Cuentos aragoneses · Unidad 24 de 57

Unidad 24 · CUENTOS ARAGONESES 69

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CUENTOS ARAGONESES 69

— iMostillooo!

El señor cura (saliendoJ.—'Psii^ece) mentira, Juan, (jue tengas tan poca caridad... Se está, muriendo el pobre...

—Pues dígale usté que se espere, que tengo qTi« hablar con él.

El enfermo (dentro).— \Enti'Si, Juan!

— ¿Lo ve usté? jSi sabré yo que tengo que vélol

— ¡Entra, hombre, entra! Todo sea por Dios.

—¿Hola Mostillo, qué tal, te mueres u qué? ¿Qué ha sido eso?

— No sé, Juan, no sé; esto empezó oon un «■efemerón» que tuve al volver de la era una tarde que caía un dorondín que se te metía en los huesos, ,y luego, tantos charapotes me han dao, que te digo qu« me muero... jAy que dolores! ¡Me muero!

— Bueno; pues ya jte acordarás que me debes cuatro pesetas.

La tía Casiana.~í Pillo! ¿Y pta eso vienes? ¿Usté ve esto, señor cura?

El sector cura.— Realmente, Juan, eso está muy mal hecho, eso no es cristiano...

— ¿Y es cristiaiio debelas, y no págalas y morirse?

— ¡Ay que m© mti^rol ,

— Aguarte un poco. ¿Me debes u no me debes cuatro pesetas.

—¡No m' acuerdo!

— ¿ Ah, conque no t' acuerdas ?

La hija.— ¡Voy po el mango e la escoba pa matar a este pillo !

—¡Mostillo, todos tenemos que morir I ¡Pero hay qu-e moríse en regla, y tú no te mueres en regla! Estábamos una tarde juando al guiñóte en mi casa. Te gané dieciséis partidas do a rial.

El MORIRUNDO.— ¡Y cantaste veinte en copas dos veces sin tenélasl

70 EUSEBIO BLASCO

I JLa mujer.— ¡Tramposo! ¿Y aún vienes aguí por los dineros? j Fuera de aquí!

— Que no me voy sin contálo. Yo gané toas las partidas.

El moribundo.— ¡Cantabas siempre veinte en copas!

—Mejor pa mí. Y cuando acabamos me dijist-e, dices, pLi-es te debo cuatro pesetas. ¿Me Jas has pagao

— ¡Ay... mi tripa... me muero!

— N"o le haga usté caso, señor Qura, que 'cn 'este' pueblo se muere mucha gente por no pagar lo que' debe. ¿Has confesao?

El seííor cura.~Sí, ha confesado como nn santo.

—¿Has confesao que me debes cuatro pesetas?

El enfermo incorporándose en el lecho con espantados ojos.— ¡No! ¡No! ¡Se me ha olvidao!... jSe me ha olvidao!... Juan, sí, te las debo...

El seííor cura.— Toma, Juan, ahí las tienes; yo las pago.

El enfermo (cayendo sobre el lecho).— J)ios mío, per-^ don, Dios mío

La mujer.— i Ay, Madre de Dios ! ¡ ¡ Se le estuerce| la cara ! !

La chica.— ¡Padre! ¡Padre!

Juan.— ¡A ver si lo hi matao yo sin pensálo!...

El señor cura.— ¡De rodillas, hijos míos! ¡Dios le haya perdonado!

Rezan todos do rodillas.

Juan (limpiándose una lágrima con el dorso de la mano).— 'La, verdá es que le canté las veinte en copas dos u tres veces, a ver si le ganaba pa comprar un cordero.

Las mujeres.— ¡Vete, vete; mal hombre

Juan.— ¿Cuánto vale una misa?

El seísOR cuRA.~Ya lo sabes.

~A peseta, ¿verdá? Pues tome usté las cuatro po-f