Cuentos morales · Unidad 154 de 188
Unidad 154 · EL CABALLERO DE LA MESA REDONDA 347
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EL CABALLERO DE LA MESA REDONDA 347
jarlo todo como un sol, Campeche era inexorable.
— Mucho ruido y pocas nueces — decía doña Gerontocoraía, levantando un poco las enaguas y saltando de charco en charco por las siempre húmedas galerías.
Lo cierto es que Campeche, á pesar de todo
aquel aparato reformista, que tanto estrépito y
desconcierto producía, gastaba muy poco cada año
n mejorar su finca, que, según los huéspedes de
otoño, era una ruina.
Siempre lo mismo: los parroquianos de primavera, alegres, aturdidos, optimistas, encontraban aquello flamante; era el mejor establecimiento balneario de España y del extranjero; ¿y las aguas? el que no sanara sería bien descontentadizo.
Y el señor Campeche, ¡qué fino! ¡qué atento! ¡qué celoso defensor de la fama de sus Termas! Ello era verdad que las obras, las mejoras, molestaban bastante; que no dejaban dormir en paz la mañana, ni la siesta, ni andar en zapatillas por la casa; pero, en fin, se veía vida, animación, alegría, pruebas de prosperidad, movimiento simpático.
— Señores, — decía Campeche, sonriendo y encogiendo los hombros, hundidos al parecer bajo el peso de tanta responsabilidad; — perdonen ustedes; este año se han retrasado mucho las obras... ya lo sé; ¡ha habido tanto que hacer! Desde Enero estamos dale que le darás. Sobre todo, la nueva crujía del hospital de pobres viejos...
348 LEOPOLDO ALAS
Lo gracioso estaba en que los mismos á quienes engañaba por la primavera el señor Campeche, ó que se dejaban engañar^ eran, en parte, los que en otoño desacreditaban á gritos el establecimiento y hablaban de su próxima venida en las mismas barbas del propietario. Este convencionalismo ya no lo extrañaba nadie, era umversalmente admitido. Cuando se iba en la primera temporada todo estaba bien; cuando se iba en la otoñada todo estaba mal .
En primavera, y parte del verano también, los bañistas daban y recibían bromas perpetuas. Podía haber aguas mejores que aquéllas desde el aspecto hidroterápico, pero baños más famosos por las grandes chanzas permitidas, no loshaWa. Como no todos los humanos tienen las mismas pulg^is, sea en primavera ó en invierno, más de una vez y más de dos hubo allí desafíos, que jamás llegaron á un funesto desenlace; y más de diez veces por temporada había bofetadas, ó por lo menos insultos atroces.
Pero lo regular era que se tolerasen las bromas y que se devolvieran con creces. Se notaba que los jóvenes, que durante todo el invierno, en la vecina capital , se distinguían por lo taciturnos, retraídos y nada despiertos, eran precisamente los que en Termas-altas sacaban más los pies del plato y tenían ocurrencias más peregrijias y hacían las mayores atrocidades, palabra