Cuentos morales · Unidad 133 de 188

Unidad 133 · t>ON PATRICIO Ó EL PREMIO GORDO EN MELILLA 295

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t>ON PATRICIO Ó EL PREMIO GORDO EN MELILLA 295

una mina, si se les hace sudar bien.» Y, en efecto, cargó con los consumos, y las puertas de su ciudad natal se convirtieron en otras tantas puertas del infierno, bien guarnecidas de cancerberos, con gorra de galón dorado y sendas inscripciones, que al decir fielato, querían decir:

Lasciate ogni peseta, voi cW éntrate.

El tiempo que don Patricio no lo pasaba trabajando, esto es_, explotando al prójimo, lo empleaba en una sociedad de recreo; y el recreo de Clemente consistía en jugar al golfo con signos convencionales.

El golfo^ con aquellos semáforos, que pagaba bien, era otra mina, pero de recreo.

El verdadero recreo de don Patricio era ir á casa de los banqueros y comerciantes amigos, en los días de arqueo, á revolverles el oro, la plata y los billetes. Se ponía píllido, se quedaba mudo, con una vaga sonrisa en los labios, y ñja la mirada en los montones amarillos ó de papel abigarrado; no oía lo que le decían, y se acercaba á paso lento, como un gato, sin ruido, y metía las manos, con los dedos muy abiertos, entre el papel ó el metal; y revolvía, revolvía; lo pesaba, contaba de memoria, como quien murmura oraciones de un culto misterioso...; y con voz ronca, lleno de emoción, acababa por balbucir:

— ¡Dios mío! ¡Cuánto de esto he manejado yo en mi vida!

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Y se enternecía con sus recuerdos, todos llenos de puertas, como Tebas.

Después, volvía en sí, se ponía colorado, pretendía sincerarse, y sacudía las manos abiertas, mostrándolas á los dependientes. «Vean ustedes,

señores Miren... miren. Conste que no me llevo

nada.... Es por el gusto ¡Cómo uno ha contado

tanto dinero! »

Pues á este don Patricio Clemente, á poco de estallar los sucesos de Melilla, le propusieron los de la Sociedad de Recreo que se suscribiera con algo para los heridos y los huérfanos y viudas de la campaña.

— ¿Con cuánto se suscribe usted, Caracoles?

— ¡Caracoles! Yo nun me suscribu cun nada; porque nun sabe unu dónde la tiene.

Así contesta don Patricio, que es rayano de Galicia y Asturias y habla como los gallegos de comedia.

— Pero ¿por qué no se suscribe usted?

— Primeramente por lu dichu. ítem: porque nun sé escribir.

— Pues ponga usted una cruz.

— ¡Ah, graciosín! Detrás de la cruz el diablu.

Cansado de que le dieran matraca con lo de la suscripción, don Patricio se presentó en el Círculo de Recreo cierta tarde con una idea (y manos