Cuentos aragoneses · Unidad 31 de 57

Unidad 31 · EUSEBIO BLASCO

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EUSEBIO BLASCO

quihacer pa dómala. Amos, que es un loco que no paice loco.

—Será aquello que se suele icir que los chicos y j los locos icen las verdades.

—Pues yo no quisiá volvéme al pueblo sin véjo.j

—Con tal que no nos cueste los dineros... —No madre; el ver a los locos es de baldes, alli' no gastará usté ni un chavo.

—Bueno, piorque lo que es en los días qu'himos estao aquí, se me han ido más dineros con vosotros que eii un año en Cuarto. ¿ Y pa qué ? En el teatro no himos intindido nada, aquí en el restorán nos han dao unas comidas que abrasaban, y estamos toos can un ardor de estómago que no podemos más.

—¡Si no fuáis tan lamineros que todo &e os apietece... yo no hi tomao en Zaragoza más q'ue vino, que no le hace mal a nadie !

—Ala, amos a comer, y luego iremos a ver al loco ese. ¿Qué te páice que le pregimtemos que nos convenga ?

—Tú verás; podías pregúntale cómo haremos pa vender el trigo, que está acotolaoi.

—O cuándo se casará ésta.

—O cómo se curan las cuartanas.

—Ya se verá; a comer y a callar, y no me corrompáis más las oraciones.

(En la Casa de Misericordia. Los cuatro «foranos» recorren (el establecimiento cogidos de las manos y observándolo todo con gran Cluriosidad).

— ¿Quiusté que le diga una cosa, piadre?

— Dila.

—¡Que es por demás estar uno en su sano juicigil jPues si estos locos están como unos reyes! ¿Se apuesta usté a que al salir de aquí le doy ¿os morradas al gobernador pa que me encierren?

CUENTOS ARAGONESES 95

—¡Mira y calla, y no seas bruto! Pero, ¿ande estará el *lo€o €tse?

— Mitisté esa loca empeñada en coger el chiflido...

—Pero, ¿eso que es?

El empleado (que enseña la casa/— Esta loca se pasa el día dando un silbido, y así que lo da quiere coger el ruido qtie hace con las dos manos.

—¡Cómo si fuá una mosca!

—Eso es.

—¡Pues ya tiene pa rato! Le digo a usté que si estamos aquí mucho salimos todos remataos. Diga usté, ¿no podríamos ver a uno que icen que lo adivina todo ? >

El empleado (sonriendo).— \Mí, sí, Avellanas!

—¿Le llaman 'Avellanas?

—Sí, ese es su apellido. Vengan ustedes. Pero no se rían ni le molesten, porque entonces...

—¡A ver si so nos «acarraza»!

—Pudiera ser.

—Bueno, pues más valdría pensar antes lo que rhimos de pireguntar.

—Es verdá. ¿Qué querís pidile?

—¡Ya lo sé, padre!

—A ver que se le ha ocurrido a éste.

—Déjeme usté a mí, madre, déjeme usté a mí. ¡Lo que se Je va a preguntar es en qué número va a caer el pi-emio gordo!

—¡Tiene razón el chico!

—¡Buena pireguntíca es! • — ¡ Este es hijo de padre, tiene «idea» !

—¡Claro! ¡O es adivino u no lo es! ¡Si lo es, que nos diga el número !-

El empleado.— Ya estamos.

— ¡ Calláisos !

El empleado (al íoco/— Avellanas, esta señora y estos caballeros, que han oído la fama de usted, desearían saber xma cosa que les interesa.