Cuentos aragoneses · Unidad 19 de 57
Unidad 19 · CUENTOS ARAGONESES 55
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CUENTOS ARAGONESES 55
— Ay, hijos, no me corrompáis ahora concfao si •es tai-de u si -es temprano, porque 'estoy más abo- ■ rrecida...
—¿Pues qué redi ó s, te piasa?
— I Que a poco me muero!
— S'habrá esbarizao en la calle y l'habrá cogi- 5 do algún coche.
—No, hijo, no; sino qu'hido a comprar el veneno pa matar los ratones, y como en ^ste Madrid te leagañan siempire que pueden, y ctiesta seis ríales, pues se mo ha ocurrido probálo.
— ¿Y a qué sabía?
—No sé, porque no hice más que tragar un po-
í qüico, y el hombre se me acarrazó más blanco que
la cera y me quitó la cajica, y me dieron allí qué
me sé yD cuántas cosas; piero hi ^estao más mala...!
—¿Y a quién se le ocurre probar 'eso, que tié que ' ser veneno ?
—Pues si no lo piruebas, apatusco, ¿cómo has de saber si ©s veneno o es saca ineros?
— Vaya, ¿estás buena u estás mala? Las cosas claras.
— No sé, piaice que tengo hambre; voy a cómeme unas costillas asadas.
— No p!ué ser.
—¡Otra que Dios! ¿por qué?
' — Porque tenemos que ir a retrátanos.
— jAy, es verdá, los retratos!
— Y si no se hacen ahora, pues ya no se hacen.
— ¿Y ande es e^o?
Aquí cerca está la fotografía; luego comerás.
— Pues echa andar ya, no charres tanto.
(En la fotografía.— El tío Lucas al portero):
— ¿Es aquí donde sacan los retratos? —Arriba, en p\ sexto piso.
56 EUSEBIO BLASCO
— ¿Seis pisicos hay que subir? ¡Pues más nos valía haber almorzao antes!
— Hay ascensor.
— ¿Y eso con qué se come?
— Ascensor, máquina piara...
— Ah, sí, ya sabemos que es con una maquinica y que hay que estase muy quietos.
— Vaya, métanse ustedes aquí y no saquen la cabeza, y arriba, y callando.
(El ascensor comienza a subir).
— ¡Ay, madre, esto es tm globo ctiadrao!
— No señor, esta es la máquina, ¿no lo has oído?
— No te mu;evas, no te escabeoes.
— A mí me dan ganas de gomitar, padre.
—Pues aguanta tó lo que pinedas.
(El ascensor llega arriba. Los trfis baturros se qaedan en él).
— Bueno ahora... quieto el plerro.
— ¿No hay que móvese?
— ¡No hay que movésel
' — Yo no sé si podré, me está ripitiendo el veneno.
— Cállase y mirar hacia alante, qu,e así m' ha dicho a mí el alcalde que hay que estar.
— ¿Y ciuáiito rato va a durar esto, padre?
— No sé, quietos y callaos, no vaya a enreligarse cualquier cosa, que las máquinas son muy traidoras.
(Se están sin nespirar cerca de media hora. Al cabo de este tiempo, el portero grita):
— ¿Hay alguien en el ascensor? [
El padre. — Sí, siñor, nosotros.
— ¿No sab^W t^stedes bajar?
— No, señor. i