Cuentos aragoneses · Unidad 29 de 57

Unidad 29 · 86 - EUSEBIO BLASCO

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86 - EUSEBIO BLASCO

—Pues ella me lo ha confesado, coníjue tienes que confesalo tú también.

— ¿Pü€s no le digo a usté que sí? Anoche mesmo estovemos hablando hasta las once y nos comimos una camorra que me trujo mi madre de Zaragoza.

—Bien me podíais haber guardado una, miaja.

— iRipite mucho I

—Bueno, piues a mí no me cabe mentir ni a tí te cabe disimular, y me páice muy bien que sus casis, ¿quiés cásate u qué? .

—Que sí, siñor, que quiero. |Pa eso corteja uno, pa casase!

—Bueno. Yo lo arreglaré y se hará en seguida. A la chica le daré mil duros de dote.

—Está mu bien.

—Y a tí te daré la viña que tengo a la entrada del pueblo.

—Dios se lo pague a usté.

—Os pondré la casa.

—Bien puesta estará.

—Y aquí comerís y beberís y tendrís p-an seguro hasta que yo muera.

— ¿ Pus qué más queremos ? j Coscaranas pa postre 1

—Toó lo que tú quieras.

— Ea, pues no hay más que arréglalo y diciselo a mi ma'dre, que la tengo ya corrompida de tanto habíale de la novia.

—Tu madre se mete en todo, y es una cochamandiera que no pué \ávir sin gobernar al pueblo.

—Pero nos tiene ley a la Cerila y a mí, y es mi madre, y usté, no tiene que métese en si es cochamandrera u si es lambrota, porque aquí estoy pa defenderla, ¡moño!

' —Bien, hombre, bien, hazte cuenta que no hi dicho nada. De modo y conformidá qu,e estás conforme en todo, ¿venida?

CUENTOS ARAGONESES 87

Te doy mil duros d*e dote, la viña, la poiiedura de la casa, y d© comer y de beber; ¿es eso u, no es ^so?

—Eso es.

—Pues hay chorrada.

— ¿Toavía más?

— Miá a ver si nos oye alguno, que tengo (jue icíte las últimas.

—No hay nadie; la Gerila está lavando un culero, pero ende allí no pué oír nada.

—Bueno, pues oye. (Pausa). Tengo que decite que... amos, que... las cosas claras... '

—Échela usté ya. '

—Piénsalo bien lo que te voy a icir.

—¡Pero dígamelo usté, no me haga usté pienarl

Ya sabe usté lo que se hace con los corderos; ¿hay que mátalos? pues hay que mátalos; jpero no hacelos penar! ■ ;

— Ea, pues tú harás tu comenencia. La chica tuvo unos amores esgraciaos.-.- porque ella es una miaja llanota... amos, que... ha tenido una criatura. ¿Te conviene así, 11 qué?

—¡Y aunque no hubiá tenido denguna!

—¡Pues a cásate', y sea enhorabuena 1

i44a»44n»4^BHi^4iiH4 ^■M44m4^BH44HH^4i

Buscando oficio

— ¡Ay qué rediós! ¡Este es Mamerto! ¿Ande vas, Mamerto ? ¿ Cuándo has venido, Mamerto ?

—Pues ayer himos llegao de Fuentetodos.

— ¡Ay qué moño! Bien hombre, bien. ¿Y que te traes tú por Madrí? i

—Pues a ver lo que hago co^n este modrego.

—¿Este 'es tu pequeño?

—Este es el pequeño, que no le gusta dengún oficio j lo traigo a Madr*! a ver qué moño d© oficio quié apirender.

—¿Y cómo te llamas tú, pequeño?

El muchacho.— Celipie, pa servir a usté.

—Bien, hombre, bien. ¿Y qué es lo que quiés tú ser?

—Responde, laminero, y no comas más calcagüetes, que no "haces más que eso.

— Amos, di, ¿qué es lo qu© tú quiés ser?

El muchacho.— ¿Yo? ¡«Huespede»!

—¿Pero qué !o|ficio ©s ése?

El padre.— No, no va descaminao, piorque como allí en el pueblo tenemos huéspedes a cada momento y el chico ve que les damos bien de comer y de beber