Cuentos morales · Unidad 125 de 188
Unidad 125 · LA TRAMPA
Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.
LA TRAMPA
¿Convenía ó no la carretera? Por de pronto era una novedad, y ya tenía ese inconveniente. Mallín de Chinta, además, sentía abandonar la anti- ,i,'ua calleja^ el camln rial, un camino real que nunca había llegado á cuarto siquiera; porque, pese á todas las sextaferias que habían abrumado (ie trabajo á los de la parroquia, en ochavo se hala quedado siempre aquella vía estrecha, ardua, monte arriba^ con abismos por baclies, y con peñascos, charcos y pantanos por el medio. En invierno, el ganado hundía las patas en el lodo hasta los corvejones; en verano, aquella masa, petrificada en altibajos ondeados, como olas de un mar de barro, mostraba todavía los huecos profundos de las huellas de vacas y carneros, que adornaban como arabescos el oleaje inmóvil. No importaba; por aquel camino habían llevado el carro el padre de Manín, el abuelo de Manin, todos los ascendientes de que había memoria.
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Manín de Chinta tardaba tres horas en llegar con las vacas á la villa; mucho era para tan poco trecho; pero tres horas habían tardado su padre, su abuelo. Además, la carretera le dividía por el medio el suquero, fragante y fresco pedazo de verdura, regalo del corral. Manín resistió cuanto pudo, dificulto la expropiación hasta donde alcanzaron sus influencias... pero el torrente invencible y arrollador de la civilización y el progreso, como dijo el diputado del distrito, en una comida que le dieron los mandones, en casa del cura nada menos, el torrente, es decir, la carretera, pudo más que Manuel; y por medio del snquero pasó el enemigo, llenando de polvo, que todo lo marchitaba^ la hierba y los árboles, que á derecha é izquierda siguieron siendo propiedad de Manín.
El romanticismo de estos aldeanos nunca es tan excesivo que llegue á luchar largo tiempo con lo útil. Manín consagró algunas añoranzas al camin rial abandonado, que se llenó de hierba; pero como todos los vecinos, aprovechó la carretera, que poco á poco fué tomando aire rústico, cierto derecho á la vecindad, y llegó á ser cosa familiar y de provecho. A la orilla del nuevo camino se fueron fabricando casuchas pintadas, más limpias y sólidas que las chozas de la ladera cercana; abundaron á lo largo de la carretera las tabernas y abacerías, aumentó el tráfico, y sin pasar mucho tiempo, vio Manín que sus convecinos iban abandonando, para