Cuentos morales · Unidad 114 de 188
Unidad 114 · 254 I.KOr'OI.DO Af.AS
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do, el de facciones y color grotescos, por lo llamativos y pronunciados. Era muy rojo y muy huesudo. También los vio en los conciertos del Principe Alfonso y en los cuartetos del Conservatorio y en el Museo de Pinturas y en las iglesias en que había música clásica. En todas partes parecían extranjeros, y sabía él, que no lo eran. Hablaban mucho entre sí, comentííndo seriamente lo que veían y lo que oían, olvidados del mundo que los rodeaba, pensando sólo en el arte, sin parar mientes en la sorpresa, no exenta de disimulada burla, que su aspecto estrambótico solía suscitar en todas partes.
Parecían intrusos... y sin embargo, infundían cierto respeto. Acudían, bien se veía, á donde acude la sociedad de los ricos, de los elegantes, siendo, probablemente, ellos pobres y de seguro sin elegancia aparente alguna. Pero iban por coincidencia de medios, para bien distintos fines; porque la sociedad elegante frecuentaba los espectáculos exquisitos^ de arte fino^ por lujo, por moda, por ostentación; y ellos, el matrimonio extraño, por necesidad estética, por amor á la belleza, pesándoles bien ,que tales primores no fuesen más baratos, aunque fueran menos aristocráticos. <
Observaba don Braulio que marido y mujer escogían siempre las localidades más humildes, si las había de varias clases, desafiando muy tranquilos, ó mejor, sin pensar en tales nimiedades, el
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mal disimulado menosprecio de los que, desde mejor punto, miraban A los intrusos como gente loca y temeraria que no pensaba en lo ridículo.
— y sin embargo — se decía Aguadet — si la esencia de lo cursi está en lo que dice Valera, en el excesivo temor de parecerlo, estos dos son los entes menos cursis del mundo, porque se presentan con los harapos limpios y bien cosidos, con tanta natural satisfacción como un rey con manto y corona.
Tanto le llamó la atención la pareja, que no paró hasta trabar conversación con ellos; cosa facilísima, pues aquellos excelentes sujetos creían lo más natural del mundo que se comunicaran ideas é impresiones, muy particularmente cuando se gozaba en común del espectáculo de lo bello.
Marido y mujer eran ilustradísimos; hablaban de arquitectura, pintura, música y poesía, como gente que ha visto, oído, leído y meditado mucho y en muchos países. Resultaba que habían paseado por media Europa, aprovechando los trenes baratos, siempre en tercera, por no haber cuarta, y sin beber vino ni comprar chucherías inútiles. — «Era un asombro lo poco que se gastaba recorriendo el mundo civilizado. Bastaba para ello tener la vocación del verdadero peregrino de la belleza. Todo museo notable, todo teatro célebre, todo centro de gran cultura, toda maravilla de un arte, era para ellos un santuario que visitaban, no á pie, porque