Cuentos aragoneses · Unidad 18 de 57
Unidad 18 · 52 EUSEBIO BLASCO
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52 EUSEBIO BLASCO
< — ¡Chstl No hables y rézale. ¡A rezar y a callar 1
— Buieno, bueno.
Al día siguiente pasa mi buen Urbano por la calle mayor del pueblo, y a través de una reja ve a un hombre de' cuerpo presente vestido de dominico.
— ¿ Quién es el muerto ?— pireguntó Urbano.
— El que está en la caja.
— Muchas gracias.
Y siguió su camino.
Pasaron dos días y vinieron a avisar q;ue si había algún hombre en casa de la tía Jacinta, que hiciese el favor de ir a 'una casa de la plaza donde había un hombre moribundo sin familia.
— Anda, hijo, anda; Dios te lo pagará, — dijo la abuela.
i — Pero oiga usté, abuela, ¿pía eso me ha llamao Usté? ¡Pues vaya un oficio ,(jue me dan a mil
I — Anda, hijo mío; ¿no ves que icen que no tiene familia ?
Urbano se metió en la faja un doblero y un pedazo de chorizo catalán y fué a la casa, donde una vecina 'd llevó al cUaxto del «calabre». Por cierto que el «calabre» estaba vestido de agustino.
Urbano piasó la noche cumpliendo su piadoso deber, y a la mañana, cuando salió para volverse a casa, vio que traían cuatro hombres un cuerpo muerto en unas .piarihuelas.
: — ¡Estamos aviaos I— iba diciendo Urbano. — No va a. quedar un vecino vivo. Será cosa de beber doble vino, a ver si nos defendemos una miaja.
Llegaron los hombres con él, y para descajisar dejaron las parihuelas en el suelo.
El muerto iba descubierto y vestido como el primero que Urbano había visto al llegar al pueblo, con hábito de San Francisco.
i—¿ Otro ?— pensó, y sonrió a su,s solas.
— ¡ Abuela 1
CUENTOS ARAGONESES 53
—¡Hola! ¿Ya has velao al muerto?
— Sí, siñora, y vengo mtiy cQnteinto.
—¿Por qtié?
— Ahora mismo va usted a ©sícribir a mi padre que me envíe mi ropa y too lo mío, porq^me 'en este pueblo me quedo yo pa siempre.
— ¿Y por qtié?
— ¡Por q;ué ha é ser! Porque aqUí no piué ocurrir nada malo. Este es el pueblo de más suerte que hay en el mundo. jToos los frailes cfue tienen ustés se les mueren I
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La fotografía
— ¡Padre!
— ¿ Qué más q;uerís ? No m'hagáis gastar más dineros, que ya hi gastan tó lo que truje.
. — Pero se le ha ólvidao a usté la frotogafía. — jPues tiés razón! Y ahora resulta qu^e después de tü'ar dineros a manta e Dios, tenemos que sácanos el retrato.
— No hay más remedio, porque se 1' a prometido usté a la abuela que le llevaríamos el retrato e tados en ringla.
1 — ¡Ala, pues! ¿Ande está tu madre?
— No ha vuelto aún; ice qu'iba a compii'ar solimán pa los ratones, que no nos dejan dormir.
1 — A btiena hora, y nos vamos mañana I Lo que íes tu madre es una piindongUera que por salir a la calle haría moneda falsa. ¿Conque a comprar solimán? ¡Nos ha chafao la piapeleta!
I— ¡Miela usté, ya viene! ¡Ande usté, madre, que es tarde!