Cuentos aragoneses · Unidad 40 de 57

Unidad 40 · Í26 EUSEBIO BLASCO

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Í26 EUSEBIO BLASCO

(Serafín se acutesta a las diez de la noche y no se despierta, hasta que oye): [ ' '

¡Ki... kiri... kiii!

(Se tira de la cama, abre la ventana y observa que 'el sol está altísimo. ¡Las once y medial)

(Serafín ha perdido la mañana; no dicie nada, baja a buscar a Patraco, y éste le dioe): I /

—Me paice (Juie se le haW pegan las sábanas. —Un p*oq;uico, sí, señor. Déme usté la cuenta, que me voy.

Patraco va a su oficina a hacer la cuenta. Serafín va corriendo al corral, coge al gallo, le iietuerce el pescuezo y pe lo mete en las alforjas. Patraco, volviendo con la nota:

—Tres piesetas y media.

Serafín.— Ahí van, y hasta la vuelta.

— Adiós, Serafín; y otra vez ten más c'uidao con la hora.

—¡No tenga usté pjena, que no me golv^rá a pasar.

— ¡A parar fuerte 1

Montado en su burro, Serafín va camino de Calatayud, cantando entre dientes. A la media hora de caminata se encuentra con dos arrieros que vienen de la feria.

—¡Hola Serafín! ¿Ande bueno?

— A la feria e Calatayud.

— ¡Pero hombre si ya s'acabao todo! ¡Podrías haber madrugao un ptoquico más!

—No se me ha arreglao. ¿Y ande vais vosotros?

—A córner a la posada de Patraco.

—Me alegro é sábelo.

CUENTOS ARAGONESES 127

-¿Qué?

— I Que me alegro e sábelo I ¿ Querrís dale un recao de mi parte? ;

—¡Too lo que quieras I

—¡Con mucho gusto!

—¡Pues hacer favor de icile qtie me li llevao el reló pa componélo, porque estaba atrasao !

♦«■♦♦■M^^Bw^^BM^^aM^ ^mtm^^wam^^Kos^^mm^^mm^

El hijo

—Pues ha d'ii' mi chico al bautizo o vAis a rw quién es el cestero.

—Amos, amos, no seas apatusco; d& más hace «1 tío Manuel en convídate.

—No, siñor, cuando se convida al padre, se convida al hijo, porque si no, es un disprecio, y a, mí no me dispi'ecia nadie I

—¿Por qué no vas a icíselo tú? ¿A qué no?

—¿Qué no?

—¡Valenciano si no vas!

—Pues ahora mesmo.

,(En casa del tío Manuel. El oestcro entra de muy mal humor [dice): , ..

—¿Conque a mi pequeño no se le pué convidar "«1 bautizo?

— ¿Pa (jué? ¿Pa que nos llame arguellaus y mos iscupa en los platos, como liizo el día e la boda? I No me da la gana, tu pequeño no entra en mi casa!

—Bueno, pues yo le digo a usté ^e «ntra.

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— Puos yo te digo qu^e no entra. Ven tú, que me rendarás bien y pasarás la tarde, y al chico se le inviarán dulceg, y nueces, y mostillo, y coscaranas, y una miaja de todo, vaya.

—Pero tan y mientras, yo le digo a usté que entrará.

—¡Ea, a hacer peinetas! No hablemos más de ^esto porque vamos a acabar ma!. ¡Hasta la tarde 1

Por la tarde.

La casa del tío Manuel está de fiesta. Se lia bau- 1 tizado al hijo de sus hijos. ¡¡El primor nieto! Ma-Í nuel ha echado el resto. ^

En medio de la sala, una mesa para cincuenta amigos, y en ella de cuanto Dios crió. La abuela ha| hecho ella misma los platos. Natillas, huevos moles, torrijas, mantecados, cuajada! Y además, adornan la mesa los melones de cuelga, reservados para este caso, •: las uvas de Cosuenda, el pan de higos de Fraga; y ^ de ti^echo en trecho, los roscones y las culecas con ' sus cinco huevos duros, y las almendras garapiñadas y el mostillo del año.

La casa se llena de gente; los padres enseñan ¡al niño recién bautizado. Todos los conndados dicen que «parece que tiene tres meses». Las viejas le besan, las solteras hacen corro aparte con los mozos del pueblo. í

Se espera al señor cura, que tarda en venir, por- \ que está enterrando al cabo de la Guardia civil. Mientras llega, el abuelo cuenta cuentos, y el médico los cuenta de color muy subido para que la gente joven : se ría y se ponga colorada, que es lo que a él le gusta.

Por fin aparee© ©1 cura y su presencia es «alu-