Vida del general Ezequiel Zamora · Capítulo real 2 de 6

CAPITULO IV

Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 16 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.

CAPITULO IV

I. Antes de pasar adelante es menester pintar el Geografía d«

r r la Sierra.

nuevo teatro de esta guerra ; á saber : la Sierra extensa y á la par áspera y altísima del Gruárico, Aragua y Carabobo; no tal como se ve boy con numerosos y crecidos vecindarios, ricas haciendas de caña y café, hatos, y caminos anchos y múltiples; sino tal como era en 1846, con selvas vírgenes, rústicos pobladores, y atajos sólo de éstos conocidos.

La cordillera que forma la espina dorsal de la región media de Venezuela, empieza en el cerro de Tucuragua, alto de mil doscientos metros (1.200 ms.), en la extremidad occidental de Carabobo. Abátese á poco, para dar paso á varios ríos que vienen de la cadena del litoral ; y vuelve á alzarse al Este, primero con el nombre de Palomeras, y después con el de Sierra del Pao de Cojedes^ paralelamente á las márgenes meridionales del lago de Valencia, hasta los cerros de Yuma (670 ms.) y de Manuare, siendo sus picos más elevados los de Cuispa (1.000 ms.), Cerro Azul (1.187 ms.), y el Palmar (1.128 ms.).

Ábrese esta masa granítica en dos ramales de Occidente á Órente, para formar los valles de Los

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Naranjos, Marinare, Tacasuruma y otros, no menos fértiles y pintorescos, que sin duda fueron en otro tiempo, según ensena Humboldt, lagos pequeños, que por la acumulación de las aguas, ó por otra catástrofe más violenta, rompieron los diques que los dividían, no siendo menos probable que la irrupción de las mismas hacia los Llanos, ocasionando extraordinarios destrozos, hava dado forma di; ruinas á los Morros de San Juan y San Sebastián.

Uno de estos brazos corre al Sursureste con los nombres de filas de la Platilla (l.XX(> ms.), de Flores (1.424 ms.), de Morros de San Juan, de San Sebastián, San Francisco y Camatagua. (1)

El otro ramal sigue al Este por las filas del Pao de Zarate (l.f)!)7 ms.), Guaraima (1.070 ms.), Loma del Hierro (1.367 ms.), Consumidero (1.143 ms.), Roncador (1.4(53 ms.), Loma del Viento (1.1X3 ms.). Palomita (1.5X4 ms.), Altagracia (1.505 ms.), Soledad (1.308 ms.), Guanapc (1.128 ms.), y el Morro de Uñare (1.003 ms.), donde termina; dando origen sus declives meridionales á los ricos vales de Orituco, Altagracia, y á las selvas de los (íüires, Tamanaeo y Guaribe; mientras las septentrionales forman los valles de A ragua y del Tuy. (2).

En resumen :

El nudo principal de la cadena interior del ('entro está en los cerros de» Vuma v El Palmar, al Sur del lago de Valencia. En lo adelante la cadena sigue dividida en dos ramales, de los cuales, como hemos visto, el principal forma las grandes cumbres (pie separan los Valles ds Aragua y del Tuy, de los de San Sebastián, Orituco v Altagracia hasta

1 Estas alturas lian sido ivet i liradas por Rcclus y Siwrs

2 Rt tlus v Sívíts.

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<que muere á orillas del Uñare. El segundo, menos «elevado, corre por las filas de La Platilla, Flores y los Morros de San Juan : se pierde en las cercanías •de Camatagua y San F/ancuco : forma el extenso valle de Tacasuruma, y se expande hacia el Sur, enviando eslribosque van á terminar en el terreno cubierto de colinas, terromonteros y pretiles que constituyen el sistema de las galeras. Esta masa -es upenda es una sola montaña que se llama La Sierra.

De las citadas galeras, la que apelillan de San Carlos, hecha célebre por los campamentos de Zamora, nace en las cercanías de esta ciudad y termina en el cerro de La Virgen, partiendo términos «con el desierto de los Llanos, á manera de una «lunilla peñascosa entre la zona de los pastos y la .agrícola.

De los graneles ríos de dicha cordillera, los del Norte y Nordeste caen á los campos de Carabobo y A ragua; y los del Sur y Sursuroeste á los de Cojedes y Guárico ; siendo los más caudalosos y largos, los llamados Tiznados, Chirgua, Platilla, Mannare, Paito, Paya, Naranjos, Paearagua, Prepo, Ca- «íové, Cano, Palmar, Caicaray Giiigüe.

La mayor parte de estas i ierras eran en 184í>, montañas incultas, inhabitadas, y ni siquiera exploradas. Los vecindarios, con sus conucos v ranchos, estaban situados en los lugares más accesibles, v por donde sin embargo no andaban sino los baqueanos: hoy están en grandísimas porciones sombradas ile frutos menores, cate y caña ; y con crecidas poblaciones desparramadas en caseríos y aldeas nuevas, como Belén, cruzadas de caminos trillados, aun

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para subir la larguísima cuesta de Tormenta, de* Timbique adentro, que niCisneros conocía.

A la simple vista, el trozo de la serranía del Centro presenta aspecto más ó menos igual al de la serranía del Oriente. En el primero como en el segundo, las corrientes han tratado de estrechar, aunque causando menos depresión, el valle longitudinal que separa las dos cordilleras ; y al hacerse la separación de las aguas afluentes al Tuy, de las que caen en la profunda cavidad del lago de Valencia, el relieve de los terrenos que la determinan es de muy suave elevación, ni más ni menos de lo que sucede con la línea divisoria de las aguas del golfo de Cariaco, y las del valle que riega el río San Juan : así como el dique trasversal formado por el cerro de los Teques, recuerda el dique de Mtapire en la Sección Cu maná.

Para contribuir á la descripción geográfica de esta sierra, inexplorada en parte aún, vamos á suministrar al lector algunos otros detalles de importancia, que harán comprender mejor la narración de esta penosa campaña que hizo Zamora por entre desfiladeros sombríos, valles, cumbres, torrentes impetuosos y selvas no holladas en aquella época por la planta del hombre.

En la sierra que separa la Sección Aragua de la del Guárico, hay una eminencia llamada PlatillÓN, entre Tormenta al Norte y Valle Hondo al Sur ; de donde, caminando al Mediodía hacia Tiznados, se baja al valle de La Platilla, que se extiende tierra adentro en jurisdicción de aquel pueblo, para formar parte de la sabana de cría, á que sirven de base los estribos de la Cordillera. El río de su nombre, que nace entre Platillón y Picacho Blanco, lo cruza con giros ondú-

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latorios en un trayecto de más de nueve leguas; en su curso, recibe los ríos y quebradas llamadas La Piedra, Palambra, Caliche, San Gregorio, Mayalito, «Cucharito y otros más ; y luego que pasa Las Lomitas de La Platilla, se desliza por el valle de Domingo Lorenzo hasta la galera de Casanga ; y allí desemboca en el Tiznados.

De La Platilla á la quebrada de La Tigra hay dos leguas.

Nombran Cerro Pelón otra cumbre próxima á San Juan de los Morros, de que parten caminos á Carabobo, Parapara, Ortiz y Tiznados; y por la parte Norte, á San Juan, la Villa y Guambra: el de San Juan mide cinco leguas ; el de San Antonio, dos y media; y el que. conduce á Platillón, cuatro y media. De San Antonio á Cucharito hay tres leguas.

El Valle de Canuto se dilata entre el río Tiznados y el Ceiba, que es afluente suyo. Reunidos estos dos ríos en el sitio que llaman El Espanto, desaguan juntos en el Portuguesa.

Otro vaMe fértilísimo, que dicen de La Olllta, demora al pie de la Sierra de Tiznados, por el lado del Sur hacia el Llano, diez millas del pueblo; cortado de caminos á Valencia por Terrón Colorido y las Dos Bocas; y á las cumbres de Platillón y Picacho Blanco, para bajar á San Juan y cerca de Ciudad de Cura. En este valle se encuentra el antedicho Salto de Canuto, cuyo embovedado tiene como "200 metros de largo; paso célebre adonde todos los vecinos van en romería el Lunes San+o á pescar y recoger abundantísima cosecha de palambras, palometas, cachamas, coporos y otros peces grandes y carnosos.

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En Vallecito, que ahora se conoce con el nombre de La Florida, se levantan las cumbres de Terrón Colorado, Caracuello, Capotera del Diablo y Platanal, comprendidas entre las de Yuma, Cerro Azul y Tormenta, y por cuyas faldas corren los ríosrBaiión, Brazo del Medio, Terrón Co orado y El Manuare, que por allí llaman de San Gregorio.

El magnífico valle de Tacasuruma, linda al Norte y Oeste con la Serranía de Boquerón, que se desprende de Cerro Azul, y corre hasta el cerro de La Virgen, cerca de Villa de Cura. Por el Sur,, con la fila del mismo Cerro Azul que lo separa de Manuare; y por el Este con la quebrada del Limón. En este lugar había entonces muchos vecindarios, hatos v sementeras. Su terreno está cortado de quebradas, cuyas aguas caen en el Guárico.

Todos estos valles de escaso cultivo en 1846, se hallan sembrados actualmente de caña dulce y frutos menores, y brindan sus pastos de paja, macolla y gamelotillo á rebaños de ganado vacuno.

Los Leones, donde derrotó Zamora al Capitán Julián Castro, era un conjunto de ocho ó diez vegas en el valle de Tacas u ruma, fertilizadas por el Guárico.

El valle de Pedernales colinda por eí Esté y Norte con la fila de Boquerón ; por el Oeste con Yuma; y por el Sur y Suroeste con filas de Cerro Azul v Piñal.

Sería menester uu larguísimo trabajo de geografía para nombrar y describir, siquiera á la ligera, todos los valles, cimasr ríos, quebradas, selvas y vegas, caminos y veredas de esta Sierra; lo cual corresponderá en su oportunidad á otra* manos;:

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r.o tocando á nosotros en la presente sino citar é indicar los puntos indispensables para nuestra narración; reservándonos añadir á los dichos los demás que sea preciso dar á conocer en la historia de esta singular guerra, que sostuvo Zamora más de medio año, contra el General Páez y sus tenientes más acreditados.

Los itinerarios explicarán las marchas y contramarchas de las columnas beligerantes; las apariciones y ocultaciones rápidas de Zamora ; por entre montanas inaccesibles y peligrosas, oscurecidas por nieblas perennes y pobladas de animales nocivos.

De La Tigra á Cucharito hay dos leguas.

De Cucharito á San Francisco, tres.

De San Juan á Cerro Pelón, tres.

De Cerro Pelón á Plalillón, dos.

De Cerro Pelón á San Antonio, tres.

De San Antonio á Cucharito, dos y media.

De Timbique á Cucharito, una.

De Platillón á La Tigra, ocho millas.

De Cerro Pelón á San Francisco, doce millas

II. Después de la acción de Laguna de Piedra. Piandeoam-

1 n ' paña de Paex.

se movió el General Páez en 1? de octubre, de Maracay á los Llanos ; y con el propósito de perseguir inmediatamente á Zamora, escalonó las columnas de Racamonde y García en La Platilla, Picacho Blanco y Guambra; y distribuyó 400 hombres más entre Timbique, Manuare y Los Naranjos, á las órdenes del General Cordero, quien tenía bajo su mano al Coronel Cisneros y al Capitán Ksteller. Estas columnas, separadas ó reunidas, debían mantenetse en espectativa de las operaciones del Llano,

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y cooperar al triunfo que se alcanzara por aquel lado, persiguiendo á los derrotados; al mismo tiempo que se las consideraba suficientes para batir y vencer cualquier partida que nuevamente asomara por aquellos sitios. El plan de persecución indicado por el General Cordón) desde Manuare, como Jefe de operaciones de La Sierra, era destinar un cuerpo que no tuviera más oficio que buscar y perseguir á Zamora, manteniendo cubiertos los diferentes puntos, donde pudiera guarecerse, como Los Naranjos, Pacaragua, Manuare, Timbique y las montañas de Las Muías. Aceptado este plan por el Estado Mayor, se escogió á Cisneros para llevar a, cabo la persecución, por suponérsele más práctico y más astuto que otro alguno del ejército. Pronto diremos quién era este hombre y cuál fue el resultado de sus operaciones, y el desastroso término de su carrera y de su vida.

Xo se contentó Páez con ésto, sino que para impedir que Zamora volviera hacia abajo, situó un campo volante de 40 hombres de flor en San Francisco; otro hasta de 25 en San José, en Guardatinajas y Barbacoas; los cuales quedaban dentro de un circuito militar defendido por una guarnición acantonada en Calabozo, y compuesta de una compañía de carabineros de á caballo y otra de infantería; por cien hombres más de las milicias de Orituco que cubrían la línea entre Barbacoas y el Sombrero, dos compañías entre San Francisco y la entrada á la serranía v varios escuadrones (Mitre Ortiz v Calabozo, prontos á ir á donde fuera preciso. El cuerpo principal del ejército compuesto de dos batallones con K34 plazas, quedó acantonado á orillas <lel río Tiznados, entre San Francisco y San José.

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Como temiera que Zamora pasara el Apure y fiíera á conmover aquella provincia, ordenó á Guerrero qoe se moviera en dirección á San Andrés, por el camino real, con instrucciones de pasar aquel río á la menor novedad que llegara á su noticia, y de aumentar su fuerza si lo creyera necesario; y para tapar el camino á Barinas, adonde podía ir Zamora á ponerse á la cabeza de las guerrillas de la provincia, hizo marchar al General J. Laurencio Silva con 500 hombres por el Baúl y Turen.

Páez gastó todo el mes de octubre en organizar su plan de defensa y ataque en los Llanos y en La Sierra ; y hecho ésto, se quedó ¿i esperar que la facción ó su Jefe reaparecieran en alguna parte; difícil y laboriosa tarea en que le ayudó ventajosamente su entendido Jefe de Estado Mayor, General Judas Tadeo Piííango.

III. Zamora por su parte, empleó aquel mismo JJJjjj de Za tiempo en la excursión á Caracas ya mencionada y en organizar su nujeva facción en la apartada cima de Tormenta, infranqueable campamento qne enseñoreaba el teatro de la guerra, cercado de desfiladeros y torrentes, y favorecido por la naturaleza de majestuosas arboledas que nunca anteriormente habían servido de abrigo á gente armada, dí auM en la guerra de la Independencia. Alojóse en el rancho de un oficial suyo de nombre Escalona ; y desde allí despachó emisarios á Las Raíces y Casupito á alistar paisanos, quienes acudieron prontamente gustosos á sus banderas, con armas y pertrechos.

Allá subió Cisneros á batirlo. Pero luego que los facciosos le percibieron, se replegaron detrás de las cumbres: y Cisneros, desorientado, tuvo que

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suspender la persecución, porque no conocía aquellos montes, ni encontraba prácticos que lo guiaran con seguridad, pues los vecinos huían á los bosques al sentir las tropas del Gobierno; de tal suerte,.que éstas para dar un paso adelante 'tenía i que pagar los espías : y sucedió á veces que algunos recibían la paga adelantada y luego desaparecían, yéndose por lo común á avisar á los facciosos el paradero de las tropas que andaban persiguiéndoles. d™po?Me£Íoa IV. En La Sierra nadie quería servir al Gobierno.

El Coronel Doroteo Hurtado, que en esta recia campaüa fue uno de los más constantes y sufridos oficiales del Gobierno, decía en oficio al Estado Mayor General : "todos los red nos huyen al monte, de modo que yo no encuentro hombres para postas que Iteren las comunicaciones a los Comandantes de las columnas, ni para espías que me den razón del paradero de Zamora." Y otra vez dijo al Capitán Uacamonde en carta particular:

"Sin embargo de haber librado órdenes á los t»omis trios de la jurisdiección, para reunir un número respetable de reclutas, todo ha sido infruetuoso, porque loa hombres absolutamente están negados á servir al Gobierno."

Francisco Chirinos, Comandante de la columna de Occidente, informa al Coronel Hurtado, en oficio fechado en la Yuca á 1? de enero, que el soldado Escolástico Guzmán que le servía de baqueano se le había desertado con el fusil y el pertrecho, y anude candorosamente : "también digo á usted, que este desertor no ha tenido motiro alguno para hacerlo, pues ha sido tratado con más consideración que los mismos de mi columna, y recomiendo á usted este hecho tan escandaloso u falto de disciplina, ¡m 's lo ha cerificado en la marcha, dejándome sin baqueano."

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Esto pasaba con frecuencia en las tropas del Gobierno, porque todos los prácticos eran facciosos.

Latouche, Comandante de la columna de operaciones de Valencia, dice á su inmediato superior desde el Corozo, 4 2 de enero: "Respecto á los postas que usted me dice pida á la autoridad territorial, los pedí á los jueces de Güigiie, con fecha 16 del prójcimo pasado, y éstos me contestaron, que en aquel lugar no había hombres baqueanos de estos campos que mereciesen la confianza para desempeñar tal encargo, así es que he quedado con la misma necesidad que he manifestado á usted en mis auter lores comunicaciones."

El Jefe político de San Carlos, al contestar al Coronel Hernández, en oficio, sobre la organización de las milicias activa y de reserva de su Cantón, dice :

í;Y al ocuparme de su contestación me es muy sensible manifestar á usted, que en el estado de desmoralización en que boy se hallan estos vecinos con los trastornos políticos que han ocurrido de setiembre acá, creo casi imposible poder llevar á efecto tan saludable medida, pues los hombres aún permanecen huyendo por .los montes, la desconfianza y temores de que están poseídos los aterra; y lo peor de esto es, que la zizaña y malos principios de que están poseídos no se acaban."

De tal desprestigio nos da cuenta la prensa de los mismos oligarcas, igualmente que sus militares. El señor Juan Vicente González escribió en su periódico Diario de la Tarde los siguientes expresivos conceptos:

•fcLa Administración es un poder espiritual é invisible, poder de convención, expectador impasible de una . lucha contra la moral y la justicia ; hasta risa causa ver los esfuerzos contra una Administración que se da á partido, como le permitan no confesarlo, y que vite por

los aires, sin base donde descansar porque la base

de un Gobierno es la opinión ¿Con quiénes está

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«1 Gobierno f El vive solo y campea con su propia impopularidad.

Nunca sociedad alguna estuvo más

llena de desórdenes que la que abandonan ai acaso los hombres encargados oficialmente de conducirla. En el campo ministerial no hay sino opiniones incoherentes, medidas contradictorias, errores de juicio, insustancialidad, tinieblas, contusión: el Gobierno flota entre la anarquía y el vértigo."

Y el señor Doctor Ángel Quintero publicó en Valencia, entre o ras cosas, el siguiente apostrofe al Poder Ejecutivo :

"Vuestro Gobierno ha sido un misterio: Venezuela no lo ha conocido; es hoy que puede juzgar bien por los resultados. ¿Cuáles son éstos f Venezuela sin tesoro público y sin fortunas particulares : una parte de la sociedad en lucha á muerte con la otra : los hijos en armas contra sus padres : la inmoralidad y la más desenfrenada licencia recibiendo un culto público; todo, en fin, perdido, y en la opinión de muy respetables patriotas, serias dificultades que vencer, y que no allana uy ejército, para restituir la sociedad á su estado normal."

Iímí?a?ion A V- lJ*'iez ordenó terminantemente á Cisueros que

no se parara en ninguna parte hasta batir y coger los facciosos, que si no podía sorprenderlos, siguiera sin descanso sus huellas cualquiera que fuese la vía que lomaran ; para lo cual le proveyó suficientemente de tropas, diner» y ganado, pues creía que este antiguo guerrillero realista, fiero y bárbaro, era el más capaz para emboscadas y sorpresas de la guerra de montanas, y si bien era cierto que no conocía bastante la parte occidental de la Sierra, que era donde estaban los alzados, tenía sobre otros Jefes y oficiales la ventaja de ser un montañés caviloso y atrevido, que sabía, como Zam ka y Rar.gel, caminar á pie, correr por los desfiladeros, dejarse caer al fondo de las bou-

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donadas, esconderse como las serpientes en los matorrales ; pasar las noches en vela acechando á sus contrarios, con todas las costumbres, mañas y previsiones de los naturales de la serranía. No obstante, bien fuese que no pudo, bien que no quiso, hay que declarar que Cisneros no logró encontrarse nunca con Zamora : de tal modo que, cuando el General Cordero suponía á éste muy lejos, se le presentó de súbito en Timbique acompañado de Rangel y de más de cien hombre» de pelea; al tiempo que Cisnetos se hal aba en el Alto de las Muías aumentada ya su tropa con las columnas de Simón García y del Comandante Francisco Chirinos. Zamora trepó á Cerro Azul : apellidó guerra por los valles ; sorprendió unos piquetes sueltos del Gobierno, y después que alarmó y molestó la línea de operaciones del General Cordero, fué A salir por los sitios viejos de La Platilla.

Al saberlo Páez dispuso que Cisneros ocurriera a combatirlo con Racamonde y Guevara, y la 4* compañía de Orituco que mandaba Josó García.

Esta orden fue expedida el 10. Racamonde partió á cumplirla, y llegó á La Tigra, apercibido á luchar con la facción si la encentraba al pie de la nmniaña, atento á que en la cumbre era imposible atacarlo. Pero Cisneros no concurrió, ni se puso en comunicación con los compañeros: por lo cual íliereció una reprimenda del Estado Mayor, aunque se disculpó de sus faltas, exponiendo que se había distraído efectivamente de su principal deber, cual era el de batir los facciosos, en razón á estar preparando los medios de ponerse en comunicación con Rangel, su antiguo amigo, para inducirle á presentarse al Gobier. o con su gente : circunstancia que infun-

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dio sospechas, por primera vez, sobre su infidencia, como lo expondremos más adelante, cuando demos cuenta del juicio que se le siguió por ñutas cometidas en el cumplimiento de sus deberes, como Jete de aquellas fuerzas.

La compañía de García tampoco se presentó, porque á causa de habérsele desertado los prácticos, se extravió en El Platillón, y estuvo á punto de perecer de hambre en unos montes oscurecidos por las nieblas. A duras penas pudo salir en lastimoso estado á La Platilla Abajo, donde alcanzó á ver una partida que habría tiroteado y perseguido si el comisario de Palambra le hubiera asistido con los baqueanos que le mandó pedir.

Zamora abandonó La Platilla, y desapareció sin dejar rastro.

Los contratiempos de las fuerzas del Gobierno desconcertaron en t nto grado á Kacamond^, que vino á quedar solo en la montana sin encontrar quien le diera noticias ni do los amigos ni de los enemigos; en vista de lo cual determinó caminar la vuelta de San Francisco, temeroso de que Zamora tuviera en mira caer de repente sobre, esta plaza. Detúvose en su travesía á registrarlos caseríos de La Tigra y El Mamón; y el 21 pernoctó en Cucharito en <U>nde recibió un oficio del Estado Mayor, en que se le prevenía que conservase la posición q-ie estuviera ocupando en la serranía, cualquiera que fuese. Por suerte estaba en Cucharito, punto de importancia, equidistante á una jornada de tropa de San Francisco v de Timbique v considerado como uno de los principales de la comarca, porque era una encrucijada que debía guardarse.

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Zamora, en vez de tomar aquella ruta, bajó á Cerro Pelón, y se acercó, en una marcha de seis horas á San Juan y sus vecindarios para solicitar noticias de la Revolución, que suponía extendida por todo el país, y recoger los elementos de guerra que hubieran podido conseguirle sus amigos: y hecho ésto, siguió por veredas sólo de é\ conocidas, á Timbique. A la sazón Cisneros que lo perseguía por las cercanías de Tormenta, reventó por San Gregorito á Cucharito el 21 en la tarde, muy lejos de la dirección por donde le esperaba Raca.iionde, á quien en seguida hizo entender que no había obtenido rnzón fija del paradero de la facción, ni encontrado rastros que se lo hicieran sospechar: en fuerza de lo cual diéronse á pensar los dos, que Zamora debía de haber tomado la montaña de Guambra por Picacho Blanco. Y así era en efecto, y con esta convicción marcharon el día siguiente con las columnas reunidas á La Platilla Arriba distante poco menos de dos leguas. Allí se juntaron con Chirinos, que, en cumplimiento de instrucciones superiores, había ocupado A Picacho Blanco en la mañana del 22, yendo por la vía de Guambra y Cerro Azul.

Según informe de unas mujeres, supieron que Zamora había estado acampado allí hasta el 21 en la noche, y que unido á Rangel habíase ido con rumbo á Tacasuruma. Empero, en la mañana del 22 divisaron en las alturas varias partidas que corrían por las filas más próximas y subían después á otras más altas que se levantan por detrás. Y habiéndose propuesto distinguirlas de más cerca para tirotearlas y perseguirlas, gastaron todo el día en subir y bajar cuestas sin alcanzar su objeto, porque las partidas aparecían y desaparecían rápidamente por todos la-

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dos. Rendidos de fatiga y hambre bajaron á La Platilla á comer y descansar.

Aquella gente eran montañeses muy diestros ea trepar las cumbres, dejados allí por Zamora para ternetener al enemigo, mientras que él con Rangel corría á Tacasuruma á buscar más .soldados y municiones con que dar un golpe mortal al destacamento de Páez que pareciese más débil.

El día siguiente, 24, aumentadas las fuerzas del Gobierno con las de Simón García, emprendieron marcha juntos al Alto de las Muías, penetrados de la dirección que debía haber tomado Zamora, pero no encontrándole en aquellos sitios separáronse por diversas vías para obrar en combinación, & fin de ver si por huellas ó noticias lograban saber los lugares donde se albergaba su infatigable contendorDe TacMuru- VI. Zamora se burlaba de ellos; los vigilaba des-

mi 4 Los Ba-

•*•■' de los cerros ; y sin ser visto observaba todos sus mo-

vimientos; los contaba, y oía sus toques de ordenanza. Así se mantuvo para llevar á cabo su intento: y cuando hubo hallado y recogido lo que solicitaba, desapareció por entre las quebradas, para pasar de un extremo á otro del teatro de la guerra: esto es, del valle de Tacasuruma, que está al Oeste de Villa de Cura, á la hacienda que se llama La Dormida, situada al Nordeste de esta ciudad.

Este movimiento parecerá, á los que no conocen sus pormenores, semejante al del caballo en el tablera de Ajedrez, como si hubiera sido hecho de un salto por encima del enemigo, al travos de riscos y despeííadcios. Hízolo de noche y tan cerca del enemigo, que puede decirse que lo ejecutó por entre las mismas posiciones de éste.

Vamos á referir cómo fué esta maniobra de Za-

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mora, que produjo tan grande estrago en las filas del Gobierno, y que dejó pasmados á los Jefes que le perseguían.

Del valle indicado subió á las cabeceras de la quebrada de Guambra, en uua de cuyas vertientes se detuvo dos días, pero cuando Cisneros llegó al Palmar, que es otro sitio de las cabeceras de la citada quebrada, distante media legua de la que él ocupaba, levantó sus reales y continuó hacia el Guárico abajor adonde llegó en la tarde del mismo día ; y, sin parar,, guió á la boca de la quebrada del Corocito, y de aquí agua arriba basta sus cabeceras. Desde este punto veíase distintamente la torre de Maracay y la gente de Cisneros, que ya quedaba lejos como legua y media. Casi de noche llegó á La Pabona, situada en un bajo poco antes de Garabatos. Allí permaneció algún tiempo, entre paisanos muy partidarios suyos, y cuando al anochecer del tercero día supo que tenía á Cisneros cerca de sí en el poblado de Garabatos, se movió hacia Cura; faldeó el Cerro de las Cabras dejándolo á la izquierda, y pasando por detrás de la casa de Don Pedro González, sita en los Colorados, á las 11 de la noche, más ó menos* fu¿ á tener á La Lagunita, donde se mantuvo medio oculto dos días; y de este punto marchó de frente k Los Bagres, adonde arribó al amanecer del día sábado» 26 de noviembre.

Marcha atrevidísima, cuanto difícil y sorprendente.

Acuarteló á Rangel con parte de la fuerza en la casa de Don Isidro Jadn, y el resto en las de Lino Fuentes y Fernando Lespe.

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Y él se alojó en la de Mateo Díaz, en ¡a quebrada Peñas Blancas arriba, donde vivía una amiga suya, de nombre Bibiana, hija de este hombre y de Josefa González. En esta mujer tuvo Zamora un hijo que nombraron Nicolás, á quien sirvió de padrino en el bautismo, más tarde, el General José María García Fuentes. Este niño murió de muy tierna edad.

AooiondeLo. VIL Habiendo sabido las autoridades de Cura, á

las ocho de la mañana, por aviso del señor Andrés Fuentes, que Zamora y Rangel se hallaban con gente armada en el sitio de La Majada, Bagre Abajo, tres leguas más ó menos de la Plaza, preparáronse á la defensa con la corta fuerza de que les era dado disponer. El capitán José del Rosario Villasmil mandaba la cuarta compañía del batallón de línea número 2?, quien estaba acantonado allí desde el 23, con orden del Estado Mayor General de batir, perseguir y exterminar los facciosos, si se acercaban á la población; á cuyo efecto se recomendó al Jefe político de Cura que lo reforzara con veinte y cinco hombres, para que en cualquier momento de peligro tuviese expedita una fuerza de sesenta á setenta. Después se supo que la citada autoridad apenas había auxiliado á Villasmil con seis reclutas. Arrebatado empero de pundonor este valeroso oficial, luego que se impuso de la noticia, corrió á las armas, y salió de la ciudad al pasitrote, animado á la pelea con su infantería y un piquete de caballería colecticia, formado de vecinos del lugar; sin atender á los que le observaban que lo más acertado era, concurrir á la acción con las columnas de Cisneros, García, Racarnonde y Chirinos, que volarían de Garabatos, donde á la sazón se hallaban, á Los Bagres, en

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recibiendo el aviso que ya se les había mandado. De Garabatos á Los Bagres hay poco menos de cinco leguas.

El contestaba diciendo que con su compañía -veterana podía batir más de doscientos facciosos. Todas aquellas columnas reunidas podrían dar una fuerza -de seis á setecientas plazas.

Así como se vio fuera de poblado, dejó el camino real, y salió á la sabana de Los Bagres Abajo.

Es de saberse que Los Bagres era un hato -de Don García Revenga, en el valle del Chorro, tres leguas de Villa de Cura, en que había además tres haciendas de café: uaa del señor Manuel María Landa, nombrada Tucutunemo; El Cortijo, del señor Trinidad Celis ; y El Chorro, del señor Andrés Fuentes. L^s Bagres se dividían en Bagres Arriba, en donde estaba la casa de habitación, las oorralejas, majadas y queseras ; y Los Bagres Abajo, porción de terrenos quebrados con sabanetas y cerros, que servían de asiento al vecindario de la misma posesión. Por en medio de esta cone una quebrada de Norte á Sur, que llaman quebrada de Los Bagres ; más allá de la cual se extendían hacia la sabana unos conucos, dichos Los Palenques, á causa de sus empalizadas.

Aquí hizo Zamora una trinchera, en que colocó una avanzada, y otra á orilla de la quebrada, al pie -de unos mamones ; y ocultó en el monte el resto de la tropa.

Villasmil desfiló por la derecha á posesionarse de la punta de la loma que se levanta al frente de la quebrada ; pero las avanzadas, al divisarlo, lo ti-

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rotearon, manteniéndose ocultas detrás de las estacadas.

Villasmil contestó los fuegos sin pararse, y al pasitrote cruzó la sabaneta y coronó la altura, sin darse todavía cuenta del número de la gente que se proponía batir.

Zamora, que al revés, pudo ver y contar á sus contrarios, dividió prontamente los suyos, que eran trescientos, en dos columnas ; de las cuales dio una á Rangel con orden de que los atacara á fuego vivo, apoyado en la mata que está al pie de la loma; mientras que él con la otra, subía á una cumbre más elevada de la misma cordillera para acribillarlos por la espalda.

Y así al cabo sucedió: pues Ínterin Villasmil peleaba á pecho descubierto contra un enemigo guarecido de las arboledas, corría Zamora á pie por entre riscos la vuelta de la montaña para dominarle, como á poco lo hizo; viniendo á quedar el joven veterano entre dos fuegos, sin poder acometer á Rangel, porque se exponía á que Zamora lo barriese por la espalda, ni hacer cara á éste, temiendo que el otro, emboscado, lo diezmara con tiros por mampuesto.

Sorprendido de aquella maniobra y rodeado de enemigos, dispuso una guerrilla para contener á Rangel ; y con el resto de la tropa se preparó á contrarrestar personalmente la carga de Zamora.

Llamó la caballería para que le ayudase por el llat-o ; pero estos jinetes bisónos asustáronse con los fuegos, y se dispersaron. El choque fué recio y desesperado con pérdidas de ambas partes ; porque Villasmil puntilloso y valiente, lejos de pen~

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$ar en replegarse ó huir á la ciudad, animaba á los suyos con sus voces y ejemplo ; y más se enardeció y cobró nuevos bríos, cuando hubo divisado desde la altura la cabeza de una fuerza que iba de La Villa en su auxilio, y cuyos toques de corneta y tambor oía claramente.

Era Cisneros que se acercaba con su columna. Pero este hombre que, según se averiguó después, andaba en tratos con los revolucionarios, no se apresuró á concurrir á tiempo para salvarlo, cuando pudo marchar directamente por un camino expedito, con tropa de refresco, ó contra Rangel ó contra Zamora, y á lo cual le excitaban acaloradamente sus oficiales.

Dos horas duraba la refriega, cuando Villasmil cayó sin vida, herido de un balazo en la cabeza, en los momentos mismos que resistía con más bravura los nutridos y certeros fuegos del General Zamora. Los pocos soldados que sobrevivieron útiles se acobardaron cuando se vieron sin jefe ; algunos cayeron prisioneros, y otros lograron llegar sanos y salvos á La Villa.

Zamora recorrió el campo, hizo recoger las armas, cartucheras y municiones, y repuso sus avanzadas en los puest'js que ocupaban antes del combate.

' De cuatro á cinco de la tarde sería cuando se presentó Cisneros á una milla de la Sabana ; y en vez de abrir los fuegos contra Zamora vióse, que su mosca se acercaba sin disparar un tiro á las avanzadas de El Palenque. Después se ha sabido, por declaraciones juradas «en los Tribunales, que estas dos guerrillas se pusieron 4tl habla : indicios todos de que Cisneros estaba co-

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metiendo el feo delito de traición á su Jefe y & su bandera. Nuestro deseo de ver triunfar las armas liberales, no nos inducirá á loar esta conducta de Cisneros ; pues pasarse con las armas al enemigo, ó de cualquier modo inteligenciarse con él, es de todos los crímenes el más ignominioso, ora se trate de guerras internacionales, ora de revoluciones intestinas. El militar debe mantenerse firme é insospechable al pie de sus banderas, hasta el último trance de la vida.

Poco después retiró Zamora sus piquetes de observación: levantó el campo, atravesó la loma donde había tenido lugar la pelea, y fué á parar con i una columna como de cien hombres, haciendo cargar á cuestas cinco heridos, á la fila del Gamelotal que se extiende frente á Los Bagres Arriba; y por la noche, entre nueve y diez, tuvo el atrevimiento de pasar por el Caro de Semen, hacia La Ollita, casi por entre las fuerzas del Gobierno, al tiempo que Páez estaba acampado en la casa de corredor de Avilan, en El Pozóte.

Los guerrilleros, decía el avisado General Pedro Manuel Hojas, á diferencia de los jetes que maniobran con un ejército, no deben nunca pasar la noche en el' campo en que pelean.

Como resultado de; la acción se recogieron en Los Baxres, cuarenta y pico de muertos, y ocho más en la montarla.

Cisneros, antes de oscurecer, desfiló por el flanco derecho en dirección al picacho de El Diablo; \r - la cabeza de la tropa vino á asomar poco antes de las diez de la mañana del día siguiente, á la antedicha loma del Gamelotal, por donde había pasado Zamora la tarde anterior.

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VIII. Dos sucesos graves ocurrieron en esta oca- A»e»inato de

~ D. Andrés Fuen-

sion, y de los cuales vamos á dar cuenta conforme *•*• á relaciones que hemos recogido de personas dignas de fe, actores en ellos ó sabedores de lo que realmente pasó. Tales son: el asesinato del señor Andrés Fuentes, perpetrado por las fuerzas de Zamora, antes de la acción ; y el comportamiento militar del Coronel Cisneros en el apuro en que se hallo la fuerza que se le había ordenado auxiliar.

Enemigos de Zamora le imputaron entonces aquella muerte, de palabra y por la prensa ; y en el juicio que se le siguió por conspiración, le hicieron ^ cargos por ella, contra los cuales protestó siempre

enérgicamente; y aun la alegaron los jueces en la sentencia, como uno de los fundamentos en que se apoyaban para condenarle á la pena del último suplicio.

Desestimaron en absoluto las declaraciones en favor de Zamora, rendidas bajo juramento en el tribunal, por individuos que estaban presentes en el acto que se cometió aquel atroz delito; y las de personas de cuenta de Cura, que acreditaron su honradez y sanos hábitos de trabajo en su antiguo oficio de comerciante; la buena índole de caballero que le distinguía en el trato social ; y las excelentes aptitudes con que se apresuró, más de una vez, á defender el orden social, como sucedió en 1844 y en el mismo año 1846, según anteriormente lo hemos dicho. Con esto cometieron los jueces dos acciones dignas de ser reprobadas, pues al tiempo que pretendían deslustrar la reputación del General Zamora, calificándole de asesino, cuando no había cometido personalmente ninguna muerte ni mandado cometerla, irritaban las pasiones de un partido político, que lejos de ser gavilla de

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salteadores, como decían los oligarcas, venía desarrollándose de manera formidable, por la irradiación de una prensa ilustrada, enérgica y patriótica: dando á entender á los hombres pensadores, que llevaba en sí, como causa pública, condiciones vitales de perdurabilidad y trascendencia.

De Zamora puede decirse, que siendo joven, fue honesto; y que fue siempre creciendo en el conocimiento y práctica de las obligaciones naturales y civiles que forman el carácter de los buenos ciudadanos.

Pedro Pastrán, preso junto con Fuentes, declaró que Rangcl mandó salir á éste con ocho lanceros y no le vio más.

El General Francisco de Paula Alcántara, Jefe de Operaciones de Aragua, certificó la manifestación que le hizo José de Jesús González (a Agachado), cuando fue indultado, en la que consta que Zamora no había mandado matar á Fuentes. Pero el tribunal no quiso apreciar este documento respetabilísimo, porque carecía en su sentir, de las formalidades prescritas en el Código vigente de Procedimiento Judicial ; cuando los jueces debieran haber pensado que no era conforme á la moral y la justicia, rechazar ninguna prueba que pudiera favorecer al encausado. Empero, es de saberse, que lo que privaba en la política de los oligarcas era el interés de infamar aquella nueva causa popular, atribuyendo á sus predicadores miras de volcar y destruir la sociedad ; y á su más señalado guerrero, los instintos, costumbres y pasiones de los malhechores. De que cundió entre los curiales á manera de monomanía homicida, más poderosa que los sentimientos humanitarios ó cualquiera razón de Estado, la determinación de llevar al

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cadalso cuantos liberales pudieran ser habidos, al modo que se mandan reses al matadero. En un día el tribunal de 1* Instancia de Cura, sentenció á muerte dos liberales ; [1] el de Puerto Cabello, nueve; [2] el de La Guaira, once. [3] La Corte Suprema de Caracas confirmó en un mismo día siete de ellas.

Pero es también deber nuestro decir^que Páez y Soublette arrancaban á menudo víctimas á los patíbulos; si bien limitaban las conmutaciones é indultos, á los conspiradores que no eran cabecillasHemos encontrado en los archivos, diez y ocho ' conmutaciones decretadas por el General Soublette.

¡Ojala hubiera perdonado siempre, como se lo aconsejaba su ilustre y noble corazón, para que nunca jamás tuviera la historia que velarse el rostro de dolor, al tener que recordar el fin trágico del heroico joven Rodríguez, de Calabozo, que expuso su vida por la libertad de su padre ; ni el lastimoso sacrificio del infeliz Calvareño!

Ni quisieron los jueces tomar en consideración el testimonio escrito del mismo Coronel Guerrero, en que salía fiador de las virtudes sociales de Zamora, y que se perdió, como el del General Alcántara, porque tampoco permitieron que figurara en el expediente.

Tales procederes de Alcántara y Guerrero son

1 Pío y Juan Antonio Avila, encausados por conspiradores.

2 Tomás Campos, Zoilo Perera, Damián Ojeda, José María Herrera, Norberto Avila, Francisco Sánchez, Juan José González, José Antonio Mingorro y Rafael Barrios.

3 Capitán Pedro Vicente Afruado, Mariano Tirado, Tomás Galarra^a, Carmen Boearanda, Felipe Pérez, Julián Mejías, Sil- ▼erio Kiobueno, Francisco Marcelino Blanco, Magdaleno Martínez, Antonio Hernández y Francisco Ordóñez.

170 DOCTOR L. VILLANUEVA

muestras de raro, seguro juicio, y de acendrada probidad; pues lejos de prestarse á calumniar á un adversario vencido, como suelen hacerlo aquellos á quienes enloquecen y degradan las pasiones de partido, nos han dejado la austera enseñanza de que toda política será inmoral, que no respete la verdad, la justicia natural y los fueros sacratísimos

del hombre.

Joaquín Rodríguez, hoy General de la República, y oficial entonces de Zamora, hijo del señor Pedro Rodríguez, agricultor en Cerro Pelón ; y que fué indultado por Páez, su padrino de bautismo; declaró ante el Auditor de guerra, Licenciado José Santiago Rodríguez, que había sido Rangel quien había mandado matar á Fuentes, y que la orden fue ejecutada a lanzazos, fuera de la vista de la tropa, por el oficial Francisco Pacheco v ocho soldados.

Este testimonio fue rechazado en 1? y 2? Instancia por considerarse á Rodríguez de diez y seis años de edad, cuando la ley señalaba la de diez y ocho para ser testigo. La partida, empero, de su bautismo, presentada al Tribunal, acreditaba que habia nacido el 20 de agosto de 1829; de lo cual se infiere que le faltaban apenas, cuando dio su declaración, cortos días para completar los diez y ocho.

Cuadra á esta narración reproducir en seguida el escrito que el Doctor Elias Acosta presentó con este motivo á la Corte Suprema de Justicia, como defensor de Zamora.

Dice así:

Excdentiximo señor :

Doctor Elias Acosta, defensor de Ezkquikl Zamora? eou todo el respeto que debo. — Acaba de poner en mi mano la madre de mi defendido, la certificación de bau-

VIDA DEL GENERAL ZAMORA

tisiiio del señor Joaquín Rodríguez, testigo que ha declarado en esta causa en favor de Ezequiel Zamora, y cuyo testimonio se ba despreciado en Ia y 2U Instancia, ]K>r considerársele de diez y seis años de edad. La certificación que presento, acredita que Rodríguez nació en 20 de agosto de 1829, y habiendo dado su declaración en 3 de julio del presente ano, está de manifiesto que par» entonces tenía casi diez y ocho años de «dad. La Ley de Partida, al fijar la edad de veinte años cumplidos en el testigo (Título 1<>, Partida 8a) para causa criminal, expresamente, se contrajo al testigo que viene á deponer contra el encausado. Efrtas son sus palabras : Veinte años cumplidos á lo menos, debe haber el testigo que aducen en el pleito de acusación ó de riepto contra alguno en juicio. Tal garantía fue dada exclusivamente al acusado, para .protegerle con especialidad contra la debilidad é imprudencia del entendimiento de un menor, y para que no se le castigase por el dicho de un adulto que no tuviese veinte años cumplidos. Nuestro derecho tomado de la* misma ley, solo ha reducido la edad del mismo testigo á la de diez y ocho años. En favor de Zamora pues, deben obrar todas las pruebas ordinarias del derecho, que no le sean especialmente negadas, entre las cuales debe contar con el dicho favorable de los testigos mayores de quince años. No es posible, que en perjuicio del encausado, y para que no pueda probar su inocencia, se rechace, como se ha hecho con excesiva crueldad, la declaración de un testigo mayor de diez y siete años: mejor dicho, es testimonio jurado de un ciudadano de notabilidad, que contaba diez y ocho años once meses, cuando declaró, como el señor Joaquín Rodríguez, quien por su educación y roce social es mucho más creíble y de mayor autoridad su dicho, que el peón y jornalero Olayo A venda ño, campesino y destituido de las cualidades que constituyen en derecho la mayor excepción. No podrá el menor de diez y ocho años perjudicar en su declaración al acusado; pero sí proteger su inocencia, porque en favor de ésto valen y han valido siempre, aun en los Gobiernos tiránicos, los testigos verdaderamente inhábiles, como lo enseñan los maestros Evio Bolaño, (.'V! parte juicio criminal. § 15, núm. 17.) Antonio Gómez, (V. Resoluciones id. 18, núm. 21 y 23, núm. 27) y Acevedo en el núm. 8" de su glosa á la ley 0a, título 6?, libro 4? de la Recopilación.

Por otra parte, Exmo. señor ; es una regla de derecho que el año comenzado se tiene por completo. Annus in exceptus, pro completo habetur. Y aun sin el socorro de esta regla, el duro Marhen, De sé orimixali, sostiene citando leyes y muchas autoridades, en su controversia 2n, número 30, que es idóneo el testigo mayor de diez y seis años. La declaración, pues, del señor Joaquín Rodríguez,

172 DOCTOR L. VILLANUEVA

testigo tan importante, por haber presenciado los sucesos de que provino la muerte de Andrés Fuentes, es pleno, eficaz y legal ; porque es en favor y no en contra del acusado ; y porque, según consta de la certificación de su bautismo que presentó él, tenía casi los diez y ocho años cumplidos, cuando dio su declaración. Suplico á V. E. se sirva mandar agregar este documento auténtico, para que en rigorosa justicia, se tenga en cuenta al examinar las pruebas exhuberantes con que mi defendido tiene acreditado que él no fué el autor ni tuvo parte en la muerte de Andrés Fuentes.

Exmo. señor.

Elías Acosta.

El honrado General José María García Fuentes, sobrino y ahijado del señor Andrés Fuentes, nos ha entregado un papel, escrito de su puño y letra, en que dice, que quiere consignar en nuestras manos la narración de aquel hecho, según sus recuerdos, para refutar el cargo que entonces hicieron á Zamora, de haber sido el sacrificador de su tío y padrino. Y de ello resulta, como es verdad, que Zamora no tuvo participación en aquel hechoGarcía Fuentes era entonces un niño que no llegaba á los doce ; pero recuerda haber visto á Zamora en La Dormida, posesión de Don Manuel Guirado, con cerca de 300 hombres; que su padre, señor García Revenga, fue? aquel día á su campamento, y suministró dos reses para racionar las tropas; y que en su propia haciéndale prepararon el almuerzo; y asegura además, que al saber él la noticia de la prisión de su tío corrió á donde estaba Zamora ; y cuando pareció á su presencia, oyó que le preguntaba á Rangel por los presos, y que éste contestó mostrando los que estaban allí, y diciéndole que A Fuentes lo había mandado matar, porque era un oligarca malo.

VIDA DEL GENERAL ZAMORA 173

Esta relación está llena de pormenores que nos han servido para formar concepto cabal del suceso.

A los cincuenta años de aquel acontecimiento, estos dos militares de honor y respeto, García Fuentes y Rodríguez Guerrero, padres de familia, individuos notables de nuestra sociedad, han querido bajo el sagrado de su palabra, ratificar el lino su declaración del 47, y rendir el otro la suya, que guardaba como un secreto, ante otro tribunal, el de la Historia, enteramente libre de las injusticias de los magistrados, de intereses de partidos, y de las pasiones de los hombres; para que la vida de este amado caudillo del pueblo venezolano, se conserve en la memoria de las gentes, pura de la mancha con que sus enemigos quisieron deshonrarla.

Demás de c'sto, tenemos por cierto, que tan distante de la mente tenía Zamora !a idea de matar á Fuentes, que la noche anterior pasó cerca de su hacienda, y no se le ocurrió prenderle, ni hacerle dafio en sus bienes, como pudo efectuarlo con la mayor comodidad. Al contrario, no se detuvo allí; sino que continuó marcha á la sabana de La Majada, por la cual cruzó antes del día, para irá situarse en Los Bagres Abajo, donde se libró la acción la misma tarde. Y más de una vez declaró bajo juramento, que aquella muerte había sido obra de Rangel y de otros; y que si con parte de su sangre hubiera podido rescatar aquella víctima, lo hubiera hecho con agrado, porque había sido su amigo y le tenía deferencia por relacionas de familia. — (Declaración ante el Tribunal de 1? Instancia de 8 de abril)

El General Páez dice que fué llangd quien mandó asesinar al señor Fuentes, ciudadano respetable de Villa de Cura. — ( Autobiografía, tomo II, pág. 5o4).

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juioiooontra XI. Permítasenos ahora agregar cómo acabó su

Cimeros. ° °

vida el famoso Cisneros, en la mitad de esta guerra, siendo Jete de una columna del Gobierno.

Páez no quiso proceder contra ¿1, por su comportamiento e.i la función de Los Bagres; pero persuadido de la inconveniencia de que continuara mandando la columna de San Sebastián, limitase á apartarlo con cautela de la jefatura, por medio d'i una artificiosa comunicación del Estado Mayor que decía así: "Deseando S. E. que las tropas que obran en La Sierra no se den descanso en la persecución de los facciosos, y hallándose informado de que U. S. padece algunas indisposiciones, si esto es cierto, puede U. S encargar del mando de la columna al Capitán Viera, y venir á este Cuartel General, donde hallará todos los auxilios que necesitare al lado de S. E."

A ésto contestó Cisneros, suplicando que se le concediera retiro á él y á su fuerza, por tener tres meses de servicio en un trabajo asiduo y fuerte; que por las marchas y contramarchas la fuerza se encontraba inútil y sin poder dar un paso, habiendo cundido tan desastrosamente el espíritu de deserción, que temía quedarse solo ; pues hasta el sargento y el cabo del cuerpo de guardia, de los de más confianza, habían desaparecido. Piñango le reiteró la orden de entregar la fuerza y presentarse al Cuartel General; y no habiendo querido cumplirla fue reducido á prisión.

Quitáronle la espada y le pusieron un par de grillos. En la noche del mismo día 13 de diciembre dio orden el General Páez para someterlo á un consejo de guerra de Oficiales Generales. Constituyóse éste bajo la presidencia del General Fran-

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cisco de P. Alcántara con los vocales, coroneles Juan Uslar, Manuel Cala y Miguel Arismendi, Comandante Antonio Ascanio, Coronel graduado Juan D'Sola y Comandante Miguel Zar raga. Desempeñó las funciones de Secretario del Consejo, el Subteniente Federico Maya; de Fiscal, el Capitán de Ingenieros Olegario Meneses, y las de Defensor del reo el Comandante Juan B. Rodríguez. El 29 de diciembre, el Consejo en sesión celebrada en la comandancia de la línea de Ciudad de Cura, después de asistir á las nueve de la mañana á la misa del Espíritu Santo, oída la relación del proceso, la defensa del Procurador y la conclusión del Fiscal, lo condenó por unanimidad de votos á ser pasado por las armas, con previa degradación, por los delitos de inobediencia, sedición y expoliación. La Corte Suprema de Justicia, en calidad de Marcial, confirmó la Sentencia; y no habiendo encontrado el Poder Ejecutivo motivo para conmutarla, se la ejecutó el 13 de enero á las 11 de la maiíana en la plaza de San Luis de Cura