Cuentos aragoneses · Unidad 4 de 57
Unidad 4 · CUENTOS ARAGONESES 13
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CUENTOS ARAGONESES 13
»tos río como un bobo; recuerdo <en este momento »aq;Uéi del autor, donde los personajes son dos toci- »nos, el de las espánacas... ¿Pues y el del novio? Vale »un Perú.
»Perdóneme tan larga carta, y q;ujeda de usted afec- »tísimo amigo y paisano,
t El Cardenal Arzobispo.»
Calahorra, 28 de Mayo, 901.
¿Qué mejor prólogo pudiera yo desear para mi libro que estos fragmentos de cartas de tan ilustre plersonaje ?
Al contestarle, le pedí peniiiso para dedicarle el tomo, y su cai'ta de 6 de Junio comienza diciendo: «Querido paisano : Con mucho gusto acepto la dedicatoria de s^is cuentos baturros».
Mientras se estaba imprimiendo el libro, la muerte ha venido a robarnos aq;uella gran personalidad cuya pérdida ha sido duelo nacional y cuyo entierro ha demostrado el gran amor que sus paisanos le tenían. La última carta que el Cardenal escribió fué prara mí, y es del 18 de Junio. {
«... leí ayer el artídulo de usted (1); me gustó; dice »usted en él grandes verdades; los hipócritas y fari- »seos abundan en todos los campos, i Hay tan pocos »hombres (jue tengan el valor de sus convicciones I »Cuando se llega a nuestra edad y se ha visto tantoi, »da £ana de morirse...»
No tardó mucho en realizarse sií deseó, y cotí su muerte perdimos un hombre de bien, un espíritu generoso, un verdadero apóstol de la caridad que todo lo dio a los pobres, y habiendo sido su misión ben-
(0 En «El Heraldo».
14 ÉUSEBIO BLASCO
decir, ha pasado de este mundo al otro llevando las bendiciones de cuantos tuvieron la dicha de ser sus amigos.
Y ya que no paide dedicarle en vida este modesto libro, sirva su nombre de escudo a los Cuentos Aragoneses.
Los llamo así, piorq^ue ya se han publicado varias colecciones de cuentos «baturros», y además, porque son im pedazo de «fok-lore aragonés». A excepción del último cuento del tomo, titulado Tierno regalo, que es de piura invención mía, todos los demás son de la tierra; la mayor parte se los od a mi padre o a mis abuelos; algunos son cuentos de cuatro palabras, que están en todas las colecciones como chistes conocidos, dichos por los baturros de Zaragoza, Huesca o Teruel, y dialogados y estirados por mí, convertidos en escenas familiares y piopulares.
Los cuentos de nuestra tierra aragonesa han dado la vuelta al mundo, o a lo miónos lo parece.
Yo no sé si en Aragón hemos tomado asuntos y cuentos de otros pjaises, o si nos los habrán contado extranjeros transetmtes; pero ello "es qtie algunos que yo sabía desde niño, como los (jue titulo Mostaza inglesa y A cada uno lo suyo, los he leído en inglés treinta años despiués, sucediendo con ellos algo de lo ocurrido con nuestro antiguo saínete El sordo en la posada, robado por los francesas y dado al teatro hace años con el título de Les deux sourds, y luego traducido al español dos veces, una con el título de Los dos sordos, y otra con el do La trompa de Eustaquio. A veces taJ cuento popular da la ^nielta a Europa, y en cada país por donde pasa le dan carta de naturaleza y le ponen su sello.
Algunos ctientos de este tomo son frases conocidas