Cuentos morales · Unidad 158 de 188
Unidad 158 · EL CABALLERO DE LA. MESA REDONDA 355
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EL CABALLERO DE LA. MESA REDONDA 355
Mamerto asegura... en el seno de la confianza, por supuesto, que él, que la Galinda y la de Rico Páez... y la molinera...
— Lo de la molinera es un hecho— interrumpió otro comensal.
— Y á la de Eico Páez la he visto yo con don Mamerto en la llosa de Pancho, al oscurecer, este mismo año, en Junio — dijo otro huésped.
— A usted, don Canuto- se dignó contestar el fiscal, despreciando á los interruptores, á quienes no conocía — á usted le hacen comulgar con ruedas de molino.
La fiscala, asegurando sobre la afilada nariz los lentes de miope, miró á don Canuto con desdén, y con aire de desafío, como retándole á desmentir á su marido:
— ¡De molino! — aseguró la altiva señora.
— Ese don Mamerto...
Expectación general-, cesa el sonido detenedores; los camareros se detienen á oir lo que va á orar el señor fiscal contra don Mamerto, el ídolo de Termas-altas. El mismo señor Campeche, que oye sonriendo que le desacrediten las aguas, frunce el entrecejo, temiendo que el señor fiscal se extralimite en esta ocasión.
— Ese don Mamerto...
El fiscal vacila. Duda si su autoridad es suficiente para arriesgarse á decir algo que lastime la fama de don Mamerto.
356 LEOPOLDO ALAS
— Ese don Mamerto — exclama con voz de trueno un coronel retirado, que ocupa al lado de Campeche la cabecera — es un modelo de caballeros, incapaz de mentir, y mucho menos de darse tono con aventuras falsas y fortunas soñadas, ¡entiéndalo usted, señor mío!
Los fiscales se vuelven, con sillas y todo, hacia el coronel, el cual desde este momento asume la responsabilidad de todo lo que allí pase, según inveterada costumbre^ siempre que se agrian las cuestiones á la mesa.
Don Canuto es el que echa la liebre siempre, y si le insultan ó desprecian, calla y se vuelve hacia el coronel, como diciéndole: «¡ahora usted empieza!»; y el coronel, que nunca tira la piedra, porque es muy prudente^ jamás esconde la mano, y aun suele utilizarla, plantándola en la mejilla del lucero del alba si lo irrita.
Don Diego, con su gota y todo, defiende las tradiciones de la mesa; y nada más tradicional y respetable allí que don Mamerto Anchoriz, nuestro héroe.
Es don Mamerto Anchoriz un señor que se presenta todos los años en Termas-altas dos veces, á pasar ocho días por Mayo ó Junio y otros ocho en lo peor de la otoñada^ cuando más llueve, por hacer compañía á aquellos señores y animar un poco á la gente. Nada de esto ni de otras muchas cosas importantes ignora el fiscal, y por eso hace mal en