Cuentos morales · Unidad 13 de 188

Unidad 13 · EL CURA DE VERICIETO 23

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EL CURA DE VERICIETO 23

nes materiales tenía por allí más que otros, pero no tenía mujer ni hijos, y á Ramona... que la partiera un rayo. Y sobre todo, que no era el interés, sino el miedo al peligro lo que debía contarse. Y fundado en esto, se negaba á contribuir al entreienimiento de la fóbrica de defensa, porque, en resumidas cuentas, él no tenía miedo á la muerte, ni estaría bien que diese tanto precio A la efímera existencia terrena un ministro del Señor.

«Si en desplomarse ó no la Muela me fuese á mí la vida del alma, yo pagaría, aunque fuera solo, todas las cuerdas y vigas que fuese menester; pero el cuerpo^ ¿queme importa á miel cuerpo?»

Después, cuando supe ciertas cosas, comprendí que á Celorio otra le quedaba; importábale mucho, por lo que más adelante se verá, que su vida terrenal no se cortase de repente y llegara á cierto tiempo; pero en él luchaba el miedo al peligro de perder la existencia, necesaria para las ganancias, con la repugnancia á gastar en obra tan improductiva, y acaso inútil, como aquellas ataduras frágiles de la Muela.

Toda esta guerra de vecindad, sin embargo, era sorda casi siempre y de poco alcance: pero otra cosa fué cuando surgió la cuestión, verdaderamente política y social, que se llegó á llamar lo del pique.

Ello fué que un alcalde de Suaveces, más celo-

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SO que otros, ó más enemigo de Celorio y los de su partido, que era naturalmente, el retrógrado, el absolutista, ó como quiera llamarse, llevó á cabo en la cumbre de Vericueto una revista, que él llamó inspección ocular, y vino en decretar que el berrueco llamado la Muela amenazaba ruina (asi dijo en el Ayuntamiento) .y era necesario que mediante una derrama, ó sea contribución local extraordinaria, los vecinos de Vericueto aflojasen. la mosca para pagar los gastos necesarios para proceder al derribo, ó lo que fuera, de aquel peñón que podia aplastar medio concejo.

Pero los de la parroquia, unidos esta vez al cura como un solo avaro, pusieron el grito en el cielo, cuanto y más en el berrueco, y juraron morir aplastados como sapos antes que cargar con el mochuelo; pues lo que se les pedía estaba muy por encima de sus posibles, y la obra que el alcalde juzgaba necesaria era en interés, no sólo de Vericueto, sino de todo el concejo; por lo cual Sua veces en masa debia contribuir á los gastos .

Que sí, que no, que qué sé yo; ello fué que se se hizo cuestión de partido^ de cacique contra cacique_, de elecciones; y unos por otros la casa por barrer: el Ayuntamiento que el cura, el cura que el Ayuntamiento ó Poncio Pilato; el berrueco siempre tan tieso, es decir, tan torcido, y si caigo no caigo.

Y esto era lo del pique. Por si has de pagar tú