Aromas de América · Capítulo real 3 de 24
CAPÍTULO VI
Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 8 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.
CAPÍTULO VI
Fundación de Potosí. — Su aspecto. — El soroche. — Cuadros regionales. — Idiosinerasia del motosino. — Sus glorias — La Matriz. — Jerusalén. — San Lorenzo, San Martín y San Francisco. — Templos profanados. — Las lagunas y la Casa de la Moneda. — Impresiones, datos y cifras. — El Cerro, lo que fué y lo que es en la actualidad. — Datos interesantes acerca del modo de ser y vida que llevan los mineros del cerro.
Tiempo es ya de dar aleunos datos y reseñar brevemente los principales monumentos que guarda la Imperial Villa de Potosí, título con que la aeració en 1553 el Emperador Carlos V, y a la que en 1563 Felipe TT dióle escudo de armas, señalándosele de sus propios cuarteles: dos leones, dos castillos, un águila, columna imperial y las dos columnas con la leyenda: Non plus ultra.
Potosí (a la que el censo de 1910 asienábale 25.791 habitantes) fué fundada el 1.” de abril de 1546 por don Juan Villarroel, los capitanes Diego Centeno y Santandia y el maestre de campo Pedro Cotamito. Al año siguiente el emperador Carlos V, confirmó, a favor del primero, el título de Descubridor del Cerro y fundador de la Villa de Potosí.
Edificada la ciudad al pie del famoso cerro que se eleva a 4.888 metros sobre el nivel del mar, ocupa ella una altura de metros 4.060 de elevación, como se ve, más que suficiente para que no puedan existir ni asomos de vegetación. Consiguientemente su clima es inclemente y friísimo, al grado que sus hijos bromean socarronamente, y en son de gracejo dicen que en Potosí no hay más que dos estaciones, el invierno y la
del ferrocarril. Su aspecto general es triste, melancólico, solitario; su edificación, sus calles, en su gran mayoría, colgadas y además estrechas, sucias y desparejas. Siéntese al recorrerlas, la asfixia del soroche que obliga a detenerse con frecuencia para poder seguir caminando. Basta decir, para formarse una idea cabal de esto, que si un predicador no se percata y quiere, de un
tirón, desde la sacristía llegar hasta el púlpito, tiene que des-
cansar arriba antes de empe-
zar, de lo contrario la agita-
ción y asfixia no le dejan pro-
Potosí — Calle Bolívar nunciar palabra; su predicación misma ha de ser pausada y tranquila; los arranques foosos de oratoria, no resultan.
La indumentaria rara, extravagante, chillona y desaseada del elemento popular indícena que compone la gran mayoría de la población, tiene un sello característico que, unido al tipo genuino del indio, choca y hiere desapaciblemente la vista del recién llegado, y tráele marcadas remembranzas de los barrios árabes de oriente. Pero, qué cuadros, por otro lado, de cos-
tumbres regicuales tan fecun-
dos para la inspiración de un India con su hijo
artista. Al contemplarlos de paso por las ruas, y sobre todo en el mercado y hotel de los agachados (1) sentía no ser maestro de la paleta. Qué manchas de color tan típicas y originales. Y qué sombras... qué sombras, sobre todo... que... combinadas con maestría y arte, con la luz que mo falta, darían la sensación acabada del medio.
El pueblo es muy religioso; respeta y venera profundamente a sus Tatayes. El Tatay Obispo casi no puede dar un paso sin detenerse. Todos ansían besarle la esposa. Menos mal... hay así una excusa discreta para tomar alientos y defenderse contra el malhadado soroche.
Para el potosino no existe pueblo superior al suyo. Le domina y avasalla un regionalismo crudo, montañés, álgido y un apego tan extraordinario a sus lares rocosos y fríos que de arrancarlo con violencia, sucumbiría de murriña y de nostalgia, y hasta sentiría soroche a nivel mismo del mar. Ya sabéis, los que por allí llegáreis; al potosino elogiadle mucho sus casos y sus cosas; ponderadle, enaltecedle sns hombres, sus monumentos, su historia, su cerro, su cultura y adelanto, y hasta sus flores... que con prolijos cuidados de invernáculo logran obtener a veces, y os habréis eranjeado su cariño, su simpatía y amor; de lo contrario, ¡guay! liad pronto vuestros petates, y, pies para que os quiero...
Por lo demás ya tienen títulos sobrados para enorenllecerse los potosinos. De Potosí partió la primera chispa de libertad en América, con el pronunciamiento el 15 de mayo de 1617 de Alonzo Ibáñez—elorificado hoy con un pequeño, pero hermoso monumento—que pagó econ su cabeza el erimen de haber alucinado a los incautos, ofreciéndoles la emancipación de las colonias, como rezaba la sentencia, dada por el Justicia Mayor de la Villa, don Pedro de Ibarra. El diputado potosino Pbro. Dr. D. Manuel Martín Cruz fué el padrino de Bolivia. al exclamar en el Congreso del año 1825 en que se constituyó nación soberana: De Rómulo, Roma. De Bolívar, Bolivia. En
(1) Cocina popular, donde sentado en el suelo, come el pobre, por bocos centavos su... olla podrida.
ME y
Potosí, según dicen, se meció la cuna de nuestro benemérito don Cornelio Saavedra, Presidente que fué de la Primera Junta de Mayo, y de tantos otros ilustres hombres públicos bolivianos que fuera prolijo enumerar. Basta recordar lo que eseribió en 1910 el potosino don Macedonio Araujo: “Potosí, dice, por su edad, por su historia, por sus glorias, por sus riquezas, por sus hombres, pudo haber sido como París (!!) en Europa, o siquiera como esta eran Buenos Aires en América. (111) y si no ha participado aún de la ley del progreso en general por motivo que nos duele explicar la razón... corresponde a las generaciones presente y futura, velar por los intereses generales del país, proclamando la unión, difundiendo la instrucción en todos los ámbitos del territorio... estableciendo el inmediato trabajo del ferrocarril de Tupiza a La Quiaca, con el fin de conseguir la inmieración, el capital, la ciencia y los útiles necesarios, principales factores para el resurgimiento de Potosí, país de tantas glorias y de tan mala suerte hoy que nada tiene y que todo le falta””.
Por lo que hace a sus templos, el primero y principal sin discusión aleuna, aunque relativamente moderno, pues, fué concluído a principios del sielo xx en su espléndida Matriz, de tres naves, lo mejor de lo mejor que he visto en Bolivia, de fachada de piedra, solemne, sencilla, sobria, con grupos de esbeltas columnas en su interior, coronadas por artísticos capiteles dorados de eran efecto y valor.
Adornan sus paredes cuatro enormes altorrelieves oOvalados que representan la Cireuncisión, la Adoración de los Reyes, Santiago Apóstol y la Conversión de San Pablo. Me aseguraron ser tallados en piedra, pues, yo, por la elevación en que están colocados no pude apreciar este detalle; lo cierto es que son hermosos y de gran mérito.
Tiene esta iglesia, además de un riquísimo juego de candeleros de bronce, como de un metro de altura, exornados en
la parte baja con el escudo boliviano, en altorrelieve, y unas andas con su templete de plata y otros objetos de culto, dos cosas que llaman extraordinariamente la atención: una riquísima custodia cuyo sol es un verdadero sol de oro, cuajado de perlas, brillantes y otras piedras preciosas que valen un Potosí, y el sagrario del altar mayor, una joya de orfebrería antigua, toda de plata, con columnitas, estatuas de santos y ángeles, capiteles y adornos afiligranados, obra como las anteriores de los renombrados plateros potosinos. Aun hoy día, los modernos, no han perdido del todo la maestría de sus antepasados, y son célebres, entre otras cosas, los jueguitos mieroscópicos de té, trabajados en plata, que se merean con tanta avidez, dos veces al año, en las ferias o fiestas llamadas alacitas al igual de aquellos otros muñequitos del tamaño de un mosquito, trabajados en hilo por las indias, con una perfección de detalles admirable.
La iglesia de Jerusalén, no se distingue por su portada de piedra, apenas regular, ni por sus muchos y erandes cuadros al óleo, de mérito relativo, que cubren sus paredes, sino por el retablo del altar mayor con hermosas columnas salomó-
nicas, por el arco superpuesto de la bóveda que lo cobija, y y por el púlpito, todo primorosamente tallado y dorado. Diz que todo el maderamen del techo fué llevado desde el Tuecumán a lomo de indio. En cambio y como espécimen de tallado en piedra, no tiene rival en Potosí, la soberbia fachada del templo de San Lorenzo, verdadero encaje trabajado a punta de cincel. ¡Cómo goza el espíritu con esta clase de obras que
Portada de la Iglesia de San Lorenzo
A para nosotros resultan peregrinas y que tan comunes son en el Alto y Bajo Perú.
Los muchos lienzos antiguos, algunos no despreciables por cierto, las estatuas en madera y los retablos con altorrelieves, no llaman tanto la atención como un pequeño nicho, el púlpito y una regia tribuna o balcón, todo dorado, que corre en toda su extensión y por ambos lados de la única nave que tiene la antiquísima iglesia de San Martín.
Es todo aquello un magnífico encaje de madera, desgraciadamente muy deteriorado, mal tenido y casi en ruina. Le faltan ya muchos adornos y motivos, y otros cuelean desprendidos de su sitio, resecos, lastimados y cubiertos de una capa de polvo, sin que haya madie, al parecer, quien se apiade de aquel tesoro, ni mucho menos que sea capaz de restaurarlo. Entre los setenta cuadros al óleo y los setenta medallones decorativos de flores que lo adornan y que corren suerte idéntica ala de los tallados, sobresale un pequeño y artístico San Jerónimo, sobre acero que, con otros cuadritos del mismo tamaño adornan el púlpito.
Al visitar el convento de San Francisco que data de fines del sielo xv1, tuve cportunidad de ver también su espacioso templo de tres naves, con enormes pilastras y arcos de sillería, que dan la sensación de pesadez, al mismo tiempo que de indestruectibilidad, tan propia de las obras antiguas. Aquí venérase un gran señor erucificado, en madera, que, con el nombre de señor de la Vera Cruz, es la efigie más célebre y que más culto recibe de los católicos potosinos.
Hay muchos otros templos en la clásica Villa Imperial, pero o no tienen mayor importancia, o están convertidos en un montón de ruinas, o lo que es mil veces peor, enteramente profanados y sirviendo de locales de diversión mundana. De las familias religiosas de hombres, sólo quedan los humildes hijos de San Francisco, trabajando al lado del clero secular y de las hermanas hijas de Santa Ana que regentan un coleelo, hospital, un hospicio de ancianos y otro de huérfanos y ayudados todos por las oraciones de antiguas monjas claus-
po A
tradas, Carmelitas y Agustinas, alias monasterio de Remedios, de Santa Mónica, que datan del año 1682. De los religiosos de San Juan de Dios, jesuítas, domínicos, mercedarios, belemitas, agustinos y benedictinos, sólo se conservan los nombres y las huellas de su paso. Ojalá sus casas y sus templos hubieran corrido también su suerte, o-acompañádoles en su éxodo. No se vería ni tanta tristeza y desolación, que trae a la memoria el abandono y desnudez de la ínclita hija de Sión, tan llorada por el profeta de los trenos. Y si no, véase el siguiente cuadro: San Juan de Dios: la ielesia funciona aún, el claustro convertido en hospital.
San Benito: aun se conserva este templo, llamado también de los españoles, pero nada queda del convento de los padres benedictinos.
La Merced: el templo sirve todavía para el culto, y el convento para vivienda de personas particulares.
San Agustín: la mitad de la iglesia en uso, la otra presta local, con autorización eclesiástica, para el Círeulo de Obreros, pero los elaustros sirven de moradas particulares a no pocas familias.
Sto. Domingo: la iglesia destinada todavía para el culto, pero el claustro convertido en cárcel de hombres y muje res.
La iglesia de los jesuitas, trocada en Ska-tin-Rin (1!) y de la casa, parte convertida en cuartel y parte en escuela particular, siendo de advertir que el templo hoy profanado es en su conjunto el monumento más precioso tallado en piedra que se encuentra en Potosí y su toTorre de la Compañía de Jesús rre con veinticuatro colum-
nas salomónicas y encajes fileteados de piedra es una obra de arte preciosísima.
Betlemitas: el claustro convertido en el Colegio Nacional Pichincha, y el templo en teatro municipal. El presbiterio sirve de proscenio, el coro alto de palco principal. Entre los pilares, que son de piedra labrada, han construído los paleos comunes, y el centro lo ocupa la platea. La portada es de piedra labrada desde la base hasta su coronación, por el estilo de la de San Lorenzo, si bien no tan hermosa y artística como aquélla.
¿No es verdad que todo esto, tanto como una profanación, es una torpeza sin nombre y un pecado contra el arte? Así es en efecto; pero... lo hicieron los padres o padrastos de la patria y ellos tenían las llaves del cielo para decir y hacer lo que les plugo.
Entre otras cosas dignas de visitarse están las 14 gisantescas lagunas que surten de agua a la ciudad y a los ingenios y la célebre casa de la Moneda. Aquéllas, a las que no me atreví a llegar por la altura en que se encuentran, en los cordones más elevados de las montañas vecinas, son obras poderosas de arte y de esfuerzo hechas en 1576. Una de ellas reventó en 1626 y fué tal el torrente de aeua que inundó la ciudad que perecieron cuatro mil habitantes, y quedaron arrasados veinte ingenios, cincuenta y ocho manzanas de edificios de españoles y cincuenta y dos de indios, perdiéndose, como es claro, muchos millones de pesos. La Casa de la Moneda, creada juntamente con la de Méjico y la de Santa Fe en el Nuevo Reino de Granada, por Real Orden de 11 de mayo de 1555, es una enorme, pesadísima construcción de dos pisos, con sus vetustas galerías coloniales, su magnífica portada y blasón heráldico de piedra, cerrada con macizo portón de madera, exornado de grandes clavos de remache, erifos y monstruosa aldaba de bronce ostentando el escudo de Bolivia, todo laborado a oolpes recios de martillo.
En uno de los dos espaciosísimos patios cuadrados que tiene, vese aún el característico reloj solar de la época. Veinte
años duró la construeción del edificio, y va ya para los once (1.” enero de 1909) que no se acuña moneda. Sin embargo los millones que han crujido bajo sus troqueles, por lo que respecta a este solo mineral de Potosí, puede ascender, según el cálculo que hace Don Vicente Ballivián en su Archivo Boliviano, a la suma fabulosa de 3.631.128.362 pesos fuertes.
Al visitarlo, se eree uno trasportado a plena edad media. Las toscas escaleras que conducen a cuartos misteriosos, a sótanos oscuros y lóbregos, el maderamen de los techos, las vigas pieantes, los enormes cuadrados postes de madera rústica, trasportados desde las provincias del Tucumán, diaguitas y juríes, a lomo de indio, y todavía intactos, como si los siglos en vez de morderlos y deteriorarlos los hubiera petrificado, los cuños y troqueles antiguos que de entre la basura de pesebres y corralones pudieron recogerse y salvarse, la tosca, primitiva maquinaria de madera, sustituída en 1869 por la segunda a vapor que de Norte América hizo venir Mel-
Portada de la Casa dela Moneda garejo, reemplazada más tarde
por otra más moderna que simplificaba el trabajo de acuñación, los prolijos pereaminos y libros de contaduría, de contratos y pagos de jornales, los mamotretos y líos de documentación histórica que aun queda, al lado de vetustos, empolvados lienzos de figuras amaneradas, hieráticas pero que cuentan historias de reyes, y todo este enorme material de objetos y trastos viejos esparcidos y como perdidos en este inmenso caserón destartalado y sucio que evoca siglos y generaciones que fueron, repercute tan hondamente en el espíritu, que se siente el frío aletazo del tiempo y entran como
EA ATREA
estremecimientos de miedo y ansias de escapar cuanto antes.
Los potosinos de enjundia que en visita nocturna se atrevan a recorrer aquellos antros siniestros, aquellos elausiros solitarios, sabrán o nó decir sí también por allí crujen puertas y botas de férreos tacones y vagan fantasmas y se oyen ruídos misteriosos de cadenas, si suspiros y largos quejidos de almas en pena, o se dejan caer de los techos piernas y brazos humanos con aquel terrible ““caeré o no caeré?? que nos helaba de espanto allá en nuestros años infantiles. Pero a fe que, haya o no haya algo de esto, ya tienen en ese caserón vacío y tétrico ambiente propicio y perenne manantial de inspiración para sus entretenidos cuentos y donosas o espeluznantes tradiciones.
¿Y qué fué, qué es al fin del mentado cerro de Potosi? ¿Es un pobrete sin crédito y vive ya sólo de su fama, contento con haber pasado a la leyenda, o cuenta aún reales y cuartos en su vieja oxidada petaca? ¡Vaya si los cuenta! Más de cuatro mil mineros viven todavía en sus metálicas entrañas y de suponer es, que no será ien balde.
Pasó ya aquel tiempo, es verdad, en que según cuentan las crónicas, el indio Diego Huallpa, el verdadero descubridor de la primera ruta del Cerro de Potosí, apacentando sus llamas por aquel sitio, encendiera fuego para ampararse del
“*que derretido el poderoso metal con
frío, y vió al amanecer el fuego, había corrido en hilos de plata... de lo que cerciorado don Diego Villarroel, minero de Poreo, comprobó personalmente el descubrimiento, e hizo registrar la mina con el nombre de Descubridora o Centeno. Y a buen seguro que tampoco no volverán aquellos benditos días en los que el turco Emir-Sigala, conocido con el supuesto nombre de capitán Zapata, volvióse, en corto espacio de tiempo, a su tierra, dueño de dos millones de pesos, y llesó a ser más tarde virrey de Argel y almirante de las escuadras otomanas; ni mucho menos aquellos otros de don Antonio López de Quiroga, alias Quiroz.
— UN
tan bueno y rancio católico, como poderoso archimillonario, de quien el pueblo, por su honradez acrisolada y grandes caridades que hacía, solía decir: Después de Dios, la Casa de Quiroz, y que pasó como lema de su escudo nobiliario. Don Modesto Omiste en sus Crónicas Potosinas escribió lo siguiente de su sola mina Cotamito: '“La poderosa y antigua labor de Cotamito, cuyo solo desagie costó millón y medio de pesos, retribuyó liberalmente los esfuerzos de sus infatigables propietarios Quiroga (Don Antonio López de) Ortega y Gambarte en 1707, produciendo ricos metales de plata blanca y plomo ronco, en tal abundancia, que en el espacio de siete años, se registraron por el valor de sesenta millones, sin contar con las exportaciones clandestinas y las cantidades empleadas en la construeción de bajilla y útiles de servicio doméstico, de que tanto eustaban los ricos mineros de aquellos tiempos””.
“Setenta y seis años antes, es decir, en 1651, se habían hecho célebres por el poderío de sus riquezas, y la pureza de sus metales, la va nombrada labor, Cotamito, lo mismo que la Centeno, Pampa-Oruro, La Emperatriz, Polo-Grande, Amoladera y otras más, que rindieron al rey de España hasta entonces, en 107 años por razón del impuesto llamado quinto, la enorme suma de tres mal doscientos cuarenta millones de pesos fuertes...”
Esos dichosos tiempos, seguramente, como las golondrinas becquerianas, no volverán... pero el codiciado metal del Cerr> no se ha agotado aún. Huroneado en todas direcciones, y mostrando sus más de cinco mil boca-minas que lo convierten en un verdadero arnero de forma cónica, que se mantiene en pie, Dios sabe cómo, guarda todavía riquezas suficientes para aguijonear la codicia de mo pocos y excitar el interés, el aur sacra fames, de los más. ,
No carecen de interés los siguientes datos que me daba monseñor Garret, vicario foráneo de Potosí, joven sacerdote ehuquisaqueño, de relevantes prendas personales, acerea del modo de ser y vida que llevan los pobres mineros del Cerro. Son, me decía, buenos, religiosos y amantes del orden. Saben,
eso sí, hacerse respetar, cuando se presenta el caso y se les provoca en sus creencias o se les coarta su libertad. En las diferencias que tienen con sus patrones—que dicho sea en honor de la verdad jamás les explotan—acuden al Tatay para que se las arregle. Los patrones se valen también del bondadoso Tatay para obtener de ellos lo que creen justo; y así no hay nunca peligro de huelgas en las que el obrero lleva siempre la peor parte. Cada mina tiene en su interior su altarcito— esto es algo sacramental en la vida del minero-—con su santo Cristo, y hasta cada sección de una misma mina lo preside el Señor, a quien hacen sus promesas y se encomiendan de corazón, convencidos profundamente de que ellos más que los otros están en manos de Dios y que no tienen un minuto seguro en aquellos antros de infierno; saben que han entrado al principiar la semana, pero iencran si al fin de la misma volverán a ver la luz del día o quedarán sepultados en aquellos abismos sin fondo.
Una vez al año hacen colecta, para mandar celebrar
oficialmente, diremos, una serie de misas cantadas, sin perjuicio de las particulares que encarga cada uno.
El Tatay tiene en ellos sus mejores cooperadores para dar brillo a las grandes festividades o manifestaciones de orden social católico que se hacen, como ser el Corpus, la recepción del Arzobispo o Internuncio, ete. El Corpus Christi sobre todo lo celebran con pompa y esplendor extraordinario. Los que no pueden bajar del Cerro, salen a la boca-mina a la hora de la elevación de la hostia en la misa cantada, haciendo idéntica cosa, durante todo el Octavario, por la tarde, para recibir la ben- nato sao to sil
AA y
dición que se da con el Santísimo. Al efecto el Preste imparte una bendición especial en dirección del cerro, donde sabe, que al darse la señal con la campana hay multitud de almas buenas, postradas de hinojos para recibirla. Fué para ellos una verdadera fiesta la visita que les hizo meses pasados el Excmo. Señor Internuncio Monseñor Caroli, quien se dignó también celebrarles, en la región de las minas, el Santo Sacrificio de la Misa.
Cuatro años a esta parte, los concejales, o munícipes, invadiendo ajenas atribuciones, dieron una ordenanza prohibiendo los responsos en la iglesia. Los mineros al saberlo, bajaron del cerro en número de dos mil, hicieron explotar varias bombas de dinamita que quebraron los vidrios, apedrearon el palacio donde aquellos estaban reunidos y metiéndose dentro les forzaron a dejar sin efecto la ordenanza de marras. En otra ocasión, mientras en el día de Corpus, levantaban y arreelaban ellos mismos los altares en la plaza para la procesión —como acostumbran hacerlo siempre—fueron interrumpidos en la tarea por agentes policiales que, por orden superior, les
| prohibían continuar, no sé por qué motivos. Tristes y cabizbajos presentáronse en la sacristía a avisar al papá — como de lo que ocurría y preguntarle
ellos dicen, más comúnmente qué debían hacer. Pues, haceros respetar, les contestó y hacer | respetar al Rey de los cielos. Entonces, papá, nos autoriza, | replicaron éstos. Haceos respetar, os he dicho, ya sabéis lo que esto significa. Y sin más, como soldados de línea que recibieran la con- | siena, volvieron y continuaron su tarea como si tal cosa. Y los soldados bien se guardaron de molestarlos nuevamente. Por lo demás, aunque la vida del minero es tan sacrificada Il y dura, no están mal retribuídos; ganan los grandes, según | sus aptitudes de 200 hasta 400 pesos semanales, y hasta 30 | los chicos, pero viven al día; el espíritu de ahorro no se co- | noce. Al salir los domingos de aquellos antros tenebrosos y volver al hogar querido, pagan primero religiosamente sus deudas y compran luego todo lo que se les presenta, sin negar
nada a sus hijitos y mujer. ¿Para qué guardar? Viven plenamente convencidos que no vivirán más de 30 años, que es el máximun que duran. Pobres mineros. Pero nada tan tierno y patético como el adiós que se dan, unos a otros, al entrar a la mina. Cada semana, se despiden con frases y cantos tan tristes y melancólicos, como si fuera la última vez y no hubie- “an de volver a ver la luz del sol; y hasta se acusan pública y mutuamente de no haber guardado bien los mandamientos, pidiéndose perdón de los malos ejemplos dados o agravios hechos y rogando al Señor les ayude y proteja, como ellos dicen, por aquellas sendas de tinieblas, por los caminos de la muerte...
Todo un poema de fe y humildad cristianas de esas almas sencillas que poetizan sin saberlo muy más hondo y virilmente que vates de profesión.
CAPRINOS
Una mañanita...potosina. — Indios comunarios en huelga. — La acción bienhechora del “Tatay?? y sus detractores. — Intensas emociones en la célebre cuesta de la Tanana. — Soberbio puente sobre el Pilcomayo. — Yatala. — Monseñor Arrién, arzobispo de Charcas.
Espareidos por las torres y tejados, aparecían aún en esa mañana del 7 de septiembre, como bandas dispersas de palomitas de la virgen, o lengiietas de blancos turrones, los últimos restos de la nevasón de la antevíspera.
La distancia que separa a Potosí de Sucre, es relativamente corta, quince leguas en línea recta, pero cuarenta, de hecho, por las innumerables vueltas del camino. A las 7 de la mañana echamos a andar por esas cumbres heladas en un auto marca Waite de sesenta caballos de fuerza.
Una cosa es contar, otra era sentir el frío siberiano que nos penetró hasta los tuétanos en las primeras horas de esa mañanita de triste recordación. Semejábamos lapones, cubiertos hasta la coronilla con chalinas, bufandas y mantas de viaje que, apenas si nos dejaban libres los ojos, para llorar, más que para ver. Pero ni con ésas. Y en tal catadura y librados a la destreza de un chauffeur yanqui, fuimos dejando atrás caseríos y poblachos miserables, los baños sulfurosos de Don Diego, indicados contra el reumatismo, el pueblito de Betanzos a donde llegan ya los rieles del ferrocarril en construcción que ha de unir, dentro de aleunos años más, Potosí a Suere, y atravesamos el cauce seco del río Chaquimayo, divisando a la
derecha la ranchería de los indios Chaquis que, según se me
dijo, audaban alzados en esos días. en son de protesta por no dejarse arrebatar las míseras parcelas de tierra que aun les quedan y que, por lo visto, excitan la codicia de los que más poseen. ¡Qué pena, pobrecitos!
El indio es siempre el paria en su propia tierra, la bestia de carga de los blancos y mestizos y la apetitosa presa del más pudiente. ¡Qué sería de él, si el Tatay no le defendiese y ayudase!
¿Por qué los encargados de velar por el bien público no le protegen y amparan contra la opresión de los unos, la rapacidad de los otros, y hasta contra los que amparándose en la ley, esgrimen el arma de la expropiación, comodín harto o'astado ya, para dejar, a nombre de la leealidad, econ las manos limpias, a tanto desdichado? Eso sería inspirarse en un alto ideal de humanidad y de justicia. Aleuien conocedor de todo lo que pasaba, y compañero de viaje, nos aseguraba que, cuando tales alzamientos ocurrían, el único que eficazmente podía intervenir era el Tatay, al que oyen, respetan y veneran, si no siempre, algunas veces, por lo menos, esos pobres indígenas que, como jgnorantes y agraviados, son también tercos y cabezudos.
Fácil cosa es hacer literatura por la prensa o el librejo barato, como hemos podido comprobar, contra el cura aprovechador y retrógrado que los tiene sumidos en la ienorancia para explotarlos a su talante. Ojalá los celosos escribidores y comedidos declamadores y hasta las leyes mismas, no fueran obstáculo, y no el menor a veces, para la acción doblemente regeneradora de esos modestos y abnegados servidores de la sociedad y de la patria, tanto como de Dios y de la ielesia. Que algunos fallan y dan mal ejemplo, es muy de sentirlo por cierto, pero ¿y cuántos ángeles se cuentan en el número sin número de sus adversarios y detractores? ¿Qué hicieron en el curso de los siglos y qué hacen hoy en bien de aquéllos ? Arrebatarles lo poco y nada que les queda, sumirlos en la abyección, quitarles las pocas pero fundamentales nociones
que acerca de Dios y de la moral lograron arraigar en sus
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mentes obtusas, e ir preparando en los hijos de sus nietos, que alcanzaron a salvar del exterminio de la gleba y del alcohol, al que constantemente los precipitan, a los que han de ser los airados vengadores de sus padres, las huestes feroces de la civilización sin Dios que están ya haciendo temblar, con sus Zarpazos de fiera, al universo mundo.
Fuera prolijo esbozar siquiera las incidencias mil, los paisajes y vistas panorámicas de grandiosidad, salvaje de aquel trayecto, áspero y fragoso, como pocos, que hicimos en doce horas y que guarda eran parecido al de Río Mulatos a Potosí.
Hay empero un paso terriblemente impresionante y cuyo recuerdo se grava en la memoria para no borrarse nunca, la célebre cuesta de la Tanana, larga, estrecha, caracoleada y pendiente, capaz de poner miedo en el pecho más esforzado, máxime cuando se lleva por chauffeur a un yanqui sin alma, o mejor con alma de corcho, quien en los puntos más peligrosos y críticos, impávido y frío, volvía la cara atrás y miraba sonriendo como un otario, o un taimado, la impresión de angustioso sobresalto y de cadavérica palidez que se dibujaba en cel rostro de los seis condenados a muerte que allí íbamos. I:a verdad que es aleo espeluznante eso de lanzarse a un fondo sin fondo, a las fauces de un abismo de, vueltas y recodos interminables, con precipicios y curvas tan cerradas que marean y espantan, sobre todo cuando se ha llegado al Balcón, punto culminante y desfiladero trabajado a cal y canto que, apenas si da paso al automóvil, cresta empinada, escueta y formidable, casi a plomo sobre un abismo, que instintivamente fuerza a cerrar los ojos, o mejor, a abrirlos con espanto, para medir la trayectoria que reduciría a menudo polvo al infeliz viajante “que escapara por la tangente. La altura de esta cuesta no puede bajar de 800 metros; abajo, allá en el fondo, árboles gigantescos, a guisa de puntitos verdes, apenas visibles, manchando el. extenso lienzo del cauce de un río seco en la mayor parte del año, e ireuiéndose al frente otra monstruosa colosal montaña, envuelta en erisáceas azulinas tonalidades, por
cuyos desfiladeros zigzagean los trazos de la otra cuesta, llamada de la catorce vueltas, que recorrimos también, si no tan colgada y bravía acaso no menos peligrosa que la de Tanana.
La travesía del caudaloso Pileomayo reserva luego una sorpresa grata: un magnífico puente colgante de 280 metros de largo, con pórticos y torreones almenados de una y otra parte, por el estilo de los castillos feudales, toda en fin una eran obra de ingeniería que jamás sueña uno encontrar por aquellas alturas, contrastando visiblemente la obra del hombre con la de la naturaleza en aquellos parajes solitarios.
Tres leguas antes de llegar a Sucre está el pobre pero simpático pueblito de Yotala, rebosante de vegetación, lugar preferido para veranear de las distineuidas familias chuquisaqueñas. Desde allí el camino, pasando por el principado de la Glorieta y la Florida, bordea las sinuosidades de una quebrada bastante pintoresca, por la verde cinta de arbolado que las acompaña hasta llegar a Sucre.
Nunca agradeceré lo bastante al Tltmo. y Rvmo. señor Arzobispo Monseñor Víctor Arrién que se hubiese dienado salir a mi encuentro a una larga distancia de la capital, no obstante el cansancio de las solemnes vísperas cantadas esa tarde en ia catedral en honor de la Sma. Virgen de Guadalupe, Patrona principal de Sucre, cuya fiesta celebrábase al día siguiente. En su auto, pues, entré a la antigua y famosa Charcas.
CAPÍTULO VE
Objetivos de mi viaje. — Fundación de Chuquisaca.—La Real Audiencia de Charcas, su jurisdicción y principales atribuciones. — Un testamento original. — El Arzobispado de Charcas. — La Universidad de San Francisco Javier. — Los Carolinos. — Parodiando «a Rioja. — Aristocracia boliviana. — Clima de Sucre. — Su edificación y aspecto.
Potosí, Suere, Cuzco y Lima, eran los objetivos primordiales de mi viaje que me atraían con fuerza irresistible. Sabía lo que fueron, anhelaba conocer lo que eran y guardaban de su antigua erandeza, de su historia y de sus blasones. Las transformaciones operadas por erandes que ellas fueran, no habrían borrado las huellas luminosas del pasado, aventando al viento del olvido las reliquias artísticas, los monumentos coloniales o incásicos, las tradiciones de cultura superior que inmortalizaron el nombre de aleunas de ellas.
Chuquisaca, La Plata, Charcas, hoy Sucre, fundada en 1538 por el marqués de Campo Redondo D. Pedro Anzures, de orden de Francisco Pizarro, en la ranchería de Charcas, Sede 'del Obispado (1) y luego Arzobispado (2) de La Plata, asiento de la Real Audiencia de Charcas (3), de jurisdicción vastísima y de la Real y pontificia Universidad Mayor de San Francisco Javier (4), una de las más célebres del continente americano, tiene a la verdad títulos más que suficientes para
) Se erigió el Obispado por Bula de Julio 111 de 5 de Julio de 1552, ) Bula de Paulo V de 20 de Julio de 1609, ) Fundada por Cédula de 18 de Septiembre de 1559, fechada en
Valladolid.
(4) Bula de Gregorio XV de 8 de Agosto de 1621 y Real Cédula de 22 de Febrero de 1622; pero solo, en 1623 comenzó a funcionar la Universidad.
interesar y despertar la curiosidad de cuantos conocen su historia y saben que durante siglos fué el centro más selecto de cultura y sociabilidad alto peruanas, do los hábitos de señorío y distinción eran naturales y congénitos a su aristoerática. familia, y cuna a la vez, por su claustro universitario, sus doctores y letrados, de las ideas de libertad y de democracia que más tarde habían de influir, más que las armas, en la emancipación americana.
La mayor parte de la vastísima zona, conocida en la antieiiedad, con el nombre de Charcas, con su principal caserío Chuquisaca (puente de oro) fué incorporada en 1250, por el inca Rocca, al imperio de Tahuantisuyo, pasando, después de la conquista española, a ser encomienda de Gonzalo Pizarol (Els)
Fué después del completo sometimiento de los Charcas y de la capitulación del valiente Tituw cuando Francisco Pizarro envió a Anzures para que en la ranchería de Chuqui-Chaca fundara una ciudad, nombrándole 4 la vez su Luearteniente y Gobernador.
La fundación de la Real Audiencia de Charcas en 1559 vino a normalizar la situación de la ciudad que, gobernada en los primeros años bajo un régimen esencialmente militar, pasó por un período de turbulencias suscitadas por la ambi-
ción de los caudillos.
Conocida es la vastísima jurisdicción de este tribunal que abarcaba todo lo que hoy es Bolivia, Argentina, Paraguay y Urueuay aun hasta después de la creación del Virreynato de Buenos Aires en 1776, y que vino a cesar sólo en 1810, con el levantamiento de las colonias españolas.
El escritor Brusen de la Martiniere (1740) dice: “Las Audiencias podían destituir o substituir a los virreyes y capitanes generales, se comunicaban directamente con el Rey; formaban planes de gobierno y administración. Estos tribunales estaban compuestos de letrados, obispos, alcaldes de
(1) Gobernábala en representación de éste que se encontraba en el Cuzco, el Capitán Diego de Rojas.
corte, honrados con el título de Alteza, siendo los oidores personas de talento y mérito que sostenían su ministerio con decoro. La Audiencia de Charcas tuvo especial fisonomía, tanto porque los oidores que la formaban hacían carrera para pasar a la de Lima, cuanto por la distancia a que ella funcionaba, así como la importancia de los litigios en que entendía, le dieron gran renombre... El Presidente tenía atribuciones peculiares y llevaba el título de Intendente y Capitán General de la ciudad de La Plata, el cual desde mediados del siglo xv, fué militar, teniendo su asesor. La justicia se administraba a nombre del Rey y con sujeción a las leyes de Indias y en su defecto a las de Castilla””.
Una plaza, pues, de oidor, era un bocado harto codiciado y apetitoso. Tal era el poder, influencia y prestigio de los oidores de la Real Audiencia y tan grande el acatamiento que el pueblo les rendía, que un piadoso vecino de La Plata (Chuquisaca) del siglo xvHr, tuvo la picaresca ocurrencia de dejar en su testamento la suma de mil duros “para que se comprase al Santísimo Sacramento un traje de oidor, con la explicación siguiente: “Lo hago porque he notado que a los oidores les guardan mucho acatamiento y nineuna a nuestro Ámo”” GC). La zumba era cruel y desapiadada, pero el chuseo se había puesto ya a buen reseuardo y no sería por cierto arrastrado al tribunal de la Audiencia.
Elevada más tarde la Sede de Charcas a la categoría de Arzobispado, del que eran sufragáneos los Obispados de La Paz, Santa Cruz de la Sierra, la Asunción del Paraguay, Tucumán, Buenos Aires, Santiago de Chile, la Imperial (hoy Concepción) todos desmembrados de la Sede Limeña y creada después la célebre Universidad de San Francisco Javier, por cuyos claustros pasaron Castelli, Moreno, Monteagudo, Aráoz, Passo, Gorritti y tantos otros, puede calcularse el prestigio y la fama de esa ciudad, llamada justamente la Atenas americana. Como vínculo de unión entre la Audiencia y la Univer-
(1) El Conquistador Francisco de Aguirre por el Pbro. Luis Silva Lezaeta. Nota de la pág. 206.
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sidad, existía también desde 1776 un centro literario-jurídico que, con el nombre de Academia Carolina, funcionaba bajo la dirección y dependencia de un oidor, y los auspicios y protección del Arzobispado, en cuyo palacio se reunía. Allí hacían estudios prácticos de jurisprudencia los que habían ya cursado los estudios universitarios y se preparaban para recibir los grados que les diesen ingreso al claustro de Doctores y que era a su turno, antecámara de la Audiencia. Y ese centro de Carolinas ““grupo de doctorcillos revoltosos””, según una frase ya célebre, fué como la cuna de la revolución. En él, a espaldas mismas del Arzobispo y del oidor, se fomentó y dió forma a la idea de emancipación en el Alto Perú, la que, en un momento dado y en unión con los libres del Sur, debía rastornar la existencia de todo el continente americano.
Por esto el doctor Luis Paz ha escrito: “Aquí están las erandes miliarias de la conquista y de la colonia, de la revolución y de la independencia con sus erandiosas epopeyas; la euerra civil con sus eclipses sombríos, con sus tempestades de barbarie; aquí se siente y se palpita todavía la unidad nacional en sus primeras potentes revelaciones; la organización nacional, las concepciones de los padres y fundadores de la patria... La emancipación americana desde mucho tiempo antes de aparecer realizada en un hecho consumado, fué preparada lentamente por las luces espzreidas por las congregaciones religiosas en sus establecimientos de enseñanza. Ha hecho más en nuestra emancipación política la ilustración que partió de la Universidad de San Francisco Javier que las armas que la consumaron, porque la ilustración hizo las armas que conquistaron la libertad y preparó los hombres dienos que habían de manejarlas??.
Se enardece el espíritu al rememorar las glorias pretéritas de esta urbe, mas al reflexionar sobre su estado actual, hay para llorar con el profeta de los Trenos y parodiando a Rioja, exclamar :
Estos, Fabio, ¡ay dolor! que ves asora Campos de soledad mustio collado Fueron un tiempo Charcas la famosa...
Capital definitiva de la República por ley del Congreso Constituyente del 12 de Julio de 1839, pasa hoy día por la singular humillación de su capitis diminutio al habérsele arre. batado su capitalía efectiva, con el traslado a La Paz del Poder Ejecutivo y Legislativo, y dejándole únicamente el
Judicial, como un retazo de neera toga, ya que no de púrpura, con que pueda cubrir por aleún tiempo más su desnudez y enjugar las lásrimas de su triste viudedad.
Cuando Bolivia se constituyó en nación independiente, su territorio abarcaba unos tres millones de kilómetros cuadrados; hoy después de los tratados celebrados con el Brasil. Chile, la Argentina, sólo tiene 1.568.241, con una población de casi dos millones de habitantes, de los cuales 658.000 son blancos, 614.000. mestizos, 725.000 indios y 3.000 neeros. De su población total, sólo 400.000 saben leer.
Claro está que la raza blanca es la directora de los destinos de la nación. Los que la componen son sveneralmente descendientes de los conquistadores españoles o inmierados de antiguos tiempos, cuyos ilustres apellido llevan, conservando en gran parte las costumbres y tradiciones hispánicas- eracias a la falta de comunicaciones y aislamiento en que han vivido. Son por lo general despiertos, inteligentes, generosos y hospitalarios, si bien algo desconfiados y retraídos. No se distineuen en el espíritu de iniciativa; todo lo esperan del Estado. Y si bien es este un defecto común en toda la América latina, aquí es más acentuado. La empleomanía parece estar tan arraleada como en los mejores tiempos del coloniaje.
Huelga decir que la aristocracia boliviana, reside, gene- 'almente hablando, en Sucre. Sus principales familias conser-
van ese sello de distinción y de cultura pero llano y sencillo, de verdadera cepa española, que fué también entre nosotros la característica otrora de los antieuos hogares de abolengo y que tiende a desaparecer absorbida por un formulismo exaeerado y cursi de la moderna sociedad. En muchas eudades de Bolivia los suerenses desempeñan los careos principales, acaso por su honorabilidad y preparación mayor.
El cielo de Sucre es limpio y diáfano; su clima suave y muy agradable, eozándose, al decir de los chuquisaqueños, de una primavera perpetua, pues, su temperatura media es de 15 erados, sin que pase de los 30 en verano, ni desciende a más de 2 bajo cero en invierno. Por eso se oye decir por ah, con sonrisa entre taimada y picaresca, que si el cielo se rompiera, sólo con un pedacito de Suere se remendará.
Sopla sin embareo sobre la ciudad perennemente un vientecillo noreste, llamado mojotorillo, colado y fino, muy aeradable y tonificante, pero un tantico traicionero y del que hay que percatarse, cubriéndose la boca para evitar los resfríos. Gatita al parecer inocente, sieila tras el terciopelo de su patita blanca, sus uñas afiladas.
No ha perdido aún esta ciudad su corte típico, su aspecto serio, silencioso y tranquilo de las urbes españolas. Predomina en ella la construcción de tipo genuinamente colonial, si bien no tan pronunciado como en Potosí. Las casas solariegas tienen amplios patios rodeados de galerías, de los que arrancan espaciosas escaleras, que llevan al piso alto, provisto también de anchos pero bajos corredores. Aleunas de éstas ostentan portadas talladas en piedra y coronadas por heráldicas inseripeiones y simbólicas figuras que acusan el título de nobleza de sus dueños primitivos. En su interior reina un confort relativo y hasta lujo en alfombrados, cortinajes y muebles antienos, reliquias de aristocrático aboleneo. Muchas, empero, llevan ya el sello moderno en su arreglo interior. La construcción privada por lo demás aunque sea moderna, es modesta y sencilla, sin aquella esbeltez y eracia de estilo que caracteriza a las urbes más adelantadas de otras naciones. De
sus familias distineuidas son muchas las que han viajado por Europa, no obstante la enorme distancia que las separa y los sacrificios que comporta un viaje semejante.
El aspecto de la ciudad, de radio relativamente estrecho (diez y seis cuadras por doce), sin ser bello es pintorese y
Sucre. — Vista general
eracioso, máxime si se tiene en cuenta que, después de atravesar mareantes precipicios y soledades inmensas, agrada y sorprende no poco dar con un apiñado caserío, de calles rectas, aunque no tan planas y limpias como fuera de desear, pero “inundadas de sol las diez horas que tarda el dios de los antiguos charcas en recorrer el espacio comprendido entre el límite horizontal del naciente y las cumbres del Malmisa, al occidente””. Casi rodeada como se encuentra de pequeñas montañas, da la sensación de una concha de bordes ondulados y salientes.
CAPÍTULO 1X
El arte es índice de una civilización adelantada. — ¿Incomprensibilidad o apatía? — La autoridad eclesiástica imposibilitada para emprender restauraciones artísticas. — Lo que debería hacer el Gobierno. — La Catedral, idea general. — Lo que antes era. — Su tesoro actual. — La Virgen de Guadalupe. — Pinturas de mérito que guarda. — La Virgen del Temblor. — Una Cruz histórica, anterior a la conquista. — La silla episcopal de piedra que: estalló en el momento mismo que moría Santo Toribio.
Bolivia no es aún terreno propicio para el arte. El arte y la literatura son productos de una civilización ya madura y adelantada; requieren su ambiente cultural, no despreciable, una vida espiritual y moral arraigada en las masas, o, por lo menos un mínimun de espiritualismo y cultura colectivos, no individuales, que sean estímulo a la vez que factor eficiente para que surjan los artistas y reflejen en sus obras con su propia individual inspiración, los sentimientos y aspiraciones del medio social en que viven. Y allí la cultura colectiva es todavía muy escasa, casi nula. Lo único que apasiona, aunque no escaseen los hombres preparados y de talento que saben apreciar el valor sociológico y altamente educador del arta son las luchas de partido, las luchas políticas y personalistas ; se trabaja con entusiasmo, ha dicho un boliviano ilustre, con ardor y a ratos, según la racha eleccionaria del momento, por el triunfo de las personas, de los caudillos, que pueden distribuir cargos y honores productivos, pero se deseuidan los grandes ideales, que vuelan deseraciadamente a raz de tierra, huér-
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fanos de adietos y parciales. Que por lo que a los del arte se refiere, sus cultores son aún más raros. ¡Quién se preocupa de lo que tan poca utilidad reporta!
Índice revelador de la carencia de ambiente artístico es, no sólo la pobreza monacal en este eénero de producciones que allí existe, sino también y sobre todo la inconciencia con que se ha procedido en las célebres ruinas de ZTiahuanacu, de los que más tarde hablaremos, devastadas a mansalva y llevadas a todas partes donde hay un museo europeo, sin que nadie se haya preocupado de salvar para la nación esos tesoros de antigúedad preineaica, no sabríamos si por incomprensibilidad estética o por dejadez y apatía, propias de la dominante sanere indígena, pero en uno y otro caso dieno de la crítica más severa, como que se han dejado perder los trazos más salien. tes, las huellas y manifestaciones artísticas más peculiares y acabadas de la raza.
Y si a todo se añade el estado de abandono en que se encuentran los monumentos artísticos del pasado colonial, que no son pocos ni despreciables, se tendrá una idea de la indiferencia e incuria existentes por todo lo que dice relación al arte, por todo lo que sienifica una conservación esmerada, una restauración urgentemente reclamada por esas hermosas reliquias artísticas que enriquecen aún las principales ciudades o pueblos de campaña de Bolivia.
Justo és empero hacer aquí una aclaración. Como casi todo el pasado artístico colonial, que aun se conserva, está en los templos, ielesias y capillas, pudiérase, prima facie, inculpar a la autoridad eclesiástica de este injustificable aletareamiento que ño acierta a restaurar y conservar, como se debe, “tantas riquezas que enorgullecerían a cualquier otra nación. Pero para ser ecuánimes y justos conviene saber que la lelesia boliviana, durante las luchas de la independencia y posteriores incontables revoluciones políticas ha sido despojada y devastada en todo y por todos.
El expolio fué casi completo en posesiones y bienes raices; sus principales edificios urbanos fueron incautados, sin que se
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perdonara a los mismos templos y conventos, muchos de los cuales pasaron a manos del gobierno o de personas particulares. Son contados los edificios construídos por la autoridad civil. Por lo general todas sus oficinas y reparticiones públicas están instaladas en antiguas propiedades eclesiásticas.
La plata y oro de los templos fueron entregados en su mayor parte para el sostenimiento de los ejércitos de la patria y del Rey, (1) según eran unos u otros los Jefes que se adelantaban a exigirlo; y si aleo se pudo salvar, fué redimido a costa de otras erogaciones pecuniarias (2) y de erandes sacrificios.
Consecuencia de todo esto es la situación verdaderamente mendicante en que hoy se encuentra la iglesia boliviana. Las autoridades eclesiásticas ardientemente desearían poner manos a la restauración y conservación de lo que, Dios sabe cómo, pudieron salvar de aquella vorágine asoladora, pero están sencillamente imposibilitadas, son impotentes para realizarlo por falta absoluta de medios. Tanto más que ni hay en Bolivia personas entendidas para emprender una restauración acertada de los riquísimos retablos y demás obras de arte deterioradas, cuando no en ruinas; y urgiría hacerlas venir de Europa, lo que, como es claro, importarían erogaciones que sólo el gobierno podría costearlas. Ojalá éste, inspirándose en ideales superiores, destinara algunos miles en el presupuesto anual, a este objeto, y habría levantado bien alto el nombre y prestigio de la nación.
(1) Diz que el general Goyeneche se apoderó de cien mil pesos que lograra reunir el Iltmo. San Alberto para mejoras y ensanche de la Catedral de Sucre.
(2) Y para que se vea que no hablamos a la ligera, léase la siguiente Nota en la que consta la ayuda que daba el Seminario y el préstamo que éste hacía a la lelesia Catedral para poder ésta satisfacer a las exigencias que se le hacían y que hemos hecho copiar exprofeso del “Libro en cue se sientan las partidas de todos los bienes, alhajas de oro y plata, ornamentos, y demás utensilios y muebles de la Capilla del Real Colegio Serminario de San Christobal de la ciudad de La Plata. Año de MDCCCVIIT” y que dice así:
“Nota: Que las ocho piezas, con peso de cuarenta y dos marcos de que habla el último capítulo de la nota de f 7 vta. se entregaron al Dr. Dn. Pedro Joaquín Britos quien las pidió cuando hacía de Rector, como lo exponen el Vice Rector Dr. Dn. Manuel Velásquez, el Dr. Dn. José Ignacio Mendoza y el Pasante Dn. José Manuel de la Caba; “le las que el actual Sor. Rector Dr. Dn. José Mariano Roncal solamente recogió siete
Y bien, podemos ya reseñar brevemente las diversas obras de arte que se conservan en la histórica ciudad de La Plata (Sucre), recorriendo sus diversos templos, ya «ne óstos son los únicos que abonan de su antigua grandeza, ni tiene tampoco otros monumentos que la recomienden de una manera especial a la consideración e interés del extranjero que la visita.
El tópico por lo demás, aunque ocasionado a repeticiones, resulta interesante y novedoso. Nadie, que sepamos, ni los mismos de la casa, lo han tratado ex profeso, extendiéndose en detalles que ilustren al turista y satisfagan la curiosidad de tantos amantes de antigiiedades artísticas. Estamos seguros que para los más, la sola enumeración de algunas de éstas, será una gratísima sorpresa y habremos contribuído, aunque en humilde escala, a hacer conocer de propios y de extraños, la faz, hoy por hoy, más simpática y atrayente de esta culta e histórica ciudad.
La Catedral, toda de piedra, de tres amplias naves abovedadas, con pilastras de marmolina y nervios de la bóveda do-
piezas con peso de veinte y tres marcos y seis onzas, que dicho Dr. Brito había dado a la panadera Da. Micaela Mariaca en Pago del pan, que en aquel tiempo suministró al Colegio, y cuyo importe de quinientos cuarenta y dos pesetas y cuatro reales satisfizo en dinero por su rescate. Estas siete piezas y las demás que se -desclavaron de las columnas y hases que se refieren en otra nota, todo con peso de noventa y cinco marcos y cuatro onzas y media, se dieron en calidad de empréstito a la Santa Iglesia Catedral por mano del Sor. Chantre Dr. Dn. Juan José Ortiz de Rosas, y el Fabriquero de ella Dn. Mariano Domingo de Gunucio, Diputados por el M. V. S. Deán y Cabildo bara el entero de dos mil marcos, que a solicitud del Sor. Mariscal dle Campo Dn. Miguel Tacon se entregaron en esa real casa de cuenta de dicha Santa Iglesia a quien hizo el Colegio el referido empréstito por evitar que se deshagan otras piezas útiles a su adorno.
Asimismo en virtud de oficio del M. V. Sor. Deán y Cabildo de 24 de Junio del precedente año consecuente a otro del Excmo. Sor. Gral. en Jefe Dn. Juab Ramírez de 13 del mismo dirigido a que se auxilie a las urgencias del Ejército con las alhajas de oro y plata de las Iglesias en calidad de empréstito, mandó dicho Sor. Rector sacar de la capilla de este referido Colegio las piezas siguientes: Las chapas de una anda de dos gradas, y su remate «le un Floripondio. Seis arcos de los nichos colaterales del altar mayor, seis cenefas pequeñas de los mismos nichos, seis candeleros o mariolas. Las chapas de dos atriles. Nueve láminas, cinco grandes y las demás pequeñas. Las cuales piezas tuvieron todas el peso de trescientos sesenta y seis marcos y cinco onzas, de los cuales se entregaron en las reales Casas de esta Ciudad trescientos diez y ocho marcos y una onza como consta del recibo de los Sres. Ministros de ella. La Plata, 5 de Agosto de 1816.
José Mariano Roncal, Dr. Manuel Velásquez, José Manuel de la Caba y Dr. Jenacio Mendoza”.
o a
rados (1) dos torres con 32 campanas, portada principal y lateral que da a la plaza, ambas talladas en piedra, dos espaciosas sacristías, eran sala Capitular y muchas otras dependencias, es sin duda aleuna, aunque pesado y poco esbelto, el principal monumento de Sucre.
En su interior, una reja de fierro de poca
altura divide las naves laterales de la central, indicando el local distinto para mujeres y varones.
Sucre -— La Iglesia Catedral
Sobre el altar mayor, a más del trono para el Santísimo, se alza un artístico templete de madera dorada, rematado por una cruz histórica, de la que ya haremos mérito, también de madera al natural, con rayos de plata y que guarda en el centro un lignum crucis y un Agnus Del.
Por detrás, ocupando el ábside del templo, se extiende la artística dorada sillería del coro de canónigos; y en medio, un enorme facistol ostenta vetustos libros corales en pergamino, exornados de viñetas.
Descendiendo por la nave lateral derecha hacia la puerta principal, se encuentra interceptado el paso en la última arcada. Es la Capilla de la Vireen de Guadalupe, Patrona de la ciudad, que prineipia allí y se alarga hasta la calle, tomando el espacio correspondiente del atrio, y muestra también ella una hermosa fachada en piedra tallada.
Otra de las capillas independientes de esta ielesia es la
(1) La última refacción interior (marmolina)> hecha ha pocos añez costó 12.000 pesos bolivianos
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de San Juan de Mata, vulgarmente llamado de Santo Rojas, por el apellido del canónigo que la mandó construir. Se guardan en ella las estatuas yacentes en cerco de San Clemente y de Santa Aquila, con los cuerpos inteeros de ambos santos; la manga del hábito de San Francisco Solano, una Santa Sábana o sudario tocada, al orieinal que
Interior de la Catedral
está en Turín, y entre muchas otras reliquias, una casulla de Santo Toribio, valiosísimo trabajo en seda, obsequio del mismo Santo a esta 1olesia catedral. Por una deferencia muy especial del Iltmo. Señor Arzobispo, Monseñor Arrién, tuve el consuelo y satisfaeción inmensa de celebrar la santa misa con esta casulla del eran Arzobispo de Lima y padre de la ielesia americana
“Fama de magnificencia, dice Monseñor Taborda (1; tuvo la ielesia metropolitana de La Plata, y con bastante justicia, Figuraos un templo espacioso de tres naves, cuyos muros cubren once retablos de la antigua forma española, todos forrados de plata desde la base al coronamiento. En solo la última decoración del altar mayor, el Arzobispo Cisneros gastó setenta mil duros, como consta de los documentos del Archivo del Cabildo. Las arañas eran también de plata, lo mismo que el púlpito y los ambones; la multitud de candelabros, blandones y demás objetos del servicio eran del mismo metal. Para que os forméis idea de esta riqueza, os diré que
(1) 'Un Capítulo de la Flistoria de la época celonial” por D. Miguel Santos Tabhorga.
los doce hacheros colocados ante el altar mayor, estaban labrados de mil seiscientos marcos. En el día apenas quedan cuatro de éstos. No había exageración en calcular en un millón el valor de todo ese rico metal. Apenas queda hoy la sombra de ese antiguo esplendor... Sin embargo la catedral de La Plata (hoy Sucre) tiene todavía bastantes títulos para presentarse en primera línea entre los templos de Bolivia. Basta para darle fama la hermosa imagen de Nuestra Señora de Guadalupe, cubierta de perlas y pedrerías, de modo que de la corona al pedestal viene a ser una sola joya”.
Y con quedar hoy sólo la sombra de ese antiguo esplendor, hay para dejar maravillado al viajero que la visita. Lo he hecho repetidas veces, dedicándole toda una mañana al examen detenido del tesoro. Dudo que ninguna otra catedral sudamericana la supere en los vestigios de grandeza y magnificencia colonial que guarda esta de Sucre.
Fuera prolijo y cansador dejar aquí constancia inventariada de los vasos sagrados y demás objetos de oro y plata y piedras preciosas de que es todavía rica esta iolesia catedral. Baste decir que los tiene en número y riqueza superiores a los de todas las otras catedrales que he visitado, sobresaliendo una soberbia, valiosa y artístic: custodia, varios cálices, incensarios, coronas y pectorales, cuajados, aleunos de estos objetos, de perlas y piedras preciosas que dejan en el espíritu una sensación extraordinaria, más acaso de lo que realmente es en la actualidad, de lo que fué, en otros tiempos, el tesoro de esta ilustre catedral.
Pero añadiremos una ligera idea siquiera acerea de la vene- 'ada imagen de Nuestra Señora de Guadalupe. Es una plancha
La Virgen de Guadalupe
de plata piña con sostén de madera tamaño natural, cara y manos esmaltadas, y vestido de aplicaciones de plata filieranada, toda ella materialmente llena de innumerables brillantes, diamantes, perlas, esmeraldas, ete., algunas notables por su tamaño y nitidez. La corona del Niño y cetro y corona de la Virgen son de oro. Diez años a esta parte se la enriqueció con una aureola y doce estrellas del mismo metal. El brillo de la pedrería y del oro deslumbra la vista, máxime cuando en la procesión es herida por los rayos solares, como pude contemplarla, al día siguiente de mi arribo a Suere. (31)
Algunos de los ternos antiguos, valiosísimos y artísticos que posee, están en relación con el esplendor y riqueza de sus vasos sagrados; lo mismo que aleunos muebles antiguos (pocos desgraciadamente), v. e. un gran armario (el compañero es propiedad del coleccionista suerense D. Arturo Urrulagoitia) una cruz de más de un metro de altura y dos baulitos, todos de la misma mano y estilo, de jacarandá enchapado en carey con inserustaciones de concha, que debieron haber sido de los
Jesuitas, pues, el armario lleva en el coronamiento las consabidas iniciales JHS.
(1Y Por tratarse del Drincipal Santuario de Sucr Guadalupe (la «spañola) a la que tanta devoción profesan sus habitantes todos, diremos algo de los solemnes cultos que se le tributan en aun se notan dejos marcados de costumbres coloni brase su fiesta el Y de Septiembre. El 6, con a istencia del Prelado o su Delegado, de! Tesorero del Cabildo y del Capellán, cada uno con su Have distinta para abrir su nicho, la bajan, limpian, arreglan y le colocan los nuevos donativos. En tiempos pasados dábanle serenata desde las 3 hasta las 5 a.m. hora en que se cantaba una misa en su honor. El 7 desde las 12 hasta las 2 p. m. no cesan los cantos populares acompañados de armonium y de arpas. 4 las 4 p. m. de ese mismo día, después de los Maitines viene el Prelado acompañado de su Ven. Cabildo Heco. y la trasladan procesionalmente a la Catedral, donde se cantan Vísperas Pontificales.
El 8 Misa Pontifical solemne con sermón y procesión después de la misa. Siguen hasta el 16 las misas cantadas por la mañana, y Salves solemnes con sermón y gran concurrencia de fieles por la noche.
El 17 terminada la misa, el Ven. Cabildo, Seminario y pueblo la res:- tituyen procesioralmente a su Capilla, comenzando al llegar, una misa solemne con sermán.
Desde el 18 al 26 inclusive se le hace un solemne novenario de misas cantadas, turnándose al efecto los señores canónigos. Desde las 12 1/2 hasta las 2 p. m. de esos mismos días, el pueblo que se apiña en su Capilla le canta sus coplas tradicionales en quechua y en castellano, acompañado de armonium y de arpas. Por la noche, rosario y Salve cantada. Durante este Novenario llamado la Romá Chica, por las muchas indulgencias con que está enriquecido, el Santuario es una romería a todas horas, oscilando entre 20 y 30 misas rezadas las que se celebran diariamente. La Capilla ésta, goza de todas las indulgencia y privilegios de la Basílica de San Juan de Letrán en Roma.
e y de la Virgen de
los que ales e indígenas. Celé-
Entre los muchos lienzos que embellecen tanto la iglesia, como las capillas, sacristías y Sala capitular (esta guarda los retratos de todos los Arzobispos de La Plata) distínguense por su valor artístico los siguientes:
El martirio de San Bartolomé, eran óvalo de dos a tres metros de alto, con figuras de tamaño natural, que allí se le tiene por original de Ribera. El gran lienzo es indiscutiblemente de un valor artístico extraordinario, pero si no es copia antigua muy esmerada, es a lo sumo una réplica. Y me fundo en lo siguiente. Aunque ahora no recuerdo todos los detalles del cuadro, sin embargo recuerdo los principales. Pues bien, ¡ilustraciones del mismo pueden verse en el Diccionario Encielopédico en la palabra Pintura y sobre todo en ““La Enciclopedia Universal Ilustrada”? de Espasa, en la palabra Bartolomé, donde se pone el mismo cuadro de Sucre con pequeñas variantes acaso, y debajo de él la siguiente leyenda: Martirio de San Bartolomé por J. Rivera el Españoleto (cuadro existente en una colección italiana).
Dos cabezas (San Pedro y San Pablo); ambas telas de
pincel clásico. Se atribuyen a Van Dyk.
Una Sagrada Familia, pequeña; admirable pintura de dibujo impecable y excelente colorido, atribuída a Murillo.
Un cobre de Nuestra Señora de La Paz, atribuída también a Murillo, pero a mi juicio, inferior a la Sagrada Familia, si bien de mucho mérito.
Dos medios bustos (San Pablo escribiendo y San Jerónimo, según dicen, rezando el rosario), ambas telas aunque de autor desconocido, verdaderamente clásicas.
Un San Sebastián, de colorido cálido y jueoso, insuperable.
Un S. Ildefonso recibiendo la casulla de manos de la Virgen, muy bueno.
Un San Esteban, un San Juan Bautista, y doce lienzos más, representando los doce Apóstoles, todos como los anteriores, de tamaño natural, no despreciables entre muchos otros cuadros de menor mérito.
Finalizaremos este capítulo con los datos pertinentes
a dos imágenes y una cruz que se veneran en la Catedral.
Una es un Cristo, de tamaño natural, llamado “el señor de las aguas””, porque en las sequías ha dejado sentir su poder. Comparte esta imagen la veneración de los fieles con la Virgen del Temblor””.
Titular de la Telesia Catedral, es la Inmaculada. Quiere la tradición que esta imagen que hoy está con la derecha extendida, en acto de mandar como diciendo ““cálmate, sosiégate””, era la imagen titular que tenía antes las manos Juntas, como se acostumbra ponérselas a la Inmaculada, pero en los cuatro grandes temblores que desperfeccionaron la lelesia y arruinaron la torre, sucedidos entre el 4 al 10 de Noviembre del año 1650, fué vista desunir sus manos y mandar aquietarse a la tierra. (1)
Existe también, como ya antes insinuamos, una cruz de madera, coronando la cúpula del templete del altar mayor, tenida en gran veneración y respeto. Antes de ser colocada en este sitio, estaba puesta sobre su antiguo pedestal de madera que se conserva también, pero sirviendo hoy día de peana a la Virgen de la Asunción en uno de los altares de la Catedral. Dicho pedestal lleva la siguiente inscripción que yo mismo quise copiar por el interés que ella despierta.
““Se desenterró y dividió siendo Obispo de esta ciudad el Iltmo. Sor D. Alfonso Ramírez de Vergara... (2) Mr. Fr. Antonio de Calancha, Libro 2, Cap. 4o., folio 324. Tomo INTO *6 dice: esta cruz es de un discípulo de S. Tomás apóstol cuyo nombre se ignora... Y se hicieron dos cruces quedando la una en Carabuco, cerca de Tiguanaco y la otra es esta que la hizo traer dicho señor Obispo””.
(1) Hoy tiene en la izquierda al Niño. De hecho la catedral cuyo titular es la Inmaculada, no tiene imagen de esta advocación. Para su fiesta se trae la del Seminario. Esto parecería confirmar la tradición antedicha. pues, no es admisible decir que no haya tenido imagen de la Inmaculada. Desde la fecha de los temblores de hecho se la ha considerado como Patrona principal de la Catedral, celebrándose su fiesta el 21 de Noviembre, y desplazando también de hecho a S. Francisco Javier que en Noviembre de 1647 fuera elegido Patrón contra los temblores y tempestades por el Cabildo, Justicia y Regimiento de la ciudad. Archivo del Cabildo, Libro que comienza en Noviembre de 1647, pág. 24.
(2) Fué este el sexto y último Obispo de Charcas. Gobernó la diócesis desde 1594 hasta 1605. A su muerte se hizo la erección del Arzobispado.
¿Y la cruz de que se habla aquí donde está? interrogué a los. señores canónigos que me acompañaban, pues, conociendo, como conocía, la constante y unánime tradición existente en todas las naciones americanas, de que se hacen eco todos los antiguos cronistas e historiadores de la Colonia, sobre la predicación del Apóstol Santo Tomás y de un su discípulo en el continente americano, antes de su descubrimiento, no pudo menos de interesarme vivamente aquella sueestiva y vetusta inseripceión.
La respuesta fué dubitativa, sin acertar a precisar nada concreto y seguro. Existía, según ellos, la cruz aquella puesta sobre el templete del altar mayor, pero esa, según la tradición que habían conservado, había sido encontrada por los primeros conquistadores, ienorándose por quién, cuándo ni cómo.
Como no me satisfaciera la respuesta, continué preguntando, tomando datos y coordinándolos, resultando finalmente que aquella cruz no podía ser otra, sino la misma de que hablaba la inscripción y que fuera en tiempos pasados removida de su pequeña base, para colocarla en aquel sitio de mayor honor y seguridad. Realmente así era; y así también, por falta de cuidado, se pierden las noticias históricas, las más preciosas tradiciones de los pueblos.
No contento con esto, fuí a consultar la rarísima obra de Calancha citada por la inscripción, en poder felizmente del Tltmo. señor Arzobispo.
En el tomo I, libro Il, cap. TIL, págs. 336 y 337, de la “¿Crónica Moralizadora del Orden de San Agustín en el Perú con sucesos ejemplares vistos en esta Monarquía por el Padre Fray Antonio de la Calancha (1663)””, se lee lo siguiente, hablando del discípulo de Santo Tomás Apóstol y del hallazgo de la eruz milagrosa que llevara aquel santo predicador en sus correrías apostólicas: “Pasó el santo Predicador a Tiaguanaco Provincia del Callao, que está al medio día del Cuzco, donde yo é eftado dos veces, mueftra haber sido gran población
v tiene edificios de piedra con tanto primor afentadas, que fin mezcla, ni otro betun prometen perpetuidad.
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Aquí predicó el Dicipulo fanto, i folo fe fabe, que aviendolos predicado nueftra Fe i fus vicios, fucedió lo que dicen dos Autores alegando al que lo eferibe con estas palabras. En Tiaguanaco ay grandes antiguallas, i entre ellas muchas fienras de onbres y mugeres, dicen los indios prefentes, que por erandes pecados que izieron los de aquel tiempo, i porque apedrearon a un onbre que pasó por aquella Provincia, fueron convertidos en aquellas eftatuas. Entró a predicar en Carabuco, pueblo en la mefma comarca; i en pago de predicarles fu remedio, le acotaron los indios echado en el suelo 1 atado a tres piedras, que oy eftan en forma triangular. Sufrió como fanto efte martirio, i aviendo enmudecido el demonio defde que entró el santo con una Cruz erandifima, quejandofe los indios de que ya no los favorecia con oraculos, les dijo, que fi no echavan de alli aquel onbre, 1 quemavan aquella Cruz, no folo les havia de negar el favor, pero les avia de egecutar crueles caftigos. Ellos adulandole para aplacarlo, cogieron la Cruz, 1 aziendo una gran oguera la echaro a quemar, pero no le tocó el fuego, i folo le dejó en partes alguna feñal de umo, que yo e vifto, porque me allé en Carabuco el día que fe pasó la fanta Cruz al altar mayor, que fue el año de mil quinientos y noventa y ocho, i aquel día fe vieron evidentes milagros en varios enfermos que befaron la Cruz, concurriendo de la ciudad de Chuquiago de las Religiones, Caballeros ¡ pueblo, i de fu comarca gran numero de gente al dia tan celebrado de fu fegunda colocación. Viendo pues los indios que el fuego no quemó aquel preciofo madero, cogieron achuelas de cobre i comencaronla: a golpear, i cuato entrava en ella del hierro fe quedava en la madera. Determinaron vecidos de enterrarla, i al fanto le obligaron a irfe por la lasuna adentro. Es voz publica en efte Reino, que al entrar el Santo en la laguna fue pifando le enea verde, que ellos llaman totor: ; 1 que defde entonces aquella parte produce la totora como pifada, i caida en memoria de efte fanto, efta es corriente opinión que pafa afi. Eftuvo enterrada efta bendita Cruz en una fofa mas de mil i quinientos años, fin daño ni lefion, calladofe entre los
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indios la noticia della, afta que riendo en una borrachera los Ananfayas parcialidad de indios con los Vrinfayas, llamaron eftos idolatras a los otros, 1 que tenian efeondida la Cruz del fanto. Supolo fu Cura Sarmiento, i aziendo prudentes diligenclas, aprovechandofe del encuetro de los indios, 1 de alagós. y amenacas, la facó con folos dos clavos. I defpues el Obifpo don Alonso Ramirez de Vergara (que entonces pertenecía efte al Obifpo de Chuquifaca) averiguó con fuma diligencia la cofa, i la declaró por Cruz de aquel Santo,i por miraculofa. Era antes que la colocafen de mas de cuatro varas, fi bien me acuerdo, 1 de aleo mas o menos de una cuarta en cuadro. Cortarole un eran pedaco para que cupiefe en el nicho del altar mayor, de que trayago una Cruz entre mis reliquias. Aquel dia fe vieron evidentes milagros; i defpues a echo muchos. Quando fe dividieron los Obifpados, dividieron la fanta Cruz, aferrandola por medio, 1 afi izieron dos; una eftá en Carabuco, 1 otra en la Catedral de Chuquifaca, tienefe en todo efte Reyno en fuma veneración. 1 porque ay libro que Cilatadamente trata desta fanta Cruz con las pruevas de ser de aquel fanto Dicipulo que murió como veremos, me refiero a el””.
Hasta aquí el autorizadísimo Calancha. Sería a verdad una contra prueba fehaciente sobre la identidad de esta eruz que guarda la catedral de Sucre, con la que se conserva aún en el pueblito de Carabuco, sobre el lago Titicaca, si se llegara a hacer un examen prolijo comparativo de la madera de ambas y se viera que es la misma. Valdría la pena de hacerlo, y en este sentido me permití hablarle a Monseñor Arrién.
Aleo también muy dieno de conocerse es lo que el mismo Calancha trae acerca de la muerte de Santo Toribio relacionada con esta Santa Catedral de La Plata, en la obra ya citada (1), dice así:
““Tres dias defpues de aver recebido el fanto Olio, eftuvo efperando el ultimo trance de la muerte, regalandofe con un
(1) Calancha, Tomo II, Libro primero, Cap. XXVI, pág. 162.
deuoto Crucifixo, y tan embebido en profunda oración, que ni los accidentes penofos de la fiebre, ni el ruido de los que entrauan, y falian en la celda, le diuertia. Al feptimo dia de fu enfermedad, que fe contaron 5 de Julio de 1606, a las ocho de la mañana, hora que el tenia obferuada por la ultima de fu vida, eftando en quietud befando los pies con mucha ternura al fanto Crucifixo, le entregó alegre fu enamorado efpiritu, muriendo en ofeulo de paz con grande fofiego a los fetenta y dos años de fu edad. A la misma hora, y punto que espiró, eftavuan rezando en el Coro de la Catedral de Chuquifaca la hora de Prima, y repitiendo aquellas palabras q'dizen: Preciofa in copectu Domini mors Sanctorum ejus, que quieren dezir: Preciofa es en la preferencia del Señor la muerte de fus Santos; dio un eftallido notable la filla Epifeopal, que era de piedra, partiendofe por medio, y arrojando de fi una grande aftilla con admiracio de todos lof prefentes. Y llegandoles defpues la nueua de la muerte de fu Arcobifpo con la relacion del dia y hora de fu tranfito, hallaron hauer fucedido al mifmo punto que ellos oyeron el eftallido de la filla, como q'fuefe el eco trifte de fu muerte, para enfeñarles a fentirla con fu exeplo, pues hafta las piedras infenfibles fe quebrauan de fentimieto, como de la muerte del Redentor lo aduierten los Euangeliftas, y lo ponderan los Santos. Y fue uno como teftimonio autentico, de que el Señor le auia cocedido la muerte de los juftos preciofa delante de fus ojos. Efte cafo, por ser tan notable, lo averiguo muchos años defpues N. P. M. Fr. Lucas de Mendoza fiendo Provincial, y vifitando N. Conuento de aquella ciudad el año de 1635, y como publico, y notorio en aquella Ielefia, y ciudad fe lo certificó al M. Calancha, para que lo eferiuiese en efta Cronica, fegun lo aduierte el mifmo autor en fu apuntamiento hiftorial?”.
Comentando este dato histórico con Monseñor Arrien le insinué la conveniencia de realizar una búsqueda prolija en las dependencias de la Catedral, y sobre todo en la cripta de
la misma que desde muchos años a esa parte no se abría, por lo que pudiera existir, arrumbado acaso, como una antigualla, parte siquiera de la silla episcopal de piedra, de que habla Calancha. Se hizo en efecto así; pero deseraciadamente no se encontró nada. ¡Oh la ineuria de nuestros antepasados!
CAMNDIO Profanadores del arte. — San Miguel, antigua iglesia de tos Jesuítas. — Sus obras de arte. — El Colegio Azul de San Juan Bautista. — Oratorio de San Felipe Ners. La, obra del Ilustrísimo San Alberto. — Obras de arte de la Iglesia y del Claustro. — Santo Domingo. — La Merced. — San Francisco. — Santa Teresa y el Ilustrísimo San Alberto. — Las Ermitas del Convento. — Obras de arte en la Recoleta. — Seminario y Capilla del Colegio de Educandas. — Colección de D. Jorge Urioste. — El principado de la Glorieta.
Aun a riesgo de incurrir en forzada monotonía, no quiero privar a los amantes del arte, de una breve reseña acerca de las principales obras artísticas que aun se conservan en los diversos templos de Sucre. Estos, aunque los hay bastantes buenos, no se distinguen mayormente como monumentos arquitectónicos. En cambio son ricos por algunos ejemplares de sus muchos vetustos lienzos, por sus notables retablos, recargados los más, como de estilo ehurriguerresco que son, regiamente dorados, muchos de ellos muy deteriorados y hasta deformados algunos por malhadado reboque de pintura blanca tirado a brocha gorda sobre aquellos primorosos tallados. ¡Oh los ignorantes, audaces neófitos de otros tiempos que así confundían la decoración de una obra de arte con el reboque vulgar de un miserable rancho de adobe! ¡Dios les haya perdonado!
Sun Miguel, fué la antigua ¡iglesia de los jesuítas, y como tal, huelea decir que ha
le Conservar vestigios de lo que fué. Templo de una nave, bien proporcionado y esbelto, muestra
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los cuatro arcos del erucero y el techo, todo de cedro tallado y calado, dejando en el espíritu una sensación de erandeza tranquila, sencilla y augusta. Y lo fuera aún más si el púlpito, retablos de la Capilla de Loreto, del bautisterio eon su hermoso frontal y del Señor de los Desamparados, que sobresalen por sus novedosos y artísticos encajes, no se vieran profanados por la clásica lechada de que hablábamos anteriormente.
Las mejores pinturas entre las muchas que tiene, son: en el cuerpo de la iglesia tres cuadritos sobre bronce, Descendimiento, “Rey de Burla y el Paralítico; en el altar de los Desamparados, dos bellísimas cabezas del Señor y de la Virgen, distinguiéndose también una estatua de San Pedro de Alcántara; en el presbiterio un Degiiello de los Inocentes, de gran movimiento en las figuras, el Tullido de la Puerta Especiosa, y el Santísimo Sacramento con los Doctores Eucarísticos, de mérito relativo; en la Sacristía una bellísima Sagrada Familia y luego un San Bruno, la Virgen y San Ildefonso, un San Francisco de Borja y un Salvador, recomendables.
Contiguo a la iglesia se levanta un grandioso edificio de dos pisos en cuadro, con techos de cedro, salas artesonadas, de la misma madera, ostentando en aleunas partes grabadas a fuego las armas de Aragón antes | de la unión de esta casa a la de | Castilla, con espléndidas 2alerías interiores y 124 columnas eraníticas de una
sola pieza a más de los respectivos ocho grupos de las esquinas, formando un donoso, espaciosísimo:
Colegio Azul de S. Juan B. — Hoy, Colegio Junín
Bio y
patio. Fué este el célebre Colegio Azul de San Juan Bautista de los Padres Jesuitas donde por aleún tiempo funcionó también la Universidad, convertido hoy en el Colegio Junín, para maestros normales, el primero con que contó la República, de enseñanza enteramente laica y tendenciosa impartida por la misión belga traída ex profeso para implantar sus planes y programas clasificados ya allí, más que de laicos, de ateos.
Hoy comparte este Colegio con el de profesores normales de La Paz, el triste honor de descristianar la juventud boliviana, por medio de pedagogos que de todo tienen: menos de creyentes, muy poco de verdaderos maestros y harto de cientifistas adocenados.
Oratorio de San Felipe. El Ilustrísimo Fray José Antonio de San Alberto, carmelita descalzo, Obispo que fué de Córdoba y Tucumán y luezo Arzobispo de Charcas, ha dejado hondos recuerdos y huellas imborrables de su paso en la silla metropolitana de La Plata.
Hoy mismo su espíritu parece flotar como un numen protector de aquella sociedad que le venera con profundo respeto y gratitud, entre todos los ilustres Prelados que la eobernaron.
“En 1785, escribe Monseñor Taborga, fué promovido a esta Arquidiócesis del Obispado de Tucumán. Un hábito de cozrdellate y otro de paño en los días solemnes, era todo el vestuario de este Prelado, que llenó las iglesias de ricos ornamentos recamados de oro; vivía con muebles prestados, él, que construyó templos y casas de huérfanas. Anualmente distribuía en Chuquisaca doce mil pesos de limosnas, fuera de los que daba en Potosí, Tarija y Cochabamba, construyó y fundó el Oratorio de San Felipe, hermoso monumento que manifiesta la perfección a que llegaron en aquella época las artes, especialmente la arquitectura y la pintura, que hoy estamos muy lejos de ievialar. En Chuquisaca y Cochabamba, fundó y dotó colegios para huérfanas. Emprendió la edificación de la iglesia del Carmen de Cochabamba, la que quedó en media obra por la muerte del arquitecto. En Chuquisaca refaccionó la
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ielesia del Carmen y reedificó la de San Roque. Escribió numerosas pastorales y otras obras ascéticas que respiran unción. Fué el primer arzobispo que visitó la. dilatada y monstruosa provincia de Ayopaya. Falleció el 25 de marzo de 1804. Cuando se celebraron sus funerales en la catedral, costó mucho trabajo introducir su sagrado cuerpo en el templo, por sobre las cabezas de la multitud arrodillada que se apiñaba en toda la plaza?”.
Realmente tanto la iglesia del Oratorio, como el contiguo convento de dos pisos en cuadro cerrado, con hermosas galerías y arcadas, todo de construcción cicóplea, hablan muy alto en favor del espíritu emprendedor de este ilustre prelado, Es uno de los monumentos más sólidos y erandiosos que se conservan en Sucre. En la pequeña cripta que sirve de enterratorio de los padres del Oratorio, descansan los restos del R. P. Mariano Jacobo Márquez Ramallo, muerto en olor de santidad, y los del señor Linares, presidente que fué de Bolivia, como asimismo los del presidente de la audiencia y representante del virrey de Lima, don García Pizarro, quien al ser depuesto por la revolución, vino a refugiarse aquí, donde le sorprendió la muerte, después de haber recibido todos los auxilios de la religión.
Entre las obras de arte que guarda este templo son dignas de notarse las siguentes: un pequeño cáliz de oro, un juego completo y riquísimo de Sacras, vinajeras, fuentes, atriles, jarrones, ete., en plata labrada, lo más artístico que he visto en toda mi gira y que fueron del ilustrísimo San Alberto; una eruz alta de carey con incrustaciones filigranadas de plata, con una reliquia del lignuwm crucis; varios erucifijos grandes de marfil, una colección de cuadros en acero que forma el “Via Crucis”? de la mejor escuela española y por fin, en la sacristía, una clásica cabeza del salvador, al óleo, de escuela flamenca, al parecer y de eran valor artístico, no menos que otros lienzos de mérito inferior v. g. un niño dormido, un San José, ete.
El riquísimo terno completo, recamado en oro, con que
monseñor San Alberto consagró la iglesia, forma parte también de los otros valiosos ornamentos que tiene el Oratorio.
La biblioteca de la casa aunque pequeña, se distingue por las obras de los santos padres en latín y eriego, como también por una Biblia poliglota del siglo XVII y varias obras históricas antiguas que posee, entre otras, un ejemplar completa de la rarísima obra de Calancha.
En el convento, puede quien quiera extasiarse en la contemplación de dos cabezas, al óleo, de San Juan Bautista, de un Descendimiento y de un San Judas, aleunos de ellos de propiedad del señor arzobispo, pero todos antiguos de mérito no pequeño.
Lo mejor, sin diseusión, que puede uno admirar aquí es un gran lienzo que representa la degollación de San Juan Bautista, de autor desconocido, como los otros, pero ciertamente de pincel clásico. Mientras un erupo de cortesanas examinan la cabeza del mártir presentada en una fuente, yace por tierra el tronco, en naturalísimo abandono, mostrando en la posición de las piernas, un escorzo soberbio, dieno de la paleta de un Mantegna. La espalda de uno de los verdugos es sencillamente admirable y todo de un diseño perfecto y de un colorido valiente y vigoroso.
Santo Domingo. Hermosa ielesia abovedada de tres naves espaciosas. Tiene, entre otros, tres retablos dorados, muy buenos, siendo el mejor el de la Dolorosa, econ varios lienzos antiguos perfectamente encuadrados y formando parte decorativa del artístico retablo, sobresaliendo entre éstos un Rey de Burla y un Jesús con la eruz a cuestas de mérito no vulgar.
Llaman también la atención en este templo una urnita de carey con incrustaciones de nácar y dos erandes óleos de la Magdalena y de San Sebastián, entre muchísimos otros de escaso mérito, que debieron ser buenos, antes que manos profanas los echaran a perder con retoques de brocha gorda.
La Merced, como la anterior lolesia de tres naves y de bóveda, muestra cinco espléndidos retablos dorados, con una riqueza de talla, en capiteles columnas, tímpanos y nichos
que admira. Algo muy notable también son los dos arcos de las naves laterales, contiguos al central del altar mayor, enchapados en finísima talla de madera que corre y se bifurca y ajusta en la parte superior sirviendo así de áureo regio marco a grandes lienzos antiguos y haciendo masa con el púlpito primorosamente tallado y dorado, lleno de pequeñas estatuas y coronado por la de San Pedro Nolasco. En el centro del altar mayor, un arco original, bien tallado y dorado y provisto de espejuelos en toda su extensión, cobija el conocido aparato tornátil, de factura colonial, destinado para la exposición del Santísimo, todo enchapado en plata. Tres pinturas sobre vidrio de mérito relativo, exornan el frontal antiguo del mismo altar.
Los mejores cuadros que se ven aquí son: un Eliodoro flagelado por los ángeles, muy movido en las figuras, un señor azotado, bastante bueno, una Asunción y una Ascensión, recomendables tanto por la pintura como por sus riquísimos y artísticos marcos, una transverberación de Santa Teresa, una Virgen con el niño y un San José pequeño, puesto a gran altura, acaso el mejor, siempre que no fuera tricomía, pues, no pude por la distancia distinguir si era al óleo.
San Francisco. Telesia de tres naves, con artesonado de cedro y tragaluces de piedra trasparente, llamada berenguela, que prestaba antes satisfactoriamente los mismos servicios que el vidrio. Como en los demás templos, hay derroche también aquí de retablos y de nichos espléndidamente tallados y dorados, distinguiéndose por su valor artístico el coronamiento del retablo correspondiente al brazo izquierdo del crucero. Posee asimismo innumerables lienzos antiguos, de escaso valor y rasi todos deteriorados, siendo los mejores un Nacimiento bastante bueno, el Triunfo de la Eucaristía, recomendable, a pesar de la defectuosa composición y el recargo de figuras, un San Miguel con la eruz... y pase el anacronismo en mérito a la factura, diseño y colorido, un San Mateo, un San Francisco en éxtasis y la degollación de San Juan Bautista, no despreciables.
Tiene además dos estatuas de madera de San Pedro de
Alcántara, una bastante artística y en la sacristía una cajita de jacarandá, enchapada en carey con incrustaciones de nácar y tres espejos antiguos con regios marcos tallados y dorados.
Suena aún en la torre de esta iglesia, la más antigua acaso después de la de San Lázaro que fué la primera, campana que tocó a rebato en 1808. Diz que uno de los dos patriotas que treparon a la torre a tañerla, quedó allí mismo muerto por las balas de los soldados del rey.
Iglesia de Santa Teresa y Convento de Carmelitas. El ilustrísimo señor don Gaspar de Villarroel (1660-1669) fundó este Convento de Carmelitas e hizo construir" la iglesia, que refaccionó más tarde el ilustrísimo San Alberto, cuyos restos descansan en el presbiterio de dicha iglesia.
Las religiosas guardan como reliquias de este varón preclaro una sotana negra, sin visos, de tela burda tejida en el país y un ponchito color café idem, que le servía en las visitas pastorales, como asimismo una rica casulla blanca, una jarra y fuente de plata con aplicaciones de oro y el escudo, del santo arzobispo, obra muy delicada y artística que me sirvieron en la misa que celebré con la mencionada casulla.
Acompañando a Monseñor Arrien, visité el interior de este Convento, teniendo así oportunidad de admirar más que las seis Hermitas que tienen en el huerto, algunas muy recomendables por sus retablos dorados de finísima talla, la pobreza en que viven estas santas religiosas. El comedor sobre todo y la vajilla que usan, es un espécimen no superado por cierto ni por los más pobrecitos e indigentes del mundo.
Con estar llena la casa de lienzos antiguos, la mayor parte ya deteriorados y semidestruídos, apenas si cuentan con algu-
nos artísticos y de mérito.
No cerraremos este capítulo, sin mencionar la notable sillería del coro econ multitud de estatuas, todo tallado en cedro, y muy diena de visitarse en la iglesia de La Recoleta, convento
fundado en 1600 como retiro del convento de San Francisco que existía ya en esta ciudad desde 1540; como asimismo las capillas del seminario de San Cristóbal y la del colegio de las Educandas, fundado por el ilustrísimo San Alberto y hoy regido por las Hermanas de Santa Ana. En la primera se admira un hermosísimo sagrario con artístico y esbelto trono de exposición y correspondiente cimborio, todo de plata, de líneas sencillas limpias e impecables. En su género es lo mejor tal vez que he visto en Sucre. Posee también algunos cuadros no despreciables si bien algunos retocados con mano tan pudorosa como inexperta, so pretexto de cubrir desnudeces de angelitos, que uno no sabe qué ponderar más si el desenfado del seudo artista o la candorosa eserupulosidad del inspirador. En la segunda, a más de un cuadro de la Dolorosa, bastante bueno, en hermoso artístico marco de carey, vése, debajo de la mesa del altar mayor, un grupo antiguo, en yeso dorado que, como concepción es una originalidad, amén de lo bien ejecutado que está. Lo constituye el libro de los evangelios de San Juan, abierto en las palabras: et verbum caro factum est, y sostenido, de un lado, por un ángel de rodillas en actitud reverente, y del otro, por una águila, símbolo del evangelista, que ha cogido fuertemente con su pico las hojas del libro y sentada sobre sus patas, tira y forceja en naturalísima actitud para que no se Cierre.
Las otras iglesias, fuera de la de San Roque que, según me dijeron, tiene algunos lienzos de mérito y que no pude visitarla, no poseen nada artístico digno de mención, entre los muchos cuadros antiguos y deteriorados que se están ya cayendo a pedazos.
Colección Unioste. A defecto de museo, existen en Sucre dos colecciones de antigiiedades, de personas particulares. Tuve oportunidad de visitar la del distinguido caballero don Jorge Urioste, que no deja de ser interesante y valiosa en pinturas, vasos de plata y muebles antiguos, algunos de éstos hermosísimos por las inserutaciones de nácar y engastes de filamentos platinos que muestran.
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Entre las pinturas sobresalen una Magdalena, un San Francisco de Paula, una Dolorosa, un San Agustín, un San Pedro sobre madera, un San Juan de la Cruz sobre eristal y dos cobres grandes que representan pasos de la vida de la Virgen María, todos de mérito. Pero nada tan bello y artis tico, como un donosísimo cobre encerrado en un regio marco antiguo y que representa a la Santísima Virgen con el Niño dormido, de mérito extraordinario tanto por el diseño y frescura de colorido, como por su pose admirable. Es también muy notable por la limpieza un alto relieve en madera, de la Virgen,
Principado de la Glorieta. Sí, así como suena, y en plena serranía... ya las puertas de Sucre.
El millonario don Francisco Argandoña y su esposa doña Clotilde Urioste tuvieron la feliz ocu-
Palacio de La Glorieta
rrencia; ¡vaya si fué una ocurrencia! de levantar un verdadero palacio em re las breñas, a una legua de la ciudad, sobre el riachuelo Teyar, tajando la montaña a lo largo del camino real de Suere a Potosí, cuyo costo se hace ascender a más de un millón de pesos.
Visité detenidamente esta deshabitada mansión, perfectamente amueblada como para recibir a sus dueños, en gran parte de estilo musárabe, con sus miradores y torreones y arcos de herradura, construída por un italiano de apellido Camponovo. Hermosos lienzos modernos tapizan las paredes, riquísimos alfombrados, muebles y objetos de lujo, oratorio con altar de bronce, sala de billar, piano, terracotas, porcelanas y dijes, todo, en fin, lleva el sello de distinción y de grandeza de un potentado. Los jardines y el parque, son algo muy no-
table: glorietas, lagos, estatuas, grutas, ete., en nada desmerecen de un palacio principesco.
El señor Argandoña, fundador, en Sucre, del Banco de su nombre, levantó en este su fundo un asilo para huérfanos y huérfanas que entregó a la dirección de las Hermanas Hijas de Santa Ana, con capacidad para 21 niñas y otros tantos varones, con talleres de imprenta, sastrería, herrería y carpintería. Las niñas aprenden todos los quehaceres domésticos, cosen, lavan, bordan, tejen la ropa que visten, hermosas chalinas de seda, géneros de punto, ete., con extraordinaria maestría.
Diz que al ver el Papa León XIII las fotografías que le presentara el señor Argandoña, le dijo: ““Pero si esto es un verdadero principado””; y para que lo fuera de verdad, el bondadoso pontífice creó el príncipe que faltaba, nombrándole ““Príncipe de la Glorieta””, por la obra benéfica de su propio peculio levantada y sostenida.
Desgraciadamente esto también va camino de desaparecer. Hoy si bien existen 21 huérfanas, sólo hay 11 niños, con orden de la princesa que vive en París, de no llenar las plazas que vacan, según se me aseguró. Pronto, pues, se verá clausurado el Asilo, fundamento y raíz única del título. A qué responda esta decisión, se ienora; lo cierto es que, según todos, la situación financiera de la princesa es sobradamente firme. Cosas propias del tiempo... y probablemente del mundo...