de serlo, con intención de ponerlos en circulación fraudulenta, el hecho de grabar alguna plancha ó preparar algunos intrumeutos ó materiales con el objeto de falsificar títulos del Instituto, ó el de tener en su poder semejante plancha, instrumento ó materiales, con el intento de que sean empleados en falsificar dichos títulos, se castigará con la pena de tres á ocho años de trabajos forzados, ó con la de prisión (pie no pase de diez años y multa que no exceda de cinco mil pesos.

Art. 31. La emisión de títulos mas allá de lo permitido por la ley, se castigará con la deposición del destino, si

42 DOCTOR L. VILLANUEVA

no hubiere habido fraude. Resultando éste, se impondrán además las penas que señalen las leyes comunes. En ambos casos se recocerán los títulos emitidos ilegalmente y se destruirán.

Art. 32. Los directores y agentes incurren en las mismas penas que los empleados de Hacienda en los casos de fraude, malversación, connivencia ú otros delitos respecto de los negocios que manejan.

Art. 33. Las quejas por injusticia atribuidas á la Dirección ó á las agencias, se dirigirán al Secretario de Hacienda, en la capital ; y á los gobernadores en las provincias para los efe otos del artículo 21 y su parágrafo, y para que pasando estos su informe al Secretario de Hacienda tenga su cumplimiento el artículo 28.

Art. 34. El Poder Ejecutivo en la consecución del empréstito, no admitirá condiciones gravosas á los finea del Instituto y que estén en pugna con la presente ley.

Art. 3.5. El Tesoro público suplirá con calidad de reintegro de los fondos del Instituto, los gastos necesarios para conseguir el empréstito y plantar la Dirección y sus agencias hasta que abran su giro

Art- 3<>. Ni los directores ni los agentes podrán obtener títulos ni otra clase de auxilio de los fondos del Instituto.

§ único. Tampoco podrán comprometerse como fiadores por cantidades que se soliciten del Instituto.

Dado en Caracas, á 4 de mayo de 1845, 16° de la Ley y 35° de la Independencia. — El Presidente del Senado, Eduardo A. Hurtado. — El Presidente de la Cámara de Representantes, Miguel G. Maya. — El Secretario del Senado, J. Ángel Freiré. — El Secretario de la Cámara de Representantes, Juan A. Pérez."

OBJECIONES HECxIIS POR EL PODER EJECUTIVO AL PRO* YECTO DE LEY SOBRE INSTITUTO DE CRÉDITO TERRITORIAL.

Excelentísimo señor :

El cumplimiento de un deber imprescindible me pone en la necesidad de devolver al Congreso el proyecto de decreto que funda un Instituto de Crédito Territorial sobre la garantía de la Nación. No se me oculta la disl>licencia con que va á ser recibido este paso por una

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porción, no corta, de ciudadanos muy estimables que están persuadidos de que el acto legislativo á que me retíero es un manantial de bienes para Venezuela, y lo* cuales han de ver con disgusto todo lo que en su concepto se oponga al logro de tan caro objeto; mas tengo que pasar por esta pena, después que muy detenidas meditaciones sobre la materia me lian dado por insultado que la utilidad del país, la conservación de sn crédito y la defensa y protección de los derechos de todo* exigen de mí que haga cuantos esfuerzos estén en mis facultades para detener, por las vías legales, la sanción de una medida que ofrece en su ejecución graves inconvenientes. Estimulado por las más fuertes convicciones y animado del más ardiente celo por la felicidad de la Kepública, dispuesto á hacer por ella todo género de sacrificios, voy á prestarle el de contrariar un i>royecto qne ha aprobado una muy considerable mayoría de ambas Cámaras, como el medio más propio para sacar á las industrias del abatimiento en que se hallan, y traernos luego bienes políticos y económicos de alta importancia. Tengo el sentimiento de pensar muy de otro modo v de haber formado un juicio distinto sobre el Instituto de crédito territorial, según se formula en el proyecto, después de haber oído las razones con que se ha sostenido é impugnado.

En el Mensaje que dirigí al Congreso al iniciar su» presentes sesiones, dije á las Honorables Cámaras que nuestro estado interior requería que con toda solicitud se examinasen los distintos ramos de la legislación en su relación con el progreso general de la Bepública ; para oue con conocimiento de lo u.ne fuese justo y conveniente á la Sociedad, decretara el Congreso medidas que pudieran ser abrazadas con confianza por todos los venezolanos y que produjeran beneficios importantes á nuestra patria. La que contiene el proyecto de crédito territorial, ni la creo justa ni conveniente, ni será abrazada con confianza por todos los venezolanos, y lejos de producir beneficios importantes puede ser fecunda en todo género de males.

En Venezuela, dorde las rentas publicas se forman de las contribuciones que indirectamente pagan todos los ciudadanos, no puede considerarse corno rigorosamente justo un auxilio que no puede alcanzar á todos, y para el cual se comprometen en garantía las rentas que todos pagan. Con tal sistema de contri buciones es inconciliable todo auxilio directo por la relación que debe existir siempre eníre el empleo que se haga délas rentas y el bienestar de los que las forman. Por más que el Congreso se haya esmeado en generalizar el auxilio á las indus-

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trias, ya distribuyéndolo entre todas las provincias, según la base de población, ya reduciendo á veinte mil pesos el máximum del auxilio á que pueda aspirarse, ya permitiendo el empréstito de algunas cantidades sin hipotecas, no puede negarse que el beneftcio, para que sea provechoso, sólo puede alcanzar á un pequeño número de propietarios, insignificante, comparado con la totalidad de los industriales venezolanos. Cuando este modo de ver la cuestión se haga familiar, cuando el resultado convenza á muchos de los que hoy esperan sin fundamento obtener el auxilio, que él no puede dispensarse á todos, cuando se palpe la distinción que necesariamente ha de hacerse entre los qne prestan seguridades y los que no pueden darlas, no obstante la mayor necesidad de socorro que tienen éstos, nada será comparable á su disgusto; y puede asegurarse que el que se hace sentir en la actualidad por consecuencia del atraso de los industriales, se concentrará en loa últimos y i>odrá producir efectos más desagradables. Sin entrar en minuciosas demostraciones sobre la inseguridad de las hipotecas, sobre visicitudes y sobre otros puntos que se han discutido juiciosa y acertadamente para convencer la certidumbre del riesgo á que se expone el Tesoro público, no obstante las precauciones que se han escogido para desviar todo peligro, yo me limitaré á interpelar acerca de su existencia el buen criterio de todos los Honorables Senadores y Representantes, y á enunciar como una verdad umversalmente reconocida en sus principios, que el accidente muy posible de que la Nación haya de pagar por sus fiados y quedar constituida acreedora de estos, la coloca bajo un doble aspecto en una situación delicada, porque produce simultáneamente las quejas de los contribuyentes y el desafecto de los adeudados. La medida de auxilio que ha acordado el Congreso, no solo traerá inconvenientes graves al establecimiento, como lo he indicado, sino que cada vez irán siendo mayores y autorizando nuevas y mayores exigencias. Presiento que si llega á tener efecto, ella será la materia preferente, si no la única, de las legislaturas venideras, y que les robará como este ano, pero ya de un modo inevitable, el tiempo preciso que reclaman medidas indirectas que á la larga deben producir un resultado más satisfactorio.

Cna protf cción como la que se acuerda, en que para guardar consecuencia ha debido prcseindirsc absolutamente de la moralidad y atender sólo á la responsabilidad material del que la solicita, si por una parte presenta- al Gobierno revestido de odiosas apariencias y á algunos industriales probos y dignos de consideración enteramente desatendidos, por otra provoca el abuso de muchos á

VIDA DEL GENERAL ZAMORA 45

quienes hasta ahora ha salvado una saludable timidez en contraer empeños, por las facilidades que le brinda y por la competencia en que pone la ley á todas las provincias para obtener en virtud de los pedidos de sus habitantes la rata del empréstito correspondiente á su población. Nada hay más funesto para la riqueza de un país que la imprudencia de las empresas; y una ley que la estimula, que convida al abuso que interesa en su favor el tuerte sentimiento del patriotismo local, no puede ser conveniente.

Por otra parte, el crédito de la Nación, siendo una propiedad de todos los venezolanos, no puede usarse sino en beneficio de todos y con la más rigorosa economía. El se disminuye como el de los particulares cuando se recarga con muchas obligaciones. El debe conservarse intacto para el caso de una guerra, si tal desgracia pudiera afligirnos algún día, para la apertura de caminos y otras empresas de utilidad general de que tanto ha menester un país naciente é inculto como Venezuela, y aun para operaciones financieras que tuviesen por objeto la conservación de ese mismo crédito nacional. Paréceme que empeñarlo en un auxilio directo y no general en circnnstan cías en que con una deuda pasiva exterior de mas de veinte millones de pesos, carecemos de vías de comunicación, de este importante resorte de mejora y engrandecimiento, es obrar de una manera poco conforme á los principios administrativos que recomiendo y cuya solidez no puede menos (pie reconocer la ilustración del Congreso.

Si de estas consideraciones generales quisiera descender á ocuparme de pormenores del proyecto, que tengo la honra de devolver, se me presentaría un vasto campo de observaciones sobre inconvenientes para su ejecución; pero convencido de que las Honorables Cámaras habrán sometido á un ilustrado examen muchas de las que yo iradría hacerle, me limitaré á exponer que según los cálculos más probables, fundados en la experiencia de esta clase de negociaciones, el empréstito de cinco millones de pesos qne se manda negociar para que sirva de capital al Instituto, aun cuando se consiga el seis por ciento de interés anua], calculando este sobre la suma que realmente venga al paí*, hechas las deducciones que son de costumbre, resultará á una rata de 9 á 10 por ciento, lo cual será un inconveniente insuperable para la ejecución de la ley por el gran perjuicio que sufrirá la Nación.

El Poder Ejecutivo se ha opuesto á la medida que abraza el proyecto desde su segunda discusión en la Cámara donde tuvo su origen, y aunque su oposición no bastó á detener su progreso ha llegado Ja oportunidad de consignar en nn documento solemne los motivos de esta

46 DOCTOR L. VILLANÜEVA

<>l>osición, para que la Nación, de quien tiene sus poderes, <3onozea la conducta de su delegado.

Si el Instituto hubiera de producir los bienes que auguran sus sostenedores, nada se perdería por un nuevo examen ; si males, yo habría tenido la satisfacción de diferirlos. No sostengo causa propia: sostengo la pública ■en desempeño del alto deber en que estoy constituido por la voluntad de mis conciudadanos, y aunque alguno le sea enojoso mi proceder, espero que más tarde harán justicia á la sinceridad de mis intenciones y á la honradez de mis principios. Amo de todo corazón el bien de mi patria, y si me impresiona profundamente toda presunción del mal para mis conciudadanos* esta impresión nace de un sentimiento puro y ageno de todo lo que pudiera caracterizarlo de caprichoso ó sistemático. Respeto y acato la opinión del Congreso como la expresión legítima de la voluntad nacional, y este mismo respeto, y la necesidad de conservar la confianza de mis conciudadanos, me ha determinado á someter á vuestra alta consideración estas observaciones en busca de vuestra última resolución, á la -cual daré más puntual y exacto cumplimiento.

Si esta ííltima resolución del Congreso fuere la de encontrar fundadas mis observaciones, en este caso os pediré desde ahora vuestra cooperación para la ejecución «de un plan qne tenga por objeto la mejora pronta y eficaz -de nuestras principales vías de comunicación, en una ■empresa nacional de caminos, usando del crédito público. La aprobación anual de ltiü.OUO pesos para la mejora gradual de las vías (le comunicación, dentro de cincuenta anos habrá ascendido á ocho millones de pesos, y nuestros •caminos se encontrarán en el mismo estado que hoy con muy poca diferencia. No sucedería así si desde luego se aplicasen los ocho millones ó menos. Muy pronto, dentro «de dos anos quizá, empezaríamos á experimentar grandes beneficios, y antes de quince, el impulso que habría recibido nuestra industria, habría sido más que suficiente para pagar dicha suma, dejándonos un grande é incalcuia b!e aumento en la riqueza pública y en la mejora de nuestra condición social. Cada día es más urgente la aplicación de nuestros recursos á esta grande empresa. El vuelo que lleva el ramo de caminos en todo el mundo nos ha dejado atrás á una distancia inmensa, y los costos «de trasporte recargan nuestros productos con un gravamen que ya no pueden soportar el más económico, ni el más laborioso propietario.

Mas si vuestra última resolución fuera la de que no encontráis fundadas mis observaciones , el proyecto será ley de la República, y el Poder Ejecutivo empleará en su eje-

VIDA DEL GENERAL ZAMORA 47

ración la más solícita diligencia, para que se realicen los bieoes que el Congreso se promete y se disminuyan los nales que el Poder Ejecutivo terne.

Excino. seüor.

Carlos Soublette.

Caracas : mayo 19 de 1845. — 1G de la Ley y 35 de la Independencia."

:„ ^.

CAPITULO II

I. Anudando el hilo de nuestra historia en lo „ *ol¿tic* del

Oral. Soublette.

referente á las ocurrencias políticas, debemos decir que á las leyes, con que se tenía encadenado el país, intentaron los oligarcas agregar otras, aún más restrictivas; y al efecto presentaron al Congreso del 45, proyectos para limitar la libertad de la prensa, aumentar la fuerza permanente, anular las funciones del Poder Municipal en lo relativo al nombramiento de jueces inferiores, como resorte para las e'ecciones, que necesitaban poner en manos del Poder Ejecutivo; y otro, aún más descabellado, en que disponían que no se permitiese votar á los que no supiesen leer y escribir; con lo cual pensaban inutilizar en los comicios las cuatro quintas partes de los venezolanos, afiliados ya en el Partido Liberal. Por fortuna todos estos proyectos fueron desechados por las Cámaras y por el General Soublette, Presidente constitucional en el período de 43, 44, 45 y 46 ; personaje cuyo carácter y principios no se conformaban á los dogmas de exclusión y absolutismo del Partido de la oligarquía, del cual no era jefe, pero ni aun inspirador.

Véase, si no.

50 DOCTOR L. VILLA2ÍUEYA

En los años del 43 y 44 mantúvose el General Soublette firmemente neutral entre los dos partidos, sin patrocinar á ninguno de los dos: mostrando el más nimio respeto á la Constitución y á la prensa, y asegurando á todos los ciudadanos sin distinción, las garantías que les brindaban las instituciones.

No tenemos reparo en escribir este juicio, porque nuestra palabra como liberal es insospechable; y debemos escribir estas páginas, sujetos á las dos principales leyes de la historia, á saber: no atreverse á decir nada que sea falso; atreverse á decir todo lo que sea verdad (1).

La estructura política de aquella situación estribaba en las tres siguientes fuerzas públicas :

El Gobierno — El Partido Conservador — El Partido Liberal.

La conducta de Soublette en los dos primeros años de su presidencia, nos trae á la memoria la serenidad de Washington en los primeros años de su gobierno, cuando empezó la lucha entre los federalistas de Hamilton,Secretario del Tesoro, llamados el partido del orden, que pedía grandes facultades para el gobierno federal, no sin detrimento de la soberanía de los Estados ; y el partido de Jefferson, Secretario de Estado, conocido con el nombre de los republicanos: Partido liberal de los primeros días de la, Unión, que reclamaba la independencia de las Secciones, y proponía que el gobierno federal se ocupara en despachar los asuntos internacionales, antes que los negocios de la política doméstica. Aquel gran magistrado tuvo al fin, por imposición de las cir-

1 Cicerón.— De o rato re. 11—15.

VIDA DEL GENERAL ZAMORA 51

cunstancias, que inclinarse á los federalistas; por lo <\ue, encolerizados los republicanos, empezaron á insultarle, hasta burlarse de los títulos gloriosísimos con que lo habían honrado sus conciudadanos, poco antes, por amor y gratitud. (1).

Ya para 45 se notó en el general Soublette ■disposición á servir los intereses de los oligarcas, con motivo del proyecto del instituto ; y desde aquella fe- «cha los liberales extremistas, perdida la esperanza de .atraerle? ó de mantenerle por lo menos en su posición de neutral, se dieron á atacarle en todos sus periódicos, y aun á amenazarle de muerte ; lo que equivalía de parte de sus escritores á cometer el gravísimo error de sacrificar en el ara del deleite de la vana popularidad, que tanto embelesa á los tribunos y periodistas, la conquista probable del poder por el favor de la opinión pública, asistida de ciertas eficaces y discretas influencias oficiales: camino seguro que aconsejan tomar los más prácticos hombres de Estado en t anees parecidos.

Con todo, el General Soublette procuraba siempre mediar entre unos y otros, impidiendo, hasta donde le era posible, que el principio de autoridad rayase en tiranía, y la justicia de los tribunales en -crueldad, y que se abusara del poder de aquellas terribles leyes para oprimir á los liberales; conteniendo al mismo tiempo á estos, con discreción y justicia, para no dejarles llegar á los excesos á que tienden siempre en sus principios los partidos populares.

Porque si bien es verdad que los partidos conservadores, llamados de orden, son implacables en su

1 Lo» republicanos le llamaban The Stepfather ofhia conntry. — Brice. The American conmouwealth. — Voi. II.

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despotismo, odiosos por sus crueldades, y nocivos at progreso público por su tenaz apego á lo pasado ; tam~ bien tenemos por cierto, que los partidos liberales en sus principios, con más fe en el pueblo que en el gobierno, han sido siempre demagogos. En Roma con los Gracos, Mario y Catilina. En Francia con el Terror del 93, con los Rojos del 48 y los Comunistas del 70. En los Estados Unidos con el partido de Jefferson. En Venezuela con los patriotas del año de 11 que gritaban: "viva la santa demagogia." Y tal sucede, porque la demagogia es la suspirada forma de vida autonómica de todas las infancias ; de la infancia del hombre, cuando aspira á la independencia personal ; de la infancia de los pueblos, cuando quieren pasar de colonias á naciones soberanas ; de la infancia de los partidos democráticos, cuando empiezan sus ludias por la libertad.

Aspiraba también Soublette á implantar una política de fusión, ó unión entre los moderados de ambos bandos, diciendo (pie su Gobierno era nacional y no de partido; lo cual desagradaba á los oligarcas, quienes lejos de querer compartir el poder con sus contrarios, pugnaban porque se les persiguiera, hasta rendirlos v acabarlos.

Pensó una vez proponer al señor Guzmán la Secretaría de la Legación del General Urdaneta en París, y los oligarcas intrigaron tanto contra esta idea, que al fin tuvo (pie desistir de ella : y si bien no era este empleo apetecible para Guzmán, habría quedado siempre la propuesta, á lo menos como signo de una política de tolerancia y conciliación, que los exaltados calificaban de política de laisscr /aire, laisscr p(ixs<.'ry atribuida á debilidad, vacilación y abandono ; cuando, según dejó escrito su Ministro

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Cobos Fuertes, era justamente el resultado de un -plan premeditado y seguido sin titubear en todo el curso de su Administración (1).

Este mismo Ministro explica, aunque con muchos miramientos hacia sus eopartidarios, cómo se formó la oligarquía, y de qué modo acaeció su inesperada ascensión personal á la Casa de Gobierno, cuando renunció el Doctor Aranda las Carteras de Hacienda y Relaciones Extenores, por no estar de acuerdo con el Presidente en el proyecto de Ley del Instituto.

Hé aquí sus palabras :

"Hasta 1S44 los Ministerios habían sido servidos por sujetos de reconocida capacidad, experimentados en la administración de los negocios ó formados en las mesas de las Secretarias, como era regular. Los patriotas que nos habían gobernado, habían temido confiar los intereses públicos á manos inexpertas. Como los primeros marinos no osaban salir del Mediterráneo, salvando las columnas •de Hércules, así nuestros primero* magistrados no se atrevían á salir de un corto número de hombres aptos, ú quienes, y á los que los sostenían, se dio el apodo de olhjarcas (gobierno de pocos.) Los que se denominaban liberales impugnaban esa honrosa timidez, la acriminaban y pedían el ensanche del círculo elegible. A estas exigencias debo mi honorífica é inesperada elección para Ministro de Interior y Justicia." (2)

II. IK'bese á los liberales el primer trascenden- ios iiber*iet

1 / fundan la pren-

tal movimiento de nuestra prensa política, pues á la"Politicavez que del 40 al 4(i fomentaron sin descanso la creación de órganos suyos para esparcir las nuevas ideas, avigorar el ánimo de sus parciales, y darles á conocer el mérito de directores de la causa, y los defectos y culpas de sus enemigos, provocaban á éstos á levantar tribunas para discutir con ellos los intereses

1 M*teri <»les para la biografía del (reneral C. SouVette, publi- •cadoseí Caracas en 1*70 por el Doctor F. Cobos Fuertes.

2 Este nombramiento marca de una manera indeleble la política neutral del Poder Ejecutivo eu la contienda política de los partidos constituci male«. Es uu chasco para la oligarquía: es un progreso. — El Venezolano, número 241.

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nacionales, en el campo luminoso de la paz y de las leyes. Sus oradores y periodistas, Landerr Guzmán, Renclón, Urrutia, Sanavria, Larrazábalr Arteaga, el padre Espinoza, Echeandía, Arandar Bruzual, Ruiz, Arvelo, el Doctor García, y otros de no menores prendas de inteligencia y patriotismo,, despertaban el pueblo, enseñábanle sus derechos, y le incitaban á ejercerlos en las elecciones y en la prensa. Constituidos en partido político avivaron por una reacción natural las energías. de sus contrarios, v les obligaron á defenderse con la pluma y la palabra; quedando establecida desde entonces y por primera vez, la lucha de nuestros partidos, cada cual con sus principios, hombies y periódicos. De suerte que, puede bien decirse que los liberales fueron los fundadores de nuestra prensa independiente, los que ensenaron por medio de ella a sostener las libertades públicas, á mover las inteligencias al progreso común, y á poner en vigencia el derecho electoral para dar comisarios á la Nación al gusto de sus mayorías.

El periódico principal de la propaganda liberal fue El YvnezoJano.

Este periódico empezó á salir en agosto de 1840 en la imprenta del señor Valentín Espinal ; de aquí se mudó á la de los señores Núñez y Marquiz, entre las esquinas de Catedral y las Madrices. Después se imprimió en la del señor George Córser, entre Camejo y Santa Teresa. De esta pasó* á la suya propia, que se instaló en la esquina de La Bolsa, y se inauguró el 28 de octubre de 1841.

La primera publicación de este taller tipográfico fué una hoja escrita por el señor Guzmán, como

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homenaje de la "Sociedad de Artistas" al Libertador. Era Presidente de este Cuerpo el maestro talabartero Jos¿ Luis Moreno ; Vicepresidente, el maestro sastre Santiago Madriz ; y Tesorero el maestro carpintero Juan García, uno de los diputados muertos el 24 de enero.

Constituyóse el personal de la redacción con el señor Juan V. González, en calidad de colaborador, hasta 184o, en que este se convirtió á la oligarquía, y con los escribientes Jerónimo E. Blanco, León Cova¿ Carlos Berrío, padre del General Joaquín Berríor León Van Praag, X. Maurv, Epifanio Franco, Tomás Pacaníns v Abigaíl Lozano.

PERSONAL DE LA IMPRENTA:

Regente Zacarías Lia gimo

Cajistas

Manuel J. Rivas José Félix Monasterios

Juan Bautista Galarraga José de J. Torrealba

León Echeverría

Distribuidores y cajistas en periódicos

Jacinto Echeverría Federico Latassa

Sandalio Urizaba Eliodoro López

Prensistas

Felipe Ovalles Benigno Barroza

Nicomedes Peña Manuel María Mondragón

Vicente Lliliado

Encuadernador : Benicio Cordero

Con estos empleados se abrió la imprenta; y se clausuró en octubre de 184fi con los siguientes :

Regente, Camilo Machado Eliodoro López Juan Bautista Galarraga Felipe Ovalles

Ramón Alcalde Pina

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Al principio de 1843 se trasladó esta imprenta á la casa de la esquina de la Sociedad, de la propiedad de Doña María Antonia Bolívar de Clemente, hermana del Libertador.

En el renombrado Sextenio de incubación del Partido, publicaron los liberales diversos periódicos, de más ó menos duración, pero todos con el mismo programa de oposición por un parte, y de ideas innovadoras por la otra, á saber:

El Centinela del Avila, del Doctor Sanavria y del señor T. Lander, 1840.

El Relámpago, de Lander, Arvelo y Guzmán, 1843.

El Agrictdtor, del Doctor M. M. Echeandía y Esteban Herrera, 1844 — Órgano de la Sociedad Agrícola.

La Nuera Era, d?\ Doctor Fidel Rivas y Rivas.

El Trabuco, El Zancudo, Las Avispas, de Luciano Requena.

El Sin Camisa, de Mauricio y Teodosio Blanco. El Republicano, de Blas Bruzual. El Diario de Caracas, de Manuel Larrazábal. El Constitucional, del Doctor Urrutia y varios.

El Progreso, defensor del Instituto Aranda, 1845.

El Elector, del Doctor Lucio Pulido y Doctor G. Tell Villegas.

Los A yes del Pueblo, 1845.

El Tribuno, de Cumaná, de E. Rendón.

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El Observador, de Cu maná.

El Patriota, redactado por el Doctor Felipe Larrazábal, cuvo Editor era su hermano Salvador Larrazáhal ; Cronista Colaborador, su hermano Manuel Larrazábal : y Secretario de la Redacción, Rafael Díaz, sacerdote después y hoy Canónigo de la Iglesia Metropolitana. Entre sus colaboradores trabajaban, los sejíores Pbro. Doctor José Alberto Espinoza, Doctor Ramón Anzola, Licenciado Claudio Viana, General José M. Olivares v Doctor José Manuel García. Sus impresores fueron Elias León, Regente Cajista; y oficiales, Epifanio Franco. Andrés Figuera, Fermín Villegas, Valentín Blanco y José Jesús Castro, prensista.

Fuera de estos periódicos, circulaban muchos pecpieííos de chistes, versos y caricaturas.

Para contrarrestar la prensa liberal, publicaron )os gobiernistas en el mismo Sextenio los que á continuación se expresan :

El Correo de Caracas, de Cajigal, Acevedo y Briceüo : El Liberal, de Julián García y después de José María de Rojas; El Nacional, de Cajigal; La Unión, continuación de El Nacional ; El Estandarte Nacional, de José Quintín Suzarte y Cristóbal Mendoza; El Promotor, de Olegario Metieses y Fernando Antonio Díaz : El Diario de la Tarde, de Juan Vicente González; La Prensa, del mismo González ; Venezuela Ubre, de Hermenegildo García; La Razón, de Fernando A. Díaz; Las Catilifiarias, de Juan Vicente González ; El Itn parcial, de Espinal y Acevedo; El Mercurio, de los mismos; El Manzanares, de Pedro J. Rojas, El Tiempo, y otros de menor nombradla.

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Después del respetable Gobierno de Varga», quedó la sociedad hasta el 42 bajo la presión enervante de Administraciones con falta de iniciativa para las mejoras, de Congresos independientes y de Municipalidades activas; sin partidos políticos, ni alternabilidad en los empleos; y sobre todo, sin prensa de oposición, que es unas veces, la irresistible tuerza motriz de la opinión contra la pereza ó los descuidos de los mandatarios; v otras, el iulgurante látigo de Dios contra los opresores de los pueblos.

El 9 de febrero. tttt i* •' i* i • i i • i

111. La evangelizacion (te ios liberales inspirada en los más puros principios de las ciencias morales y políticas, vino á ser una fuente de vida (pie incitaba los jóvenes, aun los de familias oligarcas, á amar la libertad, á venerar las instituciones, y á emplear con entusiasmo sus aptitudes en las controversias sobre los diversos ramos de la Administración publica; en comprobación de lo cual, puede citarse lo que ocurrió el \) de febrero de 44, día magno de la libertad, cuando los oligarcas, sin freno en sus desafueros, querían que el jurado de imprenta multase y encarcelase al señor Guzmán por un periódico, El Reli'nnpaffn, que había sido impreso en su taller tipográfico, contra el señor Juan Pérez, Director del Banco Nacional.

Agitado Caracas en el día por gruesos bando* de liberales y de oligarcas (pie cruzaban las calles, amenazándose mutuamente, creció en angustias por la tarde, ansiosos todos de saber el veredicto de los jueces. Fue entonces cuando agolpada la multitud con gran gritería contra la casa del Jurado, entre las esquinas de la Pedrera y Marcos Parra, se vio á los hijos del General Soublette, Carlos y Evaristo, bajar del Molino, sito en el cerro del Calvario, á

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la cabeza de los estudiantes de la Universidad, dando vivas á la libertad de imprenta. Loable rasgo de virtud cívica, que da á entender, cuanto habían ganado en todas las esferas de la sociedad las nuevas ideas políticas, que los liberales venían inculcandoen la couci^ncia pública, por medio de sus arengas y escritos.

La entrada de estos jóvenes por la esquina de Marcos Parra produjo tal conmoción, que los agentes de policía, apostados en las ventanas de la casa del Jurado, botaron las carabinas y se pusieron en fuga. Los oligarcas, asustados con el tumulto, cada vez más exaltado, idearon disolverlo por la fuerza, para imponerles su voluntad á los jueces; y al efecto diputaron una comisión al (xeneral Soublette para informarle de las cosas y pedirle que mandara al Coronel Codazi, Director de la Academia de Matemáticas, con una fuerza de artillería que despejase la calle. El Presidente, luego que oyó á los diputados, les contestó, dueño de sí, con las palabras siguientes, que se han hecho inmortales : Digan ustedes al señor P residente del Jarado, 'jae para conserrar el orden to([ue la campanilla. Tan prudente conducta de parte del General Presidente exacerbó á los oligarcas, quienes para vengarse de él, publicaron el día siguiente una grande hoja suelta, titulada El Gran Traidor, y después otra llamada La Oposición Garyantúa, destinada también á infamarle. Los liberales, pur el contrario, le colmaron de alabanzas.

IV. En 1 s primeros combates eleccionarios de 40 Elecciones de i y 42 los liberales fueron ciertamente vencidos; pero40*148' lejos de perder el ánimo, cobraron nuevos bríos para emprender otros contra el Banco y los curiales.

Llegó el 44, y en el cantón Caracas, com-

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puesto de 17 parroquias, (1) ganaron los liberales por 2.141 votos contra 800 de los oligarcas; con que lograron el triunfo de su plancha de electores (2) y la mitad de los miembros del Concejo Municipal; y queriendo hacer buen uso de la victoria, se apresuraron á ofrecer sus servicios al Presidente, para sostenerle y resguardar el orden publico. Pero los oligarcas se dieron sus artes de adulterar las votaciones en otros Canfines; pues cuando los registros daban á los liberales 55 votos, que eran más de las dos terceras partes del colegio electoral, resultó que perdieron la elección de los diputados de la provincia, porque los enemigos consiguieron elevar ilegalmente á doce el número de electores del Cantón Calabozo, y á cuatro los de Chaguaramas y Orituco, todos s ivcs, y hacer figurar la parroquia de San Juan de los Morros con más sufragantes que todo el Cantón de Villa de Cura: con lo cual obtuvieron en definitiva cinco electores por aquel Cantón Así y todo, no contaban sino veinticinco, y no fué sino por cohecho, cómo alcanzaron otros más en el colegio, con lo cual pudieron nombrar los diputados de la provincia por una mayoría de tres votos. Empero, resaltaban tanto el prestigio y méritos de los candidatos liberales, que los mismos oligarcas tuvieron que votar por algunos de ellos, como por el Pbro. Doctor José Alberto Espinoza, Rector y Catedrático de la Univer-

1 El cantón Caracas pe componía de las siguientes parroquia*: San Pablo, Candelaria, Altagraeia, San Juan, Santa Rosalía, Ma- <»arao. Los Toques, Antíniano, Catedral. Chaeao, El Val'e, L,a Vega, Cañizal, San Antonio, San Diego, Paraeotos y San Pedro.

2 La p'atchn de electores, ganada por lo*, liberales en Caracas fué eeta : Doctor Cario* Ai velo, José Lu;s Moreno, Esteban Herrera. Doctor Jo é Alberto Espinoza. Doctor José Manuel (García, Doctor M. M. Eeheaudía, Auto io L. Quzímín, Doctor Tomás José Sanavr»a. Saatago Mudnd, Juan Francisco Guzím'm , Florencio Orea, José To libio Iribarren, Ricardo Romualdo Biasco.

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sidad, Penitenciario de la Catedral y sapientísimo en letras divinas v humanas.

Toca al que esqriba la histor'w completa de este bello período de la vida civil de Venezuela, hacer el cómputo de los sufragios en las elecciones primarias de todos los Cantones, para poner de manifiesto, cómo iba ostentándose el interés por tratar los negocios públicos, con cuánto vigor se desarrollaba el poder de las instituciones y en qué grado se enardecía la lucha entre los dos partidos: pues nosotros, para no salimos de los límites retóricos impuestos á una biografía, apenas si podemos dar cuenta de los resultados de las elecciones del Cantón Caracas; haciendo constar que en 1838, cuando la oligarquía funcionaba exclusivamente, y practicaba sus elecciones sin contradicción, sólo se inscribieron 300 sufragantes en todo el Cantón, que es de suponerse fuesen en gran parte empleados públicos. El año de 40, en que alboreaba la prensa de oposición, se inscribieron mil quinientos sufragantes, á saber: mil oligarcas y quinientos liberales. En 42 fué mayor el número. En 44 presentaron los liberales 2.141 votos y los oligarcas <S0O. En 4(5 presentaron los liberales guzmancistas 2.742, y ios oligarcas 1.084: con esto se revelan las conquistas obtenidas por los liberales en la opinión pública, por medio de su prensa y sus sociedades políticas, únicas fuerzas que se permitieron preparar, de uno á otro período, para disputar el poder á sus contrarios.

Perseverando en tan ruda labor, llegaron á la contienda del 46, que habrían ganado en toda la República, si en vez de fraccionarse en parcialidades eleccionarias, se hubieran presentado en los comicios con un solo candidato. Entonces perdió el partido su unidad, y malgastó parte de sus fuer-

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2as en disensiones y cismas; quedando los grupos salonistas, guzmanoistas, blanquistas, marinistas y -monaguistas (gregoriano) vencidos por la candidatura •del General José Tadeo Monagas, recomendada por Páez, y sostenida por casi todos los amigos de éste.

Las cinco agrupaciones liberales registraron 207 Aotos ; y el candidato de la oligarquía 107 : y bien que aquella cifra no llegaba á las dos terceras partes del número total de los electores, ó de otro modo, á 213 sobre 319, compréndese que unidos todos los liberales en una sola candidatura, habrían conseguido para su causa gran parte de la mitad renovada del Congreso, que sumada á los liberales triunfantes en el período anterior, habría constituido una mayoría para luchar en la concretación, con la casi certidumbre de la victoria. Pero la Providencia había preparado de distinto modo .los destinos de la Nación, combinando misteriosamente, en una singular unidad dramática, las más inesperadas y grandiosas escenas, para hacer surgir de aquella inestricable confusión, al Presidente audaz que había de dar en 48 el poderío á los liberales, redimirles de todas las servidumbres, y devolver á la Patria, vivos y fuertes, todos sus hijos, condenados unos por los tribunales oligarcas al destierro, y otros al presidio ó á la muerte.

Pero no nos corresponde hablar ahora de tal hecho, que constituye uno de los episodios de la trágica historia de aquella época, reservada á otras plumas; sino de lo concerniente á los actos cometidos por el Gobierno y sus parciales para coaccionar las elecciones en Caracas, y anular los votos recaídos en el señor Guzmán para elector, y los sucesos que ocurrieron en las elecciones de Ma-

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racay, Magdaleno, Villa de Cura y otros lugares ; y que, á no dejar duda, fueron la causa de la revolución angada de 1846, de que procedió el caudillo liberal cuya historia 'vamos á escribir : bien que haya «ido necesario referir, siquiera brevemente, los oríge. nes del Partido, para llegar a las funciones electorales del 46, al atentado contra las votaciones de los ciudadanos, y tener más cabal idea de las arbitrariedades de los oligarcas para retener el poder, y de la justicia y excelencia de la causa pública á que consagró Zamora desde joven, su espada, sus talentos é intereses y aun su propia vida ; pues no se lanzó él á la guerra civil por codicia de gobernar ó inclinación á los desastres, siró por servir con nobleza heroica á un orden de ideas, con que á su entender, podía ser conducido el país á otros destinos, más conformes á los principios de la República Democrática, ofrecida á sus conciudadanos desde la más alta y más gloriosa tribuna que nunca jamás se alzara en Venezuela.

V. En julio de 46, ó si decimos, en vísperas

i i i • ¡i* Eleooione» del46

de las elecciones, que entonces empezaban el primero de agosto, ordenó el Gobierno un reclutamiento de labriegos para aumentar la tropa de línea que venía de Valencia á Caracas ; medida inusitada con la cual se infringía el Decreto Ejecutivo sobre alistamiento, vigente desde el mes de agosto de 1836. Y acto continuo dictó otra Resolución por la cual daba á la milicia Jefes y Oficiales, sin atender á la Ley de 14 de mayo del mismo año, que disponía, que los empleados de esta clase debían ser propuestos al Gobierno por el Gobernador de la Provincia, en número cuadruplo» Estos hechos, por desgracia muy comunes en administraciones posteriores, fueron

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motivos de grande escándalo; pues por primera vez se cometía el abuso de conducir hombres amarrados á los cuarteles, para condenarlos al servicio forzado de las armas.

De que, alarmados los hombres de principios republicanos, y lastimados los sentimientos humanitarios de todos los ciudadanos, movióse el Concejo Municipal, en cuyo seno había una mayoría de oposición, debido al triunfo de las elecciones de 44, á discurrir larga y acaloradamente en la sesión del 22 de julio, sobre materia de tan grave interés para el pueblo, y por su naturaleza y efectos extremadamente simpática y fascinadora: quedando consignado en el acta de ese día, á manera de declaración de doctrinas políticas de la Municipalidad, mantener el respeto á las leyes y al orden público, y salir ella fiadora de la libertad del sufragio y de la seguridad personal, bajo los principios de la Constitución. En la misma junta propuso el municipal Orea, confirmando así las palabras con los hechos, la fórmula parlamentaria característica y decisiva en trances semejantes, de nombrar una comisión que presentara en la sesión inmediata un proyecto sobre las medidas que había de adoptar el Concejo, para asegurar á los ciudndanos del Cantón el libre uso de sus sufragios, en las elecciones que iban á practicarse. Aprobado que hubo el Cuerpo esta moción, eligió al efecto, á los Concejales Echeandía, Arveloy Medina ; y dos días después, el 22 de julio, se leyó y aprobó en junta extraordinaria el informe d«í esta Comisión, en que opinaba que se protestara enérgicamente contra la violación de la Ley fundamental y de las especiales que garantizaban log derechos individuales de los venezolanos, para neu-

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tralizar de esta manera el terror que tales arbitraria!? providencias del Poder Ejecutivo hubieran causado, ó pudieran causar en los sencillos y vi r. uosos proletarios, y cuantos males se originaran de ellas : y finalmente proponía: 1?, que en la próxima reunión del Congreso se acusase constitucionalmente al Poder Ejecutivo por las infracciones expresadas ; y 2?, que como medio único al alcance del Concejo, expedito y eficiente para .radicar en el corazón de todos los sufragantes, y hacer renacer en ellos la confianza perdida por el desorden de los alistamientos y el estrépito de las armas, se dirigiese á los ciudadanos del Cantón una Alocución patriótica, sostenedora del respeto á las leyes y al orden público, y en que se les recordase el interés que debían toimr en el uso y ejercicio del único acto de soberanía que les competía constitucionalmente ; y á la vez se les tranquilizase respecto de su libertad personal y de la libertad del sufragio en el círculo legal, según las doctrinas y principios de la Constitución.

Las generaciones de hoy y las de lo porvenir leerán con gusto este documento que les dará á entender cómo cumplían sus deberes cívicos aquellos austeros republicanos, padres de nuestro Partido Liberal.

Dice así :

INFORME DE LA COMISIÓN

Ilustre Concejo Municipal :

"La Comisión nombrada para abrir concepto sobre las medidas que deban tomarse, en armonía con las leyes, en consecuencia de los actuales alistamientos militares, y para asegurar á los ciudadanos la completa franqueza y libertad con que en el próximo período eleecionario deben concurrir á ejercer la preciosa atribución que les compete en la soberanía de las asambleas primarias, pasa á eva-

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cuar brevemente su informe, sintiendo que lo premioso de la materia no le haya permitido demorarse algo más y ofrecer al muy ilustre Concejo ntia obra menos imperfecta, que fuese digna de la sabiduría del cuerpo y de la gravedad del caso que le ocupa."

Con notable sorpresa ha visto la población la entrada en esta capital, en Ja mañana del día de ayer, de esa fuerza armada con gente colecticia, cuando consta á todos que ningún reclutamiento se ha hecho con sujeción á las terminantes disposiciones de las leyes, y por consiguiente se juzga vulnerada su integridad y ofendido su rospeto por el poder mismo á quien más especialmente están encomendados su acatamiento y observancia.

Tal es el caso; y conforme á la ley fundamental, una grave responsabilidad pesa sobre el Poder Ejecutivo, debe éste responder á la Nación, representada en sus Cámaras constitucionales, de su conducta ; y es la ocasión de usar del derecho precioso de representar, acusando á los funcionarios infractores de las leyes, ante sus jueces competentes, los Legisladores.

En una República como la nuestra, donde ningún querer es, ni debe ser superior á la Constitución y á las leyes, es cosa de la mayor trascendencia que haya alguno que viole los cánones de nuestra seguridad y bienestar ; subiendo de punto su gravedad si la violación se ejecuta por aquel mismo á quien entre las atribuciones de su autoridad, compete la de mandar ejecutar y cuidar de que todos cumplan y ejecuten las leyes, decretos y actos del Congreso (atribución 2o, artículo 117 de la Constitución).

No queda medio entre los extremos de pertenecer la tropa armada que ayer entró en esta capital ó á la fuerza permanente ó á la milicia nacional. Si lo primero, la conscripción ha debido hacerse por enganche ; si lo segundo, la milicia nacional no está obligada á (lar servicios fuera de su respectiva población, sino en los casos de conmoción interior á mano armuda, que amenace la seguridad de la República, ó de invasión exterior repentina, que son los del US de la Constitución, y en los términos y casos requeridos por las leyes. No puede decirse lo primero, esto es, que la conscripción haya sido hecha por enganche, porque la Gaceta de Gobierno, ni ningún otro papel oticial, ni por bando ni otro medio, ha publicado la disposición ejecutiva sobre levantamiento de tropas permanentes, ni ha habido reparto proporcional entre las provincias ni los cantones, ni se ha visto enganche en los pueblos, sino que por el contrario, se sabe (pie arbitrariamente se han tomado los hombres ; con menos razón puede convenirse en lo segundo, porque

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«n el estado de paz y pública tranquilidad de que goza la República, nada hay que amenace su seguridad interior. No. es del caso para la opinión de la comisión el argumento de la autoridad que tiene el Poder Ejecutivo para llamar al servicio la parte de la milicia nacional que el Consejo de Gobierno considera necesaria, porque cuando usa de esta medida crtraardinaria, ha de ser en virtud <le la facultad que le acuerde dicho Concejo, y publicando necesariamente el acta de ese acuerdo, que además debe circularse á todas las autoridades.

Por otra parte, si es que la tropa armada introducida en la capital pertenece á la milicia activa nacional, como parece probarlo el hecho de que la mayor parte de su# oficialidad no es veterana, ha debido hacerse el reclutamiento por las autoridades y por los trámites que designan la ley de 14 de mayo de* 1836 y el Decreto Ejecutivo de 1? de agosto del mismo ano. La comisión está persuadida de que no se han observado estos imprescindibles requitos, porque su observancia requería el cumplimiento de la ley orgánica de milicias, del cual está muy distante el Poder Ejecutivo; y aún sobre la mesa de este mismo cuerpo existe el voto de una comisión respetable, pidiendo, por no haberse cumplido jamás, que se reclamare la ejecución de la ley citada, que es una preciosa garantía de las instituciones republicanas.

No quiere la comisión dejar de decir que con bastante sorpresa sabe por notoriedad que un ciudadano se halla en la parroquia de Los Teques y otro en Charallave, cogiendo gente sin las ritualidades legales, para que figuren como cuerpos de milicia. Tal procedimiento infringe el párrafo 1? del artículo 6o del Decreto de 1? de agosto de 1836, y despoja la autoridad de los magistrados civiles de cada parroquia de las atribuciones especiales, que con relación á reclutamiento de milicianos, les da el Decreto precitado. Y cuando la comisión considera que en estos movimientos puede juzgarse que entre por mucho algún fin político y meramente eleccionario ; cuando considera <|iie los ciudadanos á quienes violentamente se ha arrancado de sus parroquias, hau perdido contra todo fuero y ley el derecho inestimable de sufragio ; cuando considera, en fin, que nada hay que se oponga más al libre ejercicio de la soberanía popular, en cuyo acto vamos á entrar en los próximos días, que las armas y el levantamiento de tropas, ante cuya fuerza se debilitan las leyes y se intimida parte de los ciudadanos, que dejan de ser libres, no puede resistirse al sentimiento de ver violadas las leyes, violada la Constitución, y considerado el poder público como sostenedor de la causa de una parcialidad política.

La comisión cree, pues, que el Poder Ejecutivo ha

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infringido su Decreto de Io de agosto de 1830, la ley de 14 de mayo del mismo ano, las que le son concordantes,, y el artículo 180 de la Constitución, en la parte que le prohibe ejecutar órdenes contrarias á las formalidades prescritas por las leyes.

En un Estado constituido no pueden jamás pretermitirse las fórmulas, que son las divinidades protectoras de la inocencia y de la libertad. Entre Venezuela y Turquía no hay otra diferencia, sino que aquí, entre nosotros, las leyes son la egida del ciudadano, y allá el hombre es un esclavo del Sultán. Si pues se huellan las leyes, si se vulnera la santidad de nuestra Constitución, no habrá más diferencia entre uno y otro Estado, que la del nombre; y en vano hablarán los venezolanos de su libertad civil, de sus garantías políticas, y de su independencia l>ersonal.

La comisión cree por tanto que el Ilustre Concejo Municipal de Caracas debe salvar, en cuanto esté á su alcance, la autoridad y dignidad de las leyes, sin lesión de la obediencia al Gobierno, y por tanto protesta una y mil veces enérgicamente contra la manera ilegal y extemporánea con que se ha formado esa tropa introducida en esta capital, contra la violación de nuestra ley fundamen tal, contra la infracción de las leyes que garantizan los derechos individuales de los venezolanos ; contra el efecto que todo esto pueda causar, aterrorizando á nuestros virtuosos y sencillos proletarios, en los días eleccionarios ; y por ftn, contra todo mal (pie pueda originarse de la ilegal y arbitraria medida tomada por el Poder Ejecutivo ; y propone : 1?, que en la próxima reunión del Congreso se acuse constitucionalmente al Poder Ejecutivo por las infracciones expresadas; y 2o, que el muy ilustre Concejo Municipal dirija á los ciudadanos de su Cantón una alocución patriótica, en que á la vez que se sostenga el respeto á las leyes y el orden publico, se les recuerde el interés que deben tomar en el ejercicio del único acto de soberanía que les compete constitucionalmente, y á la vez se le tranquilice respecto de su libertad personal y libertad del sufragio en el círculo legal, con las doctrinas y los principios de nuestra preciosa Constitución.

Acto continuo comisionó el Concejo á sus vocales Echeandía y Arvelo, para que redactaran la alocución y la protesta á que se refería el informe recie'n aprobado. Fa\ este estado tomó la palabra el concejal, señor Juan Vicente González, y en una violenta improvisación apellidó al Concejo de anar-

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-quista; por lo cual fue llamado al orden repetidas ocasiones. Leyóse el artículo 37 del reglamento interior á petición de varios concejales, y apoyado ■en él, declaró el Presidente, que el diputado González había tiritado al decoro del Cuerpo, empleando conceptos que le ofendían ; y en consecuencia, abrió la discusión sobre la pena que conforme al citado artículo debía aplicársele.

Medina propuso que, para corregir á González por el desacato cometido, se le previniese que se retirara de la sesión. El Presidente no admitió esta propuesta, porque no creía que el Concejo tuviese facultades para disponer, que uno de sus miembros desocupase el puesto que le había sido conferido -constitucionalmente por el pueblo. Medina apeló -de esta resolución, pero á poco retiró su solicitud. En seguida el diputado Arvelo, con apoyo suficiente, propuso, que el Concejo delegase en el Presidente la facultad de designar la manera de corregir á González, por haber faltado tenazmente al decoro del Concejo. Cerrado el debate, se votó esta moción y fué aprobada; y conforme á ella determinó el Presidente privar del uso de la palabra al seilor González durante aquella sesión. Mas como en el acto suplicó éste que se le permitiese seguir tomando parte en la discusión, ofreciendo hacerlo •con el respeto y calma que se le exigía, como una satisfacción que daba al Cuerpo, el Presidente accedió á su ruego, amonestándole que en caso de falta se restablecería la pena, y se le obligaría además á pagar una multa. Continuó la consideración •del informe, y cerrado el debate pidió Echeandía, apoyado por más de la quinta parte de los miembros presentes, que la votación fuese nominal; y así

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se acordó. Recogida ésta, estuvieron p>r aprobar eE informe en todas sus partes, Echeindía, Medina, Andrade, Plaza, Moreno, Arvelo, Orea y Olivares; y por negarlo, Ponte y González. I icontinenti propuso Echeandía, con el apoyo de Andrade, que se nombrara por la presidencia, una comisión de dosvocales para redactar la alocución y la protesta á que se refería el informe aprobado, y cerrada la discus'ón, así lo acordó el Cuerpo. El Presidente conHró este encargo á los diputados Echeandía y Arvelo. — (Esta acta está firmada por el Presidente Ponte y el Secretario del Concejo, José I). Gómez.)

Irritado el Gobierno por las disposiciones con que los municipales afeaban sus procedimientos sobre orden público y desacataban su autoridad, se precipitó con medidas irregulares á perder en un día, como en efecto perdió, y lo cual será siempre digno de lamentarse, la prudencia y fortaleza con que resistiera desde 1843 los ataques de la oposición: virtudes tanto mis necesarias en aquel lance á los hombres del Gobierno, cuanto que sus contrarios empezaban á cambiar de estrategia, pasando ahora con valor y decisión de los artículos de la prensa, donde hasta entonces se habían mantenidoevangelizando á los pueblos, al combate atrevidode golpes efectivos y legales por el celo del bien público, gratos en extremo á la multitud que vení¿> despertando á la vida activa y bulliciosa de la libertad civil.

Lanzado por este camino, expidió el Ejecutivo* una Resolución por órgano del Ministro de lo Interior, en que improbaba los actos del Concejo, y suspendía de sus destinos á los concejales que habían aprobado el dictamen de la Comisión, y al

VIDA DEL GENERAL ZAMORA 71

Jefe político, señor Clemente Ponte, que había presidido la sesión : con lo que el escándalo subió de punto. Con este motivo quedaron fuera del Concejo, los liberales Echeandía, Medina, Andrade, Plaza, Arvelo, Orea, Olivares y Doctor Toribio González. Consumóse así un hecho á todas luces ilegal, y nunca visto en el funcionamiento, hasta entonces tranquilo y ordenado, de la Administración Soublette ; pues los municipales no eran servidores dependientes del Poder Ejecutivo, como lo alegaba el Ministro del Interior, sino funcionarios de cargo concejil y obligatorio, elegidos por el pueblo ; sin que de ninguna manera y por ningún motivo pudieran ser suspendidos de sus empleos por el Presidente de la República. Tal fué el primer doloroso atentado cometido en Venezuela contra el Poder Municipal; y de que no es permitido dejar de hablar cuando se buscan las causas que produjeron la Revolución armada de 1846.

También el Concejo de Ocumare fué suspendido de sus funciones, y sus vocales sometidos á juicio.

Veinte y cuatro años más tarde, esto es, en 1870, publicó el ex-Ministro Cobos Fuertes, la siguiente declaración en las páginas de' folleto citado: "Esa suspensión de jos Concejos municipales, hoy tan chocante, bajo el régimen federal, es la tínica medula que ha podido ser censurada á nuestra administración, con algún viso de justicia. Me comprometo á probar que ella no solamente fue legal, bajo el anterior sistema, sino que nos fue dolorosamente impuesta por la necesidad, para evitar otras de un carácter más grave que hubieran podido tomarse, con arreglo á la ley de conspiradores."

Como observaciones nuestras á tan magistral afir-

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mación, se nos permitirá estampar algunos conceptos en favor de la causa municipal, por la que otras veces hemos abogado. Los Concejos municipales fueron, son y serán la piedra angular de la estructura orgánica de la sociedad:)' en aquel tiempo, entre nosotros, se les respetaba como el primer y más sencillo poder público, en que había delegado la asociación su soberanía, para que atendesen á los primitivos é indispensables servicios de la vida pública, bajo el sistema centro-federal de la Constitución de 1830.

Ellos cuidaban de la policía de salubridad, de la comodidad y ornato de las poblaciones, de la beneficencia pública, policía rural y composición de caminos; atendían á la instrucción primaria, hospitales y fomento de las industrias; y velaban porque los bagajes, alojamientos y demás suministros para la tropa, obligatorios entonces á todos los ciudadanos, se repartiesen con equidad entre los vecinos, conforme á los reglamentos de la materia; y últimamente, estaban encargados por la ley de la distribución en sus parroquias, de los empréstitos y contribuciones extraordinarias, cuyas cuotas hubiera repartido la Diputación provincial entre los Cantones.

El Concejo era la potestad protectora del orden social, que mediaba entre el pueblo y los altos poderes del Estado; no enteramente independiente, es verdad, como lo quieren nuestros federalistas, pero sí digna de ser estimada como mejora preciosa, ganada por ¡os constituyentes de 1830 en el avance incesante y meritorio de nuestra civilización política. Aquel poder no era el municipal perfecto, como lo establecieron años después los liberales en la Constitución de 1857; pero sí una institución benévola, augusta por su origen popular, y útil por sus múltiples atribuciones en favor

VIDA DEL GENERAL ZAMORA 73

déla comunidad y merecedora, por lo iuímiio, de que el Gobierno la acatase y defendiese, para no dejarla convertir en instrumento degradado de intereses y pasiones de partido. Pues allí mismo sucedió, como resultado lógico de tan censurable extralimitación de autoridad, que el Concejo Municipal de Caracas vino á quedar con una mayoría de oclio oligarcas por seis liberales, con la cual se apresuraron los agentes del Banco, que eran los principales intrigantes contra éstos, á recabar del Concejo una resolución inicua, como al fin la consiguieron en la junta del 20 de agosto ; y la cual consistió en arrogarse audazmente, el nuevo é ilegal Concejo, el derecho de calificar los electores ; cuando no estaba facultado por las leyes, sino para verificar los escrutinios de las elecciones parroquiales, pudiendo sólo excluir los votos de individuos cuyos nombres no estuviesen inscritos en la lista de sufragantes, ni en la de elegibles, y los que hubieran sido escritos y dados de manera diferente á las reglas establecidas en la ley 4'? del Código, no leídos ni firmados, y los declamados nulos por las juntas parroquiales.

La minoría liberal, que se componía de Guzmán, Doctor La rrazá bal, M. M. Quintero, José L. García, L. Emazábel y Manuel R. Tirado, se opuso á esta ilegal disposición.

La Resolución del Concejo decía así : " El Concejo Municipal declara en cumplimiento de la Constitución y de la Ley de Elecciones, que no escrutará sufragios dados, en favor de individuos que estaban suspensos de los derechos de sufragantes parroquiales al tiempo de inscribirse en la lista de electores, al tiempo de comenzarse las elecciones, aunque se hallasen inscritos en la lista de electores, ó

74 DOCTOR L. VILLANUEVA

en todo el tiempo de los ocho días período de la

elección."

(Acta del Concejo Municipal de 20 de agosto de 1846).

Los liberales salvaron sus votos y los presentaron por escrito.

Bien merece conservarse en la historia de nuestro civismo, el voto de Guzmán y Larrazábal, en que estos publicistas condensaron la doctrina legal de aquel tiempo en materia de elecciones, y expusieron con exactitud y perspicuidad la prevaricación de los funcionarios de la oligarquía contra el Código de Elecciones; y contra el principio, sagrado cual ninguno, de la soberanía popular; y la dignidad de los sufragantes, despreciada y escarnecida.

He aquí tan importante documento:

VOTO SALVADO DE LOS CONCEJALES GUZMÁN V LARRAZÁBAL

Muy Ilustre Concejo Municipal:

Reunido el cuerpo en su nueva composición, y después de antecedentes que todos conocemos, á practicar el escrutinio de las elecciones parre quialcs, lia pasado ayer una rt solución que en el hteho y covtra derecho, según nuestro humilde entender, anula 3íillares de sufragios en el Cantón Caracas y afecta radicalmente los derechos imprescriptibles c inalienables de una respetable, conocida y grande mayoría de nuestros conciudadanos. Debemos exponer con noble y legal franqueza los fundamentos de nuestro juicio, y de la protesta de nuestros votos que salvamos en aquel acto ; y para no escribir un volumen en tan estrecho tiempo, omitiremos la* innumerables doctrinas, esforzados razonamientos y copiosas razones legales que hemos presentado al Cuerpo en las diferentes discusiones de la materia, y concretar remos este documento al examen de un solo punto.

Este será el de la ley vigente en contraste con el acuerdo.

Acaba de publicarse un Código de Elecciones. En este Código ha explicado el Congreso la inteligencia de los artículos de la Constitución relativos á elecciones. El artículo S? de la ley 7a, así lo declara; prohibe que

7FL

VIDA DEL GENERAL ZAMORA 7£>

pueda dársele otra inteligencia á los artículos constitucionales y declara nulo todo acto contrario á los mandamientos del expresado código ; y además lo declara atentatorio contra la tranquilidad y orden públicos.

Esta ley 7" que fija la inteligencia de la Constitución y atribuye sola y exclusivamente al Presidente y conjueces. ile la asamblea parroquial, decidir de plano las dudas y controversias que ocurran sobre calificación de los sufragantes parroquiales y sobre formas y nulidades de la* elecciones y quejas por cohecho ó soborno.

Ai Colegio electoral atribuye la expresada ley, única y exclusivamente la calificación constitucional d¿ los electores, y la decisión sobre formas, nulidades y quejas que ocnrran en él.

El párrafo primero del artículo 4o que así lo dispone terminantemente, dice :

§ Io La calificación de que trata este artículo se limitará á decidir si el elector tiene las cualidades que para serlo exige el articulo 27 de la Constitución; y al ocuparse en ella el Colegio Electoral, no podrá ser á la vez sino la de un solo elector., el cual no tendrá voto en su propia cuestión ; pero ningún elector podrá ser inhabilitado sino por una mayoría que exceda en dos votos, por lo menos, al número de los que fueren de diversa opinión.

El examen, pues, de si un ciudadano en quien ha recaído la mayoría de votos de sus conciudadanos para elector, tenía ó nó suspensos sus derechos de sufragante parroquial, por enagenación, falencia, deuda ó fondos públicos y demás casos contenidos en el artículo lú de la Constitución, incumbe al Colegio, y nada más que al Colegio, según la ley ; y el ejercerla el Concejo, sin que lo nombre siquiera, ni Jo mencione en parte alguna esta ley 7a del Código de Elecciones, que explica y fija irrevocablemente el sentido de los artículos constitucionales,, nos parece una transgresión de la ley, por la cual se usurpan al Colegio sus atribuciones, se las apropia el Concejo Municipal, se trastorna el orden con que el pueblo venezolano puede y debe ejercer el gran poder de la soberanía, que le asegura su pacto fundamental y se comete, en fin, aquel acto nulo que declara tal el artículo S? de la ley 7n y que califica de atentado contra la tranquilidad y orden públicos.

Así lo creemos con un corazón patriota, y sana y libre conciencia ; y aunque acatemos y respetemos el acuerdo pasado por la mayoría del Concejo, tenemos el derecho y el deber de salvar y de fundar nuestros votos.

No necesita corroboración lo que hemos expuesto; pero en apoyo de nuestras protestas añadiremos, que se-

76 DOCTOR L. VILLANUEVA

gún el artículo 4V de la ley 7" y su § 11, el juicio que se debe celebrar para decidir si un elector tenía ó nó suspensos sus derechos, no solo toca exclusivamente al -Colegio, sino que tiene un procedimiento especial con trámites y formalidades prescritas por la ley para el caso.

Paréeenos, pues, claro y terminante que el examen -de si un elector lo és ó nó constitucionalmente, pertenece al Colegio, cuando la ley 7" que explica y fija la inteligencia de la Constitución en materia de elecciones lo establece así de una manera terminante v ni menciona siquiera á los Concejos Municipales.

Pasemos ahora al examen de la ley T>a del Código •de elecciones, cuyo título es: k"lel escrutinio de las elee- •ciones parroquiales." Esta es la ley que menciona á los ('oncejos Municipales; pero no para autorizarlos á cobrar en contradicción con la ley 7" ya citada, ni de una manera •discrecional (pie contundiese las atribuciones correspondientes délos diversos cuerpos electorales ; sino por el •contrario, para limitarlos expresamente á los casos únicos •en que no debe contar los votos parroquiales, porque la ley loa declaró ya nulos en diferentes artículos de la ley 4a; y i>or tanto, no son los atribuidos al Colegio Electoral.

La Ley sobre escrutinio, dice :

Art. Io El Jefe político del Cantón con rocará al Concejo Municipal, y éste procederá inmediatamente d hacer el escrutinio y reculación de los sufragios, anunciándolo dos días antes al público. Los registros se abrirán y examinarán -en público uno á uno. ó bien escrutando todos los sufragios, ó bien solo los de algunos días, pasando en los demás por el escrutinio asentado al pie de cada día por la junta parroquial, y rectificando siempre aquellos en que se encuentre equivocación ; sin que pueda excluir otros tvfragios que los que hubieren declarado nulos las juntas parroquiales con arreglo al artículo ,?° de la ley 4a y los que tas mismas Juntas hubieren admitido contra el tenor d*> los artículos 4o y 6? y los que se encuentren en los casos de los artículos 10 y 11 de la misma ley 4"

Resulta, pues, que los Concejos solo pueden excluir <le la cuenta los votos en cinco casos, que son los citados.

1" — (Artículo 4°, ley 4a) El voto del individuo cuyo nombre no estuviere inscrito en la lista de sufragantes.

2a — (Artículo 0°, ley 4") Los votos recaídos en persona que no estuviese en las listas de elegibles.

3o — (Artículo 10, ley 4a) Los votos escritos en otra parte ó en otra forma que las establecidas en el artículo 10; es decir, dados en asamblea abierta en los ocho días

AÍDA DEL GENERAL ZAMORA 77

eleccionarios, en el número de electores correspondiente al Cantón, escritos en los libros oficiales de registros, y expresando el nombre y apellida del sufragante y los de sus elegidos.

4o — (Artículo 11,- ley 4a) Los votos no leídos y firmados por cada sufragante ó por otro individuo á ruegosuyo.

o? y último. Los votos que declaren nulos las juntas parroquiales.

He aquí los casos, clara, precisa y terminantemente expresados por la ley, en los cuales no debe el Concejo contar los votos. El resto de esta ley 5'í no vuelve á tratar de exclusión alguna, sino que reglamenta el modo de venir los registros al Concejo, y remitir éste á quien compete, el registro general, con otras formalidades agenas de la esencia de la cuestión. Pero sí dicen relación á ella, las observaciones siguientes:

l!t Admitido que pueda perderse un registro parroquial, basta para el escrutinio (art. 37, ley 5!) copia auténtica del resumen general de votos, y es obligatorio para el Concejo hacer cuenta de e*tos votos, aunque de ninguna manera pueda averiguar si los sufragantes tenían ó nosuspenso sus derechos ; luego no le incumbe tal averiguación.

11* Manda el artículo 4o de la misma ley que el registro general formado por el Concejo, comprenda en sí, todos los individuos que hayan obtenido sufragios en las asambleas parroquiales. Y este adverbio todos, aplicadoá los que hayan recibido sufragios, destruye la idea de que el Concejo pueda haber entrado á escoger y calificar. Y aunque el artículo añade, que el registro lleve constancia de los votos que hubiesen dejado de incluirse en él, dice que ha de ser por estar en alguno de los casos del artículo 1?, los cuales dejamos expresados.

3tt El artículo 57 dice: "los electores que resulten nombrados serán avisados y requeridos, etc.;" y no dice : los electores escogidos ó calificados por el Concejo. Más adelante ordena la ley, (pie solo se tengan por impedidos los que *fc se excusen por impedimento físico ú otro grave y fundado." En seguida manda lo siguiente : u serán reemplazados por el Concejo con " los que tengan más votos en los escrutinios."

4" Por último, el artículo 87 de la ley o™ dice terminantemente lo que sigue: "La exclusión de votos en los escrutinios fuera de los casos previstos en estas leyes, será penada en cada miembro del Concejo Municipal que resulte culpable, con una multa de 25 pesos por cada sufragante, cuyo voto hubiere dejado de escrutarse, y si la

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■omisión fuere de todo el registro de una parroquia quedarán además inhabilitados los culpables para desempeñar en la República ningún cargo de honor ó de confianza por el espacio de seis anos."

Tenemos pues, por resultado del examen de la ley ■especial de los escrutinios, que el Concejo no tiene la facultad de calificar á los elegidos, y por consiguiente que no le toca á él la averiguación de si los elegidos tienen las calidades ó cualidades constitucionales, cuyo juicio pertenece al Colegio.

Entre las disposiciones generales del Código de elec- -ciones establecidas en la lev 8* se encuentra en el artículo

15 la siguiente :

Si se notare por algún gobernador de provincia que el resultado del escrutinio practicado por un Concejo Municipal no está conforme con el que den los escrutinios parciales que haya recibido de las parroquias^ ordenará la rectificación, y si no obstante ésta, subsistiere la diferencia, entonces pedirá los registros, y los pasará con los escrutinios parroquiales al Colegio electoral.

Esta disposición de la ley es abiertamente incompatible con la facultad que pretende ejercer el Concejo de Caracas de separarse de los registros parroquiales desestimando millares de votos que pueden constar en aquéllos, por esa calificación extemporánea que le atribuye el acuerdo de ayer sobre los elegidos ; y los que aquí salvan sus votos, juzgan imposible la coherencia ó consonancia del acuerdo del día de ayer con el expresado artículo 1.1 de la lev 8"

Por más que quisiéramos abreviar, nos sería imposible omitir otro poderoso argumento en apoyo de nuestra opinión. La ley 9" que trata de responsabilidad en general en materia de elecciones, muy circunstanciadamente se contrae á la de aquellos que pueden alterar el voto público ó influir torticeramente en la libre emisión de los sufragios populares. Habla por consiguiente de todo exceso posible y de su juicio y castigo en las asambleas parroquiales y colegios electorales que son los únicos vehículos (pie establece á la voluntad pública y prescinde de los Concejos Municipales, porque el Código entero los desconoce como vehículos de la voluntad pública ; mientras que el acuerdo del día de ayer reconcentra en el Concejo un poder tan grande y trascendental, que desaparecen ante él y se vuelven nada los trabajos de las juntas de notables, la validez de las listas de sufragantes parroquiales, la del padrón de elegibles, los términos prescritos para reclamar, oir y resolver, todos los trámites establecidos para estas operaciones, las jurisdicciones de las juntas y asambleas ; y en fin, la voluntad de los chutada-

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nos emitida por mandato de la Constitución en el tiempo, modo y formas prevenidas por la ley, y sea en número que fuere, aunque se cuenten los votos por millares : desaparece también la especial atribución de los colegios ; y en el humilde concepto de los que firman, quedan las elecciones á la merced de los Concejos.

Siendo esta la voz de nuestras conciencias, respetando cnanto es debido el acuerdo aprobado por la mayoría el día de ayer, liemos salvado nuestros votos, y consignamos aquí las razones en que se apoyan.

Caracas : 21 de agosto de 1846.

Antonio L. Gvzmán. — Felipe LarrazIbal.

La mayoría liberal estaba legalmente en posesión del poder municipal de Caracas y de otros Cantones por la voluntad del pueblo, claramente expresada en las elecciones del 44; y sólo por un acto despótico de usurpación de facultades podía despojársela de sus prerrogativas, atribuciones é influencias. Poro el partido oligarca, empecinado en sus propósitos de dominación absoluta y perpetua, no se paró en valla alguna para mantener debajo de su mano los Concejos, á quienes la Constitución y las leyes reconocían atribuciones políticas en el complicado proceso de las elecciones. Pues á ellos tocaba designaren junio del año electoral, dos vecinos notables, que asociados á 'a primera autoridad civil de la parroquia, formasen la lista de los sufragantes y la de los que tenían cuaidades para electores ; y luego, de acuerdo con la primera autoridad civil del Cantón, hacer una lista general comprensiva de todos los ciudadanos que tenían cualidades para electores en el Distrito respectivo.

Por los artículos 20 y 30 de la Constitución, era el Concejo Municipal quien abría los registros de las Asambleas parroquiales, verificaba el escrutinio de los votos, y declaraba constitucionalmente

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nombrados para electores á los que hubieran obtenido mayor número de ellos.

Mili» aba también en la conciencia pública otra valiosa consideración de carácter histórico, para exaltarse contra aquellas supremas determinaciones oficiales; injustas, porque vulneraban derechos bien adquiridos ; imprudentes, porque iban á desafiar las iras de un partido prestigioso ;' y repugnantes, por que con ellas se vulneraba el principio de legalidad, que ha sido siempre talismán de nuestros pueblos. Nos referimos a la venerada costumbre, imperante en aquella ¿poca, y heredada del régimen colonial y de Colombia, de considerar las Municipalidades como representantes del pueblo ; elevada á la categoría de derecho comunal por la opinión pública y confirmada por actos solemnísimos, como el del 19 de Abril de 1810, con que se inició nuestra emancipación; y por otro como el de 1818, que si bien enteramente favorable á la dominación del rey de España, (1) confirmaba las razones que se tenían para guardar á estos Cuerpos los más respetuosos y profundos miramientos por todos los ciudadanos.

Más tarde, bajo la República, al jurar esta misma Municipalidad la Constitución de Cúcuta la objetó, declarando que contenía disposiciones inadaptables á la Provincia, y cometió á los Representantes de ésta el encargo de reverla y discutirla. En otra ocasión protestó contra la Ley de alistamiento de las milicias, y en 1825 hizo lo mismo respeceto del Decreto Ejecutivo sobre conspiradores. Por último, en 182G alzó su voz ante el Intendente Escalona y ante la Cámara de Representantes, recia-

1 Véase el manitiesto trilingüe de la Municipalidad de Caracas de 1818.

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mando garantías para la seguridad personal de los caraqueños, con motivo de los desafueros en las calles de la capital, ordenados por el General Páez, para cumplir el Decreto Ejecutivo de 1824 sobre alistamiento general de las milicias. Y lejos de ser atropellados los concejales en aquel trance, ó destituidos ó despojados del derecho de tomar parte en tan graves cuestiones, se les oyó con respeto ; y mediando el Intendente con aqueila autoridad militar, logró suspender el reclutamiento y devolver el sosiego á la ciudad. Los Representantes de la Nación, atendiendo á las quejas del Concejo Municipal, y opinando que Páez había violado los derechos individuales de los moradores de Caracas, !e acusaron ante la Cámara del Senado ; la cual admitió la acusación y le suspendió de su destino. No <■ stá demás decir que de aquí se originó la revolución de 1826, promovida por el Concejo Municipal de Valencia, y acogida y continuada por otros Concejos, para apoyar la deplorable insubordinación de Páez contra el Gobierno y el Congreso de Colombia, de que se manifestó dicho General arrepentido días después, en varios documentos públicos.

Y no fué menos escandaloso lo que hizo el Concejo de Caracas en las juntas subsiguientes. Al escrutar los registros, anuló los de las parroquias de San Diego, Macarao y La Vega, por causas de poca importancia; j al sumar los votos de otras contó los que le parecían, alegando unas veces que los nombres estaban escritos de distinto modo en la lista de sufragantes parroquiales que en el registro de sufragios ; otras, que ciertos individuos elegidos eran deudores á fondos públicos, como sucedió con el señor Guzmán, á

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quien borraron de la plancha triunfante de Electores, por el fútil motivo de adeudar unos cuantos céntimos en el tribunal de 1? Instancia de Caracas. El acta de esa Junta dice así :

Se leyó por mandato de la Presidencia, una certificaficación relativa al señor Antonio Leocadio Guzínqn, en la que consta que dicho señor es deudor á fondos público» por impuesto para gasto^ de justicia en el expediente seguido contra él por José Vicente Aránibnru, según lo certifica el Secretario del Juzgado de 1" instancia, señor Juan Valero. De seguidas el señor González (Juan Vicente) apoyado, propuso : que en virtud de esta certificación presentada por José Eugenio Díaz, Lope María Bello, Manuel María Alemán y otros, el Concejo declarase al señor Antonio Leocadio Guzmán, comprendido en su Acuerdo de 20 de agosto precitado. Así fué acordado, votando en contra los señores Tirado, Quintero y Emazábel.

De suerte que Venezuela debe al antiguo partido oligarca, dos grandes males en el desarrollo de su vida pública, á saber: la institución infame del reclutamiento forzoso, muy parecida á la de la esclavitud, y la otra, no menos abominable, de coaccionar la voluntad de los pueblos en el acto supremo de las elecciones. Pocas veces se ha visto tan resaltantemente, que de un hecho, al parecer pequeño, hayan surgido acontecimientos tan graves para la suerte de un país.

El Concejo Municipal de Ocumare del Tuy fue igualmente depuesto, y sus miembros sometidos á juicio. Tropa armada recorría los Altos de Caracas, y reclutaba para la milicia á los conocidos guzmancistas ; y con el fin de impedir las elecciones, asustaban á los vecinos, pidiéndoles alojamiento y bagajes. El Concejo de Caracas suspendió los jueces de las parroquias foráneas, de filiación liberal : y á esta sazón asesinaban en La Vega á un sufragante guzmancista.

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VI. La Asamblea de San Juan de los Morros, decía- Asambleas

... electoral©».

ra revolucionaria la lista en que aparecía el retrato de -Guzmán, y facciosos á todos los que votasen por ella. En Magdaleuo prenden al juez Revete y al señor Uzcanga, echan de la Junta á los sufragantes, y anulan las elecciones, porque sólo habían votado los liberales : iodo lo cual ocasionó, como más adelante diremos, el alzamiento de Rangel, con más de trescientos de Man u are.

En Maraca y la Asamblea rechaza á los liberales, y dice que no admite sufragios por muñecas, refiriéndose al retrato del señor Guzmán, impreso en las papeletas: muchos electores son amenazados con sumarios: la Ronda de policía después de haber votado, contra el tenor expreso de la ley, se sitúa en la puerta del local para no dejar entrar á ningún guzmancista: y la Asamblea aun se atrevió á declarar, que no obstante lo prescrito en el artículo 180 de la Constitución, la fuerza armada podía deliberar. Y todavía hizo más, pues á petición del Jefe político, niega sus derechos de sufragar á los liberales que, citados para la milicia, no hubiesen concurrido á ella. Esta circunstancia era falsa; pero se le dio crédito para los efectos de las votaciones. A otros se les encausó por supuesto cohecho, y á todos se les molestaba con insultos v amenazas. Actos semejantes á los referidos se ejecutaron en Choroní, Turmero, San Francisco v San Joaé de Tiznados.

Pero los de Villa de Cura fueron mas inauditos y de más honda trascendencia; porque allí tuvieron los oligarcas que habérselas con Eze- <juiel Zamora, Jefe cantonal del Partido, mozo entusiasta y decidido cual ninguno, quien desde el 1? de agosto, pasaba las noches con sus parcia-

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les alrededor de la casa de la Junta, para entrar el primero en ella y ocupar la sala, cuando por la mañana abrían la puerta y se decía aba instalada la Asamblea. Esto iba enfureciendo con tal intensidad á los oligarcas, que al fin para salir de él, le acusaron ante la Asamblea parroquial, de haber solicitado en los campos y en la ciudad sufragios para sí, y conducido partidas de sufragantes á votar por sus listas ; lo que equivalía, en sentir de aquellos políticos, á llevar el intere's electoral más allá de los límites constitucionales y legales, debiendo en consecuencia aplicársele la condigna pena.

En conclusión, pidieron que la Asamblea declarase* nulos los sufragios que Zamora hubiese recibido para Elector del Cantón: y esta Junta compuesta de enemigos suyos, oyó la acusación, y dictó en el acto la sentencia que en seguida reproducimos, copiada de los registros electorales de aquel año :

En nombre de la Kepública de Venezuela, por lo que resulta de estas actuaciones, y por lo que les consta á Iosmiembro» de esta Junta, acerca de que, apareciendo Ezequiel Zamora en una de las listas de candidatos para electores de este Cantón, se ha recomendado á sí mismo y exigido sufragios para si, se declara que son nulos y de ningún valor los votos que se lian recibido en favor del expresado Zamora; declarándose asimismo que este no puede sufragar: todo de confonnidad con el artículo 46 de la Constitución. Y á los efectos que haya lugar, se pasará este expediente á la autoridad que corresponda, por el Presidente de esta Asamblea. — Ciudad de Cura, agosto ocho de mil ochocientos cuarenta y seis. — El juez, José Ignacio Celis. — Conjuez, Aureliano Otáñez. — Conjuez, Juan Cuervos. — Conjuez, Andrés Fuentes. — Coiyuez, Juan Bautista Salías.

Remitióse este expediente al juez de 1? Instancia del cuarto Distrito Judicial. Y tete tuvo el buen juicio de devolverlo, exponiendo que no había cometido Zamora los hechos de que se le acusaban.

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«como tune onario publico, llamado á intervenir en el acto de las elecciones ; ni constituían ellos tampoco por su naturaleza, una falta ó delito de aquellos de que según la ley 9? del Código de Elecciones de 8 de abril de aquel ano, debiera conocer la respectiva Corte Superior ó algún otro de los tribunales comunes en su caso. (1).

Zamora, arrebatado de ira, se precipitó en un lance personal, contra uno de los conjueces, dando lugar á que lo arrestaran : y sus amigos, viéndose coaccionados se retiraron del local.

VIL Acaeció en aquellos días un incidente deli- p^oS^ií -cado que vino á enredar más los hilos de la política. Tal fué el proyecto de una conferencia en La Victoria, «ntre el General Páez y el señor Guzmán. Uno y otro negaron haber tomado la iniciativa en el asunto. Los documentos publicados entonces y que tenemos á la vista, nos autorizan para referir el hecho en los términos siguientes. (2) Tomás Hernández informó en privado al señor Guzmán, que Juan Reina, amigo y deudo del General Páez, se había reunido con é\ en el camino de Maracay á Caracas, é impuéstole de trases sueltas de aquel Jefe, muy significativas de su deseo de conciliar los intereses públicos, sin sacrificar las doctrinas liberales, ni la honra de sus propagadores : que dicho General se manifestaba puro de iodo espíritu de partido, y extraño á las violencias, infracciones de leyes y abusos contra

1 Tribunal d« 1* Instancia á cargo de Manuel Alfonzo.

2 Acta de la Comisión de la Reunión Liberal de Caracas, encargada de señalar el lugar de la entrevista fecvada en La Victoria á 4 de set emhre, aprobada por pus vocales Jos 4 de Iribarren, Juan O. Hurtado, Comandan t* Pascual Lures. Bruno Hurtado, Mauricio Blanco, Froilán M. Bi*ot, Coronel Jos* Sa-

Instiano d« la Plam, Valerio Ca«tro, A. Lniares. Santiago Terrero. Ramón Sos», Doctor FéJix Man a Alfonzo, Felipe Bigot, 'Tomás Hernández.

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el querer popular ; revelando en sus conversaciones la más absoluta imparcialidad y la más prudente disposición de ánimo. Reina encargó á Hernández que viese al señor Guzmán y le informara de estas cosas, porque deseaba él como padre de familia y buen» ciudadano, contribuir en cuanto le fuera dable á la salvación del país. Hernández, luego que llegó á Caracas, visitó al tribuno, le instruyó de todo, y le expresó sus más sanos y patrióticos deseos. Aquel le oyó con gusto, y le protestó sus» opiniones y sentimientos en favor de todos los venezolanos: y horas después le ratificó Reina personalmente las disposiciones del General Páez, sus desapasionados juicios, y el propósito de hacer cuanto conviniera á la salud de la República. Fué entonces cuando Reina le preguntó, si él se negaría á verse con el Ciudadano Esclarecido, para tratar de los negocios públicos ; á lo cual contestó el tribuno diciendo, que estaría dispuesto en todo tiempoá cualquier gestióu de que pudiera derivarse algún bien ala patria; pero que inmutable en sus principios,. y celoso de la dignidad del partido á que pertenecía, no le era permitido dar paso alguno hacia aquel General, que no diese éste hacia él.

Reina caminó la vuelta de Maracav, v dos día* después acompañado del señor Tomás Hernández y del señor Lugo, sobrino del General Páez, pasó á la hacienda de El Tigre, cerca de La Victoria, á conferenciar con el General Marino : de lo que resultó, que dicho General tomase á empeño el invitar á Páez y á Guzmán, á una entrevista, haciendo valer para ello su autoridad social y política, y su amistad con ambos. A este efecto escribió una carta á Guzmán, y se encaminó á Maracav á hablar con Páez, cuyos sentimientos en favor de la concilia-

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ción nacional pudo entonces apreciar en todo su valor. Comprometido ya en aquella empresa y ganoso ele darle término feliz, comisionó Marino á los señores Doctor Félix María Alfopzo, Felipe Bigot y Tomás Hernández, para que, en Caracas, propusiesen á Guzmá» ir á La Victoria, asegurándole que lo demás se arreglaría fácilmente. Hé aquí las cartas de Guzmán v Marino :

Señor General Santiago Marino.

La Victoria.

Caraca* : agosto 22 de 1840.

Mi querido General y amigo:

Si en todo tiempo y circunstancias, mi corazón me tiene á la disposición de usted \ cou cuánta más fuerza obedecería al influjo de su amistad, cuando ella invoca el nombre sagrado de la Patria, y cuando lejos de exigirme un sacrificio, me ofrece una oportunidad' dichosa para probar que mi cabeza está libre de toda ambición y que mi pecho no abriga ninguna baja pasión f No a La Victoria, sino al Cuzco iría yo por complacer á usted, por servir á mi patria, por probar la fuerza de mis intenciones, así á mis amigos como á mis preocupados enemigo».

La misión que usted quiere desempeñar generosamente, no puede ser más noble ni más digna de su antiguo y elevado rango social. ¡ Quiera la suerte que usted recoja de tan sano propósito, los copiosos y saludables frutos que sin duda se propone !

No me sorprende de manera alguna la disposición de ánimo del señor General Páez. Después de una escuela práctica de tantos años, y & presencia de los hechos que nos rodean, él no puede menos que creer conmigo, y con todos los patriotas previsivos, (pie este teatro de súbitas violencias y alevosos atentados que las pasiones quieren sustituir al goce de los derechos y al imperio de la justicia, no puede, en manera alguna, servir de fundamento á la seguridad de todos, á la libertad de todosr al porvenir de Venezuela.

En cuanto á mí, apelo á usted mismo; usted me conoce, i Pudiera yo abrigar otros deseos que los del bien de la patria! La patria son nuestros hijos y nuestros. padres, nuestras esposas y hermanos, nuestros amigos y compatriotas, el depósito de las glorias pasadas, todos.

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los bienes presentes y el inmenso porvenir. Un hombre es un átomo. El que como yo carece de grandes servicios, $ que será al lado de la patria I 4 Qué serán sus míseros intereses, sus miras y pasiones! El único valor del hombre es eí que tenga para servir á su patria.

Con tales sentimientos, profundamente esculpidos en el corazón, es para mi una felicidad que alguno crea que puedo ser útil para todos, y si es un procer como el General Marino, es una felicidad honrosa. Y si mañana llegara á ser cierto que yo había podido contribuir á la salud, libertad y gloria de la patria, ¡ cuan dichoso sería el presente que debiera á la fortuna !

Pero, General, para los actos trascendentales es que se necesita mayor tino y acierto. Sí yo voy á Maracay I no interpretarán este paso, amigos y contrarios, ya como traición, ya como bajeza, ya de mil otras maneras? El General sin los oligarcas es siempre el General Páez, es más, es mucho más que con ellos ; pero yo sin la confianza y amor de los liberales ¡ qué soy f ¿ qué podré servir ni parala patria, ni para la amistad I

Avíseme usted que el General estará tal día en tal casa, hacienda, posada, fuera de la jurisdicción de Maracay, y cuente usted conmigo á su lado, solo, con pocos, con muchos, ó lomo usted quiera, siempre en mis principios liberales, y dispuesto á cuanto el honor y la patria exijan de mí. Mientras usted no tenga esta seguridad, yo expondría sus respetos y mi decoro á un verdadero chasco, sin culpa de nadie, ni provecho de ninguna especie.

Si usted realiza su propósito, y yo me veo con el General Páez en estas circunstancias, tengo la más ciega confianza en que se han de poner las bases de benéficos resultados.

Siempre será de usted amigo cordial su afectísimo,

Antonio Leocadio Guzmán.

Señor Antonio Leocadio Guzmán.

Caracas..

La Victoria : agosto 27 de 1840.

Mi querido amigo :

La misma noche que recibí su interesante carta de 22 de los corrientes, que nuestro amigo el señor Hernández me entregó, y después de oír detenida y atentamente las observaciones de éste, salí para Maracay, ♦siempre firme en mi propósito de no omitir paso alguno, ni perdonarme ninguna especie de fatiga hasta allanar

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los obstáculos que de algún modo tiendan á entorpecer la realización del pensamiento sublime, de la idea patriótica, que realizada, es en mi concepto la salvación de los más caros intereses de los venezolanos; pues en las presentes circunstancias, difíciles, sumamente difíciles á mi ver, ningún plan legal puede realizarse que conduzca á un resultado satisfactorio, sin que estén de acuerdo los dos hombres de más poderoso influjo sobre sus conciudadanos.

Usted en esta parte piensa como yo, y todas las personas con quienes antes y después de haber recibido su carta del 22, he conferenciado sobre el particular, ratonan de la misma manera, y esto con pruebas inequívocas de conocimiento ínt;mo, con entusiasmo diré mejor.

Pero desgraciadamente se atraviesa un pequeño inconveniente, que solo usted puede vencer y que la patria le ordena que lo venza. Al General Páez le es imposible salir en estos días de Maracay, sin exponerse á una recaída, que puede ser fatal. Está aun enfermo, alimentándose con líquidos, y alguna pequeña salida que da es en silla de mano y á pocos pasos de su casa; de lo contrario, yo le aseguro á usted que iría á cualquier parte adonde el bien común lo llamase á verse con usted.

Por otra parte, hoy es tan pública la disposición, el deseo que él tiene de realizar esta entrevista, y tan sabido de una multitud de personas este deseo y las dificultades que á él le impiden salir á otra parte á realizarlo, que todos sus escrúpulos de partido y delicadeza personal deben desaparecer.

Nada diré á usted de temores por su seguridad personal ; porque ni usted es hombre que teme, ni su amigo lo llamaría, si ni aún remotamente viese que corría algún riesgo, ni las personas entre quienes usted va á estar son capaces de faltar á las leyes de la caballerosidad.

Los amigos Alfonso, Bigot y Hernández, van cerca de usted á interpone»!* su amistad y á convencerlo con todos los argumentos que les sugiera su patriotismo y el conocimiento que tienen del estado de esta negociación por aeá, de que debe venirse con ellos inmediatamente.

Téngase usted con ellos, mi amigo, véngase usted. Yo tengo una casa en Maracay, que es la de usted, á la que usted llegará, y en la que quedará todo concluido, sin salir usted de allá á buscar á nadie.

Pero si todavía le pareciese á usted mucho ir hasta allá, venga al menos á La Victoria, adonde usted no iraede tener un motivo para dejar de venir. Situado aquí, la distancia es ya corta y las relaciones pueden

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ser más eficaces, por lo más prontas. En el Cantón Victoria nadie puede gloriarse de estar entre los soy oí con más verdad que usted.

Hasta la vista, mi amigo; y digo hasta la vista, porque más resistencia de su parte no puede ni aún presumirse por su afectísimo amigo

Q. B. S. M.,

S. Makiño.

Guzmán, queriendo siempre ajustar sus procederes al dictamen de la mayoría, convocó la Gran Sociedad Liberal, y la impuso de todo lo tratado; añadiendo que deseaba que sus amigos políticos designasen el lugar donde debiera celebrarse la entrevista, porque era este un punto de etiqueta en que se comprometía el decoro del Partido.

En la casa de Caracas del señor Bigot, rico propietario de los Valles de Aragua, tuvo lugar esta última reunión de liberales; en que Guzmán, después de un brillante discurso sobre la conveniencia de la entrevista, invitó á los amigos que quisieran acompañarle. Al salir d-5 la capital constituían el núcleo del séquito los ciudadanos :

Felipe Bigot, Tomás Hernández, Doctores Félix Alfonso, Manuel Echeandía. José Manuel García y Fidel Rivas ; Juan X. Castillo, Mariano Blanco, José Toribio lribarren, Jesús MR Blanco ; Coroneles Vicente Sarria, José Salustiano Plaza y Ezeuuiel Zamora ; Gabriel Zamora, Antonio José Zamora, José Rafael Pacheco, Antonio Guzmán B., Salvador Larrazábal, Luciano Requena, Esteban Molonny, Isaac Delvalle, Pilar Meneses, Manuel Solórzano, Guillermo Sánchez, Manuel Plaza, Francisco C. Hurtado, Doctor José Arnal, Bruno Hurtado, Creor Jaspe.

Llego Guzmán al Consejo con 2.000 hombres, y á la Victoria con 4.000.

Páez escribió á Marino dos cartas, en que aceptaba la entrevista en su casa de Maracay, ó en su hacienda de la Trinidad. Pero la comisión opinó, porque

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la conferencia se celebrara fuera de dicha villa, por razones de conveniencia y honra; pues no podía aparecer el candidato más notable del Partido Liberal, yendo de Caracas á Maracay, con gran número de amigos, á visitar al poderoso caudillo á quien tanto había combatido.

En este punto la comisión tuvo razón. Al paso que, y nos es penoso decirlo, no acertó igualmente el General Páez á escoger los medios adecuados para lograr una conferencia, de la que se prometía, según manifestaba, bienes inapreciables para la patria ; como si alguna perniciosa influencia de los oligarcas, empeñada á última hora, le hubiera desviado de sus primeros y generosos intentos ; ideando para desbaratar aquella obra patriótica, una infranqueable dificultad de etiqueta. Ciertamente, Páez pudo asegurar en aquel trance la paz pública, con el orden legal y los fueros de la mayoría nacional, no más que conversando algunas horas con aquel grupo de patriotas.

Páez era ,en la ocasión, omnipotente ; y le tocaba por lo mismo allanar los medios para poner término á tan enojosa contienda, sin humillar á sus contrarios; supuesto que el señor Guzmán no había solicitado la conferencia ; y era además un expectable personaje de la política, merecedor, á no dejar duda, de las más respetuosas consideraciones y de los más distinguidos miramientos ; pues estas son siempre las maneras requeridas en palabras y acciones para entenderse los hombres cultos, sobre todo cuando van á tratar graves cuestiones que interesan al Estado.

Es imposible que hombres de honor puedan acercarse á restablecer sus relaciones de amistad ó de política, si no se atestiguan mutuamente los comedimientos que el talento ilustrado y la alta educa-

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ción saben revestir de amabilidad irresistible, de primor y gracia.

El Páez de Maracay no es el Páez hidalgo, que trepa solo por la selva de Lagartijo, para ir á conversar con el realista Cisne ros, á fin de atraerle á la obediencia del Gobierno, y devolver la paz y el sosiego á la provincia de Caracas. Entonces bajó de su radiante solio á la guarida de un bárbaro; y ahora no quiere igualarse á un hombre de inteligencia y patriotismo, para tratar con él de la suerte de la Patria, en el campo de la razón y de las conveniencias públicas. Acaso creía que nuestro sabio tribuno valía menos que Cisneros: ó no quería ver y confesar que tras ¿1 iba el pueblo, enloquecido de entusiasmo por su libertad, y por ejercer el republicano derecho de elegir sus mandatarios. Tal vez pensó que el tribuno debía llegar á él de rodillas y ofrendarle su partido. Pero el señor Guzmán, modesto al par que digno, como los hombres de virtud y talento, firme con la conciencia de sus responsabilidades, se detuvo en La Victoria á esperar que se fijase la entrevista fuera del recinto de Maracay: pudiendo bien comparársele en tan azaroso trance, al héroe del Tasso, que marchaba con serenidad á su destino, sin dejarse extraviar por las seducciones del mágico que ideaba perderle.

x* fuwr» efrü. VIII. Llegado es el tiempo de decir, como razón

que completó el fracaso de la conferencia, que, cuando se ventilaban estos problemas en los Valles de Aragua, entre Marino, Páez y Guzmán, llegó de repente la noticia á La Victoria del alzamiento de Eangel en Manuare; de los sucesos de Güigüe, Yuma, Magdaleno y Villa de Cura, y del nombramiento del General Páez para Jefe del ejército. Desde este momento nadie pensó ya en la

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ideada conferencia ; sino en volver unos á Caracas, en huir otros, y en alzarse los demás. Era el caso que cerca de cuatro mil personas habían acompañado al señor Guzmán de Caracas á La Victoria ; quiénes de una manera, quiénes de otra ; sobresaliendo entre todos, Ezequiel Zamora, por la arrogancia con que iba á caballo, lanza enastada y espada al cinto, al lado del eminente tribuno, como si hubiera tomado á su cargo, motu propio, custodiarle por el camino, y en los pueblos; llevando la adhesión á su persona hasta montarle guardia de honor en la casa que le sirvió de alojamiento en La Victoria.

Tales ocurrencias de revueltas entristecieron al señor Guzmán ; porque en su mente no hirvió nunca la pasión de la guerra como recurso para resolver por su medio los complexos problemas de la vida pública. Cuando le dieron la noticia de los alzamientos, dijo estas bellas palabras, dignas de un tribuno honrado y patriota :

u Yo no he hecho esta predicación para formar soldados, sino ciudadanos"

Pero entre sus acompañantes había muchos que no discurrían en el mismo sentido. Pues á unos exaltaba la ambición, y á otros el ahinco de sacudir el oprobioso yugo de autoridades desaforadas: cuáles respiraban venganza, por injurias recibidas en las elecciones ; cuáles, malcontentos, y confiados en su valor, hablaban públicamente de apelar á las armas, como único modo de acabar con el partido imperante, que no escrupulizaba cometer arbitrariedades^ por escandalosas que fuesen, con tal de mantener en sus manos las riendas del Estado.

Eran Zamora y el Doctor Echeandía de los más decididos por la guerra. Y no pensando sino en

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ella, diéronse á imaginar operaciones de alzamientos en la provincia de Caracas, fiados en que el General José Gregorio Monagas les apoyaría -en las de Oriente, y el ciudadano Napoleón Sebastián Arteaga en la de Barinas.

De esta confusión de pareceres violentos y raciocinios acalorados vino á resultar, que el séquito del tribuno empezó á dispersarse ; tomando cada uno el partido que mejor le pareció. Y el suceso ruidoso que días antes se asemejaba á los honores de un triunfo popular, quedó reducido á tener que volverse el señor Guzmán, medio oculto y de noche, á Caracas; donde el Gobierno, muy mal inspirado en aquella coyuntura, estaba ya dispuesto á prenderle, como al fin lo hizo, por imputarle injustamente el delito de conspirador que, según las leyes de la época, se penaba con la muerte. (1).

d¿ 8r. <h>wnr IX. El señor Guzmán no era conspirador. Al

igual del tribuno Gambetta detestaba la guerra civil. Y tenemos por averiguado y cierto que opinaba con lectitud.

Ni en escritos, ni en discursos, ni en conversaciones del señor Guzmán se encontró jamás un pensamiento ó una frase que incitara á la guerra : ni en el voluminoso expediente de su Causa hay tes-

(1) Secretaría del Interior. — Caracas : setiembre 21 de 1846.

Resuelto. — Habiéndose ordenado por el supremo Poder Ejecutivo en uso de la facultad 3*, del artículo 118 de la Constitución el arresto del señor Antonio L. Guzmán y no habiéndose podido efectuar en esta ciudad, no obstante las diligencias que se han practicado al intento ; hágase saber á todos los gobernadores, jefes políticos y jueces de pa? ae la República para que le capturen y remitan á esna capital á disposición del Ministro del Interior y Justicia. Publicándose al erecto esta resolución en la Gaceta de Gobierno.

Por S. E„

Cobos Fuertes.

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timonio alguno que autorizase para enjuiciarle por conspiración.

Empero, el intento de loe oligarcas no consistía tfimpleBftente en inmolar un hombre, sino un apóstol; no era su empeño fusilar un conspirador, sino apagar una idea ; y si osaban derramar la inocente sangre de un mártir, era por quebrar en el cadalso la pluma que los había desprestigiado en el criterio del pueblo; aquel aparente débil instrumento, don del cielo, que había producido la más radical é irresistible revolución en la política de la República. Hombres eran aquéllos que no se detenían á pensar, que los principios no se destruyen en los suplicios, así como la fe religiosa no se calcina en las hogueras. Pues las almas inspiradas en la libertad, y educadas en el reverente culto de la Patria, suben de los sangrientos altares de la expiación, como ángeles celestes, para rociar la conciencia humana, desde las cimas de la inmortalidad, con el éter vivificante de esos luminosos ideales que crean la religión del patriotismo, é inspiran abnegación sublime, para enseñarnos á padecer y morir por las virtudes públicas.

El señor Guzmán fué llevado á la cárcel el 4 de octubre. El juicio duró hasta el 1? de junio del 47, en que la Corte Suprema confirmó la sentencia de muerte pronunciada por la Superior y por el tribunal de 1? Instancia. El 2 del propio mes la conmutó el Presidente Monagas, en expulsión perpetua, del territorio de la República.

X. Digamos ahora quién era Rangel, y porqué Ran^. se levantó.

Francisco José Rangel era natural de Nutrias, y soldado, según informes, del General Zaraza en la guerra de la Independencia, en cuyo servicio por los

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años de 1817 y 1818 aprendió á conocer minuciosamente los caminos y veredas de las sierras de Carabobo y Aragua, los vados de los ríos, quebradas y lagunas que bañan las tierras del Llano Abajo, y los inestricables laberintos de sus matas, bosques, sabanas y galeras. Defendió el Gobierno en 1835: y licenciado después de la guerra, se dedicó á la labranza en el Valle de Manuare en tierras de la familia de Tovar. Allí casó con una hija de Juan Castillo, de Güigüe, y vivió tranquilamente hasta el año de 46, en que se enardeció con la disputa de las elecciones, á que lo incitaban los liberales de Valencia/ San Luis de Cura.

Era un indio como de 50 años, chato, de manos y pies grandes y gruesos, muy em pulpado, lampiño, y de estatura mediana: solía andar desnudo de la cinta arriba ; y usaba un trabuco enorme que cargaba con 40, 50 y aun 60 guáimaros. Tenía el vigor, la astucia, agilidad y fiereza de los tigres. Escalaba las sierras á saltos; y se escondía en los bosques, si» que á nadie fuera dable encontrarle. Desaparecía en las derrotas por entre las quiebras, que eran sus predilectos caminos de escape, y nunca sabía nadie dónde dormía. Cuando se embriagaba tornábase colérica Tomó las armas sin combinación con nadie, siendo comisario de Timbique y Tacasuruma, á causa de haber anulado los oligarcas las elecciones de Magdaleno, y de haberle perseguido y echado de las tierra* que cultivaba.

Levantóse el 1? de setiembre, y con una partida que formó de 300 hombres, desde Pacaragua hasta Manuare, invadió á Güigüe la noche del 2, dando vivas á Guzmán y á Venezuela libre, y mueras á loa oligarcas. Amarraron al Alcalde, señor Jerónimo

V !

VIDA DEL GENERAL ZAMORA 97

Lovera y fi su Secretario, José Domingo Valiente, y luego los soltaron por mediación del Cura Pbro. Gaspar Yanes. Entraron á saco las pulperías; y bebidos se derramaron por las haciendas vecinas á recoger bestias, monturas, armas y esclavos.

XI. En Panecito, Amapola, Atacosa, Milagro y tfc^^¿ñn' Florida, cometieron los alzados algunas fechorías ; habiendo sido la más escandalosa la de Yuma, hacienda

de la propiedad del señor Doctor Ángel Quintero. Este político publicó en Va!encia con fecha 30 de setiembre, una relación de lo sucedido, que nos incumbe rectificaren el punto en que asevera que Eze- ■ quiel Zamora andaba con Rangel aquellos días; cuando es público y notorio que Zamora se hallaba para esa fecha en La Victoria, en la comitiva del señor Guzmán, como lo hemos dicho en nuestra narración, y como consta en expedientes de las causas por conspiración del mismo Guzmán y del General Zamora. El suceso de Yuma ocurrió en la madrugada del 3 de setiembre, y Zamora estaba en Caracas desde agosto, de donde salió el 1? de setiembre á las seis de la mañana con los acompañantes del señor Guzmán; con quienes estuvo desde el 2 en La Victoria, hasta el 7 que se disolvieron.

De Güigue siguió Rangel á Magdaleno, y de aquí á Villa de Cura.

XII. Cerca de la 1 de la madrugada del 4 podía Ataque áciu-

1 i n / 1 o/\/\ • dad de Cura.

ser, cuando los íacciosos, en numero de 300, capitaneados por Rangel, atacaron esta última ciudad, guarnecida por la fuerza que, bajo el mando del General Piñango, había despachado el Presidente Soublette desde Caracas, en previsión de que los revolucionarios, al levantarse en La Sierra, asaltaran de improviso tan importante plaza.

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Componíase este cuerpo de las milicias de San Pedro, comandadas por el Capitán Benito Esteller ; y de la compañía del Capitán Jorge Racamonde, acantonado hacía tiempo en San Juan de los Morros.

Acometieron los liberales la plaza por tres calles simultáneamente, á los gritos de viva Guzmán, viva la libertad; y aunque cargaron reciamente tres ó cuatro veces las posiciones de Piíiango, fueron al fin rechazados antes de rayar el día, bien que unos y otros, sufrieron muchas pérdidas.

De aquí se revolvieron aprisa hacia Magdaleno, donde fueron alcanzados, poco antes de la tarde, por las tropas que el General Páez había sacado el día anterior de Maracay, con ánimo de buscarlos y destruirlos.

Parapetáronse los derrotados en las calles del pueblo; y en la refriega dispararon al General Páez un trabucazo á boca de jarro por la puerta de una casa, que por suerte no le mató. El agresor fué al punto hecho prisionero; pero el General Páez no quiso hacerle daño alguno, diciendo que aquel incidente era un lance natural, muy propio de la guerra, de que nadie en justicia podía ser personalmente responsable. N

rJtldfí pínV- XIII. Rangel, desalojado y perseguido, entróse á

rttid0, todo correr por la montaña adelante, donde pensaba

reponerse de la rota y reconcentrar los dispersos. Allí supo á poco el levantamiento de Zamora en el sitio de Guambra, de que pronto hablaremos ; y desde aquel instante no pensó ya más que en salir á encontrarle por veredas de él sólo subidas, reconocerle por Jefe, y ponerse á sus órdenes, con su gente y elementos de guerra.

El General Páez luego que dispuso en Agua

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Blanca que el Capitán Esteller, con dos columnas •de infantería, regresase á Ciudad de Cura; y que el Capitán Jorge Racamonde fuese á ocupar á Magdaleno, marchó con el resto de sus tropas y el Estado Mayor la vuelta de Maracay, donde sentó por el momento su Cuartel General.

Racamonde llegó el 7 á Magdaleno ; constituyó allí una autoridad, que dejó con cinco soldados y algunos vecinos de á caballo, para mantener el orden en su ausencia; y se adelantó á Yuma, á las once del mismo día. Al atravesar la hacienda de Macapo salió precipitadamente de uno de los callejones un faccioso, de nombre Esteban Breto, el cual acometió de repente al señor Pedro Bolívar, que iba con Racamonde, y tirando estocadas á diestro y siniestro, hirió dos mas, y amenazó á otros ; hasta que uno de los soldados le apuntó con el fusil, y le pasó las sienes de un balazo.

En Yuma supo Racamonde que los esclavos de las haciendas se habían alzado el 3, que todo aquel territorio era enemigo, y que los puentes del Charal, en el camino de Güigüe a Valencia, habían sido destruidos para cortar las comunicaciones entre estas dos plazas; en fuerza de lo cual regresó el mismo día á Magdaleno, adonde llegó p*>co antes de las 8 de la noche.

En la mañana siguiente, aumentada su corta fuerza con una partida de 32 hombres armados de fusil, que organizó el Capitán Manuel Guevara, determinó salir con ella á recorrer las montañas de Tucupido y Guacamaya, en dirección de Tacasuruma ; y en esta excursión llegaron á sus oídos noticias de haberse visto pasar por allí, días antes, muchas partidas armadas camino del valle de Manuare,

nuare.

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que era, á lo que parecía, el punto de. reunión de la. gente de Rangel.

XIV. El Oral. León de Febres Cordero, nom-

£1 Oral. Cordero.

brado Jefe de Operaciones de Güigüe, ocupó este pueblo el 10 por la mañana, adelantó sus fuerzas hasta La Florida, hacienda del señor José María Mendoza, sita á orillas del Lago, y se puso en comunicación con Racamonde, que estaba, como hemos dicho, en Magdaleno.

vaiu de Ma- XV. El valle de Manuare de la Sierra de Cara-

bobo, que sirvió de campamento muchas veces á las tropas del Gobierno y á las dé los liberales, mide 6 leguas de circunferencia, y dista 5 de Güigüe. De sus cerros nacen los ríos Pacaragua, Mucaria y Gamelotal qu<3 desembocan en el río Pao, de San Juan Bautista, á una milla de este pueblo; el río Manuare, ó Tiznados, cuyas vertientes están en el Palmar, y cuyo curso va por la Ollita, Mocundo, El Espanto, El Almidonal, La Ceiba, y la Galera de Casanga, cerca de la cual se le junta el río de la Platilla, que viene serpenteando desde las alturas de Picacho Blanco. En otra de sus verdes cumbres están los manantiales del río Gnárico, que baja hasta su fondo, y corre al valle llamado de Tacasuruma, y ahora Municipio de Belén, de donde sigue á fertilizar otras tierras más allá de San Luis de Cura v San Juan de los Morros. A estos canales de riego, esculpidos caprichosamente por la naturaleza, hay que agregar muchas quebradas, como ias llamadas Bejuco y Las Piedras, que corren de Sur á Norte, y la Barbasen que va, al contrario, de Norte á Sur, notables entre todas por su mayor caudal de aguas.

De Manuare á las Guasduitas hay 3 leguas, entrecortadas por riachuelos : á Yuma no menos de

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5, partiendo por el intransitable camino de Caieara v Cerro Azul; á la cuesta de las Muías de 3 á 4.

XVI. El pensamiento de revolver el país para a1***"1**»' derribar la oligarquía por las armas, avasallaba el espíritu de los directores más exaltados, y encontraba buena acogida en no pocas ciudades y vecindarios -de Caracas, Aragua, Guárico, Carabobo, Barcelona y Barinas. Las breves noticias que vamos á recordar bastarán para comprobar esta aseveración.

En los primeros días de setiembre, luego que todos entendieron los sucesos de Villa de Cura, empezaron á aparecer Facciones, armadas de diversos modos, en las cercanías de Valencia, La Victoria, Guanare y Cajiua, en Tacarigua y Curiepe, en Capaya y Valles del Tuy y otros lugares.

José Orencio Castellanos, capitanea una cuadrilla de 23 hombres de a caballo por los Guayos, entre la Glorieta y la Negra, encuéntrase con la patrulla del Comandante Roa, y del choque salen unos heridos y otros quedan en el campo.

Cerca de media noche sería, cuando otra p.irtida de 20 ó 30 hombres, armados de lanzas y trabu- -cos, dando vivas á la libertad, y mueras á los oligarcas, sorprenden el vecindario de Las Tejerías, en el camino de Caracas á La Victoria, amenazan al Comisario de Guayas, Señor Felipe León, y recogen y se llevan cuantas anuas y pertrechos hubieron á las manos.

Tras esta guerrilla aparecieron el día siguiente otras más, que tomaron el mismo camino que -vieron que la primera llevaba.

Rafael Flores Calvarefío, vecino de Charallave, se alzó el 6 del mismo mes. Bajó por la que-

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brada de Chacao á la boca de la de Cagua y & Palomas, reclutando gente y recogiendo municione» de guerra. Acompañábale como secundo, José de Jesús Zamora.

A estos se iban reuniendo los esclavos de las haciendas por donde pasaban; k quienes prometía Calvareno la libertad. Por lo cual dispusieron las autoridades del Tuy, que en las haciendas debían estar, á las 7 de la noche, todos los esclavos y manumisos dentro de sus respectivos repartimientos, y que sólo por un caso urgente podían salir después de dicha orden con una boleta en que se manifestara la causa. También se ordenó á los dueños y mayordomos, que inmediatamente que se tugara algún esclavo ó manumiso, dieran parte a las autoridades, con las señales fisonómicas del prófugo para perseguirlo.

El 12 de setiembre á la 1 de la tarde fué capturado Calvareño, con algunos de sus principales compañeros por una guerrilla de caballería de Charallave, auxiliada de un piquete de infantería. En la noche del mismo día fué aprehendido en Tacata su segundo, Zamora, y los subalternos Marcos Arestigueta, Pío Andrade, José Espinoza y Gregorio Chacín, quienes fueron remitidos presos por el Jete político del Cantón de Oumare del Tuy, al Tribunal del mismo, enviándose junto con ellos las diligencias sumarias practicadas por el Juez de Charallave sobre la facción acaudillada por Calvareño. Encontró el Juez mérito para proceder contra todos, y libró auto de prisión ; pero á los dos días puso en libertad á Chacín, por estimar desvanecidos los cargos que aparecieron contra él.

De las declaraciones de los presos, resultaron indicios fundados contra Alejandro Tosta, y se le

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mandó prender, como en efecto lo hicieron ; lo mismo que á Pedro Díaz y Juan Barrios, de Cria.

Calvareüo fue enjuiciado por conspirador, sentenciado á muerte y fusilado.

En Barlovento se levantaron en la segunda quincena de setiembre, el Capitán Pedro Vicente Aguado, el Doctor Manuel María Echeandía y su hermano Juan Bautista, Mariano Tirado, José Padilla, Tomás Galarraga, Felipe Pérez, Carmen Bocaranda, Francisco Marcelino Blanco, Julián Mejfas, Fernando Muñoz, Magdaleno Martínez, Silverio Ríobueno, Francisco Ordófiez, Antonio Hernández, quienes á la cabeza de cuatrocientos hombres, entre libres y esclavos, armados de lanzas, machetes y garrotes, ocupa! on á Río Chico y soplaron la llama de la guerra civil por el litoral hasta Barcelona, y tierra adentro hasta Cancagua y el Tuy.

Semanas después se presentaron las guerrillas de Pedro Blanco, Julián Díaz y Canelones, en Las Empalizadas, Las Mayitas, montaña de Turen y Sabana Seca, territorio de la provincia de Barinas.

XVIT. Apercibido el Gobierno en fines de agos- ^m"**1*0' to de que podría turbarse el orden público, pidió y obtuvo el acuerdo y consentimiento del Consejo de Gobierno para emplear en su resguardo la fuerza armada permanente, llamar al servicio hasta diez mil hombres de la milicia nacional de reserva y nombrar, como en efecto nombró el 1? de setiembre, al General Páez, Comandante en Jefe del Ejército, y al General José Tadeo Monagas, segundo Jefe,, al General Judas Tadeo Piñango, Jefe del Estado Mayor General, y Ayudante General del mismo Estado Mayor al Coronel Juan de la Cruz Paredes; y en cumplimiento del artículo quinto del

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Decreto Ejecutivo de 7 de mayo de aquel año, llamó en previsión de los sucesos al servicio, con fecha 3 de setiembre, trescientos hombres de las milicias de reserva, de cada una de las provincias de Maracaibo y Barquisimeto ; doscientos del Cantón Orituco, y ciento de caballería del Cantón Chaguaramas, y encargó al General José María Zamora de la Comandancia de Armas de la provincia de Caracas, con orden de situarse en Orituco v de ocurrir al Tuv en caso de necesidad. Facultó al General Páez para que tomase cuantas providencias tuviese por conveniente para custodia y seguridad del parque de Maracay ; y por la Gobernación de la provincia se dispuso, que los Jefes políticos de San Sebastián, Cura, La Victoria, Turmero, Maracay y Calabozo ejecutaran todo lo que dicho General les comunicase para la reunión de las milicias y adquisición de caballos.

Al General Macero, Jefe político de Ocumare, se le advirtió el peligro que podían correr los Valles del Tuv con motivo de las ocurrencias de La Victoria.

En tal situación, supo el Gobierno el ataque de Rangel á Villa de (Jura y los alzamientos de varias partidas en las provincias de Caracas, Caraboho v Harinas ; v en el acto autorizó al General Monadas para que levantara' con las milicias de reserva de las provincias de Barcelona y Cumaná y Alto Llano de Caracas, un cuerpo de ejercito de tres mil hombres de infantería v caballería : v le comunicó órdenes precisas sobre el acantonamiento de sus fuerzas en los lugares que había de cubrir, debiendo fijar su Cuartel General en Chaguaramas. A Páez se le dijo que levantara un cuerpo de seis

VIDA DEL GENERAL ZAMORA 105

mil, con las reservas de Caracas, Carabobo, Apure, Barquisiraeto y Barinas.

Y á uuo y otro se confirieron poderes para que llamaran Jefes y oficiales al servicio con mando de fuerzas, pidieran caballos, ganados y cuanto hubieran menester para el equipo y subsistencia de sus fuerzas respectivas, expidieran cartas de pago y llevaran la cuenta de la distribución de los fondos por comisarios de guerra.

Se llamó al General Zamora á Caracas y se nombró Jefe militar de Chaguaramas al Comandante Lorenzo Belisario, y de Orituco, al Comandante J. J. Gil.

En la provincia de Carabobo ordenó su Gobernador Miguel Herrera, que el Jefe político del Pao pusiese sobre las armas cien hombres de infantería y ciento de caballería, para situar veinticinco de ellos en El Baúl, amenazado por la facción que acababa de aparecer en Guanarito, y el resto lo emplease en el territorio de la parroquia cabecera para atender á los insurrectos de sus Llanos v á los de la Sierra; v mandó poner cincuenta hombres de caballería en cada uno de les Cantones San Carlos y Tinaco, debiendo observarse, para seguridad de los propietarios á quienes se exigieran caballos, las reglas de valorarlos, por dos peritos nombrados, uno por la autoridad y otro por el interesado, expresando el pelo, hierro y señales particulares, con toda claridad, para que, en caso de no volverse á sus dueños ó de que volvieran con detrimento de su valor, fueran éstos debidamente indemnizados. Los caballos se entregarían bajo inventario, formado con los mismos pormenores, al Comandante de la

100 DOCTOR L. VILLANUEVA

fuerza, el cual daría recibo y llevaría el alta y baja comprobada de ellos.

p«rtórS,b¿e™I XVIII. Ya á esta sazón había determinado el

per iodistas libe- r*i \ • -, , r\ t

raiet. (jronierno per-eguir, no solamente al señor Guzman,

sino á todos los periodistas liberales; y á este fin expidió el Minstro del Interior una circular á los Gobernadoies de las Provincias, en que calificaba de sediciosa, inmoral // absurda la prensa de la oposición; y excitaba á aquellas autoridades á vigilar los periódicos, y á enjuiciar á sus redactores ó editores, por medio de los Procuradores Municipales, que eran por el Código de 1837, los encargados de ejercer estas repugnantes funciones. El señor Doctor Felipe Larrazáhal, ilustrado no menos que enérgico y resuelto, refutó aquel documento en el editorial del número 78 de su periódico El Patriota, con tal copia de buena doctrina, y en tono tan grave y sereno, como pertenecía á la alteza de la materia, que es de justicia reproducirlo en este libro á manera de cuerpo de principios de Derecho. Aquel periodista, único tribuno demócrata que quedaba en pie, tomó A su cargo, pospuesto todo temor y aventurado á todo riesgo, la defensa de la prensa liberal que venía sosteniendo desde 1S40 las libertades constitucionales, la redención de las industrias, los derechos individuales y el dogma de la soberanía del pueblo.

El Ministro, en vez de contestar ó hacer contestar por la p 'cnsa este brillante escrito, mandó prender al Doctor Larrazábal: y no habiendo podido hallarle, le persiguió de tal manera, que hubo de obligarle á salir furtivamente del país y refugiarse en la isla holandesa de Curazao.

Desdi1 aquel día enmudeció la prensa liberal; se desembozó el Gobierno y empezó á germinaren

VIDA DEL GENERAL ZAMORA 107

el pueblo la rebelión, para reivindicar su soberanía, radicada en el derecho de votar, y la soberanía de la inteligencia, radicada en el derecho de la prensa.

La libertad de imprenta es uno de los derechos individuales, que proceden de las leyes de la naturaleza ; lo mismo que la libertad de pensar, hablar, sentir y creer. Así que, el restringirla no sólo entorpece el funcionamiento armónico de las sociedades bien organizadas, sino que, en el mundo moral, constituye el delito de encadenar una facultad del alma, y contrariar la ordenación del piar, concebido por la Providencia, cuando dio este nuevo sentido al pueblo, per medio de la revelación, como arma divina para defender el decálogo de sus derechos, y voz de acentos inmortales para conmoverle á su perfección indefinida.

Por el contrario, el resguardarla de las asechanzas y golpes de mandatarios pervertidos, sera siempre obra meritísima -de los hombres públicos que laboran por establecer nuevas eras de moral y libertad, según los preceptos de Dios: < orno lo hizo nuestro Partido Liberal cuando grabó en la Constitución de 18(54, como fruto de la guerra civil de la Federación, los más avanzados principios políticos de la democracia moderna; (Mitre otros, la libertad de la prensa sin restricciones de ninguna especie. Pues á esta libertad no pueden imponérsele, sino las únicas con que las costumbres de la gente» civilizada moderan y regularizan el uso de la palabra, en la conversación y la oratoria; en atención á que los derechos individuales de hablar v escribir son tan semejantes entre sí, ó mejor dicho, tan idénticos, que cuanto se diga del primero puede aplicarse estrictamente al segundo; como que uno y otro proceden de

108 DOCTOR L. VILLA.NUEVÁ

la misma fuente, y son al igual facultades representativas de la dignidad del hombre y del pueblo.

De todo lo cual resolta, que en el modo de resolver problemas de este género, estriban las diferencias orgánicas de nuestros dos partidos. De suerte que, cuando el conservador porfía por reducir la esfera de actividad de la prensa y por decretar castigos para los periodistas, empéñase el liberal en dilatar hasta la utopia los lindes de todas las libertades y de todos los derechos, para constituir el reinado del hombre, mirándole tan libre como salió de las manos del Creador.

Hé aquí la circular del Ministro y el editorial de El Patriota :

ei Dr. Larra- XIX. En las terribles v complicadas eiicunstancias en

zábal defiende , -*▼■/*, L ,,

la libertad de que se encuentra la .Nación; hoy, que nos vemos sin Consimpranta. titución ni leyes, sujetos al régimen imperante de la fuerza ; cuando el desentreno opresor de los gobernantes contra el pueblo lia llegado á su colmo y la majestad de la soberanía popular se vé ultrajada : cuando los delegados del poder publico han desgarrado los testimonios de su autoridad, en desprecio de la mayoría, y ajado con avilantez ese pueblo mismo de donde parten, como de un centro fecundo, todos los poderes activos de la sociedad, el Gobierno del General Soublctte cómplice de tantos y tamaños crímenes, tiene todavía el inconcebible arrojo de expedir una circular á los gobernadores, y de maltratar en ella á ios ciudadanos todos de Venezuela, que demasiado amantes de la paz, y llevando sus respetos por el orden público hasta un exceso que raya, podremos decir, en culto y veneración, han preferido el humilde sufrí miento, al ejercicio de los derechos imprescriptibles que por naturaleza les competen para repeler la opresión, para ■confundir las tramas de la iniquidad y del despotismo, y castigar de muerte al tirano que intente usurpar la potestad soberana de los hombres libres.

Y como cumple á los intentos proditores de ese gobierno, que carga ya con el peso de plomo de la execración pública, presentar á la Hbertad de la imprenta eual si fuese el origen del mal, ó el tomes corruptor de nuestra inocencia, que lia ocasionado los movimientos perturbadores de la pública tranquilidad ; como importa ú esa administración sin fe, buscar, astutamente á quien

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hacer responsable de sus culpas que le infunden miedo y atemorizan, semejante á aquellos niños malvados que buscan en la excusa la impunidad, y en la falsa imputación el descargo de sus hechos, no se habla en la circular de otra cosa sino del carácter sedicioso de nuestros escritos, y de los motivos que tiene el gobierno para reconocer en el abuso de la libertad de imprimir la causa principal de los atentados (pie hoy tienen en alarma la

República ¡Como si los periodistas que de continuo

no hemos hecho otra cosa que inculcar los preceptos de moderación y los avisos prudentes de la legalidad, fueran los que han roto con escándalo la Constitución y barrenado las leyes ! ¡Como si la prensa hubiera suspendido concejos, anulado electores, deshecho registros, violado asambleas, depuesto jueces, quemado listas, etc. ! ¡ Como si la moderada libertad de publicar nuestros pensamientos, de que siempre usamos, y que garantida nos está por la ley fundamental, pudiera jamás merecer el dictado de sediciosa al frente de los hechos del gobierno, á la presencia de las injusticias atroces y de los desmanes inauditos y atentatorios cometidos por la viciosa administración del General Soubletté !

Discurramos, sin embargo, por cada uno de los inultos de la Circular, y presentemos nuestras ideas y observaciones en contraste de las del gobierno, defendiendo la justicia, la verdad; defendiendo la razón, hija del cielo, cuyos respetos miramos vulnerados en la producción que nos ocupa. Desempeñemos una vez más los sagrados deberes de nuestra misión. La circular dice así :

"CIRCULAR DEL GOBIERNO SUPREMO A LOS GOBERNADORES

"República de Venezuela. — Secretaría de los despachos del Interior v Justicia. — Sección 2a — Número 41 «S. — Caracas: 27 de agosto de 184o*. — Ano 17° de la Ley y 30a de la Independencia.

" Señor Gobernador de la Provincia de Caracas.

*AEs ya intolerable el carácter sedicioso que ha tomado la prensa en algunas provincias de Venezuela. Ha pasado la época de las elecciones primarias, en que el calor de las opiniones en colisiór, produce ordinariamente algunos excesos, y se nota con aMunbro que lejos de volver los escritores á la senda que el patriotismo y la ley les señalan, algunos se desvían más y mas de ella y continúan desmoralizando al pueblo inocente con doctrinas absurdas, cuya sola publicación basta para desacreditarnos en lo interior y c\xterior. Xo debe permitirse que escritores imprudentes ó enemigos del orden alejen de nuestro suelo la conñanza de que tanto hemos menester para nuestra mejora en todos los ramos de la riqueza nacional.

110 DOCTOR L. VILLANUEVA

"Poderosos motivos tiene el Gobierno para reconocer en el abuso déla libertad de imprenta, la causa principal de los atentados contra el orden público que en 1844, tuvieron lugar en varios cantones, y de los que tienen hoy en inseguridad el de Calabozo y en alarma una parte de la República. Cree que esta misma convicción tiene una gran mayoría de ciudadanos y que por tanto US. debe estimularlos á que con sus luces é influjo, procuren impedir la corrupción del criterio puro y los males que de ella se derivan.

" En cuanto á los funcionarios encargados por la ley de perseguir á los autores ó editores de escritos sediciosos é inmorales, el P. E. ha dispuesto se diga á US.

"1? Que excite inmediatamente y déla manera más enérgica á todos los procuradores municipales de los cantones en que estuviere establecida alguna imprenta, á ejercer sobre los escritos que en ella se publiquen, la debida vigilancia y á acusar oportunamente todos los que estén marcados con alguna de las notas de calificación de que hablan los art'culos Io y 2o lev 4H del Código de 27 de abril de 1830.

"2? Que recomiende á los jueces que presiden el jurado que ha de conocer de estas causas, la preferencia en el despacho de ellas.

"3o Que avise al P. E. cualquiera falta que note por parte de dichos jueces, ó de los procuradores municipales, para aplicar el remedio conveniente; y dé asimismo noticia de los fallos manifiestamente injustos que pronuncie el tribunal del jurado para procurar ante las Cámaras el debido castigo.

" El Gobierno encarga á US., muy especialmente, el cumplimiento de esta resolución, y dispone que se le informe de todo lo que se practique en ejecución de ella.

u Soy de usted atento servidor.

Francisco Cobos Fuertes."

Ahora bien: ¡ cuál es el carácter de nedici 'ó n que ha tomado la prensa entre nosotros f ¿ Cuáles son los escritos liberales que persuaden los tumultos populares y aconsejan el levantamiento de las masas contra las autoridades constituidas?— O el supremo gobierno no define, ni sabe bien lo que es aediriotto en sí, ó con cierta ligereza injuriante atribuye á nuestras producciones una nota distintiva que no merece, confundiendo los cargos severos dirigidos á una administración vacilante, y acusada de actos ilegales y de abuso extremado de poder, con las excitaciones populares de rebelión y de perturbac ón del orden.y de la tranquil i-

VIDA DEL GENERAL ZAMORA 111

dad publica. Nosotros no conocemos ningún impreso sedieiofto; la República no tiene idea de ese carácter en las producciones periódicas de su prensa liberal ; el gobierno no puede presentar ni un polo ejemplar, ni una sola página siquiera en donde haya razón para decir que allí »e babía abusado de la libertad de imprenta, publicando conceptos dirigidos á excitar la rebelión ni el desconocimiento de los poderes públicos. Y no obstante, dice el señor Cobos, á quien pertenece la redacción déla Circular, qne es ya intolerable ene carácter sedicioso de nuestra prensa; como queriendo denotar en la expresión, que la prensa ha apurado por demás el sufrimiento del gobierno. Nosotros w\ que con sobra de razón y de justicia pudiéramos decir que es ya -intolerable el carácter de despotismo que ha asumido el gobierno de Venezuela : que es ya intolerable el descaro con qne rióla la Constitución abiertamente y desobedece las leyes : que es ya intolerable el género de impudencia con que se hace ostentación de prostituir la razón pública, de insultar la magestnosa grandeza de nuestros pueblos, de contrastar su voluntad, y de repetirle que su libertad es una quimera y su igualdad un delirio. Nosotros si, que podríamos decir cuantas veces nos placiese, qne ya es insufrible^ intolerable, que no puede s> portarse por más tiempo la tiranía sistemática de los mandatarios; porque no es una vez ni dos las ocasiones, que la han ejercido ; porque no es una Tez ni dos, que han roto en menudas trizas la Constitución ; porque no es una vez ni dos, que el pueblo ha llegado á pique de perder su habitual paciencia, urgido por las violencias y desmanes del gobierno.

Hay una diferencia grande, inmensurable, entre enseñar al pueblo sus derechos y excitarle á la rebelión. Esto debe desaprobarlo todo hombre sensato; pero aquello merece los respetos de la sociedad entera. Nuestro gobierno, no obstante, envuelto en un torbellino de errores, absurdos é inconsecuencias, ha confurdido el elevado ministerio de la prensa, que es la instrucción popular, con los estímulos y provocaciones revolucionarias de que pueden tenerlo temeroso la conciencia de sus propias infracciones. Nosotros no hemos visto, como antes se ha dicho, ninguna producción que la marcase el carácter de sediciosa ; y sí hemos visto muchas, y aun las hemos publicado nosotros mismos, que tienden al primordial objeto de enseñar á los pueblos sus derechos y recordarles su autoridad. Y tal y tan grande es el desbarro del gobierno del General Soiiblette, que al llamar SEDICIOSAS nuestras producciones, ha incurrido en la necesidad de calificar del propio modo, á obras antiguas y respetables, que son el oráculo, allá mismo en el centro de 1í\ civilización europea.

Todo hombre, dice Tertuliano, ha nacido soldado con-

112 DOCTOR L. VILLANUEVA

tra los usurpadores del poder público, contra los grandes infractores de las leyes, que son la égida de la sociedad y de ¡a inocencia. (Apologet, cap. 2?)

Las leyes de Atenas, dice Grocio, dadas por Solón y renovadas por Pirco, autorizaban al pueblo para reprimir y aun castigar de muerte á cualquiera que intentase abolir el gobierno popular; y yo creo con Plutarco, que son derechos de cualquier ciudadano, negar la obediencia, castigar y quitar la vida, al que hoya usurpado la autoridad soberana., en un estado constituido, rompiendo las leyes fundamentales de la asociación.. [De jure belli etc. lib. Io cap. 4o §§ 10 y siguientes].

Cuando el gobierno, dice Vattel, no puede protejer al pueblo y están de hecho disueltos los lazos que unían d los gobernantes y á los gobernados, los habitantes vuelven d entrar en su primitiva libertad, en el goce de sus derechos naturales, y deben proveer á su seguridad por todos los medios justos y honestos. [Droit de gens, liv. 3, chap 7].

Cuando la potestad, dice Gravina, establecida por la voluntad pública para la utilidad común se tuerce en provecho de algunos pocos, con daño del bien general y con agravio de la mayor parte de los ciudadanos, vuelven estos por el mwmo derecho á su e*taño primitivo, porque fvta al despotismo el consentimiento universal, sin el cual no hay autoridad justa ni valedera. [Origine juris eivilU lib. 2° cap. 18].

Cuando no hay constitución, dice C'OCEYA, y por lo mismo no hay protección individual, no puede haber obediencia ni suministración de oficios; cesa lo correspondencia entre el gobierno y el pueblo. [Disert. XII lib. <i?, cap. 3 secc. 1"J.

En el momento, dice Vattel, que el gobierno ataca ht constitución del estado, rompe el pacto que ligaba al pueblo, por la misma acción del gobierno, á quien ya no puede ni debe mirar sino como un usurpador que pretende oprimirlo. Conocen esta verdad todos los escritores sensatos, cuya pluma no se ha avasallado al temor ó no se ha rendido al interés. [Lib. Io, cap. 4o § oí}.

Los gobernantes, dice Mariana, deben e*iar persuadidos del saludable pensamiento, que si oprimen los pueblos y se hacen intolerables, por sus vicios é injusticias, hay derecho para que cualquier ciudadano les prive ríe la vida, llenandose de gloria y de alabanza. [De Rege & Regís inst. Lib. Io cap. 6o].

Los cretenses, dice Moxtesquieu, para obligar á lo* magistrados á la dependencia y obediencia de las leyes, empleaban un medio muy singular : el de la insurrección. Esta

VIDA DEL GENERAL ZAMORA 113

institución que hacia legal la sedición para impedir los abusos del poder \ parece que debía concluir (moralmente hablando) con la República; sin embargo, ella no destruyó d Creta. [Sprit des loia, lib. 8? chap. XI].

La insurrección, dice Linguet, es un fruto de todos los climas. Es un mal que ataca todos los gobiernos, desde que estos olvidan el régimen legal de quien depende su comerración, desde que comprometen la inviolabilidad de los principios, dando ataques a los goces privados de los particulares y violando el rigor de las leyes civiles que establecen los derechos del ciudadano en todo género. [Dise. prelim. de la theorie des lois civiles].

Siendo la libertad, añade TUtklamaqtti, por sí misma el derecho más considerable del hombre y que le asegura todos los demás, puede legítimamente mirar y trata* como A enemigo á cualquiera que intente usurpársele y reducirle á la esclavitud. [Elein. de derecho natural, cap. 5? parte 13a].

No puede el pueblo, escribe Spanzotti. renunciar aquellos derechos que forman como la sustancia de la sociedad humana ; á saber: la libertad, sin la cual los hombres son como una turba de brutos conducidos al capricho de su dueño. No debe el pueblo dejarse de servir de aquellos medios que conducen A restablecer el curso del buen orden, de la equidad, de la justicia, ni autorizar con su sifencio las usurpaciones y , crueldades de los poderosos. íSi un hombre privado no puede dispensarte, por un principio de razón natural, de aquellos medios sin Ion cuales no puede subs'stir ni vivir; si un enfermo <1*> peligro no puede renunciar los medios con que asegurar, en cuanto dependa de él su existencia ¿acaso una ilación entera que hallándose oprimida está como al borde del precipicio y prójima á perecer bajo la tiranía, podrá dispensarse de encaminar sus pasos á puerto de seguridad y salvamento t [Defensa de los pueblos, capítulo 5°].

Los disturbios, continúa el mismo autor, las riñas, las disensiones, se deben evitar y proscribir, mas no cuando se trata de la utilidad de la patria, porque la sabiduría demuestra que la tranquilidad y reposo que en estos casos se obserra río en los pueblos, es semejante al letargo funesto que entorpece las facultades físicas de un paralítico; demuestra que esta paciencia imbécil que tanto se ensalza, es semejante á la muerte que priva toda acción vital, y que es un pretexto especioso de los gobiernos tiránicos para embrutecer á los pueblos y oprimirlos sin estorbo. Témanse las pasiones humanas, mas este temor no nos lleve á querer sufocarlas ó á no dirigirlas al bien de la patria ni servirse de ellas en pro de la nación. | Id.]

114 DOCTOR L. VILLANÜEVA

Basta; no añadauío^ más citas, aunque bien pudiéramos; y vengamos á la argumentación. No habiendo hecho nuestra prensa otra cosa que reproducir las doctrinas anteriores, cercenándolas muchas veces, no puede llamársele sediciosa, sin que también se dé este título á las obras inmortales de los primeros sabios de la Europa ; y sin que también se ofenda la enseñanza pública de nuestras Universidades, donde se lee á Burlamaqui, donde se estudia á Vattel, donde se profundizan las materias con el estudio privado de los publicistas citados. ¿Y es el señor Cobos el que puede llamar sediciosas, absurdas ^ que es lo mismo que irraeion iles y desmoralizadoras , las doctrinas del sabio Groeio, el publicista más profundo que la Europa ha conocido, el mentor del gran Gustavo Adolfo y el amigo de Oxentiern, canciller de Suecia y uno de los grandes hombres de estado del siglo XVII f ¿ Es el señor Cobos el que puede insultar las producciones de Vattel, el consejero pri vacio del Gran Elector de Sajorna y cuya obra la juzga el señor Irisarri como la más metódica v juiciosa, v como la obra maestra del derecho de gentes ? ¿ Es el señor Cobos quien puede censurar tan bajamente las ideas de Gravina elogido por •el mismo Montesquien, las de Mariano, que aun siendo español fue llevado á París á enseñar dererho público, y las de tantos sabios que gozan de la más elevada reputación entre los más sabios de la Europa ?

¡Y se puede llamar sedicioso en Venezuela lo que se escribe y se lee en las monarquías del Viejo Mundo, al pie de los tronos, donde los soberanos pretenden mandar en absoluto, donde no hay pensamiento gobernado ni más ley fundamental oue la voluntad caprichosa de un príncipe déspota ? ¡Y se puede llamar sedicioso en Venezuela lo que las prensas publican en España y en Italia, en Suecia y en Austria ?

Debiera el señor Ministro de Estado en los Despachos del Interior y Justicia de Venezuela, medirse un poco más y no echar á volar por esos mundos de Dios su nombre, cual pudiera hacerlo un individuo sin letras y aun sin aquellos conocimientos comunes. Los hombres de Estado no desdicen nunca de su posición, antes bien pecan por sobra de mesura y circunspección cpie por liviandad y ligereza. Estas notas que son propias de la adolescencia á quien falta la madura sensatez del juicio, no deben hallarse en los hombres cuvas manos llevan el timón de la nave del Estado. Los hombres publ i eos situados en elevada altura no deben trabajar por parecerse en la elevación y la ligereza á aquellas banderitas que se colocan en las cúpulas de las torres, leves, vanas é inconsistente», aunque alzadas en eminencia.

VIDA DEL GENERAL ZAMORA lio

Poderosos motivos, dice el Gobierno tener para reconocer en el abaso de la libertad de imprenta, la cansa principal de los atentados contra el orden público que tuvieron lugar en 1844, y de los que tienen hoy en inseguridad y alarma una parte de la República. Pero nosotros contestaremos al Gobierno que la libertad de imprenta no fué quien levantó á Silva en Cura, ni quien le «nviaba miles de pesos para pagar su tropa, ni quien lo ha ocultado hasta hoy para evadir la revelación de los secretos y perfidias del Gran Traidor. No es la libertad de imprenta la que ha traído la miseria á nuestros pueblos, ni la que los ha abrumado con el peso de bronce de insoportables contribuciones. No es la libertad de imprenta la que ha producido en todo el espacio de nuestro Contineate ese malestar horrible, ese descontento general, esa efervescencia temible por cierto, hijos todos de las malas leyes, del mal Gobierno, de la ponderosa tiranía que se ha ejercido impune y con desprecio de los hombres tantos años há. No es, por tin, la libertad de imprenta la que ha causado los males de que se queja el Ejecutivo, >sino el Ejecutivo mismo, no tocando á los escritores otra función en tan horrenda crisis, que revelar con sinceridad al mundo entero, los excesos del poder.

Más libertad de imprenta de la que goza Venezuela la hav en los Estados Unidos de la América del Norte ; 4 y se quejan aquellos hombres del ejercicio de este derecho ? 4 hay en la Unión la miseria y malestar que en Venezuela? jamás nuestra prensa ha llevado la censura de su acrimonia hasta el punto en que la ejercen los diarios de New York, Philadelphia y Balti inore. El primer periódico, dice T> cqueville, que llegó en América á mis manos, contenía el artículo siguience : ik En todo este negocio el lenguaje del Presidente Jakson ha nido el de un déspota desnaturalizado, que se ocupa únicamente en conserrar su autoridad. La ambición es su crimen ; su vocación es el amaño; gobierna por medio del cohecho, y sus manejos culpables serán su confusión y su vergüenza; se ha presentado en la palestra política sin pudor y sin freno; ha salido campeando, pero se acerca el día de la justicia y muy luego tendrá que devolrer lo que ha ganado y acabaren un lugar solitario en que pueda blasfemar á su salvo, porque el arrepentimiento no es una virtud que puede tener cabida en sus entrañas? — [Vicennes Gazzette].

Ahora bien; compárese este lenguaje con el de nuestra prensa. Compárense estos arranques de una libertad sostenida y vigorosa con nuestra habitual moderación. ¡ Y

se trataba nada menos que de Jakson, no de Sou-

Irfette! ¡Se trataba nada menos que del Libertador de New Orleans, uno de los fundadores de la libertad ameri-

116 DOCTOR L. VILLANUEVA

cana, del hombre que más fe tuvo en la fuerza imperecedera de la libertad popular, en los destinos de la humanidad, las virtudes de los hombres, en las instituciones de su patria ! ¡ Y se trataba nada menos que del General

más puro no de un amortizador ! ¡ Y se trataba nada

menos que del padre de los huérfanos y el amparo de las viudas.... no de quien ha quitado á la orfandad el pan y á la viudez el consuelo !

Terminemos: la circular que hasta ahora nos ha ocupado, tan descollante eu inepcias y falsedades, revela bien el mal estado de la causa del Gobierno. Producciones de esta especie son las que nos desacreditan en el interior y en el exterior ; y todavía nos extenderemos más, Gobiernos de esta especie, que en lugar de fomentar la riqueza nacional y el desarrollo industrial ; en lugar de organizar el trabajo, disminuir el pauperismo, depurar las costumbres, procurar el bien y ofrecer estímulos para buscar colocación á nuestros productos interviniendo de una manera protectora, suave y paternal en el auxilio y fomento de nuestra mejora material, se ponen á gastar el tiempo á tontas y locas en circulares, dejando por otra parte capr una mano dura, meticulosa é injusta que todo lo esteriliza y destruye ; un gobierno de esta especie que en las graves dificultades presentes disipa el tiempo en favorecer las miras é intereses de un partido, trabajando unos oficinistas, periódicos que paga el Estado, á la vez que otros cruzan las parroquias distantes en realización de planes eleccionarios ; que hace salir su periódico oficial semanal sin siquiera una resolución en ningúu ramo de la administración; ni que cuida de otra cosa que de procurarse grandes sueldos y perpetuos destinos, es, Si, lo que nos desacredita completamente en el interior y en el exterior.

Así pensamos nosotros : decida la Nación entre nuestro juicio y el del Gobierno.

CAPITULO III

I. Confirmados en su verdad los actos del Gro- p¿Í^ion dtl bienio y los de la oposición, por testimonios valederos que soportan rtl juicio de todos los criterios, nos creemos autorizados para pensar que, si la historia es justa cuando trata al General Soublette con benevolencia, por sus prácticas republicanas hasta julio de 1846; lo es igualmente cuando reprueba la institución del reclutamiento, el proceder contra las Municipalidades, la violación de los registros electorales, la persecución á los periodistas, y la crucifixión del Candidato de mayor prestigio; tan no vistos hachos, del último semestre de su administración. Pues aunque no fueron cometidos por él sino por subalternos, deslustran con todo su fama de Presidente benemérito, y le acarrean la responsabilidad de haber dado ocasión á que el pueblo, burlado en aquella célebre jornada» cambiase las elecciones, la prensa, la oratoria y las demás prácticas de la vida legal, por el sistema de la guerra civil, á que viene apelando desde entonces, para corregir los abusos de los mandatarios, dar triunfo á los partidos y solución á los problemas del país.

A respetar las elecciones en 46, de seguro que ■con la candidatura victoriosa, cualquiera que hubiese

118 DOCTOR L. VILLANITEVA

sido, habría continuado la nación en orden; bajo un régimen constitucional, venerado de todos; con partidosdisciplinados y doctrinarios, y prensa batalladora y culta ; con parlamentos dignos y Gobiernos de más ó menos carácter, iniciativa y talento, pero sostenedores todos con firmeza de las instituciones en la paz, y propulsores de la República por las sendas del progreso.

Había tocado á una pléyade de entendidos escritores y tribunos hacer por seis años la revolución incruenta contra la política de los exclusivistas, y agotar en ella sus esfuerzos por alcanzar la victoria ; empero, oprimidos y echados de los comicios y de la prensa, fueron llevados unos á las prisiones, y sacrificados otros en los patíbulos.

Cerrado al fin este apostolado augusto, timbre de* los fundadores de nuestro Partido, abrióse luego por una reacción violentísima, pero inevitable, del pueblo contra el Gobierno, la e'ra de las luchas á muerte, debida en parte al terror que empleaban los oligarcas, y en parte á la desesperación que inflamaba & los li t erales.

El pueblo voló á las armas, pero sin caudillo. El más atrevido, valeroso, inteligente y afortunado ese será aclamado Jefe, en medio de la tempestad. De aquí br^tó Zamora ; y armado de súbito, como los héroes mitológicos, corrió á vengar á su Partido en los campos de la guerra. Álzase sólo ; pero á poco los guerrilleros le proclaman Jefe : disciplínalos debajo de su mano; los guía á la pelea; y tri untador unas veces y vencido otras, sostiene primero en los Llanos y después en las montañas una guerra de siete meses con que perturba las provincias del Centror sobresalta á los oligarcas, y obliga al Gobierno á gastar en el equipo de sus tropas y en municiones de

VIDA DEL GENERAL ZAMORA 119

guerra y boca los 800.000 pesos que había economizado en tres años, y que no quiso emplear en establecer el banco de crédito territorial

II. Arrastrado de su pundonor y despechado, zanüíü1*11 se salió Zamora de La Victoria el 7 de setiembre, acompañado de Manuel Ibarra, (1) con determinación de echar por tierra á los oligarcas ú hierro

y plomo: y á e*te efecto tomo rumbo ese mismo día al Pao de Zarate : paso esa noche en la casa del señor Juan Nepomuceno Castillo, y otro día se avanzó por caminos extraviados á la Sierra de Virgen Pura, buscando el valle de Tacasuruma para dar principio á la empresa de guerra, en que se había comprometido con los exaltados del Fartido. Para lo cual contaba con los vecinos de aquellos lugares, que casi todos eran liberales, amigos personales suyos, por antiguos tratos en el comercio, y últimamente, por las relaciones contraídas en los trabajos de las elecciones recién acabadas.

Al llegar á Guambra el día ocho, reunió gran número de ellos en la casa de Tiburcio Barrios, mediante la citación que les hizo el Comisario Socorro Masa ve' : les invitó á la guerra, para derribar el Gobierno y crear una era de felicidad para el pueblo, cuyos derechos habían sido hollados por los oligarcas en las votaciones de toda la provincia: y como le ofrecieran todos los presentes acompañarle hasta morir en la contienda, marchó ese mismo día al sitio de la Meseta con los escogidos, entre los más mozos y fuertes.

III. Guambra es un paraje á orillas del río Guá- •■■«*■•

1 Manuel Tbarra era hijo del Coronel Ibarra, Ilustre Procer de la Independencia y hermano de Doña Sinforosa M en día de Mauro.

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rico, en jurisdicción del Distrito Zamora (Villa de Cura), á inmediaciones de la cuesta de Pisapasito.

»iut¿widÍ<z" IV- El nueve llegó á la montaña de Las Muías, donde Rangel, que campeaba por sí desde el 1? de setiembre, se le presentó con una cuadrilla de diez ó doce hombres á pie, dándole vivas, como á caudillo del Partido Liberal, y diciéndole que tenía muchos más 1 en Los Leones y otros sitios de la Sierra. Desde allí se encaminaron por la tarde, obrando juntos, ambos jefes, á las Guasduitas, que es el punto más central del valle de Manuare, y en aquel entonces el más á propósito para Cuartel General por la abundancia de sementeras y ganados. Allí se detuvieron cuatro días organizando las guerrillas de Timbique, Alto de las Muías, Caruto v otros vecindarios.

De este campamento mandó Zamora comisionados á Rosalio y Concepción Herrera, que estaban alzados por los lados de Calabozo : á Segundo Mar- • tínez, guerrillero de la Platilla : á Evangelista Cabeza, capitán de una partida de caballería que corría por Canuto y los Tiznados: á José Antonio Tovar y Gregorio Matute, facciosos armados de Guardatinajas y las Galeras. Reconcentró bajo su mano las cuadrillas de Pío Avilan, de Camatagua ; de M. Puerta, de Camatagüita ; de Luis Hernández, de Memo; y llamó la de Guaribe, oculta en e1 Potrero ;. las de Tucupidoy Chaguaramas; y unas que tenían conmovidas las poblaciones de la margen derecha del Uñare: y á los demás insurrectos, que antes y después de las elecciones devastaban el Llano del Guárico. Sobresalía entre éstos Pedro Aquino, quien se mantenía en armas desde la nefasta noche del 17 de diciembre de 1845, en que con una partida asaltó la cárcel de Calabozo para libertar al padre de los

VIDA DEL GENERAL ZAMORA. 121

Rodríguez, condenado á la infamante pena de presidio, por causa criminal.

V. Era Aquino salteador de fama, que amenaza- p*rtw«i <ui ba constantemente las plazas del Sombrero y Barbacoas, y llegó más de una ocasión á embestirlas y robarlas.

Sorprendiéronle en agosto los soldados del Gobierno en sus apartadas guaridas de Simborino, ocultas en la confluencia de los ríos Orituco y Memo, hacia los confines meridionales del Cantón de Orituco. En este choque perdió 20 hombres, y esca~ pó con ocho. Repuesto de su rota se preparaba á tirotear otra vez á Barbacoas chindo recibió al comisionado de Zamora con la correspondencia en que le invitaba á la Revolución política que acababa de estallar, y de la que sería él caudillo en la Sierra y en los Llanos. Antes de ocurrir á este llamamiento apresuróse á tomar á Barbacoas el 15 de setiembre, pero salió perdidoso otra vez, y aun se vio en trance y riesgo de ser hecho prisionero

Es de saberse que ya en junio de aquel año había cometido entre otros delitos, el robo de nueve muías de J. de J. González, cargadas de mercancías de propiedad del señor Luis Rivero en el sitio de Pitara, cerca del Sombrero. Aquella misma noche entró en esta población, amarró á uno de los jueces de paz, robó el establecimiento mercantil de Juan Tosta, y estropeó á varios vecinos. Igual á este Aquino eran Benedicto Herrera, comandante de la facción de Cardoncito, jurisdicción de este mismo pueblo ; Santiago Pérez, Infante y otros de menos nombradla, que infestaban aquellas comarcas meses antes de empezar la guerra del 46.

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Mucha gente de mal vivir se ocultaba en aquello* moiites, supervivientes de las antiguas y despiadada* facciones de Centeno y Al varado, alzadas en Lezatna el año de 44: de Juan Silva, facineroso de Villa de Cura, á quien el mismo Ezequiel Zamora persiguió por encargo de las autoridad°s de dicha ciudad á la* órdenes del Comandante Carabaño, en junio del mismo, hasta lanzarlo más allá de los términos de San Sebastián ; de José Antonio Siso, asolador de la Playita, cerca del Pao; allí mismo capturado y fusilada en castigo de sus fechorías : de Vilorio que había corrido sin cesar entre Lezama, Tamanaco, Pan Sebastián, San Francisco de Cara y el Salto, lugar inmediato á San Casimiro; y muerto en Tacata en la hacienda de Mr. Word á quien intentaba sacrificar: y de las nombradas de Pedro Pérez, Jacinto Villavicencio, Juan Aponte, llamado Juamcote, que vendió á Zamora después de Pagüito; y las de Simó» Flores, Gervasio Solórzano, y la del Tirano, antiguo soldado tocador de clarín de Guardatinajas, que mortificaban desde años atrás las ricas poblaciones y caseríos del Calvario y Chaguaramas, los Angeles y Parapara. Restos de todas ellas eran estas partidas todavía en pie en el Guárico, compuestas de hombres malos, insubordinados, envejecidos en el pillaje, que sin pertenecer á ninguna causa publica, estaban dispuesto* en todas las ocasiones á guerrear con cualquier capitán y bajo cualquier bandera ; y en cuya persecución había empleado muchas tropas el Gobierno pero con no buen éxito, en 45 y 46.

dfzí¿?¿mdmd VI. Sin pérdida de tiempo llamólos Zamora a todos, no para acaudillarlos, como jefe de malhechores, sino para corregirlos, moralizarlos, disciplinarlos en las filas de la Revolución popular, y convertirl 8 de

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bandidos en soldados, y de soldados en hombres útiles. Pues lejos de ser Zamora caudillo de criminales, como lo pintaron el Gobierno, los curiales y los periodistas oligarcas, caracterízase dignamente en nuestra historia militar, conjo un valiente fanático por su partido, que buscaba el derrumbamiento de la oligarquía, para que los destinos públicos, los honores, las riquezas y las responsabilidades y merecimientos en el servicio de la Patria, se distribuyesenentre todos los ciudadanos; pero conduciéndose siempre como hombre honrado y de sanos principios morales

Desde su mocedad se entregó, como dijimos en los principios de este libro, al comercio de ganados, mercancías secas y víveres en el Tuy, Villa de Cura y los Llanos, sin haber sido nunca, á su edad de 27 años, preso, arrestado, ni demandado por motivos de ninguna especie.

Entre muchas declaraciones juradas, que sobre su honorabilidad personal se conservan en el expediente de su causa por conspiración, escogeremos para comprobar nuestro aserto, la del acreditado comerciante de Villa de Cura, señor Braulio Otáñez, que dice así: mientras he visto en esta ciudad af precitado Zamora le he vixto ocupado en trabajar.

La del señor Víctor de los Ríos, administrador á la sazón de las Rentas Municipales de aquel Cantón, dice : Ezequiel Zamora, vecino muchos año& de esta ciudad ha sido y es un hotnbre laborioso, pundonoroso en el compromiso de sus deberes y buen vecino. En el mismo sentido declararon los comerciantes y agricultores Nico]á8 Pérez, Nicolás Ovalies, Juan Bautista Pérez, Francisco Gil Ceballosr Fausto Celis, Domingo Cuervos, Félix Carias, Joséi

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Antonio Istillarte, Ignacio Ríos, José Ramón Hernández, Ildefonso Guzmán, Socorro Telles y Joaquín Paúl.

El señor Manuel Orta, agricultor, Jefe político -de Villa de Cura el año de 44, dijo: conozco hace muchos años á Ezequiel Zamora, comerciante de esta -ciudad ; ha sido un buen vecino y amigo del orden legal, por lo que siempre ha merecido la estimación de los vecinos; tanto que en el año de 44 cuando Juan Silva se levantó, soltó los presos de la cárcel y se puso A cometer excesos en esta ciudad y fuera de ella, convoqué la milicia y di á Zamora el nombramiento de Teniente, como Jefe político que era yo, cuyo encargo lo desempeñó cumplidamente.

Consta en auto del tribunal de 1? Instancia del cuarto circuito judicial de la provincia de Caracas, que Zamora, en 2o de junio de 1846, es á saber, tres meses antes de su alzamiento, manifestó á dicho Tribunal, por citación que se le hizo, que se temía que una de las partidas de los Llanos entrara en la ciudad, y cometiera robos ; y añadió -que al saber cualquiera noticia de tramas contra el «orden publico, lo manites aria inmediatamente á las autoridades, pues era amante, como el primero, del «orden, las instituciones y las leyes.

Era público y notorio en Ciudad de Cura que cuando se fué á levantar, pagó todas las deudas por «créditos corrientes de su casa mercantil, y vendió las existencias á un isleño llamado Manuel, dependiente suyo, encargándole que el montante lo remitiese á su madre, que iba á quedar escasa de recursos en Caracas.

De lo suyo propio, y sin molestar á nadie, sufragó los gastos que tuvieron que hacer los libera-

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les en las elecciones del Cantón ; y á este respecta declaró debajo de juramento el Comandante Antonio Rodríguez, del partido blanquista, dueño de una posada en Villa de (Jura, que Zamora le pagaba con puntualidad los gastos de los guzmancistas, que se alojaban en su casa; por gusto y cuenta propia, decían unos; si bien otros afirmaban que lo hacía por orden del Doctor José Manuel García ; empero, éste lo negó cuando le juzgaron por conspirador, haciendo ver que Zamora tenía más recursos que él.

Cierto que Zamora se asoció para empezar la guerra á muchos hombres de mala condición, como hacen todos los revolucionarios; pero esto no quiere decir que su gente se compusiese en su totalidad de hombres perdidos, ni que lo fuera él mismo. Por el contrario ; él se había doctrinado leyendo los escritos, y oyendo los discursos y las conversaciones privadas de hombres sabios del Partido Liberal, como el señor Guzmán, el Doctor Larrazábal, Doctor Echeandía, Eequena, Doctor Fidel Ribas, Rafael Arvelo, Doctor García, los sacerdotes J. Alberto Espinozay José Antonio Pérez de Velasco. Seguíanle las multitudes como á un libertador. Muchos de sus oficiales eran agricultores, acostumbrados á la vida sencilla y honesta de los hombres de campo ; esforzados montañeses, que le acompañaban, fanatizados con las ideas nuevas y que llegaron á amarle con frenesí. Eran ellos quienes le enseñaban caminos secretos en los bosques, y pasos difíciles en los torrentes ; quienes le ocultaban en lo más espeso de los montes, cuando tenía que huir con sólo dos ó tres compañeros ; y le daban que comer y le avisaban los movimientos de los enemigos.

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Las mujeres, sensibles en todo el mundo á las grandes pasiones populares ; atraídas á los peligros •de aquella época, por la suerte de sus hijos y manidos, salían voluntariamente de las selvas y atravesaban grandes distancias para llevar á Zamora bastimentos y pertrechos. Y los negros esclavos se le incorporaban con espontaneidad, armados de tercerolas, fusiles v carabinas. Le sobraban correos v espías. Y es un hecho histórico que los pueblos no €iit ran nunca en aventuras criminales.

Hay en el corazón de las masa? rústicas cierta virtud, sublime sobre todas, de amor á la libertad; cierto natural criterio para favorecer la causa de los desgraciados, de los pobres y oprimidos ; inquebrantable voluntad para sobrellevar en su defensa los rigores del infortunio: y una como superior fuerza mágica, para convertir hombres inclinados al mal, en soldados heroicos de las buenas causas : cualidades é instintos del pueblo que los hombres de Estado no debieran ninguna vez desconocer.

•íoííJSüSwpo! ^Ií- En los primeros días de organización y lu-

«oiares. cjia ^e jog mayürei¡5 partidos populares, se han visto

confundidos en unas mismas filas salteadores y políticos; hombres empecinados en la maldad, explotadores de las revueltas, con hombres de honor v sentimientos puros : como si las revoluciones para cambiar las costumbres, la estructura social, las instituciones políticas y el predominio de los partidos, se asemejaran A los asombrosos sacudimientos seísmicos, que hacen brotar del centro de la tierra, en hirviente torbellino, elementos de muerte y manantiales regeneradores de la vida.

Tal ha sucedido en América y en Europa; en Venezuela y en España : ora querrámos juzgar

VIDA DEL GENERAL . ZAMORA 127

ios tiempos modernos cuando las revoluciones de Cronwell, de los franceses y los italianos, ora las feroces guerras civiles de la antigua Roma.

En los ejércitos de nuestra Independencia, aK gunas de las divisiones patriotas empezaron á formarse con partidas de facinerosos.

Páez nos dice que sus compañeros rivalizaban en salvaje crueldad y sed de sangre, matando cuantas personas caían en sus manos: que se robábanlas alhajas de oro y plata de las iglesias, y les quitaban á los vecinos, por la fuerza, cuanto dinero tenían. Olmedilla, en una época de hambre, se comió un pequefiuelo hijo suyo: sin embargo, muchos de aquellos hombres á quienes Páez llamó con razón bandoleros, se convirtieron en militares dignos y útiles; y la Patria honra hoy sus nombres, al par de los de aquellos integérrimos varones, que padecieron junto con ellos, como camaradasy compañeros suyos, trabajos infinitos, por el clima, las enfermedades, la miseria y los rigores de la guerra.

Hé aquí cómo pinta Baralt el campamento de los semibárbaros de Apure en 1816:

tb Demás de esto, el estado perpetuo de guerra en que se bailaba la comarca, la miseria, el encono de las pasiones y el hábito, en lin, de las matanzas y del robo, batían desarrollado por desgracia en la desalmada soldadesca una gran disposición al latrocinio y á las violencias. Poco tiempo después de la acción del Yagual, fué Servier asesinado en el cuartel general de Achaguas j>or hombres que no tuvieron rubor de ostentar impunemente sus despojos ; siendo lo más singular del caso, que aquel infame «rimen se rugió de antemano en el campo y que casi todos lo esperaban, sin bailar medios de impedirlo. Meses adelante el anciano Girardot, padre del célebre Atanasio, y el Teniente Coronel Miguel Valdez, tuvieron la misma suerte; y aunque Páez hizo fusilar inmediatamente al oficial asesino de estos últimos, no estaba en su mano borrar la profunda impresión que estos hechos horrorosos hicieron en el ánimo de todos. Porque, en verdad, ¿ cómo

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impedir las violencias de innumerables partidas que recorrían las llanuras, ni las de muchos hombres malos que, so color de hacer la guerra á los españoles, vagaban sin sujeción á nadie, cometiendo excesos inauditos! No podía estar el ojo del jefe en todas partes, ni siempre le era posible castigar aquellos crímenes, ora porque los delincuentes evitaban -con una fácil fuga la acción de la justicia, ora porque esta callaba ante caudillos poderosos y de grande influencia, que muchas consideraciones mandaban respetar."

Dos de los soldados de Zamora de cotiza y chamarra, Medrano y Agachado, de los peor calificados por los oligarcas, han merecido en estos últimos tiempos la apoteosis del Panteón ; de la misma manera que un día los demócratas de Roma rehabilitaron la memoria de Catilina, cubriendo de flores su sepulcro. (1)

En el curso de esta narración encontrarán los que nos honren leyéndola, ejemplos, noticias y casos prácticos, que confirmarán estos asertos, que «os ha parecido conveniente adelantar, con el fin de suministrar nociones claras y justas de aquella guerra, desconocida en nuestra historia militar, v no reclamente juzgada todavía.

concentración VIII. Estas partidas debían incorporarse á Za-

de laa facoione» ri t^ i i ni* i £• ' i i

en san Franci»- mora en han r rancisco de los liznados, que h\e el luco de Tiznados. *

ñalado para la concentración de todas las tuerzas, en gar se día fijo; mientras que el, asistido de Rangel, reuníalos vecinos de los valles de Manuarey Tacasuruma, para llevarlos á la Ollita. (2)

1 Cicero ii — Discou rs pon r FlacciiH.

2 República de Venezuela.-— Señares Segundo Martmeí y Evangelio t Cabeza. — Muy señares míos y compañeros. — Ahora que serán las nueve de la noche les partieino lo siguiente: Como á la oración llegamos á este sitio y tuvimos la felicidad de saber que ustedes pernoctaban en el s;tio del Ojo de Agua, y como sabemos que ustedes están defendiendo la misma causa que nosotros, tienen un denodado patriotismo y deseos desecar la patria de la salvaje tv brutal dominación en uue la tienen lo» godos oligarcas, sostenidos por el gobierno faccioso y ladrón de

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Llámase así un valle de la Galera, tres leguas de San Francisco, cerrado hacia el Llano por la quebrada de los Cautiles, barrera formidable en que pocos hombres pueden detener un ejército ; su otra entrada se llama el Guanábano, donde había entonces un hato. Por allí se pasa á los Valles de Aragua, franqueando á Canta Gallo, parju ir á salir á Lucas, sitio del camino real donde cobraban el antiguo peaje. En tan inexpugnable campamento, fortificado por la natuialeza, se detuvo siete días, al cabo de los cuales emprendió marcha á San Francisco, población situada á la entrada del Llano, en la margen izquierda del Tiznados. Este río tiene las cabeceras en el valle de Manuare; lamiendo la Galera baja al Sur, paralelo al Chirgua; y vierte sus aguasen el Portuguesa.

San Francisco, cuyo nombre primitivo es San Francisco de Asís de Tiznados, fué fundado á principios del sigio último, junto con Guardatinajas (Santa Bárbara de Guardatinajas), Calabozo, (Villa de todos los santos de Calabozo), Ortiz, (Santa Rosa de

Sonblettc. Cábele la lr»ur* d* participarle» que marchamos con el ejercito lib*r»l guzm*neista como á las ocho de la mañana á tomar el pueblo liberal de San F-anripc de Tiznado». Allí diremos con orpil lo y bizarría: " Viva la Libertad." "Viva el pueblo soberano. " Viva Gu'mán.,,

Desgraciado del srodo que sa oponga; parque allí mismo pagará con su vida Ja infamia: allí mismo »* le colará la cabera para que sirva de escarmiento a los t1 ai dores y tirano-». Amigos, ustedes v no°otro« unMt«»s seremos una mural'a inexpugnable Convidólos, pues, á que se veniran á inco porar á estas tilas de hombres torios res» el tos á Per libres ó morir, pudiendo asegurarles que el triunfo de los liberales por medio de las armas será infalible, y la patria agradecida y libre de sus ti' anos nos bendecirá, y la poster»dad nos cub-rá de gloTia.— Somos de ustedes — ElJefe del pueblo soberano — Ezeqiiel Zamora. — Coronel Francisco J. Rangcl. — El Secretario del despacho, José B. Mamhé.- Cantón en Conalito á 19 de setiembre de 1846—36 de la Independencia y 6? de la Oposición.— Es copia.— Cobos Fuertes*

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Lima (le Ortiz) Parapara, (Santa Catalina de Sena de Parapara) San Luis de Cura, Los Angeles (Nuestra Señora de los Angeles — La Misión baja ), por los religiosos capuchinos andaluces, misioneros de la Provincia, con indios de naciones guaiqueríes, píritus, guamas y palenques que andaban dispersos por los montes del río GuArico ; y de g ñires y mapoyes, sacados de las riberas del Orinoco. Cerca de San Francisco había grandes hatos de ganado vacuno, mular y caballar; y A fines del pasado siglo hubo seis capillas destinadas al culto en los sitios de Guaitoco, Limón, Totumo, Chirgua, Lijas y Platilla, y de que tenemos noticia por testimonio fidedigno de Monseñor Martí, si bien ningún viajero encuentra hoy vestigios de ellas.

El 25 entró Zamora en este pueblo, A la cabeza de más de 300 soldados; v con las facciones que unas en pos de otras se juntaban en la plaza, llegó A pasar revista A un cuerpo de mil y pico de hombres de todas armas; de A pie y * de A caballo. Dispuso los infantes, en cinco batallones, parte armados de fusiles, parte de lanzas y tercerolas, bajo el mando de Rangel y Manuel I barra: y los jinetes Alas órdenes de Rosalio Herrera y Evangelista Cabeza. Fo madas las tropas y presente el Cura del lugar, Pbro. Sebastián Escobar, muy amigo y partidario de la revolución, las arengó Zamora diciendoles que su programa era defender la Constitución de 1830, las leyes y la libertad de la patria, holladas por el Gobierno; y proporcionar A los pobres una situación feliz; y para concluir previno A los soldados con frases al alcance de todos ellos, que se cuidasen de cometer acto alguno criminal, haciéndoles ver que tan

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¿abominable y antisocial conducta era propia sólo de .los tío ves y lo* Cisneros (1). Y luego de acabada -la arenga y de atronado el aire con vivas al Partido Liberal, enarboló una bandera amarilla, y la paseó por la plaza, de un extremo á otro de las filas, y ia entregó por fin al porta-estandarte de su pequeño ejército, con las formalidades que para el caso establecían por entonces las ordenanzas militares.

Esta bandera amarilla de interés histórico, como pronto lo veremos, era la que usaba la Sociedad liberal de Villa de Cura en sus juntas públicas, y que le fué regalada A Zamora después de las elecciones. En su centro se leía esta inscripción: Elección popular — Principio alternativo — Orden — Horror á Ja oligarquía. Las tropas confirmaron con vivas á .Zamoki el título de General del Pueblo Soberano ■que las primeras partidas alzadas le dieron en Las Guasrluitas : y allí mismo condecoró él, con el grado de Coronel, A Manuel I barra y A Francisco José Rangel.

.Desempeñaba el destino de Secretario de Zajuora un mozo entendido, de nombre José Bernardo Masabé, hijo de Socorro Masabé, lahrador de Guambra, de la jurisdicción de Cura, muy liberal y amigo personal de Zamora; y el de Mayor de la fuerza, Ignacio Lovera que ayudaba á Masabé A despachar la correspondencia.

En' este poblado demoró tres días empeñado en adiestrar sus somatenes para irlos con virtiendo poco A poco en tropa reglada.

Revolvía en la mente el plan de pasar por San José á Guardíitinajas, recoger las facciones de esta

1 Véaso el expediente de la causa.

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comarca, que ya le habían ofrecido su adhesión y batir si podía las columnas del Gobierno, acantonadas en el Rastro y Calabozo, ó si nú guerrear contra ellas acosándolas por ambos flancos, sin presentar la batal a, obligándolas á marchas y contramarchas, para desconcertarlas, disminuirlas por la deserción y acabarlas por cansancio, desaliento y todo genero de contratiempos.

Y sentíase tan animado de ardor por su causa y de fe en su victoria, y de confianza en sus juveniles aptitudes para la guerra, que como le preguntaran con qué recursos contaba para tan difícil empresa, respondía en tono de acendrada convicción diciendo, que no sabía con qué contaba la revolución en el resto del país; pero que á él nada le faltaría, pues se proponía imitar á Páezr. quien, según la Historia de Venezuela, con solo su denuedo, y asido de la bandera de la Patria, había triunfado de líneas enteras de enemigos de ésta.

Y repetía á cada paso ta es discursos, para que la tropa se penetrara de su firme resolución de arrastrar con cuanto se le opusiera, hasta conseguir lo que deseaba en bien de sus conciudadanos.

Su virtud tenía la dureza de un fanático y el temple de un conspirador. Cuando escribía ó hablaba escogía palabras que cayeran en el ánimo de sus enemigos con el peso y el frío de una hacha devastadora.

Los amenazaba de muerte, como lo hizo en la comunicación á Martínez y Cabeza, fechada en Corralito, y sin embargo no fusiló á ningún prisionero..

En la camparía de la Federación declaró lague-

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Tra á muerte, y no mató á nadie, antes bien juzgó en -Consejos de guerra á subalternos suyos por insubordinados ó perversos.

Soltaba frases muy premeditadas, como para poner miedo en los enemigos; que es uno de los modos de vencerlos ; y con el objeto también de que sus amigos y camaradas le respetasen, se le sometiesen, v confiaran en su energía, lealtad v determinación de no transigir con los hombres del gobierno. Y porque tuvo siempre el talento singular de saber consustanciarse con el genio y anhelos de las facciones, con las cóleras de su Partido, y con la voluntad del pueblo ; fue' por lo que éste le amó y le siguió con entusiasmo hasta el último trance de la vida. Pues para dirigir una revolución es menester empaparse en sus propósitos y pasiones: y en atención al estado á que habían llegad») los en onos de los partidos en 4t¡, era forzoso matar ó morir.

Entre los conocidos que se incorporaron aquí á la fuerza revolucionaria, se recuerda á Juan Ignacio Lovera ; Pedro Cabrera, natural de Garal atos ; José Blanford, de nación inglés, que volvió á guerrear con Zamora en 1859: Desiderio Masabé ; Pablo González, que se alzó otra vez en la federación, v cargó hasta su muerte el trabuco de Rangel ; el Comandante Linares; Juan Antonio Paúl, hijo de Coto Paúl; el Capitán Ki.mho y los Nieves, personas" lodps que poseían bienes de fortuna.

IX. Zamora salió de este pueblo con su corto de8^tñZ,SíSÍ

ejército medio organizado, el 26, por la vía del

L,lano: pernoctó en el paso del río Tiznados: el

27 hizo alto en San José ; y el 28, en el lugar

-que unos llaman Potrero de Alejo, otros Potrero

cuco.

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del Limón, pero generalmente nombrado Laguna dePiedra, ala margen izquierda del Tiznados.

Este sitio es una sabaneta circular, de cerca*- de quinientos metros de diámetro, cubierta al Oeste por el monte del Tiznados, al Sur por el caño de Báquira, y al Este por un espeso matorral.

Zamora acampó a lt como en una cindadela; porque el río y el cano habían salido de madre, y suponía é\ que por aquellos lados no podía pasar ninguna fuerza. Pero el Jefe encargadode perseguirlo, como Comandante de Operaciones de los Llanos, era un experto militar de la Independencia, el Coronel Francisco Guerrero, que había servido en las filas de la Patria á las órdenes de Páez.

Amaneció el 2í). Acdon de i». X. Zamora, nuevo en la milicia, y crevendo su

gana de Piedra. ... * *

posición inexpugnable, se descuidó en prepararse para resistir cualquier ataque; y su gente, en vez de estar sobre las armas, comenzaba á ocuparse en limpiarlas, cuando de súbito fue asaltado por las tropas de Guerrero. Este, y es la ocasión de decirlo, al saber la aproximación de los alzados, había partido el 27 de Calabozo, donde reconcentró sus fuerzas v remudó sus caballos, y se fue a reunir con el escuadrón número 3?, que tenía avanzado en El Rastro. Puso la guarnición de la plaza á cargo del Comandante Carabaño, y el 28 siguió al hato de Huenavista, caminando con lentitud para ir tomando informes acerca de su enemigo; mas, cuando se hubo enterado bien por sus espíasde la situación v fuerzas de éste, levantó sus reales A las once de la noche, y llegó, por caminos fragosos á Báquira antes de romper el alba.

No encontró en el paso veal ninguna avanzada,..

VIDA DEL GENERAL ZAMORA 135

porque Zamora, como hemcs dicho, no lo creyó vadeable á causa de las avenidas del Tiznados.

Realmente el calía estaba hondísimo y venía á servir á Zamora de foso para defender el campamento: por lo cual tuvo Guerrero que desistir de atravesarlo, como pensó al principio, y guió entonces por el camino real, á poca distancia de la orilla, para ir á esguazarlo por sus cabeceras, y entrarse, como en efecto lo hizo, por la sabaneta del Potrero. Llevaba su vanguardia el Mayor de la columna, Comandante Miguel Palacios, con los carabineros de Ortiz y dos compañías del escuadrón Cura.

Zamora, al avistarlos, voló á las armas, batió al aire las banderas, y á su voz de mando, que por primera vez resonaba en un campo de batalla, corrieron todos á medir mis fuerzas con un renombrado procer de los tiempos de Colombia. Zamora en persona arremetió con sus caballos contra la columna de Palacios, la envolvió y h destrozó á lanzazos: peo Guerrero, rápido y atrevido como en sus juveniles anos, desemboca por entre los matorrales que med o le ocultan, y entra en el campo de la acción con la compañía de Orituco, los escuadrones 1? y *2? de Calabozo, 3? del Rastro, un piquete de El Sombrero, y la compañía del Capitán Domingo González.

Las columnas de infantería, formadas en batalla, rompen los fuegos con grande alborozo, dando vivas á su Jefe y al Partido Liberal y alzan por vez primera, por cima de las armas, la bandera amarilla que ZayoKA les había dado por enseña de la libertad, en la plaza de Tiznados, como si en aquella jornada magna se propusieran legarla á la inmortalidad, ungida

13() DOCTOR L. VILLANUEVA

con la sangre de sus primeros héroes y glorificada por los fuegos de su priu er combate.

Aquellos somatenes entusiasmados basta la exaltación por Zamora, aquellos montañeses que acababan de cambiar la esteva por el fusil ; aquellas partidas que antes erraban desordenadamente por las sabanas como tribus nómades, causando males? todos ellos entregaban ahora sus vidas con alegiía* por una prestigiosa causa pública, cuyos ideales de dicha, libertad y gloria, les había inculcado en la mente su intrépido Caudillo.

De ios hombres de las antiguas facciones, calificados con sobra de razón, hasta entonces, de bandidos, por sus primeros hechos, muchos murieron allí, redimidos de sus extravíos, al pie de la bandera del Ejército, frente á frente de los veteranos del Gobierno, c mo aquellos gentiles de mala vida que, convertidos al cristianismo primitivo, se abrazaban con la cruz para morir noblemente en los suplicios, transfigurados en mártires d • una nueva fe.

La infantería contraria, dice Guerrero en su parte oficial, sostuvo un fuerjo rirísimo por más de un cuarto de hora. Pero este Jefe, no pudiendo romper de frente aquellas masas que se estrenaban con tanto brío y que Kangel sostenía con invencible aplomo, determinó dividir sus fuerzas en dos columnas ; lanzando el escuadrón número 1? de Calabozo por la derecha, y el resto por la izquierda.

Acosados así los liberales por los dos flancos, empezaron á- perder terreno, hasta que al fin agotado el pertrecho, no les quedó más recurso que defenderse en retirada hacia el monte, mientras la caballería, con sorprendente arrojo, disputaba á punta de lanza el laurel de la victoria.

VIDA DEL GENERAL ZAMORA 137

Zamora recorría las filas á caballo, arrebatado de bélico coraje, dando voces de pelea por todo el campo, y llevando él mismo los escuadrones á trabarse con las filas enemigas.

XI. A pesar de sus esfuerzos de valor y capaci- J5£3¡¡¡[*:e,dt" dad y de la suprema bizarría de los suyos, fué al

fin vencido Zamora, quedando la victoria por las armas del Gobierno. Los liberales, rotos y dispersos, fueron alanceados sin misericordia. No hubo prisioneros, pues á nadie se dio cuartel. El Coronel Guerrero, dice al Gobierno en su parte las siguientes frases que causan pavor :

"Prisioneros no se hicieron ; así porque la estrechez del campo en que obraba la caballería no le permitía sino alcanzarlos sobre el monte y alancearlos, como por el ardor de la tropa en el momento de la persecución."

De los vencidos perecieron más de ciento. Zamora se arrojó vestido al río, y no obstante ser buen nadador se habría ahogado cerca de la orilla, á no haberse asido de una zalea rpie le tiró Rosal io Herrera. Allí se ahogaron Manuel Ibarra y como ochenta más de t»*opa.

Las crecientes del Tiznados fueron en aquellos días tan continuas é impetuosas, que á las tres ó cuatro horas de estar bajando, comenzaban á subir con tal violencia, que no admitían ninguna barquilla

El pequeño ejército liberal fue destruido. Armas, caballos, monturas, un baúl con pólvora á granel y plomo en barras, nueve cargas de vestuarios y cuanto más llevaban los alzados fue á manos de los triunfadores.

XII. La bandera amarilla quedó prisionera. El amííuiÍ,andera Coronel Guerrero la remitió con un oficio al Estado

mavor General, fechado á 30 de setiembre en La-

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guna de Piedra, diciendo que sus grandes letreros demostraban que la habían hecho en Caracas. Del Estado Mayrr la remitieron al Ministerio del Interior y Justicia y de aquí al Tribunal (1).

La bandera amarilla, signo de oprobio en concepto de los conservadores es, de aquel tiempo, la ensena gloriosísima del Gran Partido á que debe Venezuela los mejores adelantos en política, su crédito en el exterior y su progreso intelectual y material. De aquellos Tribunales inquisitoriales arrebatóla en 1848 el General José Tadeo Monagas y se la entregó al pueblo para que la pasease, coronada de laureles por los campos de batalla, y la clavase en el Palacio del Gobierno Xacional. Abatiéronla en 58 los fusionistas, pero en f>í) la alzó de nuevo Zamora en Coro con mejor suerte que en 4(>, y con ella guió el Partido Liberal á los campos celebres de Santa Inés y El Corozo. Desde entonces la mantiene el pueblo 'm alto, como paladión de sus de echos, emblema de su gloria, y recuerdo vivo de sus ilustres virtudes militares.

Para dar fin á la historia de esta bandera, copiamos en seguida los oficios de Piñango, Cobos Fuertes y Páez, sobre su aprehensión en la pelea v su envío al Gobierno, v la declaración de Zamora en el Tribunal de Ciudad de Cura.

República de Venezuela. — Comandancia de operaciones del Llano. — Laguna de Piedras: setiembre 30 de 1840.

Señor General, Jefe del Estado Mayor General del Ejército.

Ya usted estaiá impuesto del parte ijue le di ayer acerca de la completa derrota de los facciosos. Hoy mandé reconocer el campo y se tomaron ciento y siete

1 Sobre ella interrogaron á Zamora cumulo las declara no^e* ron carpos que le recibió el Tribunal d* 1" Instancia de Ciudad de Tura, constituido en la Cá ccl Pública, en 24 y 2."> ib* abril

de 1847.

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bestias, de suerte que para esta fecha están en mi poder entre caballos v muías más de ciento sesenta. De los muertos, á no quedar duda, fué uno Ezequiel Zamora, quien hacía de Jefe de los facciosos. También se han hecho algunos prisioneros, quienes me han informado que murió igualmente Faustino Blanco, de la revolución de Silva. Entre los prisioneros hay uno de los del asalto de Cura. Me siento algo restablecido y me propongo continuar mañana. — Soy atento servidor. F. Guerrero.

Adietan. — Se les cogió una bandera con grandes letreros de imprenta lo que prueba que les vino de Caracas —

Es copia. — Cuartel General en San Juan de los Morros.— octubre 2 de 1840. — El General Jefe del Estado Mayor General.

Judas T. Piñamío.

República de Venezuela. — Secretaría de Estado del Interior y Justicia. — Sección Ia — Número 380. — Caracas: 7 de octubre de 1840.

Excelentísimo ¡Señor General, Primer Jefe del Ejército.

Sabe el Poder Ejecutivo que en el ataque y derrota de los facciosos, que mandaban Ezequiel Zamora, Kangel y Cabezas, se t^mó una bandera, que parece llevaba el primero con algunas inscripciones impresas. Probablemente esta bandera es una de las que se han extraviado del Concejo Municipal, á quien había prestado el Gobierno algunas de las de uso. Esta bandera es de suma importancia para el descubrimiento de algunos hechos que tienen relación con la causa que se sigue en esta ciudad, contra Jos principales autores de la conspiración que se ha hecho sentir en distintos puntos de la República, y he recibido orden de S. E. el Presidente de la República, para pedir la remisión de aquélla ¿i este Ministerio, para lo cual hago a V. E. la mi'n estimulante recomendación.

Soy de S. E. etc.

Francisco Cobos Fikktes.

República de Venezuela. — Ejército permanente. — Cuartel General en San José de Tiznados á 12 de octubre de 1840.-17° y 30?

Señor Secretario de Untado en Jos Denpachon del Interior y Junticia.

El Oficial Faustino Heredia, pondrá en manos de usted, la bandera tomada á los facciosos en el campo

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de Laguna de Piedra en la fundón de armas del 29 rte l pasado Con lo eual queda cumplida la orden de S E el Presidente, que se sirve usted comunicarme. Con sentimientos de alta consideración.

José A. Páez. Llevado Zamora al tribunal preguntóle el Juez:

—¡En dónde hubo usted la bandera que apareció enastada en el ataque de El Limón? Contesta: La bandera tricolor que apareció en el ataque de El Limón era de la caballería que mandaba Rosalio Herrera, v la que •figuraba de color amaiillo sólo, era la misma que tenía la Sociedad Liberal de esta ciudad, la misma que se me entrego como depositario del menaje de dicha Corporación, y la misma que llevamos á la función que tuvo lugar en .a hacienda de Ancón en uno de los días en que lo» miembros de aquella quisieron divertirse.

Preguntado:— ¿En qué imprenta pusieron á esa bandera de que usted acaba de hablar, el mote ó letrero con que figuró en El Limón í

Contesta: — Yo creo que el letrero fué puesto con cartulina y que er. ninguna imprenta se le puso, como podrán decirlo el Licenciado Juan Martínez y Miguel Torres.

Preguntado:— ¿Ha recordado usted el moteó letrero que tenia la bandera que usó la Sociedad Liberal establecida en esta ciudad poco antes de las elecciones, v de la cual ha hablado en su ultima declaración ?— Contesta :— Sí, señor, recuerdo que el mote ó letrero era "Elección popular, principio alterna' iro, orden y horror á la oligarquía:'

Preguntado :—• Y cómo pudo figurar dicha bandera en el ataque de El Limón, cuando usted v la facción que acauchl aba. proclamaban principios enteramente contranos, a la vez que no puede haber orden público cuando se ataca un gobierno legítimamente constituido, y á la vez que alzándose contra él se ataca á la nación, sus leves y autoridades í —Contestó : "Creí conloantes he dicho* que debía atacarse un Gobierno que había infringido la Constitución y leyes de la República ; v esto lo decían todos los periodistas de Caracas y otras partes."

z£0rr?ucion á X¡n- E1 Coronel Guerrero pasó el río por el va-

do de San José el 5 de octubre, y despachó piquetes por diferentes puntos á perseguir los dispersos ; y personalmente fue recorriendo desde el hato del Totumo, ala ribera occidental del cajón que se dilata entre

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Chirgua y Tiznados, hasta el hato de San Felipe, donde se habían parado A comer los jefes Herrera, Cabeza, Martínez, Ledesma, Infante y como quince más. DrI hato de Las Animas emprendió marcha á Caromocho por entre un palmar muy atascólo, para ir á descansar en la Guásima y esperar que sus guerrillas le llevaran algunos prisioneros. De este punto y con techa 18 de octubre, sintiéndose aquejado de antigua enfermedad, pidió licencia, que le fué concedida, para retirarse al hogar.

El General Silva, acantonado en El Pao, se movió en las vísperas de la pelea, á custodiar las anegadas costas de Chirgua, en combinación con Guerrero; el Coronel Torres, nombrado Jefe de la línea de San Juan, Ciudad de Cura y Magdaleno, había marchado oportunamente á cubrir con sus columnas los pasos de la Sierra; y el Coronel Juan de la Cruz Paredes, con la caballería de Parapara y una columna de los Valles, se precipitó á Sabana Larga y Guaitico donde calculaban que podían asomar los derrotados. Cordero hizo tapar el camino del Llano con un piquete á las órdenes del Capitán Lanz, situado en el valle de Pacaragua, que linda con Manuare; colocó á Cisneros en el valle de Timbique con instrucción de extender sus operaciones al Salto de Canuto, á fin de mantener abierta la comunicación con las tropas de Guerrero, y coger los derrotados que buscaran abrigo por aquella vía : encomendó á Francisco José Rojas que recorriera y celara con una partida de su confianza desde Agua Blanca arriba hasta Agua Blanca abajo y Cogollal, en previsión de que los dispersos pretendieran internarse por la Cordillera de Cerro Azul ; y completó su línea de resguardo, mandando situar al Comandante Simón García en la

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encrucijada de los caminos de Pacaragua; asentándose él personalmente en la cabecera de Manuare, •que es una posición estratégica por su confluencia con Pacaragua y Tacasuruma. Últimamente y para cerrar todos los caminos, despachó el General Piilango al Capitán Esteller co:i cien infantes á recorrer la línea entre San Francisco y Timbique.

Cercado así Zamora parecía condenado á ser cogido de un momento á otro ; y aun se aseguró en partes oficiales que lo habían hecho prisionero y matarlo: (1) pero siendo como era, baqueano experto de Aquellos campos, logró escurrirse por veredas que sus perseguidores 1.0 conocían, hasta que salió á Sabana Larga donde enco tro á Rangel oculto con algunos soldados. De allí partió á pie, pero con entera seguridad, á Tacasuruma, con el intento de internarse en

los inaccesibles montes de la inmensa cordillera v

guerrear á la defensiva en sus quebradas, picos y ■desfiladeros hasta que se repusiera de su desastre ; ideando rectificar con una nueva táctica su primer plan de campana, que tan lastimosamente acababa de fracasar en la porfiada y sangrienta jornada de El Limón; pues aquellas comarcas con caminos intransitables cortadas por quebradas y estribos de montes, habitadas por labriegos amigos suyos, caudillos naturales del país, audaces y duros, como la raza caribe (2) •de que descienden, eran á un tiempo gente y escenario á propósito para la guerra que iba en seguida á ensayar, con escasa tropa armada, contra las

1 Kl Coronel Guerrero en el parfe al Estado Mayor General, <liee : •* De los muertos á no quedar duda, fué uno Ezeqiikl Zamora, que hacía déjete de Jos facciosos.

2 El señor Doctor Vargas creyó reconocer en cráneos halladlos en sitios de la .Sierra, los caracteres de *a r^za Caribe, dominadora del Bajo Orinoco y las pequeñas Antillas, y sus apreciaciones parecen corroboradas por el concepto de Si veis, en la geología y geog a fía de esta Cora lleía.

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huestes numerosas del Gobierno, comandadas por Páez, Guerrero, Piñango, Carreño, Cordero, José María Zamora, Paredes, Torres, Dominga Hernández, Doroteo Hurtado y gran número de oficiales de indisputable actividad y valor.

La choza de un conuquero de Cerro Azul le sirvió de abrigo los primeros días ; y de allí á las montañas de las Muías, iba v venía diariamente acompañado sólo de tres individuos, Manuel Herrera, y los hermanos José y Miguel Masabé, va mencionados.

XIV. Empero, desorientado en aquella soledad, cJ)i£¡nuar0 á quiso adquirir datos de la Revolución y del Gobierno, para disponer sin pérdida de tiempo lo más conveniente á sus operaciones ; y en esta virtud determinó saltar, con audacia incomparable, de Malí ua re á Guambra, v de Guamb a á Caracas, donde

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el Doctor José Manuel García, su pariente é inspirador, podría darle noticias ciertas y consejos oportunos: y tan pronto como lo pensó lo puso en práctica.

Su vestido se componía de un calzón ancho y una camisa hasta la rodi.la, como pinta Strabon á los galos del Mediodía ; y su calzado cotizas de cuero, á imitación de las sandalias. En este traje y armado de una lanza enastada emprendió camino.

De Guambra á Caracas hay treinta y cinco leguas de suelo, en parte enmarañado y riscoso.

Pasó de noche sin pararse por los alrededores de Cura, el Pao de Zarate y La Victoria. Apartábase d? los caminos reales, para acostarse á dormir á ratos; y volvía á emprender marcha por entre las breñas. Comía solo en algún rancho. No le inquietaba la lluvia ni el sol ; pero le gustaba

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más caminar de noche, porque estaba acostumbrado á andar á oscuras como los soldados de Esparta.

Así rindió su viaje que parece fabuloso; y á los pocos días bien en cuenta de todos los acontecimientos de la guerra y la política, sin ser sospechado de las autoridades, marchó la vuelta de sus escarpados peñascos. Cuando pasó por la Platilla, llevaba siete hombres con una carabina, un trabuco, tres lanzas, un par de pistolas, dos cananas y unas cuantas libras de pólvora y de balas. Tal era el parque y la tropa con que este hombre de corazón guerrero y singular arrojo, iba á abrir la segunda campaña militar de que vamos á tratar en las páginas siguientes.