Cuentos morales · Unidad 174 de 188

Unidad 174 · 390 LEOPOLDO ALAS

Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.

390 LEOPOLDO ALAS

Ja báscula: lo pesan; López apunta en un papel el número de kilos que pesa el mueble.

Co^en entre los dos el armario cerrado, después de dejar libre la báscula^ y lo pesan en ella también. La diferencia de peso entre los dos armarios es de 40 kilos, que pesa de más el armario cerrado.

Pérez (triunfante). — Ya lo ve usted, caballero. Le han engañado á usted_, y ha venido á ofender á dos inocentes: por lo menos á uno, á mí. Su esposa de usted no puede estar en ese armario... á no ser que en una semana haya perdido 16 kilos de peso. Si usted tiene una mujer que pesa nada más 40 kilos... no merece la pena de seguirle los pasos.

López (meditando). — Efectivamente... Este armario abierto está vacío... son iguales los dos, y este otro pesa 40 kilos más... y mi mujer pesa 56... luego, descontada la tara, no es mi mujer el artefacto que queda ahí dentro.

— ¡Caballero! ¡Me he equivocado! Respetaré el secreto de su industria de usted... Usted dispense.

López se dirige á la puerta. Pérez le acompaña haciendo cortesías y respirando con fuerza.

Al llegar al umbral, López se da una palmada en la frente y exclama: «¡Ah!» Pero no dice ahora lo comprendo todo, porque eso no es de los nuevos moldes. Se lanza sobre el armario abierto, desar-

ma los cuatro tableros que separan los cajones, echa los tableros sobre la báscula, que está desocupada, los pesa... mira... ¡16 kilos! Lo que va de 40 á 56, es decir, del peso del artefacto al peso de su mujer... Se precipita sobre una délas camas, levanta un colchón, descubre dos tableros; se lanza sobre la otra cama, descubre otros dos tableros... mira triunfonte y con terrible ironía antiguos moldes) al señor de Pérez, y dice con voz ronca, lenta y tono atrozmente sardónico:

— ¡Caballero! si no quiere usted morir de cinco tiros (saca un revólver), llame usted á ese timbre y diga usted que suba el dueño de la fonda.

Se hace todo como se pide.

López (al amo de la fonda).— Caballero, por razones que usted no puede saber, este mueble (el armario cerrado), es para mí de un valor artístico inapreciable. Así como está, sin abrirlo, necesito trasladarlo ahora mismo á mi casa. El señor Pérez tiene conmigo una deuda que me va á satisfacer ahora mismo, abonando á usted por ese armario la cantidad que usted exija..., y le advierto, en conciencia, que este mueble vale mucho más de lo que usted puede figurarse: para mí vale más que para nadie; pero aun para el señor Pérez y para cualquiera vale mucho... Conque... pida usted... pida usted... que todo lo pagará el señor Pérez.

El fondista.— Señor, yo... pediría... mil pesetas