Cuentos aragoneses · Unidad 36 de 57
Unidad 36 · CUENTOS ARAGONESES 111
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CUENTOS ARAGONESES 111
blo y va pireseintando al doctor am'erica:no a sus relaciones.
Entre los concurrentes está el tío Casiano, q;ue íio despliega sus labios. Bebe y calla.
—Casiano — ^dioe don Balbino, — ¡muy callado te veal
El tío Casiano se pione el dedo índice en los labios por toda respuesta.
—Esto q;ue ve usted aquí, doctor, es el viejo más sabio del piueblo, y cuenta unos cuentos muíy greciosos. Vaya, cuéntanos uno.
El tío Casiano adelanta los labios y se da dos golpiecitos eiri ellos con los dedos.
—[Amos, Casiano, dale gusto a don Balbino, en vez de date golpies en los morros! ¡Habla I
Idéntica respuesta muda.
D. Balbino.— ¿Es que te estás burlando de mí? ¿No ves que hay aquí un forastero célebre, un señor que está esperando que le saludes? Vamos, doctor, suplíqueselo usted, que a usted no le hará un desaire.
El dentista célebee (al tío Casiano). —¿'No quiere usted hacernos el honor de dirigirnos la palabra?
(El tío Casiano, yendo corriendo a la puerta y hablando medio dentro, medio fuera, disponiéndose a hiuir),
—¡No lo querrá Dios I ¡Ya sé yo lo que cuesta
abrir la boca 'delante de usted, tío ladrón! ¡Al que
menos le ha costado diez duros!... ¡Vaya usté a buscar tontos a su tierra!
>mm^^mmi^^mKm^^msa^^tmm^ ^t3aB^4'^^^'¡^4^am^^mmt^
El banco de la plaza
— Peti'a, saca la capa esta nocbe, que mañana vamos tóos los concejalos a la fiesta de la iglesia.
—¿Con capa en el mes de Julio?
—Ya se conoce que eres de Madrid, gue no sabes las costumbres de estos pueblos. En cualquiá tiempo íjue sea, el Ayuntamiento va a la fiesta del piu^eblo con capa. Con que hala, sácamela desiguida pi. que se airee, que no golerá a alcanfor muchO'.
—Ahí está el señor ingeniero.
— Entrusté, don Antero; ¿quiusté cenar?
—No, señor alcalde; lo que quiero es que me diga usted qué fiesta hay mañana, y si será larga.
—¿Pues no sabe usté que es San Lamberto? |Ni que fuá usté judío I
— jEs que lo soy!
—¿Qué viene usté aquí contando, hombre de Dios?
—Sí, señor; yo soy alemánj y judío desde que nací.
—Pero me... caso en los judíos, ¿no icen que hubo un rey que ios espabiló a todos y los echó a todos de España?
—Si, señor; pero algunos hemos vuelto. (Riendo).
114 EUSEBIO BLASCO
— jMmsté qne le pongo un oficio al gobernador 1 ¿Judíos en este pueblo? ¡Melcboral
—¿Qué quiés?
— ¡Aquí está el ingeniero, que ioe que es judío 1 j Pequeños 1 (Vienen los niños). Venir aquí. ¿Os acordáis de los pasos de Semana Santa en Zaragoza?
— ¿ Os acordáis de aquellos judíos qu» le dan azotes a Nuestro Señor?
—¡Pues aquí tenis a don Antero qu'ice que es judío tamién!
Los CHICOS.— ¡ Amos a apedréalo I
La Melchora.— Pero, don Antero, ¿cómo üene usted valor de" icir eso ?
— Pero, señora Melchora, en el mundo- hay judíos, y crsitianos, y moros, y pcrotestantes, y yo nací en la religión de mis padres.
—¿Tamién sus padres de tiste son judíos? ¡Pues vaya una familia pa ahorcarla I
— Vaya, vaya, señor alcalde, dígame qué fiesta hay mañana, piorque si dura mucho tiempo lo aprovecharé para ir a inspeccionar las obras del ferrocarril.
—¡Vayase usté y no vuelva 1
Los CHICOS.— ¿Lo apedreamos u qué?
—Déjalo estar, que ice que se va.
— Señor alcalde', yo creía que era usted un poco ilustrado.
— ¿Enclaustiao yo? Amos, usté está borracho perdido; ¡largo, largo!
(El ingeniero sfe va, riendo).
—Melchora, ya lo sabes; a las diez es la Misa Mayor y el sermón y too eso; conque, dame de almorzar tempirano, porque lo menos durará la fiesta