Cuentos aragoneses · Unidad 14 de 57
Unidad 14 · 40 EUSEBIO BLASCO
Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.
40 EUSEBIO BLASCO
(Suena el alparg'atazo |en la mesa; gran estrépito. El capitán, despertándosfe y tirándose de la cama):
— ¿Qti;ién anda ahí? ¡Al que se mueva le suelto un tiro!
— Soy yo, mi capitán.
— ¿Qué canastos haces ahí a estas horas?
—¡Qu'himois matao al ratón! (Enciende un fósforo y una vela). Venga usté a velo, mi capitán; ¡de Un alpiargatazo lo hi rematao!
(El capitán recorriendo los objetos que hay en la mesa).
— ¡Dios mío! ¡ijUn cronómetro que le costó a mi padre cinco mil reales ! 1 !
La criada. — ¡Anda, que lo que has matao es el relé ! ¡ Vaya una juadica ! (Riendo).
— ¡Pillo, miserable! ¡Toma! ¡Te voy a matar! (Dándole de palos). ;
— Usté disimule, yo me pensé que hacía bien. ¡No le haré yo más favores a dengún jefe! ¡Pa que me lo paguen a coces!
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La cesta de coles
Un viajero entra en un vagón 'en el que hay otros dos viajeros. Uno d© ellos duerme. El otro está despierto, y tiene a su lado una gran oesta de coles.
El viajero. — Buenas tardes, señores.
El hombre que está despierto.— Buenas tardes tenga usté.
El que parecía dormir.— Bienvenido sea usté.
El primero.— ¿Pues no dormías?
El segundo. — ¿Conque me dispierto pa saludar a ; este siñor, y aún te quejas ? i Ya no me lo dirás más I (Cierra los ojos y dobla la cabeza).
El viajero (al otro).— ¿Me hace usted el favor de q^uítar de ahí esa cesta?
— No, siñor. i i ;
— ¿Cómo que no?
— Que no siñor, hi dicho.
— Se lo digo a usted ¡Diorque van a venir dos se- ■' ñoras y hace falta espacio, y las cestas no van en el sitio de las personas.
— Verdá es que no van.
— Pues entonces, no sé por qué se niega usted a ^quitar esa. Póngala ust^ arriba, si cabe.
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— No la pongo.
—¿Por (fué?
—Porque no quiero.
— Vaya, amigo, basta de consideraciones; ¿quiere usted quitar la cesta o no?
— ¡Que no ññor, que no me da la gana I
—¡Mire usted que llamo al jefe de la estación!
—¿Y a mí qué se m'importa? De hombre a hombre no va jiada; llámelo usté.
— ¿Quita usted la cesta?
— ¡Paioe mentira que lleve usté corbata!
— ¿Qué tiene que ver?...
— Sí, siñor, que tiene, porque que no entienda, ni" tenga prencipios, ni se haga cargo de lo que Ticen un cnalsiquiera, un focín del campo, toavía pue ocurrir. ¡Pero un hombre con corbata! ¡Amos, hombre, que lo que es usté no debe ser tetrao!
— Ahora mismo voy a llamar al jefe.
— ¡Bueno, bueno!
— ¡Señor jelel ¡Aquí! ¡Haga usted el favor! (Viene el jefe y suhe -al vagón).
— ¿Qué desea tisted? El tren va a salir...
— Este hombre que no quiere quitar de enmedio <?sa cesta...
El jefe. — A ver, quite usted la cesta, que no puede ir ahí.
—¿No pué ir?
— No señor.
— ¡ Pues que no vaya ! ¡ Lo que es yo no la quito !
— Le advierto a usted que yo soy aquí el jefe, soy el que mando...
—-¡Pues quíteie usté ei agua a la locomotora, a ver quien manda !
— L'Iire *U;Sted que llamo a la pareja de la Guardia civil...
— ¿Quiusté que la llame yo? ¡Ni le tengo miedo a ella ni a usté; de hombre a hombre no va nada!