Cuentos aragoneses · Unidad 25 de 57

Unidad 25 · CUENTOS ARAGONESES 71

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CUENTOS ARAGONESES 71

setas y diga usté dos, y con las otras dos compí'© usté un corderico y nos lo comer-emos el día el novenario.

— I Vete, Juan, vete I

La mujer.— i Qué más coirdero que éste que se lleva Dios! I ¡Este si que es cordero!!

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La capa dsl tonto

— D. Valero, usté que es tan rico, bien podía usté hacer una obra de caridá.

— ¿ Cuála ? ■

—Pues regálale una capa nueva al tonto.

—¿Al «Baldragas»?

— ¡A ése! Se la ha pádido a usté muchas V'eces, y anda diciendo po ©1 pueblo que no tien^ usté los dineros que páice.

— ¿Dic'e ©so eh? *

— Eso ice, y como la gente © los piueblos es muy mala, y el tonto, aunque páioe tonto, no es tan tonto como páice, ¿ qué 1' importa a usté gastarse doce o catorce duros ©n una capa?

—No tengas cuidao, Ramón, que lo voy a hacer; diles a Basilio y Engracio y a Joaquinico ©1 que lleva el bulqiiete, que vengan los tres.

— j Ahora mesmo I

Vienen ti'es peones del tajo de D. Valero, y é«tc les dice:

CUENTOS ARAGONESES 73

—Ahí van cincuenta pesetas, comprad una capa j avisad a Baldragas que venga.

Al cabo de una hora, acuden todos a la casa.

LD. Valero.— Hola, Baldragas, me han dicho que quies que te regale una capa.

—Sí, señor; miusté esta que -está llena de «ahujeros». Hace siete años que la llevo, y le entra el aire por tos los laos. i

— Bueno, pues aquí tienes una nueva.

—¡Bendito sea Dios, y Dios le dé a usté mucha salú!

—¡No te la dejes robar!

— ¿^A mí? ¿Róbame a mí la capa? ¡No ha nacido!

~Ea, pues que la uses muchos años.

El tonto (marchándose). —iReáiéz, qué capica! ¡Si p^aizco el obispo!

D. Valero (a los otms).~Os voy -a dar un duro a cada uno si le robáis la capa esta noche.

—¡No hay cuidao ! Don Valero, ya veo lo que usté quiere... ¡asústalo!

—Eso es, asustarlo. Vamos a ver cómo ae defiende. Lo esperáis a la salida de la taberna y s-e la quitáis.

—i Que sí, señor!

—¡A ver las valentías del tonto, cómo resultan!

—¡Que se la quitamos !

(Las doce de la nochte. Baldragas salede la taberna embozado en su capa. Los tres pleones le esperain en la esquina, a la puerta de 6U casa, y le a;saltan).

—¡Alto ahí!

— ¡ Si das un paso mueres como un fardacho ! —No te muevas, u te pego un tiro! Baldkagas.~¿ Qué (^erís?

74 EUSEBIO BLASCO

—¡La capal

—¿La capa?

—I La capa!

—Me páice que sus conozco por la voz. ¿Quién seis?

—jA tí no te s' importa! ¡La capa!

—Pues yo tengo derecho de abrigai*me cuando hace frío, y todos tenemos derecho a todo, que así lo jM'edican los ensucialistas.

—¡O das la capa o la vida!

— ¡ Ahí la tenis, qué moño ! ¿ Me dejáis entrar en mi casa vivo, u qué?

— jEntJa3 y a doniiir y a callar!

—Buenas noches nos dé Dios.

—Buenas noches.

El tonto abre su puerta y tentra. Los tres amigos riendo a carcajadas, dicen :

—¡Ya himos ganao un duro cada uno! ¡Ya la tenemos !

El tonto aparece \pn la ventana.de la casa, y dice

— ¡Ehl ¡Ladrones!

—¿Qué quiés?

—Ahí van dos cuadernas pa que comprís hilo y la i^mendís, porque la capa que m' habís robao es la vieja. ¿Ande habís visto a nadie salir de noche con capa nueva., apatuscos?

(Cierra la ventana).

Los TRES LADRONES.— Lo que es el tonto... ¡nos ha chafao la papeleta!

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El billete

Madrid- Zaragoza, tren mixto. Las once d)e la noche. Un ragón de segunda. Únicos viajieros; un hombre del pueblo y un señor sacerdote. Van dormidos.

Voz FUEBA.— ¡Riela! ¡Cinco minutos 1 El interventor (entrando en el ra^ow/— Buenas noches, señores.

Los dos viajeros duermten profundamente.— Pasan unos minutos.

Voz FUERA.— ¡Seeeñorés viajeros al tren!

Han pasado los cinco minutos y el tren sigue su marcha. El interventor Be decide a despertar a los dos viajeros, tocántiolfek Buavcmente en el hombro y diciendo:

—i Billetes! •

El hombre.— ¡Ay que moler 1 Ya me lo han pádido tres veces desde Madrí.

El señor cura (sacando su billete y entregándolo).— Aquí está el mío.