Cuentos aragoneses · Unidad 9 de 57
Unidad 9 · CUENTOS ARAGONESES 27
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CUENTOS ARAGONESES 27
Juan (después de pensarh), — Sí, siñor, pjatas arriba cayó. Un lobo más grande que esta botica.
El boticario. — Este D. Simón es atroz; lo qu{& a él le piasa no le pasa a nadie. Pero lo quje es a perdices no nos gana usted al barbero y a mí.
El barbero.— i Ah no, a eso nol Entre éste y yo matamos el sábado ptasadq treinta y cinco.
D. Simón (riendo a carea jadas) .— ¡Treinta, y cinco perdices! Pero hombre, ¡si eso lo mata un chico de la escuela! ¿El sábado dice usted? Pues ayer domingo salimos Juan y yo y trajimos... ¿cuántas dirán ustedes ?
El boticario. — i Cuidado ! .
D. Simón.— I Cieíito diez! ¿Verdad, Juan?
Juan. — ¡Y una pialomical
D. SimOn. — ¡Hombre! La palomica no la vi yo.
Juan (levantándose-, furioso). — ¡Pues tampoco yo las P'crdices 1 Ahí tiene usté las ocho pesetas, y busque usté otro tistigo, que yo tengo que confesanie mañana y no quió condéname! ¡Buenas noches, señores!
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Mostaza inglesa
— iTío Simón 1
— j Qué hay !
— j Que ice el alcalde que vaya usté a comer a su casa, que ha llegao el depiutao y hay unja ¡miaja e lifaial
— Voy a lávame y a poném© la capa. ¿A qué hora es ©so?
— A las doce y media. Yo tamién voy. Ala, arree usté piionto, qii© icen que hay una comida que da miedo.
> — ¡ A ver si te piasa como en la otra que dio el mesmo alcalde cuando ptasó el obispo, que te comiste once ocenas de caracoles y se te piuso la tripa como un baúl mundo!
— Lo e menos fueron caracoles; lo piior fueroa las cascaras 1
I — ¿Tú conoces al depiutao?
I — Yo no, porque i©s forastero, y en su vida ha estao en el xj)ueblo. Ahora l'hi visto, muy cachorro es pa nosotros, pequeñito, pocho, amos, un arguelluz.
— I Pues si te pacie le daremos una serenata esta noche y lujego iQ igcharemos al río, pa osequ^alol
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— No sería él p'rimero. ¿Viene usté ü qué?
— Ya voy, hombre, f&ií cuanto aparte las pinochas echo a correr, dite al alcalde que cuente conmigo.
— Voy a avisar al alpiargatero pa qti© traiga el guitarro, qui ice '©1 alcalde q;ue mientras comemos hay que tócale algo al hombm ese. I
— Por mí tócale lo que queráis, yo con tal que haiga buen vino, manque no comal i
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— ¡Tío Serapíol
—¿Qué hay?
— Póngase usté majo y saque usté el guitarro, que hay comida pUlítica.
— Aguarte que acabe este calcero, que es pjal médico.
—A mí me va usté a dar unas alpargatas, que ya estoy aborrecido con éstas.
—Pruébate ésas que hay al sol.
— ¡Rediós, qué grandes me están! ¡Se me cáin de los pdesl
— Pues ahí tienes otras más pjequeñas, no llores por eso.
— Estas paice q|ue cumplen. ¿Cuánto valen?
— Cinco ríales.
— ¿Y las grandes, cuánto?
— Lo mesmo.
— Pues po el mismo precio, me llevo las más grandes. ¿ Conque viene usté, u qué ?
— Dile al alcalde que voy disiguida.
— Voy a avisar al maestro y al cura. Hasta luego; ya p)ué usté purgase, que hay comida pa rato.
(En casa del alcalde. Miesa de doce cubiertos, flores en Iriedio, el alcalde (en el centro, la alcaldesa enfrente, los personajes del pueblo alrededor, el diputado en la punta).
— ¡Señores, brindo por el señor deputao, que viene a hacernos el camino de hierro I