Aromas de América · Capítulo real 8 de 24
CAPÍTULO XVI
Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 1 tramo técnico para mejorar el rendimiento.
CAPÍTULO XVI
Tiahuanacu y la antigiiedad de sus construcciones. — Fueron abandonadas repentinamente. — Origen de su nombre. — Ruinas principales. — El Cerro Artificial y el Palacio. — La Puerta del Sol. — Sus bajo-relieves y significado probable. — Descuido injustificable. — Trop de zéle.
Entre La Paz y Guaqui, se encuentran las célebres ruinas de Tiahuanacu. Están contestes todos los antiguos cronistas, Cieza de León, Garcilazo el Inca, ete. y los modernos viajeros 3 arqueólogos que las ruinas de Tiahuanacu son anteriores a las de la Isla del Sol y de la Luna (Titicaca y Koati) y a los monumentos incásicos del Cuzco.
“Yo pregunté, dice Cieza de León que visitó personalmente las célebres ruinas de Tiahuanacu alrededor del año 1540, a los naturales en presencia de Juan Vargas (que es el que sobre ellos tiene encomienda), si estos edificios se habían hecho en tiempo de los incas y riéronse de esta pregunta, afirmando lo ya dicho, que antes que ellos reinasen estaban hechos, mas que ellos no podían decir ni afirmar quién los hizo, mas de que oyeron a sus pasados que en una noche remaneció lo que allí se veía””.
““Coneluyendo yo para mí, agrega, tengo esta antigualla por la más antigua de todo el Perú y así se tiene que antes de los incas reinasen, con mucho tiempo estaban hechos algunos edificios de estos... Pudo ser que antes que los ingas mandasen, debió haber aleuna gente de entendimiento en estos reinos, venida por alguna parte que no se sabe, la cual haría COS ED)
(1) Pedro Cieza de León. Crónica del Perú, Sevilla 1553.
E a
Los naturales de esta región, son los indios aymarás, los mismos que los españoles encontraron y que, algunos siglos antes de su llegada, fueran conquistados por los incas, entrando a formar una provincia del imperio de Tahuantisuyo.
No parece probable, contra la opinión de D'Orbigni y otros que la raza aymará, por haber sido pobladora de estos sitios hubiese sido la constructora de estos monumentos, de estilo evidentemente ciclópeo o pelásgico, sino otra más viril, poderosa e inteligente, euyo recuerdo ha desaparecido en la noche de los tiempos. Lo que no parece dejar el menor rastro de duda, según el juicio de Posnanski y otros, es que los monumentos de Tiahuanacu no son propiamente rastros de una ciudad en ruinas, sino principios de construcciones inmensas, abandonadas repentinamente a media labor. Tal es la impresión que produce ese informe hacinamiento de enormes bloques que no tienen iguales en las demás ruinas, de sillares grandiosos y gigantescos, de pórticos, de columnas, de estatuas, las unas concluídas, las otras a medio hacer, aquellas labradas, las demás todavía toscas y sin pulir, esparcidas aquí y allí en desordenada confusión, formando un verdadero caos y mezelados con fraementarios esqueletos de hombres, osamenta de animales, herramientas, objetos de alfarería, útiles y enseres domésticos que van apareciendo debajo la capa de aluvión que cubre la antigua isla (2?) de Tiahuanacu.
Todo lo demás, acerca de estas ruinas, como de sus presuntos constructores, del
origen de su adeE A Tiahuanacu—Excavaciones lado Oeste de Kalasasaya lantada civiliza-
ción, de su decadencia y desaparición, no pasan de conjeturas,
barruntos y suposiciones. Las cubre un denso velo de tinieblas y sobre tan instable fundamento nada sólido es dable edifirar y que resista a la erítica razonada y seria.
La misma denominación de Tiahuanacu, seeún cuenta el inca Garcilazo de la Vega en sus “Comentarios Reales”” que la hacían derivar los indios de la frase aquella que le dirigió el inca, que se hallaba en aquel sitio, a un chasqui que en un tiempo extraordinariamente corto, le trajera noticias del Cuzeo, diciéndole: Tiay-guanacu (siéntate, descansa, guanaco) comparando la agilidad del indio con la de este animal, lleva también todos los visos de ser una fábula o ingeniosa conseja. Posnanski se inclina a creer que sea este un nombre relativamente moderno y que el verdadero haya sido Huiñaymarka, que es la denominación de una parte del lago que antes, según él, se extendía hasta Tiahuanacu, nombre aymará que traducido al castellano quiere decir ciudad eterna. Y como el lago
antes llegaba a la ciudad, de la cual se retiró paulatina o bruscamente, le quedó el nombre de ciudad eterna a ese trecho del lago, cambiándosele posteriormente a la ciudad, por no corresponderle aquél a las ruinas existentes.
El conjunto de éstas, abraza una extensión de muchas cuadras, no menos de doce de lareo por cuatro de ancho. Inmensa aglomeración de moles brutas de lava andisítica, de bloques de piedras, de columnas, estatuas y esculturas, ofrecen el aspecto de un vasto taller abandonado. Hay graderías, al parecer, de muelles, canales artificiales, piedras esculpidas en forma de cabeza humana, pilares o columnas enterradas y sin cimientos, escalinatas, monolitos esculpidos en asperón, ceajones de piedra en forma de sarcófagos y de baños, pisos enlosados con planchas de lava pulidos y de diversos colores, pequeñas habitaciones, restos visibles de grandes palacios, eteétera, siendo los principales dos: el Akapana o sea, Cerro Artificial y el Kala-sasaia o Palacio.
El Cerro Artificial se eleva a trece metros sobre el nivel de la pampa y ocupa una extensión de dos cuadras cuadradas, con restos ineonelusos de murallas de contención, de piedra
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labrada. Dada la estratégica disposición de sus muros en forma de bastión, con áneulos entrantes y salientes, debió estar destinado a Pucara o fortaleza. El Kala-sasaía, resto de un monumental edificio destinado indudablemente a servir de palacio o templo, mide 135 metros de lareo por 118 de ancho, ostentando hileras de pilares de asperón y de lava andisítica. Tiene su entrada al Este, a la que da acceso una grande y soberbia escalinata de enormes bloques de piedra.
La parte más interesante de este palacio y puédece decir de todas las ruinas de Tiahua-
nacu, es una puerta monolítica, quebrada hoy por un fayo0, que Los llamados chulpas de Sillustani está en medio de los pilares y aa
tiene tres metros de elevación, inelusa la corniza, de ancho cuatro y uno de abertura, conocida con el nombre de Puerta del Sol. Trabajada en traquita sumamente dura, color azul oscuro, es indiseutiblemente el más curioso monumento que se encuentra no sólo aquí,
Puerta del sol en el Palacio Kalasasaya
sino también en toda la resión del Titicaca. Los erabados presentan tres órdenes de bajos relieves con 48 fantásticas fieurillas aladas, de
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medio cuerpo y de perfil, a guisa de reyes o de grifos, coronados y con cetros en las manos; y en el centro y sobre la puerta misma, una simbólica fieura humana con la cabeza aureolada de veinticuatro rayos, con los brazos abiertos y un cetro en cada mano.
D”Orbigni supone que la figura central representa al Sol, los dos cetros el doble poder político y religioso de sus presuntos hijos y las figuras laterales, reyes coronados y cóndores reales, corte de su excelso poderío; Posnanski cree que esos tallados expresan sencillamente. el calendario de los Tihuanacus; otros, una generación de monarcas, a estilo de los egipcios, cuyo tronco es la figura central y sus sucesores las cuarenta y ocho fieurillas.
Lo cierto es que nada se sabe con certeza. No habiendo tenido sus habitantes ni escritura, ni jeroglíficos, como los
egipcios o los mejicanos, la historia no arroja el menor rayo de luz ni sobre este monumento, ni sobre las sombras que envuelven a Tiahuanacu. Y ahí está esa gieantesca iniciativa, ese cúmulo informe de piedras canteadas o a medio labrar, como un interrogante sin respuesta, como un eniema sin descifrar, como un misterio profundo que atenaceará eternamente, sin satisfacer nunca “la curiosidad de arqueólogos y sabios. Es de deplorar ciertamente, como lo hace el señor
Posnanski en sus obras repetidas veces, que las autoridades
Casa con materiales de Tiahuanacu
no hayan sido más celosas, prohibiendo severamente la extracción de piedras de estas ruinas. Con ellas se han construído innumerables edificios. de:
La Paz, calzadas, estaciones, alcantarillas y puentes del ferrocarril de esta ciudad a Guaqui; las losas de lava, sirven de pavimento en la plaza del pueblo y muchas piedras talladas con ornamentos y colores, han sido llevadas por los mayordomos de estancias próximas, para adorno de las casas. “Día a día, agrega, gana terreno el robo de las piedras, juntamente con el descuido, así es que pronto y para siempre, se perderán Jos restos de una civilización que puede dar completa luz en el estudio de la prehistoria americana?”,
Todo esto está bien; y hasta deplore con lágrimas amarvas, si le place, que ese mismo material haya servido también para la construcción de aleún templo, como lo hace, pero no amen-
ete, por cari-
dad, el meritorio celo de investigador y
Iglesia de Tiahuanacu
hombre de ciencia, como los vulgares desahogos de un sectario adocenado, al afirmar eratuitamente y a base de suposiciones y conjeturas, hablando de la Puerta del Sol, en su Guía General Ilustrada, lo siguiente: “La rotura que tiene en su parte superior, no puede haber sido hecha sino por alguna de las comisiones que, con el único fin de destruir y devastar, envió a Tiahuanacu el religioso pero retrósrado celo de la iglesia católica”?. Pero... he leído en sus obras tantas teorías pereerinas, tantos pálpitos arqueológicos, tantas conjeturas y barruntos no desprovistos de aparatosidad científica que, uno más, no me llama la atención. Y sea esto dieho, sin desconocerle en lo más mínimo la obra meritoria que desde años a esta parte está realizando este acaso único consagrado, en la
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región, a estudios de índole arqueológica. Es indudable que la Puerta fué partida por un rayo. De haberla roto las Comi-
siones que él dice, para extirpar acaso supersticiones indíge-
nas, la hubiesen destruído enteramente. Partirla y dejarla casi intacta, hubiera sido el colmo de la ingenuidad.