Cuentos morales · Unidad 128 de 188

Unidad 128 · r.A TRAMPA

Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.

r.A TRAMPA

jor del suquero, i\ veces una pajada... gollerías, golosinas.

Pasaron días, y el sordo rencor de todos, menos Falo, contra la Chula, la yegua torda, iba á más en vez de aplacarse. Falo pasaba cerca de ella horas y horas, limpiándola, acariciándola, como para consolarla de aquellos desdenes y de las racionesno muy abundantes.

La yegua castellana cada vez más triste. De tarde en tarde volvía la cabeza de repente, como si esperara ver algún paisaje de la llanura con que estaba soñando, medio dormida. Cerraba los ojos, arrugándolos, temblorosos, y las moscas acudían entonces á los lagrimales, como á. sonsacarle las lágrimas de sus saudades de bruto melancólico, ^resignado.

La Chula empezó á adelgazar. Junto á un corvejón le salió un bulto duro. Falo, lleno de terror, ocultó á Manín y á las mujeres el triste descubrimiento. Curó á escondidas al animal con sal y viagre.

Llegó el día de la prueba. Se la enganchó al ^carricoche, montaron Manín, su mujer y su hyo, y emprendieron el camino de la villa. No había novedad. La Chula había tirado mucho en este mundo. No extrañó las varas ni mI ruido de las ruedas al saltar sobre la piedra, ni los frecuentes encuentros con carromatos, carretas tan cargadas de hierba, que desaparecían bajo un monte móvil

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(le verdura, piaras bulliciosas, coches y velocípedos. A todo parecía acostumbrada. Era partidaria del nihil mirari: tal vez ni siquiera pensaba en lo que pasaba á su lado. Andaba y soñaba, como hacen en este mundo muchos poetas desterrados á la prosa de la vida: trabajan y sueñan.

De cuando en cuando, como volviendo á la realidad, levantaba la cabeza, como si buscara aire más libre, horizontes más anchos: aquellas colinas verdes tan cercanas, á derecha é izquierda, parecía que la oprimían, que la ahogaban. A lo menos. Falo, que guiaba, se iba figurando todo eso. Cada pocos minutos el mozo miraba, sin que lo notara su padre, la hinchazón de la pierna; iba á más; y ¡otra desgracia! La yegua se alcanzaba, y una herradura había hecho sangre en otro remo.

Llegó la cuesta de la Grandota, ¡prueba formidable! La Chula , discretamente fustigada por Falo, emprendió la subida á trote largo. A la mitad de la pendiente tropezó el vehículo con una carreta que bajaba, y la yegua se paró de repente

Quel giorno piü non legevammo avante.

Aquel día la Chula no dio un paso más camino de la villa. Todo fué inútil^ latigazos, palos, caricias, argumentos persuasivos de Manín, quejas de su mujer, ayuda de transeúntes que vinieron á suspender las ruedas del carricoche en el aire. No arrancó. No se encabritaba, no se impacientaba;