Cuentos morales · Unidad 132 de 188
Unidad 132 · LA TRAMPA
Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.
LA TRAMPA
Se paraba la Chula en la Grandota; se sentaba la Chinta sobre un montón de grava y, con toda calma, fumaba un cigarrillo que en vez de papel tenía media hoja seca de maíz. Y Falo esperaba, silbando, pasando la mano por el lomo á la yegua torda, que se parecía al caballo que él había dejado muerto en un campo de batalla.
DON PATRICIO
EL PRMIO GORDO EN MELILLA
— ¿Por qué me llamaré yo Patricio? — se había preguntado muchas veces, para sus adentros, el señor de Caracoles, mientras metía las manos en los bolsillos de los pantalones, que siempre traía repletos de oro y plata, y sacudía con los dedos, liaciéndolo sonar, el vil metal que le hacía cosquillas al saltar sobre los muslos.
«¡Patricio Clemente Caracoles y Cerrajería!» — «Los apellidos, seguía pensando, están bien; sobre todo el materno, me tiene orgulloso; es toda una
garantía. Cerrajería, Cerra. ..jero, Cerrojo
¡Magnífico! Llevo en este apellido una caja de caudales, de esas que se disparan solas contra los ladrones. Caracoles... tampoco está mal. La vida del caracol me gusta; se ha dicho: no hay hombre sin hombre; yo digo: no hay hombre sin concha; el
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que n() sea testaceo que se muera. Pero ¡Clemente!, ¿á qué viene eso? ¡Patricio!... Como quien dice: patriota... patriotero... ¡ay, qué risa!»
Patricio Clemente había hecho su fortuna, un fortunen, pues venía á cobrar tres onzas diarias de renta, allá en la Habana; había empezado por coime en una casa de juego y había concluido por ser dueño de ella, casi, casi en sociedad con lo más principal de la población, á lo menos desde el punto de vista de la jurisdicción y el imperio.
Después había hecho muchísimos negocios, todos muy bonitos para él; y como se había acostumbrado en su antiguo trato á cobrar la puerta, para él todo negocio había de tener puerta, y puerta de oro, pues siempre se había de cobrar. El siempre, en cualquier contrato, había de sacar un diezmo de puerta, 6 vi ó clan ó metu, pero siempre lo sacaba. Y para tranquilizar la conciencia, se decía: «Esto es por la puerta.»
También hizo millones con las puertas de su ciudad natal, en cuanto volvió á ésta, atraído por el amor al terruño y por algunos negocios que había efectuado desde Cuba. En cuanto llegó al puerto, en vez de ponerse á cantar, como el tenor de Marina,
Al ver... en la inmensa llanura del mar... etc.
se dyo (recitado): «Aquí los consumos deben de ser