Cuentos aragoneses · Unidad 6 de 57
Unidad 6 · CUENTOS ARAGONESES 19-
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CUENTOS ARAGONESES 19-
y en fin, jesol jY no me sale I ¿Tú has pidido manos alguna vez?
— La de mi mujer.
— Pues moño, ¿qué haces que no me enteras? f
— ¿Y pa qué no lo has dicho? Amos a beber, allí hablaremos.
— No me da la gana; dím© teso ahora mesmo, piorque -esta mesma noche voy a la torre del tío Andrés, y de allí salgo con la mano de la chica en la faja.
— ¡No vayas a córtale la mano, hombre!
— ¿Pues qué hago? Dilo u te saco las tripas, quo ya estoy yo hasta los ríñones de estas cosas.
— No te i0nfades, y oye. Tienes que pónete como de día de fiesta, y bien lavado; mete la cabeza en el cuenco de la colada y lávato.
. — Bueno, por date gusto lo haré.
— Le compras a la chica Un regalo cualquiera, algo que le cumpila.
— ¡Un chufle te I
— Eso es pa los niños pequeños. Una cosa que le guste.
-—Un frasquito de aceite de hígado e bacalao, que icen que es bueno pa las jóvenes.
— Bueno, allá tú. Y tó vas a casa de tu novia uando estén todos juntos.
— ¡A la hora e cenar I
— Y allí, con habilidad, «con idea», hablas de tinas cosas y de otras, y de cosas que tengan relación con la chica o con ol santo matrimomio, y ^n uina de estas revueltas le dices al tío Andrés : — Pues con este motivo, aprovecho la ocasión pa decirle a usté que si está usté confoime, yo quiero a la muchacha, en fín, toa miaja de explicación, ¡pero «con idea»!
— ¡Por vida de Dios!
-¿Qué?
— ¡Qué no sé cómo voy a salir!
—¡Vaya, pues arréglatelas y no me corrompas más
20 EUSEBIO BLASCO
las oraciones, que me tienes aborrecido con tus co^ sas ; adiós, samaiTugo I
(Por la nochje. El tío Andrés, la tía Antonia, labradores ricos, y su hija Pilar, están cenando. La criada sirvte la cena. Llaman a la puerta).
La criada.— ¿Quién? — ¿Está el señor Andrés?
PiLAPi (poniéndose muy colorada). — Ese ©s Roíjue. La madre (m2iy colorada también).-^ ¿Qué se hace, Andrés ?
El tío Andrés (que es bombrie muy grave y habla muy poco):
— ¡Adentro I
(Entra Roque muy bien vtestido. Está casi temblando y dice desde la pu»erta) :
— ¿Hay licencia? El PADRE.— Hay.
(Roque entra, Pilar comfe con los ojos bajos y la cabeza casi mletida en lel peclijo. La madre suspira. Roque va a sentarse a] banco de la chimen^ea).
(Pasan diez minutos. ¡Nadie dice nadal)
Roque. — ¿Están ustés güenos?
El padre (después de pensarlo). — Hay salú.
(Silencio durante otros diez minutos. La familia cena lentamente).
Roque. — ¿Es colación, ix cena? El PADRE.— Cena.