Cuentos aragoneses · Unidad 3 de 57

Unidad 3 · PROLOGO IX

Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.

PROLOGO IX

poca monta; pei'O ©n realidad es muy útil y digno de elogio, porcfue ayuda a conocer la índole, el carácter y la manera .de ser de un pueblo. Sobre toido, lo que no se puede negar, es que estos cuentos son altamente simpáticos, porque proceden del regionalismo natural, vigoroso y castizo, que nunca pluede dejar de ser español, tan diferente de ese otro regionalismo antíficioso íundado en la imitación caprichosa de lo extranjero. Entre la gracia tosca y ruda tan fielmente retratada por Blasco en sus Cuentos Aragoneses, y el simbolismo o el decadentismo mal traducido, es indudablemente más sana y más artística la primera; como es preferible la copla tierna y robusta del pueblo, al suspiro enfermizo o al canto amanerado de un poeta melenudo. , "^

Jacinto Octavio Picón

Madrid, Enero, 1902.

la memoria del Oardanal Cascajares

Desde Calahorra, con fecha del 28 de Mayo último, me escribía mi inolvidable amigo y paisano ^el Cardenal la carta siguiente, que conservo con verda-. dero amor, con tantas otras del ilustre Prelado recientemente fallecido.

«Mi distinguido amigo y paisano: Leí su hermoso »artículo pidiendo el indulto de los reos de Santo- »ña, y dos días despiués lo vi concedido. Con todo »mi corazón le felicito. ¡ Qué bien dormiría usted aque- »lla noche! Digo también como en nuestra tierra: «Que »los mate Dios que los crió».

«Mucho me alegraré pueda usted hacer una esca- »pada para ver al ex-artillero montado en la tradi- »cional muía blanca echando bendiciones, y no digo «admirando su gentil figura, porque de aquel mozo »que sabía tenerse bastante bien a caballo, no que- »da hoy ni es otra cosa que un viejo lleno de acha- »ques...» * '

12 EUSEBIO BLASCO

Mi pobre amigo contaba con entrar pronto en Zaragoza, en la ciudad donde juntos entramos en la vida por distintos caminos, y ser el Arzobispo de la Diócesis deseada. Dios lo ha dispuesto de otro modo.

Al cabo de cuarenta años, quiso Dios también, que los amigos de marras fuesen Cardenal-arzobispo el uno, escritor y funcionario del Estado el otro, y que por mano del s-egundo pasaran las bulas a Roma para que el primero recibiera el billete consistorial que le diera plena posesión de su arzobispado. «¡Quién nos lo dijera cuando, alegres muchachos, nos divertíamos en los palacios de los condes de Robres ,o de Sobradiel en Zaragoza!» me decía el Cardenal hace tres meses. Bien dijo un autor, célebre por sus novelas, que nada hay más novelesco que la realidad.

«No tengo prisa por las Bulas»~me escribía el Cardenal en la carta de Mayo a que me refiero. — «Cuan- »to más tarden, mejor. Después de diez años, no vie- »ne mal un descanso al lado de mi hermana y sobri- »nos, haciendo vida de familia».

Y añadía:

«¿Por qué no colecciona usted y publica los gra- »ciosísimos cuentos baturros? He procurado leer todo »lo que se iba publicando, desde las obras de la dul- »císima Fernán- Caballero, y con más interés, como es »natural, lo que a nuestra tierra se refiere, y sin li- »sonja digo a usted que nadie como usted habla el »verdadero aragonés, B*** es muy alambicado, G*** »exagera el lenguaje (1) como les sucede a todos, me- »nos a usted; y luego, la gracia y sal... Difícil es a »los sesenta y siete reirso leyendo, y yo con sus cuen-

(i) Se refería a dos escritores aragoneses muy conocidos.