Cuentos · Unidad 20 de 58
Unidad 20 · MR. DANSANTj MEDICO AEROPATA.
Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.
MR. DANSANTj MEDICO AEROPATA.
Miss Wind apuntó hácia el globo, y dijo con energía :
— Un minuto os doy para colocaros á mi altura. Mr. Dansant tiró de una cuerda suavemente, y su globo obedeció el mandato de la inglesa.
— ¿Qué bace V.? exclamó Aura, contrariada con la debilidad de su amante.
— Salvar nuestra vida: esa mujer está demente. — No : esa mujer viene en mi busca.
Y la tímida americana, con una energía que Mr. Dansant no hubiera sospechado en aquella criatura delicada, se desembarazó de su abrigo y sacó un revólver del bolsillo, que dirigió hácia su adversaria. El médico estaba lívido, y se veia de un momento á otro atravesado de un balazo ó precipitado al abismo, en aquel duelo femenino que iba á verificarse en medio de los aires.
Las dos rivales se apuntaban mutuamente, pero ninguna disparaba : la inmensidad del peligro habia paralizado su acción, produciendo una tregua momentánea.
Mr. Dansant habia llegado al colmo de la angustia: el mismo terror le hizo tomar una determinación salvadora : en un movimiento rápido é inesperado, arrancó el rewolver de manos de Aura y le arrojó fuera del globo.
Aura le miró con indignación, y le dijo con desprecio:
— I Es Y. un cobarde !
— No: soy un hombre prudente, y me rindo, para evitar mayores males.
Desde aquel momento cesó toda resistencia : Séphora, con ademan de triunfo, arrojó el cable dos ó tres veces, y Mr. Dansant hizo cuanto estaba de su parte para amarrar las dos barquillas.
Oiiíiudo estuvieron juntas, Miss Wind ordenó á monsieur Dansant que se trasladase á su globo.
— ¿Qué pretende Y.? dijo Aura llena de miedo al oir uquel mandato.
Mr. Dansant quiso hacer observaciones, pero la inflexible inglesa le dijo con voz firme :
— Es el único medio que tiene Y. de salvar la vida de €sa señorita.
El médico bajó la cabeza y obedeció como un criado.
— Ahora, señorita, dijo Sépliora cortando el cable y íseparando los dos globos, cuando tenga Y. deseos de bajar á tierra, sólo necesita Y. tirar de aquella cuerda.
Aura, ya acobardada, al verse sola, rompió á llorar, miéntras el otro globo descendia.
El prisionero lanzó un suspiro al viento : al viento, que se llevaba su amada, su porvenir y su fortuna; al Tiento, que por primera vez le era contrario.
Cuando se apearon de la barquilla los aeronautas estaba anocheciendo.
Habian caido dentro del mismo Lóndres , pero en una plaza retirada y solitaria.
Yarios polishmen rodearon á los viajeros, y después <ie saludar con respeto á Mr. Dansant, uno de ellos dijo, encarándose con Séphora :
— Señorita, tenga Y. la amabilidad de acompañarnos.
— No comprendo, caballero; respondió Miss Wind llena de sorpresa.
El agente sacó del bolsillo un papel y leyó con voz solemne :
— ((Préndase á la llamada Aura Diranzo, convencida de robo de diamantes, y sobre la cual recaen sospechas de que intenta un nuevo crimen contra Mr. Dansant, médico aerópata ; ha ascendido esta misma tarde en uii globo, acompañando á dicho médico.»
polishman recalcó las últimas palabras, mirando á Séphora con ironía: laégo continuó, pero esta vez completamente desconcertado :
Vive en compañía de uno de sus cómplices, que se finge rico americano. Señas de la supuesta criolla : Estatura baja...
— Caballero, interrumpió Miss Wind, irguiéndose con orgullo : creo que no me convienen esas señas : le llevo á y. cuatro pulgadas.
El agente se inclinó con respeto y continuó la lectura.
(( Ojos y cabello negro...
Séphora no le permitió proseguir ; su cabello rubio y sus ojos azules hacían la equivocación palpable y evidente.
Sepa V., dijo con arrogancia, que soy Séphora Wind, doctora en medicina, hija del farmacéutico Mr. Wind, persona honrada y conocida.
Mr. Dansant, que había permanecido silencioso y como anonadado al oír la revelación de la policía, tendió las manos á Séphora con reconocimiento : le había salvado tal vez de la deshonra; luégo exclamó, dirigiéndose á los polishmen :
— Caballeros, la persona á quienes VY. buscan, está
en el aire, en otro de mis globos. Respondo de que esta señorita es Miss Wind , prometida.
— En efecto, la reconozco y testifico su identidad; añadió un agente de policía recien llegado al grupo : esta señorita ha hecho la operación cesárea á mi mujer.
— Es extraño, decian entre sí los agentes, retirándose después de haber pedido perdón á la ilustre comadrona. Todos afirmaban que Miss Séphora habia subido sola en el otro globo : vaya V. á creer en los testigos.
Mr. Dansant, en medio de sus cuitas, debia al aire un nuevo beneficio.
— Y bien; ¿qué hacemos ahora? preguntó Mr. Dansant, cuando quedó solo con Séphora.
— Tomar un coche y acercarnos á la casa de salud para ver si se ha salvado siquiera el edificio. La oscuridad de la noche impedirá que nos conozcan, respondió Miss Wind; luégo pedirémos hospitalidad en casa de mi padre.
Media hora después llegaba el coche cerca del establecimiento aeropático ; pero era imposible seguir más adelante : la multitud parecía más compacta aún que por la tarde ; la agitación no habia disminuido : hubiera sido una temeridad aventurarse entre aquel público indignado.
— ¡Viva Mr. Dansant I dijo una voz en medio de los grupos.
Séphora y Mr. Dansant se miraron sorprendidos.
— ¡Viva! ¡viva! respondió un clamor unánime.
Miss Wind, que habia sacado el revólver para defender á su futuro, no pudo resistir la curiosidad y abrió una ventanilla.