Cuentos morales · Unidad 142 de 188

Unidad 142 · 310 LEOPOLDO ALAS

Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.

310 LEOPOLDO ALAS

malo! Isla empezó á sospechar si tendrían razón los personajes de su comedia, que tantas perrerías decían de la sociedad.

Por si acaso, escribió un drama en que el pesimismo ya se tiraba á las paredes, de puro desesperado. El drama no era ni mejor ni peor que la comedia. Pero había pasado tiempo; el público había visto otras cosas... en fin, ya no hacían efecto las redondillas con dinamita. El drama en cuanto pasó; pasó... en silencio.

Al año siguiente se presentó Isla otra vez en la escena; venía con una alta comedia llena, de amarga ironía, con personajes misteriosos, que hablaban con una concisión sibilítica que ponía los pelos de punta. Cada galán podía llamarse Apocalipsis.

Y la alta comedia, desde su altura, cayó al foso.

Y lo mismo sucedió á otra que vino dos años después. En vano en ésta los personajes que hablaban prosa florida^ poética, veían algún rayo de luz; el público no quiso apreciar aquellas esperanzas de salvación social en lo que valían.

Mientras las comedias se le iban haciendo á Isla más alegres, menos pesimistas, á él se le iba agriando el carácter. No con redondillas, pero sí con interjecciones, muy redondas también, se quejaba el poeta de su suerte, y del mal gusto reinante, y de la frivola y mudable sociedad. El enveje-

ÉL SEÑOR ISLA 31 T

CÍE;, se anticuaba, so repetía; la sociedad no; y •claro! no se entendían.

Por esto, para vengarse, para insultar al mundo, tomó casa en las afueras,. muy lejos, donde no llegaba siquiera el tranvía.

Y en aquella Tebaida, donde todavía costaba no pocos reales el pié cuadrado de terreno, entre solares que no tardaría en invadir y llenar de piedra, teja y madera la picara sociedad, el señor Isla (que iba engordando, engordando, para aislar su corazón y su espíritu del mundo ambientej, despreciaba al universo y se acostaba muy temlii'ano.

Se acostaba muy temprano para protestar á su manera contra las novísimas tendencias del teatro ^^Bjle no contaban para nada con él, con el antiguo [^^■ivenal sociológico en tres actos y en verso. I^^P No perdonaba ocasión de hacer saber al mundo literario que él. Isla, se acostaba con las gallinas, juzgando una decadencia criminal y deletérea el trasnochar y ahogarse en la atmósfera infecta de los teatros.

— ¡El teatro!— decía;— ¡puf! género falso, antihigiénico, enfermizo, artificial, pueril... ¡La naturaleza, dadme la naturaleza! y extendía los brazos

hacia los solares en venta.