Cuentos aragoneses · Unidad 7 de 57

Unidad 7 · CUENTOS ARAGONESES 21

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CUENTOS ARAGONESES 21

(Otros diez minutos de silencio. Roque dice):

I — ¿Borrajas... ti acelgas? El padre (después de pensarlo). — Nabos. Roque. — Pues ya íjue ha salido la coiivei^sación. yo venía a piedirle a usté la mano de la chica 1

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El ten con ten

Y llegó lel Mamerto a casa de Casiano y le dijo:

— ¿Pues oír una miaja e conversación?

— ¿Es conversación lu es cliarrada?

— ¿No vengo a chairar por charrar, que vengo a contate lo que me pasa.

— Pues aguárdate, que por beber medio jarro e vino mientras hablas íio se perderá nada.

— Venga.

— Vaya, echa lo que tengas. ¿Qué rediez te pasa?

— Chico, no Ipiuó más; mi casa es €sl infierno, y un día me voy a echar al río.

—¿Qué ocurre, pues? ¿No tienes dineros?

í — 1 Dineros! Lo ¡e menos son los dineros en este mundo. Lo que no tengo es tranquilidad.

— Ah, vamos; la guerra cevil.

— lY que lo digas! La guerra cevil en un palmo e terreno.

— Así me pasaba a mí.

— Tengo funa mujer, y una suegra, y una cuñada, que pa cógelas y pi colarlas no hay otras.

—¿Mal caránter, eh?

— I De lo más pjiorl X ^ las mato, o me actierto la cabeza con la istrall

CUENTOS ARAGONESES 23

—Hombre, no será, pa tanto.

— ¿Que no? Dende pío la mañana hasta pQ la noche, desgustos, malas contestaciones, que la comida está pasada, (jue las camas no están hechas; que lo que gano se lo gastan en laminarías...

. — Amos, que son unas lambrotas.

—I Eso I

— Pues acuérdate de aquello que cantábamos cuando íbamos de ronda.

Al que le toca mujer manifecera ^ lambrota, más le valiera irse al rio y tirase de cocota.

— I Y qué verdá es I Te digo que nos pasamos el dia dándonos morradas. Ayer mi suegra me corrió por la huerta con una azada que a poco ixie mata.

— Vergüenza te ebía dar.

— ¡Si tiene una juerza como un ca,balicíl ¿Y qué voy a hacer? A las mujeres no se las mata, eso no es de hombres honraos.

— ¡Pero se las calienta!

^-¡Si no sirve! En fin, vengo a qu^e me des un consejo, piorque yo veo que tú tienes también suegra y cuñada y parienta, y vives eia paz...

— ¡ En la gloria vivo I

— ¿Y cómo te las arreglas?

~ — Pues verás. A los piocos días de casarne, ya vi yo que estas tres mujeres querían mandar más que yo. La mujer, con lloriqueos y con chemequeos, hacía lo que 1© daba la gana. Su hermana, pioniendo mala cara pa todo y dándome malas razoines; y mi suegra, que es una cabaUería, me armaba unos ruidos y mi icía unos ensultos, que te digo que pasé un mes muy malo; hasta que tomé mi determinación, y la sigo tops los días del íiño, sin, faltar ^o,