Cuentos aragoneses · Unidad 39 de 57
Unidad 39 · CUENTOS ARAGONESES 121
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CUENTOS ARAGONESES 121
— jMía lo q*ue dices, Celipe!
—Lo digo pior que ©s verdá y porque esos os'e-. ({uios no salen del corazón, son compiraus y pagaus con los dineros del piueblo, ¿lo oyes? Y lo que tQ digo es que mi perra ¿lo oyes bien? mi perra (es más osequiada cuando vamos a Zaragoza que tu deputao cunero, y la osequian de veras, sin necesidad de cuetes ni de jeribeques.
—¿Pues qué le hacen?
—¿Qué le hacen? En cuanto llegamos al Coso, acuden tos los pierros de alrededor a oléla y a bésala en salva la parte. {Y sin avisar antes, ni nadal
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El Cristo del Coscorrón
—Tío Mateo, dioe ol s«ñor cura que venga usté a ayudaí" al sacristán a limpiar el altar mayor.
—¿Y los dineros?
—Ya sabe lo (jue so da, seis ríales por toda la tarde.
—Menos da toa piedra. Iré, por más (pie el Cristo no nie ^debe qlierer mucho a mí.
—¿Por cfué?
—Porque 11 ofricí un par de misicas cuando estuvo mala mi entenada si se curaba, y se curó y fto se las ;piagué.
—Bien podía usté haber cumplido, porque pa no cumplir no le calía a usté promeiter.
— Verdá es; piero el tempero ha sido' malo, y este año la cosecha pá tú no la quisiás.
—En fín, allá usté. Conque «^sta tarde a las dos venga ¡ujsté a ayúdame©.
—Bueno, hombrie, bueno.
(En la iglesa.— El sacristán y Mateo limpian fel altar. MateOj al querer levantar el Cristo grande, se le cae encima y Je ihace una gran herida en la cabie^a).
124 EUSEBIO BLASCO
Mateo.— ¡Ay! |ay! ¡ayl ¡Socorro!
El sacristán.— ¿ Por qiié l'ha tocao usté? No ve usté qa-e ^s muy grande y que no podía usté eostenerlo ?
—¡Que me estoy desangrando!
(Acude el cura, los vtecinos, mucha g«nte. Matteo se pone muy malo, hay que llevarle a si^ casa, y la conmoción cerebral se complica). ' !
Su MUJER.— Bien empleao se te está por no cumplir. I A Dios no se le engaña I
A —Sí, sí, ya veo que me la ha guardan, jAy, María, yo estoy muy malo, veo lucedcas por todas partes!...
(El médico aconseja que Ití confiesen, porque no responde de su vida). [ »
En efecto; a la noche se agrava, delira, tiene casi perdido el conocimiento, —i Pobre Mateo ! — dice todo el pluiehlo. Hay una verdadera consternación.
(Se avisa al cura; apenas pulede confesar al enfermo, porque éste respondte de un modo incoherente).
(Antes de darte el Viático, el cura le enseña un Cristo chiquito que trae ten la mano, y le dice): = '
—Mateo, Dios te viene a ver; pídele perdón de lo que le has ofendido...
(Mateo abre los ojos, mira fijamtente al Cristo y exclama dirigiéndose a él): / ^
— PiqUiñico eiies; pero como traigas las intinciones del otro... ip<uxgatorio t^ngo pa rato!
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El reló de la posada
—¿Hay posada?
—Entre usté... jHola, Serafín!
—Hola, tío Patraco. ¿Hay una niiaja o cama pía un amigo ?
—Hay un cuartico que da al corral, muy alegre.
—Bueno, pues pa mí.
—¿Ande vas?
—A la feria e Calatayud.
—Pues ya es mañana el último día.
—No impiorta; con que llegue a tiempo e comprar una l)urra...
— ¿ Oujés cenar u qué ?
—i Venga 1 Pero es mester q^ue me espáerten temprano, que quió salir al amanecer.
—Tengo un leió que no falla.
—¿De veras?
—¡El gallo 1 No tengas cuidao, duérmete tranquilo, que el gaílo te esp'ertará; mejor reló que ese no pues tener. Tu ventana cai encima el corral, con que miá!
—Bueno, bueno, pues me voy a cenar, y hasta mañana, si Dios quiere.