Cuentos morales · Unidad 5 de 188

Unidad 5 · EL CURA HE VERICUETO

Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.

EL CURA HE VERICUETO

dé las más humildes, de las más viejas, rodeando la iglesia parroquial, mezquina fábrica, una mala capilla cuadrada, fea, prosaica, que hacen bien en ocultar casi por completo los corpulentos robles que la rodean, con hojarasca siempre grárrula y temblona, á poco, casi nada que sople la brisa. Si la iglesia estuviera blanqueada, como el obispo mandó muchas veces, la nieve de sus paredes brillaría entre las ramas verdes con hermoso contrasta: pero no hay tal contraste, porque el cura aborrece los sepulcros — y la iglesia — blanqueados por fuera, y no quiere dar ganancias á los borrachos de los albaniles, blasfemos, quimeristas, jugadores... y .volterianos, probablemente,, aunque es claro que sin saberlo. Sin contar con que la mano de obra cuesta un sentido. Además, ¿qué se diría si el cura gastase dinero dQ la fábrica en pompas y vanidades, mientras no puede emplear un céntimo en lo otro, en lo del pique?

¿Qué es lo del piquéf Ya se verá luego.

Más alta que la iglesia, más alta que todas las chozas del grupo, está la casa del sefior cura, que para dar ejemplo de humildad y de protesta contra la hipocresía, tampoco está blanqueada por fuera... ni por dentro; y se está cayendo á pedazos y deja que yedra y más yedra trepe por los costados y amenace comérsela y enterrarla.

Si alguien le dice al párroco, y hace ya mucho tiempo que nadie le dice nada que se refiera al

presupuesto de pistos, — Señor cura, ¿por quó no ret(!Ja usted la rectoral"?

— En un pesebre — contesta el cura — nació Nuestro Señor; en un portal, ó tal vez en una ciif va, pero de seguro á teja vana.

— Pero, señor, que las paredes se están haciendo polvo...

— Qiiia 2)ult-is es... 'Nosotros y las paredes de la rectoral somos de barro, y en cuanto hay sequía, naturalmente, volvemos al polvo.

Además, ¿había de gastar dinero en tejas y adornos de confitería para poner la rectoral como un castillo de terrones y bizcocho, mientras no se gasta un ochavo, á pesar del peligro inminente que amenaza á todos, en lo del pique?

Y sobre todo, concluía el cura: Fiat jus et ruat coelum. — Cúmplase la ley, y húndase el cielo, y con él la rectoral.— Y la ley es; «que tu mano izquierda no gaste lo que gane la derecha.»

Pero repito que todas estas conversaciones ya estaban en desuso. Años hacía que nadie se acordaba de molestar al cura de Vericueto aconsejándole gastos que no había de hacer.

La única vez que el obispo llegó en su visita cerca de Vericueto, se abstuvo de subir á la iglesia porque estaba muy arriba_, y porque lo del pique, que el cura le exageró^ á propósito, para que no subiera, le dio un poco de asco y le hizo pensar: «No vaya á llegar el obispo en el momento en