Aromas de América · Capítulo real 9 de 24
CAPITULO XVII
Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 2 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.
CAPITULO XVII
De La Paz al lago Titicaca. — El estigma de una raza. — Guaqui, puerto boliviano sobre el lago. — Un malón a la moderna; resabios indígenas. — El lago, el Illimani y el Illampu. — El estrecho de Tiguina. — Copacabana. — Datos sobre el santuario de Nuestra Señora de la Candelaria.
Despedidos en la estación Peruvian Company por el ilustrísimo diocesano monseñor Avila, miembros caracterizados del clero y del elemento seglar de la distinguida sociedad paceña, arrancó el convoy a tracción eléctrica y en menos de media hora llegamos a la estación El Alto.-Oscilaban aún en la pupila los kaleidoscópicos panoramas que presenta La Paz, vista a vuelo de pájaro, cuando el paisaje cambió de súbito. Pampas incultas, pedregosas y áridas se desdoblaban en monótona simetría hasta la estación Viacha, para continuar luego encajonadas entre dos órdenes de montañas, en forma de colinas a la derecha y de morros más elevados a la izquierda, hasta llegar a Guaqui, enclavado a la orilla misma del laeo Titicaca y que recuerda el terrible campo de aquella eran derrota de Castelli, que dió título de conde a Goyeneche (1811), usufruetuado aún por sus descendientes.
Sólo vimos en aquel trayecto hatos de ovejas, recuas de llamas, indias e indios de tez bronceada, emponchados, hara: pientos y sucios, con su eterna carga al hombro (Kepis), mostrando sus recias, nervudas pantorrillas que marchaban taciturnos y hoseos, alisando, con la ojota o el pie desnudo, el pedrusco o destripando terrones de tierra removida, allí donde
sólo germina la patata amarga, la papa de chuño, un poec
de cebada, guinua y no en abundancia y un pasto natural, débil y escaso. ¡Pobres indios! Da. “pena el contemplarles, sin ilu- "siones, sin horizontes ni hala-
"gos de nineún género, parias
en su propia tierra, bestias
humildes de carga, sufridos y
resistentes, haciendo el camino de la vida, abrumados por el infortunio, el desdén, el desprecio, los malos tratos y la
miseria, cual si llevaran sobre sus frentes el estima maldito de una raza, otrora fuerte y
A viril, hoy desheredada y es- ; : pa clava. Llevan ordinariamente Indígenas del Altiplano el luto en sus vestidos, sólo
ríen en la embriaguez, su música es la plañidera y monótona guena, su himno el tristísimo yaraví. Víctima su raza, ha dicho un eseritor, de la codicia de sus señores, que explotan su ignorancia y sus vicios para arrancarle el poco dinero que le producen sus pobres siembras de maíz y de patatas, infeliz hasta lo sumo, no tiene otro porvenir que su desaparición completa o su esclavitud eterna, porque vive aislada, sin mezclarse ni refundirse con sus vencedores, dotada como está de una fuerza pasiva de resistencia admirable. ¡Qué diferencia de aquellos días gloriosos de la monarquía peruana en que Yupaneuí lleraba sus conquistas hasta las orillas del Maule y Huaina Capac tremolaba sus banderas triunfantes en los muros de Quito, sobre los despojos de los Shiris! Y como para acentuar más el contraste entre sus glorias pasadas y miserias presentes, entre lo que fué y lo que es, allí mismo, una Estación antes de llegar a Guaqui, están los restos dispersos, las ruinas venerandas y gigantescas de su antigua grandeza, la metrópoli preincaica de Tiahuanacu que acabamos de recordar.
A lo
Guaqui es una pequeña población, donde hay lo indispensable para el viajero: hotelcitos y fondas, parroquia y un pequeño resguardo que ha reemplazado a la aduana, hoy trasladado a La Paz, cual si esta ciudad y no Guaqui, fuese el puerto fronterizo. Apostado allí hay también un destacamento de caballería de 500 plazas, Gran parte de la caballada es argentina y aunque también ocupan caballos chilenos, se piensa ya, según me aseguraba el culto y distinguido comandante don José Marchetti, con quien tuve la satisfacción de viajar y departir largamente, proveer de caballada argentina exclusivamente la remonta del ejército más que por el precio más acomodado, por los excelentes resultados que les da ésta, en cuanto a la resistencia. Al principio sufren también de soroche, pero muy lueeo se aclimatan.
Los paceños gustan de hacer excursiones en coche automóvil o a caballo hasta este paraje y viceversa; anualmente se organiza desde Guaqui un campeonato a pie hasta La Paz, otoreándose premios a los indios más ligeros y resistentes.
Cuando llegamos a Guaqui tornamos a presenciar el espectáculo molesto y repelente, harto común en Bolivia y Perú, de una turba de muchachos desaseados y harapientos que se lanzan como por asalto al interior de los coches y se estrechan y estrujan y obstruyen los pasillos y saltan por sobre los asientos requiriendo a tirones las maletas de los presuntos clientes y perfumando el ambiente de algo que no huele a ámbar. Gracias
Idolo morolítico en la esquina suroeste del Palacio Kalasasaya
a la oportuna intervención del comandante Marchetti, salimos ilesos del malón y pudimos no sin dificultad pasar al Inca,
atracado al muelle, al lado mismo del tren. Un vienteeillo fresco comenzó a soplar, augurio tal vez de futura borrasca en nuestra travesía del lawo. Felizmente mo pasó aquéllo de traviesos amagos que, de formalizarse, habríamos experimentado el furor insano de aquel laeo misterioso cuyas tempestades superan aleunas veces, según dicen, a las más bravías del mismo océano.
Acomodado nuestro equipaje, subimos a cubierta y pudimos contemplar dos hermosos espectáculos: en frente, cual sirena dormida, el lago, a más de cuatro mil metros de altura sobre el nivel del mar, rizado de islotes, de bahías, de caletas y de caprichosísimas salientes, ya velado por la bruma vespertina, despertando en el magín todo un mundo de recuerdos, de leyendas y tradiciones, evocando la poesía soberana de los siglos, los vagidos, el esplendor y ocaso de una raza; al otro lado nívea cadena de montañas testigo mudo de su historia y asiento de sus dioses veneadores, destacándose soberbios el Tllimani y el Mlampu o Soracta, el pico más elevado de América con sus 7.696 metros de altura, cual gigantes que no cesarán de atisbar, a través de impoluta veste nupcial, las audaces caravanas blancas que hoy huellan sus dominios.
Un vago involuntario estremecimiento sentí de súbito; una sensación mezcla indefinible de ensueños y realidades, de simpatía y de miedo, de admiración y sobresaltos, de anhelos imposibles y de hondas caóticas tristezas conmovieron todo mi sér, cual si llegaran a mis oídos y sacudieran mi espíritu rumor fúnebre de notas ya perdidas, yaravíes truneos y dispersos, esfumados gemidos de una raza.
¡Sin advertirlo surcábamos ya las olas del Titicaca, cuna secular de la monarquía incásica!
El turista que hace el viaje de circunvalación del lago, tiene oportunidad de ver, en una semana, a más del pintoresco y angostísimo estrecho de Tiquina, ya famoso por los tratados
del 25 de agosto de 1831 que abrieron los puertos del Perú al general Santa Cruz, el venerado santuario de Copacabana, sobre el extremo de la península del mismo nombre, las islas del Sol y de la Luna que están al frente y varios otros anti guos pueblitos que, como Carabuco, Colengo, Juli, Pomata, etcétera, guardan tesoros de ruinas, tradiciones incásicas innúmeras, no menos que monumentos valiosísimos del tiempo del coloniaje.
El más antiguo y famoso santuario de Bolivia es, sin duda aleuna, el de Nuestra Señora de la Candelaria de Copacabana, que cuenta ya varios siglos de existencia.
Las: nu
merosas pere-
erina ciones que acudían
Santuario de Copacabana
anualmente al
templo del Sol y de la Luna exigían, como es elaro, hospederías y alojamientos suficientes. A llenar esta necesidad fué, según se dice, fundado este pueblo por Tupac-Inca.
Muchos años después de la conquista, un indio de este pueblo y de la familia de los incas, muy devoto de Nuestra Señora de la Candelaria, deseando se fundara una cofradía en su honor, trabajó, no sin vencer enormes dificultades, urna tosca imagen que logró se expusiera a la veneración pública. Aceptó la divina Señora el homenaje de este, su humilde devoto y comenzó a derramar gracias, favores y milagros, de cue están llenas las crónicas de este santuario, al grado de llegar, con el tiempo, a ser el más renombrado y rico de Sud América.
Varias cúpulas blancas coronan la iglesia, de pesado estilo colonial. La imagen ostenta un manto espléndido, bordado de
el rostro.
Roma, solicitando esta gracia.
Músicos indios en las fiestas de Copacabana
nimes anhelos. El episcopado boliviano háse
piedras preciosas, una corona de oro, pendientes y alhajas, riquísimo collar de perlas y un bastón de oro en la mano, obseIl quio del conde de Lemus, virrey del Perú. A la imagen así vestida, lo mismo que a la del Niño que tiene en los brazos, cuajada también ella de alhajas, mo se le ve sino las manos y
El padre Rafael Sans la describe en los siguientes términos (1): ““El busto de esta imagen es de maguey bien estucado, con pasta muy compacta, que la hace parecer de madera: está dorada toda ella, menos las manos y la cara; sobre el dorado tiene sus colores floreados y rayados con curiosidad, para fieuú- | rarla con manto, tánica y toca de lana o de tisú: cuya clase de labor parece que los doradores la llaman eserafiado. La imaeen descansa y está unida a un pedestal cuadrado de cinco puleadas de alto: así es que toda ella tiene como cinco cuartas desde el pie del pedestal hasta la cabeza de la virgen?”.
Llama la atención por cierto que imagen tan celebrada
por su antioiedad, milaoros y veneración de los fieles, no haya sido hasta hoy agraciada de corona pontificia. Sin embareo, no pasará mucho tiempo sin que se vean satisfechos los unáa dirigido »
(1) Historia de Copacabana y de su milagrosa imagen de la Virgen.
SAPÍTULO XVIII
Las islas del Sol y de la Luna, lugares sagrados. — Origen de los incas. — Timieblas impenetrables. — Los americamistas y los primeros pobladores del Continente. — Manco Capac fué un hombre superior. — La leyenda poetizó su origen. — Duración de la monarquía incásica. — Monumentos pertenecientes a la cultura de los Tihuanacus, de los: IHuiracochas, de los Incas. — Estos sólo aprovecharon lus construcciones de piedra polígona y engastada que dejó la anterior cultura. — La paternidad de esos magnáficos monumentos, sólo les correspondería en un sentido lato.
Frente a la península de Copacabana están las dos islas más célebres del lago: Titicaca o del Sol y Coaty o de la Luna, siendo la primera la más famosa, porque en ella, según cuenta la leyenda, aparecieron Manco Capac y Mama Oello Huasco, troneo y raíz de la monarquía de los incas y porque ““dicen, cuenta Garcilazo, que después del diluvio, vieron los rayos del Sol en aquella isla y en aquel lago, primero que en otra parte””.
De hecho esta isla fué lugar sagrado en la época de los incas y hubo en ella templo, sacerdotes consaerados al culto del Sol y vírgenes a él dedicadas, palacios y jardines hermosos. El inca, después de ayunar un año, privándose de carne y ají y de tener comunicaciones con un espíritu del otro mundo que le fué enviado por su padre el Sol, asistió personalmente a la inauguración del santuario de Titicaca. Y es fama que fué espléndido el ceremonial de las fiestas, durante las cuales se eolocó. en el luear de hencr, la imagen del Sol, que era de un
eran tamaño y de oro reluciente, como se hizo también con la imagen de la Luna, toda ella de plata, en el templo que en su honor se levantó en la isla de Coaty, quedando de esta guisa dedicadas, la una al Sol y la otra a la Luna, progenitores ambos de la monarquía incásica.
“Nuestro padre el Sol, viendo los hombres tales se apiadó y hubo lástima de ellos y envió del cielo a la tierra un hijo y una hija de los suyos, para que los doctrinasen en el conocimiento de nuestro padre, el Sol, para que le adorasen y tuviesen por su Dios y para que les diesen preceptos y leyes en que viviesen como hombres en razón y urbanidad, para que habitasen en casas y pueblos poblados, supiesen labrar la tierra, cultivar las plantas y mieses, criar los ganados y gozar de ellos. y de los frutos de la tierra, como hombres racionales y no como bestias. Con esta orden y mandato, puso nuestro padre, el Sol, estos dos hijos suyos en la laeuna Titicaca, que está a ochenta leguas de aquí y les dijo que fuesen por donde quisiesen y doquiera que parasen a comer o dormir, procurasen hincar en el suelo una barrilla de oro, de media vara en largo y dos dedos en grueso que les dió para señal y muestra, que donde aquella barra se les hundiese eon solo un eolpe que con ella diesen en tierra, allí quería el Sol nuestro padre que parasen * hiciesen su asiento y eorte... Y desde lueso los constituyó y nombró por reyes y señores de todas las oentes que así adoctrináredes con vuestras buenas razones, obras y gobierno. Habiendo declarado su voluntad nuestro padre el Sol a sus dos hijos, les despidió de sí. Ellos salieron de Titicaca y caminaron al Septentrión... fué en un cerro, llamado Huanacauti, al mediodía de esta ciudad... procuró hincar en tierra la barra de oro, la cual con mucha facilidad se les hundió al primer golpe que dieron con ella, que no la vieron más... Da aquí salieron a conocer las gentes, el príncipe a Septentrión y la princesa a Mediodía y con los que convencieron y redujeron comenzóse a poblar la imperial ciudad del Cuzco...
“Estos fueron nuestros primeros incas y reyes que vinieron en los primeros siglos del mundo. Cuántos años ha que el Sol
nuestro padre envió estos sus primeros hijos, no te lo sabré decir precisamente, que son tantos que no los ha podido guardar la memoria, tenemos que son más de cuatrocientos. Nuestro inca se llamó Manco-Capac y muestra colla Mama Oello Guaco : fueron como te he dicho, hermanos, hijos del Sol y de la Luna, nuestros padres”? ;
““Esta larga relación del origen de sus reyes me la dió aquel inca, tío (1) de mi madre, a quien yo se la pedí”” (2)
Así recibía, en el Cuzco, de un anciano de la familia de los incas, el historiador Garcilazo de la Vega, biznieto del eran Yupaneuí por el lado de su madre, hija de Hualpa Tu-
pac, la historia del origen de sus ilustres abuelos.
Tinieblas impenetrables envuelven la cuna de todas las civilizaciones. La erítica histórica enmudece acerca de la primitiva historia de Asiria, India, Persia, China, Egipto y hasta pone en duda los orígenes de la misma historia griega, con ser, puede decirse y en comparación de aquéllas, todavía de ayer. Qué mucho que idéntica cosa suceda con la primitiva historia americana, sus primeros pobladores y civilizadores y hasta con la misma monarquía incásica que, si bien no contó muchos siglos de existencia, trasmitida empero por la tradición de padres a hijos, mezclada con toda su suerte de fábulas, ha llegado a nosotros enteramente oscurecida y desfigurada.
La opinión de los americanistas acerca de los primitivos pobladores del Continente está dividida, pues, mientras unos ereen que América formaba con la actual Polinesia un solo continente, dividido después y fraementado por un gran cataclismo (3) y de consiguiente que la población se vino derramando de norte a sur, juzean otros lo contrario, o sea, que ésta hizo su camino de sur a norte; éstos que fueron los escan-
(1) Uno de los pocos parientes de su madre cuzcueña que escaparon a las crueldades de Atahualpa y que con frecuencia la visitaba en el Cuzco, siendo el Inca Garcilazo de la Vega de 16 a 17 años.
(2) Garcilazo de la Ves Inca. Comentarios Reales, tomo II, cap. XV, XVI RV Medria se.
(3) Serían indicios evidente los monumentos y pobladores que existieron en islas alejadas miles de kilómetros de la costa, distancias bles en piraguas; v. g. la isla de Pascua perteneciente a Chile donde ten estatuas altísimas y monumentos de piedra tallada, sin cue se encuentre en toda la isla ni el menor rastro del material de que fueron hechas.
dinavos que desde Groelandia hicieron expediciones al Canadá, Terranova, etcétera (1), aquéllos que fueron los fenicios o los descendientes de los hebreos, de las tribus dispersadas por Salmanasar el año 721 a. J. C. o si no los egipcios, vale decir, los descendientes de los hiksos o reyes pastores, cuya dinastía desaparece de improviso en la historia, o también los chinos euyos conocimientos astronómicos, calendarios y manera de dividir el tiempo, son muy análogos a los de los mejicanos y cuya leneua tiene muchos puntos de contacto con el antiguo idioma peruano (2), al grado que según afirma Llorente en su Historia del Perú, los chinos pueden entenderse con los habitantes de Etín, pueblo de la costa peruana del norte y también, según Posnanski, con los de Atén, pueblito de la provincia de Caupolicán en Bolivia (3).
Prescindiendo, pues, de expediciones pasajeras de los escandinavos, o de erupos aislados de hombres lanzados a las costas por las tempestades del Atlántico, de que quedan memorias en los monumentos diversos y en las tradiciones que se han conservado en casi todos los pueblos de América, inelusa la región del Titicaca (4), sobre hombres barbados venidos del extranjero, lo más probable y generalmente aceptado es que los pobladores de América hayan sido familias venidas del Asia.
(1) Véase Los Precursores de Colón. Memoria del Dr. Aníbal Echeverría y Reyes que debió presentarse a la 2a Asamblea del XIX Congreso Internacional de los Americanistas a celebrarse en La Paz (Bolivia) en Diciembre 114, y que se suspendió, debido a la guerra europea.
(2) Según Gebelín, la palabra Quipos, es compuesta de qui (elemento) y de pos (palabra) en lengua china. De consiguiente los Quipos especie de made: le hilo, en que los amautas, o sabios ,del tiempo de los incas, anotaban los hechos históricos, con señales. nudos y colores diferentes, significaría. elementos del discurso.
(3) Bien pues podría haber sido el primer Inca un hijo del Celeste Imperio o de aleún otro pueblo de la raza mongólica, adoradora del Sol, ya que no deja de ser sugestivo que los incas, como los emperadores de China, se hayan titulado hijos del Sol y festejado también los solsticios y los equinoccios con las fiestas de Kiapak-raymi e Inti-raymi.
(4) Don Carlos Walker Martínez dice: El autor del libro American Antiquities, refiere que en 1827 se descubrió cerca de Montevideo una lápida de piedra, bajo la cual se encontraron algunas armas de acero con rico cincelado. Se alcanzó a leer parte de la inscripción griega de la lápida que decía: Durante el dominio de Alejandro, hijo de Filipo, rey de Macedonia en XXXIII Olimpiada, Tolomeo..., el. resto estaba borrado por la acción del tiempo. Entre las armas había un almete que tenía esculpido con exquisito gusto la escena de Aquiles arrastrando el cuerpo de Héctor al pie de los muros de Troya.
De todos modos, fuera asiático o europeo, (1) o descendiente de éstos, o bien de raza americana pura, lo cierto es que Manco Capac fué un genio superior que logró echar los cimientos de un vasto imperio, darle sabias leyes, organizar una administración y un poder que aunque despótico era solícito y patriarcal y a base de religión, de justicia, de orden y de virtud, fundar el más poderoso imperio americano que llegó a extenderse desde Quito hasta el Tucumán y el Maule. Astuto, tenaz, emprendedor y dotado además de una extremada belleza que subyugaba a los indios, se enseñoreó de las almas y se hizo creer y llamar Hijo del Sol. La fábula, la leyenda, se encargó después de poetizar su origen, haciéndole bajar del cielo, juntamente con su hermana y esposa la colla Mama Oello Huaco, como hijos que eran del Sol y de la Luna sobre el lago Titicaca. Desde allí comenzaron su predicación y sus ensefianzas: aquel ponderaba a los indios la importancia de la unión de las tribus, la sumisión, la virtud, condenaba el robo, la mentira, enseñábales la agricultura, el manejo de las armas, etcétera, mientras ésta, como dice Garcilazo, ““industriaba a las indias en los oficios mujeriles, a hilar y tejer algodón y lana y a hacer de vestir para sí y para sus maridos e hijos ?”?.
Créese generalmente que la dinastía incásica no duró más que trescientos años, desde su fundación por Manco Capae alrededor del año 1250 de muestra era, hasta que terminó con la muerte de Atahuallpa en Cajamarca a manos de Francisco Pizarro, o bien, como quieren otros, con la desaparición de Tupac Amaru, quien al rebelarse más tarde e intentar recobrar la independencia de su pueblo, fué condenado a muerte, por el virrey Toledo.
Y es fama que al presentarse éste en la corte de Felipe IL,
(1) El autor de las Memorias del general Miller dice: Dejaremos a los anticuarios que decidan sobre la probabilidad de que un inglés naufrague en las costas del Perú, hace 800 años; pero no pasaremos en silencio que los etimolosistas auichuanos aseguran que al preguntar el cacique al náufrago, quién era, éste le contestó: “Englishman”. Esta palabra fué pronunciada en la lengua quichúa “ingasmán”, a la cual añadieron cocopac (hermosísimo) palabras que unidas formarían Ingasmán-cocopac, que dicen los peruanos es de donde deriva Inca Manco Capac, nombre del fundador de la raza de los incas.”.
¡Cuándo no habían de ser los ingleses...!
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oyó de los labios del rígido monarca: ““Idos a vuestra casa, que yo no os envié a matar reyes, sino a servirlos”” palabras que pocos días después lo llevaron a la tumba víctima de hon-
dísima congoja.
Observando ahora las diversas clases de antiguos monumentos que se encuentran en Tihuanacu, como en las islas del Sol y de la Luna, no menos que en los otros pueblitos de la costa del Titicaca y los del Cuzco, Pisac, Ollantaitambo, eteétera y resumiendo lo que dicen algunos americanistas, en especial Posnanski, podemos hacer las siguientes observaciones, conjeturales muchas de ellas, pero que ilustrarán al lector sobre lo que trataremos después.
La cultura más antigua y acaso más perfecta es la de los Tihuanacus que sometieron y civilizaron al primitivo indio autóctono, sin que se sepa de dónde tuvo origen. Trabajaban admirablemente la piedra y la exornaban con figuras simbólicas y algunas otras ornamentaciones, si bien lenoraban el uso de los cimientos y el de la bóveda; valíanse para sus techos del tejido de totora. Los ángulos entrantes y salientes que disminuyen o aumentan el rectángulo principal de la fieura, constituye el estilo típico y puro de Tihuanacu.
Destruída la megalítica metrópoli de Tihuanacu, los pocos sobrevivientes parece se hubieran retirado a Sillustani, cerca del lago donde pudiera tal vez rastrearse el último esfuerzo por edificar una nueva capital; pero decayendo poco a poco, sin sujeción política alguna y esparcidos aquí y allí en el aislamiento, semisalvaje de sus ayllus, hubieron de ser exterminados por los collas.
Trascurridos varios siglos acaso después de la destrucción de Tihuanacu, nueva inmieración de un elemento superior, los Husracochas, arribó a esas regiones implantando otro estilo en sus construcciones, menos artístico, al decir de Posnanski y sin decoraciones en las piedras y acaso también el idioma quechua y la religión del Pacha-chachi, quien, según la tradi-
ción, dominaba el Sol, la Luna y demás astros, movía la tierra, volcaba los montes y hacía llover fuego y a quien obedecían sumisos como a poderoso y supremo jefe, los hwiracochas, hombres blancos y barbados.
Este período que podría llamarse de la piedra polígona y engastada, fué más lareo que el anterior.
La nueva raza dominadora se había instalado en las islas del laeo, donde defendida más fácilmente de los ataques de los indios autóctonos, podría con relativo desahogo haber dado principio al desarrollo de su dominio y de su cultura, aprovechando a la vez los rastros dispersos de la cultura antigua; y de aquí también habríanse extendido al norte y al sur.
De ella o de sus descendientes serían los grandes caminos, a estilo de las vías romanas, en la parte alta del continente y que erróneamente fueron atribuídos a los incas y a 10s españoles, como asimismo los notables monumentos de piedra polísona que hoy se admiran en el Cuzco, Ollantaitambo, Pisae, etcétera, en los que la técnica y el estilo del labrado llegan ya a su perfección, siendo los de las islas del Sol y de la Luna que también les pertenecen, como los primeros ensayos de aquéllos.
2ealmente aquellas construcciones, como después veremos, son admirables. La talla y laboreo de las piedras son de una finura exquisita y la adaptación de las unas a las otras tan petfecta y de una exactitud tan matemática, que no es dable hacer penetrar por sus junturas ni la punta de un cortaplumas. La varacterística de estas construeciones es la perfección de la talla de las piedras y la unión entre ellas sin nineuna clase de mezcla, presentando las puertas de esta época lo mismo que los nichos, especie de ventanas ciegas abiertas en la pared de piedra, el dintel más angosto que el umbral, que les da un parecido a las construcciones egipcias. Las mismas superficies exteriores de los erandes bloques polígonos, ostentan escabrosidades finísimas como si hubieran sido picadas a golpes de cincel (1).
(1) En las excavaciones practicadas cree el señor Posnanski haber
pa [sue
Erradamente casi todos los historiadores, investigadores y viajeros atribuyen a los incas todas estas construcciones de piedra polígona y engastada. Estos no hicieron más que aprovecharlas, utilizándolas en el estado en que las encontraron y edificando sobre los restos que aun quedaban en pie, paredes de pirea y de adobes.
Finalmente, cuando ya desapareció el secreto de labrar artísticamente la piedra, habría venido el período de los edificios de pirca y de adobes, que debió haber comenzado mucho antes de los incas, durado en su dinastía y continuado en tiempo de la conquista.
Los historiadores adjudicaron aquellos maeníficos monumentos de piedra tallada a los incas, porque los encontraron en posesión de ellos, sin fijarse que esos edificios tenían como base construcciones de piedra admirablemente labrada y sobre éllas otras construcciones, en forma de remiendos, con paredes de pirca en unas y de adobes en otras. Idéntica cosa hicieron los españoles más tarde con las construcciones que encontraron, pero con esta diferencia que el sistema característico empleado por los incas en su edificación es de piedra bruta con barro, cal y estuco, o con adobes, mientras que los españoles, acuñaban la piedra bruta con lajas chatas para darles mayor consistencia.
Como ya antes dijimos, el dominio de los trece incas conocidos en la historia, sólo duró desde la fundación de la monarquía por Maneo Capac, hasta la conquista de los españoles, alrededor de 300 años. Pues bien, no faltan quienes erean
encontrado varios de estos instrumentos que son de piedra muy dura en forma de torpedo afilado en sus dos extremos.
Las construcciones de Tiahuanacu, algunas del Cruzco y de otros lugares del Perú tienen gran analogía con las construcciones egipcias de las Pirámides y restos de monumentos, de Menfis y de Tebas, no sólo en la forma «le las puertas, sino también en el modo de colocar los sillares unos sobre otros sin argama y que dan la sensación de indestructibilidad capaz de desafiar a los siglos. Hasta el gran monolito de Tiahuanacu tiene un pronunciado parecido con las estatuas de Ramses II que años atrás contemplamos en Mentfis,
Cumple hacer notar asimismo la analogía de estas cons trucciones americanas con el único resto que acaso queda de construcción genuinamente hebrea en toda la Palestina, o sea con fragmentos de los muros del antiguo templo de Salomón, en Jerusalén, donde van a llorar los judíos todos los viernes del año, muros que por otra parte se parecen en su arquitectura a las construcciones egipcias.
que estos trece incas formaron una sola dinastía, por el estilo de las dinastías egipcias y que los reyes de las otras anteriores, inclusa la Tihuanacu llevaron también el nombre o título de inca o Inga, como escriben los antiguos cronistas de la conquista. Sólo en este sentido, cree el señor Posnanski, (1) sería admisible el atribuir a los incas, así de una manera genérica la paternidad de los grandiosos monumentos de piedra polígona y tallada que enriquecen al Cuzco, Pisac, Ollantaitambo, etcétera.
(1) Guía General Ilustrada de Tinuanacu e Islas del Sol y de la Luna.
Tihuanacu. Una Metrópoli prehistórica del hombre Americano.