Cuentos morales · Unidad 45 de 188
Unidad 45 · EL NÚMERO UNO 93
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EL NÚMERO UNO 93
ción en la enseñanza, en el arte. Quedaban los números unos, infinitos, de la fortuna, que solían pasar delante: los números unos de la energía, de la audacia, del favor, de la gracia, de la malicia, de la desfachatez, de la hermosura física, de la moral, del amor, del crimen, de la salud, de la diligencia^ de la oportunidad, de la casualidad... ¡de tantas cosas! Y toda esta porción considerable de la humanidad era tanto como el pobre Primitivo; todos eran los primeros de algo, los adocenadísimos números nnos de cualquier miseria humana.
Pero estas cuentas no se las echaba el chico de Protocolo, que si bien había mejorado algo de salud al acabar la carrera y dejarse de empollar tanto, no mejoró de color, porque todos los desengaños que le daba el mundo se convertían en bilis.
Quería que la vida, la ancha vida, la compleja, la misteriosa vida, fuese como una especie de regatas ó carreras de primeros lugares, de números unos, en que todo se rigiera por un reglamento de recompensas análogo al que usaban los Padres Jesuítas para tales casos, ó al que regia en la Academia. Y como no era así, el orgullo, la bilis y la poca salud hicieron del carácter de Protocolo una materia... moral... así como viscosa... amarillenta... un veneno asqueroso. La envidia^ por musa del chiste, le sirvió para criar cierta fama de gracioso, de satírico, y para ganarse una
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porción considerable de bofetadas, desaires, sustos y más graves contratiempos.
En su espíritu no podía buscar consuelo para tantos desengaños_, porque allí no había nada vago, poético, misterioso, ideal, religioso. Todo era allí positivo,' todo estaba cuadriculado, ordenado, numerado. Todo el'a para el número uno, y el que venga detrás que arree.
y como aquella salud á media asta que gastaba el infeliz era cosa ficticia, al llegar la edad en que otros empiezan á echar panza y á tomar las buenas carnes y el aspecto con que han de llegar á la vejez, Primitivo, comido por el despecho, los desengaños y la bilis, empezó á descomponerse, á encogerse y doblarse, á convertirse en una raíz cuadrada de su propia personilla.
Y así desapareció del mundo. Los periódicos dijeron que había muerto tísico; pero ello fué que una tarde de mucho calor el número uno se evaporó en unapodredumbrequeera una peste. Como su padre ya había muerto antes, Primito se fué de este planeta sin que nadie le llorase. ¡Cómo habían de llorarle el número dos, ni el tres, ni el cuatro, ni el último, á quienes había despreciado tanto!
Y le faltaba la más negra. La otra vida.