Cuentos aragoneses · Unidad 41 de 57

Unidad 41 · CUENTOS ARAGONESES 131

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CUENTOS ARAGONESES 131

dada con una salva de aplausos. Con él viene el cestero, que ya no parece tan enojada como lo estuvo a la mañana.

El abuelo grita:

— ¡ Sentase !

í se sientan todos. El señor cura a la cabeoem de la mesa, y a la otro, parte el cestero, para ech-ar las coplas, porque además de hacer cestas, hace verbos, y es el poeta del pueblo.

Y venga comer y beber y reir: y la recién parida, desde la cama, dice que le envíen algo bueno, y con penuiso del médico le llevan im pedazo de roscón y una copa de cariñena.

A los diez minutos reina la mayor animación, y el público pide que el cestero diga algo.

El señor cura.— ¡Vamos, Santiago, échala!

— Ne tengo humor — dice el cestero dándose tono.

Todos.— j^Que la eche!

El abuelo.— j Échala, tozudo, más que tozudo!

—¡Que no la echo!

Una buena moza.— ¿Y si se lo digo a usté yo?

—¿Vas a desairar a la Ramona?

—¡A que no!

—Vaya que ya está sacando las coplas de la cabeza. ¡Miálo cómo se rasca!

El cestero.— Bueno, echaré la copla, pero con una condición, y si no, no digo nada.

— A ver, a ver, cuala.

—Que el señor cura me deje echaros la bendición pnmero.

—¿Pues pa que está el cura más que pa eso?

El señor cura.— Vamos a darle gusto, que en eso no hay nada de malo. Tú qué es lo que quieres, ¿bendecirnos como si tú fueras yo?

—Pues anda con ella.

132 EUSEBIO BLASCO

El cestero (levantándose).— En el nombre del Padre y del Espáritu Santo... —¿Y el Hijo? — lY el Hijo!

—¿Se te ha olvidado el Hijo? ^

Todos— ¿Y el Hijo?

(El cestero, yendo al balcón y gritando):

— 1 Manolico ! Sube en seguida, (jue te llaman estos siñores I El abuelo.— ¡Ah, pallo! —¿No le dije a usté que entraría?

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El herido

—Hola, Casiano. ¿Cuándo has llegao?

—Esta mañana. Anoche salimos de Ateca y aquí estamos. ¿Ande vas?

— A ver a uno que pué ser que lo conozcas, porque es de Paracuellos.

—¿Quién es?

— Santiaguico, el chico el organista.

—¡Ya lo creo que lo conozco! De chicos íbamos a coger moneas de zarza.

—¿Y qué hace ése?

— ¡Morise!

—¿Cómo que morise?

—¡Calla, hombre; si m'hi quedao exánime cuando hi lido en El Liberal que está en el Hospital el pobrecico !

—Pues, ¿qué pasa?

—Anda, vente conmigo y te lo contaré. ¿Tienes mucho que hacer?

—Iba a ver al deputao a pidile el estanco.

—¿Y pa qué quiés tú estanco, si no fumas?

— Pa que fumen los dema^ y ganar dineros a cuenta de otro.