Aromas de América · Capítulo real 12 de 24
CAPÍTULO XXI
Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 3 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.
CAPÍTULO XXI
Ultimas palabras del inca Huaina Capac. — Vaticimios y promósticos simestros sobre la caída del imperio incaico. — Francisco Pizarro en Tumes y Cajamarca. — Precio que ofreció Atahualpa por su rescate. — Los tesoros del Cuzco pasando como botín de guerra a los españoles. — Los verdaderos dueños trocados en esclavos. — Estilo de las construcciones del Cuzco. — Primeras impresiones.
“Muchos años ha que por revelación de nuestro padre el Sol, tenemos que, pasados doce reyes de sus hijos, vendrá gente nueva y no conocida en estas partes y ganará y sujetará a su imperio todos nuestros reinos y otros muchos. Certifícoos que pocos años después que yo me haya ido de vosotros, vendrá aquella gente nueva y cumplirá lo que nuestro padre el Sol nos ha dicho y ganará nuestro imperio y serán señores de él. Yo os mando que le obedezcáis y sirváis como a hombres que en todo os harán ventaja: que su ley será mejor que la nuestra y sus armas poderosas e invencibles más que las vuestras. Quedáos en paz, que yo me voy a descansar con mi padre el Sol, que me llama””.
Así en la ciudad de Quito, en el año 1525, de los labios va lívidos del moribundo inca Huaina Capac, recibían los miembros de la familia imperial que rodeaban su lecho de muerte, la profecía sobre el fin que tendría el gran imperio de Tahuantisuyo.
Los vagos y antiguos vaticinios acerca de la venida de hombres de color blanco y extraordinarios, a estas tierras, conservados por los sacerdotes del Sol y los pronósticos siniestros
Boa ca
hechos, en más de una ocasión, por los hechiceros y amautas, venían osí a tener una confirmación explícita emanada de la real boca del grar anciano Husina Capac, momentos antes de morir.
Así se explica que no bien hiciera su primera aparición en Tumes (1532), aquel puñado de españoles capitaneado por Francisco Pizarro, comenzasen ya los indios a tenerles por seres superiores, huiracochas, hijos del Sol, así se explica también—prescindiendo del asombro rayano de estupefacción que les infundieron aquellos hombres barbados que, formando, según ellos creían, una sola cosa con los caballos que montaban, manejaban el ¿ampu, como verdaderos hijos del Sol—tanto o más que el espanto, el respeto y la supersticiosa veneración que les llevó al grado de no oponer resistencia alguna; y así se explicaría por fin la manera moderada, amistosa y digna, con que fueran recibidos en Cajamarca por Atahualpa, quien no obstante encontrarse rodeado de la flor y nata de sus tropas y más hábiles y esforzados guerreros, prohibióles todo acto o señal hostil para tan ilustres huéspedes, que. “si no se los mandaba, dice Garcilazo, bastaba verlo caído en tierra y preso para que todos murieran peleando en defensa de su príncipe, pues, tenían sus armas en las manos y aunque no fuera sino a pedradas, mataran e hirieran a ciento y sesenta españoles que eran?”
De esta manera vino a derrocarse aquel poderosísimo imperio de los incas, enyas triunfantes banderas se habían paseado con orgullo por medio continente y cuyas incontables riquezas parecieran una fábula, urdida ex profeso para deslumbrar, si no estuviesen abonádas unánimemente por todos los historiadores y cronistas.
Sabido es que Atahualpa, viéndose prisionero a traición y casi no creyendo a sus propios ojos, ofrecióle a Pizarro por su rescate llenarle de plata, hasta la altura de nueve pies, la sala de su prisión que tenía de largo veinte y dos pies, y de ancho diez y siete. La suma de 4.800.000 ducados ya reunidos, según el padre Blas Valera, en vez de satisfacer la codicia de aquellos
E OR
audaces aventureros, precipitó la ruina de ese príncipe desventurado. La sangre de la víctima tiñó la frente del verdugo y nada ni nadie será parte a borrar el estigma de ienominia que aquel hombre extraordinario arrojó sobre sus proezas y glorias.
Mucho mayor, dice Garcilazo, citando a Gomara y Zárate, fué lo que hubieron en el Cuzco, cuando entraron en esta ciudad, de la cual acarreó Hernando Pizarro 27 cargas de oro y 2.000 marcos de plata. “Hubo español que halló un sepulero entero de plata de valor de 50.000 castellanos, otro que sacó en vasijas de oro de un hoyo 80.000 ducados, otro de unos cimientos 62.000 ducados y otro un enorme ídolo de oro macizo y así sucesivamente. Y a pesar que los indios sacaran ya y escondieran gran parte de las riquezas de los incas, cuando entraron allí los españoles, fué todavía extraordinaria la que se repartieron despojando los templos, palacios y santuarios.
No se habrá tal vez conocido en la historia persona más afortunada que Mancio Sierra de Leguízamo, a quien tocóle la joya más hermosa y de más valor, el Sol de oro que servía de adoración en el templo principal del Cuzco, consistente en una enorme plancha o tablón de. oro, que cubría de alto a bajo toda la pared del fondo y que valía millones. Pero a buen seguro que no habrá existido tampoco tahur más descabellado y truhán al atreverse a jugar a las cartas y perder en una sola noche tan cuantiosa fortuna. Diz que de aquí nació el proverbio: *“Juear el sol antes que salga””.
Y entre tanto qué hacían, se pregunta Walker Martínez, los pobres indios, los verdaderos dueños de esos tesoros? Gemían bajo el nuevo yugo impuesto con atroz dureza y se diezmaban en el trabajo penoso de las minas al peso de las terribles mitas. Los hijos nacían siervos y las más bellas de sus mujeres y las más nobles, a lo más que podían pretender, salvo cortas excepciones, como la del virtuoso gobernador de Chile, Loyola, era a servir de pábulo a la voluptuosidad de sus amos. Pizarro que llevaba al patíbulo al desgraciado Atahualpa,
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mantenía relaciones amorosas con su hija y de ella tuvo un hijo y otro de una hija de Huaina Capac.
Todas estas cosas y muchas otras, (1) que de sabidas se callan, que llovieron como carbones de fuego sobre esa raza que hasta hoy parece una raza maldita, bullían en mi mente, apenaban mi corazón y torturaban mi espíritu en esa noche que por vez primera penetré en la hoy pobre y desmantelada ciudad, la más antigua de América, capital otrora envidiada del imperio de los incas. Y, como obedeciendo a un mandato supremo, fuíme desde el hotel al templo de Santo Domingo, al rayar el día y en el altar mayor, enclavado precisamente en el lugar del santuario donde se alzaba el antiguo templo del Sol, ofrecí la santa misa al Dios de los cielos y tierra, ante quien no hay distinción entre judíos y griegos, bárbaros o romanos, como dice el apóstol, por los sufrimientos, miserias y desdichas de esa raza proscrita en su propia tierra, drena, por cierto, muy diena de mejor suerte.
El Cuzco, que en el apogeo de su eloria alcanzó hasta cerca de 200.000 habitantes en la actualidad sólo cuenta 25.000. Situada a 3.488 metros de altura, ocupa los faldeos de un anfiteatro de cerradas montañas, al que va a morir el valle que recorre el ferrocarril. Tienen de consiguiente muchas de sus calles un fuerte y pronunciado declive y son además Irregulares, estrechas, de empiedre horrible y muy desaseadas. Tanto como su antigiiedad, la caracteriza la suciedad y eso que ogaño es muy otra de lo que fuera antaño, según se oye por allí decir. En el centro de las calles, por donde corren a veces las acequias, se aglomera toda clase de basuras y de inmundicias que despiden un olor especial, ingratísimo. No se si por esto y por el tufo que sale de tantas covachas sin luz, ni ventilación, ni pizca alguna de higiene que abundan por esas callejas de
(1) También en el Perú, según los informes 1ecogidos, la raza indígena es indignamente explotada por los grandes y ricos propietarios, cor. la aquiescencia cuando no connivencia de las autoridades secundarias de la campaña, sin que el poder público superior deje sentir eficazmente la acción que debiera en pro del indígena que resulta siempre el paria y esclavo olvidado en todas partes.
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Dios, lo cierto es que todo allí parece oler a chicha, y a chicha bien fermentada.
Muchos barrios modernos conservan los mismos nombres que llevaban en tiempo de los incas. En esos cuarteles vivían antiguamente, según dice H. Fuentes, los indios conquistados que formaban entonces el pueblo. Agrupados en un mismo
Vista general del Cuzco
barrio ““por razón de su localidad de origen, con sus vestidos propios y separados de los otros por la misma razón; todo lo cual quiere decir que el centro de la ciudad de Cuzco, o Tahuantisuyo (los cuatro puntos cardinales) era un verdadero mapa del imperio, donde se tenían fijadas, por los barrios, las tribus conquistadas con su verdadera orientación””. En el mismo centro estaban los palacios de los incas, rodeados de sus ayllos, o casas de vasallos alrededor de la residencia respectiva a que pertenecían.
El estilo de las construcciones es el colonial, sólido, pero sin ornamentación ni gusto, y afeado además por la incuria o pobreza de sus habitantes, que, generalmente, no remozan ni con un pobre y caritativo revoque o blanqueo de brocha gorda
siquiera esas negras, sucias y descascaradas paredes que, por otra parte, al no guardar nada que diga relación con la historia o con el arte, no parece debieran gozar del privilegio de intangibles.
Eso sí, esparcidas en des: orden se ven muchas lelesias, algunas de las cuales, por su estilo arquitectónico y artística ornamentación, son dignas de embellecer la más adelantada ciudad, no pocas arquerías an-
tigeuas, portadas coloniales de
piedra tallada y de gran efecto adornadas con blasones nobiliarios, y, por todas partes restos erandiosos de murallas incai-
cas O preincaicas que son las que dan a la ciudad su verdadero carácter, el sello inconfundible que la distingue de todas las demás. Tal es la impresión
Portada esrañola — Cuzco
pendientes, bajar sus declives y jadear por entre el dédalo perfumado de sus míseras callejas.
que se recibe al recorrer sus plazas y sus calles, trepar sus
CAPÍTULO XXIT
La Catedral. — Sus dimensiones y estilo. — Altar mayor. — Silleráa del coro de canómgos, el púlpito y otras obras de ebamistería. — La campana “María Angola*?. — Obras de arte que existen en la iglesia, sacristía y sala capitular. — El tesoro de la Catedral. — Ornamentos sagrados de gran valor. — La Capilla del Triunfo. — Retablo de piedra labrada. — La Cruz de la Conquista. — El alzamiento del príncipe Manco Inca en 1535 y sitio del Cuzco. — Prodigios a que debieron el triunfo los españoles. — Uuadro conmemorativo. — Blasón exclusivo de la Catedral del Cuzco.
Indiscutiblemente el monumento más erandioso del Cuzco es su hermosísima catedral, estilo Renacimiento, toda ella de piedra de sillería, que se alza en la plaza Matriz, teniendo en frente una esbelta y espaciosa escalinata, a su derecha la capilla de los Saerados Corazones y a su izquierda la del Sagrario, llamada comúnmente la Capilla del Triunfo.
De hermosa fachada, con columnas corintias y dos torres, mide 80 metros de largo, 30 de ancho y 20 de alto y tiene tres espaciosas naves, crucero y seis capillas por cada lado (contando la sacristía y una cripta) con canceles de madera torneada y dorada que cierran todo el arco respectivo.
Su arquitectura, su ornamentación, sus regios marcos y canceles dorados, sus vastas proporciones, la profusión de telas y obras de arte que ostenta, producen a la verdad, un efecto extraordinario y lo fuera aún mayor, si el coro de canónigos, casi desde la entrada del templo, a la antigua usanza española,
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no se interpusiese, ocupando todo el ancho de la nave central y en largo todo el espacio de dos arcadas con sus respectivas
pilastras, lo que, como es claro, roba la vista del altar mayor
y mata la impresión estética de conjunto. Las paredes exteriores del coro de canónigos a más de temer arios nichos y retablos de h:e rmosísimas tallas se enCatedral del Cuzco cuentran tapi-
zadas de cuadros de marcos dorados, como lo están asimismo casi
todos los espacios hábiles del templo, sacristía y sala capitular, siendo notables aleunos de los muchos retablos que posee.
La primera piedra de esta catedral se colocó en 1560 y se terminó en 1654. Diz que un virrey observó, que no fuera tan costosa, si de plata estuviera edificada.
Muy dignos de especial mención son, el altar mayor, la sillería del coro de canónigos, el púlpito y el vestuario de la sacristía.
El primero, de armazón de madera, todo revestido de eruesas planchas de plata, es verdaderamente soberbio. Tiene de nueve a diez metros de alto, 12 columnas grandes y 24 medianas, varios medallones macizos de relieve y está coronado por el “Angel de la Fe””, estatua de plata maciza de un metro de alto. Se alcanza a leer en una inscripción que data del año 1803, que costeó el retablo don Bartolomé de las Heras, en 5.000 marcos de plata. Los rayos del sol que penetran por las ventanas del ábside, se reflejan en aquella masa de plata y producen efectos sorprendentes de luz.
La sillería del coro, no deja que desear; es realmente es-
pléndida y recuerda las de las antiguas catedrales españolas que el viajero admira en la península. Artisticamente tallada en madera, muestra dos órdenes de estatuas en relieve, contando cada uno 42, o sea, un total de 84, y 42 dos ángeles también de relieve en medio en forma de cariátides. En el sitio de honor del centro aparece una estatua tallada y delicadamente esmaltada de la Inmaculada Concepción.
El púlpito es también una de las mejores obras de ebanistería que hay, sólo aventajado por el incomparable púlpito de la iglesia de San Blas. Todas estas obras y el retablo del vestuario de la sacristía, filierana en madera, otros dos cuerpos separados, con seis estatuas de un metro de alto aproximadamente y seis cómodas o armarios que están allí mismo, son verdaderos encajes y un primor de talla.
La sillería del coro, el púipito y el retablo de la sacristía y demás obras mencionadas, fueron hechos a mediados del siglo XVII por el eximio artista, el racionero doctor don Diego Arias de la Cerda. El mismo fundió también por los años de 1660, después de dos ensayos frustados, la célebre campana “María Angola”? de 130 quintales colgada en una de las torres, cuyo sonido se oye hasta seis leguas de distancia y que en esos tiempos fué presupuestada en 7.000 pesos, sin contar una donación extraordinaria de última hora. En los momentos mismos de la fundición, una rica mujer apellidada Angola, deudora de un gran favor a la Virgen, llegó cargando en sus brazos más de una arroba de oro y-lo echó a la fundición diciendo: “Recibe, madre mía, la ofrenda de mi eratitud””. La campana más erande y hermosa de Sud América, que debía llamarse ““María”, en honor de la santísima Virgen, llamóse desde ese instante “María Angola”? por voluntad unánime de los maravillados concurrentes, que inmortalizaron así a la generosa donante.
Pero volvamos a la puerta principal del templo y reseñemos a la ligera los cuadros más artísticos que en él se guardan, no sin hacer notar que todos, a excepción de dos, son antiguos y no llevan firma y que sólo mencionaremos
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los mejores, dejando aparte los otros, que son los más.
Entrado uno apenas, dáse con la parte posterior del coro de canónigos que, como ya dijimos, está allí en el centro, eubierta por un magnífico nicho do se venera la donosa Virgen de la Paz, pintada sobre madera. De uno y otro lado del mismo vénse dos grandes telas modernas, del pintor euzqueño Mariano Corbacho, representando un coro de capuchinos y una toma de hábitos, ambas de hermoso colorido y eran perspectiva. Sin moverse del mismo sitio, se admiran en las naves laterales dos erandes cuadros con regios marcos dorados, uno de la cireuncisión y otro de Jesús en medio de los doctores, bastante buenos, sobre todo por la decoración arquitectónica de sus respeetivos fondos.
En la nave derecha de quien entra: una Santa María Egipciaca, una Magdalena y una Asunción (al parecer).
En la izquierda: un San Ildefonso y la. Vireen, una Transverberación de Santa Teresa, un San Felipe Neri en éxtasis, tela de gran composición, una Impresión de las llavas de Santa Catalina, una Santa Mártir y Martirio de Santa Bárbara, todos cuadros grandes y de mérito no vulear por su dibujo, colorido y composición. Embellecen también ambas naves late rales, uma serie de telas de 1.20 por 70 aproximadamente y que representan a los profetas, evangelistas y doctores de la iglesia. Pero mejor que todos estos es un San Pedro, alto dos me-
«tros, en marco de plata que se ve en el presbiterio.
La sacristía y sala capitular se encuentran asimismo ates tadas de pinturas, algunas de eran mérito, llevándose la palma al decir de todos un crucifijo, tamaño regular, atribuído a Van Dyk, al que no ha mucho se le pretendiera robar y por lo cual hoy, apenas si se le aleaznza a distineuir, metido como está en un nicho oscuro con fuertes rejas de fierro por delante.
Entre 41 altos relieves pequeños, hay tres bastante buenos en el retablo del vestuario: un Salvador, una Resurrección y la Sepultura del Señor. Los que siguen, fuera de una Vireen con el niño y Una caída del Señor, sobre vidrio, son todos en tela y de bastante mérito: Un Santo Tomás de Aquino, un
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San Agustín, pequeños; cuatro representando episodios de la vida de San Pedro y una Natividad de la Virgen, tamaño regular; un Jesús lavando los pies a los Apóstoles, una Asunción, Traslación de la Casa de Loreto y seis cuadros representando las parábolas de Nuestro Señor, grandes.
Completan esta breve reseña, las siguientes piezas que son las más notables y valiosas del tesoro de esta insigne Catedral; una corona de oro de la imagen de la Asunción que se venera en el altar mayor, un collar de perlas de la virgen, seis candelabros de plata, más o menos de metros 1.70 de altura, seis frontales de plata, dos incensarios y una naveta de oro, unas andas de plata del Señor de los Temblores (la imágen más venerada del Cuzco que recibe culto (1) en una de las capillas), alta casi dos metros y enormemente pesada y un deslumbrante carro forrado de plata, más o menos de cinco metros de altura con templete y trono para el Santísimo, coronado por una estatua de la fe. En las cuatro esquinas del templete hay erandes ángeles mostrando las simbólicas espigas de trigo y racimos de uva, en el fondo un pelícano, tamaño natural y en el centro extiende las alas una paloma. Colocada la eustodia en este carro, se le hacía pasear antes, sobre rieles de plata, recorriendo toda la plaza. Hoy sólo sale hasta la puerta del templo y desde allí continúa la procesión del Santísimo bajo palio, en la fiesta de Corpus.
Huelga decir que la custodia es una obra de arte admirable y de una riqueza que excede a toda ponderación. Lástima erande que el Sol, con ser bastante rico y llevar cuatro valiosos pectorales de obispos, no responda a la magnificencia del pie, pues, el legítimo fué robado en 1891, juntamente con una hermosa eustodia perteneciente a la antigua Compañía de Jesús. Púdose encontrar empero, aunque aleo destruído, un dragón alado, de oro esmaltado, la cabeza, cuello y cola, alto setenta centímetros, que tenía entre otras joyas. En cada
(1) El Cristo de los Temblores, regalo de Carlos V, es Patrón jurado de la: ciudad a raíz de los grandes temblores del año 1650, que hizo cesar, al sacársele en procesión.
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una de las alas lleva una esmeralda y el cuerpo lo forma una o
sola esmeralda, de 4 por 3 centímetros y 2 y 1/2 de grosor tasada en 5.000 soles.
El pie de la custodia todo de oro esmaltado, cuajado de perlas, topacios, esmeraldas, filieranas de ramos esmaltados, etcétera, mide m. 0.70 de alto y de ancho en la base cuadrada 0.40. Vénse en la parte superior dos estatuas, una de la Virgen y otra de San José; más abajo los cuatro Evangelistas y luego un riquísimo relicario con el Lignum Crucis. Toda esta parte superior está sostenida por una estatua de Santo Tomás da Aquino y unida a la inferior, embellecida a su turno por otro relicario con un Clavo de la Corona de espinas y las estatuas de San Joaquín y de Santa Ana.
Y bien, todo lo expuesto apenas si da una idea lejana y pálida de lo que sería esta santa iglesia catedral, antes que la diezmaran las exigencias de los ejércitos en tiempos de la independencia y posteriores trastornos políticos, como sucedió en todas partes. Baste saber, entre otras cosas que, en cada una de las catorce pilastras que dividían la nave central de las laterales, resplandecían antes, tres enormes y artísticas guirnaldas de plata, de nn quintal de peso cada una y de las cuales hoy, apenas si queda la memoria.
En cuanto a ornamentos sagrados, sólo mencionaremos una casulla antigua que solamente se usa en el viernes santo; es una masa de oro y riquísima sobre toda ponderación, otra casulla negra muy valiosa también y que, según la tradición, perteneció al célebre padre Valverde, primer obispo del Cuzco, arios ternos pontificales y casullas sueltas muy artísticas y de gran valor, y, a los que habría que añadir otras cuatro modernas de lo mejor que hoy se trabaja en Europa.
Cual si fuese una sacristía de grandes proporciones, está construída, al lado izquierdo de la Catedral, la Capilla del
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Triunfo, de tres naves, con piedra de sillería (1), de que y: hicimos mención y que recuerda la victoria obtenida por los españoles contra el inca Manco, durante el famoso sitio del Cuzco en 1585.
Es esta acaso la capilla más célebre de América, no por su original altar mayor, con retablo de piedra primorosamente labrada, muy proporcionado, sencillo pero artístico, ni por guardar como una reliquia histórica la cruz de madera, como de un metro de ancho y dos de altura, llamada la cruz de la Conquista que llevaba el padre Valverde, o Francisco Pizarro, según otros,
ni por ocupar el sitio, que también ocupa la catedral, del que fué palacio de Viracocha, VIII Inca del Perú, que ya estos fue-
ran precios mo comunes, sino por
TIltmo. P. Valverde, ler. Obispo los grandes milagros allí reali- del Cuzco
zados. Sabido es que en el año de 1535 el príncipe Manco Inca se alzó contra el español y ciñó, con más de 200.000 indios, de apretado sitio la ciudad del Cuzco, defendida por Hernando Pizarro y sus dos hermanos Juan y Gonzalo, con doscientos españoles. Pues bien: pero cedamos la palabra al inca Garcilazo de la Vega quien en los capítulos 24 y 25 del libro segundo (tomo II) de sus Comentarios Reales (2) con el sabor de su dicción antigua y clásica, narra con sencillez y dramaticidad codo lo ocurrido, en los siguientes términos... “Los demás dellos traían sacos, flechas, fuego con ellas y yesca encendida. Tiráronlas a todas las casas de la ciudad, generalmente, sin
(1) Se observa una curiosidad arquitectónica en algunos de sus arcos que a la mitad se bifurcan y descienden de un lado formando dos piernas una más larga que la otra.
(2) Al ejemplar que tengo a la vista fáltale el año y lugar de su impresión. La dedicatoria empero que le hace al Rey, de su obra, está feCchada en Montilla el 19 de Enero de 1586.
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respetar las casas reales: solamente reservaban la Casa y Tern-
plo, con todos sus aposentos... y las casas de las Vírgenes Escogidas... Reservaron también del fuego tres salas grandes,
de las que se servían de plazas para sus fiestas en días lluvios0s... Todas las demás abrasaron, que no quedó ninguna en pie. Los indios más valientes que venían escogidos para quemar la casa del inca Viracocha, donde los españoles tenían alojamiento, acudieron a ella con erandísimo ímpetu y le pegaron fuego dende lejos, con flechas encendidas: quemáronla toda y no quedó cosa della. La sala erande que en ella había, que ahora es lelesia catedral, donde los cristianos tenían hecha una capilla para oir misa, reservó Dios nuestro señor del fuego, que aunque le echaron innumerables flechas y empezaba a arder por muchas partes, se volvía apagar como si anduvieren otros tantos hombres echándoles agua. Esta fué una de las maravillas que Nuestro Señor obró en aquella ciudad para fundar en ella su santo evangelio... Pesáronle fuego muchas veces y muchos días y a todas horas, ya de día, ya de noche: más nunca pudieron salir con su intención: admiránbanse no sabiendo qué fuese la causa. Decían que el fuego había perdido su virtud contra aquella casa, porque los Viracochas avían vivido en ella?”?.
En cierta ocasión, viéndose ya los españoles perdidos, quisieron morir como buenos y ““Arremetieron a los Indios llamando a grandes voces el Nombre de la Virgen y el de su Defensor Apóstol Santiago... El Príncipe Manco Inca que miraba la batalla de un Alto, esforzaba a los Suios, nombrándolos por Provincias y Naciones... A esta hora y en tal necesidad fué Nuestro Señor Servido favorecer a los Fieles con la presencia del Bienaventurado Apóstol Santiago, Patrón de España, que apareció visiblemente delante de los Españoles, que lo vieron ellos y los Indios, encima de un hermoso Caballo blanco, embracada una Adarga y en ella su Divisa de la Orden Militar y en la mano derecha una Espada que parecía relám. pago según el resplandor que echaba de sí. Los indios se espantaban de ver el nuevo Caballero y unos a otros decían: Quién
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es aquel Viracocha, que tiene la lllampa en la mano? que significa Relámpago, Trueno y Raio. Donde quiera que el santo acometía, huían los Infieles, como perdidos y desatinados: ahogávanse unos a otros, huiendo de aquella Maravilla. Tan presto como los Indios acometían a los Fieles por la parte donde el Santo no andava tan presto lo hallavan delante de sí, y huían de el desatinadamente.
(630) Ea a e Side s E - q Recogidos los Indios a sus cuarteles, mandó el Inca llamar
los Capitanes, y en público le reprehendió ásperamente... Dí. joles que mirasen otro día lo que hacían, porque si no peleaban como Hombres, los embiaría a hilar con las Mujeres... Los
Indios daban por descargo que un Nuevo Viracocha, que traía la Mllampa, en las manos, los atontaba y acobardava, de manera que ni sabían si peleaban o si huían...”
Una noche apercibidos ya los indios, iban a cargar sobre los españoles “Los cuales... con eran devoción llamando a Christo Nuestro Señor, y a la Virgen María su Madre y al Apóstol Santiago que les socorriese en aquella necesidad y afrenta... Estando ya los Indios por arremeter con los Christianos, se les apareció en el aire Nuestra Señora, con el Niño Jesús en los brazos, con grandísimo resplandor, y hermosure y se puso delante dellos. Los Infieles mirando aquella Maravilla quedaron pasmados: sentían que les caían en los ojos un polvo, ya como Arena, ya como Rocío, con que les quitó la Vista de los ojos, que no sabían donde estaban. Tuvieron por bien bolverse a su Alojamiento antes que los Españoles saliesen a éllos. Quedaron tan amedrantados que en muchos días no osaron salir de sus Quarteles. Esta noche fué la décima séptima, que los Indios tuvieron apretados a los Españoles, que no les dejaban salir de la Plaza...
Volviendo al Príncipe Manco Inca y <a sus Capitanes y soldados, es de saber que quedaron tan asustados, y faltos de ánimo de las Maravillas que vieron, qué aun hablar: en ellas no osavan... Más con todo eso porfiaron en el Cerco, a ver si se mudava la ventura; pero no osavan llegar a las manos, porque siempre llevavan lo peor, por el socorro que el. divixo
Santiago hacía a los Suios. Y así los Indios, viendo que solo aquel Caballero los amedrantava y ahuientava más que todos los otros juntos, decían a voces: Haced, que ese Viracocha del Caballo blaneo no salga a nosotros, y veréis en que paráis todos vosotros.
Y en memoria dellas (las maravillas), después del Cerco, dedicaron a Nuestra Señora aquel Galpon donde los Españoles pasavan (y oi es Iglesia Catedral de la Advocación de Santa María de la Asumpción) y la Ciudad dedicaron al Español Santiago...
“Los Indios viendo la pintura (que los españoles en recordación del hecho hicieran pintar en la plaza), decían: Un Viracocha como este era el que nos destruía, en esta Plaza. La pintura dejé viva el Año de mil quinientos y sesenta quando me vine a España. El levantamiento del Inca, fué el Año de mil y quinientos treinta y cinco, y se acabó el treinta y sels; y Yo nací el de mil y quinientos y treinta y nueve, y así conocí muchos Indios y Españoles que se hallaron en aquella Guerra: y vieron las Maravillas que hemos dicho, y a ellos se las ol; y Yo jugué Cañas cinco años a las Fiestas del Señor Santiago””. Todo lo cual lo confirma también el padre Acosta (citado alli mismo por Garcilazo) quien pasó al Perú, casi cuarenta años después que sucedieron estos hechos.
Como recuerdo de todos estos prodigios, consérvase en esta capilla del Triunfo, un cuadro de forma oval que representa el momento en que la Virgen baja a proteger a los españoles, sobre un coro de ángeles y teniendo a su diestra al apóstol Santiago y a su izquierda al profeta Elías. A sus pies se han pintado a tres príncipes y tres princesas del imperio incáico, adorándola con cirios en la mano. Debajo se ies: Nuestra Señora y Madre de la Descensión, que bajó de los cielos a este lugar sagrado de Sundorhuasa?”.
Como se ve, fuera de la basílica del Santo Sepulcro en ¿erusa'én, tal vez ninguna otra Iglesia del mundo, no diremos de América, se ha levantado sobre un sitio análogo que haya
eo NOSE
sido teatro de mayores prodigios y contado con mayor cemento sobrenatural para amasar sus cimientos, como la muv ilustre
Catedral del Cuzco y primera también del continente. (1)
(1) No pretendemos dar a los hechos narrados otra fe más que la que resulta de la autoridad de los cronistas que los refieren. Hoy es muy
difícil estimarlos en su verdadero valor. Hechos análogos a si no hubo intervención oficial de la autoridad eclesiástica que los declarara por sobrenaturales y milagrosos, pueden y deben, en más de un caso, atri-
buirse al fervor de los creyentes y a la sencillez ardorosa de su fe.
CAPÍTULO XXIHI
El seminario y su vetusta capilla. — San Blas y el púlpito más artístico de América. — Su descripción. — La iglesia de la Compañía de Jesús.—La universidad pontificia de San Bernardo, hoy umiversidad del estado. — Dos cuadros históricos. — Iglesia de San Francisco. — Sillería del coro y otras obras de arte del templo y del convento. — Descripción del claustro de la Merced. — Sillería y otras obras de arte del templo y del convento. — El templo de la Mer-
ll ced. — Sillería y otras obras de arte. — Una custodia mag-
0 náfica. — La tumba de Gonzalo Pizarro. — Francisco y
Hernando Pizarro. — La sangre de Atahualpa vengada.
Seminario. De la catedral al seminario es un paso obligado pero triste. El actual deficiente plantel de jóvenes aspirantes al sacerdocio, no es ni sombra de lo que fué aquella histórica casa, fundada en 1598 elevada un siglo más tarde a universitad pontificia en 1697 y clausurada en 1864 cuando el gobierno pretendió inmiscuirse en su marcha, planes de estudio, ete.
Cireunstancias y factores adversos de toda clase, han trabajado en estos últimos años a la diócesis cuzqueña. Cífranse empero halagúieñas esperanzas en el muevo obispo monseñor Farfán, que tomó posesión de la misma, durante los días de mi estada en ésa.
La antigua capilla, dedicada a San Antonio Abad, patrón del seminario, con su fachada de piedra y escudo nobiliario,
sus retablos, tribunas, altares y cuadros, todo recareado de oro, de tallados y molduras de aspecto sombrío, severo y ruino-
so, de la impresión de esas regias moradas medioevales que,
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agobiadas por el peso de los siglos, todavía ostentan oreullosas en su vetusto, tambaleante mobiliario, los careomidos blasones de su título.
Llaman la atención entre otros lienzos antiguos, un San Pablo, una Virgen con el Niño y un San Agustín en la capilla, y en la sacristía un Crucifijo, copia al parecer de Van Dyk y una Virgen con el Niño recibiendo flores y frutas de manos de los ángeles.
San Blas. Repechando muy pausadamente estrechas y sucias callejas, para no apunarse más de lo justo, se llesa a la antigua lelesia de San Blas, en cuya plazoleta se alza una enorme cruz de piedra, sobre base construída con antiguos bloques incaicos.
Prescindiendo del retablo, artístico en detalle, pero recarsado en su conjunto, de una Resurrección de Lázaro de 2.50 por 1.50 aproximadamente, el mejor lienzo sin duda y diseno de un museo y de otros cuadros pequeños como ser, un San
Ambrosio, un San Gregorio, un Señor coronado de espinas y una Flagelación de Jesús que se ven pendientes en el presbiterio o arrumbados y empolvados en la capilla de la derecha, convertida en pozo de Airón o depósito de trastes viejos ¡proh dolor! euarda este templo dos joyas de inapreciable valor, una religiosa, la milagrosa imagen de la Virgen del Buen Suceso, pintada sobre una pared, de larga y extraor-
Púlpito de San Blas. Cuzco
dinaria historia de prodigios y que es uno de los santuarios más venerados del Cuzco y otra artística -su púlpito incomparable.
Esta obra sorprendente que data de 1681, no tiene rival en América, Es un trabajo de filigrana tan admirable en su conjunto, como pródigo en miniaturas de detalle. Es lo mejor de lo mejor que ha podido salir de las manos de un artista y se torna imposible, sin verlo, formarse una idea siquiera aproximada de los primores de talla, riqueza de ornamentación
y delicadezas esculturales que lo embellecen.
El pie o la base lo constituye un soberbio erupo escultórico de heresiarcas, de fachas endemoniadas, que encorvados y casi triturados por la cátedra del Espíritu Santo, purgan de esta guisa sus herejías y pecados y sostienen a despecho sobre sus hombros desnudos, el peso de la misma. El púlpito propiamente dicho, todo un encaje de ebanistería, muestra en sus varias facetas hermosísimas estatuas de la Virgen del Buen Suceso y de los cuatro evangelistas, que en arte y unción rivalizan con las de Santo Tomás de Aquino, San Buenaventura, San Agustín, San Gregorio y San Ambrosio que gallardean sobre los rizados bordes superiores del portavoz. Por fin una bellísima estatua de San Pablo, el eran predicador de la palabra de Dios, remata y corona esta excelsa obra de arte, de fe y de piedad de los pasados siglos.
La Compañía. Entre los monumentos arquitectónicos cuzqueños de la época colonial, se distinguen el templo de a Com pañía de Jesús, el Claustro de la Merced y la Catedral. La de la Compañía, sin tener
la grandiosidad de la última, es una de las ielesias más artísticas que se conservan en Amé-
Iglesia de la Compañía de Jesús
rica. De purísimo estilo toscano del siglo XVI, ocupa junta-
mente con el antiguo colegio y universidad el emplazamiento de la Plaza Matriz que tenía el palacio de Huaina Capac, llamado el Amaru-Cancha. Consta de una sola nave espaciosa, alta, esbeltísima y bien proporcionada, con crucero, media naranja, dos torres y una fachada primorosamente labrada en piedra. (1) De uno y otro lado tiene la capilla de San Luis y la hoy llamada de Lourdes, con sus respectivas fachadas labradas en piedra. Contiguo a la misma se alzan el antiguo colegio y universidad pontificia de San Bernardo, con arquerías y columnas de piedra, usufructuados hoy por la Universidad del estado, con sus tres facultades de ciencias naturales, ciencias políticas, jurisprudencia y letras. Sírvele de hall y de portada, una artística rotonda que por una irrisión del destino lleva hoy erabado en su frontispicio las siguientes palabras: Libertad e leualdad y que vi un día—hont y solt qui mal 1 pense—repleta de borricos cargados de taguia, esperando, sin duda, que el mayordomo les aligerara de la molesta carga. Se habían entrado como a su casa, profanando el templo de la ciencia por ignorancia del indio conductor e imperdonable incuria del conserje. ¡Cuitados! No tenían ellos la culpa; qué sabían de fueros universitarios, los que por primera vez acaso, penetraban en aquel recinto que tan alto proclamaba por otra parte la libertad y la igualdad.
El retablo del altar mayor, lo mismo que los del erucero y el púlpito, hermosísimos, especialmente el primero. No tan artísticos, aunque muy recomendables los laterales que después de la destrucción del antiguo templo de San Agustín, al que pertenecieron fueron trasladados a esta 1elesia. Debajo del presbiterio hay una cripta con altares y luz suficiente que utilizaban los jesuítas para las misas de su numeroso personal.
Lástima grande que este artístico monumento con que se envanecería cualquiera ciudad y que tan alto habla en pro de los que lo hicieron construir, esté poco menos que abandonado, en su pavimentación, altares, retablos, ventanas,
(1) Acaso más rica que ésta, pero no tan imponente es la fachada del templo de San Sebastián.
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“molduras, telas, etcétera; resquebrajados, desaseados y Cu-
biertos de polvo. Apenas si hay un sacerdote que de tarde en tarde abre sus puertas, tal vez más que para el culto, para sufrir y llorar de pena y constatar una y más veces la necesidad urgente de restauraciones que convendría hacer, para salvar de la ruina tan maenífico monumento.
Como una curiosidad diena de conocerse, copio aquí las inscripciones de dos erandes cuadros nupciales que están a uno y otro lado de la puerta de entrada que, si desprovistos de valor artístico, tiénenlo ciertamente histórico y no vulgar.
El del lado derecho dice así: “Don Beltrán García de Loyola, primogénito de Martín García de Loyola, casó con una hija de doña Lorenza Ydeaquez y un hijo de doña María de Ydeaquez casó con doña Magdalena de Loyola, hija de don Martín García de Loyola. Con estos matrimonios emparentaron entre sí San Ignacio de Loyola y San Francisco Xavier, cuyas casas y sangre están hoy en los Hxmos. señores Ydeaquez, duques de Granada, condes de Xavier y Grandes de España de Primera Clase””.
El del izquierdo: “Don Martín de Loyola, gobernador de Chile, Sobrino de N. P. S. Ienascio, hijo de su hermano mayor don Beltrán de Loyola, casó con doña Beatriz Ñusta, heredera y princesa del Perú, como hija de don Diego Inga su último rey. Por haber muerto sin hijos su hermano don Felipe Inga. De don Martín y de doña Beatriz nació doña Lorenza Ñusta de Loyola que pasó a España por orden de nuestros reyes católicos y la casaron en Madrid con el excelentísimo señor don Juan de Borja, hijo de San Francisco de Borja y embajador del señor rey Felipe Il a Alemania y Portugal.
Por este matrimonio emparentaron entre sí y con la real casa de los reyes incas de Perú las dos casas de Loyola y Borja, cuya sucesión está hoy en los excelentísimos señores marqueses de Alcanises, Grandes de Primera Clase””.
San Francisco. El templo de tres naves con ser bastante bueno, con altares góticos, jónicos y corintios, no llama la
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atención, porque toda ella se concentra en la maenífica sillería del coro que es la joya más valiosa que posee, leual si no superior al coro de la catedral. Cuenta 42 angelitos y 86 santos separados unos de otros por columnas corintias y trabajados en cedro con finura y delicadeza extraordinarias. Todo es obra de un hermano lego de la orden, lo mismo que el enorme facistol y el púlpito de la iglesia con valiosas y proli jas incrustaciones de nácar y carey,
En la sacristía se admira también un vestuario con un retablo de admirable y finíSima alle exornado de columnas salomónicas en el que se ven seis telas de bastante mé-
rito, siendo las
más grandes
una Cena y un
Jesús apresado en el Huerto.
El claustro principal en su doble arquería inferior y supo-
Coro de San Francisco, tallado en madera
rior, está materialmente cubierto de grandes lienzos, eneuadrados en suntuosos marcos dorados, agradando por su factura artística especialmente, un San Francisco enfermo, un Nacimiento de San Francisco de Paula, Construcción de un convento, Impresión de las llagas, San Francisco a la mesa, Muerte y entierro del Santo.
La Merced. — El convento de la Merced, como el de San Francisco, consta de tres cuerpos de edificio en cuadro, de dos pisos, con sus arquerías altas y bajas, uno de los cuales sirve de colegio de enseñanza media, regentado con aplauso y competencia por los Padres de la Orden.
El claustro principal es una de las obras más notables del Cuzco, artísticamente el primero de América y en sí mismo
una verdadera joya. Hay que viajar mucho por Eurcpa para encontrar aleo semejante. Si este claustro estuviese al lado de la ielesia de la Compañía, no habría más que pedir.
El magnífico monumento en sus dos arquerías alta y baja, zon sus columnas escamadas de elegante aspecto, sus capiteles corintios, amplios y bien proporcionados, arcos de estilo 2reco-romano, toda una filigrana de piedra artística y primorosamente labrada, produze ana impresión de armonía y un efecto de estética sorprendentes. Las piedras que sirvieron para su construcción fueron traídas de la vecina fortaleza incaica Sacsalhuaman de la que luego nos ocuparemos. Condicen en arte y erandiosa severidad las escaleras que
conducen al claustro superior,
que son sencillamente regias.
Claustros de la Merced
El techo mismo de los claustros tiene trabajos de filierana sobre madera dorada, lo que constituye una orieimalidad muy diena de notarse. ¡Qué ambiente tan saturado de arte el que respiraban nuestros mayores y qué obras tan de romanos las que emprendían sin alardes ni vanidades, puesta sólo la mirada en Dios! La fe les daba alas para todo.
Los muros de este claustro, tanto en la planta baja como en la alta, al igual de los otros conventos de Santo Domingo y San Francisco, están materialmente tapizados de antiguos cuadros al óleo, aleunos de grandes dimensiones, con marcos tallados y dorados, con verdadero derroche de oro y de molduras. Deseraciadamente, estando como están, puede decirse a la intemperie, muchos de ellos se ven ya deteriorados por la
opa
acción del tiempo, del frío, la humedad y las lluvias. Convendría salvarlos, dándoles otra ubicación. ¿Pero dónde colocarlos? No tiener: salones, ni locales cerrados suficientemente amplios que los contengan, no disponen de recursos para nuevas construcciones, ni tal vez para las más premiosas restauraciones que urgiría realizar. Repetiremos aquí lo que ya decíamos en otro lugar, que es un legado demasiado rico y costoso el recibido de sus antepasados por estos hoy pobres religiosos que ni cercenando el escaso pan de que disponen, podrían mantenerlo en el pie que debería estar.
Recorriendo admirado todo este museo sui generis, donde en mezcla informe aparecen lienzos de mérito pareados con otros azás primitivos y vulgares, indicaré los siguientes que llenan el ojo del observador entendido: un San Agustín y un San Jerónimo de medio cuerpo, un Señor atado a la columna, un Crucifijo, estilo flamenco, un Martirio de San Pedro Armengol, un San Jerónimo rompiendo la pluma (pagana), un Señor de Huanca recogiendo la túnica, una Sagrada Familia y un San Pedro Nolasco.
Todos estos cuadros y muchísimos otros ocupan las paredes del claustro alto, pero yo los examiné apilados todavía en la Sala Capitular, a raíz de una exposición que se hiciera con motivo del Centenario de la Orden Mercedaria.
El templo de tres naves, todo construído en piedra. no está en relación con el claustro, habiendo sido además afeado en años anteriores por artistas de pega, con un revoque de cal, imitando la piedra, lo que en buen español se llama albarda sobre albarda. La torre misma con ser un tallado de encaje. es recargada y baja ¡El artista del claustro ya no existe !
Sobresalen entre los muchos cuadros del templo, un San Pedro Nolasco llevado al coro de Barcelona en brazos de los ángeles, una Conversión de San Pablo, ambos erandes y de mérito, un martirio de San Esteban, un San Lorenzo en las parrillas y el fundador de los Trinitarios, bastante buenos.
Venérase aquí un Ecce homo, pintado sobre adobe, llamado el Señor de la Puñalada, por haber derramado sangre
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de una que le infligiera en la cárcel un criminal desalmado.
La sillería del coro dividida en dos cuerpos con 73 estatuas de relieve, es hermosa, pero inferior a la de San Francisco; varias estatuas aparecen ya deterioradas y maltrechas y Otras con manos postizas imperfectas y toscas. En cambio el tesoro de esta iglesia tiene una soberbia y riquísima eustodi» de metros 1.35 de altura, obra euzqueña, de oro macizo, con más de mil doscientos brillantes y número aun mayor de perlas y Otras piedras preciosas. El sol está sostenido por la estatua de la Virgen de las Mercedes, de oro esmaltado y más abajo resplandece una sirena que la forma una sola perla engastada en oro también esmaltado.
Por lo demás en la ciudad abundan las casas y palacios del tiempo de los españoles, con hermosas portadas, estilo colonial, siendo algunas muy dignas de visitarse v. e. el Palacio del Almirante (1) con su magnífica puerta de entrada y eseudo nobiliario que inspiró a Ricardo Palma una de sus tradiciones, la casa sita en la plaza de San Francisco N.2 55, donde se cree vivió el padre Valverde. Uno de los escudos de la escalera, lleva la leyenda: ““la virtud me benserá, que la fuerza no podrá??.
No cerraremos este capítulo sin dedicarle un recuerdo a una tumba olvidada de este templo. Descansan aquí los huesos que en vida jamás descansaron del célebre Gonzalo Pizarro, la mejor lanza tal vez de la conquista. Afable, valiente, generoso, arrojado, audaz y derrochador, ejerció, mientras viviera. misteriosa fascinación entre parciales y entre adversarios terror, Soberbio y prepotente, después de la muerte de Franciseo Pizarro, se libró por la horca o el veneno de sus más temibles enemigos. No pudiendo comprar ni envenenar al representante de Carlos 1, Pedro de la Gasca, alzó bandera de rebelión y fué deshecho por tropas de éste, a muy corta distancia del Cuzco. Viéndole abandonado de sus capitanes que se pasaban a los realistas, díjole un oficial: Abrámonos paso entre los enemigos y muramos como romanos, A lo que respondió Gonza:
(1) Fadrique de Méndez Almirante de Castilla.
lo: Mejor es morir como cristianos y se rindió a discresión (9 de abril 1548). En las horas siguientes sólo cuidó de su alma. Ejeeutado con el afrentoso suplicio de los traidores, en el mismo lugar de su derrota, su cuerpo fué enterrado en el Cuzco y expuesta su cabeza en una jaula para escarmiento de traidores. En la Alameda de San Andrés había una piedra que formaba parte de un banco en que se lee que fué puesta en el lugar de la casa de Gonzalo Pizarro, arruinada y sembrada
de sal “por haber sido traidor a la real corona de España”, de fecha 1548.
Así acabó sus días aquel audaz y fastuoso guerrero, de quien dice un cronista que cuando montaba uno de su dos ponderados castaños, “no hacía más caso de escuadrones de indios que si fueran moscas”.
Su hermano el eran conquistador del Perú, el marqués don Francisco Pizarro, sabido es que cayó en Lima, al golpe de una feroz estocada asestada en el cuello por Martín de Bilbao y su otro hermano Hernando, murió en la oscuridad y en la miseria, después que los asesinos de Francisco se posesionaron por la fuerza de sus bienes, confiscados luego por mandato judicial.
¡La sangre de Atahualpa había clamado venganza al cielo, y la obtenía cumplida! ¡Es la terrible sanción moral de lo alto que tarde o temprano evidencia la historia, y a la que no escapan los poderosos y grandes que abusaron de la fuerza en daño de la inocencia, de la justicia y del derecho!