Cuentos aragoneses · Unidad 45 de 57
Unidad 45 · M6 EUSEBIO BLASCO
Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.
M6 EUSEBIO BLASCO
poner la tablica en él balcón, y ya v-erás cómo la pone.
(Vuelve a apanecer Tomás con una sogueta).*
— A ver si ahora quié Dios que se^ tien-e la tablica derecha y firme. Los VECINOS. —¿Tienes que poner algo muy pesao? Tomás. —Vaya, sus lo voy a icir.
(Entra en el cuarto y vujelve a asomarse emeñando un tiwto de albahaca). '
Los VECINOS.— ¡Vaya, hombre, ya sabemos lo que es I ¡ Pero haz favor de que la tabla tenga resistencia, porque te ad\áerto que si un día se le cai el tiesto en la cabeza a mi mujer o a mi chica vas tú a la acequia I
Tomas.— ¡Muy valiente t'has levantao esta mañana 1
Vecino.— Es que... las cosas claras.
Tomás.— No tengáis cuidao, que antes se probará la tabla.
Una muler.— jPues no t'has dao poca pena por un tiesto de albahaca I
Tomás.— Porque me la debo tomar. ¿Vis este tiesto? pues... mucha falta me hacen los dineros, pero por seis mil ríales no lo vendo!
Una vieja.— Amos, amos, Tomás, que con mil ya te contentarías.
Tomás.— No, siñora; ni con veinte mil. jEa, ya está bien ataol Ahora me voy a poner de pies iea-n cima.
(Va a encaramarse al balcón y a salir por la j[)artie de afueríil para ponerse tencima de la débil tabla que acaba de 'colocar. La vecindad se atierra).
CUENTOS ARAGONESES 147
Uno.— ¡No seas bruto! Otro.— ¡No seas animal I Otro.— 1 Que lo matas!
Una mujer.— i Tomás, por lo (pie más quieras, no te pongas encima, que vas de cogote al suelo! Todos.— ¡¡Por Dios, Tomás!!
(Tomás, sin hacerles caso, avanza, se pone de pie «ncima de la tabla y cae sobre las piíedras de la calle a diez me ros de altura).
Grito general.— j í Ahhh 1 1
(Acuden todos los vecinos. Tomás st ha ro:o tres costillas, tiene una enorme hierida en la cabeza; le llevan a su cama, está privado de sentido. Acudjen a la casa el miédico, el cura, el alcalde..,
Tomás vuelve len sí al cabo de un cuarto de hora, y en cuanto se dá cuenta de lo qu|e le pasa, exclama : ''
— ¿Eh? ¡Pa que m'hubiá fiao de poner el tiesto! ¡Si no piruebo antes, se me caí y me quedo sin él I
—Pero, hombre, ¡por la Virgen Santísima!, ¿y es el tiesto antes que tú ?
Tomás ( mcomodándose) .—\ Si ! ¡ Antes que yo, antes que todas las cosas de este mundo, porque es el tiesto que cuidaba mi madre, que esté en gloria, y too lo qu'hi heredao de ella ha sido ese tiestecioo y unas tijeras! ¡Conque miá s'iba yo a dejar que se cayera!
El médico.— i Alma generosa! f
El cura. —¡Dios te bendiga, Tomás, Dios te bendiga !
Las provincias
~j Hola, Bastían ! —¡Hola, Valerico!
(Los dos asistentes ste deshacen en cumplimientos. Están a la puerta del Correo Central, y cada uno de ellos lleva ¡un paquete de cartas de su capitán respectivo).
—¿Conque tamiéñ tú eres asistente?
— Tamién.
—¿Y qué tal el amo?
— Mcás güeno que el pan. Alguna patada me da de cuando en cuando; pero como está tan arguelladico y no tiene fuerza, ,no me hace mal.
—Vergüenza debía date contálo.
—¿Por qué?
— jA mí, si me pegara mi capitán!...
—¿Te regolverías ?^,
—Hombre, eso no; porque al que se regüelve lo afusilan; pero ocharía a correr yo no paraxía hasta Zaragoza.
—Y te cogían y te afusilaban lo m^smo.
—Tamién j^ué ser; pero esas cosas iio se cüe^ntan.