Cuentos aragoneses · Unidad 10 de 57

Unidad 10 · 90 EUSEBIO BLASCO

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90 EUSEBIO BLASCO

— \Y si no, que no lo haga, y verá lo que es la gente de este piueblol

— ¡Hombre no le amenaces (

— jAquí siempre estamos" con que se va a hacer esto y lo otro-, y nlinca se hace nada! ¿Verdá, padre?

El padre. — Come y calla, modrego.

(El diputado promete tel camino y brinda por la señora alcaldesa, que sfe pone muy colorada). El sacristán al tío Simón:

— Tío Simón, ¿qué será eso que hay en este frasquito que nadie lo coiné?

— No sé; alguna cosa que habrán traido de Madrid. ¿Qué dice el rétulo?

— No lo entiendo, está eii latín o en francés... piero esto hay que probala.

— I Qué amarillico esl ¿Si será helao en conserva? ¡Mete la cuchara I

(El sacristán se traga una cucharada grande, abre los ojos desmiesuradamente y se le caen la» lágrimas). El tío Simón, que está enfrente:

—¿Por qué lloras, Mariano?

— Porque me estoy acordando e mi padr», qu# lo mataron en las elecciones... (¡Lo que es al que haya traído el frasquito, ya lo encontraré yo esta noche 1)

El tío Simón:

— No pienses en eso, y ño t« comas tú solo tó el pote de la cosa esa. — ¿Quiusté un poquico? —Échala.

CUENTOS ARAGONESES 81

El alcalde:

— Señores: cuando los piueblos agradecidos se énsoberbeoen con las regularidades de una patria grandiosa, que esto debiera escribirse en letras de oro en el Génesis... este es mi ptrimer punto. Por lo demás, yo no pjuedo meinos de añadir que todo lo qu« veo aquí es plueblo.

— ¡Bravo, bravo I

— ¡Buena labial

-{El tío Simón llora, y toma una segunda cucliarada del frasco de mostaza). >

El sacristán.— ¡Tío Simón, tamién usté llora! ¿Qué le pasa a usté?

— ¡Lloro... de piena de que no te matasen a ti después que a tu padre! ¡¡Agua!! (Sale corriendo).

El diputado (al alcalde). — ¿Me hace usté ©1 favor de pasarme la mostaza inglesa?

i — No puedo sirvirle a usté; ¡se la han coimido el sacristán y el soguero!

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La buena fama

— Padre, así no podemos tirar; sin com-er no se piué vivir; yo ya estoy corrompido d© noi trabajar ni hallar quien me culeque en denguna parte. Usté con sus años y sus zangarrianas, tampoco gana dineros, y nosotros no semos gente de pedile nada ,a nadie.

i — ¿Y qué vamos a hacer, hijo?

1 — Yo no lo sé; pero de hambre no himos de molinos, porque eso de que hasta los tocinos coman y nosotros no, no piué ser.

—¿Pero qué quiés qu'hagamos?

— Yo, si a (usté le piáice, nos lecharíamos a ladrones.

—¡Hombre, p|or la Virgífín del Pilar!; más quería vete como a San Lamberto, que icen que iba por los pueblos con la cabeza en la mano pidiendo.

I — ¡Sí, sí, que le cuerten a usté la cabecica, a ver 6Í anda I

I — ¿ Conque a ladronies ? | Amos, calla, calla, que como hables así, te voy a matar a tozoladas!

I — Pues sí señor; aquí hay que ver las cosas como son. L' himos pidido trebajo al alcalde, y como si l'hubíamos cantao el rosario; himos vendido hasta el