Cuentos aragoneses · Unidad 47 de 57

Unidad 47 · 154 EUSEBIO BLASCO

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154 EUSEBIO BLASCO

—¿Ha visto usté, señor cura, qu.-e> al fin ha venido este modrego a cumplir con la Iglesia?

— jY lo creo! jComo que es muy buen muchacho 1

—¿Y ha hecho buena confesión?

—Es un santo.

—¿Ha confesao q^ue a lo mejor coge la escoba y co rre a mi madre pior la casa, que el otro día a poco la mata?

—Os digo que es un excelente hombre.

La mujer.— ¿Ha confesado que el día de Pascuas me pegó dos jetazos que me puso este ojo como una piavía?

—Todo, todo, y no tiene pecados, ni ha hecho en su vida nada malo, y cuando se muera, yo os digo que va derecho al cielo.

Lamberto.— Ahí lo tenis, ése soy yo.

—Derecho al cielo, siempre que tenga buen carácter como le he mandado, y no se dispute con nadie en el pueblo, ni arme camorra por cosas que no valen la pena. Vosotras no le hagáis rabiar, porque la mitad do las veces que se enfada es porque le dais motivo. Es un hombre trabajador, sin ningún vicio, honesto, ahorrativo... pues ¿qué más se puede pedir en estos tiempos de rebeldías y de costumbres relajadas ?

—¡Ahí lo tenis, ése soy yo!

—Vaya, vaya, andad a vuestras obligaciones, ya sabéis que a toda la familia os quiero mucho.

—Gracias, señor cura.

—¿Y quedamos en que mi marido va demcho al cielo ?

—Como todas las buenas almas.

— Ea, muy buenos días.

—Salud, hijos.

(Se van; el cura los ve salir, y cuando ya están lejos, llama a Lamberto).

CUENTOS ARAGONESES 155

—¡Oye!

—¡Señor!

— Dime lina cosa. Y si ea el cielo te eiicueatras con algima persona que no sea de tu gusto, ¿qué harás, Lamberto?

—¿Pues qué hi de hacer? ¡Salime!

La receta

—Marcelino, tu padre está muy malo.

— j\Iuy malico está; se le cai la cabeza por toos los laos.

—¿Qué será esto, Dios mío?

— ¡ Oiga usté, oiga usté que gritos dá, que estremece!

(El enfermo, desde su cama) :

— ¡Ay Nicolasa! ¡Ay Marcelino! ¡Yo estoy muy malo, yo creo que no como el besugo este año!

— ¡Pa besugos estamos! ¡Aun no ha llegau Nochebuena y ya piden a cinco ríales !

—¡Yo que pensaba haberme bebido una sopera de almendrada !

—No hay que esesperar, padre, que aún faltan ocho días pa que nazca Dios.

— ¿Quiés beber alguna cósica, Ramón?

—No quió nada más que cúrame, que piaice que tengo una rata en el estómago, que me está mordiendo día y noche. ¡Es que me ardo!

—¿Qué le daríamos, Marcelino?