Cuentos aragoneses · Unidad 26 de 57
Unidad 26 · 76 EUSEBIO BLASCO
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76 EUSEBIO BLASCO
El interventor,— Muchas gracias. (Se lo devuelve). ¿Y el de usté?
El hombre (buscándose en el bolsillo derecho dd chaleco).—kq\ú lo tenía... jPor vida de Dios!
El señor cura.— No hay paxa qué tomar el nombre de Dios en ese tono.
El hombre (buscando en el bolsillo izquierdo del chaleco).—Remoñó... Tampoco lo tengo aquí... ¡Por vida de San Dimas !
El interventor.— Busque usted bien.
—Por vida de San Lamberto...
El señor cura.— Hombre, no siga usted hablando así; no hay para qué. jDeje usted quietos a los santos!
—¡A que lo he párdido! — (Busca en el bolsillo derecho del p'antalón, no lo encuentra, y lanza una terrible frase que no se puede repetir).
El interventor.— i Es que si lo ha perdido usted tendrá que pagar doble!
—¡Por vida de Cristo padre!... !
El señor cura.— ¡No sea usted bárbaro!
El hombre (buscando en el bolsillo izquierdo del ^<:m¿flZo?i/— ¡Tampoco ! ¡Ojalá me lleven los demonios! ¡ Que lo he pdrdido I ¡ Ojalá se hunda el cielo y m^ coja! i
—Busque usted bien.
(Busca en todos los bolsillos de un abrigo que tiene doblado en el asiento de enfrente).
—¡Nada! No lo tengo, moño, Iremaño; esto es para renegar de todo...— (Aquí suelta una espantosa serie de horribles blasfemias).
El señor CURA.— ¡Calla, salvaje, calla!
— ¡Ah! Ya lo sé, ya me acuerdo. Si lo he puesto en la cinta del sombrero! ¡Por vida de San. Diego!—
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(Coge el sombrero, q\ie está fen la red, y saca el billete de la cinta y lo enseña).
El interventor.— Está bien. Buenas noches, señores.
El hombre (arreglándose para dovfnir).— Y a.y a. con Dios, y haga usté el favor de no amolanos más. A ver si me duermo hasta Zaragoza. ;
El señor cura, en voz baja y hablando consigo mismo:
— |Son incorregibles, son atroces, blasfeman por gusto, no hay freno para fe'llosl
—¿Habla usté conmigo?
—Sí, contigo hablo, bruto, animal, (jue has ochado por esa boca sapos y culebras, y tienes que ir aX infíerno, allí vas de canora, y allí te quedarás, mal hombre !
—¿Pues no siñor, no me quedaré 1
—¿Que no?
—¡No, siñor, porque... miste! (Enseñando el billete). ¡Es de ida y güelta! Conque... ¡güeñas noches I
A cada uno lo suyo
—Señor marqués, ahí está el tío Valero, el que vende frutas y verduras, y dice que tendría mucho gxisto en ver al señor, si haoe el favor de recibirle.
— jYa lo creo! Tiempo hace que no le veo por aquí; díle a ese excelente hombre que suba.
—Pero es que quiere subir con la cesta de las
verduras.
— I No. hay inconveniente! En el campo, y tratándose de un buen hombre como ése, no vamos a andar con etiquetas. |Que suba, que suba en seguida!
—Voy pior él.
—Buen oís días, siñor marqués, qué tal?
—Bien, ¿y tú, Valero?
—Hay salú. ¿Y la familia?
—Está bien. ¿Y la tuya?
—Así andamos. La Melchora la tengo muy mala; ice el médico que tiene un animalucho en la tripa que tiene más de cien varas de largo, y no podemos sácaselo.
—¡Pero, hombre!