A los niños · Unidad 3 de 24

Unidad 3 · 10 Á LOS NIÑOS.

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10 Á LOS NIÑOS.

te, en este triste siglo de impiedad son combatidas, y sn peor enemigo es el racionalismo, qne es el constante antagonista de la fe. La fe hace á nuestro corazón bastante grande para que quepan en él el convencimiento de todas las maravillas de Dios , de toda su clemencia y de su comunicación con la noble criatura que formó á su imagen. El racionalismo , por el contrario , achica y contrae de tal suerte nuestro corazón (que es lo único bueno que tenemos), que solo cabe en él lo que pasa por el pequeño embudo de nuestra comprensión.

La fe, antes de ser, no solamente modificada, sino combatida por el orgulloso enano el raciocinio, no solo imperaba como inspiración divina , sino que en todas las acciones de la vida del hombre , en sus costumbres, en su lenguaje, tenia presente estos sentimientos religiosos, gue deben (¿quién j)uede dudarlo?) estar ligados á su existencia. Dios está en todas partes; Dios todo lo ve; Dios está siempre en el mismo lugar ; solo en Dios la confianza; sea lo que Dios quiera; Dios sobre todo ; este hermoso y tan repetido acto de sumisión, si Dios quiere; el usual cumplido: soy un servidor^ con su infalible respuesta: de Dios lo sea V. por muclios anos; la espresion de gratitud al recibir un beneficio: Dios se lo pague á V.; el común saludo;

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q\ied.e V. con Dios , vaya F. con Dios; la plegaria del pobre : una limosna por Dios; y el modo de rehusarla cuando no se le puede dar : perdone V. f)or Dios ; la resignación ó espíritu de sacrificio que se espresa en un padecer físico ó moral en esta tan usada frase: ¡sea por Dios! la que usamos en un momento de asombro : ¡Dios nos asista! El grito de suprema angustia : ¡Dios me ampare! todas estas y otras muchas , que no apuntamos por no alargar mas este artículo , prueban a qué punto estaba entretejida la idea de Dios en la vida del hombre ; y que esto debe ser así, no es opinión que sé puede discutir: es un dogma que no puede combatir el que se llame cristiano.

Los racionalistas, y aun los tibios ó frios cristianos (y estos úitimos sin darse cuenta de la mala tendencia que llevan estos asertos), dicen que cada cosa es para su cosa, que el templo es para orar y meditar, pero que traer la idea y nombre de Dios (ó del Ser Supremo^ como es moda suya decir), en las cosas mundanas y vulgares, es mezquino y alguna vez hasta irreverente. Lo que hacen, niños mios, con esto es empezará destruir un árbol, cuyo tronco es fuerte y cuyas raices son hondas, despojándole de sus flores y de sus ramas. Todas estas espresiones de tan santo y piadoso sentido, aunque sean profe-