Cuentos morales · Unidad 59 de 188
Unidad 59 · 126 LEOPOLDO ALAS
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126 LEOPOLDO ALAS
Otros genios sublimes de esto que llamará pronto la antigüedad, el mundo. Dentro de poco un sabio pedante pretenderá saber todo lo que supo y pensó y soñó la antigüedad clásica. Llamarán lo clásico á lo escogido por la suerte para salvarlo del naufragio universal... por algún tiempo. Tú no serás grande para la posteridad porque se perderán tus obras; los ratones, la humedad^ la barbarie de los siglos, y otros cien elementos semejantes, serán tus críticos, tus Zoilos, acabarán contigo, y la pereza del mundo tendrá un gran pretexto para no admirarte: no conocerte. En vano hoy la fama lleva tu nombre á las nubes; en vano Virgilio te admira, y lo dice; su testimonio se atribuirá á la amistad y á la dulzura; en vano Horacio hablará de tu vuelo Aquilino en la región de la poesía épica; los pedantes del porvenir dirán que alabándote á ti alababan á Augusto, de quien fuiste el cantor cortesano; en vano vendrá dentro de poco un hombre severo, leal, noble, que se llamará Tácito, y elogiará tu famoso Thy estes; la posteridad no creerá en ti, no sabrá de ti. Perteneces al naufragio. Como tú, cientos y cientos de ingenios ilustres de esta tierra griega que buscas y de esa tierra itálica que dejas perecerán por el fuego^ por la dispersión, por el polvo, por la sangre, por la barbarie y la
ruina... y por la descomposición de la materia
Llegarán tiempos de escasez para el papiro egipcio, las membranas serán caras, faltará superficie
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duradera en que escribir; y sobre las mismas páginas que contengan las lecciones de vuestra sabiduría, vuestros ideales^ vuestros sueños, vendrán otros hombres á escribir otra ciencia y otros errores, otros sueños, otras supersticiones, otras esperanzas, otros lamentos. Con tu tragedia de Thy estes naufragarán las tragedias de los trescientos cincuenta trágicos griegos, y la humanidad dirá que sólo hubo tres grandes trágicos en Grecia, los que se salvaron; pero aun de éstos perecerá casi todo. De los seiscientos historiadores helénicos, quedarán bien pocos. Y en tu tierra la misma suerte. Contigo perecerán Galo, Folión, Calvo y los venerables antecesores Ennio, Mevio^ y Cinna, y Varron de Narbona... y todo el coro de la tragedia
latina Todavía ayer en Roma contemplabas el
Tabularlo con envidia ¡Los archivos! ¡Ellos
perecerán! Serán polvo, después del aire, nada. Visitaste el Vicus sandalarius, refugio de libros nuevos y viejos... el Vicus y los libros serán ruina, polvo, viento. En vano habrá sido el afán de Pomponio Ático por acaparar copias y ediciones... En vano crecerá este prurito de almacenar volúmenes; Sanmonico Sereno, ¡cuan ufano se mostrará con su biblioteca de sesenta y dos mil tomos! Roma llegará á tener veintinueve bibliotecas públicas... Un poco de polvo del desierto que se detiene un punto á engañar á la vanidad y á la curiosidad humana en forma caprichosa; seguirá soplando el