Cuentos morales · Unidad 126 de 188

Unidad 126 · LA TRAMPA 279

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LA TRAMPA 279

SUS viajes á la villa, la muy pesada carreta del país, de mortal rechino^ carreta que debía de ser todavía como las que usaron los Hunnos y los Argipeos. Iban adoptando ligeros carricoches, de dos ruedas^ saltarines y pintados de colores tan vivos, tan chillones, que al rodar veloces por el camino, parecía que hacían casi tanto ruido con el verde y rojo y azul de su madera, como con las llantas que iban brincando sobre la grava.

Manín de Chinta sintió envidia, y acabó por desear tener también su carretón pintado: era algo carpintero, y entre él y un herrero de la vecindad consiguieron, no sin gastos considerables, dejar á la puerta del corral de los de Chinta un vehículo azul y rojo con toldo, bancos de pino, y hasta un estribo á la trasera. No faltaba más que el caballo.

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Manín tenía en casa á su madre, Kosenda, á su mujer, María Chinta de Pin de Pepa, dos hijas casaderas, y un hijo. Falo (Rafael), licenciado del ejército del arma de caballería.

Después de pensarlo mucho, de sacar y meter muchas veces los pesos que guardaba el ama de la casa en un bolsillo verde, de malla, dinero que procedía de la venta forzosa de parte del suquero, decidió la familia que Falo faese á la próxima feria

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de la Ascensión, allá muy lejos, á la capital de la provincia, á comprar un animal de tiro, fuerte, como de mil á mil quinientos reales, que estuviera acostumbrado al oficio y pudiese arrastrar á todos los de casa por la cuesta de la Grandota arriba. Falo comprendió que él ó nadie podía llevar á cabo la peligrosa empresa de meter ea casa una boca más, de costumbres desconocidas y de utilidad no demostrada.

Toda la familia se mostral)a de anlemauo recelosa contra el intruso, antes do que éste viniera, en cuanto Falo se despidió, camino de la feria.

Vacas, cerdos, gallinas ,Vcabras, patos y conejos... todo eso era género conocido, gente de casa, como quien dice. El pollino que llevaba á moler el maíz era huésped humilde, sufrido; pero ¡un caballo! ¡y caballo para un coche, ó poco menos! La novedad era demasiado grande, molesta, casi dolorosa.

— Hay que hacer obra en el corral, junto á las vacas, para deiarle sitio al caballo— dijo la Chinta.

Y Manín, con cierto desdén, se encogió de hombros, y dijo entre dientes:

— ¡Bah! como quieras... todavía no se sabe si Falo encontrará algo que convenga. Siempre hay tiempo.

Y era como una esperanza en la familia que Falo se volviera sin el animal que había ido á comprar, y que estaba pidiendo á gritos (á gritón