Aromas de América · Capítulo real 20 de 24

CAPÍTULO XXXII

Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 2 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.

CAPÍTULO XXXII

Concepción, sus alrededores y edificación. — El cerro Caracol y la laguna de las Tres Pascualas. — Iglesias y Seminario. — Liceo y Manicomio. — Proyectos grandiosos. — Excursión a Talcahuano. — La isla de Quiriquina y los internados alemanes. — Visita al Puerto Militar. — Origen de la frase: “hacer once”?. — Las grandes minas carboníferas de Chile. — La Compañía de Lota y Coronel. — El Parque de Lota. — Caupolicán de Nicanor Plaza. — Conversando

con un anciano. — Anécdota del fraile Aldao. — Su muerte cristiana.

Excepcionalmente gratos me fueron los días pasados en la ciudad de Concepción que cuenta ya de 60 a 70 mil habitantes y en donde se disfruta en verano de un clima fresco y muy agradable.

Fundada por Valdivia en 1550 en el valle de Penco, a la orilla de la apacible bahía de Talcahuano fué tres veces destruída por los terremotos y trasladada en 1765 al valle de Mocha, al pie del cerro El Caracol, tres leguas de distancia de Penco, su antiguo sitio, sobre la ribera norte del majestuoso Bio-Bio que refleja hoy enoreullecido la atrayente belleza de la reina del Sur.

Sus alrededores y todo el trayecto que la separa del mar, están sembrados de montículos y pequeñas colinas en su mayor parte ensombrecidas de bosques de pinos y de eucaliptus, formando fértiles valles de aspecto risueño y pintoresco.

Los bosques artificiales que abundan en todo el valle central de Chile, dan por todas partes la nota graciosa y simpática

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y muestran prácticamente el amor de sus habitantes por el árbol, sin necesidad tal vez de marear a la turba infantil en día fijo y oficial con pomposos y ditirámbicos diseursos sobre el culto del árbol, aunque no vuelva a acordarse de él, si no es para cortarlo o aporrearlo.

La edificación es sencilla pero armoniosa, las calles rectas y regularmente pavimentadas, aunque no tan limpias como fuera de desear, recomendables sus plazas y paseos públicos por sus hermosos arbolados. El nivel de la ciudad es muy bajo. La plaza de Armas, centro y punto más elevado de Concepción está a 14 metros sobre el nivel del mar y a 11 sobre el del BioBio, siendo aún más bajo el de los barrios apartados. Pero con un buen plan de nivelación y realizadas ya las obras de las cañerías de desagiie, ha cambiado el estado sanitario de la ciudad, antes deficiente por esta causa y también por la escasa

Panorama costado poniente de Concepción

pendiente del terreno hacia el mar, las hoyas formadas en medio de las colinas y las excesivas lluvias de invierno. A

Como Santiago se enorgullece con su cerro Santa Lucía, Concepción presume también con su cerro Caracol, sito a sels

cuadras de la plaza de Armas, cubierto enteramente de pinos y de eucaliptus gieanteseos que le convierten en una verdadera | “selva negra””. Una amplia y asombrada ¡avenida en zig-zag | da acceso hasta la cima, a la que muy pronto llegará otra, ya | en construcción, para coches y automóviles. Este hermosísimo cerro de no menos de cien metros de altura es para Concepción, lo que el Mocatán para el Cairo, balcón soberbiamente alroso que presenta en vista panorámica no sólo la ciudad, con li sus Calles, plazas y monumentos, sino sus alrededores todos, la laguna de las Tres Pascualas, el caudaloso Bio-Bio, atravesado por el puente del ferrocarril de Arauco de 1886 metros, | su desembocadura en el mar, el camino a Talcahuano y su erandiosa bahía, la línea férrea, la bahía de San Vicente, el golfo de Arauco y las relucientes aceradas aguas del océano. ' A la derecha, el mismo cerro se alarga en una cadena no interrumpida de otros cerros más bajos de exuberante vegetación, como ser el del Seminario, dominado por la estatua de la Inmaculada que el 8 de diciembre reune en religiosa pereq erinación a toda la ciudad, el de los Padres Salesianos y el del Ñ Hospital de Niños, etcétera. A la izquierda idénticas y variadas ondulaciones de colinas y montículos ensarzados hasta varias leguas de distancia, sobre la margen del Bio-Bio, pero dejando espacio suficiente para la Avenida Pedro Valdivia, que con el tiempo será la mejor de Concepción, si ya no lo es, | bordeada de un lado por el río y del otro, de graciosos poéticos | palacetes que se recuestan muellemente sobre el verde atercioll pelado de sus faldas cubiertas materialmente hasta la cima de fresco, impenetrable boscaje.

El Caracol, es pues, la nota saliente y característica de | Concepción. En otro sentido lo sería también el hermoso lago | contiguo a la ciudad, vulearmente denominado Laguna de las Tres Pascualas, por una poética leyenda que no es del caso recordar y en cuya ribera se alza un cerro que hace aún más atrayente la hermosura de este sitio, donde se reunen los clubs de regatas. Más para esto fuera necesario que la. municipalidad expropiara todos los terrenos que la cireundan y transformara

aquel paraje en un erandioso parque que, a buen seguro, no tendría rival en toda la nación.

Las ielesias, por lo general, no interesan en Chile, como monumentos ar-

q u 14 ectónicos. Son ordinariamente del mismo estilo y vista una, puede decirse están vistas todas las

demás: estilo romano, de una

o tres naves, con techo o bóveda de madera ensamblada y columnas ídem con alma de

Cerro Caracol, Subida y Avenida

material. En Concepción la mejor es la de los padres jesuitas, últimamente terminada, en la que los altares, confesonarios, etcétera, condicen armónicamente con el estilo eótico puro de la misma, siendo también un joyel la capilla del Seminario.

El edificio de este Seminario, de dos pisos, arquitectura seria y elegante es el mejor establecimiento educacional de Concepción y acaso el más amplio y monumental de Chile. Dispone de cuatro 'erandes cuerpos de edificio cerrados en cuadro, formando amplísimo patio cada uno, a más de otras dos alas salientes, con galerías superiores cerradas y una escalera monumental al centro. La obra que ha costado millones de pesos se debe al esfuerzo de los ilustrísimos obispos Labarca e Izquierdo. Cuenta también este Seminario, como el de Santiago, con un externado, hoy enteramente indepen diente de aquél, en el que funciona un curso de estudiantes de derecho que dan examen ante comisiones designadas por el Liceo. Entre ambas secciones hay como setecientos alumnos.

La acción benéfica social católica, se desenvuelve normalmente debido al esfuerzo de un virtuoso y preparado clero

secular y regular y de un decidido núcleo de católicos seglares, pero sobre todo a la acción sabia, eficiente y tesonera del nuevo obispo monseñor Fuenzalida que está marcando, justo es reconocerlo, una era nueva para la diócesis y ciudad de tinte acaso más subidamente radical del sur de Chile.

Entre otras cosas dignas de conocerse en esta ciudad, llaman la atención preferentemente dos. El Liceo oficial que ocupa una cuadra, de tres pisos y elegante arquitectura, todavía inconeluso y en el que, a más de los cursos liceales, funciona ya uno de derecho. Será una vez terminado talvez el mejor de Chile y muy aparente para alSeminario — Concepción berear la futura Universidad

de Concepción, aspiración unánime y justísima de todos sus habitantes. Realmente no parece equitativo que una nación de más de setecientos mil kilómetros cuadrados, con más de cuatro mil de longitud, sólo tenea una sola Universidad, la de Santiago.

Con el tiempo, Concepción tendrá un manicomio modelo. Están ya terminados cuatro pabellones en los suburbios de la ciudad, de los 22 que señalan los planos y que se irán construyendo con los millones dejados por la sucesión Avello para obras de beneficencia. No significa esto que en Concepción abunden los orates, no. Lo único que prueba es que todo lo que hacen los chilenos, lo hacen bien, pensando en el porvenir. Para algo Dios les ha dado entre otras cosas un sentido práetico envidiable y una imaginación fecunda en achaques de proyectos y de obras, nacida talvez de la misma rivalidad existente entre la naturaleza y la raza. Así nos lo dice el ya citado

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Oliveres: ““La falta de espacio en toda la costa chilena. ha creado, con la necesidad de reducirlo allí todo y como una exigencia de la ley del contraste, una extraordinaria potencia fantástica que se pone de relieve donde el mar y

la cordillera dejan ancho campo de acción.

La fantasía chilena, que se

desquita de aquel martirio donde

nuede, nos preI >

senta en Santia-

Fiestas Patrias en Concepción 20 ejemplos en verdad muy curiosos. Durante la presidencia de don Pedro Montt se construyó un manicomio en Nuñoa, cerca de la capital, pero cuando estuvo terminado resultó tan enorme que no sirvió para el fin propuesto. Hoy hay allí un cuartel, erandes depósitos fiscales, el depósito de municiones de buena parte del ejército y otras dependencias.

Cuando se hicieron los planos del internado del Instituto Nacional se soñó en un edificio grande, muy grande, que respondiera a todas las exigencias: pero basta pensar lo que habría sido terminado cuando hoy, inconeluso, tiene en un solo pabellón el Internado Barros Arana con capacidad para mil alumnos y además existe la casa de Corrección para muchachos y los depósitos de la intendencia militar menos las municiones.

Y un caso más notable que los citados es la maestranza de San Bernardo que se construye hace tiempo. Basta saber que estos depósitos para máquinas ferroviarias, talleres para construcciones y reparaciones y todo lo demás que se relaciona con el movimiento de los ferrocarriles, serán cuando estén terminados los más grandes del mundo. Uno de los Ingenieros que dirigen la construcción, norteamericano, ha manifestado,

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no sin rubor, que en su país no hay nada igual. Se comprende perfectamente, después de conocer este detalle, que el ministerio de ferrocarriles se haya encontrado a fines de 1918 en la ineludible necesidad de contratar un empréstito de ciento sesenta millones de pesos, cuya autorización le ha sido acordada, para cubrir el déficit de sus presupuestos a tan poca distancia de 1915, año en que tuvo superavit y no obstante la facultad de elevar las tarifas de acuerdo con la baja del cambio ?”?.

Por esos días también, referíame con entusiasmo otro proyecto grandioso, de origen yanqui-chileno, pero aplazado talvez indefinidamente, en especial por la fluctuación del tipo monetario, la instalación, esto es, en Talcahuano, en la isla de los Reyes (ofrecida, según se me dijo, a capitalistas norteamericanos), de colosales fábricas para construcción de buques, locomotoras, rieles y maquinarias de toda clase y con lo cual se conquistaría de fácil el monopolio sudamericano en estos ramos. Proyecto tanto más tentador y factible, cuanto que los tres factores indispensables, carbón, hierro y madera, los tienen a la mano: el carbón ahí mismo, centro de las minas de carbón de piedra, que si no alcanza las calorías del carbón inglés, en cambio es inmensamente más barato; el hierro se traería de Coquimbo y las maderas del Sur, con fletes baratísimos y hasta podríase aprovechar también al efecto el Bio-Bio con no grandes trabajos de dragado.

Como Lima tiene a corta distancia sus balnearios de la costa, en proporción análoga posee también Concepción sus pueblos costaneros, Talcahuano, Penco, Punta de Parra, Tomé, San Vicente y un tanto más retirado, Lota, Coronel, etcétera, adonde, en días festivos, sobre todo, se derraman alegres caravanas de paseantes a gozar de las aguas y brisas marítimas en excursión de recreo. Por el interés especial que despiertan, sólo mencionaré dos, entre las varias realizadas, durante mi estada,

una al Parque de Lota y otra al puerto de Talcahuano que cuenta ya con 35.000 habitantes.

Ocupa el centro de la extensa y magnífica bahía el actual humilde puerto de Penco, (1) ceuya población normal, no pasa de tres mil almas, la izquierda el puerto y ciudad de Talcahuano, la derecha Punta de Parra y Tomé y al fren-

te, o sea a la en-

Puente Bio-Bio (1.886 metros). Concepción

trada, la isla de Quiquirina, dejando a uno y otro lado los pasos de Boca Grande y Boca Chica. Quiquirina era en ese entonces la residencia asienada a los 340 alemanes de las tripulaciones de los barcos internados con motivo de la guerra. Esos bronceados marinos de hazañas y peripecias mil, verdaderos lobos de mar que, como los tripulantes del buque velero Secadler escribieron las páginas acaso más novelescas de la gran guerra, tan fecunda en hechos extraños y heroicos probaron allí, no sólo entender de guerra, sino también de vida social, pacífica y trabajadora, de arte, de cultura y de conforte en las provisionales microscópicas casitas, en los lindos palacetes liliputienses de madera que en un momento construyeron, cual si siempre hubieran de vivir allí, con un gusto, prolijidad y exquisitez de detalles que no los exigiera mayores la pulera, femínea delicadeza. Lareo y prolijo fuera enumerar todas las instalaciones del Puerto Militar que visitamos, acompañados gentilmente

(1) Sumergidas en el mar, asoman todavía en la baja marea, ruinas de lo que en los pasados siglos fueron templos y edificios de la antigua Concepción de Penco, rival poderosa de la capital del reino, y resldencia de algunos gobernadores que sólo aceidentalmente pasaban a Santiago.

del señor Riquelme, comandante del caza-torpedo Condel, entrado el día anterior en dique seco. El Condel, último modelo, que hace también de erucero, de 2.000 toneladas y 30.000 caballos de fuerza, fué entregado por Inelaterra en 1914, juntamente con el Almirante Lynch, reteniendo, seeún eonvenio, otros cuatro más que debía entregar después, por haber ya estallado la guerra. Tiene cañones de cuatro pulgadas y puede tirar con el último invento a base de aire recalentade hasta una distancia de 10-000 metros. Posee asimismo dos instalaciones radioeráficais, una sistema Marconi, a electricidad, que alcanza a 80 millas, y otra sistema alemán Telephunk que en cualquier tiempo alcanza a 300 millas, y también hasta 500, si el tiempo está tranquilo. Se le reparaba en el dique núm. 1, que tiene de lareo

metros 165, de ancho 39 y 11 de profundidad.

La Compañía Francesa Sillard y Drinot tiene entre ma- ! A

nos la construcción del dique núm. 2, principiado en 1911 y que debió haberlo entregado en 1916. La guerra le impidió eumplir el convenio, caleulándose que estará terminado en todo el año 1920. Sus dimensiones son las siguientes: largo 267 metros, aneho en la parte alta 43 y 11 de profundidad, pudiéndose alargar después hasta 300 metros, que es la extensión máxima que tienen las exclusas del canal, de Panamá. De consiguiente, podrían entrar en él los barcos más orandes del mundo.

Ya de regreso en nuestra lancha a vapor y en dirección a la barriada de la oficialidad y la Escuela de Ingeniería, pudimos apreciar los seis pequeños submarinos que ¡posee Chile, y contemplar, no sin cierta emoción de curiosidad y de respeto, los otrora temibles barcos, el Blanco Escalada, el Huáscar y el Esmeralda, hoy, comparados econ los modernos acorazados, menguados y humildísimos lanchonmes, pero conservados allí como reliquias venerandas de la euerra de! Pacífico.

Destacándose en un hermosísimo parque al pie de un poético empinado cerro de verdimeeros pinares, como blanca

paloma que se apresta a alzar el vuelo, apareció la maenífica residencia del almirante Fontaine, quien nos estaba ya esperando al caer de la tarde, en compañía de su distinguida esposa y de otras damas y caballeros.

Era la primera vez que el diocesano monseñor Fuenzalida, a quien yo acompañaba, visitaba el puerto militar, y excusado es decir las finas atenciones de que fuimos objeto. En un ambiente de distinción y de cultura que nos hizo olvidar el cansancio de nuestra ya larea excursión, plasamos agradabilísimos momentos, hicimos once en conversación amena, y regresamos a la ciudad, comentando las gratas 1mpresiones de aquella tarde memorable-

A buen seguro que serán contados los lectores que hayan entendido la frase hacer once. Yo tampoco la entendía en un prineipio, y más de una vez, al oirla, quedé en berlina. En Chile es el pan nuestro, no de cada día, sino de cada hora, pues lo mismo hacen once, aleunos, por lo menos, a esta hora que a las nueve, o diez de la mañana, cuatro, cineo o seis de la tarde. Vamos, que es sinónimo dde tomar el té, y no como quiera sino econ tropiezos y añadiduras, en lo que nuesiros hermanos, obsequioses como son, nunca se quedan cortos.

Dicen que el origen de la frase les el siguiente, y lo cuento como me lo contaron: En tiempos prehistóricos, cuando el aguardiente no tenía rivales y tera en sus dominios sobera.- no y absoluto señor, sus devotos cultores, invitaban a sus amieos, así nomás, a la castellana vieja, sin remileos, ni eufemismos, «a tomar una copa de aguardiente antes de almor-

zar. Mas con el andar del. tiempo y suavizadas las costumbres, las maneras y el léxico (testigos fehacientes, el vermouth con soda y demás aperitales modernos), trataron de disimular muy puleramente lo recio y chocante de la frase, sustituyéndola por esta otra: invito a usted a hacer once (aguardiente, tiene once letras), frase que a la postre, y mejorando lo pasado y evolucionando paulatinamente, llegó a aristocratizar su ruín y plebeyo origen y adquirir por allí la misma carta de ciudadanía que entre nosotros el five o*cloch thea.

Las erandes minas carboníferas de Chile están por estas regiones y son: en Coronel, Schwager, en Lota y Coromel, la Compañía de Lota, en Curanilahue, Ríos de Curanilahue y Compañía Arauco, en Lebu Compañía Ríos y el Mineral de Lebu y otras de menor importancia.

La Compañía de minas de carbón de piedra de Lota y Coronel, tiene su directorio en Valparaíso y en Lota un administrador. Cuando en compañía de monseñor Fuenzalida, su simpático secretario privado don Joaquín Fuenzalida G. y el distineuido caballero don Damián Miguel, administrador de la Caja Nacional de Ahorros, fuimos a Lota, encontrábase el presidente del directorio y principal accionista de la empresa minera, don Ricardo Lyon, econ su distineuida esposa la señora Loreto Cousinhoc de Lyon, condómina esta última con otra su hermana del célebre Parque de Lota, objeto principal de nuestra excursión. Tuvimos de tal suerte, por esta favorable coincidencia, el honor y la satisfacción de ser agasajados por isús propios dueños y de pasar todo un día en aquel jardín encantado de Chile como de América.

La ciudad de Lota, distante una hora de ferrocarril desde Concepeión y muy cercana a Coronel, cuenta icon 15:000 habitantes, de los cuales emeo mil pertenecen a Lota bajo, donde está la parroquia, y los diez mil restantes au Lota alto. Esta última, donde viven los empleados y trabajadores con sus familias, es ¡propiedad de la Compañía; y sin trasponer sus puertas, que se cierran por la noche, encuentran ahí mismo sus moradores, cuanto pueden necesitar, comercios, almacenes, boticas, capilla, ete. A cada familia se le provee de casa, aeua y carbón, y ganan, además, los peones carretilleros, 7 pesos por día, y los barreteros, 8, 10 y 12, seeún los cajones que extraen. Cada seis semanas se hacen los pagos ¡por valor global de seiscientos a ochocientos mil pesos; y a raíz de cada pago huelean una semana que apellidan el cielo del minero (¡así será él!), como a las del trabajo, el infierno «del minero.

La propiedad de la Compañía abarea una extensión de 30.000 cuadras, en las que tiene plantados treinta millones de árboles, ocupa 2.800 trabajadores y extrae anualmente medio millón de toneladas (1) El ascensor de la mina de Lota desciende en línea recta ¡1 280 metros de profundidad, internándose luego la mina kilómetro y medio debajo las aguas «del océano.

Grandemente deseaba experimentar las fuertes emociones de un descenso a aquellas regiones de muerte, pero hube de contentarme, lante las justas observaciones que se me hicieron, con probarlas sólo en espíritu, imaginándome lo que serían aquellos antros tenebrosos.

En cambio, tenía a mano el Parque de Lota, para deleitarme con el romántico hechizo de su fronda, sin correr el riesgo de los cables y de la tasfixia, ni calzar la blusa del minero contra el obligado desaseo de la obscura sima.

Quince cuadras de extensión abarca el Parque, trazado sobre un morro que avanza en triunfo hacia el océano. Al verlo así vestido con la pulenta saya de la fronda, bañado por ambos lados con el aliento salino, húmedo y refrigerante de las aguas del mar, y meneando suavemente las regias copas de sus árboles, semeja un colosal penacho, una eloriosa cimera, un trozo de clásica floresta griega, deleitosa mansión de poetas y de musas.

El espíritu superior de doña Isidora Goyeneche de Cousiño familiarizada con los parques y” villas principescas de la vieja Europa, flota soberano en este ambiente. Ella personalmente, según dicen, dirigía, observaba y modificaba los planos que diestros especialistas ejecutaban.

He recorrido sus plácidos senderos, sus «alles floridas, sus avenidas umbrosas, festonadas de graciosos búcaros, de ánforas de bronce, de estatuas que se hiereuen sobre recios

(1) Todo el carbón que se emplea en el Puerto Militar de Talcahuano, lo extraen dragando los desperdicios o restos caídos de Coronel, que forma una verdadera capa en el fondo. Desde que se ha comenzado a extraer, han sacado ya alrededor de sesenta mil toneladas, lo que representa para la Nación un ahorro de varios millones de pesos.

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pedestales, sus jardines, sus lagos y sus grutas; he repechado eminencias y torcido curvas en descenso, bajo doseles de flores, aspirando por centenares de metros el fragante y húmedo vaho de galerías de vireen rustiquez con techos vivos de raigambre; a la sombra de árboles gigantes y apoyado al antepecho de rústicos balcones me he extasiado en la contemplación de aquel horizonte realzado con la magia imponderable de los bosques vecinos, de las quiebras y del mar, y he visto a mis pies sobre las verdosas inquietas olas, cincelarse, entre celajes de gloria, las estrías verdinegras de malecones y taludes, el coleante ramaje entretejido de enredaderas y de flores que acariciaban mi frente; he examinado sus invernáculos, elorietas, fuentes, eallomadas, sus terrazas silvestres, sus blandos, perezosos vergeles, la variedad infinita de sus flores y de sus plantas, y puedo asegurar que aquello es verdaderamente maenífico, lo mejor, tal vez, que en su género puede verse en América. Era esta también la autorizada apinión de un ingeniero norteamericano que por primera vez visitaba el Parque en ese día. En Estados Unidos, mos dijo, no tenemos nada que pueda rivalizar con éste.

Lástima grande que el artístico palacio en el que se han vastado centenares de miles de pesos y que ocupa el centro del Parque, haya quedado inconcluso y esté deteriorizándose cada día más, sin esperanzas ya de ser nunca terminado. Dos erandiosos leones de bronce colocados a su entrada, más que eustodiarlo parecen llorar la «ausencia de sus dueños, que sólo de tarde en tarde van a rusticar en el palacete que oeupa el mayordomo y que, si bien aderezado y de relativa. comodidad, no es ciertamente el que corresponde a aquel ya célebre y admirable Paraue de Lota. En la sala pueden verse, entre otras pinturas tres Monvoiwstn, uno representando a Caupelicán preso, y los otros dos a la infeliz Leticia Bravo, de buen empaste, ajustado diseño y cálido y jueoso colorido. muy dienos de enriquecer cualquier museo. No así un Señor del mismo autor, que se conserva en la Catedral de Concepción, de formas un tanto exageradas.

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Bellísima y artística sobre toda ponderación es la estatua en bronce, que se encuentra en el Parque de Lota y que representa al cacique indio Caupolicán (nació en Palmaiquén a principios del siglo XVI y murió en Cañete en 1558), en fiera actitud de doblar su :arco, y buscando el horizonte con mirada de pantera. El soberbio y movido empaque, la corrección de líneas y la turgente musculatura del valiente toguí que desbarató y mató a Valdivia y derrotó a Villagrán, son verdaderamente admirables. Es obra del mejor escultor chileno, Nicanor Plaza. Copias de ella, he visto dos en Santiago, una en el Hipódromo y otra en el cerro de Santa Lucía, existiendo una tercera en Norte América.

Departiendo con el muy ilustre y venerable Deán de la Catedral de Concepción, don Domingo Benigno Cruz, quien, a pesar de sus ochenta años vividos, conserva uma lucidez de mente y una memoria admirable y es un archivo viviente de los tiempos pretéritos, dábame, a vuelta de otros datos sobre Sarmiento, de quien en su niñez había sido discípulo, los sigmientes sobre la muerte del célebre fraile Aldao, muy dienos de ser conocidos o recordados.

No tengo, decíame, para qué recordarle el carácter re: belde e insubordinado que desde niño le distineuía, lo que motivó a su padre a dirigirle hacia el convento de Santo Domingo. Ni mucho menos su iniciación en las armas cuando capellán del ejército de la patria, enardeecido en uno de esos memorables entrevaros, olvidando su carácter :y su estado eserimió el sable, al igual de la tropa e hirió y mató cuantos godos tuvo a su alcance, lo que le valió oir aquellas severas palabras del general Las Heras: **Padre, a usted corresponde tomar el breviario y dejar el sable para los soldados””-

Tan justa reprensión no hizo mella en el ánimo de aquel exaltado fraile, pues, recordará V. $S. Iltma. que en la batalla de Maipo tornó a eserimir el arma con un denuedo y arro-

jo de luchador avezado y que a raíz de la victoria, al entrar a Santiago el ejército vencedor, montaba él su buen caballo, ostentando su sotana, un bicornio, tahalí, cinturón y sable, lo que entusiasmó al ¡populacho ¿hlasta viivarle frenéticamente. Por deseracia, el genenal San Martín no le fué a la mano, como Las Heras, antes bien, cediendo a la petición de la tropa, cometió la debilidad de nombrarlo oficial, ganando así y desde entonces doble sueldo de capellán y de oficial. La vida que llevó después y su unión con la mujer Manuela Zá- “ate que trajo de Lima y que le acompañó hasta su última enfermedad, la conoce perfectamente. (Quiero más bien contarle una interesante anéedota y los detalles de su muerte, que acaso no los conozca:

Cuando Aldao gobernaba en Mendoza y continuaba allí haciendo de las suyas, alguien le insinuó al argentino P. Alvarez, prior del convento de la Recoleta de Santiago, la conveniencia de intentar la conversión del hermano en religión, a lo que contestó mo ser él la persona indicada, sino el padre Arce, compañero que fuera de Aldao en el convento. Después de aleunas vacilaciones y reparos accedió éste y se marchó a Mendoza con tal objeto.

Llegado allí, se hizo anunciar. Aldao no sólo le recibió econ bondad, sino que lo abrazó cariñosamente y lo obligó a acompañarlo ese día en el almuerzo, durante el cual le presentó su mujer e hijas. Terminado éste y habiendo quedado solos, el padre Arce le dijo:

—¡¿Me permites que te haga dos preguntas?

—No sólo dos, sino doscientas, le contestó Aldao.

—Y bien sea la primera: Díme, ¿conservas aún la fe eristiana, o la has perdido?

—¡ Vaya si la conservo! Y, precisamente, porque la conservo estoy mandando fusilar a los pícaros y limpiando esta tierra de la camalla unitaria:

—Supuesto que la conservas, añadió tranquilamente el padre, ¿no crees acaso que te vas a ir a lo más profundo del

infierno, si continúas escandalizando econ tu vida, no sólo a Mendoza, sino al mundo entero?

—;¡Basta, basta! le replicó Aldao. ¡O me dejas en paz 0-

te hago fusilar!

El padre que no era lerdo y que harto conocía la emjundia del hermano, ahí mismo, concibió su plan de poner rápidamente los pies en polvorosa y sin darle tiempo para la reflexión, le dice bonachonamente:

—No, hembre, lo dicho no era para tanto. Doblemos la hoja, sí te desagrada. Oye: ¿No podrías darme dos ouías, pues tengo que viajar a Chile?

—¿ Cuándo ?

—Esta misma tarde, dentro de tres horas.

—Con el mayor gusto, y que tengas buen viaje.

Efectivamente, dió Aldao las órdenes del caso y horas

después salía para Chile, a donde fué a contar desconsolado-

el triste fin de su embajada.

Todo esto, me añadía el señor Deán, lo oí referir repetidas veces, tanto al padre Cordero, como al padre Vicente Chaparro, que era novicio cuando el padre Arce regresó de Mendoza, y a quienes, como a toda la comunidad les había referido, con pelos y señales, todo lo ocurrido,

Pero lo más interesante, Hustrísimo Señor, continuaba el señor Deán, es la muerte que tuvo este hombre escandaloso y que los historiadores ordinariamente callan. Pues bien, ha de saber, que algunos meses después de la entrevista con el padre Arce, enfermó gravemente Aldao. Al verle ya en peliero próximo, oyó los gritos de su conciencia empecatada y Tecordando. sin duda, las palabras del padre Arce, mandó llamar al prior de Santo Domingo de Mendoza, a quien, al verle, le interrogó:

—Diga, padre. ¿Tiene V. P. facultad para reconciliarme con la Tolesia?

—Sí que la tengo, contestó el Padre.

-—Pues bien, continuó Aldao: aquí tiene al mayor y más desgraciado pecador que existe. Le he mandado llamar para:

que me oiga en confesión, porque estoy arrepentido y quiero reparar los escándalos que he dado en toda mi vida.

Lo hizo, en efecto, con grandes muestras de humildad y de dolor. Luego se preparó todo y se le llevó el Santo Viático, que recibió con fervor extraordinario y no menor edificación de los presentes, habiéndose colocado el hábito religioso sobre los pies de la cama del enfermo. Una vez fallecido, se le vistió de hábito religioso y se le enterró en el De Profundis o enipta mortuoria de la Comunidad, pero por orden de la autoridad civil, se le extrajo luego con toda. inconsideración de aquel sitio, se le vistió con el uniforme de general y fué inhumado en la Ielesia Matriz.

Todo esto, terminó diciéndome mi bondadoso interlocuto:, me lo contó el distinguido sacerdote don Benjamín Estrella, que se encontró presente en los actos que le acabo de marrar.