Cuentos aragoneses · Unidad 51 de 57
Unidad 51 · CUENTOS ARAGONESES 167
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CUENTOS ARAGONESES 167
voy a agarrar po el moño y vas a ir a la sima jQ'uó le quise dicirl Se me 'echa a llorar, echa a correr, llega la hora de comer y échate a buscar a la Celipa. Empiezo a cori-iér la casa, no me rhallo' por denguna parte, voy y subo al granero... y me la encuentro ahorcada de un clavo.
—I Remoño!
—Como lo oyes. Ven aq^uí, ven.
(Lleva a su amigo al granero, y le enseña un clavo enorm/e clavado en la p^red).
— ¿Lo ves?
—Ya lo veo, ya.
—Pues ahí puso una sogueta y de ahí se coigó, y nos la encontramos con la lengua fuera, y de ahí me tengo q^ue colgar yo, porque otra mujer como ésa no la hallaré, y m'hi q^uedao solo em el mundo por gritála sin razón, porque me debían ahorcar a mí; jay, Dios mío, qué esgracia tan grande!
— ¿Esgracia?
—¡Digo!
—¿Esgracia, eh? Eso sigún. Porque si tú supiás lo que es, mi mujer...
(El forastero se quteda mirando el clavo largo rato. Melchor le
dice): • , , '
—¿Qué miras? ¿Qué estás pensando? ~\Aj, Melchor^ pienso... que quién tu vía un clavico como ése!
Convite macabro
— 1 Señor !
—¡Qué hay!
—Que hay viene un buen hombre qu'ioe que viede de Zaragoza, y que si le da usté de almorzar.
—¿No S'erá el depiutao?
—No, señor, no; que es un viejo que lo van siguiendo los chicos por la calle que icen que quien mátalo a pázcoz. *
—¡A veri ¡Que entre! ¿Está la comida u qué?
—Sí, siñor; ya tiene usté las magras en la mesa.
—Pues avísale a la dueña, y sube de aquel vinico que me regaló el cura, que se piué cuertar con un cuchillo. ¡Y a ver qué hombre es ése!
(La criada va y vuelve).
— ¡Ay, señor!
¿Qué ocurre?
— ¡Ice el hombre que es el señor Juan el verdugo, que viene a dales garrote a los que mataron ial pastor de Daroca!
—¡Bueno, pues ijue suba!
—¡Virgen Santísima, qué huespede nos ha caído! ¡A mí me da mucho miedo!
170 EUSEBIO BLASCO
—¡Saca las sopas y no tengas miedo a nadal j Suba usté, señor Juan 1 ¡ Pilara 1 \ Amos a comer, y arrea, qiie hay un convidaol
(Entra el forastero). "
— I Buenos días tengan ustedes I
—\A la piaz de Dios! ¿Qué tal?
—Bien, y listé, don C-elipie?
—Hay salú. ¿Ya viene aisté a dar desgustos?
—Sí, señor; aquí venimos a dale gusto al piueblo. ¿Querrá usté creer que en la posada no me quién dar de comer?
—¿Y eso?
— I Qué me sé yo ! \ Ice que porque soy el ejicutor I ¿Conque el verdugo no pué comer? Amos hombre, que se oyen cosas que hay pía aborrecer las judías. Conque dije yo, a ver si don Celipe me da un piazo e pan y una miajas e vino, que tengo más hambre que un cabo e realistas.
— ¡Pues siéntese usté y coma! ¡Pequeñoos!
—¿Tiene usté más chicos?
—Cinco tengo ahora, porque ésta... — entra la Pilara,—cada año me da uno, y los bisiestos dos I
—¡Buena coneja! ¿Qué tal está usté?
La MUJER.— ¡Ay Dios mío! ¿Vamos a comer todos juntos?
—¡A callar y a comer! ¡En ná casa no se le ha negao de comer a naide! ¡Siéntese nsté tío Juan, no le haga usté caso! ¡Pequeñooos! ¿Ande están los chicos ? ¡ A ver si voy yo por etilos i ¡ ¡ Pequeños 1 1 (Entran los niños).
—Vis a este hombre? Pues este es el señor Juan el Verdugo. Al que me llore pa irse a la cama jQ no me sepa la leción mañana, le da garrote.
Los CHICOS (llorando ).~\Ay madre, que nos van a dar garrote!