Cuentos aragoneses · Unidad 34 de 57

Unidad 34 · CUENTOS ARAGONESES 103

Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.

CUENTOS ARAGONESES 103

—Y tina pila pa la iglesia pa bautizar las criaturas; rniíisté cpie ©1 pobre cura tiene que bautízalas I -en el cuenco e la colada.

—Bueno, hombre, bueno; pero afeitóme usted pronto, que tengo citados a los electores.

P (El barbero le poiile la toalla; cog^e la suela; eclia un gran esupitinajo en ella, y tempiez^ a afilar la navaja).

El candidato (atorado).— ¡Feío hombre! ¿por qué •scupc usted?

(El barbero escupte en la bacía y empieza a deshacer el jabón).

El candidato (indignado).— \ Q:\xe horror! ¡Qué asco! ¿Cómo puede usted hacer eso? iQué indecencia!

El barbero.— ¿ Conque lo hago pío lo más fino, y aún se .queja usté? A usté se lo hago así porque es forastero, que a los del pueblo les escupo en la caxa y luego los jabono!

^■M^^MH4^>MB4^>Mi^4aiB^ ♦«■♦♦«■♦♦—■♦♦■■♦♦i

Partido igualado

Rayaba «] alba, salían los dos cazadores, a caballo, a buscar a los compañeros que les 'esperaban «, un cláarto de hora de la frontera francesa. Esto lera en tierra de Biescas, o tierra de Jaca.

Iban cantando a dúo, tan contentos; eran los dos jóvenes y ricos, hijos de buenas casas.

De pronto, de entre unas matas, al borde del camino, salió un hombre y ^chó a correr con la rapidez del que huye.

—Ese es algún ladrón. ,

—O algún contrabandista.

—1 Alto !

— ¡ Alto o mueres I

Y los dos cazadores, poniendo los caballos al galope, llegaron junto al fugitivo y le apuntaron.

El hombre se paró.

Era joven, buen mozo, los ojos vivos, la frente despejada. Vestía de calzón corto y faja morada, y llevaba el clásico pañuelo a la cabeza.

—¿A dónde vas?

—¿Por qué corres?

—Porque hi hecho una muerte.

106 EUSEBIO BLASCO

—Tu francfueza te valga— dijo Fabián.— ¿Vas buscaí? do la frontera, sin duda?

—i Eso!

—¿A quien has matado?

—A Juan el Zurdo.

—¿Al novio de la Qu,iteria?

—¡El novio era yol

Bajaron de los caballos, sentáronse en el ribazo >q hicieron sentarse al homicida.

—A ver, a ver, expilícate o vas atado a Jaca.

—Me es lo mesmo.

—Cuenta lo que ha pasado.

—Que m'hi corrido.

— ¿Has matado a ley?

—Cara a cara.

— ¡Dilo ya todo!

—Yo estaba simendo al rey; tenía una novia, la hija del tío Segundo.

— La conocemos.

— M'ha estao escribiendo cuatro años, iciéndome que me esperaba y que me quería. Aquí están las cartas, la faja llevo llena. Vuelvo a mi lugar y se empiezan a rir de mí pío las calles; ¿de qué vus ris?— preguntaba yo— ¡y vuelta a rise!

—Sigue.

— Voy a casa de la novia y me la encuentro festejando con Juan. jCon Juan! ¡Que le debe too lo que es a mi padre 1 ¡Voy y le pego una bofetada a la Quiteria que va a parar al corral; se me quié acarrazar Juan y el padre de ella; me echan de la casa y entonces sí que se rían los vecinos 1

— ¡ Pobrecillo I

— ¡ESO3 eso icían todos, y como lo digan ustés también va a haber dos muertos más!

— Sigue, no te enfades.

—Pues espero a Juan po la noche, y en vez de dame la razón, me desafía!