Cuentos aragoneses · Unidad 17 de 57
Unidad 17 · I CUENTOS ARAGONESES 49
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I CUENTOS ARAGONESES 49
■ i — Vamos a vor, vamos a ver; no sei apfixre tísfjed, ven. Teinga usfced calma y respionda con serenidad a lo (jLie voy a pireguntarlie. ¿En qué año murió Don Jaime I? '
El chico, después de mov(erse de derecha a izquierda como si si estuviera ten un barco:
>— ¿Jaime I dice usté?
: — Sí; Jaime I. '
Silencio y balanceo.
. — ¿Jajme I dice usté?
—Sí.
. — Que ¿<&n qué año muiió? ' i
—Sí.
— ¡El mesmo año q^ue lo enterraron 1 í
—Muy bien. No hay que apurarse. ¿Qué sabe usted de los Ftelipies de la casa de Austria?
> — ¿De los Felipies?
— Sí; vamos, recuerde usted, y saldrá. ■ i — Pues mi tío Felipe, el fosero, está en el camposanto de 'Riela. Mi pirimo Fdipe, el cestero, está con unas tercianas que se arde... ■
— Bueno, hombre, bueno; vamos a otra cosa.
El chico, volviéndose hacia los compañeros qufe se ríen:
I — Sí; riros, riros, samarugos. ¡Bien pioláis ayudar un peco.
El profesor, con acento pat|ernal:
— Vamos a ver, vamos a ver... ¿Cómo se llamaba
50 EUSEBIO BLASCO
el rey moro aquél de Granada?... Esta lección se la sabia lusted de memoria en el curso...
Los chicos, apuntándole:
— jAlbamarl Otros.—] Alhamar I
El examinado, muy decidido:
~j Palomar 1
—¿Cómo Palomar?
—Si, siñor; ; Palomar 1
—Mire usted, joven; ya me va usted cargando con sus respuestas. A ver: ¿en qné año se realizó la conquista de Granada?
Los chicos, apuntando: '
—¡Mil cuatrocientos noventa y dos
El muchacho, resueltamlente :
—En mil ochocientos noventa y dosl
El profesor:— ¿a, sí? ¿Entonces, tal vez la pa"»-
«enciaría usted?
—No, siñor; estaba en los baños de Paracuellos con
mi tía.
—Vaya usted a cavar, ¡so sinvergüenza 1
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Pueblo feliz
¡Vaya una epiidemia que había en el pueblo aquél año pasado.
Se morían «como agua» los vecinos. Y la tía Jacinta le escribió a su nieto que viniera de Pinse^ que al piuebío este de que me ocupo, por si se moría también ella, que tenía ochenta años.
Y Urbano cogió la burra y en un piar de días se plantó en la casa «abuelerna»; como la llamaba él, y piuede ser que estuviera bien llamada.
— ¡Rediós, qué es esto! ¿Se mueren ustés u qué? — dijo al llegar.
— ¡Ay hijo mío! Les ha entrao una zangarriana a tos nuestros parientes, que el fosero está que no pué con su alma. No hace más que enterrar gente; ¡ni comer lo dejan! Amos ahora mismo a velar al tío Jeribeques, que sa muerto esta mañana.
— S' habrá muerto de ladrón que era!
— No tengas mala lengua; cena y echa a correr, que allí te esplero.
Urbano cenó y fué a la casa mortuoria y veló toda la noche al tío Jeribeques, que estaba vestido con hábito de franciscano.