Cuentos aragoneses · Unidad 48 de 57

Unidad 48 · 158 EUSEBIO BLASCO

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158 EUSEBIO BLASCO

—¿Amos a dale un vaso e garnacha?

—¡No quió garnacha!

—O un pioquico e mistela.

— jQue no! Quo vayas a avisar al facultativo, que ^to va de veras, que me muero!

— jAy Dios mío, Marcelino, corre!

— jPus miusté que hace una noche... no va a querer venir 1

— jDile que te dé algo pia tu padre!

— jVoy, voy, piero hace un aire que pué ser que no vuelva !

Marcelino sale. Hay un vendaval horroroso; llueve, graniza, El muchacho llega a casa del nuédico y rtepiquetea a la puerta con ^. el aldabón. Asoma a la ventana la criada.

—¿Quién está ahí?

— Soy yo, el hijo del tío Vinagre, que vengo a ver si quié venir don Julián, que ice mi padre que se muere 1

—Aguarte un poco.

(La criada entra al despacho del m'édico, que está leyendo t4 amor del fuego).

—Don Julián, ahí está el hijo del tío Vinagre...

—¿Qué quiere? ¿Que salga de- casa con la noche que hace?

—Eso dice.

— jNo lo peiTnita Dios! Ya sé lo que tiene, le he Visitado anteayer, está grave, pero no es para tanto. Trae papel y pluma.— La criada le da recado de escribir y el doctor redacta una receta.

Marcelino (desde la calle).— Amos, amos, date prisa que hace un aire que se me lleva!

El médico.— Toma, di que le den eso, que lo to-

CUENTOS ARAGONESES 159

me todo de una vez, que yo iré ptor la mañana tempii^ano.

—Voy a bajar...

—¡No bajes! No abras la ptuerta, que se va a ©scapar la perra.

— jEs que hace un aire y cae un agua que &e va a perder este papelcico 1

—Espera.

(El médico busca algo por la habitación; por fin encuentra un pedazo de ladrillo y lo <envuetlve con la receta, diciendo:

—Toma, échasela así y no volará; ja ver si 1® das en la cabeza, ten cuidado !

(La criada en la ventana).

—¡ Marcelino 1

—¡Aquí estoy I j Rediez que nocbecica!

— |Ahí va! El médico irá mañana, y dice que e«ta noche que le den eso y que lo tome todo de una vez.

—Bueno, vaya, buenas noches.

— ¡ Adiós !

(El viento arrecia, la granizada es «spantosa, las chimeneas vuelan... A la media hora llama,n a la puerta del n^dico. Son las doce. La criada vuelve a asomarse).

—¿Quién es? '

—Soy yo, Marcelino.

—¿Otra vez? ¿Qué quieres?

— iQue mi padre se nos ha muerto!

—¡Jesús!

(El médico saltando de la cama):

EUSEBIO BLASCO

—¡A ver, a ver^ baja, ata la pterxa y que suba ese chico I

(Sube Marcelino Ucrando).

—¿Qué ha pasado? ¿Qué ha sido?

—Pues (jué ha le ser: que rhimos dao lo que usté nos Jia mandao y lo himos reventao. ¡Probecico!

—¿Pero qué te han dado en la botica?

—¡Si yo no hi ido a la botica!

—¿Pues qué es lo que has dado a tu padre?

— ¡ Pues lo que usté ha dicho ! ¿ No me echó la criada un piiazo ^ ladrillo enguero en un papel? ¿No tne dijo, dice, toma, darle eso, y que lo tome todo de una vez? Pues entre mi madre y yo le metimos el piazo en la boca, y que quiás que no, se lo hicimos tragar, y s'ha quedao boca arriba con los ojos en blanco.

— ¡ Muerto !

— ¡ Y tan muerto !

— ¡ Catalina, avisa al juez, corre !

Marcelino.— I Ya lo creo! \Y usté irá a la cárcel, por dales ladrillos a los enfermos, tio asesino !

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El banquete

Música a la puerta de casa djel tío Zarrias. El pueblo en masa acude a vitorearle. Sale mi hombre con un saco lleno de duros' y empieza a repartirlos a derecha e izquierda.

Mil voces.— ¡Viva el tío Zarrias!

—Gracias, ciudadanos, pa esto sirven los dineros, pa dase gusto y dáseio a los demás.

El cestero.— ¿Pero es de veras que llevaba usté medio billete ?

—Medio billete llevaba, porque naide quiso juar conniigo. Lo compré en Zaragoza, vine al pueblo, le ofrecí parte a too el que quiso; m'acuerdo que en un corrinche que había en la pdaza se rieron del número, ¡porque era el treinta pelaol Pues, ahí lo tenéis, en el treinta pelao ha caído el premio gordo; los que no quisieron juar se tirarán de los pelos, pues amolase. Ala, ¿quién quié dineros? ,

— ¡Viva el tío Zarrias!

—¡Vaya, no hay más, no vaya a ser cosa de que lo dé todo y me quede yO' sin nada. No diréis que no m'hi acordao de vosotros.