Cuentos morales · Unidad 172 de 188
Unidad 172 · 386 LEOPOLDO ALAS
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386 LEOPOLDO ALAS
y da ]^a,tsidas , pietinando sobre la plaza, como diría el traductor de marras.
Se detiene ante la puerta del cuarto número 13. ¡Nada! Es decir, que á la otra puerta, aunque llama también con los nudillos. Llama con el puño del bastón. Nada. Llama á gritos blasfemando y rompiendo moldes y casi cinchas. Una voz dentro. — ¿Quién va?... El caballero del pasillo. — Soy López. ¿Es usted Pérez?
La voz. — Servidor de usted. ¿Qué se le ofrecía al señor López?
López. — Que me entregue usted á la... (moldes nuevos) de mi mujer, viva ó muerta. Pérez. — ¡Caballero!... López. — ¡Señor mío!...
Pérez. — Ni viva ni muerta; aquí no tengo ninguna mujer, ni de usted, ni de nadie...
López. — ¡Abra usted, cobarde, ó descerrajo la puerta á tiros!
Pérez. —
(En fin, se insultan ad libitum; pero, por fin, y después de estar sin contestar á López como unos tres minutos, Pérez abre la puerta.)
Mutación. — El cuarto número 13. Es un cuarto con dos camas. A derecha é izquierda, arrimados á la pared, sendos armarios de espejo, que se parecen como dos gotas de agua... y como dos armarios completamente iguales. No hablan. El de la dere-
cha está abierto, el de la izquierda cerrado. López se precipita furioso hacia el armario cerrado, y sólo ve su brutal imagen.
López. — ¡Ahí está la muy!... (m. n.)
Pérez. — ¡Pero señor López! ¿Cómo ha de estar ahí una señora? ;Como no esté descuartizada! Serénese usted y repare que estos dos armarios son completamente iguales; repare usted que ese que está abierto consta de varios cajones separados por tableros horizontales , y lo mismo le sucede al que está cerrado. Es más, si usted quiere podemos registrar los armarios de las hí^bitaciones contiiruas, donde no hay huéspedes, y verá usted que todos los armarios de todos los cuartos son absolutamente iguales, y todos tienen tableros; están divididos en cajones. ¿Quiere usted que su señora de usted se haya metido en pildoras dentro de ese armario?
Mientras habla Pérez, López mira debajo de las camas, donde no hay nada ni nadie; palpa las paredes, que no ocultan ninguna puerta secreta; se asoma al balcón, donde no está su mujer.
López. — Veamos esos otros armarios de otros cuartos... pero yo miraré desde la puerta para no perder de vista esta habitación (lo hacen como lo dicen). En el número 14 no hay huésped. Registran los armarios de este cuarto, idénticos á los del 13, y los dos están divididos en cajones por tableros horizontales.