Cuentos · Unidad 19 de 58
Unidad 19 · MR. DANSANTj MEDICO AEROPATA.
Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.
MR. DANSANTj MEDICO AEROPATA.
•el hombre á quien amaba liuia por los aires, y sus Dervios no la permitian permanecer en la azotea, viéndole perderse entre las nubes. La serenidad del aire la ayudaba en su espionaje aéreo, pero conocia la imposibilidad de ir en su seguimiento. Al observar de léjos á su hermosa rival y al desdeñoso médico, su irritación iba en aumento y sus manos oprimian el revólver.
Media hora después, Mr. Dansant volvió á tomar el anteojo para calcular si había aumentado la distancia entre los globos, y tuvo el disgusto de notar que el rostro de Séphora era ya más perceptible, y parecía más vivo el color verde de su chai. Encendió otro cigarro, y el humo se desviaba con lentitud hácia el S. E.
Era indudable que una brisa ténue impulsaba el globo de Séphora hácia el suyo : pero como éste debia alejarse en la misma dirección, Mr. Dansant no se explicaba aquella disminución de distancia.
Asi pasó otro cuarto de hora : el doctor observó con temor, que ya distinguía el alfiler de lava con que Miss Séphora abrochaba el chai sobre su pecho. Entónces ■comprendió que, estando ménos cargado el otro globo, por contener una persona sola, oponia al aire ménos resistencia, y que al cabo de quince minutos concluirían por encontrarse en la prolongación de un mismo radio terrestre , diferenciándose su posición únicamente en la altura, modificable á voluntad del aeronauta.
Trató de ocultar á Aura sus temores, la cual examinaba el globo de Séphora, no sólo sin desconfianza, sino con curiosidad y alegría, por ser el único accidente de aquella navegación, que empezaba á ser monótona.
Mr. Dan san t estaba muy preocupado : habían cesado sus galanterías y no apartaba la vista de Sépliora y de su revólver : conocido el carácter varonil de Miss Wind, era de temer la aproximación de aquella mujer que le perseguía por el aire.
Diez minutos después , Mr. Dansant y Aura oyeron claramente la voz robusta de Séphora, que decía, enseñando el extremo de una cuerda :
— Amarrad este cable á esa barquilla cuando los globos se reúnan, ó hago fuego sobre el vuestro.
Aura dió un grito, y Mr. Dansant, temblando, procuró tranquilizarla.
Por primera vez en su vida el doctor renegó del aire, ante aquella brisa imperceptible que empujaba á Séphora en su persecución de una manera tan inesperada como inevitable.
— Es una loca, dijo Mr. Dansant á la americana: felizmente , su globo está muy alto y pasará sobre nosotros.
Parecía que Miss Wind los escuchaba, porque exclamó en aquel momento :
— Sí, por cualquier accidente, mi cable no uniese ambas barquillas, romperé á balazos esa tela.
Y el globo de Séphora, que hasta entónces había economizado su gas para tener sobre sus adversarios la ventaja del descenso, dirigido con gran habilidad, descendió hasta colocarse casi al nivel del otro globo. Se hallaba á la distancia de unas veinte varas. Mr. Dansant, aprovechando un descuido de Séphora, arrojó el lastre de su barca y su aparato se elevó sobre el de su enemiga.